martes, 20 de junio de 2023

Quédate a mi lado (Michael Showalter, 2022)

 

Título original: Spoiler Alert. Dirección: Michael Showalter. País: USA. Año: 2022. Duración: 112 min. Género: Comedia dramática.

Guión: David Marshall Grant, Dan Savage (basado en el libro de Michael Ausiello). Música: Brian H. Kim. Fotografía: Brian Burgoyne. Producción: Semi-Formal Productions, That's Wonderful Productions.

Fecha del estreno: 9 Junio 2023 (España).

 

Reparto: Jim Parsons (Michael Ausiello), Ben Aldridge (Kit Cowan), Sally Field (Marilyn), Josh Pais (Scott), Nikki M. James (Nina), Bill Irwin (Bob), Tara Summers (Mrs. Ausiello), Jeffery Self (Nick), Sadie Scott (Kirby), Allegra Heart (Franny).

 

Sinopsis:

La historia de la relación de periodista Michael Ausiello y Kit Cowan da un giro trágico cuando a Cowan se le diagnostica un cáncer terminal.

 

Comentarios: 

Spoiler alert está dirigida por Michael Showalter, quien hace que Jim Parsons y Ben Aldridge sostengan la película. El guion es simple: dos personas se conocen, se enamoran, conviven y tiene una relación de amor con sus altibajos. Sin embargo, el cáncer terminal aparecerá en el personaje de Ben Aldridge, lo cual condicionará la vida que ambos han tenido junto, la de sus amigos y sus padres (Sally Field). Se pasan por alto muchas cosas y puede ser algo simple en su concepción, pues se centra más en la relación de la pareja que en el cáncer en sí (hasta que llega el último cuarto). Se refleja, eso sí, las terceras o cuartas opiniones, la resistencia a afrontar la verdad, unos padres devastados que miran a otro lado, etc. Cabe decir que la interpretación de Jim Parsons me ha hecho sacarle del encasillamiento al que le tenía por The Big Bang Theory, como Sheldon Cooper.

Es precisamente el trabajo de ambos intérpretes lo que salva a la película de ser una más. Durante la primera mitad del filme se trabaja mucho con el fondo de los personajes, sobre todo con el de Jim Parsons, que viene de ser un niño que ha interpretado una sitcom, con grandes traumas en su infancia, además de manías que son descubiertas por su pareja y el espectador. Se dedica a las series de televisión como crítico, mientras que su pareja es fotógrafo. La comedia funciona y esa empatía que se genera con el espectador ayuda al filme a obtener esas cuotas lacrimógenas que se necesitan para calar en el espectador. Su último tercio muestra cómo afecta a las relaciones la enfermedad, cómo se afronta y, sobre todo, el miedo a cómo será. También se reflejan los roces con la pareja, las dificultades familiares, laborales, etc.

En definitiva, Quédate a mi lado es una película didáctica que puede ser interesante en secundaria, pese a que hay muchas que narran el cáncer y su afrontamiento, pero también toca aspectos importantes de la homosexualidad, como la dificultad que todavía a día de hoy se tiene para expresarse. No es de las más duras sobre el cáncer pero tampoco es excesivamente amable. Si os gusta el género, no os la perdáis, y preparad pañuelos.

Recomendada (con reservas).




lunes, 19 de junio de 2023

El ataque de los robots de Nebulosa-5 (Chema García Ibarra, 2008)

 


Título original: El ataque de los robots de Nebulosa-5. Dirección: Chema García Ibarra. País: España. Año: 2008. Duración: 7 min. Género: Comedia, Cortometraje.

Guión: Chema García Ibarra. Música: Alejandro Martínez. Fotografía: Alberto Gutiérrez. Dirección artística: Leonor Díaz. Montaje: Chema García Ibarra. Sonido: Alejandro Martínez. Producción: Chema García Ibarra.

Premio Méliès d'or al Mejor Cortometraje en el Festival de Cine de Sitges 2010. Mención honorable (sección cortometrajes) en el Festival de Cine de Sundance 2008.

 

Reparto: José Manuel Ibarra, Carmina Esteve, Pedro Díez, Leonor Díaz.

 

Sinopsis: Un chico intenta en vano alertar a su familia de la inminencia de un ataque de "robós espaciales" que acabará con la vida en la Tierra.

 

Comentarios:

Cortometraje que puede entenderse de ciencia ficción pero que esconde diferentes discursos en su forma de expresarse. Una manera de romper moldes y demostrar que no todo está inventado.

Hasta que llegaron los extraterrestres a invadir el far west en Cowboys & Aliens o Vigalondo posó una gigantesca nave espacial sobre Madrid, yo siempre me preguntaba lo mismo: ¿Por qué no llegan seres de otro planeta a invadir la Francia de Napoleón? ¿Por qué no hay películas de terremotos en la Edad Media? ¿Por qué nunca estornudan en el cine de espadachines? ¿Por qué los zombies aún no han hecho un musical? ¿Por qué los tiburones siempre eligen a bañistas sobre colchonetas hinchables y pasan de los Vikingos? ¿No había espíritus en la prehistoria o es que había que esperar a que alguien construyera una casa sobre un cementerio indio?

Utilizar un género cinematográfico como pretexto y no como hilo argumental es un excelente recurso. Este cortometraje es un claro ejemplo de ello. La posible invasión de unos robots que pretenden acabar con la tierra puede encerrar un impecable mensaje sobre la soledad, la incomprensión y la intolerancia.

Un gran cortometraje. Multipremiado y reconocido allá por donde pasa. Entre los más de cien galardones que ha recibido destaca el primer premio del Digital Short Film Fest, el Méliès d’Or al mejor cortometraje fantástico europeo y una mención honorífica en el Festival de Sundance. El primer trabajo conocido del ilicitano Chema García Ibarra fue una gran sorpresa, repleta de sensibilidad y con una producción muy económica. Poco más de cinco minutitos narrados de forma personal y donde el director y guionista empezaba su carrera de cortometrajista de la mejor manera posible.

El cortometraje va mucho más allá de las risas que propicia. Estamos ante un gran homenaje a un género perdido, tanto en el contexto como en la forma en la que está rodada esta producción. La iluminación y la fotografía en general, además de un gran trabajo de edición ayudan a que viajemos a aquellas películas de los años 40/50 donde los argumentos de invasiones alienígenas, mutaciones y demás seres inhumanos estaban a la orden del día.

Al director se le nota mucho que ha visto muchas películas, y que le gusta el género, o al menos es lo que transmite en pantalla cada una de sus secuencias. Bajo un ritmo tedioso pero muy adecuado se nos enseña a un personaje que es bastante disparatado, lo cual es un logro dada la seriedad con la que transcurre toda la cinta. Es como si se contara una historia triste y reflexiva en vez de una locura de un deficiente.

Su segundo corto, Protopartículas, siguió el mismo camino; y su obra Misterio, estuvo en la selección de cortometrajes de la última Berlinale. Aquí tenéis otra forma de ver la ciencia ficción. A disfrutar. (Varios)

Recomendada.




sábado, 17 de junio de 2023

El caso Padilla (Pavel Giroud, 2022)

 

Título original: El caso Padilla. Dirección: Pavel Giroud. País: Cuba. Año: 2022. Duración: 78 min. Género: Documental.

Guión: Pavel Giroud. Música: Pablo Cervantes. Montaje: Pavel Giroud.  Producción: Lia Rodriguez, Alejandro Hernández (Ventu Productions).

Premio al Mejor Documental en los Premios Platino 2022.

Fecha del estreno: 2 Junio 2023 (España).

 

Reparto: Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jean-Paul Sartre, Jorge Edwards (testimonios).

 

Sinopsis:

La Habana, primavera de 1971: El poeta Heberto Padilla acaba de ser puesto en libertad y comparece ante el gremio de escritores cubanos donde entona una "sentida autocrítica", se declara agente contrarrevolucionario y acusa de complicidad a muchos de sus colegas ahí presentes, entre ellos, su esposa. Un mes atrás, su arresto bajo la acusación de atentar contra la seguridad del estado cubano, movilizó a la vanguardia intelectual del mundo entero, quienes dirigieron una carta a Fidel Castro exigiendo la libertad del poeta, cuyo único pecado fue disentir a través de su obra poética. El mea culpa del escritor, cuya grabación se muestra por primera vez al público, marca la línea narrativa de una historia en la que aparecen testimonios de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jean-Paul Sartre, Jorge Edwards y Fidel Castro..

 

Comentarios: 

Existen paralelismos entre El juicio (2018), el estremecedor documental de Serguei Loznitsa sobre los profesores y científicos que en 1930 se inmolaron ante un tribunal estalinista que los acusaba de conspirar contra la Unión Soviética, y El caso Padilla, de Pavel Giroud, proyectado en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. El caso Padilla incluye 60 minutos de un histórico metraje hasta ahora oculto con la feroz autoinculpación del poeta Heberto Padilla ante sus compañeros escritores cubanos después de más de un mes encarcelado por considerarlo un agente contrarrevolucionario. En ese monólogo escalofriante se ve a un hombre quemarse a fuego lento, y a una revolución precipitarse hacia su propio infierno.

El documental de Giroud se construye sobre la película que el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) rodó con un equipo de dos cámaras dirigidas por el documentalista cubano Santiago Álvarez Román. Era un registro destinado solo para los ojos de Fidel Castro y ha permanecido clasificado en los archivos del ICAIC. Oculto hasta ahora, sigue siendo, asegura Pavel Giroud, director cubano afincado en Madrid, material reservado. “A mí me llegó una cinta de Betamax de la que no puedo hablar porque implicaría a otras personas”, afirma.

La contemplación del archivo provoca una mezcla terrible de pavor y tristeza. Entre el público que estaba aquel día de abril de 1971 en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba se adivina a Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Antón Arrufat o el cineasta Tomás Gutiérrez Alea. Cabizbajos casi todos, asisten a uno de los momentos más trágicos de la revolución cubana, en el que terror y el desencanto se materializaron ante un grupo de hombres enfrentados a una insalvable disyuntiva: revolución o muerte.

En El juicio, Loznitsa se ciñó al sustancioso material de archivo que le permitía reconstruir al detalle una farsa que era un aviso a navegantes: cualquier disidencia acabaría en la Unión Soviética en el pelotón de fusilamiento o en un campo de trabajo de Siberia. Aquel juicio ejemplarizante supuso el ensayo de las futuras purgas estalinistas. Y el material de archivo rescatado por Loznitsa permite observar de cerca cómo los acusados (economistas e ingenieros sospechosos de pertenecer y conspirar desde un partido inexistente, el Partido Industrial) se autoinculpan con la frialdad de un autómata.

El caso Padilla, por el contrario, es el ‘yo, me acuso’ de un hombre que se retracta encendido, suda, se enfada (consigo mismo, a veces; otras, con los demás), que también señala, que actúa ante la cámara ofreciendo al espectador una estremecedora interpretación. Un durísimo y perturbador retrato del miedo. Como en las sesiones de la caza de brujas del senador McCarthy en Estados Unidos, se palpa una tensión demoledora. Hacia el final toma la palabra un funcionario, Armando Quesada, que se presenta como el nuevo director de la revista cultural cubana Caimán Barbudo. Su discurso contra “los intelectuales” corta la respiración. Qué se han creído ustedes, viene a decir, un intelectual puede ser cualquiera. Es el ninguneo y la amenaza de Quesada, que acabó en el Consejo Nacional de Cultura hasta hacerse famoso por su mano dura al frente del área de teatro y danza, a los escritores que tiene enfrente.

Giroud trufa el metraje de la autoinculpación con los testimonios recopilados de autores como Jorge Edwards, figura clave en la divulgación del caso Padilla, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jean-Paul Sartre o el propio Fidel Castro. Padilla es una oveja negra que ejemplifica la preocupación, la paranoia, de la revolución con su seguridad. “La revolución cubana es superior al hombre con el que se han solidarizado”, dice Padilla en referencia a los escritores que le habían apoyado. Giroud echa mano del caso de Boris Pasternak en la Unión Soviética para poner contexto su documental. En un acto de la Juventudes Socialistas Soviéticas descalifican así al autor de Doctor Zhivago: “Un cerdo no defeca donde come y duerme”. “Romperé todo lo que he escrito”, dice Padilla, que se avergüenza de sí mismo, de su obra y de sus palabras de forma obsesiva y reiterada.

El poeta se sumó a las filas de la revolución cubana desde sus inicios. Cuando esta tomó el poder, Padilla se incorporó al Ministerio de Comercio Exterior. Pero en 1968 publicó Fuera de juego, un poemario crítico con las derivas de la revolución. El escritor no ocultaba sus dudas y mostraba de forma abierta su disidencia. El 20 de marzo de 1971, la Seguridad del Estado lo arrestó y fue encerrado en un calabozo. La noticia provocó una conmoción entre los escritores latinoamericanos y los intelectuales europeos simpatizantes de Castro. Firmaron una carta de apoyo exigiendo su libertad Cortázar, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Alberto Moravia, Octavio Paz, Juan Rulfo, Sartre o Susan Sontag, entre otros.

El sacrificio de Padilla no sirvió para nada. Se quedó en tierra de nadie. Para evitar el acoso de la prensa internacional lo enviaron a una plantación con su familia, y en 1980 abandonó Cuba. Sus antepasados eran canarios y aunque él quería trasladarse a España tampoco le dejaron. Su destino, el de un traidor para todos, fue Estados Unidos. Murió en Alabama, rechazado por la izquierda y por la derecha. Aislado y sin prestigio. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada.



viernes, 16 de junio de 2023

Maestro(s) (Bruno Chiche, 2022)

 

Título original: Maestro(s). Dirección: Bruno Chiche. País: Francia. Año: 2022. Duración: 96 min. Género: Drama.

Guión: Bruno Chiche, Yaël Langmann, Cecilia Rouaud (basado en una idea de Joseph Cedar). Música: Florencia Di Concilio. Fotografía: Denis Rouden. Producción: Apollo Films, Orange Studio, Vendôme Films, Vendôme Production.

Fecha del estreno: 26 Mayo 2023 (España).

 

Reparto: Yvan Attal (Denis Dumar), Pierre Arditi (François Dumar), Miou-Miou (Hélène), Caroline Anglade (Virginie), Pascale Arbillot (Jeanne), Nils Othenin-Girard (Mathieu Dumar), Caterina Murino (Rebecca Martinelli), André Marcon (Alexandre Mayer).

 

Sinopsis:

En la familia Dumar, el oficio de director de orquesta se transmite de padres a hijos: François termina una brillante carrera internacional, mientras que Denis acaba de ganar una enésima Victoria de la Música Clásica. Cuando François se entera de que ha sido elegido para dirigir la Scala, su gran y último sueño, no se lo puede creer.

 

Comentarios: 

“¡Da capo!” ordena el maestro desde el atril mientras la orquesta interrumpe la melodía para volver a empezar una y otra vez la sinfonía que no acaba de ejecutarse limpia y perfectamente. En la interpretación, debe de notarse el estudio y el trabajo, pero también el talento, la pasión, el sentimiento adecuado para una música que se eleva para dejar su huella en el alma. Al igual que en la vida, un eterno ensayo que sólo deja en evidencia un buen puñado de errores que cometemos todos, tales como las relaciones distanciadas por culpa de los desencuentros, de las decepciones, de las decisiones diferentes a las pensadas, de la seguridad de que, entre tanto pentagrama, siempre hay una nota discordante que empobrece lo que debería ser la armonía del deseo.

Y así, entre dinámicas y corcheas, nos adentramos en una confusión algo estúpida para dirigir una de los templos de la ópera y de la música clásica. La ilusión se confunde peligrosamente con la derrota, con el mérito difuminado y, lo que sonaba mal, comienza a sonar aún peor porque quedan demasiadas cuerdas sin tocar. Todo empieza con el allegro de un premio, continua con el andante de una relación que nunca terminó de empastar, se prolonga con un minueto de indecisiones y acaba con un vivace al son de Las bodas de Fígaro en el que el cariño se impone por encima de la melodía y hace que la batuta, al fin, llegue a encajar con su dueño. Los recuerdos se agolpan, la cobardía se retira, se vuelve a empezar, sí, porque ya es hora de que algo salga verdaderamente bien. Da capo. Desde el principio.

Bruno Chiche ha conseguido una película notable que habla de sentimientos en el empuje de la dirección de una orquesta y en la obtención del aprecio, no sólo del público, sino también de quien ha marcado el compás hasta llegar a la maestría. No se trata de ser el mejor, sino de ser bueno. Bueno para esos oídos que están deseando llegar a la paz que sólo pueden otorgar una serie de notas inmortales. Bueno para esos brazos que están deseando estrechar rocas que siguen resistiendo a pesar de sus defectos. Bueno para ese corazón errante que busca un pentagrama en el que depositar la comprensión, el afecto y la sinceridad. El resultado es una película que, a pesar de que en algún momento puede parecer que se detiene, se llena de emoción y de lágrimas en ese aire herido por la batuta que, de forma nada caprichosa, se mueve de arriba abajo, como un día tras otro describiendo lo que nunca debió de silenciarse, ni de tragarse, ni de esconderse.

Y es que, en la oscuridad, siempre hay una sonrisa para el orgullo, siempre hay un gesto de acompañamiento para que la segunda cuerda soporte a la primera. Las noches de París se cierran para dar paso a la luminosidad de Milán y no hay reproches en una continuidad que se preludia en dos épocas que se enfrentan para vencer. Los maestros permanecen y no importa si es desde el atril o desde el teclado, si es desde la reconciliación o desde el desprecio. No hay débiles en el camino del apoyo y del amor malentendido, sólo valientes que lo intentan una y otra vez, tratando de dar forma a la verdad, al arte, al entendimiento con una mirada, al estremecimiento con un gesto. Sólo un gesto. Apenas nada. Todo por un error tonto que nunca debió ocurrir y por una montaña de años que no dejó resquicios para la ejecución más virtuosa. Y eso es algo que hace que siempre merezca la pena volver a leer la clave de sol y comenzar por la primera línea. Admiración y amor. Apenas nada. (César Bardés)

Recomendada.



jueves, 15 de junio de 2023

Banda Sonora Original: Robín de los bosques

 


En 1938, el clima político de Europa obligó a Erich Wolfgang Korngold a abandonar Austria y a establecerse definitivamente en Hollywood, donde su prestigio como músico obligó a la Warner a darle toda clase de facilidades. Su relación con el director Michael Curtiz produjo otras obras destacadas del género de capa y espada, como El capitán Blood (1935) y El halcón del mar (1940), pero Robín de los bosques (1938) es su obra más perfecta, con un raudal de música orquestal que engrandece y da personalidad a todo el film.

Como en todas sus obras, el músico hace gala de un estilo sinfónico grandioso e imaginativo, fruto de la influencia de Wagner y Strauss, que no se limita a subrayar los títulos de crédito o escenas concretas, sino que se halla presente durante casi todo el film, simultaneándose incluso con los diálogos.

Cuando el proyecto fue propuesto a Korngold, la primera reacción de éste fue rehusar el encargo, por considerar que no era la persona adecuada para un fin de tanta acción. Finalmente cambió de opinión, y creó una extensa partitura merecedora de su segundo Oscar a la Mejor Música Original.



El tema principal de la obra refleja los valores del personaje central interpretado por Errol Flynn: la fuerza, el heroísmo y la nobleza son sus notas principales, en una vigorosa melodía que se aplica también a los seguidores de Robin Hood. Diferentes variantes del mismo tema aparecen a lo largo de todo el film, destacando la forma de vals que adopta para la secuencia del banquete en Sherwood o un tono sigiloso para cuando Robin y sus hombres acuden a la ceremonia de coronación disfrazados de religiosos.

La gran labor realizada por Korngold halla su mayor manifestación en las secuencias de acción, en las que la música, haciendo gala de un extraordinario colorido orquestal, sigue e incluso a veces supera el ritmo de las imágenes; la huida inicial del castillo, el rescate de Robin cuando está a punto de ser ahorcado y el duelo final son escenas realzadas por un vibrante subrayado, aunque quizá el pasaje más brillante se halle en el ataque por sorpresa en el bosque a la caravana que encabeza Sir Guy de Gisbourne, con breves efectos sonoros que ilustran el salto de los hombres de Sherwood desde las copas de los árboles; tras el ataque, la victoria de éstos es celebrada con una triunfante versión del tema principal.



La popular relación entre Robin y lady Marian goza de su correspondiente tema de amor, aunque en este caso su lirismo se ve superado por el solemne y emotivo pasaje que envuelve al esperado rey Ricardo (Ian Hunter) cuando éste se desprende de la túnica de monje y descubre su verdadera identidad a Robin y sus hombres.

Otros fragmentos fascinantes (la entrada inicial de Robin en el castillo, el torneo de arqueros, o la ceremonia de coronación del príncipe Juan) convierten esta partitura en una atractiva combinación de aventura, grandiosidad y romanticismo, características que hasta aquel momento parecían reservadas únicamente a la ópera.

Os dejamos con el tema principal del esta espléndida banda sonora original.



miércoles, 14 de junio de 2023

Saturno 3 (Stanley Donen, 1980)

 

Título original: Saturn 3. Dirección: Stanley Donen. País: Reino Unido. Año: 1980. Duración: 88 min. Género: Ciencia-Ficción, Thriller.  

Guión: Martin Amis. Fotografía: Billy Williams. Música: Elmer Bernstein. Montaje: Richard Marden. Vestuario: Anthony Mendleson. Maquillaje: Ann Brodie. Dirección artística: Norman Dorme. Diseño de producción: Stuart Craig. Producción: Stanley Donen.

Fecha del estreno: 21 Mayo 1980 (España)

 

Reparto: Farrah Fawcett (Alex), Kirk Douglas (Adam), Harvey Keitel (Benson), Ed Bishop (Harding), Douglas Lambert (Capitán James).

 

Sinopsis:

Adam y Alex son dos científicos que han llegado a Titán, una luna de Saturno, con el fin de encontrar nuevos recursos alimenticios porque la Tierra carece de ellos. Cuando el capitán James, un psicópata criminal, llega a Titán, corta todas las comunicaciones con el resto del sistema solar; y con la ayuda de Héctor, un monstruoso robot gigante que él mismo construyó, consigue que la vida en Titán se convierta en una cuestión de mera supervivencia. Pero inesperadamente Héctor se rebela contra su creador...

 

Comentarios:

“Saturno 3” fue una producción de moderado lujo que apareció como parte de la explosión de ciencia-ficción que vivió el cine a finales de los setenta y principios de los ochenta. A primera vista, tenía todos los elementos para funcionar bien artística y comercialmente: un presupuesto generoso, la participación de algunos de los profesionales más veteranos y capaces del medio, un actor conocido, una bella actriz en la cima de su popularidad y un género que estaba en pleno auge y del que se tomó el tema de la casa encantada en el espacio (como había hecho “Alien”) y la amenaza de una inteligencia artificial enloquecida del estilo de HAL en “2001: Una Odisea del Espacio” (1968). El resultado no fue el esperado, sino una película extraña y fallida.

 

La película tuvo su origen en una idea de John Barry, extraordinario diseñador de producción conocido por su trabajo en películas como “La Naranja Mecánica” (1971), “Star Wars” (1977, por la que ganó un Oscar) o “Superman” (1978) (y al que, por cierto, no se debe confundir con el también famoso compositor, autor de la música de muchas películas de James Bond). Corría el año 1978 y Barry se lo comentó a la actriz Yvette Mimieux, esposa del gran director Stanley Donen. Éste, que había colaborado con Barry anteriormente, se mostró interesado y le sugirió que encabezara el proyecto él mismo, brindándole apoyo adicional como productor. Al fin y al cabo, el inmenso éxito que habían cosechado las películas mencionadas permitía a Barry aspirar a cumplir su sueño y ascender en el escalafón cinematográfico.

 

Se trataría de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto y Donen se la presentó a Lew Grade, presidente y fundador de ITC Entertainment, una productora británica creada en 1954 y especializada en series de televisión, muchas de ellas de gran popularidad, como “El Santo”, “El Prisionero”, “Thunderbirds” o “Espacio: 1999”. A finales de los setenta, empezó a financiar películas de mayor presupuesto que contaban sobre todo con actores norteamericanos, como “El Regreso de la Pantera Rosa” (1975), “Capricornio Uno” (1977), “Los Niños del Brasil” (1978) o “La Película de los Teleñecos” (1979).

 

Barry tenía puestas las esperanzas en que esta película, a partir de una idea original suya, sería un buen debut como realizador, pero las cosas marcharon mal desde el principio. Tras sólo un par de semanas de rodaje, se retiró alegando ese eufemismo al que estudios y profesionales se refieren como “diferencias creativas”, expresión que en este caso parece ser que ocultaba, según Donen, una flagrante ineptitud a la hora de encarar aspectos de la producción como la fotografía o la dirección de actores. Otros testimonios apuntan a enfrentamientos con Kirk Douglas. Sea como fuere, Barry se unió acto seguido a la producción de “El Imperio Contraataca” como director de la segunda unidad antes de morir de meningitis a los 43 años, en mayo de 1979.

 


Así que Donen, además de producir la película, se vio forzado a sustituirle en la silla de director. Donen era uno de los veteranos de Hollywood, famoso sobre todo por sus musicales y comedias románticas de tono ligero, como “Cantando Bajo la Lluvia” (1952), “Siete Novias para Siete Hermanos” (1954), “Una Cara con Ángel” (1957), “Charada” (1963), “Arabesco” (1966) o “Dos en la Carretera” (1967) Se había aventurado en el terreno de la fantasía con las versiones musicales “Malditos Yanquis” (1958) y “El Pequeño Príncipe” (1974), así como en la comedia negra “Al Diablo con el Diablo” (1967), pero “Saturno 3” fue su único contacto con la ciencia ficción, un género por el que nunca había demostrado interés ni afinidad algunos.

 

De todas maneras, Donen pareció abordar el proyecto con entusiasmo. En una entrevista concedida a la revista “Starlog” en 1980, declaró haber visto “Alien” unas semanas antes de comenzar el rodaje de “Saturno 3” y confesó su admiración por otro clásico de la ciencia-ficción y el terror, “El enigma de otro mundo” (1951). Pero había algo que le preocupaba: hacer una película de terror en el espacio con sólo tres humanos. ¿Eran suficientes para generar el suspense necesario durante toda la historia? Al fin y al cabo, en “Alien” había siete tripulantes. Desde luego, tenía razones para estar inquieto.

 

Benson (Harvey Keitel), un piloto espacial que ha sido relevado de su puesto por inestabilidad mental, asesina a un compañero y se hace pasar por él para llevar a cabo su misión. Ésta consiste en atravesar los anillos de Saturno y descender en Titán, una de sus lunas, donde se encuentra una instalación científica gestionada en solitario por una pareja de amantes, Adam (Kirk Douglas) y Alex (Farrah Fawcett). Una vez en la base, Benson monta un robot, Hector, cuyo cerebro está compuesto de tejido neuronal humano. Para calibrarlo, Benson lo conecta a su propio y enfermo cerebro. No es de extrañar por tanto que cuando activa la máquina, ésta empiece pronto a desarrollar el mismo comportamiento violento, obsesivo y psicópata que su “mentor” y, llevado por su lujuria, emprenda una imparable persecución de Alex.

 


“Saturno 3” llegó a rebufo del colosal éxito de “Alien” (1979) y puede dar la impresión de que pretendía copiar el mismo esquema sustituyendo como criatura acechante en los solitarios corredores al repulsivo xenomorfo por un robot gigante. En parte, esto es así, pero hay que tener en cuenta que la génesis de “Saturno 3” es anterior al estreno de “Alien”, por lo que probablemente pueda vérsele más acertadamente como un “Frankenstein” (1931) trasladado a un entorno espacial y adornado con forzadas alusiones al Paraíso habitado por dos amantes inocentes (el personaje masculino incluso se llama Adam). Benson, por su parte, sería la serpiente que contamina el edén con los celos, la lujuria y la violencia.

 

Aunque la idea primigenia había sido obra de John Barry, Donen le sugirió que el guión debía pasar por manos de alguien más experimentado, así que se lo pasó al joven novelista Martin Amis, quien, este sí, tenía interés en la ciencia-ficción (su segunda novela, “Niños Muertos”, 1975, estaba ambientada en un futuro cercano). Ahora bien, tampoco el desastre en el que se convirtió la película puede achacársele a Amis. Ciertamente, fue la versión de su guión (que tenía el título completamente distinto de “El Ayudante”) la que captó la atención del productor Lew Grade y la actriz Farrah Fawcett; pero Steve Gallagher, que escribió la novelización de la película, describió la versión que le pasaron como “terrible” y “auténticamente inepta”. Ahora bien, no se sabe si el problema estuvo en el guión de Amis o en el trabajo de reescritura posterior al que fue sometido por toda una serie de guionistas no acreditados que, probablemente a requerimiento del estudio, trataron de aproximarse a lo que Ridley Scott había hecho con tanto éxito en “Alien”.

 


La ordalía de escribir el guión le dejó a Amis una profunda cicatriz. En 1984, escribió la novela “Dinero”, directamente inspirada en su breve –y única- participación en una producción millonaria. El argumento del libro trata sobre un director de anuncios publicitarios que trata de hacer su primera película. Ésta sufre cambios de título y una producción que experimenta todo tipo de problemas, como las excentricidades de una vieja gloria de la interpretación obsesionado con aparecer en pantalla con la menor ropa posible para intentar demostrar que aún conserva su virilidad juvenil (referencia directa a Kirk Douglas en “Saturno 3”).

 

Aunque el guión pecaba de pretencioso y falto de ritmo, Stanley Donen se defiende como puede y ofrece algunas escenas razonablemente decentes en la última parte de la cinta, cuando el robot persigue a los protagonistas. Sin embargo, todo se embrolla hacia el final. La conclusión es abrupta y pesimista, con Alex dirigiéndose a la Tierra, aun cuando ésta se ha puesto varias veces en la película como símbolo de decadencia material y moral, lo que en último término supone que ella renuncia a conservar la pureza.

 

“Saturno 3” costó unos respetables 10 millones de dólares (en comparación con, digamos, los 18 de “El Imperio Contraataca” o los 20 de “Flash Gordon” aquel mismo año; o los 11 millones de “Alien” un año atrás), la mayor parte de los cuales parece haberse gastado en los decorados, bastante imaginativos, diseñados por Stuart Craig en su primer trabajo en solitario (antes había sido ayudante de Barry en “Superman” y más tarde se encargaría de películas como “Las Amistades Peligrosas”, “El Paciente Inglés” o la saga de Harry Potter). Un equipo de ochenta personas se afanó durante cuatro meses en construir la base Titán ocupando la totalidad de dos platós de los estudios Shepperton. Este esfuerzo se hace evidente en la película ya que en ningún momento da la impresión de que el decorado termine justo donde la cámara recorta el plano. La única pega es que, quizá en un intento de evitar el aspecto industrial y algo sucio que predominó en el cine de ciencia-ficción tras “Star Wars” y “Alien”, las instalaciones resultan más extravagantes que prácticas, rayando a veces en lo kitsch.

 


Hector, el robot, fue otro de los apartados más caros de la película, llegando a absorber un millón de dólares del presupuesto. Se fabricaron varias versiones, algunas con un hombre dentro pero la mayoría de ellas manejadas por radiocontrol y operadas por un equipo de veinte personas que, con todo, tuvieron continuos problemas para conseguir que el robot hiciera que lo que director ordenaba, como mover las piezas sobre un tablero de ajedrez. A pesar de todo el dinero y tiempo invertido en él, este personaje mecánico no me resulta demasiado convincente como amenaza letal. Su gran corpachón viene rematado por unos bracitos absurdos y unas piernas que lo mueven de forma torpe y lenta. Además, al carecer de cabeza, tampoco tiene expresividad alguna más allá del parpadeo de sus “ojos”.

 

Los efectos especiales son irregulares. La secuencia de apertura en la que la cámara atraviesa Saturno y recorre la nave; el hangar con figuras vestidas de negro; el asesinato del compañero de Benson por el método de abrir la esclusa de vacío; el viaje por los anillos de Saturno y el aterrizaje en Titán, están razonablemente conseguidos, aunque las pinturas mate y los trucos ópticos se hagan evidentes en más de una ocasión. Además, hay un par de secuencias diseñadas más en base a la estética que al sentido común: ¿Por qué hay gente en la estación espacial que camina por el techo y otros en diferentes ángulos? ¿O por qué un piloto preferiría sufrir la pesadilla de atravesar un anillo repleto de letales rocas de hielo en lugar de dar un rodeo?

 

Estos continuos traspiés en el apartado visual y escénico probablemente respondan a que la producción era más ambiciosa de lo que permitía el presupuesto disponible. ITC Entertainment, se había embarcado simultáneamente –nunca mejor dicho- en otra superproducción, “Rescaten al Titanic” (1980), basada en una novela de Clive Cussler y que absorbió gran parte del dinero disponible en las arcas de la compañía (sólo para hundirse tan profundamente como el navío del título: de un presupuesto de 40 millones sólo recaudaron 7).

 

Kirk Douglas y Farrah Fawcett no se esfuerzan demasiado en dotar de energía y carisma a sus personajes. Fawcett estaba entonces en la cima de su éxito y belleza y tras su participación en una sola temporada de “Los Ángeles de Charlie” (1977-81) se había convertido en uno de los iconos sexuales del momento. Su inclusión en la película obedeció con total seguridad a la popularidad que entonces arrastraba y no a sus dones actorales. Los críticos la atacaron entonces –justificadamente- por su absoluta falta de talento interpretativo, una carencia que se hace evidente en “Saturno 3”. En la década de los ochenta, sin embargo, demostró que podía hacerlo mucho mejor gracias a una serie de papeles femeninos intensos en miniseries televisivas como “Maltratada” (1984) o la película “La humillación” (1986). En cuanto a Kirk Douglas en el papel de Adam, cuanto menos se diga mejor.

 


Por su parte, Harvey Keitel, que entonces no era ni mucho menos tan conocido como hoy, aporta con su rostro pétreo y ojos muertos de muñeca una sensación de amenaza real. Pero bien fuera porque se negó a regresar a la producción para doblar su propia voz –algo muy habitual cuando el sonido directo no tiene la calidad necesaria-, bien porque a Lew Grade no le gustaba su acento neoyorquino, se tuvo que llamar a un tercero para prestar su voz, el actor británico Roy Dotrice, un veterano que ha estado presente en todo tipo de producciones, desde “Espacio 1999” a “Juego de Tronos” pasando por “Hellboy” o “Hércules”. ¿Qué se podía esperar de combinar una voz que parece sacada de una vieja película de kung fu con diálogos como “Tu cuerpo es muy hermoso. Me gustaría utilizarlo”?

 

Uno no puede sino preguntarse qué habría ocurrido si John Barry hubiera permanecido a bordo de la producción. Su talento puede verse en los decorados y en ciertos detalles que apuntan a ideas muy interesantes que nunca se llegan a explorar. ¿Qué son esos extraños símbolos tatuados en la piel de los personajes? ¿Qué desastre ecológico dejó la Tierra en un estado tal que, como dice Benson, la gente se ha visto reducida a comerse a los perros? La visión que Barry había tenido para “Saturno 3” parece más interesante y rica en matices que el thriller de robot asesino que al final llegó a las salas. Imaginó a Hector, ya lo he apuntado, como una suerte de monstruo de Frankenstein, una criatura inocente que hereda los vicios y defectos de su creador.

 

En lugar del thriller de bajo presupuesto que había soñado Barry años atrás, la producción acabó inflándose hasta alcanzar un coste sobredimensionado mientras nadie sabía muy bien cómo orientar el producto, lo que a su vez causaba continuos quebraderos de cabeza al departamento de márketing de ITC. El propio Donen admitió que con los actores contratados y a punto de empezar el rodaje, no tenía guión definitivo. Durante la filmación se efectuaron profundos cambios en la historia. ¿Era aquello una mezcla de terror y ciencia-ficción? ¿O más bien una fantasía adolescente de tono ligero? Prueba de esos vaivenes son las fotos de producción que se utilizaron para promocionar la película y en las que Farrah Fawcett aparecía ataviada con un mono de cuero y ligueros, una mezcla de Barbarella y dominatrix espacial. Ese vestuario correspondía a una escena que fue finalmente recortada a petición de la propia actriz–aquella en la que Adam y Alex se drogan con una de las pastillas de Benson-. Sin embargo, esas imágenes continuaron utilizándose en posters y elementos publicitarios, hasta el punto de que la película parecía dar más peso a la sexy actriz que al robot asesino.

 

La lencería espacial de Fawcett no fue lo único que se recortó de la película. La banda sonora que había compuesto el gran Elmer Bernstein tampoco se utilizó y un par de escenas de violencia explícita no superaron el corte final –en una de ellas, Hector destripaba a Benson-. Todas estas indecisiones y cambios derivaron en sobrecoste, hasta tal punto que un par de tomas con efectos especiales se reciclaron de un episodio de “Espacio 1999”.

 


A “Saturno 3” le llovieron las críticas negativas inmediatamente tras su estreno. El lema que acompañaba a la película, “¡Algo malo ocurre en Saturno 3!” se convirtió en motivo de bufa y título de algunos de esos comentarios críticos. Se la calificó justificadamente como un producto torpe, lento, inane y hasta ridículo, cuando no lo inintencionadamente cómico. Ofrece un par de pasajes algo inquietantes y el diseño de producción quizá le habría reservado un lugar modesto dentro del cine de culto, pero ello no compensa lo absurdo del guión, los problemas de ritmo, lo acartonado de los diálogos y los insulsos personajes. No en vano la película y los dos actores principales fueron nominados a los Razzies. Inevitablemente, la recaudación fue otro fiasco y ni siquiera se recuperó el dinero invertido.

 

“Saturno 3” no fue ni de lejos el taquillazo que sus creadores habían esperado. Ni tenía el alcance épico y optimismo de “Star Wars” ni resultaba tan claustrofóbico y desasosegante como “Alien”. Tampoco ha acabado siendo considerado un clásico menor ni una película de culto. Su principal mérito es haber sido una de las peores superproducciones de la historia de la ciencia-ficción, lo cual, ya de por sí, no es poca cosa. Y, como sucede siempre, este tipo de productos fallidos y extraños siempre encontrará un público entusiasta. (Manuel Rodríguez)

Recomendada (con reservas).