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miércoles, 3 de enero de 2024

Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940)



Título original: Rebecca. Dirección: Alfred Hitchcock. País: USA. Año: 1940. Duración: 140 min. Género: Suspense, Drama.

Guión: Robert E. Sherwood, Joan Harrison (basado en una novela de Daphne Du Maurier). Fotografía: George Barnes. Música: Franz Waxman. Ayudante de dirección: Edmond Bernoudy. Montaje: Hal C. Kern. Dirección artística: Lyle Wheeler. Sonido: Jack Noyes. Vestuario: Fernanda Gattinoni. Efectos especiales: Jack Cosgrove. Producción: Selznick International Pictures.

Oscar 1940 a la Mejor Película y Mejor Fotografía.

Fecha del estreno: 10 Diciembre 1942 (España)

 

Reparto: Laurence Olivier (Maxim de Winter), Joan Fontaine (2ª señora de Winter), George Sanders (Jack Favell), Judith Anderson (señora Danvers), Gladys Cooper (Beatrice Lacy), Nigel Bruce (Giles Lacy), Reginald Denny (Frank Crawley), C. Aubrey Smith (coronel Julyan), Melville Cooper (médico forense), Florence Bates (señora Van Hopper), Leonard Carey (Ben), Leo G. Carroll (doctor Baker), Edward Fielding (Frith), Lumsden Hare (señor Tabbs), Forrester Harvey (Chalcroft), Philip Winter (Robert).

 

Sinopsis:

Al poco tiempo de perder a su esposa Rebecca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, residencia habitual de Maxim. La nueva señora De Winter se da cuenta muy pronto de que todo allí está impregnado del recuerdo de Rebeca.   

 

Comentarios:

'Rebecca' es la primera película estadunidense del director inglés, que sucumbió a la llamada yanqui gracias a la mano de David O. Selznick, uno de los productores más famosos de Hollywood, y que por aquel entonces acababa de obtener un estruendoso éxito con una película titulada 'Lo que el viento se llevó' ('Gone With the Wind', Victor Fleming, 1939). El productor intentaba repetir la operación con esta adaptación de la novela de Daphne Du Maurier a quien Hitchcock ya había adaptado en su anterior film 'La posada de Jamaica' ('Jamaica Inn', 1939), última película filmada en suelo inglés. Lo cierto es que Selznick había contratado a Hitchcock para que realizase una versión sobre el hundimiento del Titanic, cambiando el proyecto por el que nos ocupa.

El realizador ya había intentado hacerse con los derechos de la novela con anterioridad, pero no puedo obtenerlos porque resultaban demasiado caros para su bolsillo. Sin embargo, con Selznick ayudándole la cosa fue coser y cantar, al menos en cuanto a los derechos se refiere, porque en el rodaje los enfrentamientos entre ambos fueron sonados. Selznick había contratado a Hitchcock para diez películas, de las cuales el director británico sólo terminó realizando cuatro. Enfrentamientos que influyeron en algunas decisiones de forma, pero que afortunadamente no afectaron a una obra que sigue incólume al paso del tiempo, y eso que el propio Hitchcock decía sobre ella que "no era una película del estilo Hitchcock". Una aseveración con la que muchos no estamos de acuerdo.

Hitchcock comienza la película con un travelling que se acerca hacia una maqueta, algo que ya era marca de la casa. Con la voz en off de Joan Fontaine y el travelling que hace avanzar la cámara llegamos a una visión general de la mansión de Manderley, enigmática y fascinante toda ella. La mansión está abandonada y la voz nos recuerda cuándo empezó todo, el inicio de una historia que dependerá siempre de otra historia, la de Rebeca, a la que nunca llegaremos a ver. Algo así como el inicio de un cuento de hadas, algo que el director siempre consideró debido a que es una película de época, y como él decía, muy británica aunque escrita desde una mentalidad muy estadounidense y más abierta. Una historia de tintes góticos en la que la protagonista del relato, de la que nunca llegamos a saber el nombre, está continuamente influenciada por la existencia pasada de la señora De Winter, título que ha heredado hace poco debido a su boda con Maxim (Laurence Olivier).

Pocas películas hablan de un personaje que no aparece en las mismas con tanta pasión como la presente —en el cine moderno me viene a la mente 'Sin perdón' ('Unforgiven', Clint Eastwood, 1992), en la que el personaje de Claudia, ya fallecido y jamás aparece en el film, aún influye sobre uno vivo de tal forma que notamos su presencia—. Sobre Rebeca sólo sabremos a través de las bocas de los distintos personajes que pululan por el relato, y juntando todo lo que dicen puede hacerse un retrato de la misma, tal vez algo difuso, pero sin duda omnipresente en las vidas de casi todos. Una presencia e influencia que pesa sobre la nueva señora De Winter, a la que da vida una espléndida Joan Fontaine, a quien no soportaba Olivier sólo porque había recomendado a su pareja por aquel entonces, Vivien Leigh, para el papel y fue rechazada. El cualquier caso la historia de amor es lo de menos, lo que cuenta es el juego psicológico que se establece en todas y cada una de las situaciones que la película va desplegando según avanza, y en el que una muerta parece estar viva.

 

Fontaine llena la pantalla como la nueva y pusilánime esposa de Maxim, tanto que la compadecemos en su nueva vida, totalmente alejada de la sencillez que caracterizaba su existencia. La actriz le infiere al personaje ese aire de inocencia que raya la sumisión —atención al detalle de la figura rota, cuyos trozos esconde en un cajón del escritorio— enfrentada directamente al personaje más fascinante de la función: el ama de llaves. La señorita Danvers —recalco lo de señorita, pues tal vez nunca ha conocido hombre— está interpretada por una más que inmensa Judith Anderson, que fue tan convincente en su personaje que la actriz quedó marcada por ello hasta el punto de que a partir de ahí le ofrecían mayormente papeles en la misma línea. Si Fontaine divide su papel entre la sumisión y el fuerte carácter, que sólo emerge en determinados momentos y ya cerca del final, Anderson no se queda atrás con su fascinante personaje que parece enamorado de Rebecca. Notemos cómo Hitchcock filma dicho personaje; nunca le vemos caminar, sus apariciones siempre son de repente, cual fantasma cuya presencia perturbará a la nueva señora De Winter hasta límites insospechados.

 

'Rebecca' contiene algunos de sus momentos más poderosos en ese enfrentamiento entre féminas con el recuerdo de Rebecca como pesada losa a sus espaldas, y también se perfila como imposible historia de amor entre Maxim y la nueva señora De Winter, cuya relación parece un mero reflejo de lo que debió ser convivir con Rebeca, mujer a la que Maxim admira tanto como desprecia. Sólo admitimos el final de Manderlay, que termina sus días con un espectacular incendio con la señorita Danvers como principal víctima, como el final de Rebeca y su recuerdo. El resto es un deslumbrante juego de apariencias, algo que a Hitchcock se le daba muy bien —capaz de suplir fallos tan gordos como el supuesto cadáver de la mujer que Maxim reconoce como su esposa muerta—, puesto que le encantaba la mentira del cine, convirtiéndose en un gran mentiroso, el mejor. 'Rebeca' ganó dos Oscars, mejor película —el de mejor director se lo "robó" John Ford, y creo que no debemos protestar—, y el de mejor fotografía, para George Barnes, cuyo trabajo acerca el film al Film Noir y al fantastique. Baste la secuencia de Fontaine y Anderson en el dormitorio de Rebeca para unir ambos géneros.

Hitchcok consiguió un gran éxito y su siguiente trabajo sería una emocionate historia de espías que dejaría a un lado la sordidez que 'Rebecca' esconde muy inteligentemente en muchas de sus imágenes. (Alberto Abuín)

Recomendada.


jueves, 30 de noviembre de 2023

El enemigo de las rubias (Alfred Hitchcock, 1927)


Título original: The Lodger: A Story of the London Fog. Dirección: Alfred Hitchcock. País: Reino Unido. Año: 1927. Duración: 92 min. Género: Thriller, Suspense, Cine Mudo.

Guión: Alfred Hitchcock, Eliot Stannard (basado en la novella de Belloc-Lowndes). Fotografía: Gaetano di Ventimiglia. Montaje: Ivor Montagu. Producción: Michael Balcon, Carlyle Blackwell, C. M. Woolf (Gainsborough Pictures).

Fecha del estreno: 14 Febrero 1927 (Reino Unido).

 

Reparto: Ivor Novello, Marie Ault, Arthur Chesney, June, Malcolm Keen, Eve Gray, Reginald Gardiner.

 

Sinopsis:

Un asesino serial conocido como "El Vengador" está matando jóvenes rubias bajo la niebla de Londres. Al mismo tiempo, un nuevo inquilino, Jonathan Drew, llega a la casa de los Bounting y alquila un cuarto. El hombre tiene hábitos peculiares: sale por la noche en medio de la neblina y guarda una imagen de una rubia y joven muchacha. La hija de los Bounting, Daisy, es una modelo de cabello rubio y está comprometida con Joe, un detective de la policía. Daisy comienza a sentirse atraida por Jonathan, y Joe, al darse cuenta, comienza a pensar que Jonathan podría ser el asesino.

 

Comentarios:

Hitchcock a menudo afirmó que pese a no ser su debut cinematográfico, El Enemigo de las rubias era su verdadera primera obra. Y no le faltaba gran parte de razón, porque fue en su tercera película cuando un joven y por entonces desconocido Hitchcock empezó a dar indicios de genialidad. No era nada casual que el film en cuestión fuera su primera película de intriga, como si ya desde el inicio el director británico intuyera que era en ese género donde podría dar rienda suelta a sus ideas sobre el cine.

El argumento estaba basado en una obra teatral y se inspiraba en la historia de Jack el Destripador. Un peligroso psicópata está extendiendo el terror por Londres, un asesino que se apoda a sí mismo “El Vengador” y que mata a mujeres rubias. Mientras la policía intenta en vano atrapar al criminal, un misterioso hombre llega al humilde hogar de los Bunting para alojarse en una habitación alquilada. Ese inquietante desconocido, que dice llamarse Jonathan Drew, se enamorará de la hija de los Bunting, Daisy, quien está comprometida casualmente con Joe Chandler, el inspector de policía encargado de descubrir a El Vengador. Pronto empezarán a surgir sospechas de que Jonathan podría ser el asesino tras el cual anda la policía.

Resulta difícil imaginarse hoy en día hasta qué punto debió causar impresión en el público de entonces un film como éste. Por supuesto no era la primera vez que se trataba en el cine una historia sobre un psicópata, pero la forma como lo encaró Hitchcock demostraba una inteligencia y una modernidad absolutamente apabullantes. Hitchcock no da la más mínima importancia a la identidad del verdadero asesino y de hecho no lo mostró en ningún momento del film, lo cual enfureció al productor Michael Balcon hasta el punto de plantearse si debía haber apoyado la carrera de ese prometedor director. Lo que a Hitchcock realmente le interesaba era la idea del falso culpable y si esa misteriosa figura sería el asesino, un enfoque que hoy en día vemos como puramente hitchcockiano pero que por aquel entonces resultaba bastante más novedoso. La ambigüedad que le da el director al personaje de Jonathan junto a la amanerada interpretación de Ivor Novello hacen de éste un ser fascinante del que uno no sabe qué esperar exactamente.

 

 

Más que una clásica historia de caza de un asesino, El Enemigo de las Rubias es un magnífico retrato sobre las sospechas y la culpabilidad.

Si el planteamiento ya resulta por sí solo interesante y fuera de lo normal, más aún lo habría sido si el desenlace hubiera sido el previsto por Hitchcock: un final abierto en que el personaje de Jonathan desaparece entre la niebla y las sombras de Londres dejando a los espectadores con la incógnita sobre si era él El Vengador o no. Como le pasaría años después con Sospecha (1941), los productores se negaron a permitir un final que dejara en el aire la sospecha de que la estrella de la película pudiera ser un asesino.

 

 

El film se inicia con un memorable primer plano cerradísimo de una mujer gritando. A continuación le siguen una serie de planos en que se dan a conocer nuevas noticias sobre el asesino (entre los que se encuentra el primer cameo de Hitchcock sentado en unas oficinas de prensa de espaldas a la cámara) y las reacciones de diversos personajes ante ese hecho tan horroroso. Seguidamente se nos transporta al hogar de los Bunting, la luz de la casa se apaga y, al mismo tiempo que vuelve a encenderse, aparece un extraño en la puerta recién surgido de la niebla que señala el anuncio de una habitación libre. En esos pocos minutos, Hitchcock ya ha creado un clima opresivo y oscuro que domina todo el film y que aún hoy en día resulta bastante inquietante.

El director británico además se sirvió muy inteligentemente de recursos visuales muy ingeniosos y típicos del cine mudo que demostraban su imaginación e inventiva, heredados en gran parte del expresionismo alemán. Uno de ellos lo podemos encontrar cuando el inquilino se mueve inquieto de un lado a otro de su habitación, momento que se nos muestra con un contrapicado del techo del piso de abajo que de repente se desvanece para que veamos a Jonathan caminando nerviosamente en su cuarto a través de un suelo de cristal. Ya por entonces resultaba obvio que Hitchcock era un director eminentemente visual creando algunos planos de una belleza y sugestión magistrales, como la escena en que Jonathan ha huido de su casa y se refugia con Daisy bajo la luz de una farola. Los juegos con la luz de la farola y las sombras crean un ambiente visual íntimo y misterioso, mientras que el beso entre los dos amantes está filmado con delicadeza y cierto erotismo recreándose en los gestos y sus rostros.

 

 

La escena final en que una multitud persigue al inocente Jonathan es el momento cumbre del film, especialmente cuando éste queda atrapado en una verja por sus esposas, un plano de una angustia e impotencia que ya anunciaban el estilo del futuro Hitchcock y que visualmente tiene incluso ciertas reminiscencias de la crucifixión.

Afortunadamente El Enemigo de las rubias no solo fue el primer Hitchcock auténtico sino el primer éxito de su carrera. Aunque en el resto de su periodo mudo nunca volvería a igualar la calidad de este film, nos sirve hoy en día como ejemplo del potencial de Hitchcock como director de cine mudo así como una prueba de que ya por entonces estaba dejando entrever ese estilo personal tan inconfundible que le haría famoso. (Guillermo Triguero)

Recomendada.