jueves, 27 de agosto de 2015

Misión imposible: Nación secreta, de Christopher McQuarrie



Título original: Mission: Impossible – Rogue nation. Dirección: Christopher McQuarrie. País: USA. Año: 2015. Duración: 131 min.  Género: Acción, thriller. Guión: Drew Pearce y Will Staples. Producción: David Ellison, J. J. Abrams, Tom Cruise. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: Eddie Hamilton. Música: Joe Kraemer. Estreno en España: 7 Agosto 2015.
Intérpretes: Tom Cruise (Ethan Hunt), Simon Pegg (Benji Dunn), Jeremy Renner (William Brandt), Ving Rhames (Luther Stickell), Alec Baldwin (Alan Hunley), Rebecca Ferguson (Ilsa), Sean Harris (Solomon Lane), Simón McBurney (Atle), Jingchu Zhang (Lauren).

Sinopsis:
Con el FMI desmantelado, y Ethan (Tom Cruise) abandonado a su suerte, el equipo ahora se enfrenta a una red de agentes especiales sumamente preparados, el Sindicato. Estos agentes tan bien entrenados están decididos a crear un nuevo orden mundial mediante una serie de ataques terroristas. Ethan reúne a su equipo y une sus fuerzas con la repudiada agente británica Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), quien puede que sea miembro de esa nación secreta, o puede que no, mientras el grupo se enfrenta a su misión más imposible hasta la fecha.
 
Cruise pilotando una moto en "Misión imposible: Nación secreta"
Comentarios:
Estrenada a finales de julio en EE.UU., nos llega con una semana de retraso a España la quinta película de la serie Misión Imposible, un estupendo entretenimiento para fieles al cine de acción.
Lo que parecía imposible, se ha convertido en toda una misión cumplida, conseguir que la crítica hable bien de esta secuela. Todo un éxito para Cruise.
Veamos… Seamos sinceros, la mayoría de las sagas pierden su brillo al segundo envite. Sus guionistas se dejan ir ante el triunfo de la primera, los directores olvidan su empuje pensando que casi todo está hecho, que su aportación personal va a ser nimia y, con esa desidia inconsciente, arrastran a los actores. Al final, a la tercera entrega la saga ha medio muerto de inanición.
Por ejemplo, según el crítico José Manuel Cuellar, esto no le sucede a Misión imposible 5. Se dice de Tom Cruise, productor y alma del proyecto, que es un actor plano (algo que podría discutirse hasta cierto punto), y que trabaja cien horas para conseguir un plano que Day Lewis o De Niro harían en dos segundos. Talento ante voluntad. Pero una cosa es segura: Cruise va a trabajar esas cien horas, llueva, nieve o se caiga el mundo. Ese continuo quehacer, esforzado y voluntarioso al máximo, es algo que acaba teniendo su reflejo en el remake de la serie que marcó la televisión en los años sesenta.
Esa es la razón por la que esta quinta entrega, según la crítica norteamericana, pasa por ser la mejor de todas. Uno no diría tanto, pero sí se nota que el director-guionista elegido por Cruise (Christopher McQuarrie, un tipo de confianza que ya estuvo con él en Jack Reacher y Al filo del mañana) ha dado vueltas y vueltas de tuerca para que la intensidad no bajara de revoluciones (de hecho, la escena del Parlamento inglés es fantástica, llena de curvas y toboganes, de ida y vueltas, de tácticas y contratácticas. En suma, un primor).
Junto con ese guión cuidado con esmero, trabajado a pico y pala, con el mono de trabajo puesto día a día, Cruise y McQuarrie han elaborado un casting también de confianza, apuntalado por dos piezas encajadas con precisión en el rompecabezas que siempre es este sutil juego de villanos y paladines: Rebecca Ferguson, con buena química con el héroe, y Sean Harris, un malísimo temible al que han rebajado su ya de por sí ausente barbilla para darle un aspecto algo más que terrorífico.
El resto ya lo saben: adrenalina suelta del minuto uno al ciento treinta, hazañas imposibles (pero totalmente imposibles), deudoras de James Bond, y persecuciones de motos, coches y a peatón puro y duro, sin olvidarse de duras peleas, y cientos de golpes, caídas, puñetazos y porrazos. 
Disfruten de las aventuras Ethan Hunt en este caluroso verano. Por cierto, ya está apalabrada la sexta entrega, pero para eso, habrá que esperar un poco.


martes, 25 de agosto de 2015

Recordando a Robin Williams un año después de su muerte



Robin Williams fue adorado en vida y añorado tras su muerte. Y cuando se cumple el primer aniversario de su fallecimiento, su recuerdo sigue más vivo que nunca, como queda de manifiesto en las renovadas muestras de cariño vertidas en las redes sociales por quienes le conocieron o a los llegó con sus trabajos, desde la serie Mork & Mindy, su genio en Aladdin, o el Oscar conseguido con El indomable Will Hunting. Todas ellas coinciden en lo mismo, la sorpresa de una muerte inesperada cuando el intérprete se suicidó en su casa de Tiburón (California, EE UU) a los 63 años, y el asombro de que haya pasado ya un año. Doce meses que han convertido el banco de los jardines públicos de Boston (EE UU) utilizado en El indomable Will Hunting en lugar de peregrinación y ofrenda floral, un altar para quienes echan a faltar el humor de un cómico atormentado por demonios como la depresión y el alcoholismo y que acabó con su vida tras ser diagnosticado con Parkinson. San Francisco, la ciudad en la que vivió y amó, también le ha dedicado uno de sus lugares más icónicos, el túnel Waldo o arco iris como popularmente se conoce la entrada desde Marin County, el condado donde residía Williams y que ahora lleva el nombre del actor.

Good Morning, Vietnam
El increíble Will Hunting
Rocío Ayuso, desde Los Ángeles, no sigue contando que las peleas familiares por su herencia que siguieron su muerte ha dejado paso a un legado cinematográfico con el estreno de sus últimos trabajos. Entre ellos el drama independiente Boulevard donde interpreta a un hombre que hace las paces con su identidad sexual. Y el hombre de las mil voces todavía tiene pendiente de estreno el filme Absolutamente cualquier cosa dirigido por el ex Monty Python Terry Jones donde Williams hace hablar a un perro. También está presente en la Red la indignación con la que han sido recibidas las noticias de dos futuros remakes de obras de Williams. Entre ellas la película Jumanji, que llegará a las pantallas con otros actores el año que viene, y el deseo de los estudios Disney de realizar en imagen real los orígenes del genio de Aladdin en la película Genies.

El club de los poetas muertos
Pero lo que más habla de la muerte de Robin Williams es el silencio de sus hijos. Como reconoció el mayor de los tres, Zak, 32 años, tanto él como sus hermanos Zelda, 25, y Cody, 23 años, quieren recordar a su padre de la mejor manera en un proceso todavía doloroso. De ahí que Zelda se haya desconectado estos días de las redes sociales. "Son momentos en los que es mejor que me mantenga al margen de las opiniones o los sentimientos de otros y aprecio la comprensión", indicó su hija hace dos semanas entendiendo a su vez aquellos que quieran dejar mensajes para un hombre que ella puede llamar "papá". Sólo pidió respeto "en un tiempo en el que la bondad escasea" temerosa de los comentarios que puedan dejar los troleros en red y que ella no podrá borrar estos días. No se tendrá que preocupar por las palabras de Sarah Michelle Gellar, compañera de Williams en su última serie, The Crazy Ones, cuando recordó un texto del escritor Ralph Waldo Emmerson que describe el éxito por la capacidad de reír “mucho y a menudo”, ganarse el respeto de la gente inteligente y el cariño de sus hijos. "Tú triunfaste RW", resume la actriz.
 
Sra. Doubtfire

domingo, 23 de agosto de 2015

Love, de Gaspar Noé, marcada por el veto francés de los conservadores



Hace apenas un mes, el 15 de julio de 2015, se estrenaba en Francia, la película de Gaspar Noé, titulada “Love”, indicándose claramente al público que se trataba de una película “desaconsejada a los menores de 16 años”. Hasta ahí todo correcto, tal como ocurre en nuestro país, se trataba de la típica clasificación concedida por el Centro Nacional de Cine a este tipo de filmes, para su explotación comercial en las salas de estreno, con cierto contenido sexual.
Sin embargo, a los pocos días de su estreno, tal como nos indica el periodista Alex Vicente, la justicia prohibió el acceso de los menores de 18 años a las salas donde se proyectaba “Love”, un melodrama de alto contenido sexual que ha puesto en pie de guerra a los revitalizados círculos ultraconservadores del país. La asociación Promouvoir, que lucha por “la promoción de los valores judeocristianos” y “la obstaculización del incesto, la violación y la homosexualidad”, según sus estatutos, ha liderado una exitosa campaña para impedir que los menores puedan ver la película.
El Tribunal Administrativo de París ordenó el 31 de julio alterar esa clasificación y reservar la entrada a los mayores de 18 años, tras una denuncia de la asociación conservadora. La justicia argumentó que su gráfico contenido podía “herir la sensibilidad de los menores”.

Fotograma de "Love"

Gaspar Noé no tardó en reaccionar. “Nos encontramos frente a un anacronismo absoluto, que es el propio de los reaccionarios, pero también del Estado islámico. Lo chocante no es que exista, sino que Francia le dé la razón”, explicó al diario Libération. “Mi película es inofensiva, pero parece molestar. Lo que me angustia es que, a causa de este tipo de cosas, los directores o productores puedan empezar a tener miedo. Existe un riesgo de que los cineastas o los guionistas se autocensuren”, declaró el director de 51 años, nacido en Argentina e instalado en París desde los setenta. En 2002, Noé ya provocó el escándalo con “Irreversible”, que contenía una brutal escena de violación de nueve minutos.
Rodada en 3D y con actores desconocidos, “Love” está protagonizada por Murphy, estudiante de cine estadounidense residente en París, que recibe una llamada que le anuncia la desaparición de su expareja Electra, con la que compartió un devastador amour fou. El protagonista evocará entonces esa relación pasional y excesiva que terminó con una dolorosa separación. Lo hará con todo lujo de detalles, incluyendo tríos sexuales, encuentros en un club de intercambio, una escena en la que interviene un transgénero (criticada por la transfobia del protagonista) e incluso una eyaculación en primer plano.
Su elegante puesta en escena y su voluntad de romper con la representación habitual del sexo en pantalla no logran esconder, sin embargo, un argumento tirando a raquítico. Presentada en el pasado Festival de Cannes con críticas negativas, “Love” ha sido promocionada en Francia como la primera cinta de autor con escenas de sexo no simuladas.
Ni siquiera el escándalo ha llevado al público a las salas: “Love” no ha logrado seducir a más de 30.000 espectadores. Su prohibición a los menores no es solo simbólica; puede tener notables efectos económicos, como que se retire de algunos cines y descienda su coste en su emisión en televisión.
Fotograma de "Love"

Sólo un último giro podría salvar a “Love”. El ministerio de Cultura ha presentado un recurso ante el Consejo de Estado, última instancia de la jurisdicción administrativa en Francia, para revocar esa prohibición. Curiosamente, la titular de Cultura, Fleur Pellerin, se había mostrado inicialmente favorable a vetar la película a los menores e incluso exigió al Centro Nacional del Cine que reconsiderara su primera decisión “con la esperanza de obtener una clasificación más severa”, según el productor y distribuidor de la película, Vincent Maraval, que interpreta en “Love” un pequeño papel de policía libertino. Las reacciones de buena parte del sector del cine francés, que ha denunciado un ataque a la libertad de expresión, habrían forzado a la ministra a dar marcha atrás. El Consejo de Estado tiene ahora dos meses para dictar sentencia.
De momento, la asociación Promouvoir se apunta un nuevo tanto en la defensa por sus valores. La organización fue fundada en 1996 por el abogado André Bonnet, próximo al político ultraderechista Bruno Mégret. Desde entonces, ha logrado que la justicia francesa prohíba que los menores vean películas como Ken Park, Saw 3D o la segunda parte de Nymphomaniac.
“Desde hace 15 años, directores sin escrúpulos quieren reintroducir la pornografía en los circuitos para el gran público”, afirmó Bonnet en una entrevista al portal Allociné. “A menudo, este cine tiene como objetivo confeso participar en la destrucción de las estructuras sociales y familiares en nombre de un libertarismo sin límite. Y apunta justamente a los menores, como Valmont en Las amistades peligrosas, con ese vértigo que da la perversión de los más jóvenes”.
Según Le Monde, Bonnet habría participado en los recientes combates que el frente ultraconservador ha librado contra el gobierno de François Hollande. En 2013, acusó al ejecutivo de querer “eliminar la diferenciación entre géneros” en la escuela y participó en la poderosa movilización contra el matrimonio homosexual, interviniendo en una reunión en la que comparó el texto que lo legalizaba con “el ascenso del nazismo y el marxismo-leninismo”.
Así está las cosas en nuestra vecina Francia. Nosotros esperamos el estreno de “Love” en España y no sabremos si sus escándalos tendrán aquí alguna repercusión.

viernes, 21 de agosto de 2015

El mundo sigue (Fernando Fernán Gómez, 1965)



Título original: El mundo sigue. Dirección: Fernando Fernán Gómez. País: España. Año: 1965. Duración: 121 min. Género: Drama.  

Guión: Fernando Fernán Gómez (basado en la novela de Juan Antonio de Zunzunegui). Fotografía: Emilio Foriscot. Montaje: Rosa G. Salgado. Dirección artística: Manolo Mampaso. Producción: Ada Films (Tibor Reves, Juan Estelrich).

Presentada en el Festival de Berlín 2020.

Fecha del estreno: 10 Julio 1965 (España). Fecha del Reestreno: 17 Julio 2015 (España)

 

Reparto: Lina Canalejas (Eloísa), Fernando Fernán Gómez (Faustino), Gemma Cuervo (Luisita), Milagros Leal (Doña Eloísa), Agustín González (D. Andrés Fernández), Francisco Pierrá (Agapito), José Morales (Rodolfo), Fernando Guillén (Rafael “Rafa”), Pilar Bardem, Marisa Paredes.

 

Sinopsis:

Años 60. Barrio madrileño de Maravillas. Eloísa es una abnegada esposa y madre eficiente, que vive con su marido, un guardia municipal más autoritario en casa que en la calle y al que a veces se le va la mano. Su hijo es un beato que salió del seminario poco antes de convertirse en sacerdote, y que se pasa la vida estudiando y rezando para expiar los pecados de su familia. Las hijas, dos hermanas, obsesionadas cada una a su manera por la riqueza, se profesan mutuamente un profundo odio. 

 

Comentarios:

Celebramos el reestreno de esta película “maldita” del cine español, aunque sea en pleno mes estival, con calores sofocantes y demás inconvenientes. Estamos ante una auténtica obra maestra de nuestro Cine. Al parecer, 'El mundo sigue' es la tercera entrega de la trilogía formada por 'La vida por delante' (1958) y 'La vida alrededor' (1959), realizada en 1963, pero no estrenada hasta 1965 por mor de la censura. O sea una joya que cumple ahora su 50º aniversario. Otros críticos hablan de que “El mundo sigue” forma un díptico de negritud con 'El extraño viaje', la gran obra maestra de Fernán-Gómez, rodada un año después, también ésta sufrió los rigores de un tiempo negro y tuvo que esperar ocho años para el estreno.

Probablemente, mucho peor que la brutalidad de los censores sea la indiferencia del público. La furia del silencio, en según qué circunstancias, duele más que el ruido de los idiotas. Cuando Fernando Fernán-Gómez rodó 'El mundo sigue' -por las tardes, ya que por las mañanas tenía que 'trabajar', y poniendo en riesgo su escaso capital sabía que hacía cine para nadie.

La historia, a fuerza de maldita y oculta, es ya de sobra conocida. Desde el principio, el guión de 'El mundo sigue' molestó a los censores. Tuvo que reescribirse. Pero lo que no admitía reescritura posible era el compromiso del director consigo mismo. La película recibió la fatídica calificación 'C' de los guardianes de la conciencia patria, un estigma que la condenaba a la invisibilidad. El 10 de julio de 1965 el cine Buenos Aires de Bilbao estrenaba de forma clandestina 'El mundo sigue'. Y desde entonces a ahora, nada más que nada. En 'El tiempo amarillo', sus memorias, el cineasta apenas se lamenta de la suerte que corrió su película. Es como si lo dejara pasar como un accidente, otro más, de una vida, un país, un tiempo condenado a la injusticia. Él se limitó a hacer lo que debía. Como su personaje. Lo demás son excusas. Tan sencillo.

Continúa Luis Martínez comentándonos que no es cierto que la cinta no se haya visto, pero sí que cuando se ha hecho siempre ha sido con el perfume del incienso avinagrado de la capilla, del misterio. Por ello, el que ahora, 52 años más tarde, se vea a cara limpia se antoja, antes que nada, justo. Sobre la pantalla, la historia de dos hermanas (Gemma Cuervo y Lina Canalejas) sirve de excusa para retratar los pliegues más profundos de una vida hambrienta. En realidad, toda la cinta se va en cada una de las infinitas digresiones a través de sus personajes (mención especial para el papel de enfermo, avaro y ludópata que se reserva para sí el propio Fernán-Gómez). Sobre la novela de Juan Antonio Zunzunegui, el director se las arregla para confeccionar un melodrama con la virtud de lo negro. No es tanto neorrealismo, como simple sangre. Sorprende la limpieza de una narración que no duda en acercar la cámara a la más íntima tensión de la piel; siempre en el límite exacto en el que la vida se enseña sin coartadas. Cerca del cine documental; cerca del pensamiento de sus personajes (el recurso al monólogo interior sorprende); cerca de la vibración limpia de la luz de un Madrid con olor a zotal; cerca de la memoria de un tiempo que se descubre funesto a cada paso (los 'flashbacks' y los montajes en paralelo funcionan como cuchillos); cerca, decíamos, de la vida; una vida que, y aquí su radical modernidad, es, pese a la distancia, la nuestra.

Cuenta Gemma Cuervo, una de las pocas supervivientes de la película junto a Marisa Paredes y Pilar Bardem (estas dos en papeles pequeños), que siente que su carrera cinematográfica acabó precisamente con el infortunio de su película. Y por ello se siente "profundamente feliz y agradecida" de este extraño milagro de resurrección. "Pocas veces tienes la sensación de estar haciendo algo importante. Creo sinceramente que también el propio cine español quedó condenado con la censura de esta obra maestra»", dice la actriz. Y acierta.

Si se quiere, la película es un retrato desangrado de lo que la España de entonces quería ocultar. De ahí el burdo ejercicio de los censores. El país que se adivina es machista, brutal, obsceno, mediocre, ramplón, vulgar, sucio, emponzoñado, violento y muy triste. Pero sería un error creer que se trata de un cuadro del pasado; que lo que se ve no somos nosotros. Falso. Lo que hace Fernán-Gómez es clavar el objetivo de la cámara en la naturaleza más íntima de unos seres perdidos. Y ahí estamos todos, en cualquier sitio, en cualquier época. Fernán-Gómez cuenta esa historia que nadie quiere escuchar. Y lo hace porque sintió que debía hacerlo. Su cine es un grito contra todos los silencios posibles. Aunque duela. Sólo lo que duele importa.

Recomendada.