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| Alberto San Juán encarna con solvencia al diseñador vasco. |
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| Vistiendo a Belén Cuesta en el papel de Fabiola de Bélgica. |
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| Simplicidad de líneas y dominio del volumen en una creación de Balenciaga. |
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| Cristóbal Balenciaga (Guetaria 1895 - Jávea 1972) |
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| Alberto San Juán encarna con solvencia al diseñador vasco. |
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| Vistiendo a Belén Cuesta en el papel de Fabiola de Bélgica. |
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| Simplicidad de líneas y dominio del volumen en una creación de Balenciaga. |
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| Cristóbal Balenciaga (Guetaria 1895 - Jávea 1972) |
Título
original: Fellow Travelers. Temporada: 1. Episodios: 8. Año:
2023. País: USA. Género: Drama. Estreno: 19 Noviembre
2023. (SkyShowtime).
Creación: Ron
Nyswaner. Dirección: Uta Briesewitz, Daniel Minahan, Destiny Ekaragha,
James Kent. Guión: Ron Nyswaner, Brandon K. Hines, Dee
Johnson, Anya Leta, Katie Rose Rogers, Robbie Rogers, Jack Solomon. Novela:
Thomas Mallon. Música: Paul Leonard-Morgan. Fotografía: Simon Dennis, Ronald Plante. Producción: Fremantle Media North America, Showtime. Distribuidora: Showtime.
Nominada en los Globos de
Oro 2023 a Mejor Serie Corta Dramática.
Reparto: Matt Bomer (Hawkins
Fuller), Jonathan Bailey (Tim Laughlin), Jelani Alladin (Marcus Hooks), Noah J.
Ricketts (Frankie Hines), Linus Roache (Senador Wesley Smith), Allison Williams
(Lucy Smith).
Sinopsis:
Relata el romance
clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la Washington de
la era McCarthy. La historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim
Laughlin, sus idas y vueltas durante la guerra de Vietnam, el hedonismo de la
época disco de los '70, hasta llegar a la crisis del SIDA en los ’80.
Comentarios:
Por allá, en los inicios de los 50, toda una arrolladora corriente de pensamiento americano conservador se erigía, sobre esa sociedad que renacía de la Segunda Guerra Mundial. En el mundo del cine, el temido Código Hays, imponía las normas de “decencia” en las obras de cine, y en esta década estaba aún con una fuerza aplastante.
Eran muchas las temáticas que eran obviadas y/o censuradas directamente de los guiones de los autores, en otras ocasiones se camuflaban y sólo se intuía ciertas referencias. En general, en los Estados Unidos, una ola anticomunista y tremendamente puritana, era lo habitual en las creaciones, aunque este proceso no era exclusivamente en el cine, provenía de una auténtica “caza de brujas”, que el temido Joseph McCarthy, senador por Wisconsin, inició en el mismo seno del Departamento de Estado.
Eran todos aquellos de los que se pensaba que podían haber tenido alguna relación con el partido comunista, incluso ser invitado a una posible fiesta en la cual había algún simpatizante del mismo, llamados a las sesiones de “juicio”, en las que se evidenciaba unas formas de acoso verbal, que en algunos casos derrumbaban a la persona acusada.
Ya en el cine, tenemos cercana la película “Oppenheimer”, en la cual se puede apreciar cómo al genial científico, luego se le cuestionó y fue destruido por un movimiento político caracterizado por demagogos ignorantes, antiintelectuales y xenófobos. Los cazadores de brujas de aquella época son los antepasados directos de nuestros actuales actores políticos de cierto estilo paranoico.
De toda esa “turba” de posibles “antiamericanos”, estaba claro, como ocurrió con las temáticas en el código Hays, que el grupo de posibles “homosexuales”, como “subersivos sexuales”, que serían llamados a “juicio” y en la mayoría de los casos, destruir sus vidas, por ser acusados de “conductas inmorales”, que contaminaban a la América pura. Estaba claro el deseo homogeneizador de la época, contexto de los 50, pero que tiene similitudes con aspectos que ocurren en la actualidad.
Eran las épocas de las redadas en baños públicos, locales de cierta tendencia, denuncias de compañeros y/o vecinos que pensaban que estas personas cometían un atentado contra la moralidad y la naturaleza.
Era
mundo de ideología pura, de gran consumo de alcohol en exceso y expedientes
secretos, y dominado por personajes tan descomunales como Cohen y McCarthy. Es
el mundo en el que nace la historia de “Fellow Traveler”, esa época de la
postguerra, en el cual la moralidad pacata y por supuesto heterosexualizante,
se mueven nuestros Fuller y Laughlin; los personajes esenciales de nuestra
historia.
Un
católico devoto, Laughlin, ansioso por unirse a la cruzada contra el comunismo
que, en un encuentro casual con Hawkins Fuller, un funcionario apuesto y
despilfarrador del Departamento de Estado, lleva a Tim a conseguir su primer
trabajo en Washington D.C. y, después de las insinuaciones de Fuller, mantener
su primera historia de amor.
Relata
el romance clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la
Washington de esta era McCarthy. Con sus miedos, con sus historias ocultas, con
la trastienda de la vida que deben obligatoriamente de llevar ambos.
La
historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim Laughlin, sus idas y
vueltas durante los 50, los 60 con la guerra de Vietnam como elemento disruptivo,
el hedonismo de la época disco de los 70, con el despliegue de Fire Island,
hasta llegar a la crisis del SIDA en los 80.
En
el fondo una generación que lucho por ganar su libertad es totalmente paralela
a la de otros países, en los que esa misma época fue opresiva para los gays y
lesbianas, llámese España. Pero que se encontró curiosamente, con una pandemia,
de la cual todos hemos olvidado lo fácilmente que se morían y lo poco que se
les ayudó hasta los 90. Pero lo más curioso, es que, en el momento de mayor
libertad personal y social, de más consecución de derechos civiles, aparece la
plaga del SIDA, que borró a esta generación de los 50, que en los 80, comenzó a
ser “exterminada”, al principio sin saber cómo y que causa era, lo cual tampoco
importaba mucho.
Esta
miniserie plasma de forma muy veraz, la estética de los diferentes momentos
históricos que narra. Tiene en sus dos actores principales, Matt Bomer y
Jonathan Bailey, las principales bazas de la historia, así como en el resto de
los personajes secundarios de la misma. Acompañado de una correcta adaptación
de la obra en la que está basada, traducida al castellano en 2023, como “Los
Lavanda” de Thomas Mallon.
Quizás
como documento histórico de lo que nunca debió ocurrir, aunque en aquella
época, estaba muy apoyado no sólo por la religión, sino por la “ciencia”, puede
que el visionado de la historia nos lleve a plantearnos que este tipo de hechos
serían, no sólo reprobables, sino contrarios a los derechos civiles y sociales.
Lástima que aún en nuestro país hoy en día existan terapias de conversión, en
la serie se pueden también observar, pero eso ya sería otra película. (Javier
Bernet Toledano)
Recomendada.
Título
original: La Mesías. Temporada: 1. Episodios: 7. Año:
2023. País: España. Género: Drama. Estreno: 11 Octubre
2023. (Movistar Plus+).
Creación: Javier
Ambrossi, Javier Calvo. Dirección:
Javier Ambrossi, Javier Calvo. Guión:
Javier Ambrossi, Javier Calvo, Carmen Jiménez, Nacho Vigalondo. Música: Raül
Refree. Canciones: Hidrogenesse. Fotografía: Gris Jordana. Producción: Movistar Plus+, Suma
Content. Distribuidora: Movistar
Plus+.
Mejor Serie en los
Premios Forqué 2023.
Reparto: Macarena García (Irene), Roger
Casamajor (Enric), Lola Dueñas, Carmen Machi, Ana Rujas, Albert Pla, Amaia
Romero, Nora Navas, Cecilia Roth, Gracia Olayo, Betsy Túrnez, Mari Paz Sayago, Aixa
Villagrán.
Sinopsis:
El vídeo viral de un
grupo musical de pop cristiano, compuesto por varias hermanas, impacta en la
vida de Enric, un hombre atormentado por una infancia marcada por el fanatismo
religioso y el yugo de una madre con delirios mesiánicos.
Comentarios:
Hay tanta osadía en La Mesías que cuesta delimitar su despliegue de talento. Esta serie de siete capítulos, algunos de más de una hora de duración, supone un paso al frente en la carrera de Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos como Los Javis. Incluso los más escépticos con su celebrada trayectoria (de La llamada a Paquita Salas o Veneno) se encontrarán con una obra compleja y madura, un acercamiento insólito a los traumas de la fe católica en su forma más mesiánica y malsana.
Los Javis se lanzan sin red a una ficción televisiva en la que caben los avistamientos, marianos y alienígenas, de la montaña de Montserrat; el Opus Dei y las sectas; los abusos a menores y la maternidad entendida como principio y fin de todo. Así, entre lo paranormal y lo terrenal, La Mesías se abre a un drama familiar desolador, tristísimo, pasado por el desparpajo e imaginación de dos creadores con una intuición asombrosa para mezclar referencias, símbolos y figuras de la cultura popular, de los años ochenta a las generaciones milenial y centenial. La suya resulta una mirada capaz de aunar la cultura rave con las plegarias de misa; la telerrealidad y el Palmar de Troya con clásicos del cine como Sonrisas y lágrimas, Cantando bajo la lluvia o El exorcista; o pasear a la vez por un territorio de cuento de brujas y hadas silvestres y un costumbrismo ufológico de películas tan fuera de lo común como Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra. El olfato creativo de Los Javis es capaz de unir en el mismo elenco a un fenómeno televisivo como Amaia Romero con otro contracultural como Albert Pla sin caer en la caricatura o la insustancialidad del cameo. Es más, a partir de ahora costará no ver al ácrata cantautor catalán como un numerario de misal en mano.
Pero
más allá de toda la pirotecnia, incluida la mediática, La Mesías alcanza
otra dimensión gracias a lo que ocurre en la médula de su historia. La serie
habla del trauma familiar de dos hermanos a lo largo de su infancia,
adolescencia y madurez. Plantea un viaje en tres espacios temporales que
arranca con la figura central de la serie, Enric, interpretado en su edad
adulta por un actor a priori alejado de la órbita de Los Javis, Roger
Casamajor, que literalmente se adueña con su desolada mirada de la tragedia que
cruza todo el relato. Sus ojos, como los de su hermana en la ficción, Irene
(una Macarena García entregada a uno de sus mejores trabajos), lo expresan
todo: soledad, culpa y autodestrucción. La honda interpretación de Casamajor es
de esas que dejan huella y el vínculo entre él y García, todos sus encuentros,
representan el corazón roto de una trama cuyos mil pedazos no acaban de
reconstruirse hasta el último capítulo, quizá el más problemático por su catarsis
final, una apoteosis espiritual abierta a la discusión.
La Mesías encierra decisiones de tono y reparto brillantes
gracias a su hábil combinación de actores profesionales y naturales, incluidas
todas las intérpretes infantiles y adolescentes. Pero el trabajo de Casamajor
va un paso más allá con momentos tan sobrecogedores como la borrachera en el
bar del primer capítulo o el regreso del hijo pródigo del capítulo 6,
seguramente el mejor de toda la serie por la fuerza escénica de la inmensa
Carmen Machi.
García
y Casamajor son los huérfanos de esta historia, las víctimas del amor-odio a
una madre tan irresponsable, cruel y ególatra como todopoderosa. Una
madre-monstruo cuya metamorfosis se despliega a lo largo de esos tres tiempos
de la mano de tres actrices que suman, Ana Rujas, Lola Dueñas y Machi. Cada una
de ellas añade al personaje nuevas capas de horror y delirio religioso. Es una
mujer de rompe y rasga cuya ternura de madre-niña (Rujas) a lo The Florida
Project queda diluida por su vena más tiránica y caprichosa.
Desquiciada,
ya en la piel de Dueñas, encuentra el pegamento para su feroz matriarcado en el
fanatismo religioso más excéntrico y primario, entendido además como cárcel
física y espiritual para su prole, un hijo y siete hijas. Y finalmente se
transforma en una madre-loba (Machi) capaz de sostener la tragicómica aventura
de convertir a sus hijas en el grupo viral electro pop Stella Maris. Esta banda
surrealista está en la génesis del proyecto, al parecer inspirada en el grupo
de pop católico Flos Mariae, siete hermanas vestidas como muñecas que detrás de
su segundo de fama en 2014 (15 millones de visualizaciones en YouTube)
escondían un espantoso historial de incomunicación y abusos.
Todo
este disparatado cóctel que parece una versión freak de Las vírgenes
suicidas está narrado entre texturas visuales que conectan el cine con la
televisión y la televisión con la era YouTube, amalgama que funciona por
una estructura sólida y cuidada en la que el thriller y el terror bailan a
ritmo de musical y de un arrebatador drama de amor fraternal. Porque el gran
secreto de esta inclasificable serie, difícil y arriesgada, es que bajo todos
sus relucientes envoltorios genéricos y referenciales late una historia de amor
y perdón emocionante e inesperada. Los Javis pueden pasearse con una
naturalidad pasmosa entre el canto al LSD del White Rabbit de Jefferson
Airplane y el melancólico folclor español del Nada de nada de Cecilia,
pero si todo eso trasciende es porque está al servicio de una historia eterna y
humana: la desesperada búsqueda de vida y consuelo de dos niños rotos por el
abandono y el fanatismo. (Elsa Fernández-Santos)
Recomendada.
Título
original: El cuerpo en llamas. Temporada: 1. Episodios: 8. Año:
2023. País: España. Género: Suspense, Thriller. Estreno:
8 Septiembre 2023. (Netflix).
Creación: Laura
Sarmiento. Dirección: Jorge Torregrossa, Laura Mañá. Guión:
Laura Sarmiento, Carlos López, Eduard Sola. Música: Aitor Etxebarria. Fotografía: Ricardo de Gracia, Miquel
Prohens. Producción: Arcadia Motion Pictures. Distribuidora:
Netflix.
Reparto: Úrsula Corberó (Rosa), Quim
Gutiérrez (Albert), José Manuel Poga (Pedro), Eva Llorach (Ester), Isak Férriz
(Javi).
Sinopsis:
Mayo de 2017. El cadáver
de un hombre aparece calcinado en el interior de un coche en el pantano de
Foix, en Barcelona. Se trata de Pedro (José Manuel Poga), un agente policial.
El suceso despierta rápidamente el interés de la opinión pública, y más a
medida que la investigación va revelando una red de relaciones tóxicas,
engaños, violencia y escándalos sexuales que involucran a Pedro y dos de sus
compañeros policías: su pareja Rosa (Úrsula Corberó) y el exnovio de ésta,
Albert.
Comentarios:
El escabroso Crimen de la Guardia Urbana –en el que una mujer y un hombre, ambos agentes de la policía de Barcelona y amantes, fueron condenados por el asesinato con alevosía de un compañero, pareja oficial de la primera– fue desgranado con inteligencia y exhaustividad por el equipo de 'Crims' en un monográfico de cuatro episodios en 2021. Cualquier nuevo acercamiento audiovisual al mismo caso iba a sufrir necesariamente las comparaciones con este hito de la tele reciente.
Pero el equipo de 'El cuerpo en llamas', básicamente el mismo de la estimable 'Intimidad', otra serie en la que se abordaban temas sociales desde la óptica del suspense y la pornovenganza era parte esencial de la intriga, ha sabido dar forma a una dramatización absorbente de aquella serie de retorcidos sucesos. Aunque todos los detalles más emblemáticos de la historia acaben apareciendo, esto no es tanto un estricto docudrama como un intenso 'thriller', a veces casi fantástico o de terror, con base en hechos reales, en los hilos de una densa madeja de amor tóxico, mentiras y violencia policial y doméstica.
Del final del primer capítulo se desprende que esto no será otro ejemplo de 'whodunit' o 'quién lo hizo'. La trama y la investigación de los Mossos sirven como, respectivamente, estructura y acelerador de la historia, pero no son el quid de la propuesta. 'El cuerpo en llamas' captura la atención sobre todo como retrato de personajes, empezando por una Rosa Peral construida aquí como antiheroína compleja, jeroglífico difícil de explicar: policía, madre, asesina; a veces fría y artificiosa, otras veces ardiente; aparente verduga, pero también víctima de un entorno sociolaboral sexista donde no se perdona a las mujeres que sientan deseos, como se suele hacer con los hombres. Corberó está a la altura del desafío y lleva la serie a sus espaldas con ambigüedad poderosa.
Pero
tampoco hay que restar mérito al notable trabajo de Quim Gutiérrez en el rol de
Albert López, presentado aquí como un tipo absolutamente físico,
hipermasculino, amante de las artes marciales mixtas y con la épica
'Braveheart' como película de referencia. Comparte con Rosa un espacio íntimo
singular, dominado por la pasión carnal y marcado también por filias comunes
como la provocación, la velocidad o el cuestionamiento de los límites sociales.
Al
'true crime', tanto documental como ficcionalizado, se le suele echar en cara
que haga mitología de los asesinos mientras desatiende el trance de las
víctimas o de las familias de unos y otras. 'El cuerpo en llamas' presta
atención desde el inicio a esos supuestos secundarios (José Manuel Poga deja
huella como el asesinado), incluyendo a la descendencia de Rosa, aquí
representada por la pequeña Sofía, una Guiomar Caiado de gran naturalidad y
mirada inquisitiva. En este sentido, o su cruce de realidad con brotes casi
fantásticos, se podría conectar 'El cuerpo en llamas' con 'The girl from
Plainville', reivindicable hito del 'true crime' de ficción.
Como
director, Jorge Torregrossa (relevado por Laura Mañá en la parte central)
propone un estilo de quieta intranquilidad, definido por composiciones
raramente televisuales en las que a veces se indaga en la condición de 'voyeur'
del espectador. Cuando hay necesidad de incorporar algún mensaje de texto (muchos
de ellos esenciales en esta historia), el actor lo recita delante de la cámara.
Estrategias diversas que parecen dirigidas a ponernos en permanente estado de
alerta, a no dejarnos creer que esto son ocho horas más de contenido para
deglutir sin esfuerzo.
A
esa incomodidad/fascinación contribuye la música de Aitor Etxebarria, que tiene
los violines maltratados de Trevor Gureckis en 'Servant' y los arpegios de
sintetizador que se esperan en cualquier proyecto de Nicolas Winding Refn. Sin
salir del apartado musical, algo más discutible resulta el remate de casi cada
episodio con algún ejemplo clásico (Massiel, Sergio y Estíbaliz, Rocío Jurado)
de canción melódica española: no liga con el clima general de la serie ni con la
estética de los personajes. Por poner algún pero y no dejarlo todo en lógicos
halagos. (Juan Manuel Freire)
Recomendada.
Título
original: Las noches de Tefía. Temporada: 1. Episodios: 6. Año:
2023. País: España. Género: Drama, Musical. Estreno:
25 Junio 2023 (Atresplayer Premium).
Creación: Miguel
Del Arco. Dirección: Romulo Aguillaume, Miguel Del Arco. Guión:
Miguel Del Arco, Antonio Rojano. Fotografía:
Jon Aguirresarobe. Producción: Atresmedia
Televisión, Buendía Estudios. Distribuidora: Atresplayer Premium.
Reparto: Marcos Ruiz (Airam/La
Bambi), Patrick Criado (La Vespa), Miquel Fernández (Charli), Israel Elejalde
(Don Anselmo), Roberto Álamo (La Viga), Jorge Perugorría (Airam), Carolina
Yuste (Nisa), Raúl Prieto (Boncho), Javier Ruesga (La Sissi), Luifer Rodríguez
(La Pinito), Jorge Usón (Conde Fénix), Mingo Ávila (La Rata), Jorge Yumar (Perico),
Ana Wagener (Agueda), Ciro Miró (Carlavilla), José Luis García-Pérez (El
Andaluz), José Luís de Madariaga (La Vespa), Celeste González (La Sissi),
Horacio Colomé (Carlos), Maykol Hernández (Miguel), Isaac dos Santos
(Caranabo), José Gimeno (Don Bernabé), Elisa Cano (Nisa) y Ruth Trujillo
(Claudia).
Sinopsis:
Entre 1954 y 1966
existió, en un paraje desértico de Fuerteventura, un campo de concentración
franquista conocido con el eufemístico nombre de Colonia Agrícola Penitenciaria
de Tefía, uno de tantos lugares donde el régimen enviaba a los condenados por
la Ley de vagos y maleantes que, a partir del 54, fue implementada para incluir
también a los homosexuales. En plena dictadura, los presos sobreviven día tras
día al demoledor contexto que les rodea, aunque para lograrlo han recurrido a
un truco imaginario: para huir de Tefía, al menos en sus mentes, han fundado el
Tindaya, un music hall en el que pueden ser ellos mismos sin ningún
peligro.
Comentarios:
La idea de la ficción necesaria se debería desterrar de la crítica televisiva por confundir a menudo el discurso moral o político de una serie con su calidad intrínseca, por ensalzar la obra por encima de su valor audiovisual, a veces incluso reduciéndola a ser una víctima de una guerra cultural. ¿Cuántas obras hemos visto sobredimensionadas por tener el discurso adecuado en el momento oportuno? Pero, dicho esto, las palabras se abren camino de la conciencia hasta la punta de estos dedos que teclean en un impulso tan predecible como inevitable: Las noches de Tefía es una serie necesaria.
El dramaturgo y guionista Miguel del Arco se adentra en un capítulo poco explorado del franquismo: la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en las Canarias, un campo de concentración al que se enviaban los detenidos por la ley de vagos y maleantes del régimen. Esto significaba que allí había tanto proxenetas como homosexuales, bisexuales y transexuales. A los presos no les quedaba otra que trabajar de sol a sol en situaciones precarias, recibir torturas y vejaciones, y supuestamente ser reeducados para la reintroducción en sociedad como seres reformados, no desviados.
Las noches de Tefía comienza con Airam (Marcos Ruiz) llegando a la falsa colonia agrícola. Es silencioso, tímido y discreto, lo opuesto a la Vespa (Patrick Criado), un homosexual reincidente que vuelve allí y levanta los ánimos de los presos. El entusiasmo y el optimismo de la Vespa no es inconsciencia: él sabe que estar allí es un infierno pero siente el deber de reivindicar la humanidad de todos ellos, que nadie se avergüence de su sexualidad o su orientación de género. Y, para salir de allí ni que sea de forma simbólica, por la noche todos se rinden a los relatos de Charlie (Miquel Fernández), un preso con un don para narrar historias, que les traslada al Tindaya, un bar musical donde todos tienen un papel.
Esta producción es oportuna en un contexto en el que el neofranquismo de VOX entra con fuerza en instituciones y en el que no duda en mandar banderas a la papelera como la LGTBQ+, Tefía propone hacer un poco de memoria histórica. Nos recuerda quiénes eran los verdugos y su esencia no dista mucho de los vicepresidentes toreros.
Este
pasado del campo de concentración, mostrado en blanco y negro, es todo un
acierto. Ofrece un documento ficcionado pero verosímil de un campo de
concentración que estuvo activo entre 1954 y 1966. Su autor se mueve con
comodidad en ese terreno tan complicado entre mostrar la dureza de las
situaciones y conseguir más allá de la victimización de los personajes, que no
pierden su humanidad a pesar de sufrir palizas o violaciones. La cámara se
asegura de resaltar ese brillo en la mirada: se reconocen sus existencias
incluso si en ese presente eran simplemente parias.
Eso
sí, Las noches de Tefía juega con tres líneas narrativas. Aparte de
mostrar el día a día de la colonia, también muestra a Airam en 2004
enfrentándose a un pasado traumático y también muestra el mundo inventado por
Charli, el bar Tindaya. El Airam maduro, interpretado por Jorge
Perugorría, tiene problemas para sostenerse por sí mismo: tanto el desarrollo
de su conflicto como los secundarios tienen un trato superficial. Con respecto
al Tindaya, se entiende su razón de ser conceptual: es el
mundo al que huyen los presos. Sirve como contrapunto ligero a la dureza del
campo de concentración. Nos permite ver la plenitud de sus personalidades si no
vivieran en una realidad tan injusta. ¿Pero tiene sentido invertir tanto tiempo
en una realidad inventada? Con el interés que despierta la realidad en Tefía,
el Tindaya se convierte casi en un obstáculo para invertir en
las historias y las emociones reales de los personajes.
Las noches de Tefía, por lo tanto, es una serie que tiene una historia potente que contar
pero que, temerosa de ser demasiado cruda, pierde el tiempo con números
musicales desconectados. En su presentación, por lo menos, cuesta justificarlos
más allá de la anécdota, del capricho, cuando la realidad en blanco y negro es
mucho más interesante. (Pere Solà Gimferrer)
Recomendada.
Título
original: El silencio. Temporada:
1. Episodios: 6. Año: 2023. País:
España. Género: Thriller. Estreno: 19 Mayo 2023 (Netflix).
Creación: Aitor
Gabilondo. Dirección:
Gabe Ibáñez, Esteban Crespo. Guión:
Aitor Gabilondo. Fotografía: Octavio
Arias, Curro Ferreira. Música: Zacarías
M. de la Riva. Montaje: Miguel Doblado, Guillermo Cobo, Sebastián
González, Jorge Arrieta. Producción:
Alea Media. Distribuidora: Netflix.
Reparto: Arón Piper (Sergio Ciscar
Polo), Almudena Amor (Ana Dussuel), Cristina Kovani (Marta Ortega Saiz), Aitor
Luna (Cabrera), Manu Ríos (Eneko), Aria Bedmar (Greta), Ramiro Blas (Natanael
Torroja), Mikel Losada (Mikel).
Sinopsis:
Sergio Ciscar es puesto
en libertad 6 años después de haber asesinado a sus padres, cuando aún era
menor de edad. Durante ese tiempo, Sergio no ha dicho una sola palabra ni ha
colaborado con la justicia, por lo que tanto las motivaciones del crimen como
sus actuales intenciones son un misterio. Ana Dussuel, una joven psiquiatra y
su equipo serán los encargados de determinar su potencial peligro para la
sociedad observándolo en secreto día y noche, como a un animal.
Comentarios:
El silencio es la historia de Sergio Ciscar (Arón Piper), un joven que fue acusado de asesinar a sus padres a sangre fría cuando era menor de edad. Tras cumplir una condena de seis años en la que apenas ha pronunciado palabra, vuelve a la sociedad, sin saber que la psiquiatra Ana Dussuel (Almudena Amor) y su equipo lo vigilarán día y noche para analizar su comportamiento y comprobar si es verdaderamente una amenaza pública.
Aitor Gabilondo ha creado un relato interesante, aunque algo descafeinado en cuanto a los personajes y las subtramas.
El silencio transcurre en una Bilbao algo oscura, pero atractiva en cuanto a su arquitectura (podría decirse que en la línea de su propio protagonista). El inicio de la serie es todo lo que se podría esperar del género de suspense, con una destacada presentación de los hechos y de los personajes y pinceladas de la tensión que acompañará al relato en el resto de capítulos.
Sin embargo, cuando una lee la premisa de la serie, lo que espera es que el silencio del protagonista dote de un misterio mayor a la historia: un relato donde los gestos, las miradas y esa falta de palabras enganchen al espectador frente a la pequeña pantalla. No obstante, esta experiencia, aunque sí se llega a vivir al comienzo de la ficción, pierde fuerza a medida que pasan los episodios. La historia no consigue exprimir al máximo la vía del silencio: el personaje principal no es que haya decidido no volver a hablar, sino que es selectivo al hacerlo. Por tanto, deja así a medio explorar un detalle que podría diferenciar la producción notablemente de otras del mismo género.
Eso
sí, al César lo que es del César, ya que, indudablemente, quien se lleva la
nota más alta es Arón Piper. El actor, ya asentado en la plataforma, deja ver
en El silencio que no hace falta tener un diálogo denso y
prolongado para desarrollar una actuación destacable. De hecho, esta miniserie
podría considerarse el mejor trabajo del intérprete hasta la fecha. El
español-alemán supera con creces a sus compañeros de elenco, pues algunos no
terminan de convencer. De hecho, el thriller psicológico está formado por
demasiados personajes que se acaban desdibujando y, lejos de aportar «chicha» a
la historia, parecen incluso un grupo de espectadores más, confusos por los
hechos que están presenciando.
Por
otra parte, la historia juega con los cliffhanger,
las traiciones cruciales y demás ingredientes del suspense, indispensables para
enganchar al menos un rato. Con este thriller, Aitor Gabilondo vuelve a crear
un relato sobre las luces y sombras de cualquier ser humano y la
responsabilidad del contexto en los contrastes de la propia identidad. Eso sí,
el sello indiscutible de Netflix se aprecia en las tramas juveniles que se
entremezclan con la historia principal, las cuales no ligan con el relato en
primer plano. De hecho, a El
silencio le pasa un poco esto: tramas
secundarias con distinto ritmo que sacan al espectador de la historia en
momentos puntuales.
La
hibristofilia es una parafilia por la que algunas personas sienten deseo sexual
por delincuentes. Esta erotopatía ha estado muy presente tanto en casos reales
de crímenes como en relatos de la ficción. El silencio
construye su historia, sus personajes y su propio atractivo alrededor de esta
singular filia.
Al
visionar los seis episodios que forman la nueva miniserie de Netflix se siente
que esa parafilia oscura tiene intenciones de traspasar la pequeña pantalla (al
menos en una dosis más sana), humanizando desde el principio a su protagonista,
atractivo y joven, que se encuentra observado y sin mucho margen de movimiento
tras haber cumplido una pena por asesinato. Y precisamente en esta intención es
donde se encuentra otro de los puntos flacos de la producción: la hibristofilia
invade la historia, pero quizás no tanto al espectador. Con lo que sí se
consigue empatizar es con la dificultad que tiene ‘un delincuente’ en la
reinserción y, sobre todo, en confiar en aquellos que le tienden la mano.
Dejando
a un lado todo aquello que tambalea, El
silencio es una buena apuesta patria
formada por un elenco variado de actores tanto conocidos como emergentes al que
Arón Piper pone la guinda y dota de una gran proyección internacional. En
conjunto, la nueva serie de Gabilondo hace justicia a su género, y ocupará un
puesto como serie nacional entretenida y con una muy buena duración. Una
historia casi perfecta para el formato de miniserie, que va atando cabos a
medida que avanza y que juega al despiste hasta desembocar en un final, cuando
menos, intrigante. (Lucía Ortega)
Recomendada (con reservas).