lunes, 20 de mayo de 2019

FCAT 2019. Festival de Cine Africano.Tarifa-Tánger.



El Festival de Cine Africano – FCAT es un Festival de cine independiente de carácter competitivo, organizado por Al Tarab, asociación sin ánimo sin lucro. El FCAT centra sus esfuerzos en la promoción y divulgación de las cinematografías del continente africano y de la diáspora en España y América Latina, esperando con ello ayudar a una mejor comprensión entre los pueblos y aportar una contribución positiva al desarrollo de la cultura y de la industria cinematográfica africana, ofreciendo un espacio de encuentro para profesionales de la industria audiovisual y fomentando la distribución de sus trabajos en todo el territorio español.

La directora del FCAT es Mane Cisneros y la 16ª edición se ha realizado del 26 de abril al 4 de mayo en Tarifa y del 25 de abril al 2 de mayo en Tánger.

La Sección Oficial del Festival de esta edición cuenta con 14 películas en competición.

1. AL GAMI’YA (Lo que se siembra), de Reem Saleh.
Documental. “Una gran familia”: Así es como Um Ghareeb, el protagonista de la película, describe a los Al Gami’ya, de Rod El Farag, uno de los barrios más pobres de El Cairo. En estas comunidades, todos los miembros contribuyen a un fondo con una pequeña cantidad de dinero de forma regular. Se reúnen semanalmente y entre todos deciden quién es la persona o familia más necesitada para entregarle una parte del dinero. Reem Saleh siguió durante seis años con su cámara a los miembros de una comunidad y revela su lucha diaria para sobrevivir.

2. FREEDOM FIELDS (Los campos de la libertad), de  Naziha Arebi.
Documental. En la Libia de la posrevolución, un grupo de mujeres se une por un sueño común: jugar al fútbol para la nación. Pero el país se hunde en la guerra civil y las esperanzas utópicas de la Primavera Árabe se diluyen. ¿Podrán hacer su sueño realidad? Más aun, ¿queda un país para el que jugar? Los campos de la libertades una película en torno a la esperanza y al sacrificio en una tierra donde los sueños son más bien un lujo. Descubrimos, a través de la mirada de estas activistas accidentales, un país en transición donde las historias de amor, las luchas y las aspiraciones en enfrentan a la historia.

3. LA MISÉRICORDE DE LA JUNGLE (La compasión de la selva), de Joel Karekezi.
El sargento Xavier, agotado por la guerra, y el joven recluta Faustin se separan accidentalmente de su batallón ruandés al salir para realizar una redada nocturna en pleno territorio congoleño. Se enfrentan a la falta de agua, de comida, a la malaria y a los peligros de la selva. Los dos intentan reunirse con sus compañeros yendo hacia el Oeste, pero deben tener cuidado con la población local, debido a la antipatía que los congoleños sienten por el ejército ruandés, y con la presencia de facciones rebeldes.

4. SIYABONGA (Estamos agradecidos, de Joshua Magor.
Siyabonga es un joven que hace teatro en los extrarradios de Mpophomeni, Sudáfrica. Un día se entera de que van a rodar una película en una ciudad cercana y decide formar parte del rodaje. Conspira con una criada para robar la señal wifi de los “umlungus” (los blancos) y poder enviar un correo a los productores. Al mismo tiempo, rechaza los consejos de un amigo para que recurra a la brujería… Su decisión le lleva por caminos inesperados, pero Siyabonga consigue entrevistarse con el director y descubrimos la conversación que da pie a la película.

5. LOST WARRIOR (El guerrero perdido), de Nasib Farah, Søren Steen Jespersen.
Documental. Mohammed tenía tres años cuando sus padres le mandaron a Inglaterra para que tuviera una vida mejor. De adolescente se vio implicado en un asunto turbio y fue condenado a la cárcel, donde se radicalizó. Fue extraditado a los 19 años y se unió sin dudarlo a Al-Shabab. Pero cuando se da cuenta de que no se trata del movimiento liberal que imaginaba y que es responsable de atentados terroristas, huye de la organización. Tiene 23 años y vive escondido en Mogadiscio, mientras su pareja y su hijo están en Londres. La película describe la lucha de la joven familia para volver a estar juntos.

6. FIG TREE (La higuera), de Aäläm-Wärqe Davidian.
Mina, una joven judía de 16 años, trata de encontrar un equilibrio entre su surrealista rutina diaria marcada por la guerra civil en su país, Etiopía, y los últimos días de la adolescencia junto a su novio cristiano, Eli. Cuando descubre que su familia está planeando emigrar a Israel para huir de la guerra, Mina pone en marcha un elaborado plan para salvar a Eli. Pero no tarda en descubrir que en tiempos de guerra, las cosas no siempre salen como se espera.

7. KHARTOUM OFFSIDE (Jartum fuera de juego), de Marwa Zein.
Documental. Un grupo de mujeres jóvenes excepcionales de Jartum están decididas a jugar a fútbol profesional a pesar de la prohibición impuesta por el gobierno militar islámico del país. En su combate para ser reconocidas como el equipo femenino nacional de Sudán, ignoran el miedo, y demuestran valor y una tremenda tenacidad. A pesar de que la Federación Nacional recibe fondos de la FIFA destinados a equipos femeninos, ellas siguen marginadas. Sin embargo, se enciende una pequeña luz de esperanza cuando las elecciones en el seno de la Federación quizá den pie a un cambio en el sistema.

8. NEW MOON (Luna nueva), de Philippa Ndisi-Herrmann.
Documental. La cineasta Philippa Ndis-Herrmann decide rodar un proyecto en torno a un enorme puerto que amenaza con cambiar totalmente la vida de la pequeña isla de Lamu, en la costa de Kenia. Sin embargo, el verdadero cambio ocurre en ella cuando descubre lo que significa la espiritualidad sufí. Su recorrido de autodescubrimiento la lleva a Raya y a sus dos jóvenes hijos, que le permiten encontrar la base narrativa de la película y una puerta muy personal que se abre a los misterios de la vieja ciudad. Dejándose llevar por su instinto, reflexiona acerca de la contradicción que representa ser una mujer moderna y liberal que decide abrazar el islam y trata de resolver  la complejidad de la fe que ha escogido.

9. LE LOUP D’OR DE BALOLÉ (El lobo de oro de Balolé), de Chloé-Aicha Boro.
Documental. En el corazón de Uagadugú, capital de Burkina Faso, existe una cantera de granito donde casi 2.500 personas, hombres, mujeres y niños, trabajan en condiciones dantescas para reunir los escasos recursos que les permitirán sobrevivir otro día… El salario diario de un hombre es aproximadamente de 600 francos CFA (el equivalente a un euro); el de una mujer y un anciano, de unos 300, y un niño no ganará más de 200. Una población de esclavos de la era moderna, explotados por vendedores de granito sin escrúpulos y marginados por una sociedad que se niega a verlos.

10. MABATA BATA, de Sol de Carvalho.
Azarías es un joven huérfano que cuida del ganado, y Mabata Bata es uno de los bueyes del rebaño. Hace falta engordar a los bueyes para el “lobolo”, la dote tradicional que Raúl, el tío de Azarías, debe entregar para casarse. Azarías solo sueña con ser como los otros niños del pueblo e ir a la escuela, y su abuela le apoya. Un buen día, mientras pace, Mabata Bata pisa una mina que la guerra civil dejó atrás.

11. MOTHER, I AM SUFFOCATING. THIS IS MY LAST FILM ABOUT YOU (Madre, me ahogo. Esta es mi última película acerca de ti), de Lemohang Jeremiah Mosese.
Una mujer portando una cruz de madera a la espalda cruza los terrenos baldíos y las pobladas calles de un país africano. La siguen vendedores ambulantes, pedigüeños, transeúntes, voces indignadas, personas compasivas y otras curiosas. Al mismo tiempo, un cordero abandona un rebaño en una lejana montaña y se abre camino hasta el centro de la ciudad para acabar, desollado y sin cabeza, en el hombro de un carnicero. En otro lugar, una mujer teje una prenda en una casa sin tejado, tirando del hilo de lana enrollado alrededor del rostro de su hijo. La película es un recorrido sociopolítico y simbólico que engloba la religión, la identidad y la memoria colectiva.

12. WELDI (Hijo mío), de Mohamed Ben Attia.
Riadh está a punto de jubilarse como operario de carretilla elevadora en el puerto de Túnez. Él y su esposa Nazli viven para Sami, el único hijo de ambos, que está a punto de acabar el instituto. Las migrañas habituales del adolescente preocupan a los padres. Cuando parece estar mejorando, desaparece de golpe…

13. RENAULT 12, de Mohamed El Khatib.
Documental. Al poco tiempo de la muerte de su madre, el dramaturgo y director de teatro Mohamed El Khatib recibe una llamada de su tío desde Bab Berred, el pueblo de la familia en las montañas del Rif, en Marruecos, indicándole que vaya cuanto antes para recibir su herencia, e insistiendo en que haga el viaje en un Renault 12. El Khatib decide ir desde Orléans a Tánger. Con la misma estructura que una road movie, Renault 12 también es el intento por parte del director de descubrir sus orígenes, documentar encuentros inesperados y poner en escena situaciones para alumbrar paisajes sociales, políticos y culturales.

14. SOFIA, de Meryem Benm'Barek.
Casablanca. Mientras come con su familia, Sofía es presa de terribles dolores de estómago. Su prima Lena, estudiante de medicina, la examina. De pronto, rompe aguas, pero Sofía niega estar embarazada. Lena le dice al resto de la familia que Sofía ha comido demasiado y que debe llevarla a la farmacia para poder ingresarla en el hospital. Y ahora, las dos primas, que no tienen nada en común, se lanzan desesperadamente en busca del padre para convencerle de que reconozca al bebé.

El jurado oficial formado por el director burkinés Berni Goldblat, la programadora londinense de origen guyanés June Givanni y el distribuidor español Enrique González Kuhn, ha sido el encargado de decidir el Mejor largometraje de Ficción y el Mejor Documental (patrocinado por Casa África), entre otros premios.
Para el jurado “ha sido un placer visionar todas las películas de ficción participantes” y reconocen la magnífica calidad de cada una de ellas. Sin embargo, para ellos hay una que ha sobresalido por la manera en que la idea principal, que aborda una temática muy complicada, es tratada mediante poesía visual, apoyada por grandes actuaciones y un sólido trabajo de guión y dirección. Por todo ello, galardonan con el premio a mejor largometraje de ficción a “La Higuera” (Fig Tree) de Aäläm-Wärqe Davidian, una producción israelo-etíope que plantea la cuestión de la guerra y la interculturalidad.
Para el premio a mejor largometraje documental, el jurado ha escogido una película que es “más que el proyecto apasionante de una prometedora directora con un claro talento”. Una película con personajes fuertes que dibuja la audiencia en su lucha que va más allá del fútbol y del deporte, y que ha tenido un gran impacto en la lucha de la libertad del pueblo de Sudán. Se trata de “Jartoum, fuera de juego”, de Marwa Zein (Sudán, Dinamarca, Francia, Noruega, 2019). Estrenada en la Berlinale de 2019, esta película se ha proyectado recientemente en el festival de documentales Hot Docs de Toronto, y empieza su carrera de festivales siendo una de las pocas películas realizadas en Sudán. “Jartum, fuera de juego” habla de la afirmación de los derechos de la mujer a través del fútbol.

Os dejamos con el tráiler de “FIG TREE (La higuera)”, de Aäläm-Wärqe Davidian, esperando que se estrene pronto en la cartelera sevillana.


jueves, 16 de mayo de 2019

Los hermanos Sister (Jacques Audiard, 2018)


Título original: Les Frères Sisters. Dirección: Jacques Audiard. País: Francia. Año: 2018. Duración: 121 min. Género: Western.  
Juliette Welfling (Montaje), Benoît Debie (Fotografía), Jacques Audiard, Thomas Bidegain (Guión), Patrick DeWitt (Guión adaptado), Alexandre Desplat (Música), Pascal Caucheteux, Michael De Luca, Alison Dickey, Michel Merkt, Gregoire Sorlat, Hohn C. Reilly (Producción).
Premio al Mejor Director en el Festival de Venecia 2018. Cuatro premios César 2018 (incluido Mejor Director).
Estreno en Sevilla: 10 Mayo 2019.

Reparto:
John C. Reilly (Eli Sisters), Joaquin Phoenix (Charlie Sisters), Jake Gyllenhaal (John Morris), Rebeca Root (Mayfield), Riz Ahmed (Hermann Kermit Warm), Allison Tolman, Carol Kane (Mrs Sisters), Raymond Waring (Mayfield Bartender), Rutger Hauer.

Sinopsis:
Corre el año 1851. Charlie y Eli Sisters son una pareja de hermanos asesinos, dos niños convertidos en hombres dentro de un mundo hostil y despiadado. Sus manos están manchadas de sangre: sangre de criminales y sangre de inocentes... No conocen más que la vida del pistolero. Aunque daría cualquier cosa por su hermano pequeño, el introspectivo Eli (Reilly) sueña con poder llevar una vida normal. Mientras tanto, el alcohólico Charlie (Phoenix), el menor de los Sisters, ha tomado encantado el papel de líder y guía al dúo en sus misiones. Poco a poco, ambos empezarán a cuestionar y encontrar cada vez más peros en los métodos del otro.

Comentarios:
El director francés Jacques Audiard tiene acreditada una de las mejores marcas en salto de género del cine actual, desde el negro carcelario de «Un profeta», al muy pasional en «De óxido y hueso» o al social de «Dheepan», con el que ganó la Palma de Oro en Cannes. Pero su salto aquí es mayor, asombroso, incluso chocante, pues entra en un territorio sagrado, el del wéstern, y lo hace con un pie puesto en los códigos y paisajes legendarios del género, pero con la mirada fresca y bífida de quien quiere modelarlos a su modo. Ni retocar ni reverdecer un género que boquea desde hace décadas, lo que parece pretender Audiard es «liberarlo», darle vuelo singular a sus arquetipos y volcarlos en otro molde, y con unos efectos magníficos.
La historia ocurre donde siempre, pura superficie wéstern, y con personajes reconocibles del género, pero todo ello es percibido desde la butaca con otros ojos, como si le hubiera cambiado el prospecto a la receta, la composición y toma de los comprimidos. El arranque, con una original escena nocturna (a oscuras) de disparos cruzados, ya deja intuir que el fondo de la historia que vamos a ver vendrá en un envase inusual, y en efecto, ni las cabalgadas, ni la planificación, ni la temperatura de la imagen o de la violencia, ni mucho menos la música se corresponden con cualquier idea preconcebida de las películas de Oeste (la fotografía de Benoît Debie y la música de Alexander Desplat son pura «nouvelle couisine» dentro del menú y sabores habituales).
El material de la trama y personajes se podría calificar de tradicional: dos hermanos que persiguen y matan por encargo, una misión siniestra, la presa que han de cazar y un aliño de ideal y fábula en medio de la fiebre del oro. El poder del argumento no está en su hilo, sino en su madeja de relaciones, la fraternal de los dos protagonistas, punteada por sórdidos sucesos del pasado familiar y subrayada por lo contradictorio de su personalidad, con detalles del carácter de cada uno tan sutilmente trazados que maravillan (desde la pasta de dientes a otras higienes más éticas) y que forman un cuerpo simbólico de lo que es la esencia del wéstern: lo viejo y lo nuevo, dos tiempos y espacios morales siempre en discusión por la centralidad del plano.
La magnífica incorporación a la historia de los dos antagonistas y su utópico enfoque a la búsqueda de oro le proporciona aún más profundidad y singularidad, pues está movida por otro motor distinto al habitual de la ambición, y Jake Gyllenhaal y Riz Ahmed consiguen ponerlos en pie a pesar de la extravagancia de sus trazos. Pero la película es de Joaquin Phoenix y John C. Reilly, que cargan con más gesto y detalle que con palabras un muy complejo y sensible y asilvestrado amor fraternal. (Oti Rodríguez Marchante)
Recomendada.

lunes, 13 de mayo de 2019

Jaulas (Nicolás Pacheco, 2018)



Título original: Jaulas. Dirección: Nicolás Pacheco. País: España. Año: 2018. Duración: 96 minutos. Guión: Nicolás Pacheco. Producción: Antonio P. Pérez. Fotografía: Alejandro Espadero. Montaje: Ana Álvarez Ossorio. Música: Pablo Cervantes.

Intérpretes: Estefanía de los Santos (Concha), Marta Gavilán (Adela), Belén Ponce de León (Rosa), Manuel Cañadas (Antoñito), Antonio Dechent (Fermín), Antonio Estrada (Canario), Manolo Caro (Platillo), Manuel Tallafé (Casino), Stefan Mihai (Vasile), Mila Fernández (Palomita).

Sinopsis: Concha vive en un poblado chabolista con su hija, su hermano discapacitado y un marido cruel. Atrapada por un ambiente opresivo y machista, intentará buscar la libertad de su hija.

Parte del elenco de Jaulas

Traigo al blog una película de las que desafortunadamente no han estado mucho tiempo en cartelera, a pesar de las buenas críticas, y que conviene recuperar. Se trata de Jaulas, primer largometraje del sevillano Nicolás Pacheco, que sí tenía varios cortometrajes en su haber. Su estreno tuvo lugar en la pasada edición de la Seminci dentro de la sección oficial.

Si esta entrada no se ciñera a titularse de modo tan escueto e informativo, no  quedaría otra que optar por robar las adecuadas palabras de Jordi Batlle Caminal para su crítica en Fotogramas: “para la cofradía de coleccionistas de rarezas estimulantes”.

No se me ocurre descripción mejor que ésta para definir a quienes les va a gustar esta película. Comienza de una forma potente con secuencias hipnóticas donde se presentan personajes de los que calan y nos sitúan en un mundo de hombres cuya vida gira en torno a las apuestas de las habilidades de algunos de ellos: una invención, una fábula que sorprende y engancha.

Apostando por el mejor

En dicho mundo, dos de ellos, los que precisamente tienen la habilidad de imitar el canto de los pájaros, son los hombres que más atrapados están, pero la mirada del director se centra en las mujeres víctimas de las jaulas, las que, no es que no quieran escapar, sino que no pueden. Ha querido mostrar el atraso social de las mujeres de la marginalidad en Andalucía situando la acción en un arrabal indeterminado, siendo las localizaciones usadas San Juan de Aznalfarache, Alcalá de Guadaíra y lugares de la Sevilla no reconocible, entre ellos, Tablada.

La debutante Marta Gavilán tras los barrotes de la jaula

Para separarse de lo habitual del realismo social en el cine, utiliza una bella estética colorista, resultando muy luminosa en clara divergencia con el peso oscuro de la violencia de su contenido. Buena fotografía, con predominio de luz dorada, y buen manejo de la cámara.

Estética poética y colorista

Destaca de un modo particular la música. La banda sonora, a cargo del también sevillano Pablo Cervantes, tiene mucha personalidad y mucho protagonismo. Escuchamos la pandereta, el acordeón, muchas notas de música balcánica, pero también algo de flamenco solapado, todo redundando en la idea de desarraigo. La canción de los créditos finales, de la que es autor el propio Nicolás Pacheco, es la que muestra una filiación andaluza más evidente.

Pacheco, con experiencia en el campo del teatro y formado en la dirección de actores dentro de La Barraca, la escuela dirigida por Alicia Hermida, dirige un buen elenco. Destaca Estefanía de los Santos, que ya nos cautivó con su papel de La Caoba en Grupo 7 (Alberto Rodríguez, 2012), pero ahí están además Belén Ponce de León (que ha colaborado en casi todos los cortometrajes del director), la debutante Marta Gavilán, el bailarín y coreógrafo Manuel Cañadas, Antonio Estrada, Manolo Caro y, el siempre brillante padrino de nuestra Asociación, Antonio Dechent.

Belén Ponce de León y Estefanía de los Santos

En la película impera la sensación de fatalismo y los ecos lorquianos. Y es precisamente el personaje interpretado por Antonio Dechent el único que escapa al tono de tragedia, acercándose incluso a la comedia cuando, por ejemplo, pregunta al que acoge como posible yerno si le gustan los callos, jugando con el doble sentido de la palabra.

Antonio Dechent, Stefan Mihai y Mila Fernández

Puede suceder a veces que los quiebros de tono e incluso de género, ya que son varios los que toca la película, distraigan y desorienten. En cambio, otras, ocurre todo lo contrario: pueden ganarte porque reconoces que estás viendo algo que, cuando menos, es original. Y eso siempre es de agradecer.

Aunque es cierto que no estamos ante una obra de arte redonda y que encontramos alguna debilidad en el guión (si bien perdonable atendiendo al pretendido tono de fábula), es una muy recomendable ópera prima que creo que el tiempo colocará en su lugar, resarciendo de no haber tenido premio mayores.


Manuel Cañadas, uno de los hombres atrapados

sábado, 11 de mayo de 2019

En buenas manos (Jeanne Herry, 2018)


Título original: Pupille. Dirección: Jeanne Herry. País: Francia. Año: 2018. Duración: 107 min. Género: Drama.  
Francis Vesin (Montaje), Sofian El Fani (Fotografía), Jeanne Herry (Guión), Pascal Sangla (Música), Alain Attal, Hugo Selignac, Vincent Mazel (Producción), Nicolas Provost Vincent, Mauduit Steven Ghouti (Sonido), Marie Le Garrec (Vestuario).
7 nominaciones a los Premios César (incluida Mejor Película y Mejor Director).
Estreno en Sevilla: 01 Mayo 2019.

Reparto:
Sandrine Kiberlain (Karine), Gilles Lellouche (Jean), Élodie Bouchez (Alice), Clotilde Mollet (Mathilde), Jean-François Stevenin (Padre de Alice), Bruno Podalydès (Ex de Alice), Miou-Miou (Irène), Anne Suarez (Laure), Youssef Hadji (Ahmed), Leïla Muse (Clara).

Sinopsis:
Theo acaba de nacer. Después de dar a luz, su madre biológica le entrega a un programa de adopción. Los servicios de adopción deben encontrar entonces a la que se convertirá en su madre adoptiva. En el otro extremo, Alice (Élodie Bouchez) lleva casi diez años luchando por ser madre. Un grupo de profesionales trabajará para que Theo y Alice puedan reunirse.

Comentarios:
La película definitiva en materia de adopción en país propio, al menos por lo que abarca. Y también por su ternura, su complejidad y una ambición bien arropada por un cálido disfraz de sencillez. Es la francesa “En buenas manos”, segundo largometraje de la también actriz Jeanne Henry, que ha compuesto un relato que suena desmesurado por su amplitud y que, sin embargo, se ve con la placidez del humanismo y la congoja de la posible derrota.
Con guion en solitario de la propia Herry, documentado sin que en su representación suene a protocolo de actuación, “En buenas manos” engloba todo el proceso de adopción de un bebé, desde su nacimiento, con meridianas descripciones de todos los intervinientes, que se van sumando como la necesaria cadena humana que vigila cada paso, y lucha, al fin, por el bien del niño: la joven madre natural, que, por circunstancias personales y sociales, ha ocultado su embarazo y acude al hospital a parir y a entregar a su hijo; la doctora y una enfermera del hospital; la asistente social asignada a la madre; las asistentes sociales que se encargan del bebé; el padre de acogida y su familia; y finalmente la persona que, entre distintos candidatos, se va a hacer cargo del niño, quizá para el resto de su vida. El sector público, como un ente que se hace palpable en profesionales de carne y hueso, y la simple y llana gente, que sueña, que sufre, que goza. El vértigo de lo desconocido.
Herry se las arregla incluso para, independientemente del proceso, describir algunas de las vidas privadas de los intervinientes. Y todo en menos de dos horas. Un triunfo. Además, esquivando los clichés y saliéndose en tres aspectos de la línea de lo que se entiende por convencional en estos casos: la procedencia social de la madre natural y su actitud respecto del bebé; la inclusión de familias monoparentales; y el personaje del padre de acogida, marido de mujer trabajadora que contribuye casi exclusivamente a la holgada economía familiar, mientras él cuida del hogar, en un papel que, por desgracia, suele corresponder a la esposa.
“En buenas manos” solo apunta un borrón cuando, en el epílogo, Herry añade un nuevo personaje y pretende un más difícil todavía: la cuadratura del círculo. Pero es apenas un desliz en una película muy redonda, que utiliza la banda sonora únicamente en las transiciones, y que tiene la suficiente delicadeza y la pausa necesaria para ofrecer hermosísimos planos del verdadero protagonista de la historia: el recién nacido. (Javier Ocaña)
Recomendada.