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sábado, 29 de abril de 2023

La mujer de Tchaikovsky (Kirill Serebrennikov, 2022)

Título original: Zhena Chaikovskogo. Dirección: Kirill Serebrennikov. País: Rusia. Año: 2022. Duración: 143 min. Género: Drama.

Guión: Kirill Serebrennikov. Música: Daniil Orlov. Fotografía: Vladislav Opelyants. Producción: Hype Film, Charade Productions, Logical Pictures, Charade Films, Bord Cadre Films, arte France Cinéma.

Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes 2022.

Fecha del estreno: 23 Abril 2023 (España)

 

Reparto: Alyona Mikhailova, Odin Lund Biron, Miron Fedorov, Nikita Elenev, Ekaterina Ermishina, Filipp Avdeev, Andrey Burkovskiy, Yuliya Aug.

 

Sinopsis:

Rusia, siglo XIX. Antonina Miliukova, joven acomodada y brillante, se casa con el compositor Piotr Chaikovski. Pero el amor que siente por él se vuelve una obsesión, y la joven se topa con un rechazo vehemente. Consumida por sus sentimientos, Antonina será capaz de soportarlo todo con tal de permanecer a su lado.

 

Comentarios:

¿Por dónde empezar la crítica de una película tan inabarcable y con tantas aristas —cinematográficas, políticas, artísticas, sociales, culturales y psicológicas— como La mujer de Tchaikovsky (el título mantiene la grafía inglesa del apellido)? ¿Qué resulta más relevante en la áspera y soberbia obra de Kiril Serébrennikov, y qué puede interesar más a los lectores, aquí seguramente divididos, aunque las categorías puedan ser acumulativas, entre los cinéfilos y los dotados de inquietudes sociopolíticas?

¿La revisión de una figura femenina al margen, pero con suma importancia en la vida y hasta en la música torturada de un mito como el del músico Piotr Ilich Chaikovski, a la que se apela desde el título de la película? ¿La revelación social de la homosexualidad de una figura artística en un periodo histórico como el de la Rusia de los zares, en el que su visibilidad resultaba imposible? ¿Los paralelismos con la Rusia actual, donde la evidente intimidación homófoba por parte de las autoridades nos entrega reiteradas noticias de detenciones y presiones en aplicación de la ley que prohíbe en el país cualquier declaración en apoyo del colectivo LGTBIQ, y que también veta toda obra cultural que muestre relaciones o preferencias sexuales no tradicionales? ¿El caso del propio Serébrennikov, dramaturgo y cineasta, disidente de la política de Vladímir Putin, en contra de la guerra en Ucrania, crítico con la Iglesia ortodoxa rusa, de la que forman parte altos cargos del Kremlin, que entre 2017 y 2019 estuvo durante año y medio en arresto domiciliario en Moscú bajo acusaciones de malversación, antes de huir del país para hoy vivir en Berlín, justo después de que se le concediera una libertad vigilada con la prohibición de salir de Rusia? ¿El hecho de que La mujer de Tchaikovsky haya sido financiada en parte por el oligarca Roman Abramóvich, figura intermedia entre Putin y Occidente? ¿O quizá la cuestión más importante en materia crítica, las enormes virtudes visuales y narrativas de una película magnífica, presentada en la sección oficial del festival de Cannes de 2022, donde el director pudo acudir por primera vez a pesar de ser su tercera selección para el certamen, ya que las dos veces anteriores estaba bajo arresto?

Pues ya lo hemos hecho: hemos empezado esta crítica por todo a la vez en todas partes. Por todo lo que sobrevuela un trabajo mayúsculo en muchos sentidos. Eso sí, quizá no apto para cualquier público, por su condición de obra narrativa al margen; por momentos, casi abstracta, con esa luz tenue a base de velas e iluminación natural, lo que le otorga una textura áspera que, unida a una puesta en escena de pesadilla, acaba conformando una película casi inmersiva. Durante dos largas, extenuantes, áridas y apasionantes dos horas y media, el espectador parece ser otro habitante de la Rusia de finales del siglo XIX, con todas sus distancias entre los palacios de los de arriba y el barro de los de abajo.

Serébrennikov presenta a Chaikovski no como el protagonista sino como el rol secundario que mueve todas las acciones principales. En la primera parte del relato, como un ser casi asexuado, agrio, distante y enfermizo. Más tarde, como un manipulador y engreído, auspiciado y resguardado por una corte de hombres a su servicio, y al que nunca muestra ejerciendo su arte. La verdadera protagonista no se hace mucho más simpática: Antonina Miliukova, con una fabulosa interpretación de Aliona Mijailova, parece una enamorada doliente, pero termina siendo una obstinada demente que se mueve entre unos deseos imposibles y una enfermiza pasión por el estatus social y cultural. Más asuntos que sumar, en este caso el de unos personajes insufribles, a la valentía de un director que retrata un país hundido en lo económico, lo físico y lo moral, que en nada se parece al mostrado por el inglés Ken Russell en la volcánica La pasión de vivir (1979), sobre los mismos personajes, con Richard Chamberlain como Chaikovski y Glenda Jackson como Miliukova.

Un San Petersburgo sucio, inhóspito y paupérrimo preside una obra inspirada en el espíritu de Fedor Dostoievski y de sus personajes moralmente derruidos, y en el realismo crítico de la pintura de los llamados Ambulantes, encabezados por Iliá Repin. Y una película sórdida y osada que aún se atreve, en su última secuencia, con una performance queer de discutible engarce estilístico, pero de emoción desbordante. (Javier Ocaña)

 Recomendada.




miércoles, 8 de septiembre de 2021

Queridos camaradas (Andrei Konchalovsky, 2020)

 

Título original: Dorogie tovarishchi! (Dear Comrades!). Dirección: Andrei Konchalovsky. País: Rusia. Año: 2020. Duración: 120 min. Género: Drama.  

Guión: Elena Kiseleva, Andrei Konchalovsky. Fotografía: Andrey Naidenov (B&W). Montaje: Sergei Taraskin, Karolina Maciejewska. Sonido: Polina Volynkina. Producción: Alisher Usmanov, Andrei Konchalovsky.

Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia 2020. Hugo de Plata al Mejor Director en el Festival de Chicago 2020. Sección Oficial en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2020. Nominada a Mejor Película en habla no inglesa en los Premios BAFTA 2020.

Fecha del estreno: 9 Julio 2021 (España)

 

Reparto: Yuliya Vysotskaya, Vladislav Komarov, Alexander Maskelyne, Andrei Gusev, Yulia Burova, Sergei Erlish.

 

Sinopsis:

Novocherkask, Unión Soviética, 1962. Lyudmila es miembro del partido comunista local. Ella defiende los ideales del régimen comunista y desprecia todo tipo de disidencia. Durante una huelga laboral en una fábrica de motores, ve cómo el ejército mandado por el Gobierno dispara a los protestantes y comete una masacre. Ese suceso cambiará su visión de las cosas. Con la ciudad destruida y agitada por las revueltas, hay mucha gente herida y desaparecida. Una de las desaparecidas es la hija de Lyudmila, lo que la obligará a buscarla entre el caos.

 

Comentarios:

El octogenario ruso Andréi Konchalovski, seis décadas ejerciendo de voz de la conciencia sobre algunos de los grandes acontecimientos políticos y sociales de su pueblo a lo largo del siglo XX, en películas tan importantes como La historia de Asia Klachina, que amó pero no quiso casarse, prohibida durante 22 años en su país; El primer maestro, la monumental Siberiada y la reciente Paraíso, sigue en la brecha con la notable Queridos camaradas, premio especial del jurado en el pasado festival de Venecia, que se adentra en uno de los episodios más terribles de la era del deshielo con Nikita Jruschov al mando: la masacre de Novocherkassk, infligida por el ejército soviético y francotiradores de la KGB en los primeros días de junio de 1962 contra una multitud de huelguistas y simpatizantes pacíficos de una fábrica de motores en la pequeña ciudad cercana a Róstov, durante una de sus protestas tras una crisis alimentaria. Entre 70 y 80 personas pudieron ser asesinadas, según el estudio de Aleksandr Solzhenitsin en Archipiélago gulag.

En un gélido blanco y negro muy poco contrastado, y con un formato compresor de pantalla en 1.33:1, Konchalovski se aplica en mostrar las contradicciones generales del comunismo dentro de las incoherencias personales de la mujer protagonista: directora del comité del partido en la ciudad, además de trabajadora de la fábrica, que busca durante la segunda mitad del relato a su hija, posiblemente muerta, tras haber alentado ella misma a las autoridades a que se “ejecutara” a los activistas para acabar con su vaguería y su alcoholismo. Así, mientras suben los precios de la comida y las raciones de los productos básicos autoimpuestas por el gobierno no llegan para todos en el pueblo, la corrupción de los mandos y los chanchullos de los burócratas permiten a una cierta élite vivir casi como burgueses. Una dicotomía global e individual que mueve una película formalista y a la vez cruda, marcada por la ambigüedad moral y política en ese instante en que los ideales chocan con la práctica emocional, sentimental y personal.

“No se puede criticar. Las paredes oyen”, se dice en una línea de guion, antes de que desde arriba se imponga el secreto tras la masacre: desaparición de cuerpos, imposición del silencio a médicos y enfermeras, control de las correspondencias y del teléfono, acusada limpieza de la plaza donde se produjo el tiroteo por culpa de la sangre de los muertos y heridos adherida al asfalto. “No se atreverán a disparar contra su pueblo” decían las jóvenes generaciones. No conocían los mecanismos de las dictaduras, sean del signo que sean. Y el viejo sabio Konchalovski está aún aquí para mostrar la paradoja de ciertos salvadores del pueblo obrero. (Javier Ocaña)

Recomendada.