sábado, 11 de julio de 2020

Ocho sentencias de muerte (Robert Hamer, 1949)




Título original: Kind Hearts and Coronets. Dirección: Robert Hamer. País: Reino Unido. Año: 1949. Duración: 106 min. Género: Comedia.
Guión: Robert Hamer y John Dighton, basado en la novela “Israel Rank: The Autobiography of a Criminal” de Roy Horniman. Fotografía: Douglas Slocombe. Música: Ernest Irving. Montaje: Peter Tanner. Dirección artística: William Kellner. Vestuario: Anthony Mendleson. Maquillaje: Harry Frampton. Producción: Michael Balcon para los Estudios Ealing.
Nominada a Mejor película británica en los Premio BAFTA 1949.
Estreno mundial: 21 junio 1949, en Londres.

Reparto:
Dennis Price (Louis Mazzini), Alec Guinness, Joan Greenwood, Valerie Hobson, Audrey Fields, John Penrose, John Salew, Arthur Lowe, Clive Morton, Hugh Griffith.
      
Sinopsis:
Un joven ambicioso y sin escrúpulos proyecta vengar la afrenta que la aristocrática familia D'Ascoyne, a la cual pertenece, les ha infligido a él y a su madre. El plan consiste en eliminar a todos los miembros de la familia que le preceden en la sucesión al título de Duque.

Comentarios:
La productora británica Ealing Studios realizó entre los años 1947 a 1957 una serie de comedias que a día de hoy constituyen todo un ciclo mítico del cine clásico inglés. Recordadas y admiradas, estas dieciséis películas (diecisiete según las fuentes que consideran Davy, dirigida por Michael Relph en 1958, la última de ellas) tienen en común su forma de abordar el sentido del humor de una manera amable pero jamás exenta de cierta ironía al mostrar la forma de ser de los habitantes de las islas y su peculiar idiosincrasia, siempre teñidas de una melancólica añoranza por un tiempo pasado arrollado por un presente que deja atrás un estilo de vida más humano anclado en la tradición. Producidas por Michael Balcon y con un equipo técnico, entre los que comenzaron a brillar directores como Alexander Mackendrick y Charles Crichton, y otro artístico, con figuras como Alec Guinness y Stanley Holloway, que se repetían de una película a otra ayudaron a consolidar un estilo elegante y tradicional que, sumado a la originalidad de sus guiones, conformaron una manera única y característica de abordar el género de la comedia.
Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets, 1949), dirigida por Robert Hamer, supuso uno de sus primeros éxitos importantes, pese a que en un principio Balcon no estaba muy convencido de la conveniencia de un libreto a todas luces vitriólico basado en una novela de Roy Horniman (Israel Rank: The Autobiography of a Criminal, 1907) muy influida por la obra de Oscar Wilde. 




La noche antes de su ejecución pública, en la celda en la que se halla confinado, el joven Louis Mazzini escribe sus memorias. Con una tranquilidad impropia de su situación, vestido con un elegante batín y dando muestras de unos exquisitos modales, Louis es el reflejo perfecto de la clase a la que pertenece, un noble de alta cuna que espera con dignidad la hora de su muerte. El mismo verdugo que lo ejecutará se muestra orgulloso de su tarea: ahorcará, como manda la tradición, a un duque con una soga de seda, lo que será tal vez el fin de su carrera pues ya no podrá volver, como confiesa al director de la prisión, a usar una cuerda de cáñamo. Observa a su futura víctima desde la mirilla de la puerta del calabozo y Hamer introduce un plano de la nuca de Louis, ante lo cual el verdugo asiente como si diera por buenas las medidas que ha tomado para su tarea. Así queda dibujado el tono de humor negro que dominará toda la película. Louis está sentado ante los papeles donde está detallando su vida y de manera sutil se nos sumerge en un largo flashback, la historia de Louis desde su nacimiento al momento actual. La voz en off del protagonista nos acompañará en una travesía que ya en su inicio nos muestra por qué su destino estará marcado por la venganza y el odio a los de su propia clase. Su madre era un miembro de los D’Ascoyne, familia de rancio abolengo de la cual es repudiada al casarse con un cantante de ópera italiano de pobres recursos. Al morir este, ella buscará reconciliarse con sus familiares, pero estos la rechazan sin miramientos. Así, el niño Louis crecerá obsesionado por la genealogía y el puesto que le corresponde en el árbol de sucesión. Los sufrimientos de su madre por subsistir y los esfuerzos de esta para que no olvide su origen noble lo harán vivir en un sueño de grandeza del que se verá privado al tener que ganarse el pan trabajando como dependiente en una tienda de ropa femenina. Jamás un posible heredero de un título nobiliario se vio sometido a tal humillación. La negativa familiar a que su madre sea enterrada en el castillo de Chalfont, el hogar ancestral de los D’Ascoyne según su deseo confesado a Louis en el lecho de muerte, hará germinar la semilla criminal en el corazón de éste. Fantasea con la muerte de todos los miembros de la familia que lo anteceden en la línea sucesoria, y en ocasiones las esquelas necrológicas de los periódicos que no deja jamás de consultar le dan una buena noticia: poco a poco se ve más cerca de su herencia mientras va tachando los nombres que le anteceden en el árbol genealógico. El hecho de ser repudiado entre risas por la joven de la que se ha enamorado debido a su pobreza será la gota final que colmará su vaso repleto de sed de venganza. Hay ocho personas entre el ducado y él, y las eliminará a todas una por una hasta recuperar lo que le pertenece. Con una paciencia y frialdad estremecedoras Louis pondrá en marcha su plan.


Ocho sentencias de muerte mantiene en todo momento un tono contenido y elegante, es la voz de Louis quien domina el relato y lo vemos todo a través de sus ojos, si bien los hechos nos obligan a mirar más allá. La virtud de un guion excelente que no abandona jamás su poderosa carga irónica hacia la lucha de clases, esa que aquí tendrá como su más enconado exterminador a un miembro de la propia nobleza. Sueños de grandeza inoculados por una sociedad donde cada cual vale según lo que posee. La película arremete contra todos los estamentos de la sociedad ridiculizando a sus ejemplares más representativos, desde un terco y obstinado almirante de marina hasta un pomposo militar que vive de contar sus hazañas de juventud. El trazo es suave, la burla es profunda pero elegante, huye de lo soez, y por ende es más efectiva. En el funeral por la segunda de sus víctimas, Louis contempla a todos los miembros de la familia que le quedan por asesinar mientras el sacerdote, otro de sus objetivos (“los D’Ascoyne habían seguido la tradición de la nobleza provinciana y habían mandado al tonto de la familia a la Iglesia”, nos detallará con su refinado estilo el impertérrito protagonista) declama un discurso de despedida en la capilla. Es difícil imaginar mayor andanada iconoclasta en una película que jamás da la sensación de serlo. Louis se verá atrapado muy a gusto en una vorágine criminal que lo llevará a idear y llevar a cabo muertes, entre lo delirante y lo ridículo, cada vez más imaginativas para sus parientes. La decadencia y los malos modales de la nobleza los hace indignos de su posición, lo cual refuerza la simpatía hacia Louis, que de otra manera nos resultaría desagradable en su convicción obsesiva. Así, cuando enfrenta a uno de sus últimos objetivos, vemos cómo este, el duque heredero alojado en el castillo de Chalfont, manda azotar a un cazador furtivo que ha caído atrapado en una de la trampas ilegales para animales que ha colocado el mismo duque, impartiendo una “justicia” medieval que ignora las leyes y se basa en su propia mano y criterio. Cuando Louis lo encañone con una escopeta, desearemos que apriete el gatillo sin pensárnoslo dos veces. La baja condición humana ha sido mostrada sin que podamos dejar de tener una sonrisa en los labios. Se desencadenarán en el desenlace los momentos más irónicos, aquellos que nos señalan la injusticia e inconsistencia de todo lo establecido por la sociedad y sus estamentos representativos, incluso cuando la única vez que Louis recurra a la verdad y sea sincero sus palabras solo servirán para condenarlo a la horca. El alcance del filme es prodigioso en su destrucción de lo consabido y aceptado por el consenso social, todo él teñido de un delicado y elegante, casi señorial, anarquismo.
Protagonizado por un excepcional Dennis Price, con su mirada distante cargada de una intensa frialdad rayana en lo despectivo, pero nunca deshumanizado ni falto de ingenio, siempre divertido en las reflexiones en off que acompañan las imágenes, en el momento de su estreno lo más publicitado fue la actuación de Alec Guinness. Este se encargaría de representar ocho papeles, todos los miembros de la familia D’Ascoyne en un show total en el que demuestra toda su increíble sobriedad cómica. Joan Greenwood brilla también en su papel de la perversa amante de Louis, el único personaje a su altura diabólica, capaz de detentar una aparente inocencia cargada de picardía y maldad elemental. 


El título original de Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets) juega con un verso de un poema de Alfred Tennyson, Lady Clara Vere de Vere (1842), pero corazones amables es algo que jamás veremos en esta película en la que la enconada lucha de clases tiene su más espléndida representación. Robert Hamer legaría con esta obra su mejor trabajo como director, quizá acompañado por su participación (The Haunted Mirror) en la magistral película episódica de terror Al morir la noche (Dead of Night, 1945), cuyos otros segmentos estarían firmados por Charles Crichton, Basil Dearden y Alberto Cavalcanti. El guion fue obra del propio Hamer junto a John Dighton, contando con la colaboración no acreditada de la genial escritora Nancy Mitford.
La música, de Ernest Irving, se basa en una partitura original, que realza la sátira y la farsa que envuelven la acción. Añade un fragmento de "Il mio tesoro intanto", de "Don Giovanni", de Mozart, y varios valses vieneses. La fotografía, en blanco y negro, de Douglas Slocombe, rueda con frecuencia a cámara fija, hace uso preferente de planos medios, evita primeros planos (salvo una rápida toma hacia el final del rostro del verdugo) y mueve la cámara en giros y desplazamientos laterales suaves. Las imágenes incorporan numerosos elementos excéntricos e irónicos (pluma del banquero, cepos cazapersonas, sueño con ronquidos del celador).
Film entretenido y memorable, de visión obligada para cinéfilos, con un magnífico final bastante ambiguo. (José Luis Forte & Miquel)
Recomendada.

jueves, 9 de julio de 2020

Los retratos cinematográficos de Andy Warhol.

Su verdadero nombre era Andrew Warhola (Pittsburgh 6-08-1928, Nueva York 22-02-1987). Aunque se hizo famoso por sus pinturas vanguardistas con un estilo único, Warhol destacó también en cine, escultura, música y en distintos medios de comunicación.

Sus obras más populares son las serigrafías coloridas, en las que aparecen de forma reiterada los rostros de iconos populares como Marilyn Monroe, Muhammad Ali, Liz Taylor, Michael Jackson y Jackie Kennedy, entre muchos otros. Pero el genio de Warhol también llegó a otros ámbitos creativos, convirtiéndose en la figura más conocida del arte pop. Sin embargo, no cabe duda de que el retrato fue uno de los géneros favoritos del vanguardista artista.

Los retratos cinematográficos "Screen Test" (Las pruebas de cámara) de Andy Warhol se filmaron entre principios de 1964 y noviembre de 1966. Entre los retratados se encuentran: Dennis Hopper, Gerard Malanga, Edi Sedgwick, Susan Sontag y Salvador Dalí.


Si bien cada película se rodó a una velocidad estándar, es decir, 24 fotogramas por segundo, Warhol puntualizó que las imágenes debería proyectarse a una velocidad inferior, a 16 fotogramas por segundo, que es la velocidad de proyección utilizada a veces en el cine mudo. El resultado es un ritmo inusitadamente fluido, una cadencia que contrasta sutilmente con la austeridad de la iluminación y la rotundidad de los primeros planos del rostro y el cabello.

En total, la serie "Screen Tests" reune más de 500 retratos cinematográficos, de los cuales te invitamos a ver el séptimo, "Helmut". Te sorprenderás.


El interés de Warhol por el cine es digno de mención. Pero habría que preguntarse si sus obras cinematográficas se podrían definir como cine experimental o simplemente son experimentos cinematográficos con cierto afán provocador. 

Después de que en junio de 1968 Valeire Solanas le hiriese gravemente a tiros, Warhol perdió interés en el cine. Sin intervenir apenas en el proceso creativo, a partir de entonces, financió y prestó su nombre a las películas de su acólito, el realizador Paul Morrissey.




martes, 7 de julio de 2020

Música de Cine: Ennio Morricone (1928-2020)


Su nombre es sinónimo de trabajo, trabajo y más trabajo. Desde hace años se levanta a las cinco de la mañana, comienza a escribir partituras a las ocho, y así permanece todo el día encerrado en el estudio de su mansión romana. Es el músico de cine que más bandas sonoras lleva firmadas, de quien existe un número mayor de discos y compactos en el mundo, y seguramente nadie podrá superarle aunando cantidad y calidad. Representa incontables innovaciones en la música cinematográfica, siendo notable su trascendencia artística en el siglo XX y logrando una inusitada popularidad, que le ha hecho ganar 26 discos de oro.

Nace en el área romana de Trastevere, y empieza a componer con seis años, cuando su padre Mario, que era trompetista, le enseña la clave de “sol”. Sus primeras notas las escribió estando de vacaciones, y lo hacía según las piezas musicales que escuchaba por la radio seguido por su intuición, una de las palabras más definitorias de su persona.

A los 10 años ingresa en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma, matriculándose en trompeta (1946) e instrumentos de banda de orquesta (1952), aunque, perteneciente a una familia obrera, tenía que estudiar por el día y ganarse el pan tocando la trompeta en clubs nocturnos.

En 1956 se casa con María Travia y un año después nace su primer hijo, así que pese a su afán por ser considerado un músico “serio” no tiene más remedio que aceptar un trabajo como arreglista de temas en la discográfica RCA. Intenta mantener en secreto esta actividad, pero sus arreglos musicales son tan originales que comienza a ser pasto de la fama. Transforma el concepto de arreglista por el de “autor”, incorporando nuevos sonidos que son la base de la música moderna actual; y entre los artistas que se beneficiaron de ese ritmo, la base del “sonido Morricone”, estuvieron Mina, Gianni Morandi y Ornella Vanoni.

Comienza a componer música para la radio, teatro y televisión; escribe o arregla bandas sonoras como “negro”; y es contratado como director musical de la R.A.I. Pero él sigue con la idea de ser un compositor clásico, y escribe música de cámara y sinfónica con orquesta y coros, hasta que en 1961 firma la banda sonora de “El federal”. A partir de ese momento, su leyenda crece en proporción a su inmenso talento.

En 1964 colabora por primera vez con el director Sergio Leone, quien había sido su compañero en la escuela, con el spaghetti- western "Por un puñado de dólares", que firma con el alias de Dan Savio y con el que reinventa (como hiciera Jerome Moross con "Horizontes de grandeza") la música de este peculiar subgénero en posteriores filmes del mismo Leone ("La muerte tenía un precio", "El bueno, el feo y el malo", "Agáchate, maldito" y "Hasta que llegó su hora"), Sergio Corbucci ("Los compañeros", "Los despiadados", "¿Qué nos importa la revolución?", "Los hijos del día y de la noche", "Salario para matar", "Joe el implacable", para el que utiliza el seudónimo de Leo Nichols) y Sergio Sollima ("El halcón y la presa", "Cara a cara").

Ennio Morricone y Sergio Leone
 
En 1965 se une al “Gruppo Internazionale di Improvvisazione” perteneciente a la “Asociación Nuova Consonanza”, dirigido por Franco Evangelisti, y cuya principal misión era crear música a base de toda clase de instrumentos, experimentando nuevos sonidos disonantes. Con esta formación se arriesga con notas únicas en “Los fríos ojos del miedo”, siendo ese desarrollo musical una constante en sus aproximaciones al mundo del terror de Dario Argento con “El pájaro de las plumas de cristal” y “El gato de las nueve colas”.

Durante los 60 el cine italiano vive sus mejores momentos, y tiene la fortuna de encontrar a un grupo de arriesgados directores que buscaban hacer un cine comprometido social y culturalmente, con quienes coincide en ideas políticas de izquierda y visión creativa en la fusión de imagen y sonido. Así, son sobresalientes sus partituras con Elio Petri o el fin del Estado ("Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha", "El amargo deseo de la propiedad"); Bertolucci o la destrucción de clases ("Antes de la revolución", "Novecento"); Mauro Bolognini o la decadencia burguesa ("Metello", "La herencia Ferramonti"); Gillo Pontecorvo o la conciencia revolucionaria ("La batalla de Argel", "Queimada"); Pier Paolo Pasollini o sus cuentos incorrectos ("Las mil y una noches", "Saló o los 120 días de Sodoma"); y Giuliano Montaldo o las injusticias históricas ("Sacco y Vanzetti", "Giordano Bruno").

 


Durante la década de los 70 se involucra en comedias eróticas italianas a las que dota de sugerentes voces y música burlesca ("Quando la donne persero la coda", "Cuando el amor es sólo sexo"), filmes policiacos franceses resueltos con moderna percusión ("Pánico en la ciudad", "El furor de la codicia") y románticas historias americanas ("Días del cielo", "Lazos de sangre"); todas ellas entre una amplia selección de títulos, con una increíble media que supera el de una banda sonora por mes.

Tras esta exagerada actividad parece tomárselo con más calma a mediados de los 80, enfatizando aún más su inconfundible estilo de cuerdas y logrando algunas de sus obras más representativas: “Érase una vez en América”, su última y fascinante colaboración con Leone; “La misión”, una de las claves de su trayectoria y por la que su caché comenzó a elevarse hasta llegar al millón de dólares; y “Cinema Paradiso”, su primera incursión en el mundo de Giussepe Tornatore, con quien le unirá una honda amistad en maravillosos trabajos como “Están todos bien”, “Una pura formalidad”, “El hombre de las estrellas”, “La leyenda del pianista en el océano” o “Malena”.

Durante los años 90 alterna su actividad en importantes producciones americanas ("Bugsy", "En la línea de fuego", "Lobo", "Lolita") con la atención a sus viejos amigos italianos, como Tinto Brass ("Senso 45"), Alberto Negrin ("I guardiani del cielo") y Roberto Faenza ("Sostiene Pereira"), comprometiéndose también en historias que todavía le interesan, como “Nostromo” o “Padre Pio tra cielo e terra”. 

 
Edda Dell´Orso, vocalista a quien incorporó durante finales de los 60 utilizando la voz humana como instrumento. Interviene en numerosos filmes, entre ellos "Hasta que llegó su hora", "Mi nombre es ninguno", "Orca, la ballena asesina", "Maddalena", "Supongamos que una noche cenando...", "Veruschka", "El gato de las nueve colas", "El secreto", "Bullworth", "Un asunto de amor"... En la actualidad siguen colaborando juntos en una simbiosis ideal de sensualidad y melancolía.

Su forma de orquestar otorga un carácter aún más intenso y desesperadamente lírico a sus últimos trabajos, ganando cada vez más prestigio entre sus compañeros de profesión, que, en 1994, le homenajean en una cena ofrecida por la Sociedad para la Preservación de la Música de Cine.

En 1992 le es concedida la Medalla de las Artes y las Letras en Francia; y en 1995 recibe el título de Comendador de la Orden al Mérito de la República Italiana, el premio Nino Rota (instaurado ese mismo año por la discográfica CAM y la revista Variety) y el León de Oro del Festival de Venecia a toda su carrera.

Ennio Morricone y Quentin Tarantino

En 2016 recibió el Óscar en la categoría de Mejor banda sonora original por la película “The Hateful Eight (Los odiosos ocho)”, después de haber sido nominado seis veces en esta categoría en ediciones anteriores, convirtiéndose así en el galardonado más longevo en dicha categoría en la historia de los Premios Óscar.

Aunque pueda parecer imposible, si unimos sus trabajos como arreglista y su obra como compositor de música de vanguardia, cámara y concierto, sale un número casi tan elevado como sus bandas sonoras. En 1992 compone música para la película muda "La signora delle Camelie" (dirigida por Gustavo Serena en 1915), y en 1996 repite la experiencia con su extraordinaria partitura para el filme americano "The Life and Death of Ricardo III", filmado en 1912.

Hombre de ambiente familiar, aún tiene tiempo para dar giras de concierto por todo el mundo y apoyar todo lo posible a su hijo Andrea, también compositor.



Una docena de Bandas Sonoras imprescindibles:

·         2015: The Hateful Eight (Los odiosos ocho)
·         1988: Cinema Paradiso
·         1987: The Untouchables (Los intocables de Elliot Ness)
·         1986: The Mission (La misión)
·         1984: Once Upon a Time in America (Erase una vez en América)
·         1976: Novecento
·         1970: Sacco y Vanzetti
·         1968: C´era una volta il west (Hasta que llegó su hora)
·         1966: La battaglia d´Algeri (La batalla de Argel)
·         1966: Il buono, il brutto, il cattivo (El bueno, el feo y el malo)
·         1965: Per qualche di dollaro in piu´ (La muerte tenía un precio)
·         1964: Per un pugno di dollari (Por un puñado de dólares)



Estudio de la B.S.O. “Cinema Paradiso”.

José-Vidal Rodríguez.


De la paleta de un compositor en continuo estado de gracia, surgió a finales de los 80 una de las partituras melodramáticas más emotivas de la década, trabajo inolvidable para un filme de una sencillez y una carga emocional que marcaría para siempre la carrera de su director Giuseppe Tornatore.

"Cinema Paradiso" es una bellísima historia generacional, centrada en la amistad de un crío de ocho años, Salvatore alias “Toto”, y Alfredo (inconmensurable Phillipe Noiret), un solitario proyeccionista de cine al que un desgraciado accidente hace perder la visión y con ello su pasión cinematográfica. El filme hace un recorrido cronológico por la vida de ambos hasta nuestros días, arrancando con los flashbacks de un Salvatore adulto que recuerda su infancia de “lazarillo” junto al bueno de Alfredo, con la Sicilia rural de los años 40 como escenario principal de la trama.

A este retrato sentimental de la Italia de posguerra, se unió a la emotiva declaración de amor que realizaba el cineasta al Séptimo Arte. Virtudes éstas que no sólo engancharon a los espectadores de media Europa, sino que le valieron a Tornatore el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, además de un Globo de Oro y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes. Con ninguno de sus posteriores filmes conseguiría la repercusión mediática ni las unánimes alabanzas logradas con esta sensacional muestra de cine intimista.


Una historia de tal calado, merecía un compositor a la altura de las circunstancias. Si bien es cierto que entre la vasta filmografía de Ennio Morricone resulta difícil vanagloriar obras en particular, el score que nos ocupa ha pasado con los años a conformar uno de los álbumes de mayor éxito en su carrera, no sólo entre los asiduos a las bandas sonoras sino también entre el público en general. Parte del mérito hay que achacárselo al conocidísimo y melancólico tema central, “carne de recopilatorio” y melodía inmediatamente reconocible incluso por el aficionado ocasional. Presentado ya en el primer corte, el piano es el encargado de desarrollar sus sugerentes notas hasta que el clarinete y las cuerdas, primero intimistas y luego rotundas, terminan de culminarlo en dos minutos y medio de música auténticamente imborrable. De continuo uso a lo largo del trabajo, la variaciones del motivo resultan francamente emocionantes en un instante en especial, concretamente en la genial secuencia del montaje de besos cinematográficos con el que Alfredo resume alegóricamente al Toto adulto las vidas de ambos; y entre tanta escena mítica, Morricone introduce con acierto arreglos de foxtrot y pizzicatos de cuerda típicos de los 50 para amoldar su música a este peculiar recorrido cronológico por la historia del cine ("Dal Sex Appeal Al Primo Fellini").

Un hecho que llama poderosamente la atención, es el referente a que la segunda de las melodías fundamentales sobre las que se asienta la partitura, ni más ni menos que el ”Tema D´amore”, no sea una pieza original de Ennio Morricone, sino de su hijo Andrea. Un sensacional arranque romántico de gran peso en el álbum (hasta cuatro versiones del mismo se incluyen) y que de no constar acreditado expresamente, nunca hubiésemos adivinado que fuera compuesto por alguien distinto al maestro. Principalmente porque Andrea imprime al tema la impronta absolutamente típica de su padre, amoldándose a la perfección a la tonalidad del resto de material; de ahí que “Papá” Morricone no tenga reparo alguno en incluirlo en sus temas propios (“Four Interludes”, “For Elena”), sabedor del arrollador lirismo y de las posibilidades románticas del espléndido motivo escrito por su hijo.


Como tercera idea musical en importancia, encontramos el fragmento destinado a describir la simpática relación entre el anciano y el niño, que muchos recordarán como la sintonía de un conocido anuncio navideño emitido hace unos años en nuestro país. Mientras el tema central incide básicamente en la parte emocional de la historia, el solo de violín del “Toto E Alfredo“ presenta unos joviales acordes costumbristas de carácter mediterráneo, con los que Morricone no sólo logra otro leitmotiv retentivo, sino que a la vez busca una atinada asimilación con respecto al ambiente rural italiano en donde se desarrolla la trama. Más onírico sonará este motivo en el tema “Prima Gioventu”, al intercalarlo con la no menos bella melodía del “Maturitá”.

Pese a que la mayor parte de la música se mueve entre registros tendentes a la ternura y lo nostálgico, la película depara ciertos instantes de dramatismo reflejados con bastante acierto por el romano. De esta forma, el autor acude a sus recurrentes cuerdas desgarradoras, acompañadas de unos metales que suenan por primera vez en la partitura, para enfatizar por ejemplo los trágicos momentos del incendio del cine (“Cinema in Fiamme”); o posteriormente, fusiona aquellas cuerdas con un piano de incesante contundencia rítmica (de sabor un tanto Michael Nyman, por cierto) en ”Fuga, Ricerca e Ritorno”, utilizando el tema de amor como apoteósica resolución a la comedida tensión anunciada por esta pista. 


Sobre estos tres recursos temáticos principales, girará el resto de un trabajo que se erige en una auténtico goce para los oídos del aficionado. Música con tal carga de sinceridad y pasión que a nadie dejará indiferente, y cuya incontestable calidad le valdría a Morricone para convertirse en el compositor predilecto de Tornatore para sus posteriores (e irregulares) cintas.

Publicada a finales del 2003, la presente edición expandida incluye ocho cortes previamente inéditos, la mayoría de los cuáles no son sino variaciones o versiones extendidas de temas ya editados anteriormente. Quizás la disonancia en espiral del ”Temma de la Bicicletta” sea lo único que aporte algo realmente inédito al nuevo álbum, por lo que teniendo en cuenta el precio y la dificultad para encontrar esta edición fuera del mercado italiano, recomendamos adquirir el anterior CD de DRG Records (comercializado todavía en nuestro país), a aquellos pocos incautos que aún desconozcan los rasgos de esta imprescindible e inolvidable partitura, plena en inspiración y una muestra más de la maestría innata en la mastodóntica filmografía de Morricone.



Y, para finalizar, os dejamos con una suite de una de sus bandas sonoras más conocidas, “La misión”, forma parte de un extraordinario concierto que dio el propio Morricone en Venecia en 2007. ¡Impagable!


domingo, 5 de julio de 2020

Series de TV: Ozark (2017)


Título original: Ozark. Temporada: 1. Episodios: 8. Año: 2017. País: USA. Género: Thriller. Estreno: 21 Julio 2017 (Netflix).
Nominación al Globo de Oro 2017 al Mejor actor principal en una serie de TV – Drama (Jason Bateman).
Creator: Bill Dubuque, Mark Williams. Dirección: Jason Bateman, Andrew Bernstein, Ellen Kuras, Daniel Sackheim, Alik Sakharov, Benjamin Semanoff, Phil Abraham, Amanda Marsalis, Cherien Dabis. Guión: Bill Dubuque, Mark Williams, Paul Kolsby, Chris Mundy, Ryan Farley, David Manson, Martin Zimmerman, Ning Zhou, Alyson Feltes, Whit Anderson, Miki Johnson, John Shiban, Laura Deeley. Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans. Fotografía: Ben Kutchins, Pepe Avila del Pino, Armando Salas, Michael Grady. Producción: Jason Bateman, Mark Williams, Bill Dubuque, Chris Mundy.

Reparto: Jason Bateman (Martin Byrde), Laura Linney (Wendy Byrde), Sofía Hublitz (Charlotte Byrde), Skylar Gaertner (Jonah Byrde), Julia Garner (Ruth Langmore), Jason Butler Harner (Roy Petty), Esai Morales (Camino Del Río), Peter Mullan (Jacob Snell), Lisa Emery (Darlene Snell).

Sinopsis:
Marty Byrde es un asesor financiero con una aparente vida normal en familia. Casado con Wendy y con dos hijos, Charlotte y Jonah, todos llevan una vida apacible y ordinaria. Pero bajo esa apariencia la vida de Marty esconde un gran secreto: es el encargado de blanquear el dinero de uno de los cárteles de droga más importantes de México. Todo parece ir bien hasta que algo inesperado sucede y Marty debe llevarse a toda su familia desde Chicago a Ozark, en Missouri.
Episodio 1. Caña de azúcar
Episodio 2. Gato azul
Episodio 3. Noches en blanco
Episodio 4. Esta noche improvisamos
Episodio 5. Días decisivos
Episodio 6. Libro de Ruth
Episodio 7. Casa de pájaros
Episodio 8. Caleidoscopio
Episodio 9. Café, solo
Episodio 10. Las campanadas.


Comentarios:
Qué gustazo dejar de lado las expectativas y encontrar buen material. No excelente, pero lo suficientemente bueno como para pasar varias horas con uno o varios personajes, lo suficiente como para querer entenderlos y tratar de seguir su viaje con ellos. Ozark tiene un planteamiento que de primeras suena manido y aburrido, con un antihéroe como tantos que hemos visto últimamente, pero tiene la calidad necesaria más un poquito más para convertirse en una de las series más consistentes de Netflix.
En Ozark, Jason Bateman (que también produce y dirige los dos primeros episodios y los dos últimos) interpreta a un asesor financiero que se dedica a lavar dinero —empezando por su propia lavadora— de un importante cartel mexicano. Para hacerlo lejos de los focos y huir lo máximo del peligro, traslada a toda su familia a los Ozarks, una región de la América profunda llena de turistas en verano y paletos rednecks todo el año. La misma zona que retrató Winter's Bone. Y allí, obviamente, encuentra más peligros que añadir a su vida.
Aunque la propia Netflix ha llegado a publicitar la serie como algo parecido a Breaking Bad, y tiene cosas similares, no nos engañemos, Ozark sabe desmarcarse y alcanzar su propia personalidad. Salvando las distancias, y en ningún momento llegando a la excelencia ni a los detalles tan cuidados de la serie de Walter White. En Ozark, el personaje de Bateman ya es malo desde el principio, su esposa está al tanto de todo e incluso los dos hijos participan de alguna forma en las actividades criminales de la familia. Sería absurdo desechar esta serie por pensar que es una versión mala o light de Breaking Bad.


Ozark se apoya mucho en los personajes secundarios, con presencias notables como las de Harris Yulin o el gran Peter Mullan. El protagonista interpretado por Bateman funciona bien con una actuación en la línea de este actor, nunca exagerado. Parece tenerlo todo muy medido. No es el mejor actor del mundo, pero su presencia basta para hacer creíble a este padre de familia convertido en criminal casi sin darse cuenta. Físicamente, la forma que tiene de hablar, es un tipo simpático a vista del espectador, todo lo contrario que Walter White (aunque esa era su gracia, ese cambio a tipo insoportable). No sufres por el protagonista ni por su vida, lo cual quizá no sea bueno en una serie, pero siempre quieres ver cómo sale de la siguiente encrucijada.
Pero la presencia más potente, y ojalá hubiera sido ella la gran protagonista, la asesora financiera que debe sacar a su familia de los apuros, es la de Laura Linney. Su personaje y su actuación son lo mejor de una serie que podía funcionar igual de bien si los capítulos durasen entre 10 y 15 minutos menos. Desde la lavadora hasta los rednecks, pasando por esos buitres que sobrevuelan la zona, los reales y los metafóricos, Ozark trata de nadar por las zonas más grises de la clase media estadounidense. Nada nuevo. Pero funciona. (Álvaro P. Ruiz de Elvira)
Recomendada.