jueves, 12 de julio de 2018

La música en el Cine: Brian de Palma

Programa nº 011 de "La música en el Cine".
13 de julio de 2018.  Radio Tomares (92.0 FM)

"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radio Tomares

viernes, 6 de julio de 2018

Los estrenos en Sevilla de 06-07-2018



8 películas se estrenan el 6 de julio de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Cuatro son producciones estadounidenses, dos francesas, una británica y una española. Esta semana se queda sin editar en Sevilla la cinta española “Jean-François y el sentido de la vida” (Sergi Portabella, 2018), una comedia irónica, al borde de lo dramático y paradójicamente vitalista. Tampoco se estrena en nuestra ciudad la española “Yo la busco” (Sara Gutiérrez Galve, 2018), una estupenda ópera prima. Otra cinta que se queda sin estrenar en Sevilla es “Braguino” (Clément Cogitore, 2017), un mediometraje documental francés que consiguió el Premio Zabaltegui Tabakalera en  el Festival de San Sebastián 2017. Como siempre, lamentamos tantas ausencias en la cartelera sevillana y pasamos a nuestras recomendaciones para esta semana.


No te preocupes, no llegará lejos a pie. (USA, 2018). Dir. Gus Van Sant.
Sección Oficial del Festival de Cine de Berlín 2018.
Drama ubicado en los años 70, basado en hechos reales. Interpretado por Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonah Hill, Jack Black y Mark Webber.
El score lo compone Danny Elfman.
La filmografía de Gus Van Sant parece hecha por dos primos que se desprecian, y la mitad de ella es petulante e insufrible (pongamos «Last days») y la otra es despreocupada y afable (pongamos «El indomable Will Hunting»). Esta película de largo título pertenece al primo afable y trata de un peculiar y real personaje, John Callahan, un auténtico «prenda», alcohólico, abandonado en la infancia, paralítico y caustico dibujante de chistes que interpreta, con lo mejor de sí mismo, Joaquin Phoenix a lomos de una silla de ruedas y de un sentido trágico del humor que soportan por completo toda la película.
Nuestro Gus Van Sant, quizá en recuerdo de su primo, se divierte con la mezcla de tonos y de tiempos, y relata la historia con un muy legible desorden (ahora, luego, antes, después…) y mediante un montaje divertido y empapado de dibujos e ideas. Es un biopic bienhumorado y que mastica la desgracia que encierra con dientes de viñeta y que, sin ínfulas, presenta personajes rotundos (el de Jonah Hill es magnífico) y una creíble pero disparatada forma de lucha contra el alcoholismo y contra el amargor. No es éste el primo favorito de los críticos admiradores de Gus Van Sant, pero es el que ha conseguido que Joaquin Phoenix no sea ese tipo que llena con lo suyo los personajes, sino su revés, el que se deja llenar por ellos. Recomendada.


Jefe. (España, 2018). Dir. Sergio Barrejón.
Comedia negra española interpretada por Luis Callejo, Juana Acosta, Carlo D’Ursi, Josean Bengoetxea y Bárbara Santa-Cruz.
En condiciones normales Sergio Barrejón debería llevar al menos 10 años haciendo largometrajes. Y, sin embargo, ha tenido que esperar 17 desde aquel formidable corto “El paraguas”, seguido de alguna que otra pieza brillante, como “El encargado” (2008), de guiones para otros, y de la escritura profesional de cientos de episodios para series como “Amar es para siempre”, “La sonata del silencio” y “La catedral del mar”, para que llegara su debut en el cine como director: “Jefe”, coescrita por otro habitual guionista de la maquinaria televisiva, Natxo López. Una comedia sobre la corrupción en la que los tintes negros son magníficos y en la que la parte más blanca baja un tanto el nivel, pero en la que destaca sobremanera Luis Callejo con una interpretación deslumbrante.
Callejo, otro profesional de largo recorrido, bregado en decenas de cortos, que había empezado precisamente con Barrejón en las piezas rodadas en vídeo “Tres tristes traumas”, desternillantes monólogos de (aparente) aficionado, en los que ya aunaba una maravillosa y espontánea vis cómica y una perfecta dicción, ofrece un recital en “Jefe”. Con infinitos registros, desde la desvergüenza hasta la ternura, y con perfectas modulaciones e inflexiones del tono en apenas un segundo, el actor logra pasar del patetismo a la comedia física, de lo insultante a la tragedia personal, de la comedia gruesa a la sutileza, como solo los grandes cómicos pueden hacer. Un personaje repugnante al que, vivan las contradicciones, se le acaba cogiendo cariño, muy bien escrito por López y Marta Piedade, y filmado con gusto por Barrejón (gran travelling de presentación en el coche, en el primer minuto). Un bocachancla convertido en el jefe de todo esto, que muta de villano a héroe al estilo español: entre contabilidades B, prostíbulos de carretera y conflictos familiares.
Es una pena que la relación amorosa con la empleada de la limpieza de la empresa no acabe de desarrollarse con convicción, sobre todo porque hay cambios de tono hacia lo romántico que no acaban de ensamblar con la parte más negra, la que lleva a un personaje patético hacia la dignidad sin necesidad de dejar de ser repulsivo. Pero parece incuestionable que estamos ante un debut más que prometedor. Recomendada (con reservas).


Ant-Man y la Avispa. (USA, 2018). Dir. Peyton Reed. 
Otra película del Universo Marvel. Ahora se trata de la secuela de “Ant-Man” (2015).
En el reparto: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Michelle Pfeiffer y Laurence Fishburne.
El score compuesto por Christophe Beck.
Concebida hace tres años como un autoconsciente retazo de singular modestia dentro del universo cinematográfico de Marvel, sin la ambición ni la aparatosidad de buena parte de sus hermanas mayores, “Ant-Man” supuso un relativo soplo de aire fresco para todos los públicos, amparado en la esencia de la miniaturización del personaje principal, y en los ecos cinéfilos y de tono que desprendía su aventura, inoculados desde “El increíble hombre menguante”, serie B de Jack Arnold de los años cincuenta, y desde “El chip prodigioso”, efervescente odisea familiar de ciencia ficción, articulada por los vigorizantes registros cómicos de los años ochenta.
Una ausencia de grandes pretensiones que continúa como dominadora en esta segunda entrega, “Ant-Man y la avispa”, de nuevo dirigida por Peyton Reed, donde, junto a ecos de otro clásico de la ciencia ficción artesanal, “La humanidad en peligro”, de Gordon Douglas, se ha acentuado su espíritu familiar, con dos niñas como posibles objetos de identificación, y recuperando un trauma infantil de la producción original (la muerte de una madre, la ausencia, el recuerdo y la necesidad de amparo), para acabar así resucitando, literalmente, al personaje que interpreta Michelle Pfeiffer.
Sin embargo, su bulliciosa modulación de registro cómico, donde algunos de los personajes secundarios tienen una especial importancia, se rompe en una de las tramas de la segunda mitad del relato, cuando otra historia con complejo infantil, más áspera, angustiosa y grave, al menos en su tratamiento, quiebra el tono general de la película. Y no solo porque no encaje bien, sino porque se acaban acumulando demasiadas cuestiones, más perpendiculares que paralelas, haciendo la crónica más farragosa, con su hacinamiento de villanos y de objetivos en el amplio marco de personajes.
Aun así, su agudeza en la mayoría de los diálogos, la simpatía que desprende siempre Paul Rudd, y, de nuevo, su sensata percepción de ser un producto menor, convierten a “Ant-Man y la avispa” en una más que aceptable propuesta de efímero placer. Recomendada (con reservas).


La número uno. (Francia, 2017). Dir. Tonie Marshall.
Nominada a Mejor Actriz (Emmanuelle Devos) en los Premios César 2017.
Comedia dramática francesa feminista, interpretada por Emmanuelle Devos, Suzanne Clément, Richard Berry, Sami Frey y Benjamin Biolay.
Una película feminista, coescrita y dirigida por una mujer, lejos del panfleto y del sectarismo, con planteamientos reales, desarrollo turbio, contradicciones en su mensaje y en su línea ideológica, demostrativa de la gama de grises de la vida real, de la complejidad del poder y de sus ramificaciones de género, pero sin olvidarse jamás de que vivimos en una sociedad dominada por los hombres, aún más en las altas esferas, y que eso hay que cambiarlo de alguna manera. Es el triunfo de Tonie Marshall con “La número uno”, la historia de una reputada ingeniera que puede convertirse en la primera mujer en ser presidenta de una empresa del CAC 40, el índice bursátil francés.
Así están las cosas también en el país vecino donde, con un retrato sutil y desasosegante, Marshall presenta un panorama de las alturas económicas gangrenado por el machismo: en cada mirada, gesto y frase. La condescendencia, la intransigencia, el asalto. El asco. Y, a pesar de todo, con un personaje protagonista definido en una sentencia propia: “No tengo un especial sentido solidario de género”. Así se hacen las películas, con conflictos.
Fascinante en su retrato del poder, donde lo público y lo privado se entremezclan a través de las famosas puertas giratorias y del pago de favores, “La número uno” se desarrolla entre grupos de presión, incluidos los lobbies feministas, que algo tienen que hacer para modificar los engranajes, aunque sea entrando en la misma dinámica de los hombres, y con una clave que todo lo domina: el valor de la información privilegiada sobre la vida de la gente que aspira a un puesto de mando, incluyendo la esfera privada. Para evitar nombramientos, para derrocar reinados, para intercambiar cargos, para provocar dimisiones. Lo vemos cada día en España, nos suena familiar.
Para Marshall, en su mejor película desde “Venus, salón de belleza” (1999), nadie escapa a una rendija de imperfección. Y eso es bueno. Eso sí, unas grietas son mucho más marcadas que otras, y la de su protagonista, la excelente Emmanuelle Devos, parece un triste paradigma de los tiempos: se dice de ella que “es frágil”.
De modo que, salvo los innecesarios flases del pasado de la madre de la protagonista, y más si se utilizan unas cinéfilas imágenes de “La noche del cazador”, de Charles Laughton, que no vienen a colación y que poca gente reconocerá, la película se mueve por una encomiable línea de calidad, trascendencia y perspicacia. Cine adulto para gente adulta, a la que le gusta reflexionar y que huye de que le lancen un discurso mascado acerca de lo que ya pensaba sobre un determinado tema para sentirse bien con su propio ombligo. Recomendada (con reservas).


Ocean´s 8. (USA, 2018). Dir. Gary Ross. 
Continua la saga “Ocean's”, ahora con mujeres como protagonistas. Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Mindy Kaling, Rihanna, Awkwafina, Sarah Paulson y Dakota Fanning.
El score es de Daniel Pemberton.
Cuando Steven Soderbergh abrió lo que acabaría siendo una trilogía con la celebrada “Ocean’s Eleven” (2001), estaba claro a qué tradición apelaba: la película era un virtuoso recital de ligereza, distinguido por un palpable placer en la ejecución –a fin de cuentas, el propio director se desdoblada como operador de cámara-, que intentaba desempolvar ese inasible concepto de una masculinidad cool que, en su día, encarnó el grupo de estrellas conocido como el Rat Pack. Más que un remake de “La cuadrilla de los once” (1960), de Lewis Milestone, la película funcionaba casi como un ritual de traspaso de poderes, que intentaba reivindicar un espacio para la pura evasión sofisticada e inteligente en el seno de un Hollywood un tanto despreocupado del buen gusto, sirviéndose del carisma del pelotón de estrellas capitaneado por George Clooney y Brad Pitt.
Con “Ocean’s 8”, Gary Ross, que tuvo a Soderbergh como director de segunda unidad en “Los juegos del hambre” (2012), hereda la fórmula para adaptarla a la contemporánea ola de visibilidad femenina sin perder las esencias del modelo, incorporando tanto el lejano recuerdo de “La cuadrilla de los once” como el más reciente de la trilogía Ocean en su constante juego referencial, pero, también, ampliando el marco para sembrar algunas pistas dirigidas al más obsesivo cazador de detalles: una pieza de joyería que ni siquiera es el objetivo principal del robo que centra la trama recuerda que todo esto de la delincuencia de guante blanco ya lo inventó Maurice Leblanc de la mano de Arsenio Lupin (y ese mítico collar de María Antonieta que reaparece aquí en un cameo para iniciados).
“Ocean’s 8” es una de esas películas cuyo encanto y poder de seducción son tan efímeros como los de una burbuja de champán, rasgo que no es especialmente reprobable en una era donde buena parte de los blockbusters tienen más alma de indigestión. La trama, como ocurría con la trilogía precedente, tiene menos importancia que la complicidad entre las componentes del elenco, su look y el modo, casi coreográfico, con que despliegan sus juegos de manos en sincronía con el incesante cruce de réplicas y contrarréplicas. Es una propuesta que, en el fondo, está mucho más cerca de un musical sin música que de un thriller de atracos perfectos y, quizá por eso, algunas puntuales piruetas de posproducción afean el conjunto. Atención a Awkwafina, la gran actriz revelación de la banda. No Recomendada.


La primera purga: La noche de las bestias. (USA, 2018). Dir. Gerard McMurray.
Película de acción y terror en un thriller futurista y distópico.
Precuela de la saga “La Purga”. Interpretada por Y'lan Noel, Lex Scott Davis, Joivan Wade, Lauren Vélez y Marisa Tomei.
A James DeMonaco, padre de esta saga, se le ha aparecido la Virgen. Y, por raro que parezca, dicha virgen se llama Donald Trump: nacida cuando el auge de la ultraderecha en EE. UU. empezaba a ser una amenaza patente, “La noche de las bestias” ha ido volviéndose más explícita con cada entrega, desde sus comienzos home invasion en “The Purge” al panfleto pro Hillary Clinton de “Election”. Ahora, con el magnate inmobiliario propagando vergüenza ajena desde la Casa Blanca, el serial aprovecha una ocasión de oro para cargar las tintas en su ‘mensaje’, acercándose así a un contexto más similar al nuestro que la distopía mostrada por sus predecesoras. Lo cual debería de estar muy bien, salvo por un detalle: “La primera purga” es la peor entrega de la franquicia.
Según explica, DeMonaco le ha cedido el puesto de director a Gerard McMurray (Burning Sands) debido a que, siendo afroamericanos la mayoría de los personajes de su guion, la película necesitaba un director de dicha etnia. Sean cuales sean sus intenciones, esta decisión ha creado dos problemas. El primero, que la puesta en escena de McMurray es aún más tosca que la de su predecesor (el cual, a su vez, mostraba en las entregas anteriores la sutileza de un diplodocus con kilos de más). El segundo: que el libreto no está a la altura de las circunstancias, llenando de topicazos las voces de unos personajes que se pretenden tomados de “The Wire”, pero que acaban evocando con muy poca gracia arquetipos del cine blaxploitation.
El recurso a los topicazos del gueto acaba metiendo a “La primera purga” en jardines de los cuales apenas sabe escabullirse: la evolución del narcotraficante encarnado por Y’lan Noel resulta poco creíble, en el mejor de los casos, y una idealización peligrosa, en el peor. Pero estos detalles resultan marginales comparados con la mayor pérdida que esta película representa para la saga. Como puede verse en “Anarchy”, su segundo y mejor capítulo, el mayor talento de DeMonaco no estaba en sus verdades del barquero, en su sátira destrozona o en sus arrebatos de sociólogo de todo a 100, sino en mostrar cómo su saturnal anarcocapitalista convertía cualquier ciudad en muestrario de terrores de clase media. Una virtud que se ha perdido casi del todo en el filme que nos ocupa. No Recomendada.


Sácame de dudas. (Francia, 2017). Dir. Carine Tardieu.
Comedia dramática francesa interpretada por François Damiens, Cécile De France, André Wilms y Alice de Lencquesaing.
Equívocos ignorados y enquistados en una comedia romántica que ofrece la novedad muy apreciable de estar protagonizada por un hombre y una mujer que superan los 40 años. Él descubre que su padre -su papá, porque le quiere de esa manera- no lo es del todo, sino que tiene un padre biológico y se empeña en buscarle, en conocerle. Por suerte o puede que al contrario, el probable progenitor vive cerca de su pueblo.
¿En qué consiste ser padre o ser hijo? Esta cuestión sostiene lo que no se sabe si es drama o comedia, con únicamente un personaje sabedor de lo que ocurre pero sin incurrir nunca en el vodevil: al contrario, se trata de ocultar lo sospechado cuando surgen afectos profundos. Obviamente, se trata de una galería de personajes en busca de unos guionistas y éstos les crean haciéndoles simpáticos, metidos en un lío que enreda a todos y a todos complace. El paisaje del noroeste francés es el menos apetecible para la creíble historia de amor. No Recomendada.


Whitney. (Reino Unido, 2018). Dir. Kevin Macdonald.
Documental biográfico sobre la cantante Whitney Houston.
Cuando este exhaustivo documental de Kevin Macdonald aborda el relato de la decadencia de la estrella, el montaje bombardea al espectador con imágenes de informativos y programas de humor que parecen extraer una perturbadora complacencia al hacer leña del árbol caído. Entre ellas, una secuencia de la serie de animación “Padre de familia” donde la aireada drogadicción de Whitney Houston da pie a un gag cuya potencia ofensiva encuentra inmediato eco en los rostros y testimonios de los familiares y allegados convocados por el cineasta. Tercera producción reciente en abordar la figura de la estrella tras el biopic televisivo dirigido por Angela Bassett en 2015 y el documental dirigido por Nick Broomfield y Rudi Dolezal –Whitney: Can I Be Me (2017)-, Whitney, de Kevin Macdonald, contextualiza a su objeto de estudio en los diversos marcos sociopolíticos y culturales que contemplaron su ascensión y caída y, sí, Whitney Houston, además de ser un icono de una cierta desnaturalización de la cultura afroamericana para consumo del público blanco y un emblema de esa épica materialista del triunfo de los años ochenta y noventa, también fue un icono de esa era donde la ferocidad mediática se ensañó con aquellos brillos estelares que empezaban a parpadear. La película no puede librarse de ese determinista patrón narrativo que define a tanto biopic musical con final trágico, pero a Macdonald parece moverle un cierto anhelo de justicia, la voluntad de reconstruir una identidad en toda su complejidad más allá del sensacionalismo mediático.
La revelación de que la artista sufrió abusos sexuales en la infancia por parte de su prima Dee Dee Warwick es la noticia bomba que estalla en un punto estratégico del relato, pero, junto a valiosos matices sobre los años de formación –la relación adúltera entre su madre y el predicador, la súbita ascensión social de la familia-, el abundante material de archivo permite apreciar la letra pequeña en sus respectivas relaciones con su amiga y acaso amante Robyn Crawford y con su marido Bobby Brown. Mediante sus constantes vaivenes entre lo público y lo privado, Whitney rasga el icono y revela un alma. No Recomendada.

jueves, 5 de julio de 2018

La música en el Cine: Sergio Leone

Programa nº 010 de "La música en el Cine".
6 de julio de 2018.  Radio Tomares (92.0 FM)
 
 
"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radio Tomares

viernes, 29 de junio de 2018

Los estrenos en Sevilla de 29-06-2018



12 películas se estrenan el 29 de junio de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Aluvión de estrenos, donde nos sorprende gratamente el reestreno con imagen restaurada en 4K de todo un clásico, “El padrino” (Francis Ford Coppola, 1972). A pesar de esta lluvia de estrenos, entre los que se encuentra una película polaca que quedó sin editar hace varias semanas, “Dos coronas”, esta semana, de nuevo, tenemos ausencias en la cartelera sevillana. Por un lado, “Los perros” (Marcela Said, 2017), película chilena que pudimos ver en el pasado Festival Iberoamericano de Huelva. Tampoco se estrena el documental español “Nidos desnudos” (Virginia Senosiain y Juan Luis Napal, 2017), un trabajo que denuncia la violencia machista a través de declaraciones de diferentes personas, desde afectadas a especialistas en la lucha contra el maltrato. Y otra de las ausencias de esta semana es el documental americano “78/52. La escena que cambió el cine” (Alexandre O. Philippe, 2017), donde se disecciona los 52 planos de la famosa escena de la ducha de la película “Psicosis”, que supusieron un golpe de efecto narrativo y un elogio a la brutalidad hecha sugerencia. Mostramos nuestro pesar por las películas que quedan sin editar y pasamos a nuestras recomendaciones para esta semana.


El Padrino. (USA, 1972 ). Dir. Francis Ford Coppola. 
Reestreno en España con imagen restaurada en calidad 4K. Imprescindible obra de culto para cualquier cinéfilo. Primera parte de la trilogía filmada por Coppola.
3 Oscars de Hollywood (Mejor Película, Guión Adaptado y Actor Principla).
Basada en la novela de Mario Puzo, con guión de Coppola y el propio Puzo.
Interpretada por Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Robert Duvall, Diane Keaton, John Cazale, Talia Shire, Richard S. Castellano, Sterling Hayden, Gianni Russo y Rudy Bond.
Música de Nino Rota.
América, años 40. Don Vito Corleone (Marlon Brando) es el respetado y temido jefe de una de las cinco familias de la mafia de Nueva York. Tiene cuatro hijos: Connie (Talia Shire), el impulsivo Sonny (James Caan), el pusilánime Fredo (John Cazale) y Michael (Al Pacino), que no quiere saber nada de los negocios de su padre. Cuando Corleone, en contra de los consejos de 'Il consigliere' Tom Hagen (Robert Duvall), se niega a participar en el negocio de las drogas, el jefe de otra banda ordena su asesinato. Empieza entonces una violenta y cruenta guerra entre las familias mafiosas.
En palabras del crítico Carlos Boyero: “'El padrino' son palabras mayores. Las dos primeras partes están entre las 10 mejores películas de la historia del cine”. Recomendada.


Nos vemos allá arriba. (Francia, 2017). Dir. Albert Dupontel. 
Sección Oficial (Proyecciones especiales) del Festival de San Sebastián 2017. Cinco Premios César 2017 (incluido Mejor Director).
Drama de época (años 10 y años 20) interpretado por Albert Dupontel, Nahuel Pérez Biscayart, Niels Arestrup y Émilie Dequenne.
Una ampulosa cámara aérea sigue a un perro corriendo sobre el campo de batalla en las últimas horas de la Primera Guerra Mundial, antes de introducirse con impetuoso dinamismo en el interior de una trinchera, como si el director quisiera batir por multiplicación el imaginario de “Senderos de gloria” (1957). Una obertura capaz de indigestar a todo cinéfilo con fobia a lo enfático, pero el sexto largometraje del actor y director Albert Dupontel no tarda en demostrar que, tras las piruetas formales, hay mucho más: no solo una cierta voluntad de estilo, capaz de hermanar la poética de Franju –una valiosa secuencia le guiña el ojo (ornitológico) a “Judex” (1963)- con la pirotecnia expresiva de Jeunet y de canalizar ecos de la historieta francófona –la película está dedicada al gran Gotlib, que podría haber simpatizado con su retorcido sentido del humor, pero no cuesta imaginársela en clave de Tardi apócrifo-, sino, sobre todo, la capacidad de servir, con fuerza y contundencia, una buena historia, basada en la novela homónima de Pierre Lemaitre que ganó el Goncourt en 2013.
“Nos vemos allá arriba” contrapone dos modelos de explotación picaresca en los días posteriores a la contienda mundial: la picaresca de los desclasados, dispuestos a articular una estafa en torno al dolor oficial y sus hipocresías, y la picaresca de quien fue depredador en el frente y se reciclará como enterrador carroñero en tiempo de paz. Dupontel sabe que una comedia negra no tiene que ser necesariamente cínica y, así, junto a esa escritura visual llena de grandes gestos, su película encuentra su alma en el juego de máscaras que comunica las sutilezas emocionales de uno de sus personajes centrales: un mutilado de guerra que bien podría ser el particular Fantasma de la Ópera en el gran teatro del fatuo orgullo patriótico. Recomendada.


Closet Monster. (Canadá, 2015). Dir. Stephen Dunn. 
Mejor película canadiense 2015 en el Festival de Toronto.
Drama con temática homosexual interpretado por Connor Jessup, Aaron Abrams, Isabella Rossellini, Joanne Kelly y Aliocha Schneider.
La película cuenta la historia de Oscar, un chico que tiene un hámster, mucha imaginación, bastante creatividad y no sabe si se mira las uñas como lo haría un chico o una chica. Oscar vive en una pequeña localidad y sueña con salir de su pueblo natal y huir así de los recuerdos que le atemorizan de su turbulenta infancia.
Oscar lo que más desea es convertirse en un artista de maquillaje de efectos especiales, y está aterrorizado de que su padre machista descubra la verdad sobre su sexualidad. Cuando se enamora de Wilder (Aliocha Schneider), un apuesto y mundano compañero de trabajo en la ferretería, se ve obligado a enfrentar sus temores.
La película está interpretada por Connor Jessup que hace un gran papel, ese chico en cierto modo atormentado porque se da cuenta que no tiene nada que ver con el entorno en el que vive y que desearía trabajar en el mundo del cine como maquillador de películas de ciencia ficción y terror, él sabe que ha nacido para eso, La película está escrita y dirigida por Stephen Dunn.
Un cuento surrealista sobre alguien que lucha por encontrar su lugar en el mundo después de luchar con una infancia áspera, Oscar sueña por dejar atrás su ciudad y por cambiar su vida.
Atención no dejes de pasar por alto su magnífica banda sonora, con Light Asylum, Bishop Morocco, Tei Shi, Allie X, Austra, Beta Frontiers, Nils Frahm o Ladytron, toda una delicia para los oídos. Recomendada.


Sicario. El día del soldado. (USA, 2018). Dir. Stefano Sollima.
Secuela de “Sicario” (2015), donde la guerra contra los cárteles de la droga se ha intensificado en la frontera entre EE.UU. y México a medida que han comenzado a traficar con terroristas.
La cinta está interpretada por Benicio del Toro, Josh Brolin, Matthew Modine, Catherine Keener e Isabela Moner.
El score es de Hildur Guonadóttir.
Esta es una continuación en toda regla del filme realizado por Dennis Villeneuve en 2015, “Sicario”. Josh Brolin y Benicio Del Toro repiten sus personajes de mercenario y sicario. El guión es del mismo autor, Taylor Sheridan, y la música de la violonchelista Hildur Guonadóttir, colaboradora del fallecido Jóhan Jóhannsson, sigue el esquema de la partitura compuesta por este para “Sicario”, ondulante, misteriosa y un poco a lo Christopher Nolan. Incluso el director, Stefano Sollima (Gomorra), intenta filmar y montar como Villenueve.
“Sicario: El día del soldado” funciona en la medida en que funciona ese eco de la anterior película: buena música, buena fotografía, muy buenos actores, algunas brillantes secuencias de choque... Pero es precisamente el guión (con una trama que ahora está vinculada al terrorismo islamista antes que el narcotráfico, aunque en la misma zona fronteriza entre Estados Unidos y México) el que no está al mismo nivel.
Sheridan, interesante como guionista (Comanchería) y como director (Wind river) repite un modelo que le funcionó y no ha intentado dinamizarlo, de modo que el filme resultante es más esquemático y parco que el realizado por Villenueve. También más seco y arisco y sin los conflictos interiores y éticos que procuraba en “Sicario” el personaje de Emily Blunt, una idealista agente del FBI que ahora ya no puede tener sitio en los expeditivos paisajes morales que horada el filme. Recomendada (con reservas).


En la playa de Chesil. (USA, 2017). Dir. Dominic Cooke.
Adaptación de una novela de Ian McEwan, con guión del propio McEwan. Drama situado en los años 60, interpretado Saoirse Ronan, Billy Howle, Emily Watson, Anne-Marie Duff y Samuel West.
La lastimosa novela de Ian McEwan, que trata, como buena parte de su obra, de los diversos modos que tiene el amor para convertirse en exabrupto, en cuchillada, la trasplanta con pericia y elegancia a la pantalla Dominic Cooke, y con guion y producción del propio McEwan, con lo que hay que dar por buena la novedad de su epílogo casi medio siglo después del día, la tarde, en la que ocurre esa historia de recién casados en un hotel junto a la playa de Chesil (el epílogo, cargado de maquillaje en lugar de tiempo, es pura agua residual).
Se trenza esa tarde-noche de bodas en la que todo parece crujir, dislocarse, ronronear, hacer crack, con algunos de los momentos claves de su feliz y enamoradísima travesía hasta llegar allí: los momentos de fascinación, de intensidad, de música, de emociones compartidas..., caen sobre el lecho nupcial como bolitas de naftalina, y el buen gusto del director en el trato sutil y emocional de esos dos tiempos (el antes y el ya) le producen al espectador una corrosiva intriga y una inquietante sospecha de que el amor ya ha elegido su exabrupto. Aunque la sutileza y el buen gusto de Dominic Cook son notables, se le colorea en fucsia algún hilo de la «trama», como la impericia sexual, las inseguridades, el trato algo tosco de la complejidad que surge ante ellos y el modo apresurado de resolver lo que había sido pausado. Pero, Saoirse Ronan está maravillosa (y sube más aún en las escenas familiares) y Billy Howle a la altura de ese faro de emociones que tiene enfrente. Recomendada (con reservas).


Formentera Lady. (España, 2018). Dir. Pau Durà.
Sección Oficial del Festival de Cine Español de Málaga 2018.
Drama interpretado por José Sacristán, Jordi Sánchez, Nora Navas, Ferran Rañé y Sandro Ballesteros.
La primera película de Pau Durà tiene el alma de lo que hace medio siglo se llamaba un western crepuscular, un territorio en el que unos personajes se resistían a aceptar ese «los tiempos están cambiando», con música y letra de Dylan, y que el protagonista de esta historia, Samuel, descubre con la presencia de un niño, su nieto, que le produce una urticaria inesperada, desconocida: la responsabilidad.
José Sacristán construye (con su ya sobresaliente máster en Fernando Fernán Gómez) la personalidad de Samuel, esa valla de espinos que rodea su mundo y esa fidelidad a sí mismo, a su banjo, al vive como quieras enquistado en una isla, Formentera, desconectada (para él) del continente. Pero le asalta el contenido, ese amasijo de drama y comedia que le supone cuidar, responsabilizarse del hijo de su hija, y cuya proximidad convierte (con algunos previstos argumentales y tópicos de guion) ese elogio a la naturalidad de vivir en una cuestión moral, en un pescozón al egoísmo y las quimeras. Tanto la isla de Formentera como Sacristán, ambos luminosos, saben cómo seducir a la cámara más allá de la historia. Recomendada (con reservas).


Casi 40. (España, 2018). Dir. David Trueba.
Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine Español de Málaga 2018.
Comedia dramática secuela de “La buena vida” (1996), interpretada por Lucía Jiménez, Fernando Ramallo, Carolina África y Vito Sanz.
David Trueba recupera dos personajes de su juventud y, ya en la madurez, la de ellos, casi 40, y la del propio director, casi 50, nueve largometrajes en la espalda, le hace una peineta a la sociedad con su calma y su sonrisa habitual.
Con el mismo tono de amarga comedia romántica que ya tenía la película original, “La buena vida” (1996), su excelente debut como director, “Casi 40” se convierte en una road movie con apuntes de musical en directo que, de un modo sutil, advierte de los saltos y los tumbos que han dado las vidas de sus dos protagonistas en estas dos décadas y pico, y se desdobla hasta la visión de un presente aparentemente dispar para cada uno de ellos, pero en el fondo quizá igual de áspero.
Con una puesta en escena directa, más asentada en la elegancia del encuadre que en los movimientos de cámara y el montaje, Trueba articula una visión de España y los españoles en su relativa madurez, con la que parece que estés leyendo sus columnas en este periódico, pero sin que la sucesión de temas parezca impostada, como una especie de lista de la compra de la vida, que la emparenta claramente, tanto desde fuera como desde dentro, con la, en cierto modo, película hermana: “Antes del atardecer”, la segunda entrega del proyecto vital y artístico de Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy.
Sosegada y sencilla, profunda y crítica, “Casi 40”, provocará la introspección del espectador, del que está pasando por esa edad, del que pasó y del que pasará. Algunos se sentirán amparados; otros, concernidos, y algunos más, criticados, aunque solo si estos son lo suficientemente inteligentes para leer entre líneas o para escuchar en los silencios. Porque la película nunca es sectaria, a machamartillo con su visión del mundo, sino abierta. Como tampoco es reaccionaria ni nostálgica, sino esperanzadora con un presente en calma y en equilibrio, pese a la sabiduría de que seguramente eso sea imposible. Y esa certeza de improbabilidad ya es un modo de ser más sabio que el de los demás. Recomendada (con reservas).


A la deriva. (USA, 2018). Dir. Baltasar Kormákur.
Aventura marina y de supervivencia, basada en hechos reales, interpretada por Shailene Woodley, Sam Claflin, Jeffrey Thomas y Elizabeth Hawthorne.
El score compuesto por Volker Bertelmann.
Las películas de supervivencia extrema suelen debatirse entre su vertiente más física y la aureola más melodramática. Conjunción de extremos esencial cuando la muerte se acerca a cada minuto, que las historias pueden aunar con un relato en presente que, de forma más o menos sutil, en sus diálogos y en sus acciones, vaya dibujando la personalidad de sus héroes, o con una narración que incluya algunos flashbacks para conformar la posible identificación emocional entre protagonistas y espectadores.
“A la deriva”, duodécimo largometraje de Baltasar Kormákur, siempre a caballo entre su Islandia natal y el cine de Hollywood, esta vez desde Estados Unidos, elige la segunda de las opciones de un modo tan metódico que casi parece minutado para su perfecto equilibrio. Así, la estructura con alternancia de secuencias entre el cielo y el infierno, entre la formación del vínculo sentimental de la pareja protagonista y la posible ruptura a causa del inminente naufragio de su barco en alta mar, lleva a cada una de los momentos hasta una nueva dimensión: con un punto trágico los del placer, y con un ramalazo romántico los del suceso.
Sin embargo, demasiados pasajes del pasado tienen un acento convencional, de telefilme, con su banda sonora relamida y sus cancioncillas melosas. Como contrapartida, en las del agua al cuello, Kormákur, que no es un ningún donnadie, y ya bregado en la odisea con la notable “Everest” (2015), está mucho más cómodo y se luce en la tensión.
Basada en una historia real, “A la deriva” no tiene el clasicismo ni la pureza de la reciente, y muy semejante, “Cuando todo está perdido” (J. C. Chandor, 2013), pero, a cambio, ofrece una importante variante: esta vez es una mujer joven, fuerte en lo físico y en lo mental, la que debe amparar al hombre con sus acciones, y no al revés, como ha ocurrido toda la vida, al menos en el cine. No Recomendada.


Cásate conmigo, por favor. (Francia, 2018). Dir. Tarek Boudali.
Comedia francesa insustancial con temática homesexual. Interpretada por Tarek Boudali, Philippe Lacheau, Charlotte Gabris, Andy Rowski, David Marsais, Julien Arruti y Baya Belal.  
La legalización de los matrimonios homosexuales en particular y la normalización de relaciones en general han dado lugar a una serie de comedias en las naciones en las que estos enlaces tienen lugar que, en general, resultan mediocres, basadas en chistes fáciles, equívocos inconsistentes, situaciones vodevilescas y actores populares en su país. Todo eso se encuentra en esta comedia típicamente francesa empeñada en no ofender ninguna sensibilidad con caricaturas de los personajes representados por Tarek Boudali (también director) y Philippe Lacheau que, presumiblemente, forman un tándem de gran éxito allí.
Boudali es un marroquí que marcha a París para desarrollar su carrera de arquitecto. Apenas lo consigue, pero, para conservar su trabajo y permanecer dentro de la legalidad, contrae matrimonio con su mejor amigo. Un matrimonio de conveniencia del que sospecha un inspector cargado de razón pero no de pruebas, a lo que se añade el sueño de la futura suegra de una gran celebración. No Recomendada.


Oh! Mammy Blue. (España, 2018). Dir. Antonio Hens.
Tesela de Oro en el Festival de Alicante 2018 a la Mejor Película.
Comedia española interpretada por Carmen Maura, Ramón Barea, María Pujalte, María José Alfonso y Milton García.  
En ningún momento acaba de quedar claro si lo que pretende Antonio Hens con esta película es demostrar que hay mucha vida más allá de los 70; rendir homenaje a la generación que, desde la música y el sexo, revolucionó el mundo en los años 60 y 70; reivindicar la hoy olvidada figura de Phil Trim (líder del grupo Pop-Tops y coautor del exitazo Mammy Blue) o, simplemente, denunciar que las condiciones de vida de muchas residencias de ancianos son lo más parecido a un campo de concentración.
Sea cual sea su objetivo, lo que es más que evidente es que no lo consigue de ninguna manera, porque el filme no funciona ni como comedia ni como drama existencial ni como musical ni como nada, por culpa de un guion bochornoso que presenta a unos personajes caricaturescos, sacados de un mal tebeo, frente a los que unos actores de contrastada solvencia son incapaces de salir mínimamente airosos. La banda sonora, que debería jugar un papel clave, es flojísima, y hasta el apartado técnico resulta chapucero. No Recomendada.


Dos coronas. (Polonia, 2017). Dir. Michał Kondrat.
Drama biográfico de época interpretado por Adam Woronowicz, Cezary Pazura, Maciej Musial, Antoni Pawlicki y Pawel Delag.  
Al protagonista de esta película, Maximilian Klobe (1894-1941), se le apareció la virgen siendo un niño y de esa aparición supo que su vida atravesaría la pureza y al martirio. De joven, un frasco con agua milagrosa de Lourdes le salvó de la amputación de un dedo. Desde ese momento, queda claro que la película seguirá un sendero de exaltación católica unidireccional sin derecho a réplica, consagrado únicamente a las virtudes incuestionadas del biografiado y sus hazañas espirituales en la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanov) por él fundada en Polonia, su posterior paso por Japón y su internamiento en el campo de concentración de Auschwitz donde hallaría la muerte en acto de entrega al prójimo, lo que le valdría ser canonizado en 1982. Para contar su historia, Michal Konrat opta por uno de los más fastidiosos formatos del lenguaje audiovisual contemporáneo, muy frecuente hoy en televisión: la mezcla de documental tradicional, con sus bustos parlantes y el seguimiento cronológico de los hechos, y la ficción recreada con actores, de factura académica, por no decir trasnochada, y olor de naftalina. El resultado quizás no llegue a irritar, pero produce un sopor insondable. No Recomendada.


Luis y los alienígenas. (Alemania, 2018). Dir. Christoph Lauenstein y Wolfgang Lauenstein.
Película de animación alemana.
Comedia española interpretada por Carmen Maura, Ramón Barea, María Pujalte, María José Alfonso y Milton García.  
Animación 3D alemana, en coproducción con otros países europeos. Ese formato se ha vuelto bastante estable, y eso no es un mérito per se: profesionalismo anémico en la estética (movimientos, colorización, música), narrativa con escaso interés (aquí, un chico de 12 años con padre ufólogo distraído, unos malos imposibles y, claro, los extraterrestres), algunas situaciones humorísticas aceptables (los aliens pueden convertirse en cualquier otro ser muy velozmente) y un mix de referencias visibles (Monsters, Inc., Men in Black). Por lo demás, decir que esto es animación alemana no implica localización cultural: esto es cine-producto de ningún lugar. No Recomendada.