viernes, 27 de marzo de 2020

Esquilache (Josefina Molina, 1989)


Título original: Esquilache. Dirección: Josefina Molina. País: España. Año: 1989. Duración: 100 min. Género: Drama.
Joaquín Oristrell, Josefina Molina, José Sámano (Guión), José Nieto (Música), Juan Amorós (Fotografía), Pablo del Amo (Montaje), Ramiro Gómez, Javier Artiñano (Dirección artística), José Sámano (Producción).
Presentada en el Festival de Cine de Berlín 1989. Ganadora del Goya 1989 al Mejor Actor de reparto (Adolfo Marsillach) y Mejor Dirección Artística.
Estreno en España: 26 Enero 1989.

Reparto: Fernando Fernán Gómez (Marqués de Esquilache), José Luis López Vázquez (Antonio Campos), Ángela Molina (Fernanda), Ángel de Andrés (Marqués de la Ensenada), Concha Velasco (Pastora Patermo), Adolfo Marsillach (Carlos III de España), Amparo Rivelles (Isabel de Farnesio), Alberto Closas (Duque de Villasanta), Tito Valverde (Bernardo).
 
Sinopsis:
Madrid, Domingo de Ramos de 1766. Cuando el Marqués de Esquilache llega a su residencia, la Casa de las Siete Chimeneas, todavía se oyen por las calles los gritos de ¡Muera Esquilache!. Tras comprobar horrorizado los efectos del saqueo a que ha sido sometida su casa, el ministro italiano de Carlos III (1759-1788), acompañado de Fernanda se dirige al Palacio Real al tiempo que evoca sus entrevistas con el rey, los enfrentamientos con los nobles españoles, la corrupción de su esposa y, sobre todo, su relación sentimental con Fernanda.

Comentarios:
La película “Esquilache”, presentada a concurso en el Festival de Berlín de 1989 y dirigida por Josefina Molina es un filme de cuidada recreación histórica que, en una atmósfera intimista, utiliza el popular motín ocurrido en el reinado de Carlos III para plantear una reflexión histórica. Su argumento y guión, en el que han colaborado Joaquín Oristrell, José Sámano y la propia realizadora, es una versión libre de la obra de Buero Vallejo “Un soñador para un pueblo”.
Josefina Molina, contaba con 52 años cuando realizó la película. Cordobesa y madrileña de adopción desde hacía décadas, fue la primera mujer que obtuvo el título en la especialidad de dirección en la hoy desaparecida Escuela Oficial de Cine. Entre sus más recordados trabajos se encuentran la serie televisiva “Teresa de Jesús” y las películas “Vera, un cuento cruel” y “Función de noche”. Estudiante de Ciencias Políticas, antes de que el teatro iniciara su cambio de rumbo (fundó en Córdoba, en 1962, el Teatro de Ensayo Medea), su interés por la política y la historia no han desaparecido. "Creo firmemente en la frase que afirma que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla", dice Josefina Molina. El siciliano Leopoldo Gregorio, marqués de Squilacce, llamado en España Esquilache, uno de los ilustrados elevados al poder por Carlos III, que despertó muy pronto las envidias "por ser extranjero, pródigo y reformador", según opinión del historiador Gonzalo Anes, es utilizado por Josefina Molina, que ha complementado y estructurado con dinámica cinematográfica la obra de Buero Vallejo con un objetivo de reflexión ideológica.
"Para mí", afirmaba la realizadora el día de su estreno, "Esquilache es fundamentalmente el análisis de una situación política que se produjo en el siglo XVIII, susceptible de que se repita en el presente. En el filme está presente el eterno problema de nuestro país: el absurdo frente a la razón. Y también el poder despótico, la envidia y la corrupción". "No quisiera puntualizar aquí", agrega, "los paralelismos que debe encontrar el espectador entre la narración cinematográfica y nuestro presente, pues la película posee los suficientes datos para que el público pueda hacer una fácil reflexión".
Una de las obsesiones de la cineasta es el determinismo y posibilismo histórico, factores que condicionan el fin político de “Esquilache”, que será sacrificado a pesar de su amistad con el Rey. "El pueblo español es extremista, este país no es de matices, aquí todo tiene que ser a base de buenos y malos, tal vez sea una herencia que nos ha dejado el maniqueo cine americano". La combinación de acontecimientos históricos y la peripecia íntima de un personaje histórico, el marqués de Esquilache, que al final de su vida cae en la utopía y pierde el control de un pueblo al que no acaba de comprender, podría, en cierto sentido, recordar algunos planteamientos de Visconti, Rosselli y Scola, aunque la directora se manifiesta cinematográficamente influenciada por Renoir y Truffaut.
El filme apoya su reflexión histórica y su narración sentimental en una cuidada recreación, donde los actores y la plástica han merecido especial atención. "Al realizar la película", explica Josefina Molina, "hemos tenido en cuenta que la acción se situaba en un siglo (le razón, donde todo tenía armonía. Al haber podido rodar en el salón Gasparini, comprendí que a través de unas paredes decoradas, de unos dibujos, de unas sedas, se podría transmitir una serie de sensaciones muy fuertes, capaces de producir los mismos sentimientos que una música de Mozart; también hemos cuidado la fotografía, que destaca la blancura de los rostros, pues, en la época que reflejamos, los personajes se maquillaban mucho, tal vez porque tomaban muy poco el sol". "En cuanto a la música", prosigue la realizadora, "está utilizada para potenciar el suspense, colocada donde generalmente no se pone y quitada en las secuencias donde generalmente figura. Es una música moderna realizada con sintetizadores; no hemos caído en el curso de utilizar música de la época. Y, ante todo, jamás hemos olvidado que el protagonismo corresponde al enfrentamiento de Esquilache, a su crisis política, su situación angustiosa, en la que siente miedo. Era un hombre perdido en una coyuntura -histórica, lo cual no quiere decir que su trayectoria política fuese limpia, pues no se consigue llegar a ocupar un alto puesto de la política sin trepar por encima de muchas cosas". (Ángel Luis Inurria)
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