sábado, 21 de julio de 2018

Los estrenos en Sevilla de 20-07-2018


6 películas se estrenan el 20 de julio de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos son producciones británicas, una estadounidense, una francesa, una alemana y una mexicana. Esta semana no se produce ningún estreno español en la cartelera y se queda sin editar en Sevilla la comedia paquistaní “Teefa in trouble” (Ahsan Rahim, 2018).  Pasemos a nuestras recomendaciones para esta semana.


La revolución silenciosa. (Alemania, 2018). Dir. Lars Kraume.
Cuatro nominaciones en los Premios del Cine Alemán 2017.
Drama ambientado en los años 50 interpretado por Jonas Dassler, Judith Engel, Tom Gramenz, Michael Gwisdek y Max Hopp.
El director alemán Lars Kraume dirige y escribe «La revolución silenciosa» a partir de los hechos reales descritos en la novela autobiográfica del recientemente fallecido Dietrich Garstka, «The silent classroom», publicada en 2006.
Ambientada en la ciudad de Stalinstadt (actualmente Eisenhüttenstadt), en Brandenburgo, la película recrea magistralmente un episodio vivido en la Alemania del Este en la época de las revueltas húngaras contra el poder soviético en 1956. Un grupo de jóvenes a punto de graduarse decide guardar dos minutos de silencio en clase en protesta por la represión soviética en Budapest. El resultado es una investigación por parte de las autoridades académicas para destapar a los supuestos cabecillas de semejante acto contrarrevolucionario. La solidaridad entre los compañeros será interpretada como un gesto subversivo antisocialista, y ello tendrá consecuencias desastrosas para los chicos y sus familias.
La película tiene como base un guion de hierro que hila las diversas tramas con un magnífico pulso narrativo, un intenso sentido del suspense y una profunda hondura dramática. A la compleja reflexión política sobre la profunda irracionalidad del totalitarismo, se añaden conflictos morales interesantes relacionados con la culpabilidad, el compañerismo, las relaciones paternofiliales, el sentimiento religioso, el miedo a la verdad o las lealtades excluyentes. A pesar de lo dramático de las situaciones y del sufrimiento de los personajes, la película ofrece una salida esperanzada, no solo por la resolución de la historia, sino por la fe positiva que profesa en el ser humano y en su capacidad de nobleza.
La puesta en escena es muy eficaz, enmarcada en una brillante dirección de arte, y sostenida por un reparto coral excelente, en el que destacan el joven Jonas Dassler en el papel de Erik, Leonard Scheicher en el de Theo, o Lena Klenke en su homónimo papel. Estamos ante una de las mejores películas de la temporada, un excelente ejemplo de cine de revisión histórica del socialismo real, y un buen ejemplo de cine educativo. Para no perdérsela. Recomendada.


Happy End. (Francia, 2017). Dir. Michael Haneke.
Sección oficial del Festival de Cannes 2017.
Drama sobre la familia interpretado por Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin y Toby Jones.
En 'Happy end' el austriaco Haneke ataca la podredumbre moral de la clase burguesa, y para ello se va colando en las grietas que resquebrajan la fachada de una familia de ricos industriales del norte de Francia. El título es, obviamente, irónico: Haneke y los finales felices casan tanto como los cuadros y las rayas.
La película pasa la mayor parte de su metraje cociéndose a fuego lento y presentando a los diferentes miembros de la prole, y la sucesión de diferentes puntos de vista apenas deja espacio a las historias individuales. Como de costumbre, Haneke está más interesado en ir creando una atmósfera que invita a pensar en los estallidos de violencia como algo inminente.
También de forma previsible, el rigor formal del que el director hace gala para establecer ese clima resulta imponente; lo que sorprende es que, en esta ocasión, no haya rastro de ese foco y esa precisión a nivel temático y de estructura narrativa. 'Happy end' quizá nos quiera hablar de la indiferencia de Europa ante los refugiados, y de cómo esa actitud contamina a las nuevas generaciones. O quizá no. Haneke acumula líneas argumentales que no avanzan ni conectan de forma particular, y el resultado es una película que apuesta por la ambigüedad pero más bien se percibe incompleta. 
De hecho 'Happy end' no es tanto una película como un recopilatorio de Grandes Éxitos del cine previo del austriaco. Contiene la psicopatía infantil de 'La cinta blanca', la eutanasia de 'Amor', las alusiones a clases altas amenazadas de 'Caché', el miedo racial de 'Código desconocido' y las reflexiones sobre el peligro de la imagen filmada de 'El vídeo de Benny' -aquí matizadas con advertencias sobre cómo internet y las redes sociales pervierten las relaciones amorosas-. Es una obra indudablemente hanekiana, pero no parece obra de Haneke sino más bien de un imitador. No Recomendada.


Mamma Mia: Una y otra vez. (Reino Unido, 2018). Dir. Ol Parker. 
Comedia musical británica precuela de “¡Mamma Mia! La película” (2018). Interpretada por Amanda Seyfried, Lily James, Christine Baranski, Julie Walters, Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgard, Dominic Cooper, Andy García, Cher, Meryl Streep.
Cuando hace justo 10 años llegó a las salas “Mamma Mia! La película”, versión cinematográfica del musical creado para las tablas, otra década atrás, por Catherine Johnson, Benny Anderson y Björn Ulvaeus, algunos vimos en ella una simple colección de canciones filmadas en un escenario paradisiaco más que un musical clásico; un festivo karaoke donde la inmensa mayoría ni cantaba ni danzaba demasiado bien, y en el que, como en una destartalada boda con barra libre, los intérpretes parecían dar todo el tiempo saltos de alegría en lugar de bailar, sin trabajo de puesta en escena, de coreografía ni de sentido de la armonía.
De modo que ante “Mamma Mia! Una y otra vez”, secuela tardía (en realidad, mitad precuela, mitad continuación), no era difícil superar un listón casi por los suelos en lo creativo, pero que había sido suficiente en lo comercial y popular gracias al incuestionable poder contagioso de las canciones de Abba y al carisma de Meryl Streep. Y, con los mismos responsables de guion y dirección, con el insustancial Ol Parker a la cabeza, lo han logrado incluso con la baja de Streep (salir sale, pero mejor pensar que no, para no llevarse un berrinche).
Con Lily James, graduada en el Guildhall School Music and Drama en 2010, como protagonista de los numerosos flashbacks, en el papel de Streep de joven y en fase de conocimiento de los tres padres de su hija, la película gana en sentido vocal. James sabe cantar y bailar y Parker, pese a su empeño en algún instante en necesitar cuatro planos en segundo y medio donde bien podía haber solo uno, se lo agradece con una puesta en escena más labrada y, al menos, con un par de números corales divertidos y artísticos, sobre todo el de “Waterloo”. Apenas unas gotas, pero gotas al fin, para los admiradores del musical clásico, el de la expresión de sentimientos a través de las canciones y el baile, sin excusas argumentales, necesitados de ejemplares que vayan manteniendo un género tan poco practicado que el número de estrenos anual se puede contar con los dedos de una mano, y quizá sobren.
A pesar de la ingente cantidad de canciones pegadizas creadas en su día por Abba, para que la película no se llene de singles tardíos y de caras B poco conocidas, los responsables repiten algunos temas que ya habían sonado en la primera entrega (“Mamma Mia”, por supuesto, además de “Dancing Queen” y “Super Trouper”), y la partitura musical de acompañamiento tira de melodías de otras cuantas. Como en las bodas, más vale no arriesgar con la selección, y ser sinceros.
Una franqueza que también practican con su evidente contenido hortera: plenamente conscientes de su dimensión kitsch, tanto en lo cinematográfico como en lo musical, cuando suenan temas de evidente sentido pegajoso y cursi, como el inenarrable “Fernando”, en lugar de suavizar su ridículo, se zambullen en él con meritoria autoconciencia paródica. No Recomendada.


Persecución al límite. (Reino Unido, 2016). Dir. Eran Creevy.
Nominada a peor actor secundario (Anthony Hopkins) en los Premios Razzie 2017.
Película de acción interpretada por Nicholas Hoult, Felicity Jones, Ben Kingsley, Anthony Hopkins y Clemens Schick.
Un dios hortera y otro altamente refinado libran su particular lucha de clases sobre una joven pareja a la que, insistentemente, le caen encima gratuitas comparaciones con Romeo y Julieta. Los dos dioses son, dentro del relato, capos criminales de dispar condición y parecen papeles hechos a medida para que dos monstruos sagrados –Ben Kingsley y Anthony Hopkins, respectivamente- se entreguen a sus particulares ejercicios de sobreactuación en el seno de un producto menor que ni merece, ni, probablemente, les exigía un más elaborado trabajo de composición. La serie B siempre ha sido un buen patio de juegos para el actor oscarizado sin ganas de dar otro do de pecho. El personaje de Kingsley, proxeneta con diversificación empresarial en el negocio de la equitación y en el sector servicios (especialidad narcotráfico), viste con chándales o batines que hieren los párpados, discursea al modo subtarantiniano sobre películas como “Perfect” (1985) de James Bridges o sobre las similitudes y las diferencias entre las putas y los caballos y tiene una irrefrenable tendencia al apodo pop: a sus ojos, Nicholas Hoult merece ser bautizado como Burt Reynolds (se supone que por su destreza al volante). El de Hopkins, por su parte, rico industrial con intereses bien compartimentados en el comercio de la droga, es todo dicción especialmente mimada para marcar distancias y, de paso, dejar claro que exigir un reparto equitativo del botín es una intolerable falta de etiqueta.
“Persecución al límite”, tercer largometraje de Eran Creevy tras “Shifty” (2008) y “Cruzando el límite” (2013), es una película donde todo es de segunda mano y, además, llega varias temporadas tarde. El pulso de excesos entre Kingsley y Hopkins aporta un ligerísimo toque de distinción a una trama manoseada, que reitera el esquema de la última misión delictiva del joven con necesidad de redención sentimental y doméstica. El recurso melodramático de la heroína necesitada de trasplante de hígado no incorpora ningún componente de emoción adicional, pero, sin duda, lo peor es el sentido del montaje, que funciona como una avalancha de bromuro para unas escenas de acción que la puesta en escena sabotea previamente. No Recomendada.


Siberia. (USA, 2018). Dir. Matthew Ross. 
Thriller coproducido entre Estados Unidos, Canadá y Alemania, interpretado por Keanu Reeves, Molly Ringwald, Aleks Paunovic, Ana Ularu y Veronica Ferres.
Más que un lugar, que también, Siberia es un estado emocional. De aislamiento, de persecución, de purga. La Historia, con mayúscula, lo ha querido así, y cualquier historia, con minúscula, ambientada en sus tierras debería oler a frío y saber a represión.
Algo que intenta, aunque no consigue, el thriller estadounidense “Siberia”, incapaz de transmitir la desolación que pretende en un relato ambientado en parte en San Petersburgo, pero que tiene su núcleo central en una zona árida y rural cercana a la tundra. Con el más clásico de los mcguffins como excusa argumental, unos diamantes, su venta y su falsificación, la película renuncia a la fácil comercialidad del ritmo y del aparato de las secuencias de acción, que apenas tiene, para intentar abrazar el sello de los ejercicios de cine de autor.
“Siberia” juega incluso a ser conceptual, como lo era, por ejemplo, “El americano” (Anton Corbijn, 2010), en las antípodas climáticas pero con variadas semejanzas en su andamiaje narrativo y en su personalidad casi retro. Sin embargo, se queda en una vulgar sombra porque, aunque hay apuntes de estilo en sus primeros minutos, sobre todo por la utilización de su singular banda sonora, pronto se hunde en el tedio.
En su segundo largometraje, Matthew Ross, su director, pretende experimentar con el contraste entre el hielo y el fuego, entre la flema y el éxtasis, incluso en sus secuencias de sexo, cuatro polvos entre la misma pareja, con cuatro distintos modos de hacer el amor, o de fornicar, que seguramente no es lo mismo, entre la pasión y la decadencia. Pero el relato se estanca con el nulo dibujo de personajes, una cadencia que no es pautada sino morosa, y la gratuidad de ciertos diálogos presuntamente espectaculares, como un Tarantino de saldillo.
Que la secuencia climática pretenda ser un intercambio de parejas con felaciones al fondo ya da una idea de las intenciones de Ross: ir de frío y de abstracto para luego caer en el más fácil y ventajoso de los abismos. No Recomendada.


La leyenda del Chupacabras. (México, 2018). Dir. Alberto Rodriguez (II).
Nominada a mejor película de animación en los Premios Platino 2017.
Cuando el animador Ricardo Arnaiz estrenó “La leyenda de la Nahuala” (2007), mencionaba entre sus referentes una comedia popular mexicana como “Dos fantasmas y una muchacha” (1959), de Rogelio A. González, protagonizada por el gran Tin Tan, un cómico tan sobrecargado de carisma y de inflexiones personales que la cinefilia internacional agradecería descubrir. “La leyenda de la Nahuala” era tan solo el sexto largometraje animado producido en México: el año anterior, “Una película de huevos” (2006) de los hermanos Gabriel y Rodolfo Riva Palacio Alatriste se había convertido en un auténtico fenómeno popular planteando un modesto modelo de animación tradicional, con puntuales recursos a la imagen de síntesis, que podía enorgullecerse de no caer en ningún tipo de mimetismo con respecto a las formas dominantes de la animación norteamericana. También la película de Ricardo Arnaiz tocó una fibra colectiva, al recurrir a la mitología sobrenatural autóctona y crear un nutrido elenco de personajes –los niños calaca, los alebrijes, la pija Teodora- según una fórmula que se acabaría rentabilizando en otras cuatro películas. 
“La leyenda del Chupacabras”, de Alberto Rodríguez, es, así, el cuarto título de una serie que se ha prolongado con “La leyenda del Charro Negro” (2018) y su llegada a las salas españolas parece condenada a sembrar cierto desconcierto entre sus potenciales espectadores: la película presupone una familiaridad con los personajes que convierte en indescifrable a buena parte de la trama. Cuando la película se centra en el enfrentamiento de un grupo de insurgentes y soldados realistas con el Chupacabras del título, el cineasta logra que su animación artesanal y posibilista dialogue con eficacia con los estilemas y el tratamiento de los espacios propios del cine de terror. Lástima que parezca todo el capítulo perdido de un serial del que uno se ha perdido más de la mitad. No Recomendada.

jueves, 19 de julio de 2018

La música en el Cine: La Ciencia-Ficción

Programa nº 012 de "La música en el Cine".
20 de julio de 2018.  Radio Tomares (92.0 FM)

"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radio Tomares

jueves, 12 de julio de 2018

La música en el Cine: Brian de Palma

Programa nº 011 de "La música en el Cine".
13 de julio de 2018.  Radio Tomares (92.0 FM)

"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radio Tomares

sábado, 7 de julio de 2018

No te preocupes, no llegará lejos a pie (Gus Van Sant, 2018)

 

Título original: Don't Worry, He Won't Get Far on Foot. Dirección: Gus Van Sant. País: USA. Año: 2018. Duración: 114 min. Género: Drama.

Guión: Gus Van Sant (basado en una historia de John Callahan, Gus Van Sant, Jack Gibson, William Andrew Eatman y las Memorias de John Callahan). Fotografía: Christopher Blauvelt. Música: Danny Elfman. Montaje: Gus Van Sant, David Marks. Vestuario: Danny Glicker. Producción: Charles-Marie Anthonioz, Mourad Belkeddar, Steve Golin, Nicholas Lhermitte.

Sección Oficial de Festival de Berlín 2018.

Fecha del estreno: 6 Julio 2018 (España).

 

Reparto: Joaquin Phoenix (John Callahan), Ethan Michael Moran (John Callahan), Jonah Hill (Donnie), Rooney Mara (Annu), Jack Black (Dexter), Mark Webber (Mike), Udo Kier (George), Angelique Rivera (Terry Alvarado), Olivia Hamilton (Enfermera Lily), Carrie Brownstein (Suzanne), Heather Matarazzo (Shannon), Rebecca Rittenhouse (Bonnie), Ron Perkins (Morton Kimble), Rebecca Field (Margie Bighew), Kim Gordon (Corky), Emilio Rivera (Jesús Alvarado), Sunny Suljic (skater #2), Beth Ditto (Reba), Mireille Enos (la madre fantasma de John).

 

Sinopsis:

En los años 70, John Callahan sufrió un accidente de coche a la edad de 21 años. Fruto de aquel suceso quedó paralítico, lo que le llevó a dibujar como parte de su terapia.

 

Comentarios:

La filmografía de Gus Van Sant parece hecha por dos primos que se desprecian, y la mitad de ella es petulante e insufrible (pongamos «Last days») y la otra es despreocupada y afable (pongamos «El indomable Will Hunting»). Esta película de largo título pertenece al primo afable y trata de un peculiar y real personaje, John Callahan, un auténtico «prenda», alcohólico, abandonado en la infancia, paralítico y caustico dibujante de chistes que interpreta, con lo mejor de sí mismo, Joaquin Phoenix a lomos de una silla de ruedas y de un sentido trágico del humor que soportan por completo toda la película.

Nuestro Gus Van Sant, quizá en recuerdo de su primo, se divierte con la mezcla de tonos y de tiempos, y relata la historia con un muy legible desorden (ahora, luego, antes, después…) y mediante un montaje divertido y empapado de dibujos e ideas. Es un biopic bienhumorado y que mastica la desgracia que encierra con dientes de viñeta y que, sin ínfulas, presenta personajes rotundos (el de Jonah Hill es magnífico) y una creíble pero disparatada forma de lucha contra el alcoholismo y contra el amargor. No es éste el primo favorito de los críticos admiradores de Gus Van Sant, pero es el que ha conseguido que Joaquin Phoenix no sea ese tipo que llena con lo suyo los personajes, sino su revés, el que se deja llenar por ellos. (Oti Rodríguez Marchante)

Recomendada.




viernes, 6 de julio de 2018

Los estrenos en Sevilla de 06-07-2018



8 películas se estrenan el 6 de julio de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Cuatro son producciones estadounidenses, dos francesas, una británica y una española. Esta semana se queda sin editar en Sevilla la cinta española “Jean-François y el sentido de la vida” (Sergi Portabella, 2018), una comedia irónica, al borde de lo dramático y paradójicamente vitalista. Tampoco se estrena en nuestra ciudad la española “Yo la busco” (Sara Gutiérrez Galve, 2018), una estupenda ópera prima. Otra cinta que se queda sin estrenar en Sevilla es “Braguino” (Clément Cogitore, 2017), un mediometraje documental francés que consiguió el Premio Zabaltegui Tabakalera en  el Festival de San Sebastián 2017. Como siempre, lamentamos tantas ausencias en la cartelera sevillana y pasamos a nuestras recomendaciones para esta semana.



No te preocupes, no llegará lejos a pie. (USA, 2018). Dir. Gus Van Sant.
Sección Oficial del Festival de Cine de Berlín 2018.
Drama ubicado en los años 70, basado en hechos reales. Interpretado por Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonah Hill, Jack Black y Mark Webber.
El score lo compone Danny Elfman.
La filmografía de Gus Van Sant parece hecha por dos primos que se desprecian, y la mitad de ella es petulante e insufrible (pongamos «Last days») y la otra es despreocupada y afable (pongamos «El indomable Will Hunting»). Esta película de largo título pertenece al primo afable y trata de un peculiar y real personaje, John Callahan, un auténtico «prenda», alcohólico, abandonado en la infancia, paralítico y caustico dibujante de chistes que interpreta, con lo mejor de sí mismo, Joaquin Phoenix a lomos de una silla de ruedas y de un sentido trágico del humor que soportan por completo toda la película.
Nuestro Gus Van Sant, quizá en recuerdo de su primo, se divierte con la mezcla de tonos y de tiempos, y relata la historia con un muy legible desorden (ahora, luego, antes, después…) y mediante un montaje divertido y empapado de dibujos e ideas. Es un biopic bienhumorado y que mastica la desgracia que encierra con dientes de viñeta y que, sin ínfulas, presenta personajes rotundos (el de Jonah Hill es magnífico) y una creíble pero disparatada forma de lucha contra el alcoholismo y contra el amargor. No es éste el primo favorito de los críticos admiradores de Gus Van Sant, pero es el que ha conseguido que Joaquin Phoenix no sea ese tipo que llena con lo suyo los personajes, sino su revés, el que se deja llenar por ellos. Recomendada.



Jefe. (España, 2018). Dir. Sergio Barrejón.
Comedia negra española interpretada por Luis Callejo, Juana Acosta, Carlo D’Ursi, Josean Bengoetxea y Bárbara Santa-Cruz.
En condiciones normales Sergio Barrejón debería llevar al menos 10 años haciendo largometrajes. Y, sin embargo, ha tenido que esperar 17 desde aquel formidable corto “El paraguas”, seguido de alguna que otra pieza brillante, como “El encargado” (2008), de guiones para otros, y de la escritura profesional de cientos de episodios para series como “Amar es para siempre”, “La sonata del silencio” y “La catedral del mar”, para que llegara su debut en el cine como director: “Jefe”, coescrita por otro habitual guionista de la maquinaria televisiva, Natxo López. Una comedia sobre la corrupción en la que los tintes negros son magníficos y en la que la parte más blanca baja un tanto el nivel, pero en la que destaca sobremanera Luis Callejo con una interpretación deslumbrante.
Callejo, otro profesional de largo recorrido, bregado en decenas de cortos, que había empezado precisamente con Barrejón en las piezas rodadas en vídeo “Tres tristes traumas”, desternillantes monólogos de (aparente) aficionado, en los que ya aunaba una maravillosa y espontánea vis cómica y una perfecta dicción, ofrece un recital en “Jefe”. Con infinitos registros, desde la desvergüenza hasta la ternura, y con perfectas modulaciones e inflexiones del tono en apenas un segundo, el actor logra pasar del patetismo a la comedia física, de lo insultante a la tragedia personal, de la comedia gruesa a la sutileza, como solo los grandes cómicos pueden hacer. Un personaje repugnante al que, vivan las contradicciones, se le acaba cogiendo cariño, muy bien escrito por López y Marta Piedade, y filmado con gusto por Barrejón (gran travelling de presentación en el coche, en el primer minuto). Un bocachancla convertido en el jefe de todo esto, que muta de villano a héroe al estilo español: entre contabilidades B, prostíbulos de carretera y conflictos familiares.
Es una pena que la relación amorosa con la empleada de la limpieza de la empresa no acabe de desarrollarse con convicción, sobre todo porque hay cambios de tono hacia lo romántico que no acaban de ensamblar con la parte más negra, la que lleva a un personaje patético hacia la dignidad sin necesidad de dejar de ser repulsivo. Pero parece incuestionable que estamos ante un debut más que prometedor. Recomendada (con reservas).



Ant-Man y la Avispa. (USA, 2018). Dir. Peyton Reed. 
Otra película del Universo Marvel. Ahora se trata de la secuela de “Ant-Man” (2015).
En el reparto: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Michelle Pfeiffer y Laurence Fishburne.
El score compuesto por Christophe Beck.
Concebida hace tres años como un autoconsciente retazo de singular modestia dentro del universo cinematográfico de Marvel, sin la ambición ni la aparatosidad de buena parte de sus hermanas mayores, “Ant-Man” supuso un relativo soplo de aire fresco para todos los públicos, amparado en la esencia de la miniaturización del personaje principal, y en los ecos cinéfilos y de tono que desprendía su aventura, inoculados desde “El increíble hombre menguante”, serie B de Jack Arnold de los años cincuenta, y desde “El chip prodigioso”, efervescente odisea familiar de ciencia ficción, articulada por los vigorizantes registros cómicos de los años ochenta.
Una ausencia de grandes pretensiones que continúa como dominadora en esta segunda entrega, “Ant-Man y la avispa”, de nuevo dirigida por Peyton Reed, donde, junto a ecos de otro clásico de la ciencia ficción artesanal, “La humanidad en peligro”, de Gordon Douglas, se ha acentuado su espíritu familiar, con dos niñas como posibles objetos de identificación, y recuperando un trauma infantil de la producción original (la muerte de una madre, la ausencia, el recuerdo y la necesidad de amparo), para acabar así resucitando, literalmente, al personaje que interpreta Michelle Pfeiffer.
Sin embargo, su bulliciosa modulación de registro cómico, donde algunos de los personajes secundarios tienen una especial importancia, se rompe en una de las tramas de la segunda mitad del relato, cuando otra historia con complejo infantil, más áspera, angustiosa y grave, al menos en su tratamiento, quiebra el tono general de la película. Y no solo porque no encaje bien, sino porque se acaban acumulando demasiadas cuestiones, más perpendiculares que paralelas, haciendo la crónica más farragosa, con su hacinamiento de villanos y de objetivos en el amplio marco de personajes.
Aun así, su agudeza en la mayoría de los diálogos, la simpatía que desprende siempre Paul Rudd, y, de nuevo, su sensata percepción de ser un producto menor, convierten a “Ant-Man y la avispa” en una más que aceptable propuesta de efímero placer. Recomendada (con reservas).



La número uno. (Francia, 2017). Dir. Tonie Marshall.
Nominada a Mejor Actriz (Emmanuelle Devos) en los Premios César 2017.
Comedia dramática francesa feminista, interpretada por Emmanuelle Devos, Suzanne Clément, Richard Berry, Sami Frey y Benjamin Biolay.
Una película feminista, coescrita y dirigida por una mujer, lejos del panfleto y del sectarismo, con planteamientos reales, desarrollo turbio, contradicciones en su mensaje y en su línea ideológica, demostrativa de la gama de grises de la vida real, de la complejidad del poder y de sus ramificaciones de género, pero sin olvidarse jamás de que vivimos en una sociedad dominada por los hombres, aún más en las altas esferas, y que eso hay que cambiarlo de alguna manera. Es el triunfo de Tonie Marshall con “La número uno”, la historia de una reputada ingeniera que puede convertirse en la primera mujer en ser presidenta de una empresa del CAC 40, el índice bursátil francés.
Así están las cosas también en el país vecino donde, con un retrato sutil y desasosegante, Marshall presenta un panorama de las alturas económicas gangrenado por el machismo: en cada mirada, gesto y frase. La condescendencia, la intransigencia, el asalto. El asco. Y, a pesar de todo, con un personaje protagonista definido en una sentencia propia: “No tengo un especial sentido solidario de género”. Así se hacen las películas, con conflictos.
Fascinante en su retrato del poder, donde lo público y lo privado se entremezclan a través de las famosas puertas giratorias y del pago de favores, “La número uno” se desarrolla entre grupos de presión, incluidos los lobbies feministas, que algo tienen que hacer para modificar los engranajes, aunque sea entrando en la misma dinámica de los hombres, y con una clave que todo lo domina: el valor de la información privilegiada sobre la vida de la gente que aspira a un puesto de mando, incluyendo la esfera privada. Para evitar nombramientos, para derrocar reinados, para intercambiar cargos, para provocar dimisiones. Lo vemos cada día en España, nos suena familiar.
Para Marshall, en su mejor película desde “Venus, salón de belleza” (1999), nadie escapa a una rendija de imperfección. Y eso es bueno. Eso sí, unas grietas son mucho más marcadas que otras, y la de su protagonista, la excelente Emmanuelle Devos, parece un triste paradigma de los tiempos: se dice de ella que “es frágil”.
De modo que, salvo los innecesarios flases del pasado de la madre de la protagonista, y más si se utilizan unas cinéfilas imágenes de “La noche del cazador”, de Charles Laughton, que no vienen a colación y que poca gente reconocerá, la película se mueve por una encomiable línea de calidad, trascendencia y perspicacia. Cine adulto para gente adulta, a la que le gusta reflexionar y que huye de que le lancen un discurso mascado acerca de lo que ya pensaba sobre un determinado tema para sentirse bien con su propio ombligo. Recomendada (con reservas).



Ocean´s 8. (USA, 2018). Dir. Gary Ross. 
Continua la saga “Ocean's”, ahora con mujeres como protagonistas. Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Mindy Kaling, Rihanna, Awkwafina, Sarah Paulson y Dakota Fanning.
El score es de Daniel Pemberton.
Cuando Steven Soderbergh abrió lo que acabaría siendo una trilogía con la celebrada “Ocean’s Eleven” (2001), estaba claro a qué tradición apelaba: la película era un virtuoso recital de ligereza, distinguido por un palpable placer en la ejecución –a fin de cuentas, el propio director se desdoblada como operador de cámara-, que intentaba desempolvar ese inasible concepto de una masculinidad cool que, en su día, encarnó el grupo de estrellas conocido como el Rat Pack. Más que un remake de “La cuadrilla de los once” (1960), de Lewis Milestone, la película funcionaba casi como un ritual de traspaso de poderes, que intentaba reivindicar un espacio para la pura evasión sofisticada e inteligente en el seno de un Hollywood un tanto despreocupado del buen gusto, sirviéndose del carisma del pelotón de estrellas capitaneado por George Clooney y Brad Pitt.
Con “Ocean’s 8”, Gary Ross, que tuvo a Soderbergh como director de segunda unidad en “Los juegos del hambre” (2012), hereda la fórmula para adaptarla a la contemporánea ola de visibilidad femenina sin perder las esencias del modelo, incorporando tanto el lejano recuerdo de “La cuadrilla de los once” como el más reciente de la trilogía Ocean en su constante juego referencial, pero, también, ampliando el marco para sembrar algunas pistas dirigidas al más obsesivo cazador de detalles: una pieza de joyería que ni siquiera es el objetivo principal del robo que centra la trama recuerda que todo esto de la delincuencia de guante blanco ya lo inventó Maurice Leblanc de la mano de Arsenio Lupin (y ese mítico collar de María Antonieta que reaparece aquí en un cameo para iniciados).
“Ocean’s 8” es una de esas películas cuyo encanto y poder de seducción son tan efímeros como los de una burbuja de champán, rasgo que no es especialmente reprobable en una era donde buena parte de los blockbusters tienen más alma de indigestión. La trama, como ocurría con la trilogía precedente, tiene menos importancia que la complicidad entre las componentes del elenco, su look y el modo, casi coreográfico, con que despliegan sus juegos de manos en sincronía con el incesante cruce de réplicas y contrarréplicas. Es una propuesta que, en el fondo, está mucho más cerca de un musical sin música que de un thriller de atracos perfectos y, quizá por eso, algunas puntuales piruetas de posproducción afean el conjunto. Atención a Awkwafina, la gran actriz revelación de la banda. No Recomendada.



La primera purga: La noche de las bestias. (USA, 2018). Dir. Gerard McMurray.
Película de acción y terror en un thriller futurista y distópico.
Precuela de la saga “La Purga”. Interpretada por Y'lan Noel, Lex Scott Davis, Joivan Wade, Lauren Vélez y Marisa Tomei.
A James DeMonaco, padre de esta saga, se le ha aparecido la Virgen. Y, por raro que parezca, dicha virgen se llama Donald Trump: nacida cuando el auge de la ultraderecha en EE. UU. empezaba a ser una amenaza patente, “La noche de las bestias” ha ido volviéndose más explícita con cada entrega, desde sus comienzos home invasion en “The Purge” al panfleto pro Hillary Clinton de “Election”. Ahora, con el magnate inmobiliario propagando vergüenza ajena desde la Casa Blanca, el serial aprovecha una ocasión de oro para cargar las tintas en su ‘mensaje’, acercándose así a un contexto más similar al nuestro que la distopía mostrada por sus predecesoras. Lo cual debería de estar muy bien, salvo por un detalle: “La primera purga” es la peor entrega de la franquicia.
Según explica, DeMonaco le ha cedido el puesto de director a Gerard McMurray (Burning Sands) debido a que, siendo afroamericanos la mayoría de los personajes de su guion, la película necesitaba un director de dicha etnia. Sean cuales sean sus intenciones, esta decisión ha creado dos problemas. El primero, que la puesta en escena de McMurray es aún más tosca que la de su predecesor (el cual, a su vez, mostraba en las entregas anteriores la sutileza de un diplodocus con kilos de más). El segundo: que el libreto no está a la altura de las circunstancias, llenando de topicazos las voces de unos personajes que se pretenden tomados de “The Wire”, pero que acaban evocando con muy poca gracia arquetipos del cine blaxploitation.
El recurso a los topicazos del gueto acaba metiendo a “La primera purga” en jardines de los cuales apenas sabe escabullirse: la evolución del narcotraficante encarnado por Y’lan Noel resulta poco creíble, en el mejor de los casos, y una idealización peligrosa, en el peor. Pero estos detalles resultan marginales comparados con la mayor pérdida que esta película representa para la saga. Como puede verse en “Anarchy”, su segundo y mejor capítulo, el mayor talento de DeMonaco no estaba en sus verdades del barquero, en su sátira destrozona o en sus arrebatos de sociólogo de todo a 100, sino en mostrar cómo su saturnal anarcocapitalista convertía cualquier ciudad en muestrario de terrores de clase media. Una virtud que se ha perdido casi del todo en el filme que nos ocupa. No Recomendada.



Sácame de dudas. (Francia, 2017). Dir. Carine Tardieu.
Comedia dramática francesa interpretada por François Damiens, Cécile De France, André Wilms y Alice de Lencquesaing.
Equívocos ignorados y enquistados en una comedia romántica que ofrece la novedad muy apreciable de estar protagonizada por un hombre y una mujer que superan los 40 años. Él descubre que su padre -su papá, porque le quiere de esa manera- no lo es del todo, sino que tiene un padre biológico y se empeña en buscarle, en conocerle. Por suerte o puede que al contrario, el probable progenitor vive cerca de su pueblo.
¿En qué consiste ser padre o ser hijo? Esta cuestión sostiene lo que no se sabe si es drama o comedia, con únicamente un personaje sabedor de lo que ocurre pero sin incurrir nunca en el vodevil: al contrario, se trata de ocultar lo sospechado cuando surgen afectos profundos. Obviamente, se trata de una galería de personajes en busca de unos guionistas y éstos les crean haciéndoles simpáticos, metidos en un lío que enreda a todos y a todos complace. El paisaje del noroeste francés es el menos apetecible para la creíble historia de amor. No Recomendada.



Whitney. (Reino Unido, 2018). Dir. Kevin Macdonald.
Documental biográfico sobre la cantante Whitney Houston.
Cuando este exhaustivo documental de Kevin Macdonald aborda el relato de la decadencia de la estrella, el montaje bombardea al espectador con imágenes de informativos y programas de humor que parecen extraer una perturbadora complacencia al hacer leña del árbol caído. Entre ellas, una secuencia de la serie de animación “Padre de familia” donde la aireada drogadicción de Whitney Houston da pie a un gag cuya potencia ofensiva encuentra inmediato eco en los rostros y testimonios de los familiares y allegados convocados por el cineasta. Tercera producción reciente en abordar la figura de la estrella tras el biopic televisivo dirigido por Angela Bassett en 2015 y el documental dirigido por Nick Broomfield y Rudi Dolezal –Whitney: Can I Be Me (2017)-, Whitney, de Kevin Macdonald, contextualiza a su objeto de estudio en los diversos marcos sociopolíticos y culturales que contemplaron su ascensión y caída y, sí, Whitney Houston, además de ser un icono de una cierta desnaturalización de la cultura afroamericana para consumo del público blanco y un emblema de esa épica materialista del triunfo de los años ochenta y noventa, también fue un icono de esa era donde la ferocidad mediática se ensañó con aquellos brillos estelares que empezaban a parpadear. La película no puede librarse de ese determinista patrón narrativo que define a tanto biopic musical con final trágico, pero a Macdonald parece moverle un cierto anhelo de justicia, la voluntad de reconstruir una identidad en toda su complejidad más allá del sensacionalismo mediático.
La revelación de que la artista sufrió abusos sexuales en la infancia por parte de su prima Dee Dee Warwick es la noticia bomba que estalla en un punto estratégico del relato, pero, junto a valiosos matices sobre los años de formación –la relación adúltera entre su madre y el predicador, la súbita ascensión social de la familia-, el abundante material de archivo permite apreciar la letra pequeña en sus respectivas relaciones con su amiga y acaso amante Robyn Crawford y con su marido Bobby Brown. Mediante sus constantes vaivenes entre lo público y lo privado, Whitney rasga el icono y revela un alma. No Recomendada.

jueves, 5 de julio de 2018

La música en el Cine: Sergio Leone

Programa nº 010 de "La música en el Cine".
6 de julio de 2018.  Radio Tomares (92.0 FM)
 
 
"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radio Tomares