Manolo Escobar avisó que
moriría cantando y a punto estuvo de cumplir su palabra. Su cuerpo cargaba en
los últimos tiempos más cicatrices que un torero, pero también 82 años de vida
y música y, de ellos, más de medio siglo “porompompereando” sobre los escenarios
coplas festivas a la búsqueda del famoso carro.
Nacido en 1932 en El Ejido
(Almería), quinto hijo de una familia de diez hermanos, pasó su infancia en
Badalona (Barcelona), ciudad a la que se trasladaron con 14 años porque, diría
después, “no se resignaban a no tener trabajo”.

Debutó en solitario en
1961 en Córdoba con el espectáculo “Canta Manolo Escobar”, iniciando una
primera década de éxito jalonada por dos hitos musicales, la rumba “El
porompompero” y “Mi carro”, probablemente su canción más icónica, aunque
recientemente declarara que estaba “hasta las narices” de ambas.

Era su música, con temas
como “Ni se compra, ni se vende”, “Moderno pero español” o “Mujeres y vino”,
una encarnación de los tópicos de una España chovinista que luchaba por
mostrarse pizpireta y alegre en lo público, frente a la gravedad de los últimos
coletazos de la dictadura franquista, que en 1969 le concedió la Medalla de
Plata al Mérito en el Trabajo.

Con ellas culminaba uno de
sus últimos espectáculos en vivo, “De Manolo a Escobar”, un montaje intimista y
con cierto estilo de cabaré estrenado en 2006, en el que narraba su propia
vida.

En el recuerdo quedarán
una veintena de filmes hechos “para divertir y entretener a la gente” de aquel
tiempo, como “Juicio de faldas”, “Cuando los niños vienen de Marsella”, “Los guerrilleros”, “Un beso en el puerto”,
“Préstamela esta noche” o “Relaciones casi públicas”, tres de
ellas, de las más visionadas en España. “Todo
es posible en Granada” (1981) fue la última de su filmografía.

En 2002 publicó su último
álbum de estudio, “Manolo Escobar”, que permaneció “dormido” porque, tras su
grabación, sufrió una trombosis cerebral y una dolencia cardíaca que le
obligaron a hacer una parada en su carrera.

Sus últimos diez años de
vida se vieron trabados por numerosas visitas al hospital. Así, por ejemplo, en
2010 se le extirpó un tumor en el colon que acabaría en metástasis, pero nada
le impedía retornar una y otra vez al trabajo, aunque fuera “con una muletita”,
como la que portaba tras la operación de cadera a la que se sometió en 2012.

“Antología de la copla”
(2012), un estilo que dijo que nunca moriría, fue su último espectáculo en
vivo. El pasado septiembre anunció que suspendía todos sus compromisos, pero
tenía proyectado regresar a los escenarios en 2014 en Bilbao.
No pudo ser. Tras ser
atendido por una insuficiencia renal y tras haber sufrido “un pequeño ictus”,
su familia anunció que Escobar había falleció “dulcemente” en su casa tras
pasar dos días “magníficos”.
Con su muerte, ha dicho el
ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, se pierde “un
símbolo que ha habitado medio siglo en el paisaje sonoro de los españoles”.
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