viernes, 20 de septiembre de 2019

Sordo (Alfonso Cortés-Cavanillas, 2018)


Título original: Sordo. Dirección: Alfonso Cortés-Cavanillas. País: España. Año: 2018. Duración: 121 min. Género: Thriller, Acción, Western.  
Alfonso Cortés-Cavanillas (Montaje), Adolpho Cañadas, Silvia Domínguez (Fotografía), Juan Carlos Díaz Martin, Alfonso Cortés-Cavanillas (Guión), Carlos Martín Jara (Música), Aníbal Ruiz-Villar, Juanjo López (Producción), Juanjo López (Producción ejecutiva), Daniel Rodrigo (Sonido), Inés Díaz (Maquillaje), Austen Lasa (Vestuario), Mónica de la Fuente, Mateo Mariotti (Dirección Artística), Ana S. de la Morena (Casting), Blanca Díaz (Peluquería).
Presentada en la sección oficial del Festival de Cine Español de Málaga 2018.
Estreno en Sevilla: 13 Septiembre 2019

Reparto:
Asier Etxeandia (Anselmo Rojas), Hugo Silva (Vicente Roig), Marian Álvarez (Rosa Ribagorda), Aitor Luna (Capitán Bosch), Imanol Arias (Sargento Castillo), Olimpia Melinte (Darya).

Sinopsis:
Año 1944. Han pasado años tras la Guerra Civil Española, pero muchos maquis siguen escondidos combatiendo al franquismo. Uno de ellos es Anselmo, que se queda sordo tras una acción de sabotaje dentro de la llamada ‘Operación Reconquista’. Escondido por los montes, acorralado por el ejército dirigido por el Capitán Bosch y ayudado por la mercenaria Darya Sergéevich, el silencio de su sordera será su acompañante y su espejo, pero sobre todo su enemigo.

Comentarios:
Desde un punto de vista estético y narrativo, la lucha del maquis, la guerrilla antifranquista que lanzaba operaciones desde los montes en busca de la recuperación de territorio tras la victoria nacional en la Guerra Civil, siempre tuvo un aire de wéstern. De vana cruzada contra el poder por parte de unos héroes cansados y fracasados, a los que la vida arrinconó en un lugar en el que la renuncia iba irremediablemente unida a la muerte.
Bien se supo ver desde la órbita franquista con películas como “Torrepartida” (Pedro Lazaga, 1956), en la que los civiles armados que resistían en la ilegalidad eran retratados como simples bandoleros, como cuatreros de clásico del Oeste desprovistos de cualquier connotación e ideal políticos. Y ya en democracia por Julio Sánchez Valdés, director de “Luna de lobos” (1987), basada en la novela de Julio Llamazares, y en la que el tratamiento del espacio físico era muy semejante al del wéstern.
Una particularidad que ahora recoge Alfonso Cortés-Cavanillas en “Sordo”, su segundo largometraje, para llevarla a una dimensión mucho más explícita y convirtiendo el cómic original de David Muñoz y Rayco Pulido, publicado en 2008, en un spaguetti-western de corte crepuscular, con personajes agotados por el tiempo y por la pérdida, ambientado en el año 1944, cuando el inminente final de la Segunda Guerra Mundial aún auguraba una posible ayuda aliada y desde el maquis se lanzó la llamada “Operación Reconquista”, una importante incursión desde el valle de Arán que debía ir acompañada posteriormente de un levantamiento popular.
En “Sordo”, Cortés-Cavanillas y sus compañeros de La Caña Brothers, la productora que ocupa el insólito último título de crédito (“una película de La Caña Brothers”, a la manera de las producciones de David O. Selznick o, en cierto modo, ahora con Netflix), han ahondado en unos elementos iconográficos de cine del Oeste que en el cómic original apenas resaltaban, y aunque han sido relativamente fieles a la trama y a una parte de las acciones del relato, se han alejado tanto del tipo de encuadre como del blanco y negro, y sobre todo de la esencialidad del trabajo de Muñoz y Pulido: el silencio, pues en la novela gráfica la inmensa mayoría de las viñetas estaban vacías de diálogo. Así, han inventado un nuevo vestuario y aditamentos para su héroe (abrigo muy especial, sombrero, caballo), y acompañan cada secuencia con una banda sonora de gran vehemencia, creada por Carlos M. Jara, con efectos de sonido e instrumentos deudores de las músicas de Ennio Morricone, con mucha percusión y trompetas.
Con una formidable producción y perfecta en escenarios, vestuario, localizaciones, decorados y factura técnica en general, “Sordo” se ve con pasión durante la primera hora de metraje, entrando de lleno en un tipo de cine de género donde los aspectos políticos solo están en un segundo plano. Algo que tampoco es nuevo porque Guillermo del Toro ya hizo algo semejante uniendo fantasía y terror en “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”.
Sin embargo, a pesar del excelente trabajo interpretativo de Asier Etxeandia, Marian Álvarez, Aitor Luna, Imanol Arias y Ruth Díaz, y en general de todos, en la segunda mitad del relato, sobre todo tras la aparición de la mercenaria rusa, todo es mucho más discutible, y van surgiendo secuencias con un punto inconcebible (la violación, sobre todo), incluso dentro de los parámetros de género entre los que se mueve la producción. Una caída que, de todos modos, no arrastra el exquisito cuidado de la imagen y, lo mejor, tampoco acaba con la metáfora final, con un país sordo y ciego ante lo que tenía delante de sus ojos. (Javier Ocaña).
Recomendada (con reservas).

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Viento de libertad (Michael Herbig, 2018)


Título original: Ballon. Dirección: Michael Herbig. País: Alemania. Año: 2018. Duración: 120 min. Género: Drama, Thriller.  
Alexander Dittner (Montaje), Torsten Breuer (Fotografía), Kit Hopkins, Thilo Röscheisen, Michael Bully Herbig (Guión), Ralf Wengenmayr (Música), Michael Bully Herbig (Producción), Uli Fauth (Producción ejecutiva), Tatjana Krauskopf (Maquillaje), Lisy Christl (Vestuario), Bernd Lepel (Dirección Artística), Daniela Tolkien (Casting).
2 nominaciones a los Premios del Cine Alemán (Banda Sonora y Diseño de Sonido).
Estreno en Sevilla: 06 Septiembre 2019

Reparto:
Friedrich Mücke (Peter Strelzyk), Karoline Schuch (Doris Strelzyk), David Kross (Günter Wetzel), Alicia Von Rittberg (Petra Wetzel), Thomas Kretschmann (Teniente Coronel Seidel), Jonas Holdenrieder (Frank Strelzyk), Tilman Döbler (Andreas “Fitscher” Strelzyk), Ronald Kukulies (Erik Baumann), Emily Kusche (Klara Baumann), Till Patz (Peterchen Wetzel), Ben Teichmann (Andreas Wetzel), Christian Näthe (Capitán Heym), Sebastian Hülk (Sargento Lesch), Gernot Kunert (Teniente Coronel Schirra), Ulrich Friedrich Brandhoff (Teniente Coronel Tornow).

Sinopsis:
En los años 80 dos familias alemanas de la Alemania oriental (RDA) intentan pasar a la Alemania occidental (RFA) en un globo aerostático casero.

Comentarios:
El Checkpoint Charlie, el museo berlinés dedicado al paso fronterizo entre el Este y el Oeste en tiempos de ciudad dividida, puede ser un sitio mágico o un lugar tristemente inhóspito, dependiendo del lugar donde se coloque la cabeza del visitante y la amplitud de miras que ejerza. Los inventos, artilugios y, en definitiva, el ingenio que los habitantes del segmento de la Alemania socialista desarrollaron para escapar y cruzar al otro lado pueden llevar a una alegre excitación casi circense. Pero en realidad el lugar también desprende un funesto olor a muerte, la de un país, la de una generación, la de unos ideales políticos.
“Viento de libertad”, película de Michael Herbig que homenajea a los que intentaron la fuga con la historia de una de esas familias, parece haberse quedado en la primera etapa, la de la feliz celebración, pero se ha olvidado de la segunda, la del estado exterior e interior de unos seres humanos marcados por una pared de contención y un muro de extremismo.
Inspirada en la historia real de la doble tentativa de pasar la frontera con un globo aerostático casero, y ambientada a principios de los años ochenta, “Viento de libertad” es un relato de suspense, casi a la manera americana, que empieza casi donde cualquier otro impondría su clímax: por la escapada. Herbig y sus guionistas eluden los razonamientos que les llevan hacia la aventura de la gloria o del suicidio, incluso acompañados de niños pequeños. Y se basa casi exclusivamente en la suma de una larga serie de situaciones de tensión circunstancial, unas pocas bien trazadas, y otras cuantas, de una gastada originalidad: el empecinamiento por jugar con los personajes secundarios al silencio, la mirada escrutadora y el presunto indicio de que los han calado, para luego girar hacia la pregunta idiota que nada tiene que ver con la intriga; la simulada realidad trágica que no es más que una pesadilla física, y hasta el recurso de la falsa apertura de la puerta en dos escenarios, practicada por Jonathan Demme en uno de los grandes momentos de “El silencio de los corderos”.
Un suspense que, por otro lado, es solo aparente, pues el tono de la película deja claro que es impensable un final distinto del que tiene. Y en beneficio del entretenimiento, la historia nunca llega a desarrollar algunos de los temas y subtextos de interés que deja apuntados: la dicotomía entre conformismo y rebeldía; la grisura de la paz socialista, o el (muy Sidney Lumet) tema de quién paga el atrevimiento y los pecados de los padres: los hijos. Herbig se ha quedado en la parafernalia mágica y superficial del Checkpoint Charlie. (Javier Ocaña).
No Recomendada.

jueves, 5 de septiembre de 2019

El hotel a orillas del río (Hong Sang-soo, 2018)


Título original: Gangbyub Hotel. Dirección: Hong Sang-soo. País: Corea del Sur. Año: 2018. Duración: 96 min. Género: Drama.  
Yeon-ji Son (Montaje), Hong Sang-soo (Guión), Hong Sang-soo (Producción).
Premio al Mejor Actor (Ki Joo-bong) en el Festival de Locarno 2018 y Premio a la Mejor película, guion y actor (Ki Joo-bong) en el Festival de Cine de Gijón 2018.
Estreno en Sevilla: 30 Agosto 2019

Reparto:
Ki Joo-Bong, Kim Min-hee (A-Reum), Song Seon-mi (Yeon-Joo), Kwon Hae-Hyo (Kyung-Soo), Yu Joon-sang (Byung-Soo).

Sinopsis:
Un poeta que se hospeda en un hotel de la ribera llama a sus dos hijos con los que no se reúne desde hace tiempo para que vayan a verle. Esta repentina decisión parece estar motivada por su extraña impresión de que va a morir en cualquier momento. Mientras la familia intenta ponerse al día, una mujer que ha sido engañada por su pareja se muda al hotel. Nada más llegar a su habitación, telefonea a un amigo para que se encuentre con ella. Sumidos en la desesperación, una repentina nevada entrelaza ambas historias.

Comentarios:
Un viejo poeta contempla desde su habitación de hotel a una chica que también se hospeda en el establecimiento, paseando en el exterior, y se fija en la herida de su mano. Esa mirada que se interroga sobre una desconocida pone en relación, al comienzo de “El hotel a orillas del río”, último largometraje de Hong Sang-soo, las dos soledades –y, con ellas, las dos historias- que se entrecruzarán en este trabajo que culmina en uno de los desenlaces más conmovedores en la obra reciente del autor de “La mujer es el futuro del hombre” (2004), desenlace que habla de los vasos comunicantes de la tristeza y refuerza el intrincado juego de simetrías y ambigüedades que el cineasta ha ido construyendo a lo largo de una hora y media tapizada de sutilezas.
“El hotel a orillas del río” está más cerca de las magulladuras emocionales de “En la playa sola de noche” (2017) –aquí, Kim Min-hee vuelve a encarnar el amor abandonado de un hombre casado- que del tono ligero y lúdico de “La cámara de Claire” (2017), aunque, como siempre, el placer está en las particularidades de cada entrega en ese incesante juego de variaciones sobre el narcisismo, la soledad, el amor y la pérdida que compone la filmografía del cineasta. Para los incondicionales de Sang-soo el espectáculo está, cada vez más, en el modo en que las historias se van construyendo poco a poco, revelando pequeñas fisuras que permiten que el pasado se filtre a través de esos diálogos triviales, espesando el trazo de unas relaciones que el director nunca trata como funcional material dramático (o cómico).
El plan maestro de “El hotel a orillas del río” separa a lo masculino de lo femenino y sugiere que la historia de este poeta que llama a sus hijos cuando se siente morir puede ver iluminadas sus zonas de sombra a través del drama privado de la joven A-Reum, mujer abandonada como lo fue la propia esposa del anciano. Siempre igual a sí mismo y siempre distinto, Sang-soo logra hablar de la muerte esquivando la gravedad (que no la hondura). (Jordi Costa).
Recomendada.


martes, 3 de septiembre de 2019

Quien a hierro mata (Paco Plaza, 2019)


Título original: Quien a hierro mata. Dirección: Paco Plaza. País: España. Año: 2019. Duración: 107 min. Género: Thriller.
David Gallart (Montaje), Pablo Rosso (Fotografía), Juan Galiñanes, Jorge Guerricaechevarria (Guión), Maika Makovski (Música), Emma Lustres, Borja Pena, Mercedes Gamero, Mikel Lejarza (Producción), David Machado, Gabriel Gutierrez, Yasmina Praderas (Sonido), Susana Veira, Nacho Díaz (Maquillaje), Vinyet Escobar (Vestuario), Javier Alvariño (Dirección Artística), Arantza Velez (Casting), Beatriz Antelo (Peluquería).
Estreno en Sevilla: 30 Agosto 2019

Reparto:
Luis Tosar (Mario), Xan Cejudo (Antonio), Ismael Martínez (Toño), Enric Auquer (Kike), María Vazquez (Julia).

Sinopsis:
En un pueblo de la costa gallega vive Mario, un hombre ejemplar. En la residencia de ancianos en la que trabaja como enfermero todos le aprecian. Cuando el narcotraficante más conocido de la zona, Antonio Padín, recién salido de la cárcel, ingresa en la residencia, Mario trata de que Antonio se sienta como en casa. Ahora, los dos hijos de Padín, Kike y Toño, están al mando del negocio familiar. Pero un fallo en una operación llevará a Kike a la cárcel y les generará una gran deuda con un proveedor colombiano. Toño recurrirá al enfermero para que intente convencer a su padre de que asuma la deuda. Pero Mario tiene sus propios planes.

Comentarios:
Lo que parecía la sustancia esencial del cine de Paco Plaza, el terror, y que se solidificó junto a Jaume Balagueró en los varios «[*REC]» y en «Verónica», se desplaza aquí hacia el terreno del «thriller», de la intriga, y tal y como sugiere el título se trata de una historia en la que la venganza será el condimento predominante. Y sin duda, el director se siente cómodo en el desplazamiento: elabora una trama dura, seca, correosa a partir del guion de Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría, con personajes muy nítidos (quizá, en exceso) y en el entorno preciso, la Ría de Arousa, en Galicia, tradicionalmente un foco del narcotráfico que es el apropiado para el argumento.
El personaje central es Mario, un hombre apreciado en el lugar y en el geriátrico donde trabaja de enfermero, y que interpreta con gran dominio del entrelineado del guion Luis Tosar, un actor que sabe convivir con cualquier emoción extrema de sus personajes, y que se lleva las callosidades hasta la ternura y la delicadeza hasta la brutalidad sin crear apenas contradicciones. El tejido del relato, familiar, laboral, se tensa con la llegada al geriátrico de un personaje, Antonio Padín, el poderoso «capo» del narcotráfico atacado ya por la vejez y una enfermedad degenerativa, y esa tensión es en varios niveles, desde el descriptivo de los dos mundos (la tranquilidad del geriátrico y la agitación entre bandas de narcotraficantes), al puramente ético (el pasado de Mario, los perfiles de su personaje) y al interpretativo, con un duelo magnífico entre Tosar y Xan Cejudo, el actor recientemente fallecido que encarna al pétreo y despiadado mafioso. El resultado es tremendo, implacable, orgulloso de su negrura y de su control de los clichés, con una narrativa y una fotografía que enseña los líquidos fermentados por sus comisuras. No es una película de terror, pero invita a santiguarse al final. (Oti Rodríguez Marchante).
Recomendada.