domingo, 23 de septiembre de 2012

El oasis

       Imagino que a casi todos, en mayor o menor medida, os ha ocurrido. Transitáis por “el desierto cinéfilo” y nada apaga vuestra sed. No siempre se estrenan obras maestras y revisitar los clásicos una y otra vez no es conveniente, pues aminora gradualmente su efecto refrescante; están ahí, siempre, para reclamar nuestra visión en el momento oportuno sólo. No soportaríais intentar apagar vuestra “sed” con alguna impecable manufactura americana, pues sabéis que llevan aparejadas un consumo ingente de palomitas y refresco de cola que no harán sino acentuar vuestra necesidad en lugar de calmarla. Entonces volvéis la mirada hacia nuestro cine patrio, pero comprobaréis descorazonados que a Urbizu o a Alberto Rodríguez los mercaderes les financian una buena película sólo cada lustro, más o menos. Podéis beber algo de Almodóvar, pero si no es un reserva añejo, su pedantería y vacuidad enturbiarán tanto la copa que posiblemente os dé reparo beber de ahí. También podéis intentar apagar vuestra sed con otra -¿cuántas van?- manida y estragante película sobre nuestra Guerra Incivil. Yo he desistido de beber de nuevo de ese tazón de desayuno con leche tibia que sorbe ávidamente el inevitable niño rapado y travieso que sale en cada película, al tiempo que me niego a probar un sorbo del café de “pucherete” que comparten el manido, adusto y bigotudo picoleto con el siniestro y engominado falangista que no pueden faltar en estas películas “del día de la marmota”. 
      Os propongo algo: compartid conmigo uno de los oasis que existen en el desierto cinéfilo. El que suele apagar mi sed está en Argentina –o eso creo-, pero da igual, está a un solo clic.
       Este bendito loco del cine, de las fotos –bellas fotos en muchos casos de no menos bellas mujeres-, de la poesía, de los cuentos, de la música y, sobre todo, de las bicis, ha plantado un oasis en medio de un blogg. Cada cierto tiempo, cuando la sed me apremia, acudo al oasis de Biciman, del cual casi nunca salgo defraudado o sediento. 


    Las películas de Biciman no son obras maestras absolutas del cine, nada de eso, son nada más y nada menos que BUEN CINE, sin más, pero nada menos. Generalmente son películas que se encuentran fuera de los circuitos comerciales, que difícilmente podremos visionar si no tenemos la fortuna de tropezárnoslas en un festival, o en un acertado pase en la 2 de TVE. El cine de Biciman está en VO impecablemente subtitulado –bueno, con algunos giros argentinos en la traducción y pasando de puntillas sobre algunos nefandos tacos y exabruptos-. Después de recoger mi última ración de buen cine en el oasis de Biciman, he sentido la imperiosa necesidad de escribir estas líneas, que sirven a la vez como agradecimiento para este bendito loco del buen cine y para compartir un poco de luz brillante para aquellos que gustáis de ser alumbrados por la Linterna Mágica. Bueno, espero que estas líneas os animen a, cada vez que os atenace la sed de buen cine, a teclear Biciman y saciaros sumergiéndoos en su refrescante oasis. 
       Biciman obsequió hace poco a sus seguidores con "In my father’s den", una preciosa ópera prima –también póstuma- del fallecido director neozelandés Brad McGann, un drama con giros de thriller, que trata sobre las complicadas y ocultas relaciones de un padre fallecido con su prole, de un pasado que aunque todos han tratado de enterrar y alejar de sus vidas, vuelve para golpearles con fuerza y dramatismo, porque, como dice la Biblia: “quizá hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros”.

 

   La película está magníficamente interpretada por actores prácticamente desconocidos en los circuitos internacionales. Repito, no se trata de ninguna obra maestra, pero sí de buen cine, nada más y nada menos. 

 
             
Bueno, espero que estas líneas os animen a, cada vez que os atenace la sed de buen cine, a teclear Biciman y saciaros sumergiéndoos en su refrescante oasis.


No hay comentarios:

Publicar un comentario