lunes, 12 de julio de 2021

Las niñas (Pilar Palomero, 2020)


Título original: Las niñas. Dirección: Pilar Palomero. País: España. Año: 2020. Duración: 100 min. Género: Drama.  
Guión: Pilar Palomero. Fotografía: Daniela Cajias. Música: Juan Carlos Naya. Sonido: Amanda Villavieja. Vestuario: Arantxa Ezquerro. Casting: Gisela Krenn. Peluquería y Maquillaje: Carmen Arbues. Dirección Artística: Monica Bernuy. Producción: Inicia Films, BTeam Pictures, Televisión Española (TVE), Movistar+, Aragón TV.
Biznaga de oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga 2020.
Estreno en Sevilla: 4 Septiembre 2020

Reparto: Andrea Fandos (Celia), Natalia de Molina (Adela), Zoe Arnao (Brisa), Julia Sierra (Cristina), Francesca Piñon (Madre Consuelo).

Sinopsis:
Año 1992. Celia, una niña de 11 años, vive con su madre y estudia en un colegio de monjas en Zaragoza. Brisa, una nueva compañera recién llegada de Barcelona, la empuja hacia una nueva etapa en su vida: la adolescencia. En este viaje, en la España de la Expo y de las Olimpiadas del 92, Celia descubre que la vida está hecha de muchas verdades y algunas mentiras.

Comentarios:
Desde que Víctor Erice la capturó, aquella mirada infantil de Ana Torrent es el Santo Grial que busca el cine con insistencia, y en su primer largometraje la directora Pilar Palomero va y lo encuentra en los ojos cargados de hoyuelos de la niña Andrea Fandós, que nos cuentan la historia de esta película ganadora del reciente Festival de Málaga. La directora nació en 1980, lo cual quiere decir que coincide en edad y época con «Las niñas» de su relato, preadolescentes en los primeros años noventa, y que lo ha construido con ese material tan inflamable del saber de lo que se habla.
Antes de otras cosas, conviene decir que «Las niñas» tiene uno de los finales más hermosos, expresivos, conmovedores y musicales de los últimos años, en el que se advierte con emoción y estupor el sonido de la voz propia cuando tímidamente le va ganando terreno al disimulo y al silencio. En esa edad de reservas y cautelas, el arpegio de la voz como primera piedra del edificio personal. Hasta ahí, la historia es un cuadernillo de dibujo lleno de bocetos, aires, ligerezas, precipicios y aventuras interiores de la niña Celia junto a algunas compañeras de su colegio de monjas y junto a su madre, a la que no se le oye cantar.
Pilar Palomero cuenta toda esa trama visible e invisible con una mirada aledaña, abundante en planos cortos y pendiente del sentido del tacto. Describe bien, con gusto y sin vinagre en la mirada modelos de educación y de comportamiento que cualquier teoría reinante considerará «superados», pero que recrea la arquitectura y el interiorismo de aquella época cercana y comprensible para la mayoría. Tiene la película, y hay que avisarlo, un ritmo narrativo lánguido y se toma tiempo para ir colocando las piezas de su puzzle emocional sobre lo femenino, lo preadolescente y lo familiar. Es decir, solicita paciencia y esponjosidad, puesto que las tramas diminutas pero profundas ni bailotean ni parlotean en la pantalla. (Oti Rodríguez Marchante).
Recomendada.


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