martes, 27 de octubre de 2020

Corpus Christi (Jan Komasa, 2019)

 

Título original: Boże Ciało. Dirección: Jan Komasa. País: Polonia. Año: 2019. Duración: 116 min. Género: Drama.  

Guión: Mateusz Pacewicz. Fotografía: Piotr Sobocinski Jr. Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine. Montaje: Przemystaw Chruscielewski. Vestuario: Dorota Roqueplo. Producción: Aneta Hickinbotham, Leszek Bodzak.

Premio al Mejor actor (Bartosz Bielenia) en el Chicago Film Festival 2019. Candidata al Oscar a la Mejor Película Internacional 2019.

Estreno en Sevilla: 16 Octubre 2020

 

Reparto: Bartosz Bielenia (Daniel), Aleksandra Konieczna (Lidia), Eliza Rycembel (Eliza), Tomasz Zietek (Pinczer), Lescek Lichota (Alcalde), Lukas Simlat (Sacerdote Tomasz).

 

Sinopsis:

Daniel, un joven de 20 años, experimenta una transformación espiritual mientras vive en un Centro de Detención Juvenil. Quiere ser sacerdote, pero esto es imposible debido a sus antecedentes penales. Cuando es enviado a trabajar a un taller de carpintería en una pequeña ciudad, a su llegada se viste de sacerdote y se hace cargo accidentalmente de la parroquia local. La llegada del joven y carismático predicador es una oportunidad para que la comunidad local comience el proceso de sanación después de una tragedia que ocurrió allí.

 

Comentarios:

Las películas protagonizadas por impostores, y más si están inspiradas en hechos reales, como es el caso de la polaca “Corpus Christi”, siempre conllevan un elemento inquietante relacionado con el contexto social y con conceptos como la meritocracia, la aptitud y la profesionalidad, o incluso con la conciencia de clase. Que un ser humano se haga pasar por otro y los demás se lo traguen tiene mucho de astucia, pero también de desmitificación.

“Se os ve venir de lejos. Sois escoria”, le dice un ciudadano cualquiera en un medio de transporte al joven recién salido de un reformatorio. Es el estigma, el olor a presidio, que decían en la española “Todos somos necesarios” (José Antonio Nieves Conde, 1956). Y, sin embargo, provocado por las circunstancias, ayudado por la casualidad y apoyado tanto en la intuición como en la audacia, ese delincuente en potencia, quizá aspirante a criminal, cocainómano, violento y fornicador, con la mirada inyectada en sangre, se va a convertir en el nuevo párroco católico de un pueblo con trauma interno. Con éxito de crítica y público: los sermones improvisados y la huida de la mecánica de la repetición despiertan admiración entre los feligreses. Que un ser humano con ese bagaje demuestre saber mucho más de lo que corroe a los pecadores contemporáneos de lo que intuiría un experimentado sacerdote formado en su diócesis, pero quizá metido en un reducto social, profesional y espiritual endogámico, da para paradoja sobre la moral, la fe y la práctica católica.

Candidata al Oscar a la Mejor Película Internacional en la pasada edición, “Corpus Christi” es una historia sobre la línea que une a veces la pérdida personal y la pérdida de la fe tras la tragedia. Pero Jan Komasa, su director, con ecos de “El dulce porvenir” (Atom Egoyan, 1997), también con localidad asolada por la muerte, apuesta por el retrato de una comunidad enfrentada a un carismático elemento exterior de peliaguda personalidad interior. Y ahí resultan esenciales el físico afilado, la intensidad de los ojos azules y la sonrisa turbadora del actor Bartosz Bielenia, ejecutor emocional de una notable película donde la culpa, el perdón y el estigma se unen en una figura paradigmática y equívoca. (Javier Ocaña)

Recomendada.



domingo, 25 de octubre de 2020

Mitomanía... Paul Newman

“¡Tiene los ojos más azules que he visto!”, gritó una enardecida señora durante uno de los momentos de mayor tensión de la obra teatral “Dulce pájaro de juventud”. Se refería a su intérprete masculino, Paul Newman. Pronto las mujeres de todo el mundo le darían la razón.

 

De madre húngara y católica y de padre judío alemán, durante su juventud recibió una sólida formación, y no sólo en el área de la interpretación; sus inquietudes culturales y formativas lo inclinaron por los estudios universitarios, y cursó Economía en el Kenyon College de Ohio. Con la implicación de su país en la Segunda Guerra Mundial, sirvió como marino en la Armada y, finalizada la contienda, estudió Arte Dramático en Yale.

 

Pasó también por el Actor's Studio, donde fue uno de los estudiantes más brillantes de su generación, entre los que se encontraban algunos que luego alcanzarían un especial renombre, como James Dean o Marlon Brando; Newman figura entre los que mejor trasladaron a sus interpretaciones el método de la escuela, lo que contribuyó a popularizarlo y a hacer que la gente y los periódicos se ocupasen de él, y a que la fama del Actor's Studio rebasase el ámbito de lo exclusivamente profesional.

 

Los inicios de Newman fueron teatrales; logró alcanzar un gran éxito en los escenarios y colocarse en situación de dar el paso al cine. Tras aparecer en algunos programas de televisión, intervino en “El cáliz de plata” (1954), de Victor Saville, debut poco afortunado, pues la película no consiguió ningún tipo de reconocimiento. Dos años después, sin embargo, se produjo el ascenso de Newman gracias a un trabajo que lo situó en primera línea de los jóvenes actores de aquel momento. Robert Wise le dio el papel principal de “Marcado por el odio” (1956) -pensado en un primer momento para James Dean-, con el que se metió en la piel del boxeador Rocky Graziano, que llegó a ser un destacado campeón en Estados Unidos a partir de una infancia dura y carcelaria.

 



A continuación se sucedieron una serie de excelentes actuaciones que lo confirmaron como un actor de muchísima valía. Pueden mencionarse, entre otros, su trabajo en “El zurdo” (1958), de Arthur Penn, en el que interpretaba a Billy el Niño, el legendario pistolero del Oeste. La versión de este personaje (muchas veces llevado al cine) hacía hincapié, en esta ocasión, en los aspectos psicológicos del bandido, y la crítica estimó que Newman estaba memorable en su trabajo.

 

Ese mismo año volvió a obtener otro gran éxito al encarnar al joven marido de “La gata sobre el tejado de zinc” (1958), de Richard Brooks, una adaptación de la obra de Tennessee Williams en la que las frustraciones y angustias del personaje y su relación matrimonial y familiar ofrecieron un excelente espacio para que Newman ofreciera un despliegue de toda su capacidad dramática a muy alto nivel. Volvió a acertar de nuevo con su interpretación en “La ciudad frente a mí” (1959), de Vincent Sherman, esta vez como joven estudiante que se abría paso en el mundo de la abogacía y que mantenía diferentes relaciones amorosas. Fue una de las cintas que comenzaron a darle mayor popularidad fuera de Estados Unidos.

 

A comienzos de los sesenta colaboró en dos películas que, por diferentes causas, tuvieron una excelente acogida. Una fue “Éxodo” (1960), de Otto Preminger, versión cinematográfica de la voluminosa novela que el especialista en best-sellers Leon Uris escribió sobre la formación del estado de Israel. Concebida como una película de gran espectáculo, Preminger consiguió introducir algunos momentos de excelente cine. Newman encarnó a Ari Ben Canaan, el agente judío que transportaba a los emigrantes hasta Israel y participaba allí en la lucha contra ingleses y árabes.

 


La cinta, por la importante producción que le rodeaba, venía a indicar que Paul Newman había alcanzado el estatus de gran estrella, aunque nunca habría estado muy de acuerdo con tal etiqueta, dado que siempre mostraba reticencias con la consideración excesivamente comercial que los grandes estudios daban a sus productos. Sin embargo, su militancia en posturas políticas de corte radical, dentro del concepto que en Estados Unidos se da a esta palabra, no impidió que Newman se integrase, cuando hizo falta, en las celebraciones y entregas de premios de la Academia sin ningún problema.

 

Su otro importante trabajo de inicios de la década fue “El buscavidas” (1961), de Robert Rossen, un film duro y sin concesiones sobre la vida de un jugador profesional de billar que lucha por abrirse paso en un mundo lleno de trampas, en medio de organizaciones mafiosas y violentas. Cuando el actor estuvo plenamente situado, sus siguientes trabajos estuvieron por debajo de lo que se podía esperar de él. Algunos de sus fracasos no sólo le competían como actor, sino también como productor. Tal vez por ello comenzó su actividad como director, que empezó a finales de los sesenta y llegó hasta 1987.

 


En esta faceta realizó cinco películas, algunas de las cuales mostraban el deseo de hacer un cine "diferente", donde las ideas y la tipología de los personajes dominaban sobre la acción y la anécdota. En alguna de ellas el protagonismo femenino correspondía a su esposa Joanne Woodward. En este sentido se deben mencionar “Rachel, Rachel” (1968) y “El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas” (1972). Aunque sus trabajos como director solían ser acogidos respetuosamente, distaban de la imagen que transmitía en la pantalla y de la idea -a veces incorrecta- que el público se había formado de él. Por lo tanto no podía hablarse de que fueran un éxito, lo que no le impidió seguir como director en nuevas ocasiones.

 


A lo largo de los sesenta y en su faceta de actor, trabajó con directores como Alfred Hitchcock (Cortina rasgada, 1966), y obtuvo un importante éxito con “Dos hombres y un destino” (1969), de George Roy Hill, en la que participó como compañero de reparto Robert Redford, cuyo trabajo obtuvo una gran acogida. Con George Roy Hill y Robert Redford volvería a trabajar en 1973 con la exitosa “El golpe”. En los años ochenta su actividad se redujo, entre otras causas, porque dejó de lado los papeles de hombre joven y buscó interpretaciones más acordes con los años que tenía. Eran obras en las que se mostraba como alguien más reflexivo, escéptico de la vida y con un comportamiento irónico, que no ocultaba unas buenas dosis de cinismo en el mejor sentido de esta palabra.

 


Fueron los años en que aparecía en títulos desiguales, pero a veces importantes, como “Ausencia de malicia” (1981), de Sidney Pollack, “Veredicto final” (1982), de Sidney Lumet o “El color del dinero” (1986), con Martin Scorsese en la dirección, película que se concibe como una segunda parte de “El buscavidas”, en la que Newman interpreta a un veterano jugador de billar que va guiando los pasos de una promesa, papel que interpretó Tom Cruise. Este trabajo fue especialmente importante, pues con él consiguió el Oscar de la Academia, para el que había sido propuesto hasta seis veces. En 1994 recibiría otro Oscar honorífico por el conjunto de su carrera y por ser uno de los actores con más títulos a sus espaldas.

 

Sus últimos trabajos lo mostraban como una vieja gloria para la que el tiempo no había pasado en balde, pero seguía conservando la prestancia y la consideración de uno de los actores más importantes de la segunda mitad del siglo XX. De gran atractivo, Newman supo ir más allá de ser una simple "cara bonita" para demostrar profesionalidad, interés y preocupación por la forma de interpretar y analizar los entresijos de sus personajes; siempre estimó que el cine es más que puro entretenimiento.

 

Sus actuaciones casi siempre tuvieron el tinte del compromiso, y aunque la diversidad fuese algo lógico en alguien de actividad tan extensa como él, siempre brilló en tipos conflictivos, incómodos en una sociedad que no les gusta aunque no tengan más remedio que vivir en ella y adaptarse a un entorno que consideran muy discutible. Fue, sin duda, uno de los precursores del concepto de anti-estrella y así lo demostró en 2002, cuando, a punto de cumplir los 78 años, regresó a los escenarios de Broadway, después de casi cuatro décadas de ausencia, con una nueva adaptación del clásico de Thornton Wilder, “Our Town”.

 

Gran aficionado a los automóviles, participó en carreras profesionales. Creó diversos tipos de negocios en los que, con la cobertura de su popularidad, procuraba en ocasiones que parte de las ganancias revirtiesen sobre colectivos necesitados; también desempeñó cargos en las Naciones Unidas, aunque por poco tiempo. Su vida sentimental fue discreta para lo que es habitual en Hollywood: su matrimonio con la actriz Joanne Woodward constituía un ejemplo de estabilidad.

 

Con medio siglo de carrera a sus espaldas y 57 películas en su filmografía, Newman anunció en 2003 su retirada. Sin duda, su dilatada trayectoria lo ha convertido en una de las leyendas del cine de Estados Unidos, en el mismo estilo que los actores más famosos de épocas anteriores. Inteligente y de un excepcional atractivo físico, durante muchos años su sólo nombre bastó para llevar gente al cine. Algunos de sus trabajos se encuentran entre los más importantes del medio realizados a partir de los años cincuenta.

 


Filmografía esencial.

 

·        2002: Camino a la perdición.

·        1999: Dónde esté el dinero; Message in a Bottle.

·        1998: Twilight.

·        1994: El gran salto; Nobody's Fool.

·        1990: Mr. & Mrs. Bridge; Fat Man and Little Boy.

·        1989: El escándalo Blaze.

·        1986: El color del dinero.

·        1984: Harry e hijo.

·        1982: Veredicto final.

·        1981: Ausencia de malicia; Fort Apache The Bronx.

·        1980: El día del fin del mundo.

·        1979: Quinteto.

·        1977: El Castañazo.

·        1976: Buffalo Bill y los indios; La última locura.

·        1975: Con el agua al cuello.

·        1974: El coloso en llamas.

·        1973: El golpe; El hombre de MacKintosh.

·        1972: El juez de la horca; Los indeseables.

·        1971: Casta invencible.

·        1970: Un hombre de hoy.

·        1969: Dos hombres y un destino; 500 millas.

·        1968: Comando secreto.

·        1967: La leyenda del indomable; Un hombre.

·        1966: Cortina rasgada; Harper, investigador privado.

·        1965: Lady L.

·        1964: Cuatro confesiones; Ella y sus maridos.

·        1963: El premio; Samantha; Hud.

·        1962: Cuando se tienen veinte años; Dulce pájaro de juventud.

·        1961: Un día volveré; El buscavidas.

·        1960: Éxodo; Desde la terraza.

·        1959: La ciudad frente a mí.

·        1958: Un marido en apuros; La gata sobre el tejado de zinc; El zurdo; El largo y cálido verano.

·        1957: Mujeres culpables; Para ella un solo hombre.

·        1956: Traidor a su patria; Marcado por el odio.

·        1954: El cáliz de plata.

 


Os dejamos con la famosa secuencia de Paul Newman comiendo huevos en “La leyenda del indomable” (Stuart Rosenberg, 1967). Newman brilló con la interpretación de Luke, un prisionero de la penitenciaría de Florida. Echémosle un vistazo una vez más…