miércoles, 30 de septiembre de 2015

Ma Ma, de Julio Medem



Título original: Ma ma. Dirección y Guión: Julio Medem. País: España. Año: 2015. Duración: 101 min. Género: Drama. Producción: Julio Medem, Penélope Cruz y Álvaro Longoria. Coproducción: Alexandra Lebret. Dirección de Producción: Pablo Ramírez. Fotografía: Kiko de la Rica. Música: Alberto Iglesias. Compositor: Eduardo Cruz. Montaje: Julio Medem e Iván Aledo. Sonido: David Mantecón. Dirección Artística: Montse Sanz. Maquillaje: Ana Lozano. Peluquería: Massimo Gattabrusi. Estreno en España: 11 Septiembre 2015.
Intérpretes: Penélope Cruz (Magda),  Luis Tosar (Arturo),  Asier Etxeandia (Julián),  Teo Planell (Dani),  Silvia Abascal (Enfermera),  Mónica Sagrera,  Àlex Brendemühl (Raúl),  Ciro Miró,  Jon Kortajarena.

Sinopsis:
Magda es una maestra en paro que tras ser diagnosticada de cáncer de mama reacciona sacando toda la vida que lleva dentro, desde lo imaginable a lo inimaginable. Su lucha valiente y optimista hará posible que ella y su entorno más íntimo vivan insospechadas escenas de humor y delicada felicidad.
 
Fotograma de "Ma Ma"
Comentarios:
Desde que en 1992, Julio Medem (San Sebastián, 1958) estrenara su ópera prima “Vacas”, sus trabajos han sido reconocidos en multitud de festivales tanto nacionales como internacionales. La ardilla roja (1993), Tierra (1996), Los amantes del Círculo Polar (1998), Lucía y el sexo (2001), son ejemplos de ello. Sin embargo, sus últimos trabajos han recibido un chaparrón de críticas y no muy buenas. Daba la impresión de que el director vasco estaba en caída libre. Con el estreno de su nueva película, la crítica queda dividida, aunque la balanza se inclina desfavorablemente en contra de Medem.
Por ejemplo, Jordi Costa sostiene que después del desbordamiento expresivo de Caótica Ana (2007), Julio Medem buscó un cambio de registro partiendo de un referente ajeno y encerrando a sus personajes en un espacio limitado en Habitación en Roma (2010). En Ma ma, el cineasta parece querer ahondar en esa vía de despojamiento, proponiendo la que se podría considerar su película más austera hasta la fecha, si puede considerarse austera y contenida una película donde un coito se describe a través de los latidos de un corazón digital y donde tiene alta presencia narrativa un ginecólogo cantante que interpreta sus temas incluso en el interior del quirófano.
En Ma ma, Medem se enfrenta a un desafío parecido al de uno de sus anteriores personajes —el Ángel Bengoelxeo que encarnara Carmelo Gómez en Tierra (1996)—: bajar de las nubes, aterrizar, tocar de pies en el suelo de la realidad social inmediata. El director intenta huir de sus características figuras excéntricas para centrarse en, por así decirlo, la gente normal: la de la España de la crisis, los contrastes entre sanidad pública y privada y la afición por el fútbol (en este caso, el Real Madrid). El efecto de extrañeza es considerable: sin que parezca intencionado, Medem lo muestra todo como si le resultase extraño y remoto, como si el entusiasmo hincha en una final de fútbol le fuese tan ajeno como los protocolos de apareamiento entre seres extraterrestres.
Es posible que el director pensara que ese déficit de verosimilitud lo contrapesaran la visceralidad interpretativa y la presencia de Penélope Cruz. Su Magda es una vitalista irredenta que, ante un diagnóstico fatal, decide despedirse de la vida alumbrando una nueva vida. Resulta llamativo que ninguno de los personajes del relato saque a colación el dilema moral implícito en la decisión de la protagonista: si uno de sus legítimos desvelos es despedirse de su hijo pre-adolescente, ¿la idea de una maternidad póstuma no genera ningún conflicto? Magda parece crecer sobre el molde de un modelo de personaje que la actriz había inmortalizado en películas de Pedro Almodóvar como Todo sobre mi madre (1999) y Volver (2006). A ratos parece que Medem haya querido sumergir esos personajes de Almodóvar en un tanque de formaldehido al modo del tiburón de Damien Hirst. El problema es que, en lugar de formaldehido, en el tanque sólo hay falsa poesía.


martes, 29 de septiembre de 2015

Diamond Flash, de Carlos Vermut



Título original: Diamond Flash. Dirección y Guión: Carlos Vermut. País: España. Año: 2015. Duración: 123 min. Género: Thriller. Producción: Carlos Vermut. Productor Asociado: Silvestre López. Texto radiofónico escrito por: Raúl Minchinela. Fotografía: Carlos Vermut. Música: Carlos Vermut. Montaje: Carlos Vermut. Sonido: Pablo Hernando y Alberto Carpintero. Lanzamiento en DVD: 10 Octubre 2012.
Intérpretes: Ángela Boix (Juana),  Miquel Insua (Diamond Flash),  Klaus (Jaime),  Rocío León (Lola),  Eva Llorach (Violeta),  Victoria Radonic (Enriqueta),  Ángela Villar (Elena),  Petra del Rey (Angustias),  Alba Guerrero (Alba),  Miguel Noguera (Arturo),  Micaela Quesada (Matilde),  Teresa Soria Ruano (Lucía),  María Cuéllar (Elena niña), Inma Isla (Madre de Elena), Ramos López (Asistente social), Santiago Meléndez (Policía), Javier Botet (Hombre chistoso), Adrián López (Camarero), Raúl Minchinela (Locutor).

Sinopsis:
Violeta está dispuesta a lo que sea por encontrar a su hija desaparecida. Elena guarda un extraño secreto. Lola quiere saldar cuentas con su pasado. Juana necesita que alguien la quiera sin condiciones ni preguntas, y Enriqueta sólo busca que le hagan reír. Estas cinco mujeres tienen algo en común: todas están relacionadas con Diamond Flash, un misterioso personaje que cambiará sus vidas para siempre.

Fotograma de "Diamond Flash"

Comentarios:
Asombrados gratamente el año pasado por el visionado de su segunda película, Magical girl, que obtuvo la Concha de Oro en San Sebastián 2014, estábamos entusiasmados por conocer la ópera prima de este realizador madrileño. Vermut (1980) es un historietista, ilustrador y creador de cómics. Su primer trabajo, Diamond Flash, no se pudo ver en salas de estreno por falta de distribución y sólo se pudo ver en internet (vía on-line). Como explica Vermut “una película muy independiente en salas se traduce en muy poco público, y pensé que antes de estrenarla en una sala pequeña en Madrid, en Internet tendría un impacto mayor”. En 2012 salió el DVD en edición limitada, pero realmente ha sido el impulso de su segunda película en el Festival de San Sebastián en 2014 lo que ha hecho que los cinéfilos deseen engullir su primer trabajo.     
Tenemos que estar de acuerdo con el crítico Carlos Reviriego al afirmar que este debut de Vermut es, cuanto menos sorprendente y casi milagroso, cuyo derroche de talento y de visión es casi como un puñetazo en la mesa de la producción cinematográfica española convencional. Realizada con apenas 25.000 euros y tres personas en el equipo técnico, Vermut empleó el dinero que obtuvo por los derechos de explotación de la serie animada Jerry Jamm (RTVE) para producir su ópera prima, que ha sido galardonada con el premio Rizoma.
Si la película tiene nombre de superhéroe es porque su gran misterio es un hombre enmascarado (como si fuera una lectura contemporánea del Fantômas de Feulliade) que se cuela intermitentemente entre las numerosas piezas que conforman la estructura del filme, y que están tan alejadas de los códigos de las películas de superhéroes como de las maneras convencionales de contar historias en el cine español. En verdad, Vermut, que es ilustrador y ha publicado varios cómics -El banyán rojo y Psico Soda (Ed. Dibbuks), entre otros-, emplea el mito del “vigilante urbano” y toda su parafernalia fantástica como si fuera un red herring, en expresión anglosajona, es decir, como una vía muerta, una pista falsa en la narración. “Mi interés pasaba por coger un género tan familiar como el de los superhéroes para desmontarlo, y preguntarme qué es lo que ocurre en los márgenes de la ficción,  como por ejemplo qué reacciones psicológicas se tienen cuando eres salvado por un superhéroe, o qué ocurre en los tiempos muertos”, afirmó Vermut.
 
Fotograma de "Diamond Flash"
En su tránsito por los márgenes de la historia, Diamond Flash se alimenta de un deseo irrefrenable por fabular, por contar historias y por la palabra hablada. En su desplazamiento a diversos registros y maneras cinematográficas, sobre los que Vermut exhibe un apabullante dominio, el filme, estructurado en capítulos, va enlazando escenas cuasi-teatrales, diálogos siempre de dos personas, historias de contenido social en torno a la pedofilia, el incesto, el maltrato de género… que desembocan todas ellas en una trama alrededor del misterioso secuestro de una niña. “Yo quiero que los personajes se definan a sí mismos, pero no que expliquen la trama de la película, que debería contarse por sí misma. No soporto las películas que lo dan todo masticado. Prefiero el desconcierto para apelar al interés”.
Efectivamente, Diamond Flash pone en escena un verdadero ejercicio de funambulismo en torno a las expectativas y las explicaciones, de manera que la película va creciendo hasta convertirse en un enorme signo de interrogación que quizá deje más preguntas que respuestas en el aire, pero que en ningún momento pierde su fuerza de atracción. “La palabra tiene que ser acción”, sostiene Vermut, quien apunta la enorme influencia que la Nouvelle Vague ha tenido en él en este aspecto. Y en ese propósito resulta esencial el memorable trabajo del elenco de actores, todos prácticamente desconocidos (Ángela Boix, Javier Botet, María Cuéllar, Patra del Rey, Alba Guerrero, Miguel Insua, Rocío León, Eva Llorach…), a quienes Vermut convocó y conoció en un casting por internet. “Buscaba perfiles muy determinados y trabajos de interpretación muy realistas, que no se salieran del guión pero que los actores pudieran hacer suyos los textos, adaptándolos a su propia forma de hablar”.
El método hablado de este relato-collage, que se va extendiendo como una tela de araña con diversos puntos de fuga, encuentra su justificación formal desde el momento en que la propia estructura emerge como el contenido de su narración. En el polo opuesto al hombre enmascarado interviene otro personaje-enigma crucial en Diamond Flash, una mujer a la que nunca vemos el rostro, sólo oímos su voz dando órdenes, mientras la cámara muestra un muñeco de barro que supuestamente está pintando. “El cine no es matemático. Los enigmas de la película tienen que ver más con lo emocional que con lo racional. Uno puede intentar montar el rompecabezas de la película cuando termine, pero sospecho que eso no es lo relevante”, sostiene Vermut. En este sentido, la sensación del espectador frente a Diamond Flash no se aleja mucho de la que sentimos frente a una película de conspiraciones propia de Jaques Rivette, como por ejemplo Paris nous appartient (1961), en el que el elaborado juego de ficciones internas y de historias entrelazadas conduce finalmente a una dinámica de abstracciones en las que no solo los actores, sino el propio espectador, debe abrirse paso. También en este filme se observan influencias de Pulp Fiction, por lo que Tarantino ha debido ser una inspiración para Vermut. 
Por último acabamos con una frase concluyente de Carlos Vermut “Yo hago cine por el puro placer de hacer cine”. 


lunes, 28 de septiembre de 2015

Everest, de Baltasar Kormákur



Título original: Everest. Dirección: Baltasar Kormákur. País: EE.UU. Año: 2015. Duración: 121 min. Género: Aventuras, Thriller, Drama. Guión: William Nicholson y Simon Beaufoy. Diseño de Producción: Gary Freeman. Fotografía: Salvatore Totino. Música: Dario Marianelli. Montaje: Mick Audsle. Dirección artística: Alessandro Santucci y Tom Still.  Estreno en España: 18 Septiembre 2015.
Intérpretes: Jason Clarke (Rob Hall),  Josh Brolin (Beck Weathers),  Jake Gyllenhaal (Scott Fischer),  Keira Knightley (Jan Arnold),  Sam Worthington, (Guy Cotter),  Robin Wright (Peach Weathers), Emily Watson (Helen Wilton), John Hawkes (Doug Hansen),  Elizabeth Debicki,  Clive Standen,  Michael Kelly,  Martin Henderson,  Vanessa Kirby,  Thomas Goodman-Hill,  Mia Goth.

Sinopsis:
Inspirada en los acontecimientos que tuvieron lugar durante un intento por alcanzar el pico más alto del mundo, narra el recorrido de dos expediciones que se enfrentan a una de las peores tormentas de nieve que el hombre ha conocido jamás. El temple de los alpinistas es puesto a prueba cuando deben luchar contra la furia desatada de los elementos y superar obstáculos imposibles en un desesperado esfuerzo por sobrevivir.

Fotograma de "Everest"

Comentarios:
Everest se presentó en la pasada Mostra de Venecia 2015, dentro de la sección oficial de largometrajes, pero fuera de concurso. A caballo entre la aventura y el thriller, Baltasar Kormákur consigue mantener la atención del espectador durante más de dos horas. Filme inspirado en los acontecimientos acaecidos en 1996 durante los intentos por coronar la cumbre más alta del mundo. 
Jon Krakauer, escritor, periodista y montañero estadounidense, autor del best-seller Hacia rutas salvajes, acudió en 1996 al Everest con un doble propósito: escalar hasta la cima y, si no moría en el intento y acababa bajando, momento crítico según los especialistas, contarlo en un reportaje para la revista Outside. Krakauer no iría solo, sino junto a una expedición dirigida por una empresa comercial dedicada precisamente a eso, a ayudar a cumplir los sueños a gente con ansias de heroísmo y 65.000 dólares en el bolsillo (cada uno).
El dato sobre Krakauer, relatado en la emocionante y sugestiva Everest, dirigida por el islandés Baltasar Kormákur (Contrabando, Lo profundo, Las marismas), aunque con el dueño de la empresa montañera como protagonista principal y el periodista como secundario, ya muestra a la perfección tanto la originalidad de la propuesta cinematográfica, alejada de la habitual épica de la victoria y el descubrimiento, como las complejas implicaciones morales de la historia, en una doble vertiente: la de los montañeros consigo mismos, y la de los montañeros en relación con los que les rodean, con sus familiares.
A pesar de ser una película con poco texto, comenta Javier Ocaña, el guión firmado por los reputados William Nicholson y Simon Beaufoy logra reflejar, con apenas unas pinceladas, unos magníficos retratos de grupo (heterogéneo) e individualizado de cada uno. Y en la puesta en escena, Kormákur, director de las estupendas 101 Reikiavik (2000) y, ya en Estados Unidos, 2 guns (2013), despliega un arsenal de recursos, espectacular en la acción pero muy elegante también en la captura de las miradas. Y todo ello a través del siempre discutible uso de las tres dimensiones, un tanto molesto en la primera parte de la película, durante la preparación de la ascensión, pero muy adecuado en el resto, sobre todo para amplificar en el espectador las sensaciones de los montañeros.
Aunque, de todos modos, lo más interesante de Everest es lo que deja entrever: el contemporáneo estado de la aventura, atestada de aficionados que pretenden grandes gestas mientras los profesionales los llevan de la mano, y en la que el heroísmo posee muchas caras, una de ellas, la comercial.
Una situación en la que la masificación te lleva a preguntarte con mayor encono aún la gran cuestión del alpinismo: ¿Por qué escalar? “Porque la montaña estaba ahí”, dijo Edmund Hillary, frase que se cita textualmente en Everest. Una respuesta que, desde luego, no vale para todos.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Una segunda oportunidad, de Susanne Bier



Título original: En chance til. Dirección: Susanne Bier. País: Dinamarca. Año: 2014. Duración: 104 min. Género: Drama, Policiaco. Guión: Anders Thomas Jense. Producción: Sisse Graum Jorgensen. Diseño de Producción: Jacob Stig Olsson, Louise Lönborg y Gilles Balabaud. Fotografía: Michael Snyman. Música: Johan Söderqvist. Montaje: Pernille Bech Christensen. Sonido: Eddie Simonsen y Anne Jensen. Vestuario: Signe Sejlund. Estreno en España: 11 Septiembre 2015.
Intérpretes: Nikolaj Coster-Waldau (Andreas), Ulrich Thomsen (Simon), Maria Bonnevie (Anna),  Nikolaj Lie Kaas (Tristan),  Lykke May Andersen (Sanne).

Sinopsis:
Los amigos Andreas y Simon son dos policías que viven de forma muy diferente. Andreas es feliz con su mujer y su hijo; Simon acaba de divorciarse y se emborracha regularmente. Todo cambiará cuando intervienen en la pelea de una joven pareja de yonquis y descubren a un bebé en un armario. Andreas, el hombre estable, obligado a enfrentarse a su impotencia, empieza a perder su idea de lo que la justicia significa. El rebelde Simon deberá restaurar el equilibrio entre el bien y el mal.

Maria Bonnevie y Nikolaj Coster-Waldau

Comentarios:
Presentada en la sección oficial del  Festival de Cine de San Sebastián 2014, nos llega una nueva película de la singular y oscarizada Susanne Bier. En esta ocasión, la directora pregunta directamente al espectador: ¿Qué haría usted? Para ello explora un dilema moral a partir de una historia tan fascinante como sorprendente y desgarradora sin perder nunca la esperanza.
El cine moral de Susanne Bier ya no tiene límites. Esto afirma Javier Ocaña en El País. Ni en la construcción de la trama ni en la visualización del drama. Una segunda oportunidad es un volcán de cine y vida, pero también un volcán demasiado cerca de lo abyecto, con el que hay que pisar con tiento, y del que no estaría mal que se alejaran ciertos sectores de la población cinéfila: embarazadas, y padres y madres con bebés.
A medio camino entre el thriller policiaco, el drama familiar y el cine social, la película, escrita esta vez en solitario por Anders Thomas Jensen, colaborador habitual de Bier, plantea otro de esos terribles dilemas a los que nos tiene acostumbrados la directora de Después de la boda, En un mundo mejor y Amor es todo lo que necesitas. En ellos siempre hay un golpe certero entre ceja y ceja, de esos que te hacen replantearte tu propia vida, tu propia actitud. Y en ellos casi siempre hay algún exceso melodramático, algún golpe bajo a la boca del estómago que te hace replantearte tus juicios respecto del, eso sí, siempre interesante cine de la danesa.
Aquí, con las dificultades emocionales de, sobre todo, la maternidad, aunque también de la paternidad, con sus presiones como eje central, y ciertos paralelismos con recientes películas de ficción (hay un subtexto exacto al de Adiós, pequeña, adiós) y con recientes sucesos reales (una escena calcada a un momento del sobrecogedor caso Bretón), Jensen y Bier acongojan, pero nunca dejan de tomar partido. Ni un resquicio para el pensamiento del espectador, al que no dejan vía libre ni en el epílogo con su tesis alrededor de las clases sociales. 
Aunque la clave para el juicio final resida más en la puesta en escena, en dónde se pone el objetivo, que en el tratamiento narrativo del problema. Que en el desarrollo de la trama haya diversas situaciones poco plausibles quizá sea menos esencial que su representación visual. La vida, a veces, es poco plausible y, al final, a pesar de las toneladas de tremendismo, la trama no está mal acordonada. Pero la despiadada forma de filmar a los bebés en la tragedia te lleva a disquisiciones que traspasan lo artístico para rozar lo personal.