sábado, 26 de marzo de 2022

Drive My Car (Ryûsuke Hamaguchi, 2021)

 

Título original: Doraibu mai kâ. Dirección: Ryûsuke Hamaguchi. País: Japón. Año: 2021. Duración: 179 min. Género: Drama.  

Guión: Ryûsuke Hamaguchi, Takamasa Oe (basado en una historia de Haruki Murakami). Fotografía: Hidetoshi Shinomiya. Música: Eiko Ishibashi. Montaje: Azusa Yamazaki. Producción: Teruhisa Yamamoto.

Nominada al Oscar 2021 a Mejor Película. Globo de Oro 2021 a la Mejor Película de habla no inglesa. Premio BAFTA 2021 a la Mejor Película de habla no inglesa. Mejor Guion y Premio FIPRESCI en el Festival de Cannes 2021.

Fecha del estreno: 4 Febrero 2022 (España)

 

Reparto: Hidetoshi Nishijima (Yūsuke Kafuku), Tōko Miura (Misaki Watari), Masaki Okada (Kōji Takatsuki), Reika Kirishima (Oto Kafuku, la esposa de Kafuku), Park Yu-rim (Lee Yoo-na), Jin Dae-yeon (Gong Yoon-soo), Sonia Yuan (Janice Chang), Ahn Hwitae (Ryu Jeong-eui), Perry Dizon (Roy Lucelo), Satoko Abe (Yuhara).

 

Sinopsis:

Pese a no ser capaz de recuperarse de un drama personal, Yusuke Kafuku, actor y director de teatro, acepta montar la obra "Tío Vania" en un festival de Hiroshima. Allí, conoce a Misaki, una joven reservada que le han asignado como chófer. A medida que pasan los trayectos, la sinceridad creciente de sus conversaciones les obliga a enfrentarse a su pasado.

 

Comentarios:

En un mundo en el que se manipulan las emociones hasta la indecencia y donde lo vulgar campa a sus anchas haciéndose pasar por original y transgresor, es casi milagroso que exista Drive My Car, una de las películas más hondas y excepcionales de los últimos años cuyo viaje al alma humana se sostiene sobre la delicada precisión de Antón Chéjov y una de sus cumbres dramáticas, Tío Vania.

Más de un siglo después de su muerte, aquel melancólico corazón ruso vuelve a latir en esta obra imprescindible del cineasta japonés Ryûsuke Hamaguchi. Con la misma elegancia del viejo Saab rojo al que tanto apego tiene el protagonista de la película —un reputado actor y director teatral que acaba de perder a su esposa—, Hamaguchi nos acerca a unos personajes cuya derrota, dolor y consuelo trascienden a través de un montaje de Vania en Hiroshima, ciudad-metáfora de la destrucción y la reconstrucción humanas.

Basada en el cuento homónimo de Haruki Murakami y en al menos dos relatos suyos más, Drive My Car es una obra maestra sobre el duelo y la incomunicación que, frente a esa grieta que hoy nos acecha a todos, se aferra a las formas tranquilas y refinadas del escritor ruso, quien hasta el último aliento abominó del “deprimente” mal gusto que entonces lo rodeaba. Con la lente de aumento de un texto teatral universal en una mano y la de la más exquisita tradición del cine japonés en la otra, dejando que ambos lenguajes formen una trenza con vida propia, Hamaguchi nos recuerda que existe esperanza y que, más allá de la soledad y el frío, el corazón, como su coche rojo, sigue latiendo.

En el prólogo de la película descubrimos el frágil andamio sobre el que se sostiene la vida del complejo y fascinante personaje principal, interpretado por el deslumbrante actor japonés Hidetoshi Nishijima en un reparto de maravillosos intérpretes en el que también destaca, al volante del Saab, con su gorra y su triste mirada, la actriz Tôko Miura. Lo que seguirá a ese prólogo sobre una vida cotidiana sostenida con alfileres es uno de esos viajes que solo el gran cine proporciona, un viaje a la verdad a través de personas cuya vida se ha quedado varada en la mentira. La relación que establece el director teatral con sus actores –y, especialmente, con la chica encargada de ser su chófer– se aleja de cualquier tentación catártica para, durante las tres horas que dura la película, ofrecer un recital de sutilezas.

Hamaguchi es hoy un cineasta venerado, que hace un año obtuvo el Premio Especial del Jurado de la Berlinale por La ruleta de la fortuna y la fantasía y unos meses después, el del mejor guion en Cannes por esta película. Desde su estreno en el festival francés, donde era una Palma de Oro indiscutible pese a la rompedora Titane, la película no ha dejado de cosechar premios y aplausos hasta convertirse, junto a Madres paralelas, de Pedro Almodóvar, en todo un fenómeno de crítica en Estados Unidos.

A su callada manera, estamos ante una de las películas más extraordinarias y profundas del cine reciente, en la que un cineasta de la palabra como Hamaguchi se abre paso de forma sobrecogedora al poder del silencio. Una película cuyo ritmo exacto irá creciendo hasta apoderarse por completo del espectador en su impresionante recta final. Ocurren muchas cosas en ese desenlace y en su enigmático epílogo; es imposible contarlas, pero hasta la más previsible, el famoso monólogo final de Tío Vania, parece escrito ahora mismo. En una secuencia prodigiosa, que arranca en el monitor de un camerino donde se recibe en directo la señal de lo que ocurre sobre el escenario del teatro de Hiroshima, entramos en la última escena de la obra de Chéjov. Allí, la actriz sordomuda que interpreta a la joven Sonia responderá al abatido y desconsolado Vania con los signos de sus preciosas manos. Abrazada a su espalda, de frente al público, con el gesto grave de una delicada mimo que entronca con el tradicional kabuki, le recordará que hay que seguir el camino: “¡Hay que vivir y viviremos, tío Vania!”. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada.



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