viernes, 21 de agosto de 2015

El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez



Título original: El mundo sigue. Dirección: Fernando Fernán Gómez. País: España. Año: 1965. Duración: 121 min. Género: Drama. Guión: Fernando Fernán Gómez (basado en la novela de Juan Antonio de Zunzunegui). Fotografía: Emilio Foriscot. Montaje: Rosa G. Salgado. Dirección artística: Manolo Mampaso. ReEstreno en España: 17 Julio 2015
Intérpretes: Lina Canalejas (Eloísa), Fernando Fernán Gómez (Faustino), Gemma Cuervo (Luisita), Milagros Leal (Doña Eloísa), Agustín González (D. Andrés Fernández), Francisco Pierrá (Agapito), José Morales (Rodolfo), Fernando Guillén (Rafael “Rafa”), Pilar Bardem, Marisa Paredes.

Sinopsis:
Años 60. Barrio madrileño de Maravillas. Eloísa es una abnegada esposa y madre eficiente, que vive con su marido, un guardia municipal más autoritario en casa que en la calle y al que a veces se le va la mano. Su hijo es un beato que salió del seminario poco antes de convertirse en sacerdote, y que se pasa la vida estudiando y rezando para expiar los pecados de su familia. Las hijas, dos hermanas, obsesionadas cada una a su manera por la riqueza, se profesan mutuamente un profundo odio.  

Lina Canalejas y Fernando Fernán Gómez

Comentarios:
Celebramos el reestreno de esta película “maldita” del cine español, aunque sea en pleno mes estival, con calores sofocantes y demás inconvenientes. Estamos ante una auténtica obra maestra de nuestro Cine. Al parecer, 'El mundo sigue' es la tercera entrega de la trilogía formada por 'La vida por delante' (1958) y 'La vida alrededor' (1959), realizada en 1963, pero no estrenada hasta 1965 por mor de la censura. O sea una joya que cumple ahora su 50º aniversario. Otros críticos hablan de que “El mundo sigue” forma un díptico de negritud con 'El extraño viaje', la gran obra maestra de Fernán-Gómez, rodada un año después, también ésta sufrió los rigores de un tiempo negro y tuvo que esperar ocho años para el estreno.
Probablemente, mucho peor que la brutalidad de los censores sea la indiferencia del público. La furia del silencio, en según qué circunstancias, duele más que el ruido de los idiotas. Cuando Fernando Fernán-Gómez rodó 'El mundo sigue' -por las tardes, ya que por las mañanas tenía que 'trabajar', y poniendo en riesgo su escaso capital sabía que hacía cine para nadie.
La historia, a fuerza de maldita y oculta, es ya de sobra conocida. Desde el principio, el guión de 'El mundo sigue' molestó a los censores. Tuvo que reescribirse. Pero lo que no admitía reescritura posible era el compromiso del director consigo mismo. La película recibió la fatídica calificación 'C' de los guardianes de la conciencia patria, un estigma que la condenaba a la invisibilidad. El 10 de julio de 1965 el cine Buenos Aires de Bilbao estrenaba de forma clandestina 'El mundo sigue'. Y desde entonces a ahora, nada más que nada. En 'El tiempo amarillo', sus memorias, el cineasta apenas se lamenta de la suerte que corrió su película. Es como si lo dejara pasar como un accidente, otro más, de una vida, un país, un tiempo condenado a la injusticia. Él se limitó a hacer lo que debía. Como su personaje. Lo demás son excusas. Tan sencillo.

Gemma Cuervo y Fernando Guillén

Continúa Luis Martínez comentándonos que no es cierto que la cinta no se haya visto, pero sí que cuando se ha hecho siempre ha sido con el perfume del incienso avinagrado de la capilla, del misterio. Por ello, el que ahora, 52 años más tarde, se vea a cara limpia se antoja, antes que nada, justo. Sobre la pantalla, la historia de dos hermanas (Gemma Cuervo y Lina Canalejas) sirve de excusa para retratar los pliegues más profundos de una vida hambrienta. En realidad, toda la cinta se va en cada una de las infinitas digresiones a través de sus personajes (mención especial para el papel de enfermo, avaro y ludópata que se reserva para sí el propio Fernán-Gómez). Sobre la novela de Juan Antonio Zunzunegui, el director se las arregla para confeccionar un melodrama con la virtud de lo negro. No es tanto neorrealismo, como simple sangre. Sorprende la limpieza de una narración que no duda en acercar la cámara a la más íntima tensión de la piel; siempre en el límite exacto en el que la vida se enseña sin coartadas. Cerca del cine documental; cerca del pensamiento de sus personajes (el recurso al monólogo interior sorprende); cerca de la vibración limpia de la luz de un Madrid con olor a zotal; cerca de la memoria de un tiempo que se descubre funesto a cada paso (los 'flashbacks' y los montajes en paralelo funcionan como cuchillos); cerca, decíamos, de la vida; una vida que, y aquí su radical modernidad, es, pese a la distancia, la nuestra.
Cuenta Gemma Cuervo, una de las pocas supervivientes de la película junto a Marisa Paredes y Pilar Bardem (estas dos en papeles pequeños), que siente que su carrera cinematográfica acabó precisamente con el infortunio de su película. Y por ello se siente "profundamente feliz y agradecida" de este extraño milagro de resurrección. "Pocas veces tienes la sensación de estar haciendo algo importante. Creo sinceramente que también el propio cine español quedó condenado con la censura de esta obra maestra»", dice la actriz. Y acierta.
Si se quiere, la película es un retrato desangrado de lo que la España de entonces quería ocultar. De ahí el burdo ejercicio de los censores. El país que se adivina es machista, brutal, obsceno, mediocre, ramplón, vulgar, sucio, emponzoñado, violento y muy triste. Pero sería un error creer que se trata de un cuadro del pasado; que lo que se ve no somos nosotros. Falso. Lo que hace Fernán-Gómez es clavar el objetivo de la cámara en la naturaleza más íntima de unos seres perdidos. Y ahí estamos todos, en cualquier sitio, en cualquier época. Fernán-Gómez cuenta esa historia que nadie quiere escuchar. Y lo hace porque sintió que debía hacerlo. Su cine es un grito contra todos los silencios posibles. Aunque duela. Sólo lo que duele importa.


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