jueves, 17 de enero de 2019

Atardecer (László Nemes, 2018)


Título original: Napszállta. Dirección: László Nemes. País: Hungría. Año: 2018. Duración: 142 min. Género: Drama.  
Matthieu Taponier (Montaje), Matyas Erdely (Fotografía), Laszlo Nemes, Clara Royer, Matthieu Taponier (Guión), Laszlo Melis (Música), Gabor Sipos, Gabor Rajna (Producción).
Premio FIPRESCI en el Festival de Venecia 2018.
Estreno en Sevilla: 11 Enero 2019.

Reparto:
Juli Jakab (Írisz Leiter), Vlad Ivanov (Oszkár Brill), Judit Bardos (Szeréna), Susanna Wuest (Princesa), Tom Pilath (Príncipe), Levente Molnar (Gaspar), Urs Rechn (Ismael), Christian Harting (Otto von König), Sandor Zsoter (Doctor Herz).

Sinopsis:
1913 en Budapest, el corazón de Europa. Después de pasar su infancia en un orfanato, Irisz Leiter llega a la capital húngara con 20 años y la esperanza de trabajar de sombrerera en la antigua tienda de sombreros de sus padres biológicos. Pero Oszkar, el nuevo propietario, la rechaza. A su vez, se tendrá que enfrentar a su pasado cuando descubre un hermano que nunca supo que tenía. Su misión de encontrarlo la lleva a descubrir oscuros secretos mientras el país se prepara para el caos de la guerra.

Fotograma de "Atardecer"

Comentarios:
El Festival de Cannes del año 2015 quedó marcado por la aparición del húngaro László Nemes. Su primera película, “El hijo de Saúl”, se adentró en un tema inabarcable que parecía agotado en muchos aspectos, el Holocausto, con un ejercicio de cine radical en cuanto a sus formas. La clave, una reducidísima profundidad de campo, de apenas un metro, quizá menos, que ejercía también de metáfora, y he ahí su maestría: la imposibilidad de una visión global en un campo de exterminio, donde cada uno mira por su piel, y toma decisiones a partir de la búsqueda de la supervivencia. La película era una experiencia cinematográfica difícilmente soportable por su clima visual y su contundencia sonora. Y era fascinante.
Tres años después, Nemes regresa con “Atardecer” y exacta metodología formal. Pero esta vez el dispositivo no acaba de encajar: huele a sello de autor, a irrenunciable estilo, aunque no acabe de convenir. Esta vez en la Budapest de 1913, con el principio del fin, con la descomposición del Imperio Austro-húngaro, adentrándose en la suciedad moral tras la pompa aristocrática y el poder económico.
No es una película fácil “Atardecer”, deliberadamente opaca: en los datos sobre la época y los personajes, en sus transiciones, sus elipsis, y en un epílogo difícilmente comprensible. Y solo en los momentos de revolución, de asalto al poder, consigue transmitir la fuerza que logró el director en su primera obra. Esos en los que se olvida por un momento el cada vez más gastado recurso de la cámara en el cogote del protagonista, lo que a veces es perfecto por las sensaciones que transmite y en cambio otras no es más que puro ornamento, procedimiento que otrora fue radical y ahora no pasa de lo convencional.
Tampoco le ayuda la interpretación de su protagonista absoluta, Juli Jakab, sin belleza cinematográfica ni fuerza dramática, un pasmarote. El contexto es apasionante, pero “Atardecer”, presentada en el pasado Festival de Venecia, es más hermética que misteriosa. Nemes quiere desafiar al espectador, y eso le honra, pero está por ver que al espectador, incluso al más formado, le apetezca el laberíntico desafío, la pesadilla sin respuestas de una mujer en tiempos convulsos. El caos debería estar solo en el interior de la película, pero se transmite hacia fuera. Y así, pese a momentos de indudable brío, el director nos aleja de su criatura pese a la cercanía de su mirada. De estar a apenas un palmo de ella. (Javier Ocaña)
No Recomendada.

miércoles, 16 de enero de 2019

El gran baño (Guilles Lellouche, 2018)


Título original: Le grand bain. Dirección: Guilles Lellouche. País: Francia. Año: 2018. Duración: 110 min. Género: Comedia.  
Simon Jacquet (Montaje), Laurent Tangy (Fotografía), Guilles Lellouche, Ahmed Hamidi, Julien Lambroschini (Guión), Jon Brion (Música), Alain Attal, Patrick Quinet, Hugo Selignac (Producción).
Presentada en la Sección Oficial (fuera de competición) del Festival de Cannes 2018.
Estreno en Sevilla: 11 Enero 2019.

Reparto:
Mathieu Amalric (Bertrand), Guillaume Canet (Laurent), Benoît Poelvoorde (Marcus), Jean-Hugues Anglade (Simon), Virginie Efira (Delphin), Leïla Bekhti (Amanda), Marina Foïs (Claire), Philippe Katerine (Thierry), Jonathan Zaccaï (Thibault), Melanie Doutey (Clem).

Sinopsis:
Un grupo de cuarentones, todos al borde de la crisis de la mediana edad, deciden constituir el primer equipo de natación sincronizada masculina de la piscina local. Mientras desafían el escepticismo y el ridículo que inspiran en cuantos los rodean, y se entrenan con una campeona venida a menos que lucha por recomponerse, el grupo emprende una aventura insólita. En el camino, recuperarán algo de autoestima y aprenderán mucho de ellos mismos y de su interacción con los otros.

Fotograma de "El gran baño"

Comentarios:
Componer una buena comedia sobre la depresión es tan improbable como meter un cuadrado en un círculo en esos juegos psicomotrices de guardería con piezas de madera. Y aunque la metáfora del juego educativo la utilice Gilles Lellouche en “El gran baño” como imagen para la inverosimilitud narrativa de la parte final de la película, bien podría servir también para expresar el mayúsculo reto artístico y profesional que se plantea como guionista y director de un relato con propósitos de simpatía acerca de una de las lacras más tristes de la vida contemporánea. Y sale bien parado durante al menos dos tercios de la historia. Lo que no es poco.
Lellouche, un clásico de la interpretación en Francia, ya con 47 años, se ha animado a debutar en solitario como realizador, y además ejerciendo de coguionista, tras codirigir “Narco en el año 2004” y participar en la película colectiva “Los infieles” en 2012. Y los primeros minutos de “El gran baño” son sorprendentemente maduros en un cineasta primerizo. Hay cierto estilo visual, seguramente con la vista puesta en la elegante extravagancia del Wes Anderson de “Los Tenenbaums”, pero sobre todo hay riesgo a la hora de abordar un tema peliagudo con cordialidad, con momentos cómicos (negros), y sin que la amargura desaparezca por excesivo blanqueo. El grupo de hombres y una única mujer que protagonizan los dos primeros tercios de película, hundidos en el socavón de la ruina económica, el paro, la soledad, el alcoholismo, los delirios de grandeza, la separación sentimental, el dolor por la enfermedad mental de una madre o la discapacidad de un hijo, la indolencia, la inseguridad y, en fin, la tristeza, está confeccionado a partir del trazo esquinado. Donde a un momento de evidente simpatía puede suceder, en apenas unos segundos, un doloroso sentimiento de derrota.
Ayudado por un formidable conjunto de intérpretes masculinos tan distintos como se exige en las buenas películas, tanto en el físico como en la personalidad (Mathieu Amalric, Guillaume Canet, Benoît Poelvoorde, Jean-Hugues Anglade), y un grupo de mujeres de apariencia más fuerte que sus maridos, padres y amigos, Lellouche lleva su historia, de cauces complicados, con tono de sentido y muy serio disparate: todos ellos expulsan su desconsuelo por medio de unas insólitas clases de natación sincronizada masculina.
Sin embargo, hacia la hora de película, tras una recaída, el gran personaje de la entrenadora alcohólica y acosadora deja paso a otro rol femenino, este monolítico, con poca gracia, e interpretado de una forma excesivamente gritona y antipática por la habitualmente encantadora Leïla Bekhti. A partir de ahí, el tono inicial, casi de comedia independiente americana, amparado por la inconfundible banda sonora de Jon Brion, cede terreno. Y lo hace a favor de un último tercio de notorias ínfulas de comedia popular francesa, que, de todos modos, es muy posible que haya sido la clave para llevar a cuatro millones de espectadores a los cines. Pero Lellouche, sin llegar a estropear del todo su obra, confunde el triunfo personal con el título colectivo en un desenlace demasiado impostado. (Javier Ocaña)
Recomendada (con reservas).


martes, 15 de enero de 2019

La tercera esposa (Ashleigh Mayfair, 2018)


Título original: The Third Wife. Dirección: Ashleigh Mayfair. País: Vietnam. Año: 2018. Duración: 96 min. Género: Drama.  
Julie Beziau (Montaje), Chananun Chotrungroj (Fotografía), Ash Mayfair (Guión), An Ton That (Música), Ash Mayfair, Thi Bich Ngoc Tran (Producción).
Estreno en Sevilla: 11 Enero 2019.

Reparto:
Long Le Vu (Hung), Mai Thu Huong Maya (Xuan), Nguyen Phuong Tra My (May), Nhu Quynh Nguyen, Nguyen Thanh Tam, Lam Thanh My (Lien), Nu Yên-Khê Tran.

Sinopsis:
En el Vietnam rural del siglo XIX, la joven May, de 14 años, se convierte en la tercera esposa del adinerado hacendado Hung. Pronto aprenderá que solo puede mejorar su posición reafirmándose como una mujer capaz de dar a luz a un varón. Cuando se queda embarazada, las esperanzas que tiene May de ascender en la escala social se convierten en una tentadora posibilidad. Enfrentada al amor prohibido y a sus devastadoras consecuencias, May finalmente comienza a aceptar la brutal verdad: sus opciones son escasas y limitadas.

Fotograma de "La tercera esposa"

Comentarios:
Pocas cosas con más fortaleza que el sexo, inabarcable e inexplicable, incluso por encima de los convencionalismos y de las normas, cuando la atracción mutua es insuperable. Pocas cosas más repugnantes que el sexo, cuando viene dado por la violencia, por la obligatoriedad, por una especie de contrato social donde una de las partes domina. En el Vietnam de finales del siglo XIX un rico terrateniente se agencia su tercera esposa, una cría de 14 años. Y, en su primera película como directora, Ashleigh Mayfair lo narra con rotundidad y con delicadeza, belleza y crueldad.
Por la semejanza en la trama y en el exotismo, “La tercera esposa” nos retrotrae hasta “La linterna roja” (1991), soberbia película de la mejor época de Zhang Yimou. Aquella, sobre una cuarta esposa, en China, y unos años después, en la década de los años veinte. Sin embargo, en su estilo, Mayfair parece más influida por su compatriota Tran Anh Hung y otra producción de la misma época de la de Yimou: “El olor de la papaya verde” (1993). Como en esta, hay en “La tercera esposa” una quebradiza fisicidad, un gusto por el detalle de los cuerpos y de las pieles (jóvenes y tersas, arrugadas y sin embargo bellas), de los elementos de la naturaleza: plantas, tierra, lluvia, luz del sol y del fuego, vientos, hierbas, insectos, venenos.
Mayfair entra con silenciador pero con contundencia en los oscuros meandros de la familia. En los ritos medievales con los sirvientes, palizas incluidas. En las rencillas entre las mujeres, las que suceden a la camaradería inicial. En una endogamia que los hace relacionarse de una manera especial, enfermiza desde fuera, naturalísima desde dentro, lo que nos hace pensar en otras películas de semejante atrevimiento, aunque radicalmente distinto tono: “El castillo de la pureza” (Arturo Ripstein, 1972) y “Canino” (Giorgos Lanthimos, 2009).
Quizá lo más discutible sea el uso de la música, diversificado en tres vertientes y estilos: una tradicional, dominada por el erhu, el llamado violín chino, lo que nos lleva a Yimou; otra más orquestada, pero de aliento clásico; y una tercera, la más cuestionable, de inspiración electrónica, en la línea del grupo Air, que puede encajar en las secuencias más eróticas aunque no tanto en el conjunto. Pero lo esencial es que la película es dulce y dolorosa, hermosa y salvaje. Y con un retrato terminante de la soledad de la maternidad. O, al menos, de cierta maternidad. (Javier Ocaña)
Recomendada.

lunes, 14 de enero de 2019

El vicio del poder (Adam McKay, 2018)


Título original: Vice. Dirección: Adam McKay. País: USA. Año: 2018. Duración: 132 min. Género: Comedia dramática.  
Hank Corwin (Montaje), Greig Fraser (Fotografía), Adam McKay (Guión), Nicholas Britell (Música), Megan Ellison, Will Ferrell, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Adam McKay, Kevin J. Messick, Brad Pitt (Producción).
Premio al Mejor Actor de Comedia (Christian Bale) en los Globos de Oro 2018.
Estreno en Sevilla: 11 Enero 2019.

Reparto:
Christian Bale (Dick Cheney), Amy Adams (Lynne Cheney), Steve Carell (Donald Rumsfeld), Sam Rockwell (George W. Bush), Jesse Plemons, Shea Whigham (Wayne Vincent), Alison Pill (Mary Cheney), Lily Rabe (Liz Cheney), Eddie Marsan (Paul Wolfowitz), Tyler Perry (Colin Powell), Justin Kirk (Scooter Libby), Bill Camp (Gerald Ford), LisaGay Hamilton (Condoleezza Ric), Casey Sander, Don McManus (David Addington), Jillian Armenante (Karen Hughes), Roman Mitichyan (Cleric).

Sinopsis:
“El vicio del poder” explora la historia real jamás revelada sobre cómo Dick Cheney un callado burócrata de Washington, acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush, con consecuencias en su país y el resto del mundo que aún se dejan sentir hoy en día.

Fotograma de "El vicio del poder"

Comentarios:
Paolo Sorrentino y Adam McKay han llegado a la conclusión, cada uno con su particular estilo, de que la política contemporánea es una farsa, de que determinados personajes solo pueden ser dibujados a través de la comedia, de que se debe mantener una cuota de credibilidad, pero que lo esencial es el retrato deformante y caricaturesco de actitudes y situaciones que de otro modo serían poco plausibles a pesar de ser reales.
Coinciden en la cartelera “Silvio (y los otros)”, del director italiano, sobre Berlusconi, y “El vicio del poder”, de McKay, sobre el exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, y ambos acuden al simbolismo, a una sustitución de la realidad por una suerte de espectáculo grotesco. Ya desde el primer minuto, y a través de una serie de frases sobreimpresionadas, casi como en una novela de no-ficción, la película ofrece explicaciones jocosas sobre el modo de abordar la figura de la mano derecha de George W. Bush. Así, McKay, también guionista en solitario, ha compuesto una película que, al mismo tiempo, es un reportaje de investigación y una denuncia, una hipótesis y una comedia desvergonzada. Un trabajo formidable con el que incluso supera la ya excelente “La gran apuesta” (2015).
Y lo hace con un poderoso lenguaje cinematográfico en el que se acumulan recursos de distintos géneros y hasta formatos. Hay técnicas del documental político contemporáneo; de hecho, el tono utilizado y la continua asistencia de planos y músicas que en principio nada tienen que ver con el devenir de la secuencia recuerdan sobremanera al estilo de Michael Moore en sus diatribas cinematográficas. Y ahí la clave de toda la película, que abarca desde la juventud juerguista y alcohólica de una figura aparentemente gris dentro del organigrama de los republicanos de Washington, está en el recurso del inserto: planos ajenos a la acción principal, que llevan el discurso de la película hasta una nueva y fascinante dimensión metafórica y humorística, sin dejar de hincar el diente al personaje, en sus gracias y en sus desgracias, en sus despropósitos, su desmesura y su puntual calidez.
¿Una película de gente de izquierdas para gente de izquierdas? Ni mucho menos. McKay sabe lo que ha hecho, y ofrece una sobrehumana defensa a su criatura, en el mismo tono procaz, junto a los títulos de crédito finales. Un monólogo mirando a cámara donde el impresionante Christian Bale culmina su recital interpretativo. Más allá de maquillajes, esfuerzos puramente físicos y gestos imitativos, el actor logra plasmar la mirada de Cheney. Y entonces la caricatura trasciende hasta lo más profundo del personaje. (Javier Ocaña)
Recomendada.