viernes, 6 de mayo de 2022

La hija oscura (Maggie Gyllenhaal, 2021)

 

Título original: The Lost Daughter. Dirección: Maggie Gyllenhaal. País: USA. Año: 2021. Duración: 121 min. Género: Drama.  

Guión: Maggie Gyllenhaal (basado en una novela de Elena Ferrante). Fotografía: Hélène Louvart. Montaje: Affonso Gonçalves. Música: Dickon Hinchliffe. Producción: Endeavor Content, Faliro House, Pie Films, Samuel Marshall Productions.

Nominada al Oscar 2021 a Mejor Guion Adaptado y Mejor Actriz (Olivia Colman). Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine de Venecia 2021. Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion en los Premios Independent Spirit 2021.

Fecha del estreno: 18 Febrero 2022 (España)

 

Reparto: Olivia Colman, Jessie Buckley, Ed Harris, Dakota Johnson, Peter Sarsgaard, Paul Mescal, Oliver Jackson-Cohen, Dagmara Dominczyk, Alba Rohrwacher.

 

Sinopsis:

Sola en unas vacaciones junto al mar, Leda se ve consumida por una joven madre y su hija mientras las observa en la playa. Intrigada por su atractiva relación (y por su estridente y amenazante familia), Leda se siente abrumada por sus propios recuerdos del terror, la confusión y la intensidad de la maternidad temprana. Un acto impulsivo lleva a Leda al extraño y ominoso mundo de su propia mente, donde se ve obligada a enfrentarse a las decisiones poco convencionales que tomó como madre joven y a sus consecuencias.

 

Comentarios:

En La madre cruel, poema anónimo del siglo XVII que Shirley Collins convirtió en los años sesenta en una de las más bellas canciones del folk inglés, la hija de un predicador, enamorada del hombre equivocado, mata a sus bebés recién nacidos. Después del crimen, de regreso a casa por el bosque, la joven mujer establece un doloroso diálogo con los niños. Son pequeños fantasmas que ya nunca abandonarán la sombra de la cruel infanticida.

La hija oscura no narra un crimen doméstico, pero su protagonista, una filóloga de 48 años devota de Auden y Yeats que pasa sola unas vacaciones en una isla griega, revivirá en su propio bosque de recuerdos los fantasmas de su compleja y, en sus propias palabras, “desnaturalizada” maternidad. Adaptación de la novela corta homónima de Elena Ferrante, La hija oscura está escrita y dirigida por la actriz estadounidense Maggie Gyllenhaal: un gran debut protagonizado por la actriz británica Olivia Colman, candidata al Oscar y a lo que le echen.

Gyllenhaal logra tocar las teclas correctas de un relato durísimo en el que el pasado se precipita sobre el presente. En una playa, en esa placentera ensoñación del sol y la sal, la protagonista, sola y huraña, se fija en una madre torpe, distraída y guapísima interpretada por Dakota Johnson. Un espejo en el que a la protagonista le gusta mirarse hasta que aflora la culpa (incluso cuando no hay culpa) y otros oscuros monstruos.

Con una mirada cargada de sutil sabiduría, Gyllenhaal envuelve su filme de sensaciones y de no demasiadas palabras, una atmósfera cerrada y tensa, llena de sombras y preguntas, en la que consigue integrar los flashbacks protagonizados por la actriz Jessie Buckley, candidata también a un Oscar por dar vida a la protagonista de joven, una madre de dos niñas que cría a sus hijos junto a su pareja mientras ambos preparan sus tesis. Sabemos que las hijas tienen ahora 23 y 25 años, que nacieron cuando la pareja era muy joven y el deseo de la madre quedó bruscamente truncado por la crianza. Mientras trabaja con su ordenador, la madre intenta masturbarse, pero sus hijas boicotean su intimidad hasta la desesperación.

El tono de todos los actores de La hija oscura roza la perfección y, con el permiso del veterano Ed Harris y la siempre virtuosa Colman —una actriz cuya técnica le permite hacer prácticamente lo que sea—, Jessie Buckley y, sobre todo, Dakota Johnson —dueña de un auténtico imán para la cámara— destacan en sendos papeles de madres jóvenes y sobrepasadas.

En una de esas secuencias que explican muchas cosas, el personaje que interpreta Buckley regaña a su hija mayor, la más absorbente de las dos. La niña reclama atención pegando a la madre, un gesto bastante habitual en ese pulso que es siempre la crianza y que cualquier madre con sentido común zanja de un plumazo. La niña no da pena al espectador, pero tampoco es fácil empatizar del todo con una madre como la que esta película retrata. La tiranía de los hijos, la maternidad como una losa, el egoísmo de la madre o el precio de su libertad sobrevuelan La hija oscura, una película cuya encrucijada se resuelve de la forma más dulce y cruel posible. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada.



jueves, 5 de mayo de 2022

Banda Sonora Original: El cartero y Pablo Neruda

 

La época moderna de las bandas sonoras es la más polémica, porque hay quien piensa que cualquier cosa pasada (muy pasada) fue mejor. Por eso los títulos más modernos pueden generar más desavenencias. Algunos, como “El cartero y Pablo Neruda”, llegaron a ganar un Oscar.

“Il postino”, como se llamó originalmente, es una de esas películas sorpresa que surgieron en los 90 y que consiguieron hacerse un hueco entre los grandes espectáculos de taquilla estadounidenses. Una época que marcó el despegue del cine independiente internacional, y la demostración de que había otro cine más allá del de las grandes productoras.

Lástima que todos estos elementos marcaron, y no para bien, a esta deliciosa y pequeña historia, un proyecto personal de su guionista y actor principal Massimo Troisi. Cargó con el estigma de haber sido ayudada, especialmente en lo que se refiere a la sencilla y preciosa banda sonora compuesta por el veterano compositor argentino Luis Bacalov. Casi fue calificada de premio de consolación, cuando se trata de una preciosa muestra de buen gusto y estilo mediterráneo. Décadas después, es más sencillo valorarla.

Esta banda sonora es una buena representación de lo que la mejor música de cine italiana tiene que ofrecer. Es una partitura que refleja muy bien su aire mediterráneo, proporcionándole una deliciosa situación geográfica a la historia, perfectamente coordinada con la fotografía y paisajes que inundan la película. Un estilo musical que funciona en ese tono poético, sencillo y casi infantil de sus personajes, que ha pasado muy desapercibido fuera de Europa. Y es que, por muchas manías que le podamos tener al estilo de película y música, la composición de Bacalov es un complemento perfecto para esta historia en particular. Valga como prueba cómo, tras el Oscar, su partitura también ganó el premio BAFTA, el Globo de Oro, el David di Donatello y varios otros premios internacionales. Algo que es fácil saber por qué.

 

 

Delicada y ligera, llama la atención que la música es muy pegadiza, incluso adictiva, y tiene una gran capacidad para transmitir el estilo de vida de una aislada isla italiana. Todo ello partiendo de la autenticidad del espíritu de la partitura con el uso de las mandolinas y el bandoneón, con el sabor romántico de los cuartetos de cuerda. Utiliza todos los elementos que podría esperarse, y lo hace de manera muy exitosa. Una partitura pequeña, que compensa dicha limitación con su contagiosa personalidad.

Muchos acusarán a la partitura de repetitiva, por la utilización tan destacada que hace del tema principal, pero quizá se olvidarán de la variedad de motivos auxiliares y de la presentación de todos ellos a lo largo de la película. Bacalov juega con los tempos de una manera deliciosa para hacernos conocer los sentimientos de su romántica pareja protagonista. Esos temas van introduciéndose en la vida de Beatrice, indicándonos lo que está ocurriendo, aunque ella todavía no se de cuenta de los cambios en sus sentimientos.

Antes de componer “El cartero”, Bacalov ya era uno de los grandes de la música de cine italiana. Tenía 61 años y más de cien títulos de cine y televisión, entre ellos obras míticas como “Django”, “El Evangelio según San Mateo” o “Yo soy la revolución”. Estamos hablando de uno de los nombres clásicos de la música italiana, casi todos ocultos por la larga sombra del maestro Morricone, pero grandes músicos por derecho propio, aunque fuera necesaria una alineación galáctica como ésta para conseguir darse a conocer.

 

 

El sencillo carácter e infecciosa personalidad de esta banda sonora ha quedado más que oculta tras elementos externos, y el perfecto desarrollo de sus elementos locales tampoco la han ayudado demasiado. Sin embargo es una de las mejores muestras del estilo mediterráneo, ese gusto por la melodía y las emociones que se echa tanto de menos en la actualidad, especialmente cuando transmite también los sentimientos de sus personajes, incluso antes de que ellos los sepan.

Existen varias ediciones europeas, por parte de CAM, disponibles y fácilmente encontrables, aunque probablemente sea la edición americana de Hollywood Records la más sencilla de poder localizar y a un precio realmente asequible. Presenta unos 45 minutos de música de la película junto a poemas de Neruda leídos por conocidos admiradores del poeta (eso sí, en inglés), como Julia Roberts y Sting. Tanto por la música como por la poesía, así como la facilidad para poder encontrarla, la convierten en mi edición favorita. (Fernando Fernández)

 

Os dejamos con el Main Theme de esta maravillosa Banda Sonora Original, a cargo de Mario Stefano Pietrodarchi (acordeón) y Enzo De Rosa (piano).

 


 

miércoles, 4 de mayo de 2022

El hombre que vendió su piel (Kaouther Ben Hania, 2020)

 


Título original: L'Homme qui a vendu sa peau. Dirección: Kaouther Ben Hania. País: Túnez. Año: 2020. Duración: 104 min. Género: Drama.  

Guión: Kaouther Ben Hania. Fotografía: Christopher Aoun. Música: Amin Bouhafa. Montaje: Marie-Hélène Dozo. Producción: Cinétéléfilms, Tanit Films, Kwassa Films, Laika Film & Television, Twenty Twenty Vision Filmproduktion, ZDF/Arte.

Nominada al Oscar 2020 a la Mejor Película Internacional.

Fecha del estreno: 8 Abril 2022 (España)

 

Reparto: Koen De Bouw, Monica Bellucci, Husam Chadat, Rupert Wynne-James, Adrienne Mei Irving, Najoua Zouheir, Yahya Mahayni, Saad Lostan, Nadim Cheikhrouha, Dea Liane, Wim Delvoye, Montassar Alaya, Marc de Panda, Jan Dahdoh.

 

Sinopsis:

Sam Ali, un joven sensible e impulsivo de Siria, abandona su país poniendo rumbo hacia el Líbano huyendo de la guerra. Para poder viajar por Europa y vivir así con el amor de su vida, acepta tatuarse la espalda a manos de uno de los artistas contemporáneos más importantes que existen. Tras convertir su cuerpo en una prestigiosa obra de arte, Sam comprende poco a poco que su decisión implica todo lo contrario a lo que él deseaba en un principio: la libertad.

 

Comentarios:

"En nuestro mundo, las mercancías pueden circular mucho más libremente que los seres humanos", declara alguien en una escena de El hombre que vendió su piel haciendo gala de la misma falta de sutileza que el segundo largometraje de ficción de la tunecina Kaouther Ben Hania deja clara desde su premisa misma: un refugiado sirio acepta que un artista famoso le tatúe en la espalda una reproducción de un visado para ingresar en el espacio Schengen, convirtiéndolo así en una obra de arte andante -es decir, en un objeto- y, en consecuencia, proporcionándole libertad de movimiento por Europa.

Es una base argumental que rebosa ideas e invita a numerosas discusiones morales, éticas y filosóficas sobre la frivolidad y la estupidez consustanciales al mundo del arte y sobre la explotación a la que Occidente somete a quienes buscan asilo, y Ben Hania se contenta con sugerirlas en lugar de explorarlas; la película, en otras palabras, evita adentrarse en territorios realmente oscuros y, en cambio, opta por convertirse en una historia de amor fundamentada en coincidencias e improbabilidades narrativas pero también absolutamente previsible, y resuelta en un desafortunado tercer acto que frivoliza el drama de los refugiados. Si a pesar de ello funciona realmente bien es, en buena medida, gracias a la destreza con la que Ben Hania adereza su justificada indignación con humor negro y sentido del absurdo. (Nando Salvà)

Recomendada.



martes, 3 de mayo de 2022

Mitomanía... Judy Garland



“Nací a los doce años en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer”, solía bromear Judy Garland. Pero era cierto. Nunca tuvo infancia. Creció y vivió demasiado aprisa.

Nacida en Grand Rapids, Minnesota, el 10 de junio de 1922, Frances Gumm (éste era su verdadero nombre) debutó a los tres años en un espectáculo de music-hall en el que intervenían sus padres y hermanas. A los cinco años formaba parte del trío Gumm Sisters y a los siete años recorría toda California con la troupe de los Meglin Kiddies.

En 1934 el trio familiar, que se había convertido en Garland Sisters, se disuelve, y Judy (el nombre lo tomó de una popular canción de Haogy Carmichael) emprende una carrera como solista, por consejo y casi imposición de su dominante madre.

Contratada por la Metro Goldwyn Mayer gracias a su excepcional voz, cuando ya estaba pasada de edad vendría su gran éxito de El mago de Oz, celebrado como “la mejor actuación juvenil del año” y merecedor de un Óscar especial.

Convertida en gran estrella musical, su carrera prosiguió triunfante, contando siempre con los mejores músicos y letristas (Cole Porter, Irving Berling, los hermanos Gershwin), los más afamados bailarines (Fred Astaire y Gene Kelly) y los más prestigiosos técnicos (los directores Busby Berkely, Vicente Minelli y Charles Walters, y el productor Arthur Freed).

Para sobrellevar el vértigo de su acelerada existencia, Judy se había aficionado desde los trece años a los barbitúricos. Insegura y vulnerable, su vida de adulta atravesó grandes crisis emocionales, numerosos intentos de suicidio y escandalosos internamientos en hospitales, que provocaron su despido de la Metro.

Pero Judy se rehízo y emprendió una nueva carrera de cantante que reverdeció e incluso superó pasados laureles. Ninguna otra estrella de Hollywood había sido capaz de pasar del cine a la canción con similar respuesta popular.

Su muerte, a los 47 años de edad, todavía rodeada de misterio, significó el ocaso de todo un tipo de cine musical y el final de un estilo personal de “estar sobre un escenario” que ya no era compatible con los nuevos tiempos.

 


Filmografía esencial.

 

·        1936: Locuras de estudiantes; Concierto al aire libre.  

·        1937: Thoroughbreds don´t cry.

·        1938: Listen, Darling; Broadway Melody of 1938; Andy Hardy se enamora; Everybody Sing.

·        1939: Los hijos de la farándula; El mago de Oz.

·        1940: Andy Hardy Tenorio; Armonías de juventud; Little Nellie Kelly; If I Forget You.

·        1941: Ziegfeld Girl; La vida comienza para Andy Hardy; Babes on Broadway.

·        1942: For Me and My Gal.

·        1943: Thousands Cheer; Chica loca; Presentando a Lily Mars.

·        1944: El reloj; Cita en St Louis.

·        1946: The Harvey Girls; Ziegfeld Follies of 1946; Till the clouds roll by.

·        1948: El pirata; Desfile de Pascua; Words and Music; In the good old summertime.

·        1950: Summer Stock.

·        1954: Ha nacido una estrella.

·        1961: Vencedores o vencidos.

·        1963: I could go on singing; Ángeles sin pasado.

 

 

Hoy la recordamos cantando esa canción estupenda, convertida en un himno, de la película El mago de Oz, titulada “Somewhere over the rainbow”. A disfrutar, cinéfilos.

 


 

domingo, 1 de mayo de 2022

Alcarràs (Carla Simón, 2022)

 

Alcarràs, ganadora del Oso de Oro de la 72 Berlinale


La tierra, la tradición, el oficio de cultivar y la familia son los temas en los que se fijó Carla Simón en Alcarràs, su segunda película, con la que se ha convertido en la primera mujer española en lograr el máximo galardón del Festival de Berlín. Después del éxito de Verano 1993, “presión había”, reconoce la directora catalana, que regresa a su universo personal para narrar la historia de la familia Solé, que afronta su última cosecha después de 80 años cultivando la misma tierra. “Mis tíos y mi familia cultivan melocotones y cuando estaba escribiendo Verano 1993 murió mi abuelo y fue un momento de pensar dónde quedaba su legado y qué pasaría si desaparecían estos árboles”, explica Simón sobre el origen de este drama, que le resultó más complejo que su ópera prima.



“La segunda peli tiene esa cosa de si estás definiendo algo en relación a tu cine. Y para mí es importante que cada proyecto tenga su reto y algo que lo identifique”, aseguró la realizadora, que pone el foco en “el oficio más viejo de la humanidad, lo hacemos desde la prehistoria”.

Alcarràs “es una historia sobre la pertenencia a una tierra, a un lugar, pero también un drama sobre las perpetuas tensiones generacionales, la superación de antiguas tradiciones y la importancia de la unidad familiar en tiempos de crisis”. La coralidad del relato exige, pese a su aparente sencillez, exige un pleno dominio del guion, la cámara y el montaje, para que cada personaje tenga una mirada y una voz propias, sin jerarquías pero dispuestas con una claridad luminosa.



A la familia protagonista la encarnan actores no profesionales y trabajadores de la tierra de la zona de Alcarràs, el pequeño pueblo de Cataluña, en la provincia de Lleida, que da nombre a la cinta. “Íbamos a las fiestas de los pueblos y si alguien nos encajaba le decíamos que viniera al cásting”, recuerda Simón; para ella era fundamental “que nadie tuviera que fingir el acento específico de este sitio”, ni su conexión con la tierra, pues “a los agricultores se les nota en el aspecto, en la forma de coger la fruta”, señala Simón.

Para escribir el guion, firmado por la propia Simón junto a Arnau Vilaró, ambos se trasladaron a la masía de la familia de Simón, donde fueron testigos “del ritmo acelerado de una cosecha. Hay mucha gente junta y cada loco con su tema. Están pasando muchas cosas paralelas todo el rato. Decíamos que estábamos escribiendo un thriller”, bromea la directora.



Para Simón “colocar la cámara es una posición filosófica” y junto a la directora de fotografía Daniela Cajías eligió primar las interpretaciones y no romantizar la naturaleza. “La cámara va donde va la emoción de los actores. Ese paisaje a veces con la luz tenía una aspecto espectacular, pero no tenía sentido que nosotros viniendo de la ciudad idealizáramos el campo. Ese paisaje da sus frutos, pero es duro y hace calor… esta familia lo vive desde dentro”. El gran conflicto de la película, la pérdida de sus tierras, paradójicamente, viene de mano de las energías renovables. “Siempre es más complejo cuando el malo no es solo malo. Para mí era importante que el dilema fuera lícito. Que el espectador pueda entender la opción de las placas solares. Evidentemente vamos con esta familia, pero la energía solar es necesaria, aunque se tiene que aplicar correctamente”, explica.


Esta esperada película, obra de un equipo liderado mayoritariamente por mujeres, llega a las pantallas después de haber cosechado numerosos reconocimientos en distintos festivales, ahora le toca al público disfrutar de ella.