martes, 17 de noviembre de 2015

Rams (el valle de los carneros), de Grímur Hákonarson



Título original: Hrútar. Dirección y Guión: Grímur Hákonarson. País: Islandia. Año: 2015. Duración: 93 min. Género: Drama. Producción: Grímar Jónsson. Coproducción: Jacob Jarek, Ditte Milsted. Sonido: Huldar Freyr Arnarson. Decoración: Bjarni Sigurbjörnsson. Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen. Música: Atli Örvarsson. Montaje: Kristján Lodmfjörd. Estreno en España: 13 Noviembre 2015.
Intérpretes: Sigurður Sigurjónsson (Gummi), Theodór Júlíusson (Kiddi), Gunnar Jónsson (Grímur), Sveinn Ólafur Gunnarsson (Bjarni), Ulrich Thomsen (Simon), Charlotte Bøving, Jon Benonysson, Þorleifur Einarsson, Ingrid Jónsdóttir, Jörundur Ragnarsson, Viktor Már Bjarnason,  Jónas Sen y Jenný Lára Arnórsdóttir.

Sinopsis:
En un remoto valle de Islandia, dos hermanos (Gummi y Kiddi) que no se hablan desde hace más de cuarenta años, deberán unir fuerzas para salvar su bien más preciado: su rebaño de carneros.

Fotograma de "Rams (el valle de los carneros)"

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Viene avalada por prestigiosos premios, como el de Mejor Película “Una cierta mirada” en Cannes 2015 o la Espiga de Oro en la Seminci 2015. Pasó por el Festival de Cine Europeo de Sevilla SEFF 2015 dentro de la sección EFA. Pero todos los que la ven, caen rendidos a los pies de estos carneros que pululan un frio valle de Islandia. Grímur Hákonarson consigue con ésta, su segunda película (su ópera prima “Summerland” no tuvo mucho éxito), todos los laureles del público y la crítica.
Resulta sorprendente que un país de apenas 320.000 habitantes, con una industria cinematográfica insignificante comparada con la de la mayoría de países europeos, esté logrando premios como estos o como el de “Sparrows”, que se llevó la Concha de Oro en San Sebastián.
En una de las entrevistas, Hákonarson, todo amabilidad y en un inglés con fuerte acento nórdico, contó que la clave de este éxito no es, desde luego, económica. "La industria y el entorno del cine en Islandia han sido los mismos desde hace mucho tiempo, el Gobierno no está vertiendo dinero, si acaso recortando". ¿Y cuál es la fórmula para esta repentina notoriedad? "Tiene que ver con una nueva generación de directores, como Rúnar Rúnarsson, Dágur Kari o yo mismo. Lo que nuestras películas tienen en común es que la mayoría son historias reales de islandeses, son honestas, humanistas... Utilizamos símbolos y metáforas porque no podemos hacer nada de acción, thrillers caros o películas de época". El quid de la cuestión es, entonces, renunciar a lo superfluo para llegar a lo esencial. "Una de las razones por las que seguí adelante escribiendo el guion de Rams es porque podía ser económicamente viable, con sólo dos actores y una localización la mayor parte del tiempo. Tenemos que pensar estas cosas antes de escribir y quizá por eso nuestras películas son especiales".
El cine de Islandia, el único país del mundo que decidió encarcelar a los banqueros responsables de la crisis y no pagar parte de su impagable deuda, sigue sin embargo rehuyendo el tema, salvo contadas excepciones ('Life in a fishbowl'). "Después del crash de 2008 empezamos a rebuscar en nuestros orígenes, de dónde venimos realmente, para contar historias sobre nuestras raíces", justifica Hákonarson. "Rams también participa de esa tendencia, porque habla sobre la ganadería, que es algo a lo que nos llevamos dedicando desde hace siglos. Solíamos ser granjeros, pescadores y demás, antes de que creyéramos que vivíamos en un paraíso de los negocios. Éramos los mejores del mundo, como los vikingos en el pasado, dominábamos gracias a nuestros bancos... hasta que todo colapsó y la gente, los artistas, empezaron a pensar en cuál era nuestra verdadera identidad".

Fotograma de "Rams (el valle de los carneros)"
Existía esa voluntad de revelar el auténtico carácter islandés, siempre independiente y aislado del resto del mundo, pero la chispa que prendió el incendio a fuego lento que es Rams proviene de una historia real. "Mi padre me contó la historia hace varios años sobre dos hermanos en el norte de Islandia, en un valle cercano a donde rodamos nosotros. No se hablaron durante 40 años pese a que vivían en el mismo lugar. Sus casas sólo se separaban por 15 metros, pero estaban construidas de tal manera que no tuvieran ventanas en el mismo lado, porque no querían ni verse".
El otro elemento clave de la película tiene cuernos, cuatro patas y lana de la mejor calidad: "también quería contar la historia de esta fuerte conexión entre los granjeros y sus carneros". Después de rodar con los animales durante varias semanas, el director les cogió cariño, tanto como para negar la máxima de Hitchcock: "Nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños, ni con Charles Laughton". A lo que Hákonarson replica: "Creo que las ovejas son más listas de lo que la gente piensa. Cuando trabajas con ellas tienes la sensación de que saben lo que están haciendo: parecen pensar "ah, la cámara está ahí, y entonces yo me pongo aquí y ofrezco mi mejor perfil". Aparte de la obvia identificación entre la testarudez bovina y la humana, los rebaños le sirven al cineasta para llegar, desde la comedia y el drama, a lo que él denomina "thriller agrícola". "Una de las cosas que quería conseguir con la película es que la gente que vive en las ciudades empatice con las ovejas, así que decidí utilizar eso para darle un toque añadido de suspense. Me gusta sorprender a la gente, generar momentos inesperados y salirme de las fórmulas de guion habituales". 
El paisaje islandés, tan bello como desolador, compite en protagonismo con el ganado y los escasos personajes. En la puesta en escena de Hákonarson eso se traduce en "la cámara estática, los movimientos lentos y los planos amplios. Intento no cortar demasiado, que el tiempo pase en un mismo plano", revela el cineasta. "Rams está muy inspirada en el cine escandinavo, en gente como Kaurismaki, Bent Hamer o Roy Andersson. También en cosas del Nuevo Cine Rumano. Cuando estaba escribiendo el guion vi muchas películas rumanas, y probablemente de ahí viene el tono realista de la cinta. Una película que me influyó mucho en cuanto a la fotografía y tipo de planos, rodada también en formato muy panorámico, fue “Pozos de ambición". Aquí no hay petróleo, ni falsos predicadores, ni actores reconocidos como Daniel Day-Lewis, pero sí un talento innato para el encuadre, una naturalidad pasmosa para contar historias sin recurrir a los diálogos y trascender lo localista para acceder a lo universal. O, en palabras de los miembros del jurado de la Seminci: "en estos tiempos de desarraigo, la película nos recuerda, con un lenguaje cinematográfico cautivador y emotivo, el rol vital de las relaciones humanas y del hombre con la naturaleza". 


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