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miércoles, 27 de diciembre de 2023

La vida de los demás (Mohammad Rasoulof, 2020)

 

Título original: Sheytan vojud nadarad. Dirección: Mohammad Rasoulof. País: Irán. Año: 2020. Duración: 150 min. Género: Drama.  

Guión: Mohammad Rasoulof. Fotografía: Ashkan Ashkani. Música: Amir Molookpour. Producción: Cosmopol-Film, Europe Media Nest, Filminiran.

Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Berlín 2020. Mención Especial del Jurado de la Seminci de Valladolid 2020.

Fecha del estreno: 24 Junio 2021 (España)

 

Reparto: Ehsan Mirhosseini, Shaghayegh Shoorian, Kaveh Ahangar, Alireza Zareparast, Salar Khamseh, Darya Moghbeli, Mahtab Servati, Mohammad Valizadegan, Mohammad Seddighimehr, Jila Shahi, Baran Rasoulof, Zhila Shahi.

 

Sinopsis:

Cuatro historias sobre la fortaleza moral y la pena de muerte que cuestionan hasta qué punto la libertad individual puede expresarse en un régimen despótico.

 

Comentarios:

Hacer cine en Irán es una profesión de riesgo, como andar por el alambre o limpiar fachadas colgado de un arnés, y el director Mohammad Rasoulof, como tantos otros, hace allí sus películas entre sobresaltos, condenas, prisión y libertades condicionales. Su última película, ‘La vida de los demás’, ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín y es un frontal desafío a uno de los aspectos más despreciables del régimen despótico de Irán, la facilidad con la aplican la pena de muerte y la obligatoriedad con la que convierten en verdugos ocasionales a sus ciudadanos en prestación de militares de reemplazo.

Rasoulof organiza su mensaje crítico y moral en cuatro historias independientes, aunque con un hilo interno que las ata, el de cuatro personas que han de gestionar o ya han gestionado su ineludible compromiso de ‘darle la patada’ a la banqueta que soporta al reo con la soga al cuello.

Son relatos complejos, donde se observan más dilemas que los de la aceptación o la disidencia o las consecuencias que traen una u otra. Como buen cineasta iraní, Rasoulof, su cámara, le dedica más tiempo y ojo a que se cuele en su narración lo ordinario y rutinario que a la intriga, y cada una de sus historias tiene un resorte moral, un dispositivo sorpresa, pero para llegar a él apura la paciencia de acciones -conducir, comerse una pizza, limpiar la casa, conversar en una habitación o mirar por una ventana- que la narrativa más convencional resuelve en un pispás… Es una película ardua, escarpada, larguísima, pero también profunda, reveladora y meritoria. (Oti Rodríguez Marchante)

Recomendada.




miércoles, 20 de diciembre de 2023

El pan y la calle (Abbas Kiarostami, 1970)

 

Título original: Nan va Koutcheh. Dirección: Abbas Kiarostami. País: Irán. Año: 1970. Duración: 10 min. Género: Comedia dramática, Cortometraje.

Guión: Abbas Kiarostami, Taghi Kiarostami. Fotografía: Mehrdad Fakhimi. Sonido: Harayer. Montaje: Manuchehr Oliai. Música: Varias. Ayudante de dirección: Arapik Baghdasarian. Producción: Kanun-e Parvaresh-e Fekri Kukadan va Nuyavanan (Centro para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes).

 

Reparto: Reza Hashemi, Mehdi Shahrvanfar.

 

Sinopsis:

Un niño se dirige a su casa llevando con él una barra de pan. En un callejón por el que debe pasar se encuentra un perro que le bloquea el camino. Temeroso, el niño intenta seguir a un hombre mayor que parece llevar su misma ruta, pero inesperadamente este toma otra dirección. El niño decide entonces sortear al perro lanzándole un trozo de pan.

                      

Comentarios:

Un niño regresa a casa contento y tranquilo después comprar el pan en un día soleado en lo que bien podría ser un suburbio de Teherán. Juega dando patadas a una lata. Por el camino, aparece un perro callejero que comienza a ladrar impidiéndole el paso. El niño se asusta al encontrar al perro, aunque parece un chucho pacífico, e intenta buscar ayuda en los viandantes aunque sin éxito. Temeroso, el niño intenta seguir a un hombre mayor que parece llevar su misma ruta, pero repentinamente este toma otra dirección. Tendrá que arreglárselas para poder pasar y finalmente le lanza un trozo de pan al perro para calmarle y así poder volver a casa.

"El pan y la calle" es el primer cortometraje del director iraní Abbas Kiarostami. Se trata de un trabajo que nos remite al más primigenio estilo neorrealista. Rodado en blanco (como muchos de sus trabajos) y sin diálogos en el año 1970, al igual que hizo en su segundo cortometraje "El recreo" (1972). Con esta obra, el realizador de Teherán nos introduce directamente en su universo cinematográfico, donde observamos su búsqueda de un cine de realidades cercanas y simplistas, de una calidad grandiosa, y con la infancia y las costumbres como temas recurrentes en su filmografía.

Esta deliciosa película de Abbas Kiarostami que es poesía pura, de diez minutos de duración, fue una de las primeras producciones del Centro para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes, también llamado Kanun. El guion del cortometraje fue escrito por el hermano del director, Taghi Kiarostami, y está basado en las experiencias de su niñez.

El trabajo de sonido en "El pan y la calle" es digno de mención. La calidad de la edición de sonido es enorme. Y la música enfatiza en todo momento el elemento dramático de la narración. Escuchamos una curiosa versión instrumental de "Ob-La Di Ob-La Da" de los Beatles a cargo del saxofonista de jazz Paul Desmond que acompaña la situación mientras el niño camina alegremente. Cuando aparece el perro la música se detiene y apreciamos el sonido real de la calle, lo cual acentúa el realismo del corto pero vuelve a sonar, esta vez una música intrigante, cuando el pequeño intenta buscar ayuda para acto seguido volver de nuevo al silencio. Hay que ver cómo el maestro centra su atención en los silencios. Finalmente, cuando el protagonista consigue librarse del perro y así poder volver a casa, la música es relajante acompañando a las imágenes de un modo placentero. A medida que va avanzando la historia, Kiarostami consigue yuxtaponer el tiempo real con el tiempo de la narración. El uso de la iluminación mientras la cámara sigue al niño y cómo juega con las sombras el ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes por "El sabor de las cerezas" (1997), con la ayuda de la excelente fotografía de Mehrdad Fakhimi, es excelente teniendo en cuenta que es su primer trabajo. También destaca la cantidad de distintos planos que utiliza en unas calles muy estrechas.



En resumen, Kiarostami logra un brillante, tierno y luminoso ejercicio de técnica cinematográfica. El uso de la iluminación y el empleo del sonido destacan sobre todo en una historia muy sencilla sobre un chiquillo que llega a su casa a través de calles muy angostas donde el realizador iraní remarca algunos de los aspectos cotidianos y más amables de su país natal y nos acerca a lo que es el mundo árabe. Aquí observamos temas que serán recurrentes en su filmografía como la figura del niño como protagonista, lo cotidiano, lo tedioso, lo rural, cierto tono documental y monotonía e influencias del neorrealismo y la nouvelle vague.

El trabajo obtuvo muy buena acogida tanto entre el público como a nivel crítico. De hecho ganó el Gran Premio del Festival de Cine Infantil de Teherán en 1970 junto con otros cortometrajes de animación, precisamente también producidos por el Instituto para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes. Esto hizo que la sección cinematográfica del Centro fuera en una parte muy importante del mismo, aumentando el número de las producciones audiovisuales.

Pasará mucho tiempo antes de que logremos calibrar el gran legado de Abbas Kiarostami, la mayor figura representativa del cine iraní.

Recomendada.

VER EL CORTOMETRAJE



lunes, 18 de diciembre de 2023

Nader y Simín, una separación (Asghar Farhadi, 2011)



Título original: Jodaeiye Nader az Simin. Dirección: Asghar Farhadi. País: Irán. Año: 2011. Duración: 123 min. Género: Drama.  

Guión: Dana Idisis. Fotografía: Mahmuoud Kalari. Música: Sattar Oraki. Montaje: Hayedeh Safiyari. Diseño de producción: Keyvan Moghaddam. Producción: Asghar Farhadi.

Oscar 2011 a la Mejor Película de habla no inglesa. Globo de Oro 2011 a la Mejor Película de habla no inglesa, Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Berlín 2011. Mejor Película Extranjera en los Premios César 2011.

Fecha del estreno: 7 Octubre 2011 (España)

 

Reparto: Peyman Moaadi (Nader), Leila Hatami (Simin), Sareh Bayat (Razieh), Shahab Hosseini (Hodjat), Sarina Farhadi (Termeh)..

 

Sinopsis:

Nader  y Simin son un matrimonio iraní con una hija. Simin quiere abandonar Irán en busca de una vida mejor, pero Nader desea quedarse para cuidar a su padre, que tiene Alzheimer. Ella le pide el divorcio y se muda a vivir con sus padres. Nader no tiene más remedio que contratar a una mujer que cuide a su padre. Una negligencia de la asistenta provoca un conflicto de grandes dimensiones..

 

Comentarios: 

Asghar Farhadi hace cine puro, del bueno; ese tipo de cine que te permite disfrutar de una experiencia única porque te sientes capaz de colocarte dentro del mundo de ficción que te ofrecen durante unos minutos. Nader y Simin, una separación es el ejemplo claro.

Aunque a algunos les parezca imposible, el cine iraní es extraordinario y, afortunadamente, se ha convertido en una herramienta con la que nos podemos acercar a una cultura, a un tipo de vida, que creemos muy lejana cuando, en realidad, es muy parecida a la nuestra. Farhadi es uno de los mejores realizadores iraníes y el que muestra su país con mayor naturalidad y detalle.

Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin (A separation), 2011) es una película que habla sobre lo cotidiano, sobre cómo la vida puede cambiar con un gesto o una palabra, sobre los prejuicios, los estereotipos y la falta de comunicación en las sociedades actuales de todo el mundo. Porque, lo cierto es que puede cambiar el continente y quedar intacto el contenido. Y, por ello, una sociedad retratada sin dejar de trazar los contornos de los miedos, los lastres, las frustraciones o los complejos, retrata a las demás. Aquí encontramos una de las grandezas del cine de Asghar Farhadi: es universal. Ya lo dejó claro con A propósito de Elly y repitió con esta película.

Nader y Simin, una separación nos cuenta como es Teherán; una ciudad normal y corriente en la que suceden cosas normales y corrientes. Y utiliza un vehículo narrativo muy original que es el proceso de separación de los protagonistas dando forma de juicio a ese camino tan enrevesado y, de paso, a la película en su totalidad. El padre de él sufre alzheimer. Ella quiere salir de Irán en busca de una nueva vida. Él no quiere abandonar al anciano. Y ella deja la casa para regresar a la de sus padres buscando la reacción de su marido. Él contrata a una mujer ultrarreligiosa para cuidar del anciano y, así, poder seguir trabajando a diario. Y ocurre algo que cambia a todos de forma radical.

Todo ello se narra con una economía de medios absoluta. Tanto económicos como técnicos. Una economía que abarca, por supuesto, los materiales narrativos. La cámara parece no existir, la naturalidad con que ocurren las cosas es inmensa, los encuadres precisos, los diálogos van de lo inquietante a lo sorprendente, la tensión narrativa es la misma de principio a fin y muy alta. Las interpretaciones de Peyman Moaadi (Nader) y Leila Hatami (Simin) son maravillosas. Sareh Bayat (Razieh) lo mismo.

Y, mientras, la cinta avanza sin obligarnos a juzgar (porque la cámara tampoco lo busca), descubrimos que en el universo de Nader y Simin se elige entre el padre y la madre, entre el corazón y la razón (el corazón de él y la razón de ella); descubrimos una clase social acomodada y flexible con los aspectos religiosos y otra pobre atenazada por las cosas de Dios. Nos colocan delante de una disyuntiva: Irán sí o Irán no. El punto de vista cambia con rapidez y las elipsis se ordenan con maestría ayudando a entender a un espectador que no juzga lo que ve sino que lo comprende. En realidad, nos cuentan desde el proceso de separación lo que representa la separación en el seno de las sociedades.

La fotografía es espléndida y la firma Madmoud Kalari. Busca en todo momento la naturalidad, la luz neutra y el retrato de unos personajes de los que llegamos a conocer hasta el más mínimo detalle. Nader y Simin, una separación es una magnífica película, una ventana desde la que se puede ver la naturalidad de otra cultura, un enorme juicio en el que se mantiene una distancia adecuada, en él se puede observar (a través de una gigantesca lupa) la tradición y la modernidad. Por tanto, es una película más que necesaria. (Gabriel Ramírez)

Recomendada.



domingo, 10 de diciembre de 2023

Nahid (Ida Panahandeh, 2015)

 

Título original: Nahid. Dirección: Ida Panahandeh. País: Irán. Año: 2015. Duración: 126 min. Género: Drama.

Guión: Ida Panahandeh, Arsalan Amiri. Música: Majid Pousti. Fotografía: Morteza Gheidi. Producción: Documentary & Experimental Film Center.

Sección “Una cierta mirada” del Festival de Cine de Cannes 2015. Sección Oficial del Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 2015).

Fecha del estreno: 16 Mayo 2015 (España).

 

Reparto: Sareh Bayat, Pejman Bazeghi, Navid Mohammad.

 

Sinopsis:

Nahid es una joven divorciada que vive sola con su hijo de diez años en una ciudad del norte de Irán junto al Mar Caspio. Conforme a las normas que rigen la sociedad iraní, la custodia de un hijo le corresponde al padre, aunque en este caso su exmarido se la ha cedido a condición de que no se vuelva a casar. La relación entre Nahid y otro hombre que la ama apasionadamente y desea casarse con ella complicará su situación como mujer y como madre.

 

Comentarios: 

Bajo unos cielos encapotados que podría haber invocado Nuri Bilge Ceylan, Nahid, una madre iraní recién divorciada de su esposo toxicómano y que libra una incesante batalla por la supervivencia y por la custodia de su hijo, encuentra a orillas de una playa, videovigilada y desapacible, el frágil territorio para construir una nueva relación. Nada será fácil: las presiones sociales, familiares y económicas, las derivas de un hijo en quien quizá anide la potencialidad de los pecados del padre, y las diferencias de clase con su nuevo amante sumarán obstáculos en este relato que, sin estridencias, desvela, a través de un viacrucis cotidiano y concreto, la claustrofobia existencial de ser mujer bajo el régimen iraní y su herencia cultural sustentada sobre el poder del patriarcado.

La claridad, la contundencia y la eficacia narrativa de la propuesta de la debutante Ida Panahandeh remiten a otro reciente logro del cine iraní que, a través de un asunto particular, lograba ofrecer un ambicioso corte en sección de la sociedad del país: Nader y Simin, una separación, de Asghar Farhadi, en cuyo reparto también participó la espléndida Sareh Bayat, que aquí ocupa el centro del discurso, encarnando a una figura que no busca suscitar la compasión del espectador y que incurre, a menudo, en decisiones controvertidas por puro imperativo superviviente. Una sociedad opaca no parece el mejor territorio para la transparencia individual. Nahid también mantiene cierta cercanía con la española Techo y comida, pero sus maneras son bastante más sofisticadas y suponen una imaginativa apropiación de esa tendencia reflexiva del neorrealismo iraní de última generación que parece pensar a fondo cada uno de sus encuadres, considerar qué es lo que se deja fuera de cuadro. Fuera del relato, incluso.

En Nahid hay un radical manejo de las elipsis que la cineasta maneja con precisión y, también, una encomiable capacidad para representar escenas lacerantes sin caer en ninguna tentación melodramática: la secuencia de la agresión al padre en los lavabos de un campo de futbol, como represalia por una deuda de juego, resulta modélica en cuestiones de ética de la representación. Que la cineasta sepa, más tarde, reformularla como premonición de una situación pareja vivida por el hijo, revela su buen sentido de la construcción narrativa en esta ópera prima sin pasos en falso. (Jordi Costa)

Recomendada.



lunes, 27 de noviembre de 2023

Makhmalbaf Film House. La familia Makhmalbaf


 

  • Mohsen Makhmalbaf (1957, padre), una veintena de películas ("Gabbeh", "Kandahar"...), otros tantos libros y medio centenar de premios internacionales
  • Marziyeh Meshkini (1969, madre). A menudo firma el montaje de las películas de sus hijas 
  • Samira (1980, hija), presentó La manzana en Cannes en 1998. Dos años después gana el Premio especial del Jurado con La pizarra.
  • Maysam (1981, hijo), productor e intérprete.
  • Hana (1988, hija), Premio especial del Jurado en el Festival de San Sebastián por Buda explotó por vergüenza.

 

Los Makhmalbaf, más que una familia, son un fenómeno cinematográfico. Ya es inusual que padre, madre e hijos se dediquen todos a hacer películas. Así que el éxito de padre e hijas en los festivales internacionales convierte a la Makhmalbaf Film House en una fábrica de genios. "No es que seamos gente extraordinaria. Es que lo hemos mamado", quita importancia Maysam, el único que de momento no dirige.

 

Los tres pequeños Makhmalbaf han crecido en los sets de rodaje. Su existencia no ha sido ni es fácil: los censores iraníes, de un lado, y el fundamentalismo religioso, de otro, nunca vieron bien a esta familia, y así se lo han hecho saber en forma de amenazas, intentos de secuestro y atentados en pleno rodaje (como el sufrido por Samira).

 

La cita es en un restaurante tradicional del centro de Teherán. Maysam llega con Hana. "¡Cómo has crecido!", exclama el encargado al ver a Hana. "Veníamos aquí de pequeños con mi padre". El recuerdo al jefe de la familia se repite cuando llegan los aperitivos. "Éste es el plato favorito de mi padre", comentan ambos ante la bandeja de kashke bademjun (una especie de puré de berenjenas con kashk). De una u otra forma, Mohsen Makhmalbaf estará presente en toda la conversación.

 

Los Makhmalbaf no tratan de tomar distancias unos de otros. Son una familia bien avenida. Todos trabajan de una forma u otra en las películas de todos. Samira actúa en El ciclista, de Mohsen; Maysam produce Stray Dogs, de Marziyeh; Hana supervisa el guión de La manzana, de Samira; Marzieh es la ayudante de dirección habitual de Mohsen, y Mohsen inspira a todos ellos.

 

Porque los Makhmalbaf son fruto de una experiencia inusual, casi un experimento. Una escuela de cine hecha a su medida. En realidad, Mohsen no se lo planteó así. Salió así. Samira, su hija mayor, se le plantó un día y le dijo que no quería seguir yendo al colegio. No podía soportar el adoctrinamiento ideológico del que era víctima. Quería ser cineasta como papá. "Es que en Irán, hasta en las clases de matemáticas y química te meten la religión", justifica Maysam. "No dejan que desarrolles tu individualidad", añade Hana.

 


"Al principio no estuve de acuerdo", declara Mohsen por teléfono, "este trabajo es muy duro por la censura, las dificultades financieras, se trabaja mucho y se reciben muchas críticas, en ocasiones de gente que no tiene ni idea. Es difícil tener vida privada". El director, un hombre de orígenes muy modestos, hecho a sí mismo en la lucha partisana contra el shah (en cuyas cárceles pasó varios años), leyó la determinación en los ojos de su hija y aceptó con una condición: estudiaría a diario un mínimo de ocho horas.

 

"Entonces, se dirigió a nosotros y nos dijo que pensáramos qué queríamos porque no estaba dispuesto a que dos años después le planteáramos lo mismo y tener que empezar de nuevo", recuerda Maysam. "Mi padre no pensó la escuela sólo para nosotros", apunta Hana, "él quería fundar un centro para la enseñanza del cine, pero en el ministerio [de Cultura y Orientación Islámica] le dijeron que con un Mohsen Makhmalbaf ya tenían bastante, que no querían cien como él".

 

Así que la Makhmalbaf Film School tuvo que limitarse a los Makhmalbaf y un puñado de allegados. "Inicialmente, no sabía cómo enseñarles", admite el director. Su idea era utilizar el cine para educarles. No sólo se trataba de hacer películas, sino de enseñarles a vivir. "Empecé por la pintura, los estilos, las épocas, los autores, las diferencias entre ellos, su relación con la vida real. Después de unos meses, pasamos a la fotografía y al ver que se lo tomaban en serio les hablé de la imagen poética y estudiamos a Farrokhzad, Shamlou, Hafez, Khayyam y otros poetas iraníes", rememora.

 

Makhmalbaf entiende que la poesía era tan necesaria para su formación de cineastas como la psicología, la sociología o los deportes. "Éste es un trabajo duro, hay que estar fuerte para poder levantarse temprano a rodar día tras día", explica. El programa de la escuela era sin duda singular. Había tres tipos de clases, que sus hijos agrupan en "clases para vivir mejor, cómo ser mejor personas y técnica cinematográfica".

 

Eso es lo que hizo la diferencia. "La técnica puede aprenderse en cualquier otra escuela, pero nuestro padre insistió en la formación humana", dice Hana. "Él insiste en que no basta con escuchar para aprender, que se necesita practicar", agrega Maysam. "No es genético. Si me dicen que soy especial, da la impresión de que no me he esforzado", se queja Hana cuando se le dice que ha tenido suerte de tener un padre como el suyo. "No he sido afortunada por tener un padre director. Directores hay muchos. He sido afortunada porque mi padre me ha transmitido el amor al cine, porque he tenido un padre que ha sido también maestro". Y Maysam añade: "Es la forma en que él mira las cosas. Hasta a una piedra es capaz de encontrarle un ángulo poético. Ése ha sido nuestro privilegio".

 


Aun así, trabajar con la familia debe de crear algunas tensiones. "La clave está en que cuando rodamos nos olvidamos de las relaciones familiares. Pero si preguntas a nuestra madre te dará una respuesta distinta porque ella sí que se siente madre y esposa", apunta Maysam.

 

"A veces en casa quiero ser directora, pero Hana me recuerda que ya estamos en casa", admite Marziyeh Meshkini, dos días después durante una visita al Museo del Cine. "Hemos aprendido a trabajar y vivir juntos. Es una manera de estar más tiempo juntos. El cine nos une más". Marziyeh acaba de llegar desde Tayikistán, donde su padre se ha refugiado para poder hacer el cine que quiere. "No me gusta mi país en la actualidad", explica desde Dushanbe. "Desde que me fui hace tres años la situación no ha hecho sino empeorar, cada vez hay más censura y represión, así no se puede trabajar". No obstante, espera volver un día para hacer cine. Para vivir.