jueves, 30 de septiembre de 2021

Maixabel (Icíar Bollaín, 2021)

 

Título original: Maixabel. Dirección: Icíar Bollaín. País: España. Año: 2021. Duración: 115 min. Género: Drama.  

Guión: Icíar Bollaín, Isa Campo. Fotografía: Javier Agirre Erauso. Música: Alberto Iglesias. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Sonido: Alazne Ameztoy, Juan Ferro, Candela Palencia. Vestuario: Clara Bilbao. Producción: Koldo Zuazua, Juan Moreno, Guillermo Sempere.

Sección Oficial del Festival de San Sebastián 2021.

Fecha del estreno: 24 Septiembre 2021 (España)

 

Reparto: Blanca Portillo (Maixabel Lasa), Luis Tosar (Etxezarreta), Bruno Sevilla (Luichi), Urko Olazabal (Luis), María Cerezuela (María), Mikel Bustamante (Patxi Makazaga).

 

Sinopsis:

Maixabel Lasa pierde en el año 2000 a su marido, Juan María Jaúregui, asesinado por ETA. Once años más tarde, recibe una petición insólita: uno de los asesinos ha pedido entrevistarse con ella en la cárcel de Nanclares de la Oca /Álava), en la que cumple condena tras haber roto sus lazos con la banda terrorista. A pesar de las dudas y del inmenso dolor, Maixabel accede a encontrarse cara a cara con las personas que acabaron a sangre fría con la vida de quien había sido su compañero desde los dieciséis años.

 

Comentarios:

Siento respeto por la personalidad y la inteligencia de Icíar Bollaín. Como actriz, me inquietó y enamoró cuando era una cría con su interpretación en El sur. Como directora, me interesó mucho en los poderosos y convincentes dramas de Te doy mis ojos y También la lluvia. Pero no en otras películas de fervorosa militancia progresista y feminista que me resultaron tan previsibles como olvidables. Conociendo el argumento de Maixabel tenía la sensación de que Bollaín se había metido en un territorio muy áspero, muy duro, en un relato lleno de problemas para llegar a un puerto seguro. Reconstruía un hecho real e insólito, que era el encuentro, las explicaciones mutuas, la necesidad de perdón y la posibilidad de redención entre una mujer cuyo marido fue asesinado muchos años atrás por un comando etarra y uno de los verdugos de su marido.

A muchas personas se nos pusieron los pelos de punta, nos sentimos estupefactos o revueltos, cuando nos informaron de que eso había ocurrido en la vida real. Pero trasladarlo al cine, hacerlo verosímil, lograr que el espectador pueda comprenderlo, admitir las razones de ambos y la complejidad de ese momento, transmitirle emoción y piedad, huir de los preconcebido, era una labor muy difícil, al borde del precipicio o de la impostura todo el rato. Pero Icíar Bollaín lo ha conseguido.

Es una buena película. Y contiene una secuencia prodigiosamente construida. Es la catártica conversación de la eterna víctima y el arrepentido y torturado verdugo en la cárcel. Todo está dotado de auténtico arte, de una expresividad admirable. Las miradas, los silencios, los diálogos, las voces, el tono, lo que expresa y lo que sugiere, la mezcla de sentimientos fuertes, la eminente interpretación de Blanca Portillo y de Luis Tosar, logran en mi caso que se me coloque un nudo en la garganta y que se me humedezcan los ojos. Son sensaciones que echaba de menos desde hace mucho tiempo, que agradezco.

Y aunque no crea ante determinadas atrocidades, ante crímenes cometidos con la cabeza fría, que con el tiempo pueda aparecer el remordimiento en el asesino, ni sería capaz de oír ni de perdonar al que se cargó a los míos y destrozó mi existencia a perpetuidad, me parece muy bien que el cine pueda convencerme durante un rato de que eso puede ocurrir alguna milagrosa vez.

Y admiro a esa señora, observo su confusión, su generosidad, su infierno interior, las inaplazables razones de su corazón y de su cerebro para oír las explicaciones del antiguo monstruo que jodió su vida y la de su hija. Icíar Bollaín me mantiene atento durante un par de horas con su narración de esta historia tenebrosa. Y en algún momento, me conmueve. (Carlos Boyero)

Recomendada.




miércoles, 29 de septiembre de 2021

Wojciech J. Has (1925-2000)

 


«En mi cine, la narración es puramente visual. Como inicio, tomo siempre una obra literaria, pero ésta se convierte en una simple herramienta, una materia susceptible de extenderse o estrecharse; también se transforma en un laberinto, con ramales y niveles que se multiplican y diversifican. Mientras que la base de la pintura es la manipulación del espacio, la literatura y el cine manipulan el tiempo. Todo juego con el concepto de tiempo hace trabajar la imaginación del espectador. Considero el tema del viaje como tema fundamental de mi cine.»

(Wojciech Jerzy Has)

 

 

Director de cine polaco, nacido el 1 de abril de 1925 en Cracovia (Polonia). Gran apasionado del cine, y del universo artístico en general, cursa estudios al mismo tiempo en el Instituto del Film y en la Escuela de Bellas Artes de Cracovia. Sin embargo, decide encauzar su carrera profesional hacia el ámbito cinematográfico, por más que las películas que componen su filmografía reflejan de modo patente el entusiasmo que siente también por la literatura, la pintura o la historia. Se integra en la industria como ayudante de dirección, pero al poco tiempo comienza a realizar cortometrajes para el Estudio de Films Documentales. Tres años después, en 1951, da el salto a una productora de películas educativas, en la que permanece hasta 1958 y desarrolla un estilo propio que mezcla fantasía con acontecimientos históricos. La clausura de esta etapa tiene lugar con Ponezgaina, donde se relata la historia de dos jóvenes, un estudiante y una camarera de un club nocturno, a los que el destino separa constantemente.

 

Su debut en el largometraje se produce con El nudo corredizo (Petia, 1958), pero es Goodbye to the Past (Rozstanie, 1961) la película que muestra de modo notable los rasgos que van a caracterizar el cine posterior de Wojciech Has. El argumento gira en torno a una artista que regresa a su antigua casa, donde sólo quedan los recuerdos de un antiguo amor, y contiene elementos que volverán a aparecer en la filmografía de este realizador: tono melancólico, personajes cuya existencia pasa por momentos delicados o ambientación en el pasado.

 


Aunque pertenece a la “Generación del 56”, uno de los movimientos más importantes del cine polaco y donde tuvieron cabida directores como Jerzy Kawalerowicz, Andrezj Munk o Andrezj Wajda, Has es quizá el que menos resonancia internacional ha obtenido de entre todos ellos. Hecho que nada tiene que ver con la calidad de sus propuestas, que en ocasiones alcanzan magníficas cotas. Uno de esos casos es Cómo ser amada (Jak byc kochana, 1963), evocativo relato del sacrificio de una actriz por un hombre al que protege de la Gestapo, y que obtuvo cierto eco en diversos países europeos.

 

No obstante, y de modo incontestable, El manuscrito encontrado en Zaragoza (Rekopis znaleziony w Saragossie, 1965) se eleva por encima de la media de sus películas. Basada en la primera parte del relato escrito por Jan Potocki, este filme es una obra maestra del género fantástico y a veces roza lo surreal. Quizá por ello el cineasta Luis Buñuel la incluye en su libro de memorias dentro del apartado de los largometrajes que más le entusiasmaron como espectador. Ahorcados que vuelven a la vida o musulmanas sensuales que esconden importantes secretos se cruzan en la vida de un militar que cruza Sierra Morena, tierra donde la magia y la hechicería abundan.

 


Dentro de esa línea de ambientación en el pasado, Lalka (The Doll, 1968) describía el amor imposible de un mercader por la hija de una aristócrata a finales del siglo XIX. Mientras que El sanatorio de la clepsidra (Sanatorium pod Klepsydra, 1973) transcurría en los albores de la II Guerra Mundial, justo cuando un muchacho acude a visitar en un sanatorio a su padre moribundo y recuerda la vida pasada. Con Nieciekawa historia (A Boring Story, 1983)  historia, por su parte, filma una de las mejores adaptaciones de la obra del escritor ruso Anton Chejov.

 


Durante los años ochenta comienzan las dificultades para poner en marcha proyectos. Las estrecheces económicas por las que atraviesa Polonia, unido a los problemas para comercializar su cine en el exterior, provocan que Has vaya progresivamente recluyéndose en la televisión. Con todo, largometrajes como Las tribulaciones de Balthasar Kober (Niezwykla podróz Baltazara Kobera, 1988) reflejan su enorme ambición artística. Ambiciosa odisea onírica de un joven que sobrevive con la ayuda de un arcángel a una plaga ocurrida en el siglo XVI, aprende a caminar sobre el fuego y llega a tener visiones del cielo y del infierno, es una metáfora del momento de confusión que vivían los polacos en el momento en que la película era realizada. Las tribulaciones de Balthasar Kober no fue entendida en su tiempo, quizá por ser una propuesta excesivamente vanguardista en tiempos de conservadurismo artístico y porque mezclaba a partes iguales el surrealismo, la picaresca de corte esotérico y el romanticismo fantástico, tres géneros difíciles de combinar. 

 

Wojciech J. Has
 

Por esos años Has combinó su labor profesional con la dirección de los Estudios Rondo (1987-89) y, sobre todo, la actividad docente, impartiendo clases en la Escuela de Cine de Łódź desde 1974, institución de la que sería decano (1989-1990) y rector (1990-1996).

 

Durante los años 90, Jerry García, junto con Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, financiaron la restauración de una edición sin cortar de El manuscrito encontrado en Zaragoza, un trabajo cuyo resultado quizás no llegó a ver el director y que no pudo ver tampoco Jerry García, fallecido en 1995. En 1997 los dos directores norteamericanos habían relanzado el interés por este cineasta en Occidente gracias a una proyección de la versión íntegra de 3 horas en el Festival de Cine de Nueva York. Finalmente la edición restaurada se editó en DVD en USA en el año 2001.

 

martes, 28 de septiembre de 2021

Madres verdaderas (Naomi Kawase, 2020)

 

Título original: Asa ga kuru. Dirección: Naomi Kawase. País: Japón. Año: 2020. Duración: 139 min. Género: Drama.

Guión: Naomi Kawase, Izumi Takahashi (basado en una novela de Mizuki Tsujimura). Fotografía: Yûta Tsukinaga, Naoki Sakakibara. Música: Akira Kosemura, An Ton That. Producción: Kinoshita Group, Kino Films, Kazumo, Kumie.

Sección Oficial del Festival de San Sebastián 2020.

Fecha del estreno: 6 Agosto 2021 (España).

 

Reparto: Hiromi Nagasaku (Satoko Kurihara), Arata Iura (Kiyokazu Kurihara), Aju Makita (Hikari Katakura), Miyoko Asada (Shizue Asami), Hiroko Nakajima (Takako Katakura), Tetsu Hirahara (Masaru Katakura), Taketo Tanaka (Takumi Aso).

 

Sinopsis:

Tras una larga e insatisfactoria lucha por quedarse embarazada y convencida por una asociación de adopción, Satoko y su marido deciden adoptar a un niño. Años después, su familia se tambalea con la amenaza de Hitari, una chica desconocida que dice ser la madre biológica. Satoko opta por confrontar a Hitari directamente.

 

Comentarios:

El habitual cine sensorial de la japonesa Naomi Kawase nunca fue tan carnal como en Madres verdaderas, su última película. Y sin embargo, la directora no deja de ahondar en algunos de los grandes temas de su carrera con una obra inequívocamente suya, aunque mucho más terrenal. Un relato en el que la inevitable ligazón entre las dos madres de un hijo dado en adopción adquiere tintes que superan lo legal, lo psicológico y lo testimonial, para acabar alcanzando un estado de corte espiritual.

Kawase, también coguionista, establece una estructura a la vez férrea y atractiva con continuos saltos en el espacio y en el tiempo que además ejercen de acicate emocional, casi a la manera de una historia de intriga, aunque no lo sea en absoluto. Porque lo esencial en Madres verdaderas es el soberbio retrato del estado interior de los personajes, y no solo de las progenitoras, la física y la finalmente legal, sino también del padre adoptivo y de una serie de mujeres que pululan por las vidas de ambas féminas y, a su modo, establecen también en muchos sentidos un vínculo materno.

En principio lejos de El bosque del luto (2007) y Aguas tranquilas (2014), quizá las mejores películas de Kawase, pues estas abordaban sus relatos de corte familiar desde una perspectiva mística y su nueva obra lo hace en algunos pasajes de un modo casi documental —como en las reuniones de padres en la agencia de adopción—, Madres verdaderas, no obstante, termina conectando con su habitual estilo envolvente a través de los interludios musicales y de sus siempre misteriosas metáforas. Los elementos de la naturaleza y del hogar se funden, al son de unas notas de piano de corte new age y de una estruendosa luz de tonos blancos muy acorde con el mensaje del relato, en el rostro tranquilo de una madura madre por devoción que merece la felicidad, y el nervioso de una madre adolescente por obligación. (Javier Ocaña)

Recomendada.