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domingo, 11 de febrero de 2024

Cristóbal Balenciaga (1895-1972)





En los últimos años las múltiples plataformas de cine y televisión por internet han apostado por el género del biopic o película biográfica como estrategia de éxito, aunque con diferente fortuna, no tanto por la poca enjundia de algunos de los personales seleccionados, sino por la calidad final de algunos de los productos realizados. Una grata sorpresa ha sido la apuesta de Disney+ por el diseñador español Cristóbal Balenciaga como protagonista de la primera producción que esta plataforma ha realizado en nuestro país. Una mini-serie de seis capítulos, estrenada en 2024, que refleja el ascenso del diseñador vasco que, partiendo de unos orígenes humildes, llegó a convertirse en icono de la moda y el buen gusto a nivel internacional.

Dirigida por Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Genaga, a los que debemos títulos memorables como ‘Loreak’ (2014), 'Handía' (2017) y ‘La trinchera infinita’ (2019), cuenta en el reparto con actores de la talla de Alberto San Juan, Gemma Whelan, Belén Cuesta, Adam Quintero y Joseba Bengoetxea en los principales papeles. En la producción destaca la cuidada dirección artística y, como no podría ser de otro modo, el diseño del vestuario, que recrea algunas de las creaciones del diseñador. La banda sonora es de Alberto Iglesias en su primer trabajo para televisión. El relato se articula a partir de una de las pocas entrevistas que el diseñador concedió a la prensa, en concreto el encuentro que mantuvo en 1971, ya jubilado y poco antes de morir, con una periodista británica.

Alberto San Juán encarna con solvencia al diseñador vasco.


Vistiendo a Belén Cuesta en el papel de Fabiola de Bélgica.


Cristóbal Balenciaga nació en Guetaria, una localidad costera de Guipúzcoa, en 1895, en el seno de una familia trabajadora; su padre era pescador, pero murió cuando él tenía 11 años, por lo que su madre, Martina Eizaguirre, se convirtió en su principal figura de referencia. Desde muy joven estuvo en contacto con el mundo de la confección de moda, tanto por el oficio de su madre, costurera, como por la relación con la familia de los Marqueses de Casa-Torres, para la que trabajaba. La marquesa alentó su talento, sufragó parte de sus estudios y se convertiría en una de sus primeras clientas, lo mismo que su nieta, la futura Fabiola de Bégica, a la que encarna Belén Cuesta.

Trailer oficial:




Siendo muy joven, ya en San Sebastián, se inició en el oficio de sastre, pasando por diversos establecimientos con conexiones con la moda parisina. En 1917, con 22 años, abrió el primero de sus negocios relacionados con la confección, sector en el que irá creciendo, tanto en número de empleados, como con segundas marcas, con sedes en San Sebastián, Madrid y Barcelona, hasta su traslado a París en 1936, en el contexto de la guerra civil española.

Balenciaga se instala en París en la Avenida George V, y aunque su estilo y su marca ya estaban consolidadas (era el diseñador de la monarquía española y de buena parte de la alta sociedad europea), París le proporciona el acceso a los más importantes proveedores de tejidos y a trabajadores experto de los oficios relacionados con la Alta Costura, a tiempo que le pone en contacto con una clientela cosmopolita de gran relevancia social, económica y cultural y en el punto de mira de los medios de comunicación internacionales.

Simplicidad de líneas y dominio del volumen en una creación de Balenciaga.



Es en esta etapa parisina cuando se consagra como uno de los diseñadores más influyentes de la historia. El éxito le acompañó desde la presentación de su primera colección, en 1937. Sus creaciones, basadas en la comodidad, la pureza de líneas, la reinterpretación de la tradición española (admirador de Goya y de Velázquez) y el desarrollo de volúmenes innovadores (inspirado por el cubismo), marcarán la moda de las décadas centrales del siglo XX, hasta el año 68, cuando la Alta Costura empieza a perder peso en favor del prêt-à-porter, momento en el que Balenciaga decide poner punto final a su carrera, tras cerrar sus casas de París, Madrid, Barcelona y San Sebastián, y retirarse.


Cristóbal Balenciaga (Guetaria 1895 - Jávea 1972)


Puntual, metódico, introvertido, defensor de su vida privada y alérgico a mostrarse en público, prefería el silencio a la frivolidad que se asocia al mundo de la moda, Balenciaga ha sido el creador de alta costura más importante que ha dado nuestro país. Según sus propias palabras, “un modisto debe ser arquitecto para los planos, escultor para formas, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo en el sentido de la medida”. Considerado 'maestro de maestros', en el taller de Cristóbal Balenciaga se formaron importantes modistos con nombre propio como Paco Rabanne, André Courrèges, Emanuel Ungaro, Hubert de Givenchy u Óscar de la Renta.

Cristóbal Balenciaga falleció en Jávea en 1972 y fue enterrado en Guetaria, localidad en la que se inauguró en 2011 el Museo Balenciaga dedicado a estudiar su obra y a conservar un legado de más de 1000 piezas originales.

Los especialistas en su obra destacan la gran inspiración que encontró el arte español para sus colecciones, especialmente a partir de su llegada a París, huyendo de la Guerra Civil, que es cuando empieza a añorar España y a introducir referencias españolas en sus creaciones, especialmente del Greco, los pintores de la corte de los Austrias, Velázquez, Zurbarán, Goya o Zuloaga, entre otros. 




Para profundizar en este interesante análisis sobre Las referencias al arte y a la cultura española en la obra de Balenciaga conviene repasar el catálogo de la exposición “Balenciaga y la pintura española” celebrada en 2019 el Museo Thyssen de Madrid, o el reportaje que sobre la misma encontramos en RTVE Play

En relación con la industria cinematográfica hay que destacar que Cristóbal Balenciaga trabajó en Francia en el vestuario de títulos como ‘El aire de París’ de Marcel Carné (1954) y ‘El testamento de Orfeo’ de Jean Cocteau (1960), mientras que en España hizo lo propio en ‘Prohibido enamorarse’ de José Antonio Nieves Conde (1961), o vistiendo a Sara Montiel en ‘Pecado de amor’ de Luis César Amadori (1961) y a Isabel Garcés en títulos como ‘Las hijas de Helena’ (Mariano Ozores, 1963) o ‘Como dos gotas e agua’ (Luis César Amadori, 1964).

Él mismo, a su vez, es protagonista de sendos documentales: ‘Balenciaga’ de Oskar Tejedor (2009) y ‘Balenciaga y la alta costura en Barcelona’ dirigido por Ferran Alberich (2013).

Actualmente la marca Balenciaga, rehabilitada en 1986, pertenece a un importante grupo empresarial que comercializa las principales marcas de lujo de todo el mundo. Para promocionar su colección de 2021 entre un nuevo público más joven, Balenciaga contó con un cortometraje promocional de 10 minutos protagonizado por Los Simpsons, en el que los principales personajes de la popular serie visitan París y desfilan en la Semana de la Alta Costura luciendo la ropa de la marca, pero este Balenciaga ya es otro Balenciaga...








jueves, 11 de enero de 2024

Series de TV: Compañeros de ruta (2023)

 

Título original: Fellow Travelers. Temporada: 1. Episodios: 8. Año: 2023. País: USA. Género: Drama. Estreno: 19 Noviembre 2023. (SkyShowtime).

Creación: Ron Nyswaner. Dirección: Uta Briesewitz, Daniel Minahan, Destiny Ekaragha, James Kent. Guión: Ron Nyswaner, Brandon K. Hines, Dee Johnson, Anya Leta, Katie Rose Rogers, Robbie Rogers, Jack Solomon. Novela: Thomas Mallon. Música: Paul Leonard-Morgan. Fotografía: Simon Dennis, Ronald Plante. Producción: Fremantle Media North America, Showtime. Distribuidora: Showtime.

Nominada en los Globos de Oro 2023 a Mejor Serie Corta Dramática.

 

Reparto: Matt Bomer (Hawkins Fuller), Jonathan Bailey (Tim Laughlin), Jelani Alladin (Marcus Hooks), Noah J. Ricketts (Frankie Hines), Linus Roache (Senador Wesley Smith), Allison Williams (Lucy Smith).

 

Sinopsis:

Relata el romance clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la Washington de la era McCarthy. La historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim Laughlin, sus idas y vueltas durante la guerra de Vietnam, el hedonismo de la época disco de los '70, hasta llegar a la crisis del SIDA en los ’80.

 

Comentarios: 

Por allá, en los inicios de los 50, toda una arrolladora corriente de pensamiento americano conservador se erigía, sobre esa sociedad que renacía de la Segunda Guerra Mundial. En el mundo del cine, el temido Código Hays, imponía las normas de “decencia” en las obras de cine, y en esta década estaba aún con una fuerza aplastante.

Eran muchas las temáticas que eran obviadas y/o censuradas directamente de los guiones de los autores, en otras ocasiones se camuflaban y sólo se intuía ciertas referencias. En general, en los Estados Unidos, una ola anticomunista y tremendamente puritana, era lo habitual en las creaciones, aunque este proceso no era exclusivamente en el cine, provenía de una auténtica “caza de brujas”, que el temido Joseph McCarthy, senador por Wisconsin, inició en el mismo seno del Departamento de Estado.

Eran todos aquellos de los que se pensaba que podían haber tenido alguna relación con el partido comunista, incluso ser invitado a una posible fiesta en la cual había algún simpatizante del mismo, llamados a las sesiones de “juicio”, en las que se evidenciaba unas formas de acoso verbal, que en algunos casos derrumbaban a la persona acusada.

Ya en el cine, tenemos cercana la película “Oppenheimer”, en la cual se puede apreciar cómo al genial científico, luego se le cuestionó y fue destruido por un movimiento político caracterizado por demagogos ignorantes, antiintelectuales y xenófobos. Los cazadores de brujas de aquella época son los antepasados directos de nuestros actuales actores políticos de cierto estilo paranoico.

De toda esa “turba” de posibles “antiamericanos”, estaba claro, como ocurrió con las temáticas en el código Hays, que el grupo de posibles “homosexuales”, como “subersivos sexuales”, que serían llamados a “juicio” y en la mayoría de los casos, destruir sus vidas, por ser acusados de “conductas inmorales”, que contaminaban a la América pura. Estaba claro el deseo homogeneizador de la época, contexto de los 50, pero que tiene similitudes con aspectos que ocurren en la actualidad.

Eran las épocas de las redadas en baños públicos, locales de cierta tendencia, denuncias de compañeros y/o vecinos que pensaban que estas personas cometían un atentado contra la moralidad y la naturaleza.



Era mundo de ideología pura, de gran consumo de alcohol en exceso y expedientes secretos, y dominado por personajes tan descomunales como Cohen y McCarthy. Es el mundo en el que nace la historia de “Fellow Traveler”, esa época de la postguerra, en el cual la moralidad pacata y por supuesto heterosexualizante, se mueven nuestros Fuller y Laughlin; los personajes esenciales de nuestra historia.

Un católico devoto, Laughlin, ansioso por unirse a la cruzada contra el comunismo que, en un encuentro casual con Hawkins Fuller, un funcionario apuesto y despilfarrador del Departamento de Estado, lleva a Tim a conseguir su primer trabajo en Washington D.C. y, después de las insinuaciones de Fuller, mantener su primera historia de amor.

Relata el romance clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la Washington de esta era McCarthy. Con sus miedos, con sus historias ocultas, con la trastienda de la vida que deben obligatoriamente de llevar ambos.

La historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim Laughlin, sus idas y vueltas durante los 50, los 60 con la guerra de Vietnam como elemento disruptivo, el hedonismo de la época disco de los 70, con el despliegue de Fire Island, hasta llegar a la crisis del SIDA en los 80.



En el fondo una generación que lucho por ganar su libertad es totalmente paralela a la de otros países, en los que esa misma época fue opresiva para los gays y lesbianas, llámese España. Pero que se encontró curiosamente, con una pandemia, de la cual todos hemos olvidado lo fácilmente que se morían y lo poco que se les ayudó hasta los 90. Pero lo más curioso, es que, en el momento de mayor libertad personal y social, de más consecución de derechos civiles, aparece la plaga del SIDA, que borró a esta generación de los 50, que en los 80, comenzó a ser “exterminada”, al principio sin saber cómo y que causa era, lo cual tampoco importaba mucho.

Esta miniserie plasma de forma muy veraz, la estética de los diferentes momentos históricos que narra. Tiene en sus dos actores principales, Matt Bomer y Jonathan Bailey, las principales bazas de la historia, así como en el resto de los personajes secundarios de la misma. Acompañado de una correcta adaptación de la obra en la que está basada, traducida al castellano en 2023, como “Los Lavanda” de Thomas Mallon.

Quizás como documento histórico de lo que nunca debió ocurrir, aunque en aquella época, estaba muy apoyado no sólo por la religión, sino por la “ciencia”, puede que el visionado de la historia nos lleve a plantearnos que este tipo de hechos serían, no sólo reprobables, sino contrarios a los derechos civiles y sociales. Lástima que aún en nuestro país hoy en día existan terapias de conversión, en la serie se pueden también observar, pero eso ya sería otra película. (Javier Bernet Toledano)

Recomendada.



domingo, 31 de diciembre de 2023

Series de TV: La Mesías (2023)

 


Título original: La Mesías. Temporada: 1. Episodios: 7. Año: 2023. País: España. Género: Drama. Estreno: 11 Octubre 2023. (Movistar Plus+).

Creación: Javier Ambrossi, Javier Calvo. Dirección: Javier Ambrossi, Javier Calvo. Guión: Javier Ambrossi, Javier Calvo, Carmen Jiménez, Nacho Vigalondo. Música: Raül Refree. Canciones: Hidrogenesse. Fotografía: Gris Jordana. Producción: Movistar Plus+, Suma Content. Distribuidora: Movistar Plus+.

Mejor Serie en los Premios Forqué 2023.

 

Reparto: Macarena García (Irene), Roger Casamajor (Enric), Lola Dueñas, Carmen Machi, Ana Rujas, Albert Pla, Amaia Romero, Nora Navas, Cecilia Roth, Gracia Olayo, Betsy Túrnez, Mari Paz Sayago, Aixa Villagrán.

 

Sinopsis:

El vídeo viral de un grupo musical de pop cristiano, compuesto por varias hermanas, impacta en la vida de Enric, un hombre atormentado por una infancia marcada por el fanatismo religioso y el yugo de una madre con delirios mesiánicos.

 

Comentarios:

Hay tanta osadía en La Mesías que cuesta delimitar su despliegue de talento. Esta serie de siete capítulos, algunos de más de una hora de duración, supone un paso al frente en la carrera de Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos como Los Javis. Incluso los más escépticos con su celebrada trayectoria (de La llamada a Paquita Salas o Veneno) se encontrarán con una obra compleja y madura, un acercamiento insólito a los traumas de la fe católica en su forma más mesiánica y malsana.

Los Javis se lanzan sin red a una ficción televisiva en la que caben los avistamientos, marianos y alienígenas, de la montaña de Montserrat; el Opus Dei y las sectas; los abusos a menores y la maternidad entendida como principio y fin de todo. Así, entre lo paranormal y lo terrenal, La Mesías se abre a un drama familiar desolador, tristísimo, pasado por el desparpajo e imaginación de dos creadores con una intuición asombrosa para mezclar referencias, símbolos y figuras de la cultura popular, de los años ochenta a las generaciones milenial y centenial. La suya resulta una mirada capaz de aunar la cultura rave con las plegarias de misa; la telerrealidad y el Palmar de Troya con clásicos del cine como Sonrisas y lágrimas, Cantando bajo la lluvia o El exorcista; o pasear a la vez por un territorio de cuento de brujas y hadas silvestres y un costumbrismo ufológico de películas tan fuera de lo común como Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra. El olfato creativo de Los Javis es capaz de unir en el mismo elenco a un fenómeno televisivo como Amaia Romero con otro contracultural como Albert Pla sin caer en la caricatura o la insustancialidad del cameo. Es más, a partir de ahora costará no ver al ácrata cantautor catalán como un numerario de misal en mano.



Pero más allá de toda la pirotecnia, incluida la mediática, La Mesías alcanza otra dimensión gracias a lo que ocurre en la médula de su historia. La serie habla del trauma familiar de dos hermanos a lo largo de su infancia, adolescencia y madurez. Plantea un viaje en tres espacios temporales que arranca con la figura central de la serie, Enric, interpretado en su edad adulta por un actor a priori alejado de la órbita de Los Javis, Roger Casamajor, que literalmente se adueña con su desolada mirada de la tragedia que cruza todo el relato. Sus ojos, como los de su hermana en la ficción, Irene (una Macarena García entregada a uno de sus mejores trabajos), lo expresan todo: soledad, culpa y autodestrucción. La honda interpretación de Casamajor es de esas que dejan huella y el vínculo entre él y García, todos sus encuentros, representan el corazón roto de una trama cuyos mil pedazos no acaban de reconstruirse hasta el último capítulo, quizá el más problemático por su catarsis final, una apoteosis espiritual abierta a la discusión.

La Mesías encierra decisiones de tono y reparto brillantes gracias a su hábil combinación de actores profesionales y naturales, incluidas todas las intérpretes infantiles y adolescentes. Pero el trabajo de Casamajor va un paso más allá con momentos tan sobrecogedores como la borrachera en el bar del primer capítulo o el regreso del hijo pródigo del capítulo 6, seguramente el mejor de toda la serie por la fuerza escénica de la inmensa Carmen Machi.

García y Casamajor son los huérfanos de esta historia, las víctimas del amor-odio a una madre tan irresponsable, cruel y ególatra como todopoderosa. Una madre-monstruo cuya metamorfosis se despliega a lo largo de esos tres tiempos de la mano de tres actrices que suman, Ana Rujas, Lola Dueñas y Machi. Cada una de ellas añade al personaje nuevas capas de horror y delirio religioso. Es una mujer de rompe y rasga cuya ternura de madre-niña (Rujas) a lo The Florida Project queda diluida por su vena más tiránica y caprichosa.

Desquiciada, ya en la piel de Dueñas, encuentra el pegamento para su feroz matriarcado en el fanatismo religioso más excéntrico y primario, entendido además como cárcel física y espiritual para su prole, un hijo y siete hijas. Y finalmente se transforma en una madre-loba (Machi) capaz de sostener la tragicómica aventura de convertir a sus hijas en el grupo viral electro pop Stella Maris. Esta banda surrealista está en la génesis del proyecto, al parecer inspirada en el grupo de pop católico Flos Mariae, siete hermanas vestidas como muñecas que detrás de su segundo de fama en 2014 (15 millones de visualizaciones en YouTube) escondían un espantoso historial de incomunicación y abusos.

Todo este disparatado cóctel que parece una versión freak de Las vírgenes suicidas está narrado entre texturas visuales que conectan el cine con la televisión y la televisión con la era YouTube, amalgama que funciona por una estructura sólida y cuidada en la que el thriller y el terror bailan a ritmo de musical y de un arrebatador drama de amor fraternal. Porque el gran secreto de esta inclasificable serie, difícil y arriesgada, es que bajo todos sus relucientes envoltorios genéricos y referenciales late una historia de amor y perdón emocionante e inesperada. Los Javis pueden pasearse con una naturalidad pasmosa entre el canto al LSD del White Rabbit de Jefferson Airplane y el melancólico folclor español del Nada de nada de Cecilia, pero si todo eso trasciende es porque está al servicio de una historia eterna y humana: la desesperada búsqueda de vida y consuelo de dos niños rotos por el abandono y el fanatismo. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada.



domingo, 8 de octubre de 2023

Series de TV: El cuerpo en llamas (2023)

 

Título original: El cuerpo en llamas. Temporada: 1. Episodios: 8. Año: 2023. País: España. Género: Suspense, Thriller. Estreno: 8 Septiembre 2023. (Netflix).

Creación: Laura Sarmiento. Dirección: Jorge Torregrossa, Laura Mañá. Guión: Laura Sarmiento, Carlos López, Eduard Sola. Música: Aitor Etxebarria. Fotografía: Ricardo de Gracia, Miquel Prohens. Producción: Arcadia Motion Pictures. Distribuidora: Netflix.

 

Reparto: Úrsula Corberó (Rosa), Quim Gutiérrez (Albert), José Manuel Poga (Pedro), Eva Llorach (Ester), Isak Férriz (Javi).

 

Sinopsis:

Mayo de 2017. El cadáver de un hombre aparece calcinado en el interior de un coche en el pantano de Foix, en Barcelona. Se trata de Pedro (José Manuel Poga), un agente policial. El suceso despierta rápidamente el interés de la opinión pública, y más a medida que la investigación va revelando una red de relaciones tóxicas, engaños, violencia y escándalos sexuales que involucran a Pedro y dos de sus compañeros policías: su pareja Rosa (Úrsula Corberó) y el exnovio de ésta, Albert.

 

Comentarios: 

El escabroso Crimen de la Guardia Urbana –en el que una mujer y un hombre, ambos agentes de la policía de Barcelona y amantes, fueron condenados por el asesinato con alevosía de un compañero, pareja oficial de la primera– fue desgranado con inteligencia y exhaustividad por el equipo de 'Crims' en un monográfico de cuatro episodios en 2021. Cualquier nuevo acercamiento audiovisual al mismo caso iba a sufrir necesariamente las comparaciones con este hito de la tele reciente.

Pero el equipo de 'El cuerpo en llamas', básicamente el mismo de la estimable 'Intimidad', otra serie en la que se abordaban temas sociales desde la óptica del suspense y la pornovenganza era parte esencial de la intriga, ha sabido dar forma a una dramatización absorbente de aquella serie de retorcidos sucesos. Aunque todos los detalles más emblemáticos de la historia acaben apareciendo, esto no es tanto un estricto docudrama como un intenso 'thriller', a veces casi fantástico o de terror, con base en hechos reales, en los hilos de una densa madeja de amor tóxico, mentiras y violencia policial y doméstica.

Del final del primer capítulo se desprende que esto no será otro ejemplo de 'whodunit' o 'quién lo hizo'. La trama y la investigación de los Mossos sirven como, respectivamente, estructura y acelerador de la historia, pero no son el quid de la propuesta. 'El cuerpo en llamas' captura la atención sobre todo como retrato de personajes, empezando por una Rosa Peral construida aquí como antiheroína compleja, jeroglífico difícil de explicar: policía, madre, asesina; a veces fría y artificiosa, otras veces ardiente; aparente verduga, pero también víctima de un entorno sociolaboral sexista donde no se perdona a las mujeres que sientan deseos, como se suele hacer con los hombres. Corberó está a la altura del desafío y lleva la serie a sus espaldas con ambigüedad poderosa.




Pero tampoco hay que restar mérito al notable trabajo de Quim Gutiérrez en el rol de Albert López, presentado aquí como un tipo absolutamente físico, hipermasculino, amante de las artes marciales mixtas y con la épica 'Braveheart' como película de referencia. Comparte con Rosa un espacio íntimo singular, dominado por la pasión carnal y marcado también por filias comunes como la provocación, la velocidad o el cuestionamiento de los límites sociales.

Al 'true crime', tanto documental como ficcionalizado, se le suele echar en cara que haga mitología de los asesinos mientras desatiende el trance de las víctimas o de las familias de unos y otras. 'El cuerpo en llamas' presta atención desde el inicio a esos supuestos secundarios (José Manuel Poga deja huella como el asesinado), incluyendo a la descendencia de Rosa, aquí representada por la pequeña Sofía, una Guiomar Caiado de gran naturalidad y mirada inquisitiva. En este sentido, o su cruce de realidad con brotes casi fantásticos, se podría conectar 'El cuerpo en llamas' con 'The girl from Plainville', reivindicable hito del 'true crime' de ficción.




Como director, Jorge Torregrossa (relevado por Laura Mañá en la parte central) propone un estilo de quieta intranquilidad, definido por composiciones raramente televisuales en las que a veces se indaga en la condición de 'voyeur' del espectador. Cuando hay necesidad de incorporar algún mensaje de texto (muchos de ellos esenciales en esta historia), el actor lo recita delante de la cámara. Estrategias diversas que parecen dirigidas a ponernos en permanente estado de alerta, a no dejarnos creer que esto son ocho horas más de contenido para deglutir sin esfuerzo.

A esa incomodidad/fascinación contribuye la música de Aitor Etxebarria, que tiene los violines maltratados de Trevor Gureckis en 'Servant' y los arpegios de sintetizador que se esperan en cualquier proyecto de Nicolas Winding Refn. Sin salir del apartado musical, algo más discutible resulta el remate de casi cada episodio con algún ejemplo clásico (Massiel, Sergio y Estíbaliz, Rocío Jurado) de canción melódica española: no liga con el clima general de la serie ni con la estética de los personajes. Por poner algún pero y no dejarlo todo en lógicos halagos. (Juan Manuel Freire)

Recomendada.



domingo, 24 de septiembre de 2023

Series de TV: Las noches de Tefía (2023)

 

Título original: Las noches de Tefía. Temporada: 1. Episodios: 6. Año: 2023. País: España. Género: Drama, Musical. Estreno: 25 Junio 2023 (Atresplayer Premium).

Creación: Miguel Del Arco. Dirección: Romulo Aguillaume, Miguel Del Arco. Guión: Miguel Del Arco, Antonio Rojano. Fotografía: Jon Aguirresarobe. Producción: Atresmedia Televisión, Buendía Estudios. Distribuidora: Atresplayer Premium.

 

Reparto: Marcos Ruiz (Airam/La Bambi), Patrick Criado (La Vespa), Miquel Fernández (Charli), Israel Elejalde (Don Anselmo), Roberto Álamo (La Viga), Jorge Perugorría (Airam), Carolina Yuste (Nisa), Raúl Prieto (Boncho), Javier Ruesga (La Sissi), Luifer Rodríguez (La Pinito), Jorge Usón (Conde Fénix), Mingo Ávila (La Rata), Jorge Yumar (Perico), Ana Wagener (Agueda), Ciro Miró (Carlavilla), José Luis García-Pérez (El Andaluz), José Luís de Madariaga (La Vespa), Celeste González (La Sissi), Horacio Colomé (Carlos), Maykol Hernández (Miguel), Isaac dos Santos (Caranabo), José Gimeno (Don Bernabé), Elisa Cano (Nisa) y Ruth Trujillo (Claudia).

 

Sinopsis:

Entre 1954 y 1966 existió, en un paraje desértico de Fuerteventura, un campo de concentración franquista conocido con el eufemístico nombre de Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, uno de tantos lugares donde el régimen enviaba a los condenados por la Ley de vagos y maleantes que, a partir del 54, fue implementada para incluir también a los homosexuales. En plena dictadura, los presos sobreviven día tras día al demoledor contexto que les rodea, aunque para lograrlo han recurrido a un truco imaginario: para huir de Tefía, al menos en sus mentes, han fundado el Tindaya, un music hall en el que pueden ser ellos mismos sin ningún peligro.

 

Comentarios: 

La idea de la ficción necesaria se debería desterrar de la crítica televisiva por confundir a menudo el discurso moral o político de una serie con su calidad intrínseca, por ensalzar la obra por encima de su valor audiovisual, a veces incluso reduciéndola a ser una víctima de una guerra cultural. ¿Cuántas obras hemos visto sobredimensionadas por tener el discurso adecuado en el momento oportuno? Pero, dicho esto, las palabras se abren camino de la conciencia hasta la punta de estos dedos que teclean en un impulso tan predecible como inevitable: Las noches de Tefía es una serie necesaria.

El dramaturgo y guionista Miguel del Arco se adentra en un capítulo poco explorado del franquismo: la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en las Canarias, un campo de concentración al que se enviaban los detenidos por la ley de vagos y maleantes del régimen. Esto significaba que allí había tanto proxenetas como homosexuales, bisexuales y transexuales. A los presos no les quedaba otra que trabajar de sol a sol en situaciones precarias, recibir torturas y vejaciones, y supuestamente ser reeducados para la reintroducción en sociedad como seres reformados, no desviados.

Las noches de Tefía comienza con Airam (Marcos Ruiz) llegando a la falsa colonia agrícola. Es silencioso, tímido y discreto, lo opuesto a la Vespa (Patrick Criado), un homosexual reincidente que vuelve allí y levanta los ánimos de los presos. El entusiasmo y el optimismo de la Vespa no es inconsciencia: él sabe que estar allí es un infierno pero siente el deber de reivindicar la humanidad de todos ellos, que nadie se avergüence de su sexualidad o su orientación de género. Y, para salir de allí ni que sea de forma simbólica, por la noche todos se rinden a los relatos de Charlie (Miquel Fernández), un preso con un don para narrar historias, que les traslada al Tindaya, un bar musical donde todos tienen un papel.

Esta producción es oportuna en un contexto en el que el neofranquismo de VOX entra con fuerza en instituciones y en el que no duda en mandar banderas a la papelera como la LGTBQ+, Tefía propone hacer un poco de memoria histórica. Nos recuerda quiénes eran los verdugos y su esencia no dista mucho de los vicepresidentes toreros.


Este pasado del campo de concentración, mostrado en blanco y negro, es todo un acierto. Ofrece un documento ficcionado pero verosímil de un campo de concentración que estuvo activo entre 1954 y 1966. Su autor se mueve con comodidad en ese terreno tan complicado entre mostrar la dureza de las situaciones y conseguir más allá de la victimización de los personajes, que no pierden su humanidad a pesar de sufrir palizas o violaciones. La cámara se asegura de resaltar ese brillo en la mirada: se reconocen sus existencias incluso si en ese presente eran simplemente parias.

Eso sí, Las noches de Tefía juega con tres líneas narrativas. Aparte de mostrar el día a día de la colonia, también muestra a Airam en 2004 enfrentándose a un pasado traumático y también muestra el mundo inventado por Charli, el bar Tindaya. El Airam maduro, interpretado por Jorge Perugorría, tiene problemas para sostenerse por sí mismo: tanto el desarrollo de su conflicto como los secundarios tienen un trato superficial. Con respecto al Tindaya, se entiende su razón de ser conceptual: es el mundo al que huyen los presos. Sirve como contrapunto ligero a la dureza del campo de concentración. Nos permite ver la plenitud de sus personalidades si no vivieran en una realidad tan injusta. ¿Pero tiene sentido invertir tanto tiempo en una realidad inventada? Con el interés que despierta la realidad en Tefía, el Tindaya se convierte casi en un obstáculo para invertir en las historias y las emociones reales de los personajes.

Las noches de Tefía, por lo tanto, es una serie que tiene una historia potente que contar pero que, temerosa de ser demasiado cruda, pierde el tiempo con números musicales desconectados. En su presentación, por lo menos, cuesta justificarlos más allá de la anécdota, del capricho, cuando la realidad en blanco y negro es mucho más interesante. (Pere Solà Gimferrer)

Recomendada.



viernes, 9 de junio de 2023

Series de TV: El silencio (2023)

 

Título original: El silencio. Temporada: 1. Episodios: 6. Año: 2023. País: España. Género: Thriller. Estreno: 19 Mayo 2023 (Netflix).

Creación: Aitor Gabilondo. Dirección: Gabe Ibáñez, Esteban Crespo. Guión: Aitor Gabilondo. Fotografía: Octavio Arias, Curro Ferreira. Música: Zacarías M. de la Riva. Montaje: Miguel Doblado, Guillermo Cobo, Sebastián González, Jorge Arrieta. Producción: Alea Media. Distribuidora: Netflix.

 

Reparto: Arón Piper (Sergio Ciscar Polo), Almudena Amor (Ana Dussuel), Cristina Kovani (Marta Ortega Saiz), Aitor Luna (Cabrera), Manu Ríos (Eneko), Aria Bedmar (Greta), Ramiro Blas (Natanael Torroja),    Mikel Losada (Mikel).

 

Sinopsis:

Sergio Ciscar es puesto en libertad 6 años después de haber asesinado a sus padres, cuando aún era menor de edad. Durante ese tiempo, Sergio no ha dicho una sola palabra ni ha colaborado con la justicia, por lo que tanto las motivaciones del crimen como sus actuales intenciones son un misterio. Ana Dussuel, una joven psiquiatra y su equipo serán los encargados de determinar su potencial peligro para la sociedad observándolo en secreto día y noche, como a un animal.

 

Comentarios: 

El silencio es la historia de Sergio Ciscar (Arón Piper), un joven que fue acusado de asesinar a sus padres a sangre fría cuando era menor de edad. Tras cumplir una condena de seis años en la que apenas ha pronunciado palabra, vuelve a la sociedad, sin saber que la psiquiatra Ana Dussuel (Almudena Amor) y su equipo lo vigilarán día y noche para analizar su comportamiento y comprobar si es verdaderamente una amenaza pública.

Aitor Gabilondo ha creado un relato interesante, aunque algo descafeinado en cuanto a los personajes y las subtramas.

El silencio transcurre en una Bilbao algo oscura, pero atractiva en cuanto a su arquitectura (podría decirse que en la línea de su propio protagonista). El inicio de la serie es todo lo que se podría esperar del género de suspense, con una destacada presentación de los hechos y de los personajes y pinceladas de la tensión que acompañará al relato en el resto de capítulos.

Sin embargo, cuando una lee la premisa de la serie, lo que espera es que el silencio del protagonista dote de un misterio mayor a la historia: un relato donde los gestos, las miradas y esa falta de palabras enganchen al espectador frente a la pequeña pantalla. No obstante, esta experiencia, aunque sí se llega a vivir al comienzo de la ficción, pierde fuerza a medida que pasan los episodios. La historia no consigue exprimir al máximo la vía del silencio: el personaje principal no es que haya decidido no volver a hablar, sino que es selectivo al hacerlo. Por tanto, deja así a medio explorar un detalle que podría diferenciar la producción notablemente de otras del mismo género.




Eso sí, al César lo que es del César, ya que, indudablemente, quien se lleva la nota más alta es Arón Piper. El actor, ya asentado en la plataforma, deja ver en El silencio que no hace falta tener un diálogo denso y prolongado para desarrollar una actuación destacable. De hecho, esta miniserie podría considerarse el mejor trabajo del intérprete hasta la fecha. El español-alemán supera con creces a sus compañeros de elenco, pues algunos no terminan de convencer. De hecho, el thriller psicológico está formado por demasiados personajes que se acaban desdibujando y, lejos de aportar «chicha» a la historia, parecen incluso un grupo de espectadores más, confusos por los hechos que están presenciando.

Por otra parte, la historia juega con los cliffhanger, las traiciones cruciales y demás ingredientes del suspense, indispensables para enganchar al menos un rato. Con este thriller, Aitor Gabilondo vuelve a crear un relato sobre las luces y sombras de cualquier ser humano y la responsabilidad del contexto en los contrastes de la propia identidad. Eso sí, el sello indiscutible de Netflix se aprecia en las tramas juveniles que se entremezclan con la historia principal, las cuales no ligan con el relato en primer plano. De hecho, a El silencio le pasa un poco esto: tramas secundarias con distinto ritmo que sacan al espectador de la historia en momentos puntuales.

La hibristofilia es una parafilia por la que algunas personas sienten deseo sexual por delincuentes. Esta erotopatía ha estado muy presente tanto en casos reales de crímenes como en relatos de la ficción. El silencio construye su historia, sus personajes y su propio atractivo alrededor de esta singular filia.




Al visionar los seis episodios que forman la nueva miniserie de Netflix se siente que esa parafilia oscura tiene intenciones de traspasar la pequeña pantalla (al menos en una dosis más sana), humanizando desde el principio a su protagonista, atractivo y joven, que se encuentra observado y sin mucho margen de movimiento tras haber cumplido una pena por asesinato. Y precisamente en esta intención es donde se encuentra otro de los puntos flacos de la producción: la hibristofilia invade la historia, pero quizás no tanto al espectador. Con lo que sí se consigue empatizar es con la dificultad que tiene ‘un delincuente’ en la reinserción y, sobre todo, en confiar en aquellos que le tienden la mano.

Dejando a un lado todo aquello que tambalea, El silencio es una buena apuesta patria formada por un elenco variado de actores tanto conocidos como emergentes al que Arón Piper pone la guinda y dota de una gran proyección internacional. En conjunto, la nueva serie de Gabilondo hace justicia a su género, y ocupará un puesto como serie nacional entretenida y con una muy buena duración. Una historia casi perfecta para el formato de miniserie, que va atando cabos a medida que avanza y que juega al despiste hasta desembocar en un final, cuando menos, intrigante. (Lucía Ortega)

Recomendada (con reservas).