jueves, 5 de noviembre de 2020

La voz humana (Pedro Almodóvar, 2020)

 

Título original: The Human Voice. Dirección: Pedro Almodóvar. País: España, USA. Año: 2020. Duración: 30 min. Género: Drama, Cortometraje.  

Guión: Pedro Almodóvar (basado en un monólogo teatral de teatro de Jean Cocteau). Fotografía: José Luis Alcaine. Música: Alberto Iglesias. Producción: El Deseo, Filmnation Entertainment.

Presentada en la sección oficial (fuera de concurso) del Festival de Venecia 2020.

Estreno en Sevilla: 16 Octubre 2020

 

Reparto: Tilda Swinton.

 

Sinopsis:

Una mujer pasa el tiempo mirando las maletas de su ex-amante, que la abandona para contraer matrimonio con otra mujer. Durante tres días, la mujer sólo sale a la calle una vez: para comprar un hacha y una lata de gasolina.

 

Comentarios:

Con una perturbada interpretación de Anna Magnani, desaforada, desaliñada y temblorosa, Roberto Rossellini creó en El amor (1948) el retrato de una mujer humillada y sumisa. Ingrid Bergman, en un telefilme de 1966 dirigido por Ted Kotcheff, otorgó a la misma mujer un poso de dignidad, elegancia y nobleza aun dentro de su tragedia: hundida, pero nunca de rodillas. Pedro Almodóvar, de la mano de Tilda Swinton, incide en esa línea y da un paso más: la protagonista de su libre versión del monólogo de Jean Cocteau La voz humana, símbolo de la desesperación, de la última conversación telefónica con su amante, es la mujer vengadora.

Lo bueno de los grandes textos abiertos es que aceptan inflexiones, tonalidades, actualizaciones, sin dejar de ser lo que son. La obsesión artística de Almodóvar por la situación, las palabras y los subtextos de la obra de Cocteau viene de lejos. Estaba en la base de La ley del deseo (1987), la exasperación del rechazado, aquella vez amor homosexual, y hasta utilizaba un montaje teatral de la pieza como elemento formal. Y también en el origen de Mujeres al borde un ataque de nervios, el abandono, la espera, el teléfono como arma arrojadiza, fuego físico en la cama donde durante un tiempo hubo fuego sexual, las maletas que esperan a su dueño, y claro, la maravillosa comedia: “Yo soy testiga de Jehová y mi religión me prohíbe mentir”. Carmen Maura, como Bergman, como Swinton, era un torrente de dolor, pero igualmente de orgullo y personalidad.

En el corto La voz humana, su primera producción en inglés, Almodóvar vuelve a jugar con el artificio de su propio cine, mostrando la tramoya, rompiendo la continuidad, la unidad del escenario, en un hermoso apartamento falso (ese fantástico plano casi cenital) y en la horrenda belleza de un plató vacío: qué distinción en el diseño de producción de Antxon Gómez, en la luz de José Luis Alcaine, en la extraordinaria partitura de Alberto Iglesias. Sin embargo, la certeza de las emociones está ahí: la pérdida en el querer, la tensión por la falta de respuesta, la impostura de las reacciones rotas, el gozo y la tortura de haber sido “la otra”. La ley del amor, la ley del deseo. Y los matices en la respiración de la portentosa Swinton como guía.

La magnífica pieza del director de Dolor y gloria, menos texto, más imagen, melodrama arrebatado con presencia de Escrito sobre el viento y Que el cielo la juzgue, solo resbala un par de minutos en la secuencia de la ferretería: demasiado tiempo, demasiados planos de Agustín Almodóvar, demasiadas presencias superfluas. Una nimiedad. El hacha, como símbolo de los nuevos tiempos, el inconformismo y la autoestima son ahora los dominantes. De la mujer sumisa, a la mujer de fuego. (Javier Ocaña)

Recomendada.


martes, 3 de noviembre de 2020

Judex (Georges Franju, 1963)

Título original: Judex. Dirección: Georges Franju. País: Francia. Año: 1963. Duración: 104 min. Género: Thriller.

Guión: Louis Feuillade, Arthur Bernède, Jacques Champreux, Francis Lacassin. Fotografía: Marcel Fradetal. Música: Maurice Jarre. Montaje: Gilbert Natot. Producción: Robert de Nesle.

Estreno mundial: 4 diciembre 1963.

 

Reparto:

Channing Pollock (Judex / Vallieres), Édith Scob (Jacqueline), Francine Bergé (Diana), Théo Sarapo (Morales), Sylva Koscina (Daisy), René Génin (Pierre Kerjean), Benjamin Boda (Réglisse the Boy), Jacques Jouanneau (Cocantin), Michel Vitold (Banker Favraux).

 

Sinopsis:

Favraux, un banquero sin escrúpulos, recibe una nota amenazadora, firmada por un tal Judex, que le pide que devuelva todo el dinero que ha robado. Favraux se niega y aparentemente muere después de un baile de disfraces. Sin embargo, sólo ha sido drogado por Judex y encerrado...

 

Comentarios:

“Judex” (Judex, 1963), dirigida por Georges Franju, fue un remake de la película homónima de 1916 dirigida por Louis Feulliade y dividida en 12 capítulos, al estar grabada como un folletín a semejanza de su anterior obra “Los Vampiros” (Les Vampires, 1915). La recreación de Franju fue de una duración mucho más convencional, y podemos decir que su realización fue, en cierta medida, fruto del azar. Todo comenzó con el escritor Francis Lacassin, especializado en la cultura pop y seguramente por eso estaba fascinado por el personaje de Judex, un héroe de estética similar a Fantomas que cubría su rostro y cuerpo con un amplio sombrero y una larga capa negra. Lacassin se encontraba recopilando datos para crear un artículo sobre el serial de Feulliade, cuando le llegó la propuesta de crear un guión para una película. Él propuso de recuperar al personaje de Judex, y tras ser aceptada la idea llegó a oídos de Jacques Champreux, que además era nieto del propio Feulliade. Con ambos puestos de acuerdo en crear una historia para resucitar a Judex, llegó el momento de buscar a un director adecuado para el proyecto, y Champreux sentía devoción por Franju. Aunque inicialmente el director no se mostró muy emocionado por la idea, ya que consideraba que Judex no era una obra que pudiese considerarse representativa del talento de Feulliade, sus deseos de dirigir una película sobre el personaje de Fantomas propiciaron que finalmente aceptase la propuesta proponiendo que la producción fuese un acercamiento al cine mudo francés. Con este concepto en mente, Champreux y Lacassin se pusieron manos a la obra para tener listo un guión.

“Judex” nos narra la misteriosa muerte, aunque pronto sabremos que realmente es una desaparición, del banquero Favreux, hombre sin escrúpulos que a lo largo de su vida no ha dudado en pisotear a todo aquel que se interpusiera en su propósito de acumular riquezas. Precisamente el banquero está recibiendo cartas amenazadoras de un extraño justiciero de nombre Judex. En una de las misivas le anuncia que morirá a las 12, justo el día que ha organizado un baile de máscaras. El vaticinio se cumple y Favreux cae desplomado ante sus invitados. Desde este momento comenzará a enmarañarse la trama, con giros argumentales y sorpresas que, por desgracia, no están todas resueltas con la necesaria solvencia.

Lo más destacable de “Judex” es su fuerza visual, comenzando por el fascinante baile de máscaras que forja imágenes inolvidables y es de una fuerza icónica deslumbrante. En general durante toda la película el apartado artístico alcanza el notable gozando además de una estética que le acerca al cine mudo de principios del siglo XX, tal y como era el deseo de Franju, incluyendo incluso una especie de intertítulos que aquí sirven para dividir la película en distintas partes, lo que también le acerca a los seriales de Feulliade. De todas formas, alabar la estética en una película de Franju debería ser considerado redundante, porque es algo que al director francés se le presupone.

 

Sin embargo no estuvo tan acertado en su elección del actor que encarnaría a Judex, influenciado por los productores que querían convertirlo en una nueva estrella. Estamos hablando de Channing Pollock, que hasta entonces era más conocido por su faceta como mago en los cabarets franceses, lo que influenció a Champreux y Lacassin para darle un toque de ilusionista al propio Judex. Como digo, la elección no me ha parecido acertada ya que Pollock parece carecer del más mínimo atisbo de carisma. Sin embargo, en las antípodas habría que poner a la actriz Francine Bergé en su papel de Diana, pese a que los productores suspiraban por Brigitte Bardot, Francine se muestra como la elección perfecta en su ambiguo papel de malvada/buena, resultando igual de creíble en ambas vertientes.

Las virtudes de Judex prevalecen sobre sus carencias, lo que la convierten en una acertada elección para acercarse al cine de Franju. (Rubén Sánchez)

Recomendada.

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

Cruz Novillo, un artista para el cine



José María Cruz Novillo (Cuenca 1936) está considerado el diseñador gráfico más importante del último medio siglo en España, cuenta con distinciones como el Premio Nacional de Diseño y es académico de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Realizó estudios de Artes y Oficios en su ciudad natal y tras abandonar los estudios de Derecho se instala en 1957 en Madrid, donde entra a trabar como dibujante en la agencia de publicidad "Clarín", de la que pronto llegará a ser director creativo. 

En 1965 abandona Clarín y crea su propio estudio de diseño (https://www.cruznovillo.com) del que en la década de los 70 y 80 salieron numerosos logotipos, diseños y marcas para las principales instituciones públicas y empresas privadas de nuestro país. El es el artífice de la modernización de la imagen corporativa de organismos tan importantes como Correos, Renfe, Policía Nacional, Tesoro Público o la Comunidad de Madrid, para la que creó tanto la bandera, como el escudo. En el ámbito de entidades y empresas privadas, ha creado imágenes tan reconocibles que en muchos casos son icónicas, como los logos de Fundación ONCE, Repsol, Banco Pastor, PSOE, UCD, El Mundo, Grupo Prisa, Diario 16, Antena 3, Visionlab y un largo etcétera que supera la cifra de 350 logotipos en 60 años de carrera profesional.



Su versatilidad le ha permitido diseñar desde uniformes hasta sellos de correo, pasando por billetes y monedas, aportando siempre un toque de modernidad en todas sus obras, entre las que encontramos también magníficos carteles para el cine.


En la etapa en que Cruz Novillo era director creativo de Clarín, José Luis Borau trabajaba como redactor en la agencia, este encuentro propició su primer encargo de diseñar un cartel para el cine; gracias a Borau, José Luís Viloria le encomendó el afiche para su película "El rapto de T.T.". Este es el inicio de su faceta como cartelista de cine; seguidamente vendrán otros muchos encargos, entre los que destancan los del productor Elías Querejeta, tantos que podemos decir que diseñador y productor formaron un verdadero tándem.


A Cruz Novillo le debemos en buen parte el haber modernizado la imagen del cine español en un momento especialmente necesario, y trascendente de cara a su difusión en al exterior. Su trabajo de cartelería es estilizado, esquemático y tendente a lo geométrico, sin elementos superfluos, pero al mismo tiempo muy visual y potente, en la línea de sus diseños corporativos. Esta estética era absolutamente novedosa en nuestros carteles de cine. 



Entre 1963 y 2019 ha realizado más de 80 carteles de películas emblemáticas, que han marcado la historia del cine español. Suyos son los carteles de "El espíritu de la colmena", "El Sur", "La Familia de Pascual Duarte", "El año de las luces", "El Desengaño", "Cría Cuervos", "Mamá cumple 100 años", "La Escopeta Nacional", "Historias del Kronen", "Las Cartas de Alou", "Una Estación de Paso", "Familia", "Barrio, "Los Lunes al Sol", por citar solo algunos títulos. Además de su especial vinculación con las producciones de Elías Querejeta, ha trabajado también para cineastas de la talla de Carlos Saura, Gutiérrez Aragón, Jaime Chávarri, Luis G. Berlanga, Víctor Erice, Montxo Armendáriz, o Fernando León de Aranoa, entre otros.





Los aficionados al cine debemos agradecer a Cruz Novillo su especial dedicación al diseño de todos estos carteles tan bellos como evocadores.


Para saber más:

(Vídeo) Exposición "Cruz Novillo y el Cine", Matadero Madrid, 2019.



(Trailer) Documental "El hombre que diseñó España", de Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya, 2019.



(Libro) "Cruz Novillo: Cine de arte y diseño", de Pepe Alfaro, José Luis Muñoz, Manuel Álvarez Junco, Pablo Pérez Rubio, 2018.