jueves, 23 de mayo de 2019

Adiós a John Singleton


Pocos cineastas han dado un golpe en la mesa tan rotundo con su primera película como lo hizo John Singleton con tan solo 23 años cuando estrenó en 1991 “Los chicos del barrio (Boyz N The Hood)”, con la que logró ser el primer cineasta afroamericano y el realizador más joven en ser candidato al Oscar a la mejor dirección y además sumó otra candidatura al guion original. No ganó, fue el año de “El silencio de los corderos”, pero Singleton entró en la industria por la puerta grande, y así inició una carrera en la que prefirió anteponer la calidad a la cantidad. Por eso, había mucho interés en varios proyectos con los que se relacionaba su nombre, el de un creador con solo 51 años, y que se pararon el pasado 17 de abril, cuando Singleton se acercó a realizarse un chequeo al hospital Cedars-Sinai en Los Ángeles y allí sufrió un derrame cerebral, probablemente relacionado con su hipertensión. En estos momentos, más allá de varios rumores sobre sus próximos proyectos, Singleton estaba produciendo la tercera temporada de Snowfall para la cadena FX.

Singleton, angelino, estudió Escritura Cinematográfica en la Universidad de California del Sur y obtuvo varios galardones universitarios, como el Premio Jack Nicholson (1989) y el Premio Robert Riskin (1990). Era un chaval con un gran guion bajo el brazo en el momento en que Spike Lee también estaba comiéndose el cine independiente y Columbia Pictures encontró en Singleton el perfecto director afroamericano: agresivo en su cine pero con clarividencia para entender las posibilidades que se le abrían en el sistema. Con su debut con “Los chicos del barrio”, realizado a los 23 años, se convirtió en el primer realizador afroamericano y el cineasta más joven -lo fue con 24 años- de la historia en ser candidato al Oscar a la mejor dirección, y de paso también le fue al mejor guion. “Los chicos del barrio” se basaba en sus propias experiencias en el barrio de South Central y Singleton recordaba años después que fueron sus padres, al mantenerle alejado de la calle, los que le salvaron de ser un delincuente más. "¿Sabe por qué me critican en Estados Unidos y me acusan de hacer cine violento? Porque soy negro. En mi país no les gusta que un negro haga algo bien", decía Singleton. Se convirtió en una voz poderosa en su comunidad.

A ese arranque excepcional le siguieron más películas sobre dramas urbanos en los barrios negros: “Justicia poética” (1993), “Semillas de rencor” (1995) o “Baby Boy” (2001), junto a denuncias sobre el racismo en Estados Unidos, como “Rosewood” (1997) sobre un linchamiento ocurrido en 1923. Singleton demostró también buenas manos para el blockbuster, como quedó claro en “Shaft: The Return” (2000), en el que el mítico personaje resucitaba con el rostro de Samuel L. Jackson, o “2 Fast 2 Furious: a todo gas 2” (2003).

Le gustaban los wésterns -de ahí su característica toma de cámara que rodea a los protagonistas y su película favorita, “El pistolero”, de Henry King- y se convirtió en padrino de varios raperos que con él se convirtieron en actores: el mejor ejemplo es Ice Cube, al que conoció cuando Singleton era becario en el programa de televisión “The Arsenio Hall Show” y escribía “Los chicos del barrio”. Convenció a Cube de que hiciera una prueba de cámara.

En 1995 aseguraba en una entrevista: "En la industria del cine de Estados Unidos no hay dinero para los negros; si no escribes, produces, y diriges tú mismo, no trabajas y si no trabajas, no comes". O: "La superioridad negra en todos los campos de Estados Unidos es apabullante. Los negros son los que marcan la pauta en el deporte, la música, el lenguaje, la moda, el baile, y puedo seguir... Lo próximo será el cine". Pero los estudios cerraron el grifo, y en 2014 Singleton seguía luchando para que la generación posterior a la suya, como la de Jordan Peele, pudiera desarrollar su arte con más libertad y presupuestos.
 
Fotograma de "Cuatro hermanos"
El nombre de Singleton aparece detrás de distintos proyectos que han dirigido otros o directamente malogrados. Amigo de Tupac Shakur, que actuó bajo sus órdenes, en 2013 parecía que iba a filmar el biopic del rapero, asesinado en 1996, hasta que por diferencias creativas con la empresa productora se salió del proyecto. Produjo para Craig Brewer un drama sobre un proxeneta que deviene en rapero, “Hustle & Flow” (2005). Fue un éxito, lo que no repitió con sus últimos esfuerzos como director: “Cuatro hermanos” (2005) y “Sin salida” (2011), un trabajo alimenticio. En la televisión encontró mejores proyectos, y con ellos estaba cuando sufrió el derrame cerebral. 

En definitiva, nos dejó un director que como nadie supo plasmar la vida en el gueto. Descanse en paz.

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