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sábado, 11 de mayo de 2024

Cate Blanchett, icono de San Sebastián 2024

 

Cartel protagonizado por Blanchett

Cate Blanchett, una de las intérpretes más relevantes de la cinematografía contemporánea, recibirá en septiembre un Premio Donostia en la 72ª edición del Festival de San Sebastián, al tiempo que protagoniza el cartel oficial. En esta misma edición se hará entrega del mismo galardón a Javier Barden, que no pudo recoger el que se le otorgó en la edición anterior del Festival a causa de la huelga de actores.

El póster del Festival sigue la nueva línea de carteles iniciada por el SSIFF en 2018 en la que se opta por la presencia de figura relevante de la cinematografía contemporánea. Isabelle Huppert, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Sigourney Weaver, Juliette Binoche y Javier Bardem han precedido a Blanchett como imagen oficial, que este año ha sido creada por el diseñador gráfico donostiarra José Luis Lanzagorta a partir del retrato del fotógrafo Gustavo Papaleo.

Para la australiana esta será su primera visita a San Sebastián, aunque alguna de sus películas han sido proyectadas en el Festival como Babel (Alejandro G. Iñarritu, Perlak, 2007) o Veronica Guerin (Joel Schumacher, Sección Oficial, 2003), que compitió por la Concha de Oro.

El Premio Donostia, ya lo tiene otro intérprete australiano, concretamente Hugh Jackman, que recibió este importante galardón honorífico en 2013.

Blanchett acumula más de 200 reconocimientos y galardones, incluidos dos Oscar por Blue Jasmine y El Aviador (y otras seis nominaciones), dos Copas Volpi del Festival de Venecia, cuatro premios BAFTA y cuatro Globos de Oro, el César honorífico y el Goya Internacional en una trayectoria de más de tres décadas que combina el cine de autor con películas dirigidas al gran público. La intérprete y productora australiana ha trabajado con cineastas como Martin Scorsese, Terrence Malick, Steven Soderbergh, Steven Spielberg, David Fincher, Ridley Scott, Sally Potter, Wes Anderson, Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu, Woody Allen, Gillian Armstrong, Taika Waititi, Peter Jackson, Todd Haynes, Richard Linklater, Jim Jarmusch, Guillermo del Toro, Adam McKay o Todd Field.

Entre los trabajos de Cate Blanchett como actriz de Blanchett se incluyen Tár, El callejón de las almas perdidas, No mires arriba, Ocean’s 8, Thor: Ragnorok, Carol, Blue Jasmine, I’m Not There, El curioso caso de Benjamin Button, Diario de un escándalo, Life Aquatic, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, la trilogía de El señor de los anillos y El Hobbit, El buen alemán, El aviador, El talento de Mr. Ripley y Elizabeth

Además de actriz de renombre internacional, es productora, directora artística, filántropa y está muy implicada con el sector cultural.Junto a sus socios Andrew Upton y Coco Francini, es cofundadora y directora de la productora de cine y televisión Dirty Films, que acaba de lanzar Proof of Concept, un programa que ofrece apoyo financiero, tutoría y visibilidad a cineastas emergentes.

 

 

jueves, 21 de marzo de 2024

La Inteligencia Artificial, Marilyn y el más acá

 

 

Pilar Lebeña Manzanal

 

Cuando Miguel Ríos cantaba allá por 1981: Este es el tiempo del cambio/ el futuro se puede tocar/ Nacen cronistas, brujos y santos/ y alucinan con lo que vendrá… para continuar con el inolvidable estribillo de: Año dos mil/ llega el año dos mil/ y el milenio traerá/un mundo feliz/un lugar de terror… adornada la canción con palabros como microordenador, Mister Chip o ciencia ficción, ese dos mil se antojaba una fecha lejana y utópica que sin embargo metió el turbo, desmelenó el presente, y de un suspiro se plantó en un incrédulo 2024 sin tiempo para pensar nostalgias, tan empecinado está el aquí y ahora en querer ser siempre futuro.

Y entre tanto correr y correr, la rutina se ha vestido de realidades y terminologías nuevas que han dejado sin aliento no solo a aquel año dos mil, sino a los más de veinte que se han esfumado después. Que le pregunten sin ir más lejos a la industria del cine que asiste entre expectante, encantada y temerosa a estos tsunamis de cambio que la inteligencia artificial está provocando.

Y sin querer queriendo se atropellan las preguntas. ¿Es la IA un arma peligrosa para el cine o simplemente una herramienta más como tantas otras que ayuda a mejorar todo el proceso de producción cinematográfica desde la preproducción hasta la postproducción? Pixar y su película Elemental es un buen ejemplo de ello.

 

La última huelga desencadenada por el sindicato de guionistas de Hollywood dejó clara su postura de que la IA no pueda originar guiones ni novelas que posteriormente puedan ser adaptadas al cine. ¿Ahorro de tiempo y dinero? ¿Terminará la IA prescindiendo de ellos o se les explotará aún más? ¿Mandará la IA mano de obra hasta ahora imprescindible a las indeseadas y humillantes colas del paro? ¿Llegará el final de profesiones en un futuro? ¿Terminarán los hasta ahora actores y actrices de carne y hueso suplantados por la IA? ¿Conseguirá la IA ser más original, más creativa que la mente humana? ¿Y las bandas sonoras? ¿Y qué sucederá con el mundo de la animación? ¿Y los efectos especiales? Preguntas que se atropellan en busca de respuestas tranquilizadoras que por el momento no llegan.

El director Cristopher Nolan, oscarizado con su última película Oppenheimer, ha declarado: “Si apoyamos la idea de que es todopoderosa, respaldamos también la idea de que puede liberar a las personas de la responsabilidad de sus actos, ya sea militar o socioeconómicamente”.

Por su parte, el director James Cameron opina que si la IA gana un Óscar al mejor guión debemos tomarlo en serio. “No creo que una mente incorpórea solo regurgite lo que otras mentes encarnadas han dicho sobre la vida o el amor”, concluye.


Unos meses atrás, el productor creativo Nicholas Neubert publicó un tráiler de casi cincuenta segundos sin necesidad de actores ni guionistas. Con la IA le bastó. Búsquenlo si sienten curiosidad. Génesis es su título.

Una IA que aterrizó hace ya unos años revolucionando el mundo de la tecnología. ChatGPT como creador de texto. Sora, el nuevo sistema de IA inventado por OpenAI, como generador de videos a partir de texto que promete ser la próxima gran revolución. Ya saben. Ese vídeo que corre por las redes de una estilosa mujer caminando por una calle cualquiera de un Tokio iluminado con luces de neón, el pavimento con reflejos efecto espejo tras la lluvia, responde a un prompt en el que se le ha pedido justamente eso. Dicho y hecho. Recreó el entorno, la ambientación, vestimenta y maquillaje. Y de propina, Sora, como se le dijo Tokio, le añadió de cosecha propia los ojos rasgados. A la mujer, no a la calle, que la IA es eficiencia en estado puro.

Todo esto nos lleva de corrido a otra pregunta inevitable, ¿ha dejado la IA de ser una discreta espectadora en el mundo de la industria cinematográfica y ha introducido ya sus tentáculos irremisiblemente?

Marilyn. Marilyn. Marilyn. Siempre Marilyn. Mito erótico, Marilyn. Fuente inagotable de dinero, Marilyn. Eterna Marilyn. La empresa estadounidense Soul Machine ha presentado Digital Marilyn como su última celebridad, donde el usuario de turno podrá mantener una charlita inolvidable en tiempo real con su ídolo… digital. IA post mortem de toda la vida de dios. No vayamos a perder la cabeza que a este ritmo nos quedan dos telediarios y un informe semanal. En Soul Machine están dichosos de haber dado vida a Marilyn en la era de la IA, además de haberla convertido de nuevo en una pionera. Y hasta puede expresar emociones”, afirman.

El mismísimo Greg Cross, director ejecutivo de la empresa, comenta que cada vez que interactúa con Marilyn es una sensación especial pues siente que tiene una buena relación con la actriz. El avatar por su parte ha declarado lo siguiente: “Mi película favorita es Con faldas y a lo loco. Es un papel exigente pero también gratificante, y mi personaje es sexy a la vez que vulnerable”. No me digan que Digital Marilyn no es para comérsela.

Respecto de la ética. De la moralidad. ¿Qué piensan? ¿Entrañable Digital Marilyn? ¿Necesario? ¿Obsceno?

Cuando un desconocido Hugh Hefner edita su primer número de la revista Playboy en diciembre de 1953 ni conocía a Marilyn ni la conocería nunca ni estaba seguro de que fuera a haber una segunda edición. Su única certeza era que quería ser el dueño de una revista novedosa que sacara los desnudos de los suburbios de las revistas semiclandestinas y marginales existentes hasta entonces y tratar la sexualidad desde una óptica distinta, acompañando sus páginas de artículos serios donde imperase la libertad de expresión. 

La Fox había estrenado Niagara apenas unos meses antes, convirtiéndose en un éxito de taquilla incontestable y elevando al estrellato a una actriz hasta entonces secundaria de la que los directivos pensaban que carecía de madera de estrella, Marilyn Monroe. Y Hefner se pone a la búsqueda de fotos publicadas de la actriz. Para la portada de ese primer número elige una de estudio donde se la ve enfundada en un vestido negro, de cuello blanco con un pronunciado escote, saludando risueña. Junto a la foto, un destacado que dice: “Por primera vez en una revista a todo color la famosa Marilyn Monroe desnuda”. Vendió 53.991 ejemplares en apenas unos días y sobre esa primera edición construyó un imperio.

Al fotógrafo Tom Kelly, que las había hecho en 1949 por encargo de una empresa para su calendario, se las compró por 500 dólares. Marilyn había cobrado 50 dólares, tenía veintitrés años, dos vestidos, y malvivía sola de alquiler en una pequeña habitación de la periferia de Hollywood a donde se había trasladado desde su ciudad natal, Los Ángeles. Posaba vestida y en bañador para anuncios y folletos fotográficos por los que cobraba una miseria, frecuentemente comía solo una vez al día a la par que se presentaba a todos los castings posibles para cumplir su sueño de ser actriz. Quién iba a ver nunca aquel calendario en el que ella aparecía desnuda más allá de los trabajadores de la empresa que lo encargó si era una absoluta desconocida, pensó. Temió que aquello iba a hundir su recién estrenada fama. Su honestidad ante la prensa sin embargo la disparó aún más.

Nunca recibió un dólar. Jamás Hefner la contactó para pedirle disculpas, darle las gracias o ambas cosas. Para verse, Marilyn tuvo que comprar la revista como todo el mundo.

En 1992, el ya multimillonario Hugh Hefner compra por 75000 dólares el nicho situado a la izquierda de la legendaria actriz. “Pasar la eternidad al lado de Marilyn Monroe es algo demasiado tentador como para dejarlo pasar”, afirmó. Lleva seis años disfrutando de esa tentación. Sin pedir disculpas ni permiso.

Richard Poncher, exitoso empresario norteamericano, se le adelantó y compró años antes el nicho situado encima. “Si no me pones boca abajo para estar cara a cara con ella, mi fantasma te perseguirá toda la vida”, le dejó escrito en tono amoroso a su querida esposa quien debía de querer más al dinero que a su marido pues después de dejarle unos años disfrutando de Marilyn en la paz eterna, sacó sus restos, aireó el nicho y lo subastó en eBay por un pastizal.

La virtud de una chica en Hollywood es mucho menos importante que su peinado. Te pueden pagar 1000 dólares por un beso, pero sólo 50 centavos por tu alma. Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y cobré siempre los 50 centavos”, declaró Marilyn. Olvidó incluir los lobos que acechaban fuera de las murallas hollywoodienses.

Marilyn Monroe vivió poco más de diez años. Norma Jeane Mortenson treinta y seis, de los cuales los primeros quince los sorteó entre el orfanato y más de nueve hogares de acogida que jamás fueron tales, sino lugares faltos de cariño y atención sobrados de órdenes y abusos que el orfanato buscaba entre familias humildes a las que pagaba cinco dólares semanales para aligerar una institución copada de niños y a donde la devolvían como un mueble inservible cuando ya no les convenía. En medio, un padre huido antes de que ella naciera y una madre que quería e intentaba tenerla con ella, pero sus problemas mentales y económicos se lo pusieron muy difícil. Con quince años y para evitar volver al orfanato decide casarse sin estar enamorada con un vecino de veintiuno del que se separará cuatro años más tarde. Tenía diecinueve años y sin más equipaje que ella misma marchó a Hollywood.



No era rubia. Ni tonta. Buscó siempre enriquecerse como persona y como actriz. Ya famosa se matriculó en las clases nocturnas de la UCLA para estudiar Arte. Cuando Hollywood se negó a que ella pudiera elegir los guiones rompió contrato y creó su propia productora, Marilyn Monroe Productions. Únicamente Mary Pickford había osado hacerlo antes que ella. Se trasladó a Nueva York para profundizar el método con Lee Strasberg en el Actor´s Studio. Contrató clases de escritura para pulir los poemas que escribía. Dejó una biblioteca de más de cuatrocientos libros que calmara su constante certeza de incultura. Cuando se enteró de que Frank Sinatra iba a ganar semanalmente tres veces más que ella se negó a presentarse en el set. “Fue una mujer adelantada a su tiempo, pero ella no lo sabía”, declararía años después Ella Fitzgerald a quien la actriz consiguió que contrataran en los racistas años cincuenta donde colgaban carteles en los que se leía “Only white people”. Marilyn estuvo la primera semana sentada en primera fila cada noche como prometió a los empresarios del Mocambo. Y tocar o cantar en el Mocambo suponía tocar la cima.

Marilyn solo quería ser actriz. Una buena actriz. No una rareza erótica vendida al público como un afrodisíaco made in Hollywood.

Sola

Estoy sola

Siempre he estado sola

Pero hoy

ni siquiera me tengo a mi misma

para hacerme compañía.

 

Vida,

soy de tu cara y tu cruz

Casi siempre boca abajo,

pero fuerte como una telaraña al viento.


Dos de los poemas que la actriz y cantante dejó escritos.

Marilyn Monroe nunca consiguió que Norma Jeane Mortensen se desprendiera del inconmensurable dolor que provocan el abandono y la soledad porque ella misma fue incapaz de restañar heridas tan profundas. Será que son verdad las palabras de Dostoievski cuando escribe: “Quien acumula muchos recuerdos felices en la infancia está salvado para siempre”.

No fue su caso.

¿Con qué Digital Marilyn Monroe querrán interactuar los usuarios de IA? ¿A qué Marilyn querrán manosear virtualmente? Hagan sus apuestas.

 

 

 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Mitomanía... Burt Lancaster

 


Su carrera es el más vivo ejemplo de la ardua carrera como profesional y de las irrenunciables ansias de superación que deben prevalecer en todo actor de cine que pretenda llegar a ser estrella. Como además le acompañaba una simpática y varonil figura cuyo magnetismo animal traspasaba la pantalla, pronto se convertiría en uno de los personajes claves del cine internacional, a través de una meteórica evolución que le llevaría a trabajar en Europa con Visconti o Bertolucci, sin renunciar por ello a su gloriosa etapa americana, cuajada de grandes éxitos comerciales, un Óscar, dos premios de la crítica neoyorquina y numerosas menciones especiales en festivales de cine por todo el mundo.

 

Brutal en sus comienzos, de gángster o convicto lóbrego y taciturno, su siguiente etapa de espadachín acrobático, a lo Douglas Fairbanks o Errol Flynn, popularizó su alegre sonrisa despreocupada, que en lo sucesivo, acentuada por su resplandeciente dentadura, pasaría a ser, junto a su recia y vigorosa complexión atlética, una de las bazas primordiales para obtener el apetecible estrellato.

 

Burton Stephen Lancaster nació en Nueva York en 1913. A los dieciséis años daba clases de gimnasia en la Universidad de Nueva York y de baloncesto en la Settlement House, mientras se entrenaba con el trapecista Nick Cravat, con el que, más tarde, formó pareja como saltimbanqui en dos películas memorables del género de aventuras, El halcón y la flecha y El temible burlón. En 1932 ambos formaron un número acrobático que recorrió el país de circo en circo (aunque, básicamente, en el Kay Brother Circus). Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvieron en el Quinto Ejército, en una sección especial que se ocupaba del entretenimiento de las tropas que luchaban en ultramar.

 

Licenciado en 1946, regresó a Nueva York y, tras un breve paso por el teatro, fue descubierto por Mark Hellinger, quien le llevó a la Universal para interpretar, en la obra maestra de Robert Siodmak, Forajidos (1946), a un boxeador fracasado que se ve sorprendido en una intriga de muerte y seducido por los inestimables encantos de una Ava Gardner nunca tan guapa, embutida en un insinuante vestido de satén negro. Gracias a las interpretaciones que ambos hicieron de esos personajes malditos, que rezumaban erotismo por todos los poros, la película ingresó pronto en la mitología del cine negro.

 

Forajidos

Burt Lancaster siguió desenvolviéndose a las mil maravillas por la senda negra, asustando a Bárbara Stanwyck en un filme magnífico de Anatole Litvak, Voces de muerte (1948). En El abrazo de la muerte (1949), de Robert Siodmak, se vio abocado por el influjo de una mujer (Yvonne De Carlo) a participar en un golpe insensato, un atraco perfecto en un hipódromo, teniendo como cómplice precisamente al nuevo compañero de la mujer, un peligroso gángster (el siempre inquietante Dan Duryea). Lancaster volvió a encarnar a un hombre físicamente dotado pero sentimentalmente débil que acaba siendo manejado por una mujer (como en Forajidos), ofuscado por el amor o por el deseo sexual.

 


Inmediatamente, Lancaster interpretó el Dardo de El halcón y la flecha (1950), de Jacques Tourneur, y el pirata de El temible burlón (1952), de Robert Siodmak. En la primera, Lancaster se destapa como el aguerrido y risueño héroe italiano medieval que lucha por su hijo, por el amor de una Virginia Mayo (con los labios en Technicolor) y por la libertad de su tierra, Lombardía. En la segunda es un gallardo pirata en una de las piezas clásicas del género de aventuras, por no decir del cine en general. En ambas tenía un viejo amigo para, entre mandoble, galanteo y caída de velas, guardarle las espaldas: su mudo compañero Nick Cravat.

 

El halcón y la flecha

En medio de estos dos clásicos, se fue por primera vez al oeste norteamericano de la mano, curiosamente, de un gran experto en la aventura, Richard Thorpe: El valle de la venganza (1951) fue en efecto su primer western. Pero volvió tres años más tarde con fuerza en dos magistrales muestras del género. Antes, en 1953, se dio el baño más famoso de la historia del cine, quizá porque lo hizo con una bellísima Deborah Kerr (encorsetada en un bañador atrevidísimo para la época) en el papel más erótico y seductor de toda su carrera: el que interpretó en el filme De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann, que se convirtió en un éxito enorme y mereció ocho Oscar, incluido el de mejor película. Burt Lancaster impresionó con su sobria interpretación, lo que le valió el primer premio de la crítica de Nueva York y una candidatura para el Oscar.

 

De aquí a la eternidad

Burt Lancaster fue, además, el primer actor de su generación que se dio cuenta a tiempo de la fragilidad del sistema de los grandes estudios y se lanzó a producir por su cuenta. Junto al célebre guionista Ben Hecht fundó en 1947 la Norma Production, que con la incorporación de James Hill pasaría a llamarse Hecht-Hill-Lancaster. Los frutos llegaron con Apache (1954), de Robert Aldrich (uno de los primeros alegatos en favor de la maltratada y exterminada raza india que contó con la magnífica interpretación de un Lancaster embetunado para la ocasión), y sobre todo, en ese mismo año, con Veracruz, del mismo Aldrich. Lancaster incorporaba a un personaje algo frustrado, un vividor con sonrisa asesina tan detestable como encantador; todo lo contrario que su compañero Gary Cooper, reflexivo, tranquilo, justo e imbuido de sus principios morales. No les quedó más remedio que vivir juntos las mismas aventuras, la misma epopeya, en un duelo interpretativo casi épico. La actriz española Sara Montiel lució su maravilloso físico entre estos dos monstruos de la pantalla.

 


Se lanzó a la dirección con El hombre de Kentucky (1955), que no aportó nada nuevo a su carrera; volvería a intentarlo, muchos años después, en El hombre de medianoche (1974), que corrió la misma suerte. También en 1955 aportó una soberbia tranquilidad a su personaje de despreocupado italiano en La rosa tatuada, de Daniel Mann, junto a Anna Magnani, según la obra homónima de Tennessee Williams. Viajó un año después a Europa para rememorar viejas acrobacias en Trapecio, de Carol Reed, una encantadora cinta de trapecistas que se lanzan en un triple salto mortal sin red. Estos temerarios del aire eran, aparte de Burt Lancaster, Tony Curtis y una maravillosa Gina Lollobrigida.

 

Trapecio

En 1957 regresó al género del Oeste interpretando al Wyatt Earp de Duelo de Titanes, de John Sturges, una nueva versión del viejo tema del enfrentamiento entre los Clanton y los Earp en O.K. Corral, ya llevado magistralmente al celuloide por John Ford en Pasión de los fuertes (1946). En esta ocasión, Dimitri Tiomkin compuso una pegadiza y original melodía que se hizo muy familiar. El Oscar le llegó con El fuego y la palabra (1960), de Richard Brooks, donde da vida de manera sublime, bajo la apariencia del altruismo y de la generosidad, a un falso evangelista que, con la bendición de la religión, manipula no sin un cierto regocijo a las masas crédulas y traumatizadas a través del mítico chantaje del infierno.


El fuego y la palabra

Con ¿Vencedores o vencidos? (1961), de Stanley Kramer, comenzó una serie de interpretaciones humanitarias y tiernas. Le siguió su alentador trabajo para El hombre de Alcatraz (1962) de John Frankenheimer, una interesante reconstrucción de la reconversión de un criminal en un ornitólogo de prestigio; y terminó con Ángeles sin paraíso (1963), una conmovedora película de John Cassavetes sobre los niños con problemas para relacionarse con los demás.

 


Ese mismo año marchó a Italia para ponerse a las órdenes de Luchino Visconti. Lancaster estuvo sublime como el príncipe don Fabrizio Salina, en uno de los más bellos, frescos y románticos filmes de la historia: El Gatopardo, un verdadero clásico del cine histórico y político. Con Visconti, once años después, volvió a estar espléndido en Confidencias (1974). Lancaster se reencarnó en un profesor envejecido, amante de la literatura y la pintura, que siente llegar la muerte, y que se debate entre angustias personales y el desencanto de tener que compartir lugar con jóvenes burgueses disolutos y desordenados, incapaces de sentir ni el arte ni la vida. En Italia participaría aún en otro título mítico, esta vez obra de Bernardo Bertolucci: Novecento (1976), que, como El Gatopardo y Confidencias, volvió a fracasar entre sus compatriotas.

 

El gatopardo

A lo largo de los años setenta apareció en un filme que puso de moda los productos de catástrofes: Aeropuerto (1970), de George Seaton. Y, más tarde, en otro que ayudó a reforzar el género, El puente de Cassandra (George Pan Cosmatos, 1977). Ofreció una de sus mejores interpretaciones en La venganza de Ulzana (1972), un impresionante western de Robert Aldrich, e intervino también en la importante superproducción Amanecer Zulú (1979), de Douglas Hickox.

 

Su presencia fue requerida para tres filmes de culto en los años ochenta: Un tipo genial (1983), de Bill Forsyth, donde interpreta a un magnate obsesionado con contemplar una aurora boreal, por lo que pretende comprar todo un pueblo; La piel (1981), de Liliana Cavani; y Atlantic City (1980), de Louis Malle, por la que volvió a ser nominado al Oscar gracias a su memorable interpretación. Todavía en 1989 resultó todo un lujo volverle a ver en esa pequeña joya del cine que es Campo de sueños, de Phil Alden Robinson, interpretando a un doctor que ha tomado los caminos que la vida le ha ofrecido, pero que nunca ha olvidado lo que el Baseball había significado para él.

 


La carrera cinematográfica de Burt Lancaster atravesó distintas etapas: en los años cincuenta fue uno de los más insignes acróbatas del cine de aventuras; en los años sesenta se rebeló como el más empecinado actor de culto; en los años setenta fue una baza segura para las producciones en las que participaba, y en los ochenta gozó de una madurez gloriosa. Asusta ver la impecable filmografía de un actor irrepetible, capaz de saltar encima de un caballo, pasar por un aristócrata italiano o columpiarse a 25 metros de altura. Lancaster no ha parado de sorprender a las distintas generaciones de cinéfilos que lo han ido conociendo a través de sus películas. Cuando en sus inicios fue catalogado como un actor de registro limitado, Lancaster dio cantidad y calidad, y supo callar las lenguas que le asignaban pocas armas para triunfar.

 

Fue una persona muy celosa de su intimidad. Estuvo casado en tres ocasiones. Su primer matrimonio fue con June Ernst, de 1935 a 1946. Su segundo matrimonio (1946-1969) fue con Norma Anderson, una antigua acróbata como él, con quien tuvo cuatro hijos y adoptaron otro. Lancaster tuvo fama de mujeriego, lo que provocó el divorcio de Anderson en 1969. Se casó con su tercera esposa, Susan Martin, en 1990 ya en el ocaso de su vida; ella lo acompañó hasta su muerte.

 

A medida que se fue haciendo mayor, su corazón comenzó a fallar, lo que le impidió seguir desarrollando su actividad profesional con normalidad. A finales de ese mismo año de 1990 sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó mudo y tuvo que someterse a una operación a corazón abierto. Más tarde, un segundo ataque cerebral le obligó a usar silla de ruedas, quedando parcialmente paralítico.

 

Falleció en 1994, en su casa de Los Ángeles, de un infarto de miocardio. Sus restos se encuentran en el Cementerio Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles, California.




jueves, 25 de enero de 2024

Mitomanía... Clark Gable


Seductor, tierno, mujeriego, sentimental, rudo, elegante, cínico… Clark Gable era un cóctel demasiado completo, demasiado excitante como para entrar en la simple categoría de los grandes actores. Clark Gable era el Rey, el Rey de Hollywood, un hombre deseado por mujeres adultas, pero capaz de suscitar el cariño de una niña llamada Judy Garland.
Había nacido en Cádiz, Ohio, el 1 de febrero de 1901, y como tantos otros recorrió la más variada gama de empleos hasta imponer su verdadera voluntad y hacerse actor teatral, ayudado por los consejos de la que será su primera mujer. Josephine Dillon.
Sus comienzos en el cine no son alentadores. Warner, el productor, montará una tarde en cólera al comprobar que el estudio ha gastado quinientos dólares en probar a alguien con “esa cara de mono”. Pero cuando las grandes productoras aceptan de una vez que la época del galán tipo Valentino ha pasado ya a la historia, Gable marchará imparable, película tras película, hasta convertirse en el actor mejor pagado, en el prototipo del hombre duro de mirada magnética y rebosante de sex-appeal. Porque, ¿quién ha olvidado esa arrebatadora forma de besar a mujeres como Crawford, Harlow, Leigh, Gardner o Monroe? ¿Y quién no recuerda títulos como Susan Lenox, Tierras de pasión, Sucedió una noche, Rebelión a bordo, San Francisco, Lo que el viento se llevó o Mogambo?
Casado cinco veces, formó con Carole Lombard una de las parejas más felices de Hollywood, pero, por una vez, el destino le jugó una mala pasada, y la maravillosa rubia murió en un accidente de aviación cerca de Las Vegas.
El Rey aguantó en el cine hasta el último momento, Murió el 16 de noviembre de 1960, sólo días después de terminar Vidas rebeldes, con Marilyn Monroe. Un poco antes había nacido su único hijo.



Filmografía esencial.

·        1924: La frivolidad de una dama; White Man.
·        1925: La viuda alegre; North Star; Días de colegial; Declasee.
·        1926: The Johnstown Flood.
·        1931: El desierto de la nieve; Amor en venta; Susan Lennox; De pura sangre; Danzad, locos, danzad; Enfermeras de noche; La pecadora; Alma libre; El dedo acusador; Los seis misteriosos; Salvada; Titanes del cielo.
·        1932: Casada por azar; Polly la chica del circo; Tierra de pasión; Extraño intervalo.
·        1933: Alma de bailarina; Tú eres mío; Vuelo nocturno; La hermana blanca.
·        1934: Sucedió una noche; Encadenada; Cuando el diablo asoma; El enemigo público nº 1; Hombres de blanco.
·        1935: El escándalo del día; La llamada de la selva; Mares de China; Rebelión a bordo.
·        1936: San Francisco; Cain y Mabel; Love on the Run; Entre esposa y secretaria.
·        1937: Parnell; Saratoga.
·        1938: Piloto de pruebas; Sucedió en China.
·        1939: Lo que el viento se llevó; Idiot’s Delight.
·        1940: Fruto dorado; Camarada X; Strange cargo.
·        1941: Quiero a este hombre; They met in Bombay.
·        1942: Somewhere I’ll Find You.
·        1945: Aventura.
·        1947: Los vendedores.
·        1948: Sublime decisión; La rival.
·        1949: ¡Hagan juego!
·        1950: Key to the City; Indianápolis.
·        1951: Más allá del Missouri; Callaway Went Thataway.
·        1952: Estrella del destino.
·        1953: Mogambo; No me abandones.
·        1954: Brumas de traición.
·        1955: Cita en Hong Kong; Los implacables.
·        1956: Un rey para cuatro reinas.
·        1957: La esclava libre.
·        1958: Torpedo; Enséñame a querer.
·        1959: No soy para ti.
·        1960: Capri.
·        1961: Vidas rebeldes.


Nos quedamos con una famosa secuencia de la superproducción de Hollywood “Lo que el viento se llevó” (1939). En este corte, Rhett Butler, interpretado por Clark Gable, se enfrenta a la caprichosa y odiosa Scarlett O'Hara, interpretada por la gran Vivien Leigh, con unos diálogos que han trascendido en la Historia del Cine.