lunes, 2 de mayo de 2016

Las madres en el cine (II)


Continuando con nuestro repaso por la infinidad de madres a las que el cine ha dedicado películas, hoy vamos a fijarnos en tres nuevos tipos: la madre épica, la madre muerta y la madre sacrificada. 

Algunas madres, por la época que les toca vivir, por las adversidades a las que han de enfrentarse, acaban adquiriendo tintes épicos. Es el caso de Régula, en la película, Los santos inocentes. 

Hay madres que al morir, dejan un vacio imposible de llenar. La madre de Ana, en el film, Cría cuervos.

Aunque sea uno de los rasgos más generales, ciertas madres sólo pueden ser consideradas y admiradas por su sacrificio sin límites. El caso de Gloria, en una película disparatada, pero con un enorme trasfondo ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

  • La madre épica: 

Con Los santos inocentes (1984), Mario Camus nos muestra, una vez más, su dominio en adaptar obras literarias al lenguaje cinematográfico. El resultado del trabajo con la obra de Miguel Delibes es una película con identidad propia, como el propio autor reconoció.

Los santos inocentes

Un maravilloso elenco de actores dan vida a los trabajadores de un cortijo extremeño en los años 60 del siglo XX, y a los señoritos que acumulan riqueza que los demás generan y producen, encontrando lo que desean al alcance de su mano.

Recorrer el impresionante elenco de “Los santos inocentes” rebasaría con creces los elogios y los adjetivos se agotarían, aunque eso puede lograrlo por si sola Terele Pávez que, con su apabullante naturalidad, con su enorme facilidad para llenar cada frase de sentido. “A mandar, para eso estamos”, repite casi como un mantra, sus gestos humildes y medidos no caen en el servilismo, sus labios fruncidos a medio camino entre la compunción y la sonrisa, resignada pero sin perder la dignidad. Como el personaje de la novela, sencillamente genial,  por cómo habla, cómo se mueve, cómo se coloca su ajada rebeca sobre los hombros cuando alguien  de la casa grande requiere su presencia.


Terele Pávez es Régula, la madre épica. La matriarca de la familia se convierte en omnipresente. Mantiene el calor familiar, ojo avizor para que los conflictos de la casa grande no entren en la suya, pendiente de la educación de sus hijos,- ella querría que estudiasen-, entregada al cuidado de la Niña Chica (Susana Sánchez), vigilante de los descalabros que la mente infantil de su hermano, Azarías (Francisco Rabal) puede provocar, y preocupándose por su marido Paco el Bajo (Alfredo Landa), cuando el señorito Iván (Juan Diego) viene a buscarlo para ir de cacería, “a ver si esto nos va a dar que sentir, señorito Iván”,  se impone sin querer hacerlo, sencillamente.

Puede afirmarse que el festival de Cannes de ese año (cuyo jurado presidía Dick Bogarde, y del que formaban parte entre otros, Stanley Donen, Isabelle Huppert y Jorge Semprúm) perdió la oportunidad de premiar la película que más permanece ( y lo seguirá haciendo) de todas las que optaron a la Palma de Oro (que fue a parar a manos de Win Wenders, por “París, Texas”, muy dañada por el paso del tiempo), y se cuenta que Alfredo Landa y Francisco Rabal compartieron el premio de mejor actor, ante la intercesión de Pilar Miró, en aquel momento Directora General de Cinematografía, ya que en un principio sólo iba a ser distinguido el primero.

Una obra maestra que no se puede olvidar.

  • La madre muerta:

Con un maravilloso guión también de Carlos Saura, en Cría cuervos (1976) el director nos abre el mundo de la infancia a través de las penetrantes percepciones de Ana (Ana Torrent), una sensible niña de nueve años, y participaremos  de sus intensas invocaciones a su fallecida y  amada madre (Geraldine Chaplin) llenas de dolor y tristeza y también de tierna añoranza durante su primer verano de orfandad.

Cría cuervos

La turbadora mirada de Ana nos guiará hasta los expresivos trazos de una desgraciada figura materna en la que sin embargo residía cuanto aliento de ternura precisaba su hija. Los recuerdos que la niña creará a lo largo de un verano que tendrá como escenario la luctuosa casa familiar donde vivirá con sus dos hermanas, su abuela incapacitada (Josefina Díaz), su tía materna (Mónica Randall) y Rosa (Florinda Chico) la asistenta de cálido corazón, se llenarán de sentimientos inexpresados; el amor hacía la madre que llena su corazón, el odio a su padre por el cruel trato infringido  a su madre y la del mudo espanto ante la agonía sufrida por su progenitora que rasgará su inocencia de manera irremediable.

“Cría cuervos” resulta inconcebible sin la abismal negrura de los ojos de Ana Torrent y su enigmático poder de sugestionar y embargar al público a través de su hipnótico dominio del objetivo de la cámara. Es impensable una representación materna más ajustada al sentimental puzle imaginado por Saura que la perfilada por la personalidad irrepetible de Garaldine Chaplin.



Las conocidas estrofas de la canción “Porque te vas” que, en la quebrada voz de Jeanette, escucharemos repetidamente a lo largo de la película son para Ana que la oye una y otra vez,  la expresión de sus confusos sentimientos.  Al término de la película en el camino de Ana al colegio para iniciar el nuevo curso sonará la canción  de manera omnisciente.

“Cría cuervos”, es una obra maestra, una ventana abierta al mundo infantil que, Carlos Saura nos muestra con exquisita delicadeza.

  • La madre  sacrificada:

Rastreando en la filmografía de Pedro Almodóvar y buscando entre los roles femeninos encontramos en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) a Gloria, una madre sacrificada interpretada magistralmente por Carmen Maura.
 
¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Almodóvar, reconocido como retratista del alma femenina, nunca ha olvidado la faceta maternal de sus personajes, la ha explorado, analizado y convertido en el centro de sus motivaciones.

La rivalidad materno-filial de Marisa Paredes y Victoria Abril en “Tacones lejanos”. El desgarro de la madre que pierde a su hijo, Cecilia Roth en “Todo sobre mi madre”. Una madre trastornada por el adulterio de su marido, Julieta Serrano en  Mujeres al borde de un ataque de nervios”.  

Sin lugar a dudas Carmen Maura borda el papel de Gloria en esta película,  (papel que, según se cuenta, estaba destinado inicialmente para Esperanza Roy) demuestra su amplio abanico de registros, su enorme talento para la comedia, sobre todo porque ella no preparó el papel para hacer reír y  logró conmover desde la carcajada.

Un ama de casa aparentemente abnegada, con un hartazgo de años que ha ido sepultando como ha podido, en un momento dado no puede más y estalla, dejando a su marido seco sobre el suelo de la cocina golpeándolo con  el hueso de una pata de jamón.


Chus Lampreave, la suegra de Gloria, con apenas  unos minutos en pantalla, mereció un galardón en Cannes, compartido con sus cinco compañeras de reparto: Carmen Maura, Verónica Forqué, Kiti Manver, Cecilia Roth y Amparo Soler Leal.

Pedro Almodóvar es uno de los cineastas que más ha estudiado el rol maternal y que más ha hecho notoria la influencia de su madre en cada uno de los planos que ha rodado. Porque no conviene olvidar que Francisca Caballero, su madre, la de verdad, hizo apariciones al más puro estilo “hitchcockiano” en gran parte de sus películas, convirtiéndose en un personaje cercano, un ingrediente fundamental del llamado universo  almodovariano.


                                                                                                                           Ana Márquez








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