domingo, 26 de noviembre de 2023

La imatge permanent (Laura Ferrés, 2023)

 

Título original: La imatge permanent. Dirección: Laura Ferrés. País: España. Año: 2023. Duración: 94 min. Género: Drama.

Guión: Laura Ferrés, Carlos Vermut, Ulises Porra. Música: Sergio Bertran, Fernando Moresi Haberman. Fotografía: Agnès Piqué Corbera. Producción: Fasten Films, Le Bureau, TV3.

Espiga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 2023).

Fecha del estreno: 17 Noviembre 2023 (España).

 

Reparto: María Luengo, Rosario Ortega, Saraida Llamas, Claudia Fimia, Dolores Martínez, Mila Collado.

 

Sinopsis:

En un pueblo del sur, Antonia, una madre adolescente, desaparece en medio de la noche. Cincuenta años más tarde y muchos kilómetros al norte, Carmen, una directora de casting algo introvertida, debe encontrar personas que cuenten sus recuerdos tras cambiar de ciudad. Durante su búsqueda, Carmen conoce a Antonia, una mujer impulsiva que invade su soledad. ¿Quién dijo que el tiempo cura todas las heridas?

 

Comentarios: 

La búsqueda de lo “auténtico” es uno de los hilos que mueve La imatge permanent, la ópera prima con la que Laura Ferrés logró la Espiga de Oro en la última Seminci de Valladolid, la primera para una directora española. Uno de sus personajes, la introvertida Carmen, trabaja para una agencia de publicidad cazando con su cámara rostros reales. En su camino hacia esa verdad fisionómica se topa con Antonia, una vendedora ambulante de perfumes con la que establece una amistad que cabría definir como extraña. “Auténtico” y “extraño” son dos atributos que emparentan este filme con esa nueva corriente del cine español que con desigual fortuna vincula el realismo etnográfico con un cine que persigue lo inclasificable, de Destello bravío, de Ainhoa Rodríguez, a la mucho más inspirada Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra.

Dentro de ese movimiento, en el que predominan los personajes hieráticos y cierto surrealismo ambiental, la película de Ferrés aporta pinceladas interesantes, como el baile en un bar a ritmo de palmas y el traqueteo de un tren, o casi todos los momentos musicales de una película que, tras un arranque muy sugerente, se encamina hacia un realismo feísta a lo Ulrich Seidl que no acaba de cuajar. La búsqueda de los misterios de lo cotidiano y de la autenticidad a través de la disfuncionalidad de intérpretes naturales se queda sin remedio en un lugar demasiado común.

En el primer bloque del filme conocemos a Antonia de adolescente. A través de una fotografía, adivinamos la sombra de su padre desaparecido y el rostro de su madre. Antonia es andaluza, tuvo una hija demasiado joven y vive en la pobreza. La segunda parte está dedicada al encuentro, medio siglo después, entre Carmen y Antonia en el Prat de Llobregat, un sitio en el extrarradio de Barcelona que expresa la condición de fuera de lugar de las dos mujeres. Es ahí donde Ferrés —que en 2017 fue premiada en la Semana de la Crítica de Cannes por el cortometraje Los desheredados, en el que retrataba a su padre frente a la ruina del negocio familiar—, invoca uno de los temas de la película: los fantasmas del pasado y la identidad perdida de los emigrantes andaluces que llegaron a Cataluña. Ferrés habla de los que se sienten diferentes y desubicados, de los que nacieron pobres y ahí siguen, o de las mujeres y sus canciones como única patria. Es una pena que el juego de espejos entre Carmen y Antonia, su secreto vínculo, resulte tan críptico y forzado. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada (con reservas).



sábado, 25 de noviembre de 2023

Música de Cine: Ryuichi Sakamoto (1952-2023)

 

El pianista y compositor Ryuichi Sakamoto, el músico japonés más internacional e influyente del último medio siglo, lega para la historia la fundación de la originalísima Yellow Magic Orchestra y una abrumadora colección de bandas sonoras, desde la almodovariana Tacones lejanos a El último emperador, que le valió el Oscar de 1988; aunque ninguna tan tarareable e icónica como Feliz Navidad, Mr. Lawrence, que en 1983 también le sirvió para debutar como actor y protagonizar un inolvidable beso con su amigo David Bowie.

Nacido el 17 de enero de 1952, el tokiota Sakamoto era un superdotado de libro, capaz de tocar el piano desde los tres años o de comprender casi cualquier conversación en español y otros idiomas que no había estudiado o practicado jamás. Se interesó por el jazz desde los años de instituto, pero la primera gran conmoción se la produjo en los años setenta la música de los alemanes Kraftwerk, que le condujo a su pasión por la electrónica, muy presente en el ideario de aquella Yellow Magic Orchestra que compartió desde finales de la década con Yukijiro Takahashi y Haruomi Hosono. Pero los recurrentes números 1 de la YMO en Japón y su rápida proyección mundial (Computer Game, que bromeaba con los soniquetes de los primeros videojuegos, triunfó en 1980 en los clubes británicos) no le privaron de expandirse también en solitario, con discos de pop refinado (Thousand Knives of Ryuichi Sakamoto, 1978) o inesperadas incursiones en el electro-funk (B-2 Unit, 1980).



Eclecticismo era la palabra que mejor definía ya desde entonces el imaginario creativo de Sakamoto, demasiado inquieto como para no resultar inabarcable en sus intereses. Aunque la llegada de su inolvidable música para Mr. Lawrence le asoció al minimalismo, y como tal pueden adscribirse otras de sus partituras cinematográficas, su proximidad a David Sylvian también le acercó a ese pop intelectual y refinado que desarrolló a través de alianzas siempre múltiples y de alto perfil: Bootsy Collins, Iggy Pop, Robbie Robertson (The Band) o aquella insólita aproximación al We Love You, de The Rolling Stones, de la mano de Brian Wilson (The Beach Boys) y Robert Wyatt para el álbum Beauty (1989).

Mientras tanto, el beso con Bowie le convirtió en un referente mundial para la comunidad LGTBI, una circunstancia que exhibía con indisimulado orgullo (“¿A quién se le ocurre, a estas alturas, limitar por ley la vida privada de las personas?”, se preguntaba en noviembre de 2009 en un encuentro con el diario El País) y que apuntaló a partir de su aproximación a Pedro Almodóvar, con quien experimentó “la maravillosa locura de la noche madrileña”. Fue en aquellos primeros noventa en los que confluyeron la banda sonora de El cielo protector (1990), ganadora del Globo de Oro; la música inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 o el elepé Heartbeat (1991), que reincidía en la fórmula de los invitados ilustres, de Youssou N’Dour a Arto Lindsay o su inseparable David Sylvian. Su pasión por las colaboraciones también le llevaría a crear un disco de homenaje a Antonio Carlos Jobim junto al chelista brasileño Jacques Morelenbaum, o a ahondar en su jovial fascinación por la electrónica y la música experimental de la mano de discípulos como Alva Noto, Fennesz. Taylor Deupree.



Los médicos le dieron el primer serio aviso en 2014, cuando hubo de afrontar un cáncer de laringe, durante cuyo tratamiento tuvo fuerzas de rubricar otra banda sonora trascendental, la de El renacido. En 2017, async, su primer elepé de material propio en ocho años, se recibió con el alborozo de la salud recobrada. La segunda embestida de la enfermedad, esta vez localizada en el recto, alcanzó la fase IV el verano pasado y persuadió al compositor a concebir una especie de diario musical para sus últimos días. Así nació 12, una colección de bocetos pianísticos mínimos, bellos y frágiles, titulados simplemente con la fecha de su grabación doméstica y durante cuya ejecución se escucha la respiración entrecortada del propio Sakamoto, como metáfora evidente de la mortalidad.

“De ahora en adelante, hasta que mi cuerpo se rinda, intentaré seguir con este tipo de diario”, escribió a modo de colofón Sakamoto para el libreto de 12. La miniatura más tardía de las 12 está fechada el 4 de abril de 2022, y solo el tiempo dirá si el maestro tuvo tiempo y fuerzas de registrar algún esbozo pianístico más. Su frase latina favorita, “Ars longa, vita brevis”, cobra hoy todo su significado: la vida le fue breve a Ryuichi Sakamoto, pero a la longevidad de su arte cuesta imaginarle límite.

Ryuichi Sakamoto falleció el pasado 28 de marzo a los 71 años, aunque la noticia no se dio a conocer hasta este 2 de abril, a través de una publicación en su cuenta oficial de Twitter.



viernes, 24 de noviembre de 2023

El viejo roble (Ken Loach, 2023)

 

Título original: The Old Oak. Dirección: Ken Loach. País: Reino Unido. Año: 2023. Duración: 110 min. Género: Drama.

Guión: Paul Laverty. Música: George Fenton. Fotografía: Robbie Ryan. Producción: Sixteen Films, Why Not Productions.

Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes 2023. Mejor Actor (Dave Turner) en el Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 2023).

Fecha del estreno: 17 Noviembre 2023 (España).

 

Reparto: Debbie Honeywood (Tania), Andy Dawson (Micky), Trevor Fox (Charlie), Dave Turner (TJ Ballantyne), Ebla Mari (Yara), Neil Leiper (Rocco), Laura Daly (Rosie), Reuben Bainbridge (Dueño del helicóptero), Jordan Louis (Garry), Andrea Johnson (Amy).

 

Sinopsis:

El futuro del último pub que queda, The Old Oak, en un pueblo del noreste de Inglaterra, donde la gente está abandonando la tierra a medida que se cierran las minas. Las casas son baratas y están disponibles, por lo que es un lugar ideal para los refugiados sirios.

 

Comentarios: 

Tan previsible como pueda resultar el desarrollo y la conclusión del nuevo film del incombustible Ken Loach, son las críticas que pretenden defenestrarlo con los mismos argumentos peregrinos de siempre. No es ni ésta ni ninguna de sus anteriores películas tan vilipendiadas una mala cinta; no puede serlo cuando conecta con nuestras conciencias como sólo él es capaz de hacerlo, con ayuda inestimable de su inseparable Paul Laverty, otra víctima permanente de tantos osados comentaristas. Tiene alma, que tanto se ha perdido en el actual cine denominado mainstream, y es capaz de combinar muchos de los problemas que acucian a la humanidad contemporánea con tanta pericia como ingenio hasta conseguir que sus postulados se conviertan en testimonio de nuestra vida y evangelio del mundo que nos ha tocado vivir. Luchador incansable desde la era Thatcher en que comenzaron a hacerse notorios sus trabajos, a sus casi noventa años Loach sigue en la brecha, apostando por la solidaridad como única vía posible de solución a la injusticia y la desigualdad, cuando los poderes se han abandonado definitivamente a un capitalismo feroz y agresivo.

Asistimos estupefactos a cómo el nuevo alcalde de Sevilla anuncia a bombo y platillo una Navidad con más luces y atracciones que nunca, para competir con otras ciudades con iguales ambiciones. Y lo hace en un entorno en el que la pobreza es cada vez más acuciante, quizás en la misma proporción que la de la ultrarriqueza de unos pocos. Gastamos millones en circo y poco o nada en pan, de forma que el recorte de derechos y libertades pase a un segundo lugar, inadvertido frente a la prioridad que sin duda merece la alimentación de nuestros hijos e hijas, por encima incluso de la educación, siempre tan peligrosa de cara a mantener el control y el poder sobre las masas. Y cuando alguien viene a leernos la cartilla y avisarnos de lo que se nos viene encima, lo tildamos de oportunista, tremendista y efectista, cuando la verdad es que necesitamos a Loach, a los Dardenne y a Bollaín para mantenernos despiertos y contestar a la injusticia que nos rodea. The Old Oak (por una vez nuestros distribuidores no tenían que haber traducido el título, toda vez que es el nombre de un pub) es el lugar donde los dormidos y embrutecidos supervivientes del abandono de una de tantas ciudades pequeñas víctimas de la crisis minera, beben, discuten y critican, y que su bonachón dueño convertirá en centro cultural, tan necesitado donde el intercambio y la solidaridad entre pueblos en principio dispares surja vía refugiados de países en guerra o sometidos a crueles dictaduras. Con una caligrafía pulcra y sencilla, con el ánimo siempre de llegar hasta la última persona intelectualmente cuerda, Loach expone las dificultades de un grupo de refugiados sirios en plena crisis del 2016, para integrarse en una comunidad fuertemente castigada por la pobreza y la desidia de los gobernantes.

Lo estamos viviendo también ahora, la crueldad con la que un pueblo severamente maltratado hace menos de un siglo, levanta las armas contra otro oprimido masacrándolo sin miramiento alguno. Y así ha sido y parece ser seguirá siendo siempre, sin capacidad de reflexión, sin que la memoria ahonde en nuestro intelecto, oprimiendo y avasallando siempre a nuestros semejantes. Pero en el cine de este Capra moderno no cabe la desesperanza ni la rendición, aunque sea forzando finales y cambiando sensibilidades de forma casi milagrosa. El intercambio cultural y la solidaridad, a veces ejercida a través del estómago, están ahí para que el pueblo comprenda que su fuerza y su tesón están por encima de las mezquindades de una minoría que sigue sin entender que el final es idéntico para todos y todas, y nadie escapa de él. (Juan José Roldán)

Recomendada.



jueves, 23 de noviembre de 2023

Ben Turpin (1869-1940)

 

Su verdadero nombre era Bernhard Turpin o Bernard Turpin. Nació en Nueva Orleáns, Luisiana, siendo su padre un vendedor de caramelos. Su fecha de nacimiento aceptada es el 19 de septiembre de 1869, aunque se han usado otras fechas en diferentes momentos en el material publicitario de Hollywood.

 

Trabajó en el vodevil, en el género burlesco y en el circo. Desarrolló un vigoroso estilo de comedia física, incluyendo una gran habilidad para representar caídas cómicas que incluso impresionaban a sus compañeros de trabajo.

 

Ben Turpin es uno de los cómicos más icónicos del cine slapstick por un rasgo físico muy concreto que salta a primera vista: sus ojos bizcos. No obstante, uno se formula inevitablemente la pregunta: ¿era Ben Turpin bizco de verdad o formaba parte del papel?

 

Indagando un poco hemos descubierto que en realidad no nació bizco, y de hecho se puede verificar con algunas de las pocas fotografías que existen de él de joven. Resulta pues innegable que la bizquera de Turpin surgió como un recurso humorístico que le distinguiera de otros actores cómicos. Pero entonces, ¿por qué no existen fotografías de él de su época como actor de slapstick sin bizquear? Incluso Buster Keaton, que cuando veía una cámara se quedaba serio para mantenerse en su personaje en todo momento, tiene algunas imágenes en que se le ve riendo, después de todo no es posible mantenerse siempre en personaje o evitar que te hagan una fotografía relajado en el ámbito personal.

 


Según la leyenda, Turpin se quedó bizco en su época en el vodevil de tanto bizquear sobre el escenario para interpretar su personaje cómico, y sencillamente un día se despertó con un ojo bizco. “Mis ojos eran normales cuando empecé, no tenía tan mal aspecto. Pero tanto practicar y actuar como Happy Hooligan bizqueando para el papel los dejaron así. Una mañana me levanté y me miré en el espejo. ¡Mi ojo derecho estaba bizco y yo no lo estaba bizqueando a propósito! Lo froté con mis ojos, pensaba que lo podría devolver a su sitio, pero no funcionó. (…) No sabía qué hacer, así que simplemente lo dejé así. (…) Al principio lloré. Pero me recompuse rápido y pensé que quizá había algo de verdad en esa frase de «es mejor así». No me preocupé mucho aunque pensé bastante en ello”.

 

Obviamente solo Turpin sabe si eso es cierto o fue una historia que se inventó, pero conviene recordar que se pasó muchos años interpretando a ese personaje bizco en el escenario unas dos veces al día durante 10 o 15 minutos por actuación. Lo que sí es verdad es que pronto descubrió que podía solucionar esa bizquera con una operación relativamente sencilla, pero jamás lo hizo. ¿Por qué? Pues porque eventualmente esos ojos bizcos se convirtieron en su marca personal y la clave de su éxito. Tal es así que los aseguró por 25.000 dólares por si acaso un día volvían a estar normales. Esto puede que fuera otro truco publicitario de la época, pero es innegable que este defecto físico acabó convirtiéndose para Ben Turpin en su pasaporte para la fama y la fortuna después de tantos años trabajando duro en el mundo del vodevil.

 


Ben Turpin apareció por primera vez en el cine en 1907, en varias pequeñas piezas cómicas a cargo de los estudios Essanay, en Chicago; además de aparecer en estos cortos, Turpin trabajó como conserje para Essanay. En 1912 era una personalidad de la pantalla muy conocida, concediendo entrevistas y escribiendo artículos para las nuevas revistas de aficionados. Turpin se encontraba en la compañía de Mack Sennett en el momento de la llegada de Charles Chaplin a la misma a finales de 1913. El choque de las dos personalidades finalizó con la retirada de Turpin de la compañía, tras la cual empezó a aparecer en papeles de mayor entidad, y en sátiras que se crearon para su carácter único.

 


En 1917 Turpin volvió al estudio de Mack Sennett como una estrella. Durante los años veinte sus papeles parodiaban a los actores y celebridades de la época y Turpin se convirtió en uno de los más populares actores cómicos del cine. Encantado con su éxito, se presentaba a sí mismo con la frase "Soy Ben Turpin y ganó tres mil dólares a la semana." Uno de sus gags más conocidos era una caída hacia atrás que llamó la "108".

 

Turpin se retiró en 1924 para poder cuidar a su esposa. Había invertido con éxito en bienes inmuebles, por lo que no tenía necesidad financiera para seguir trabajando. Hacia 1926, sin embargo, y tras la muerte de su esposa, apareció de nuevo en pequeños papeles cómicos. Llegó incluso a trabajar en la época del cine sonoro; su último papel tuvo lugar en la película de Laurel y Hardy Saps at Sea, en 1940. Falleció en 1940 y fue enterrado en Forest Lawn Memorial Park en Glendale, California.

 


miércoles, 22 de noviembre de 2023

Que nadie duerma (Antonio Méndez Esparza, 2023)

 

Título original: Que nadie duerma. Dirección: Antonio Méndez Esparza. País: España. Año: 2023. Duración: 122 min. Género: Drama, Intriga.

Guión: Antonio Méndez Esparza, Clara Roquet (basado en una novela de Juan José Millás). Música: Zeltia Montes. Fotografía: Barbu Balasoiu. Producción: Aquí y Allí Films, Wanda Visión, ICAA.

Sección Oficial del Festival de Cine de Valladolid (SEMINICI 2023).

Fecha del estreno: 17 Noviembre 2023 (España).

 

Reparto: Malena Alterio (Lucía), Aitana Sánchez-Gijón (Roberta), José Luis Torrijo (Ricardo), Rodrigo Poisón (Braulio), Manuel de Blas (Juanjo).

 

Sinopsis:

Lucía pierde su empleo como programadora informática y decide dar un giro en su vida: convertirse en taxista. Al volante de su taxi, recorriendo las calles de Madrid, esperará pacientemente la ocasión de llevar en él a su vecino desaparecido, del que se ha enamorado.

 

Comentarios: 

El año pasado por estas mismas fechas, una película atípica en nuestro cine, singular por su huida del realismo reinante, y valiente por su falta de cordura comercial en unas salas en las que el espectador medio parece absurdamente obstinado en no ser capaz de validar ningún disparate, por muy racional que este acabe siendo en su fondo, terminó por redondear unos 12 meses formidables para un cine español cerca de lo histórico, gracias a la enorme cantidad de títulos notables y sobresalientes estrenados a lo largo de 2022. Aquella obra era No mires a los ojos, la dirigió Félix Viscarret, estaba basada en la novela de Juan José Millás Desde la sombra y, a pesar de que la vieron solo 52.000 personas (o nada menos que 52.000, según se mire), abrió una brecha hacia un universo libre, procaz y misterioso, en el que ahora se integra la también estupenda Que nadie duerma, cuarto trabajo como director de Antonio Méndez Esparza.

Ese universo extraordinario, que puede gustar más o menos en la vertiente literaria, pero que al cine español le sienta como bendito aire fresco al redondear una necesaria diversidad de tonos, estilos y géneros, es el del veterano novelista y articulista Millás, siempre apegado a la tragicomedia a pie de calle, aunque con acciones, giros y acontecimientos poco o nada verosímiles que, pese a su aparente extravagancia, se presentan como plenos de sentido psicológico, social y moral. En verdad, esa veda hacia cierto surrealismo dentro de obras con intenciones comerciales, intérpretes reconocidos y amplia difusión la había abierto en 2019 Ventajas de viajar en tren, de Aritz Moreno, basada en la fabulosa novela homónima de Antonio Orejudo, otro autor, como Millás, favorecedor de la risa y el desengaño de vivir a través del estrambote.

Que nadie duerma narra la odisea laboral, amistosa y sentimental de una mujer que pierde su trabajo como informática tras más de 20 años en una cadena de clínicas odontológicas acusada de fraude, y que de buenas a primeras se reinventa como conductora de taxis mientras intenta ayudar en los cuidados de su padre anciano y enfermo. Una película asentada en lo social y en lo real, pero que deriva en lo psicológico y hasta en lo cultural con una apuesta por la fusión de tonos. El arrebato, la delicadeza, la simpatía, el amor, la ternura, la venganza, el delirio, el legado, el arte, la demencia y la creación dentro de la creación van apareciendo sin orden aunque con excelente concierto en una historia en la que el personaje femenino arrasa por una cuestión no demasiado habitual en nuestra sociedad contemporánea: la dignidad. Un rol luminoso y con una preciosa energía que, por las revueltas de la existencia y por los azares impuestos por Millás y Esparza, parece finalmente condenado a la desolación, y que borda Malena Alterio con un poderoso despliegue de registros cómicos y dramáticos.

—La ficción tiene mucho que aprender de la vida real.

—Y según tú, ¿qué le diría la vida real a la ficción?

—Que no mienta.

Este diálogo entre la protagonista y el rol de un novelista y articulista, que bien podría ser un trasunto del propio Millás, ejemplifica todo lo que hay de metaficcional, de construcción dentro del realismo, en Que nadie duerma, título entresacado de la famosa aria Nessun dorma, incluida en Turandot, ópera de Puccini sobre el amor y la muerte, como la película de Méndez Esparza.

Un artificio, hermoso artificio, que se apoya asimismo en la magnífica banda sonora de Zeltia Montes, invasiva para bien, que ya desde los estéticos títulos de crédito iniciales impone su vehemencia y sus cuerdas hirientes para ilustrar el enigmático desgarro de vivir. (Javier Ocaña)

Recomendada.



martes, 21 de noviembre de 2023

Mitomanía... Jane Russell



 

Jane Russell, una polémica sex symbol del star system de Hollywood, falleció el 28 de febrero de 2011, a los 89 años de edad, en su casa de Santa María (California) debido a problemas respiratorios. Coprotagonista en la famosa película de Marilyn Monroe Los caballeros las prefieren rubias (1953), Russel alcanzó la fama por sus películas entre los años cuarenta y cincuenta.

 

Nacida en Minnesota en junio de 1921, su pasión por el mundo de la interpretación la aprendió en casa: su madre estudió arte dramático y fue actriz de un grupo itinerante de interpretación. Pero su pasión tuvo que esperar, tras fallecer su padre, un militar de las Fuerzas Armadas de USA, se puso a trabajar para ayudar a su madre y a sus cuatro hermanos. Gracias a su cuerpo, su participación en anuncios le dieron los suficientes beneficios como para pagarse la matrícula para estudiar arte dramático.

 

La actriz, una orgullosa votante del Partido Republicano, que se inició como modelo para anuncios mayoritariamente de sujetadores en televisión, hizo sus papeles más importantes en comedias. Un género que, a propósito o no, siempre explotaba su lado más sensual y su figura. Fue el multimillonario productor Howard Hughes -a quien Leonardo DiCaprio interpreta en la película El aviador- quien la descubrió mientras trabajaba como recepcionista en la consulta de un dentista y le dio su primer papel, y el que la haría conocida, en la película El forajido. Entonces Russell ya quedó en la mente de los espectadores, incluso antes de ver la película, por el tamaño de su busto. En las fotografías de promoción del filme, la actriz aparecía recostada en una cama hecha de paja con el vestido medio caído por un hombro. De hecho, los censores retuvieron la película casi tres años hasta que vio la luz en 1943.

 


Conocida también por sus papeles en series de televisión, su último papel en la gran pantalla fue en 1970, en la película Más oscuro que el ámbar. Antes de eso, su carrera había decaído en los años sesenta y setenta. De nuevo, su cuerpo le volvió a dar trabajo: se convirtió en la imagen de los sujetadores de la marca Playtex, para la que protagonizó la campaña "El cruzado mágico". "Excepto la comedia, no he llegado a ningún sitio en el mundo de la interpretación", confesó Russell en su autobiografía. "La verdad es que demasiadas veces no me han gustado mis fotografías", se confesaba.

 

Su imagen era de tanta fuerza que su poder de persuasión hizo que en una ocasión fuera elegida como mejor actriz antes incluso de que se pudiera ver la película. Sus momentos más duros llegaron cuando inició la lucha contra su alcoholismo. Una batalla que inició cuando en 1978 fue arrestada durante cuatro días por conducir bajo los efectos del alcohol.

 

Aunque a partir de los setenta hizo muy pocas películas, en 1989 recibió el premio Women's International Center Living Legacy Award, dedicado a mujeres que hicieron grandes contribuciones a la Humanidad. En su caso, por su actividad en favor de la infancia y las adopciones. Tras un aborto, sus tres hijos -con el primero de sus tres maridos- fueron adoptados. Tras el trauma de no poder ser fundó la World Adoption International Fund, con la que 51.000 han sido recolocados en casas de familias adoptivas.

 

A sus sesenta años, su cuerpo de nuevo volvió a dar que hablar como cuando tenía veinte. A esa edad, se convirtió de nuevo en la protagonista de un anuncio para televisión sobre una marca de sujetadores para mujeres de sus características.

 


 

lunes, 20 de noviembre de 2023

La serie “Fatty y Mabel”

 

Mabel Normand y Roscoe Arbuckle (conocido popularmente como Fatty) eran a mediados de los años 10 dos de los cómicos más célebres del cine americano. Ambos se habían convertido en estrellas en la Keystone, el estudio más importante de comedias slapstick del cual saldrían otros grandes cómicos como Charles Chaplin. Mack Sennett, el jefe del estudio, era perfectamente consciente de que ambos tenían más talento que la mayoría del resto de artistas, y por ello decidió emparejarlos en una serie de cortometrajes. Ambos funcionaron muy bien como pareja cómica, pero además su serie de cortos coincidió con una época de evolución muy interesante en la Keystone. Los cortometrajes de la serie «Fatty y Mabel», no solo nos permiten disfrutar de las dotes cómicas de ambos, sino comprobar la evolución de los dos cómicos en un espacio de tiempo de solo dos años.

 

En sus primeras colaboraciones como pareja protagonista, los cortos de Normand y Arbuckle no se diferenciaban en exceso del producto medio Keystone más allá de la comicidad de sus protagonistas: Fatty and Mabel’s Simple Life (1915), Fatty and Mabel at the San Diego Exposition (1915) -un clásico de la Keystone: escoger un escenario real, llevar ahí a un par de actores e improvisar escenas cómicas sobre la marcha-, Wished on Mabel (1915) o Mabel, Fatty and the Law (1915). Cabe resaltar como primer hecho significativo que en la mayoría de ellos ya se utiliza el nombre de ambos en el título, una forma de enfatizar la intención del estudio de unirlos como pareja artística. Más allá de eso, sus personajes son los clásicos cómicos de maneras algo infantiles y exageradas que se mueven en las típicas situaciones de enredo (robos, coqueteos más allá de lo permitido, posibles adulterios, etc.).

 


De esta primera serie de cortos hay dos que destacan con luz propia. El primero es Mabel and Fatty’s Wash Day (1915) que se inicia con un retrato de las infelices vidas matrimoniales que sufren cada uno de ellos por separado. En un día de colada, Fatty y Mabel, que viven puerta con puerta, se conocen y simpatizan, pero deben volver a su aburrida vida conyugal. La segunda parte del film es más convencional (Fatty y Mabel se reencuentran en el parque y se sucede la clásica confusión relacionada con el supuesto robo de un bolso), pero esos pequeños instantes de la primera mitad ya demuestran la química que había entre ambos actores y su capacidad para despertar simpatía, aunque en este caso fuera en momentos puntuales

 

Mabel and Fatty’s Wash Day 


Mucho mejor aún es Mabel and Fatty’s Married Life (1915) el gran precedente de los dos maravillosos cortos que filmarían el año siguiente. Aquí ambos encarnan a un acomodado matrimonio burgués que tiene un encontronazo con un músico callejero que jura vengarse. Cuando Fatty deja a su mujer en casa para irse a trabajar, ésta temerá que el músico vuelva a casa a resarcirse. El film es una clara parodia de las películas de rescate al último momento de David W. Griffith como The Girl and her Trust (1910), pero más allá de eso resulta muy clarificador comparar su estilo con el de los films precedentes: Fatty y Mabel parecen más que nunca personas de carne y hueso (con comportamiento cómico, claro, pero no infantil), no hay ningún gag delirante ni siquiera cuando aparecen los Keystone Kops y la resolución del conflicto es limpia y sencilla. El plano final en que Fatty y Mabel se sientan juntos y sonríen ante lo sucedido muestra una ternura absolutamente insólita en una producción Keystone, o al menos hasta ese momento. Porque el año

 

Mabel and Fatty’s Married Life


Antes de pasar a comentar las dos grandes películas del ciclo Fatty y Mabel convendría detenerse brevemente en la formación de la Triangle Film Corporation. En 1915, el cine estaba ganando una batalla largamente iniciada para alcanzar su ansiada respetabilidad. El público burgués empezaba a aceptar cada vez más la idea del cine como un entretenimiento de calidad al que podrían llevar a sus mujeres sin tener que fruncir el ceño ante lo que vieran en pantalla. En ese contexto, los tres cineastas americanos más importantes de ese momento decidieron unir sus fuerzas en la Triangle Film Corporation. Se trataban de David W. Griffith, Thomas Ince y Mack Sennett. De los tres el único que no tenía ganada ya la respetabilidad de antemano era Sennett  -quien a cambio fue el que produjo más obras rentables en su periplo en Triangle, bonita paradoja, ¿verdad? Sus alocadas comedias contrastaban al lado de las películas serias de Ince y Griffith, pero pronto le pondría remedio.

 

Triangle Film Corporation

En paralelo, Mabel Normand ya proclamaba en 1915 en entrevistas y artículos de prensa sus deseos de hacer otro tipo de comedia o, yendo aún más lejos, la necesidad de la propia comedia cinematográfica de evolucionar hacia otro estilo en que se diera más importancia a las tramas. La señorita Normand no era ajena a esta deriva respetable hacia la que se dirigía el cine y ella quería sumarse a ese cambio. Arbuckle, que era el director de esta serie de comedias con Normand, también demostraría unas inquietudes similares. Si sumamos la unión de Sennett a Triangle, las ansias de Normand por dejar atrás la comedia slapstick más básica y el hecho de que Arbuckle era uno de los mejores cómicos del momento, podremos entender que en 1916 el dúo se desmarcara con dos pequeñas joyas de la comedia primitiva cinematográfica.

 

La primera es He Did and He Didn’t (1916) que supone un cambio increíble respecto a los films que hemos visto anteriormente. De hecho, se podría decir incluso que aquí el dúo ha abandonado el género del slapstick a favor de la conocida como genteel comedy (comedias amables menos alocadas que las de Mack Sennett). Ambos encarnan a un matrimonio burgués que tienen un malentendido respecto a la visita de un ex-profesor de Mabel del que Fatty está celoso.

 

En este film Arbuckle y Mabel Normand están demasiado serios. Apenas hay margen para que Fatty nos deleite con algún gag propio y al final el único que se lleva las risas es el colaborador habitual Al St. John (sobrino de Arbuckle) encarnando al ladrón. El último tramo de hecho es inusitadamente serio: Fatty amenazando con una pistola al profesor y luego gravemente herido por un disparo de Mabel. ¿No se suponía que en estas comedias a uno podían dispararle o explotarle una bomba y simplemente se hacía mucho daño? Cabe decir a favor de Arbuckle que consigue parecer convincente, y que el plano en que apunta al profesor con el arma resulta realmente amenazador. Compárenlo con el payaso alocado de los films anteriores.

 

Pocas muestras puede haber más claras de las intenciones que tenían Normand, Arbuckle y Sennett que el contraste entre los films rodados hacía solo un año y He Did and He Didn’t. Parecen pecar de querer legitimarse demasiado renunciando casi por completo al slapstick. Por ello creo que su obra mejor conseguida fue la siguiente: Fatty y Mabel a la Deriva (1916).

 


Ésta es sin duda la mejor de todas las películas del ciclo, consiguiendo inspirar ternura y humor. El prólogo es especialmente encantador, con las caras de Fatty y Mabel envueltas en unos corazones que se acaban uniendo mediante Cupido, una declaración de intenciones sobre el tono de la película. La primera parte en la granja es la más puramente slapstick de todas, con Fatty y Mabel teniendo aún dejes de comportamiento infantiles mientras se enfrentan a un Al St. John especialmente insufrible como clown antagonista.

 

Pero una vez se casan el film cambia por completo de tono: es como si con la boda los personajes también maduraran a su vez. La estampa de Fatty pescando al atardecer junto a su fiel perro nos da una visión totalmente distinta del personaje respecto al grandullón bobalicón que vimos antes. Hay más tarde otro plano realmente hermoso en que Mabel está dormida y la sombra de Fatty se inclina sobre ella como si le estuviera dando un beso de buenas noches. Resultaría casi contraproducente en una comedia slapstick si no estuviera realizado con tanto evidente cariño hacia los personajes. Por otro lado, la escena de la comida en que éste se come el panecillo duro como una piedra cocinado por Mabel para no herir sus sentimientos es un tipo de gag que luego se emplearía mucho en comedias de tono más amable (por ejemplo en El mimado de la abuelita de Harold Lloyd), y que solo tiene sentido si los personajes resultan creíbles: únicamente si realmente Mabel parece humana y vulnerable podría funcionar este tipo de gag. Por ello en cortos tan alocados como los anteriores no sería tan eficaz.

 

A cambio, su rival, Al St. John, parece un resquicio del pasado más slapstick de los personajes al seguir con su comportamiento exagerado y caricaturesco. Las escenas de la vida hogareña de Fatty y Mabel contrastan muy claramente en tono con las de Al St. John, como si la tensión entre ellos fuera a su vez una rivalidad entre el estilo antiguo de slapstick más pasado de rosca y el nuevo tipo de comedia humana que representa la pareja. En consecuencia, St. John acaba con esa idílica estampa hogareña conduciendo a Fatty y Mabel de nuevo hacia un conflicto absurdo que parece sacado de una vieja trama de slapstick (moviendo su casa al mar), que a su vez deriva en uno de los grandes tópicos del género: la alocada escena de rescate al último momento.

 

Lo que hace de Fatty y Mabel a la Deriva el cierre perfecto de este ciclo es la forma como logra convertir a su pareja protagonista en dos personajes creíbles y humanos sin renunciar por otro lado al elemento slapstick. Este film es por tanto un precedente de un problema que preocuparía a los grandes del género solo unos años después: como seguir usando humor slapstick pero humanizando a los personajes. La forma que encontraron aquí de conjugar ambos mundos fue a partir de la oposición. Más adelante gente como Chaplin o Harold Lloyd lograrían hallar la forma de combinarlo del todo, pero hasta que eso llegara Fatty y Mabel a la Deriva fue uno de los grandes hitos del género. (Guillermo Triguero)