viernes, 19 de enero de 2024

Saul Bass (1920-1996)

 


En la edad dorada de Hollywood –desde los años 20 hasta finales de los 40; antes de la irrupción de Saul Bass– los títulos de crédito de las películas solo servían para demostrar quién la tenía más larga en California. El logo del estudio, bien grande. El nombre de los protagonistas, bien grande. El nombre del director, bien grande. Y el del productor, más aún. El tamaño de la tipografía reflejaba el caché de los equipos técnicos y artísticos y su estatus dentro del star system americano. Esta sucesión de caracteres no tenía nada de excepcional, más bien todo lo contrario: solo eran unos rótulos impresos en la pantalla que se mostraban antes y después de cada filme. Blanco sobre negro y poco más. Como cabría esperar, esto a los espectadores les importaba bien poco.

 

La historia cambió en los 50 con el advenimiento de la televisión como medio de masas: para distinguirse de este invento del demonio que prometía conducirles a la bancarrota, los estudios de cine decidieron horizontalizar aún más su formato –sistema Cinemascope como contrapunto del aspecto cuadrado de la pantalla del televisor– e impulsar el diseño gráfico en carteles y créditos como valor añadido y diferenciador. Pues bien, este es el momento en el que Saul Bass (Nueva York, 1920 - Los Ángeles, 1996) entra en escena: "Para el público normal los créditos son la señal de que quedan solo tres minutos para comer palomitas. Yo aprovecho ese lapso de tiempo muerto e intento hacer algo más que simplemente listar unos nombres en los que la audiencia no está interesada. Pretendo preparar al público para lo que viene a continuación. Dejarlos expectantes".

 

Mentiríamos si escribiésemos que fue Saul Bass el primero en querer añadir la incógnita del diseño a la ecuación que los estudios se traían entre manos –antes de su llegada ya había rotulistas, ilustradores y artistas gráficos en Hollywood, pero su trabajo se quedaba por el camino con mucha pena y nada de gloria–, pero sí debemos recordar que él fue la persona que mejor supo anticipar la importancia de estas piezas (ya fuera en pósteres o en secuencias de créditos) como elementos artísticos, expresivos e introductorios de lo que estaba por venir en la gran pantalla. Es decir, sí sería justo catalogarle como el padre de un subgénero que se mueve con soltura en la estrecha frontera que separa el cine del arte contemporáneo.


Introducido por György Kepes en el estilo de la escuela Bauhaus y en el constructivismo ruso, Saul Bass sustentó su personalísima puesta en escena sobre un puñado de pilares que le acompañarían durante toda su carrera: marcos de colores sólidos, contrastes entre blancos y negros, formas geométricas sencillas, animación minimalista o a base de recortes, austeridad ornamental y tipografías caligráficas. 

 

En 1950 trasladó esta percepción a su propia empresa, Bass & Associates Inc., y logró hacerse un nombre en el sector del diseño publicitario (no cuesta imaginarle trabajando en un sitio como Sterling Cooper Draper Pryce) y llamar la atención de un tal Otto Preminger, quien se convertiría en su primer cliente en Hollywood, encargándole en 1954 el diseño del cartel de su siguiente película: Carmen Jones. Quedó tan impresionado con el resultado que le pidió que le realizará también la secuencia de los títulos de la película.

 

 


En este encargo, Saul Bass ya logró aportar ese modo de entender el arte que le hizo grande: el diseño resalta la importancia de los símbolos y tiene la capacidad de representar con unos cuantos trazos lo que se va a proyectar en la pantalla durante las siguientes dos horas. Es decir, en apenas un minuto, Bass identificaba el género y lograba establecer el tono y la esencia de la película. El hombre del brazo de oro (1955) o Anatomía de un asesinato (1959), ambas también de Preminger, ejemplifican como pocas esta simbiosis entre diseño y trama.

 

Estos primeros trabajos le colocaron en el disparadero y en poco tiempo ya estaba poniendo su talento al servicio de cineastas de la talla de Billy Wilder (La tentación vive arriba; 1955), Robert Aldrich (¡Ataque!; 1956), Stanley Kramer (Orgullo y pasión; 1957) o William Wyler (Horizontes de grandeza; 1958), para cuyos proyectos daría rienda suelta a su creatividad utilizando tanto grafismos como imágenes reales. Sería también en 1958 cuando llamase a su puerta la persona con la que tocaría el cielo estético y creativo: Alfred Hitchcock.

 



Vértigo, la primera colaboración entre ambos talentos, mandó el listón a la estratosfera. El póster y la secuencia de los títulos de crédito –animada por John Whitney– lograban la difícil tarea de transmitir el trasfondo psicológico de la cinta y el perfil obsesionado del personaje al que daba vida James Stewart. Si en las facultades de Periodismo se estudian los apuntes de Kapuscinski, en las de Bellas Artes se analiza el cartel de Vértigo.


Después llegarían Con la muerte en los talones (1959) y Psicosis (1960), que cuadrarían el círculo del buen gusto que había unido al diseñador con el cineasta. De hecho, en los mentideros de Hollywood se llegó a decir que fue Bass y no Hitchcock el responsable de dar forma –mediante su storyboard– a la famosa escena de la ducha de Psicosis. El director inglés no reconocería jamás esta teoría, pero tampoco se atrevió a negar la influencia y el peso que tanto Bass como Bernard Herrmann (el autor de la inolvidable y aterradora banda sonora) habían tenido en la composición visual y sonora de este filme de culto.

  

 


Fotogramas de "Psicosis"

Aunque nunca dejó de trabajar en esta parcela de la industria del cine, durante la década de los 60 Saul Bass redujo su actividad como cartelista (todavía dejaría unas cuantas joyas indiscutibles como son los pósteres de Uno, dos, tres y West Side Story, ambas de 1961, o el de Grand Prix, de 1966) para centrarse en el diseño industrial (suyos son los logos de AT&T, United Airlines, Bell, Warner Communications, Geffen Records, Kleenex, Minolta y de los JJ. OO. de Los Ángeles'84), en la realización de cortometrajes (uno de ellos, Why Man Creates, de 1968, se llevó un Oscar al Mejor cortometraje documental) y en la dirección de su primer y único largo, un thriller bastante loco de ciencia ficción titulado Sucesos en la cuarta fase (ya en 1974).


 

Durante los últimos años de su vida, como una suerte de epílogo genial para cerrar su propia carrera, Saul Bass desempolvó su estuche de trabajo y realizó los títulos de crédito de algunos de los mejores trabajos de otro gran cineasta: Martin Scorsese. Si de por sí ya son cintas magníficas, el toque saulbassista de Uno de los nuestros (1990), El cabo del miedo (1991) y Casino (1995) las hizo todavía mejores. Qué duda cabe.

 


Estilo de capa. Galería de filtros. Tamaño de lienzo. Pinceles preestablecidos. Hoy, a poco que manejes Photoshop, conoces estos conceptos y otros muchos con nombres un tanto rocambolescos. A mediados del siglo pasado la herramienta más sofisticada de la que disponía un diseñador gráfico era una mesa de luz. Mirando con perspectiva, es ahí donde podemos hallar el inmenso valor del legado que nos dejó el aventajado Saul Bass.

 

Porque que hoy disfrutemos de secuencias de créditos geniales como pueden ser las de –y enumeramos las primeras que nos vienen a la cabeza– Juno, Watchmen, Napoleon Dynamite, Snatch, cerdos y diamantes o las que Juan Gatti le ha hecho a Pedro Almodóvar se lo debemos en parte al tipo con la mirada ojerosa y los dedos curtidos que desafió los preceptos del Hollywood clásico y se atrevió a darle otro sentido a esos tres minutos en los que los espectadores acostumbraban a comer palomitas.

 

Y qué bien que le salió el envite al bueno de Bass, la verdad. (Jesús Merino)




martes, 16 de enero de 2024

Mitomanía... Sophia Loren


¿Recordará alguno de los soldados americanos que ocuparon el sur de Italia a una muchacha de ojos grises llamada Sofía?
¿Sabrá que aquella joven que paseaba su belleza, su aburrimiento y su pobreza por las semidestruidas calles de Nápoles se convirtió en una mujer famosa?
Es… Sophia Loren, “la ragazza più bella del mondo”.
Sofía había nacido el 20 de septiembre de1934, en Roma. Sus padres no estaban casados, y al nacer su hermana, el hombre de la casa abandona a la familia y deja a la madre, Romilda Villani, que jugará a fondo su única carta: la belleza de Sofía.
Los principios serán duros, pero la futura estrella persevera, y acude a concursos de belleza, protagoniza fotonovelas, trabaja de extra, hasta que por fin consigue ver su nombre en los créditos de E arrivato l´aaccordatore.
A partir de ese momento Sofía Lazzaro, ahora Sophia Loren, va encumbrándose lentamente a través de las innumerables comedias costumbristas italianas de la posguerra.
En L´oro di Napoli, Vittorio de Sica de la el papel de “pizzaiola”, y Sophia borda el tipo de mujer mediterránea, exuberante, gritona y divertida. Un papel que repite cada vez con más éxito en Pecatto che sia una canaglia, en La bella mugnaia, en La fortuna di essere donna.   
Y de pronto, Hollywood. Bajo la batuta de Carlo Ponti, consigue trabajar con Cary Grant, con John Wayne, ser dirigida por Hathaway, Lumet, Negulesco y Ritt, y hasta obtiene el premio a la mejor actriz en la Mostra de veneciana de 1958 por Black Orchid.
En su última etapa, Sophia alterna los trabajos intrascendentes con obras que demuestran su categoría artística, como Dos mujeres (1960), premio a la mejor interpretación en Cannes y Óscar de la Academia, o la más reciente Una jornada particular (1977).
El sueño de Romilda Villani se había cumplido. Bastaba un detalle para conseguir el final feliz perfecto. Llegó casi al final de 1968, y se llamó Carletto, “el bebé más caro de Italia”, luego llegaría Edoardo.


Filmografía esencial.

·        1949: Cuori sul mare.
·        1950: Le sei moglie di Barbablù; Il voto; Io sono il capataz.
·        1951: Era lui, si, si; E arrivato l’accordatore; Quo Vadis?; El último zorro; Ana; Il mago per forza.
·        1952: Africa bajo el mar; La favorita; La tratta delle bianche.
·        1953: Sucedió en Roma; Aida; Ci troviamo in galleria; Carrusel napolitano; Juzgado a la italiana; Il paese dei capanelli; Hombre o demonio.
·        1954: Embajadora del amor; Nuestros tiempos; Noches de Cleopatra; El oro de Nápoles; Miseria e nobilità; La chica del río.
·        1955: La ladrona, el padre y el taxista; La bella campesina; El signo de Venus; Pan, amor y….
·        1956: Orgullo y pasión; La suerte de ser mujer; La sirena y el delfín.
·        1957: Cintia; Arenas de muerte.
·        1958: La llave; Deseo bajo los olmos.
·        1959: Esa clase de amor; Orquídea negra.
·        1960: El pistolero de Cheyenne; Capri; Escándalo en la corte; La millonaria; Dos mujeres.
·        1961: Madame Sans-Gêne; El Cid; Boccaccio 70 (episodio).
·        1962: Un abismo entre los dos; Los secuestrados de Altona.
·        1963: Ayer, hoy y mañana.
·        1964: La caída del Imperio Romano; Operación Crossbow; Matrimonio a la italiana.
·        1965: La venus de la ira; Lady L.
·        1966: Arabesco.
·        1967: La condesa de Hong-Kong; La guapa y su fantasma; Siempre hay una mujer.
·        1969: Los girasoles.
·        1970: La mujer del cura.
·        1971: Mortadela.
·        1972: Blanco, rojo y…, El hombre de la mancha.
·        1974: Breve encuentro; El veredicto; El viaje.
·        1975: Pupa, Charlie y su gorila.
·        1976: El puente de Cassandra.
·        1977: Una jornada particular; Angela.
·        1978: Objetivo: Patton; La viuda innoble.
·        1979: El poder del fuego.
·        1984: Los tres amantes de Aurora.
·        1985: Scemo di guerra.
·        1994: Prêt-a-porter.
·        1995: Discordias a la carta.
·        1997: Soleil.
·        2002: Entre extraños.

 
Nos quedamos con un fantástico corte de la película “Capri” (1960), donde podemos apreciar a Sophia Loren bailando y cantando el famoso tema “Tu vuo fa L´Americano”, mientras es observada por Clark Gable.


lunes, 15 de enero de 2024

El rapto (Marco Bellocchio, 2023)

 

Título original: Rapito. Dirección: Marco Bellocchio. País: Italia. Año: 2023. Duración: 125 min. Género: Drama.

Guión: Marco Bellocchio, Susanna Nicchiarelli, Edoardo Albinati, Daniela Ceselli. Música: Fabio Massimo Capogrosso. Fotografía: Francesco Di Giacomo. Producción: Kavac Film, IBC Movie, Ad Vitam Production, Match Factory Productions, RAI Cinema, Emilia-Romagna Film Commission.

Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes 2023. Mejor Guión en el Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 2023).

Fecha del estreno: 12 Enero 2023 (España)

 

Reparto: Filippo Timi (Cardenal Giacomo Antonelli), Fabrizio Gifuni (Pier Gaetano Feletti), Barbara Ronchi (Marianna Padovani Mortara), Paolo Pierobon (Papa Pio IX), Fausto Russo Alesi (Salomone Mortara), Enea Sala (Edgardo Mortara cuando era un niño), Leonardo Maltese (Edgardo Mortara cuando era adolescente).

 

Sinopsis:

Bolonia. Año 1858. Los soldados del Papa irrumpen en la casa de los Mortara para secuestrar a su hijo de siete años, Edgardo. La película sigue la lucha de la familia para tratar de recuperar a su hijo ante esta acción de la Iglesia Católica.

 

Comentarios: 

En el último tramo de la filmografía de Marco Bellocchio, la Historia es un sueño, o una pesadilla, de la que resulta difícil zafarse, siendo imposible distinguir en ella la realidad de la fantasía. He ahí una convicción que llegó a su cima en la serie Exterior noche (2022), sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro –un suceso que el cineasta ya había tratado en Buenos días, noche (2003)–, y que ahora culmina en El rapto, su último largo, sobre el caso real de otra sustracción, la de un bebé judío alevosamente arrebatado a sus padres por el Vaticano, siguiendo intrincadas razones políticas, a mediados del siglo XIX, y férreamente educado según la ideología católica. Desde el principio, Bellocchio se niega a filmar un drama de época o a construir una simple ‘película-denuncia’. Al contrario, el relato va y viene, evoluciona entre luces y sombras, en elaboradas secuencias en claroscuro, que incluyen momentos gloriosamente oníricos: la imagen de Cristo descendiendo de la cruz por su propio pie y paseándose como si tal cosa por una iglesia, desde el punto de vista alucinado del niño protagonista, constituye el más atrevido de todos ellos, una escena digna del Saura o el Fellini de los años setenta. Y todo ello forma parte de algo aún más amplio, de la fe y la religión vistas igualmente como un cúmulo de fantasías mentales, casi una sucesión de psicosis, que pueden (mal)formar la identidad hasta resquebrajarla, una estrategia que Bellocchio considera (acertadamente) mucho más subversiva que cualquier descripción realista.

El rapto se puede permitir así convertirse poco a poco en una película que transcurre en la mente de su protagonista, en sus dudas y tormentos, incluso cuando muestra lo que éste no puede ver o ni siquiera aparece en pantalla, y que inesperadamente acaba enlazando con los films de juventud de su director, de Las manos en los bolsillos (1965) a En el nombre del padre (1971), sobre todo en el estremecedor primerísimo plano con que (casi) se cierra: este es también el retrato de una identidad escindida entre lo simbólico y lo imaginario, que diría Lacan. (Carlos Losilla)

Recomendada.




domingo, 14 de enero de 2024

Saltburn (Emerald Fennell, 2023)

 

Título original: Saltburn. Dirección: Emerald Fennell. País: Reino Unido. Año: 2023. Duración: 127 min. Género: Drama, Thriller.  

Guión: Emerald Fennell. Fotografía: Linus Sandgren. Música: Anthony B. Willis. Montaje: Victoria Boydell. Producción: LuckyChap Entertainment, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), MRC Film, Media Rights Capital (MRC). Distribuidora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Amazon Prime Video.

2 nominaciones a los Globo de Oro 2023.

Fecha del estreno: 22 Diciembre 2023 (Prime Video)

 

Reparto: Barry Keoghan (Oliver), Jacob Elordi (Felix), Rosamund Pike (Elsbeth), Richard E. Grant (Sir James), Carey Mulligan (Pamela), Alison Oliver (Venetia), Archie Madekwe (Farleigh).

 

Sinopsis:

Mientras lucha por encontrar su lugar en la Universidad de Oxford, el estudiante Oliver Quick se ve arrastrado al mundo del encantador y aristocrático Felix Catton, que le invita a Saltburn, la extensa finca de su excéntrica familia, para pasar un verano inolvidable.

 

Comentarios:

A estas alturas, ya resulta indiscutible que Emerald Fennell se está convirtiendo en un nombre propio del cine actual. La joven cineasta británica encandiló al mundo y nos dejó con la boca abierta por su descaro con su poderosa ópera prima “Una joven prometedora”, una fascinante y tarantiniana gamberrada que provocó reacciones virulentas a favor (es mi caso y con devoción) y en contra, donde nunca cabe la indiferencia. “Saltburn” es un portentoso paso adelante en la carrera de Emerald Fennell porque consigue superarse con creces tanto en continente como en contenido creando un film imprescindible y gozosamente misántropo y cáustico, a medio camino entre Tom Ripley y Michael Haneke.

Desde sus créditos iniciales, en una tipografía maravillosamente setentera y con un gran plano secuencia, sabemos que estamos ante un film que ha nacido con vocación de perdurar en la memoria del espectador. Emerald Fennell se sabe superdotada y está dispuesta a demostrarlo a través de un brillantísimo ejercicio de estilo espectacular, creando planos de una belleza que corta la respiración y demostrando que en el mundo de la caligrafía visual aún queda espacio para la innovación. La película es una gozada para la vista del cinéfilo más exigente, que no sabe con cuál plano magistral quedarse conforme se van derrochando unos tras otros, gracias además a una épica dirección de fotografía de contrastados colores y juegos constantes de luces y sombras firmada por Linus Sandgren.

Pero que nadie vaya a pensar que estamos ante un mero virtuosismo visual. Lo mejor está en su contenido, en el espléndido guión de la propia Emerald Fennell que actualiza y rejuvenece a un nuevo Tom Ripley (con algunas escenas fuertemente provocadoras de clara inspiración en el cine de mi adorado Michael Haneke), tan despiadado y carente de escrúpulos como el original, que no tiene límites a la hora de introducirse y escalar posiciones en el seno de una familia británica riquísima que vive en un castillo y que interpreta como nadie más podría hacerlo en todo el mundo Barry Keoghan. Este joven actor nació para inquietar y atemorizar al espectador. Yo lo descubrí en una de las películas de mi vida, “El sacrificio de un ciervo sagrado” de Yorgos Lanthimos y, desde entonces, no ha hecho más que progresar e incidir en unos personajes malsanos, extraños, perturbadores, desagradables… Barry Keoghan quiere convertirse en el más grande y, qué duda cabe, va por el mejor camino posible para lograrlo.

Pero no está solo este aprendiz de Tom Ripley en este camino, porque el resto del elenco actoral trata de aguantarle el pulso interpretativo a Barry Keoghan, destacando especialmente para mí unas impresionantes Rosamund Pike como siempre y una estelar Alison Oliver como nunca en su papel de hermana del coprotagonista rico de esta extraña relación sentimental homosexual, magnífico Jacob Elordi.

La música de Anthony B. Willis acaba de cerrar el círculo del cine imprescindible en una partitura inteligentemente completada con bastante buena música electrónica que acaba aumentando la sensación de perturbación en el espectador. (Sergio Berbel)

Recomendada.



sábado, 13 de enero de 2024

Patricia Ferreira (1958-2023)

 

Candidata al Goya a dirección revelación con Sé quién eres (2000), la cineasta Patricia Ferreira ganó también la Biznaga de Plata en el festival de Málaga al mejor guion por su labor junto a Virginia Yagüe en Los niños salvajes (2012). Probablemente su carrera haya sido menos prolífica de lo que ella hubiera deseado, pero su pasión por otras luchas, como la fundación de CIMA (la asociación de mujeres españolas del audiovisual), y su compromiso con la educación han dejado huella en el cine español junto a algunos de sus títulos.

 

Licenciada en la facultad de Ciencias de la Información en Madrid, Ferreira comenzó como periodista cinematográfica en TVE y Radio Nacional, desde donde pasó a convertirse en realizadora y guionista de programas culturales como Equinoccio; Un día en la vida de nuestros antepasados, serie documental sobre la vida en la prehistoria; Un país en la mochila, serie en la que José Antonio Labordeta recorría España; o Paraísos cercanos, serie documental de viajes con guiones de escritores como Rafael Chirbes o Javier Marías. Además, trabajó de asistente de dirección en series de ficción como Que usted lo mate bien, Cervantes o La celestina.

 

En el año 2000 debutó en el cine como directora con Sé quién eres, película que se estrenó en el festival de Berlín, en la sección Panorama y con el que fue candidata al Goya a la mejor dirección novel. La historia de una joven psiquiatra (Ana Fernández) que se encuentra ante un fascinante paciente desmemoriado con síndrome de Korsakov (Miguel Ángel Solá) le valió para desarrollar un género que siempre atrajo a Ferreira, el thriller con algo más, que añadiera una vertiente política o social: “Es un thriller de personajes en el que nos encontramos con dosis de acción, intriga y amor, sin olvidar una parte de la trama que cuenta con claras implicaciones políticas”, contaba en su estreno, en una frase que parecía una declaración de intenciones. Y rodado en Galicia, la tierra de su familia.

 

Dos años después estrenó El alquimista impaciente, que adaptaba la novela homónima de Lorenzo Silva, un thriller que desarrolla las investigaciones de dos guardias civiles —el sargento de la Unidad Central Operativa, Rubén Bevilacqua, y su ayudante, Virginia Chamorro—, y que se ha convertido en saga literaria y cinematográfica. Sobre la cuadratura del círculo, es decir, versionar libros al gusto del autor, la cineasta apuntaba en su momento: “Cuando la historia empieza a crecer desde el papel y se convierte en una película en la que trabaja mucha gente, ser fiel es imposible”.

 


Esa década puso a Ferreira en el listado de las cineastas españolas más interesantes: en 2004 participó, con su corto El secreto mejor guardado, sobre el sida en la India, en la película colectiva En el mundo a cada rato. Al año siguiente dirigió Para que no me olvides, con Fernando Fernán Gómez en uno de sus últimos personajes, en un drama sobre la relación entre tres generaciones de una misma familia. De nuevo, de fondo, la memoria. El drama participó en el festival de Berlín.

 

En 2010 realizó el documental Señora de, una obra a recuperar en la que, a través de testimonios de mujeres de muy distintas edades, mostraba el inmenso talento perdido en España al quedarse las creadoras encerradas en sus casas y en sus matrimonios. Un eco que podía sentirse en el audiovisual. Ella misma contaba en 2017, en un encuentro sobre mujeres cineastas: “El cine está en manos masculinas y de ahí las temáticas que vemos en pantalla. Muchas mujeres jóvenes no se atreven a dar el salto. Debemos reforzar políticas de igualdad en cultura, en cine, porque siempre se han hecho apaños pero nunca se ha hecho una regulación con coherencia”.

 

Justo dos años después llegaría su mejor filme, Los niños salvajes, que ganó la Biznaga de Oro a la mejor película en el festival de Málaga, el antes mencionado premio al mejor guion, y los galardones a actor y actriz secundarios. Como apuntaba Javier Ocaña en su crítica de un drama sobre la (mala) educación: “Ferreira predica una realización ágil, limpia, natural, como los movimientos de los personajes, siempre a la intemperie, y estructura su guion circular en una serie de entrevistas a los tres chavales protagonistas en las que, gran decisión, el entrevistador siempre está fuera de campo, solo se le oye: son los guardianes, son los espectadores, somos nosotros, es la sociedad, que los interroga cuando deberíamos ser nosotros los interrogados”.

 


En 2017 se despidió del cine con Thi Mai, rumbo a Vietnam, una comedia basada en sacar partido a la química entre Carmen Machi y Dani Rovira, que venían de triunfar en Ocho apellidos vascos y su secuela, Ocho apellidos catalanes. Su último trabajo en el audiovisual ha sido la creación (y coescritura) de la serie de TVE Las abogadas, que dirigen estos días Juana Macías y Polo Menárguez, y que se basa en la vida real en el Madrid de finales de los sesenta e inicios de los setenta de cuatro jóvenes letradas, fundamentales con el tiempo en la historia de España: Lola González, Cristina Almeida, Manuela Carmena y Paca Sauquillo.

 

En su vertiente educativa, Ferreira dio clases de dirección en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) y en numerosos talleres, escuelas y facultades. Además, fue cofundadora y formaba parte de la junta directiva de CIMA, además de estar también seis años en la junta directiva de la Academia de Cine.

 

Patricia Ferreira falleció en Madrid, su ciudad natal, a los 65 años, el pasado 27 de diciembre de 2023, víctima de un tumor cerebral.



jueves, 11 de enero de 2024

Series de TV: Compañeros de ruta (2023)

 

Título original: Fellow Travelers. Temporada: 1. Episodios: 8. Año: 2023. País: USA. Género: Drama. Estreno: 19 Noviembre 2023. (SkyShowtime).

Creación: Ron Nyswaner. Dirección: Uta Briesewitz, Daniel Minahan, Destiny Ekaragha, James Kent. Guión: Ron Nyswaner, Brandon K. Hines, Dee Johnson, Anya Leta, Katie Rose Rogers, Robbie Rogers, Jack Solomon. Novela: Thomas Mallon. Música: Paul Leonard-Morgan. Fotografía: Simon Dennis, Ronald Plante. Producción: Fremantle Media North America, Showtime. Distribuidora: Showtime.

Nominada en los Globos de Oro 2023 a Mejor Serie Corta Dramática.

 

Reparto: Matt Bomer (Hawkins Fuller), Jonathan Bailey (Tim Laughlin), Jelani Alladin (Marcus Hooks), Noah J. Ricketts (Frankie Hines), Linus Roache (Senador Wesley Smith), Allison Williams (Lucy Smith).

 

Sinopsis:

Relata el romance clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la Washington de la era McCarthy. La historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim Laughlin, sus idas y vueltas durante la guerra de Vietnam, el hedonismo de la época disco de los '70, hasta llegar a la crisis del SIDA en los ’80.

 

Comentarios: 

Por allá, en los inicios de los 50, toda una arrolladora corriente de pensamiento americano conservador se erigía, sobre esa sociedad que renacía de la Segunda Guerra Mundial. En el mundo del cine, el temido Código Hays, imponía las normas de “decencia” en las obras de cine, y en esta década estaba aún con una fuerza aplastante.

Eran muchas las temáticas que eran obviadas y/o censuradas directamente de los guiones de los autores, en otras ocasiones se camuflaban y sólo se intuía ciertas referencias. En general, en los Estados Unidos, una ola anticomunista y tremendamente puritana, era lo habitual en las creaciones, aunque este proceso no era exclusivamente en el cine, provenía de una auténtica “caza de brujas”, que el temido Joseph McCarthy, senador por Wisconsin, inició en el mismo seno del Departamento de Estado.

Eran todos aquellos de los que se pensaba que podían haber tenido alguna relación con el partido comunista, incluso ser invitado a una posible fiesta en la cual había algún simpatizante del mismo, llamados a las sesiones de “juicio”, en las que se evidenciaba unas formas de acoso verbal, que en algunos casos derrumbaban a la persona acusada.

Ya en el cine, tenemos cercana la película “Oppenheimer”, en la cual se puede apreciar cómo al genial científico, luego se le cuestionó y fue destruido por un movimiento político caracterizado por demagogos ignorantes, antiintelectuales y xenófobos. Los cazadores de brujas de aquella época son los antepasados directos de nuestros actuales actores políticos de cierto estilo paranoico.

De toda esa “turba” de posibles “antiamericanos”, estaba claro, como ocurrió con las temáticas en el código Hays, que el grupo de posibles “homosexuales”, como “subersivos sexuales”, que serían llamados a “juicio” y en la mayoría de los casos, destruir sus vidas, por ser acusados de “conductas inmorales”, que contaminaban a la América pura. Estaba claro el deseo homogeneizador de la época, contexto de los 50, pero que tiene similitudes con aspectos que ocurren en la actualidad.

Eran las épocas de las redadas en baños públicos, locales de cierta tendencia, denuncias de compañeros y/o vecinos que pensaban que estas personas cometían un atentado contra la moralidad y la naturaleza.



Era mundo de ideología pura, de gran consumo de alcohol en exceso y expedientes secretos, y dominado por personajes tan descomunales como Cohen y McCarthy. Es el mundo en el que nace la historia de “Fellow Traveler”, esa época de la postguerra, en el cual la moralidad pacata y por supuesto heterosexualizante, se mueven nuestros Fuller y Laughlin; los personajes esenciales de nuestra historia.

Un católico devoto, Laughlin, ansioso por unirse a la cruzada contra el comunismo que, en un encuentro casual con Hawkins Fuller, un funcionario apuesto y despilfarrador del Departamento de Estado, lleva a Tim a conseguir su primer trabajo en Washington D.C. y, después de las insinuaciones de Fuller, mantener su primera historia de amor.

Relata el romance clandestino de dos hombres muy diferentes que se encuentran en la Washington de esta era McCarthy. Con sus miedos, con sus historias ocultas, con la trastienda de la vida que deben obligatoriamente de llevar ambos.

La historia del carismático Hawkins Fuller y el idealista Tim Laughlin, sus idas y vueltas durante los 50, los 60 con la guerra de Vietnam como elemento disruptivo, el hedonismo de la época disco de los 70, con el despliegue de Fire Island, hasta llegar a la crisis del SIDA en los 80.



En el fondo una generación que lucho por ganar su libertad es totalmente paralela a la de otros países, en los que esa misma época fue opresiva para los gays y lesbianas, llámese España. Pero que se encontró curiosamente, con una pandemia, de la cual todos hemos olvidado lo fácilmente que se morían y lo poco que se les ayudó hasta los 90. Pero lo más curioso, es que, en el momento de mayor libertad personal y social, de más consecución de derechos civiles, aparece la plaga del SIDA, que borró a esta generación de los 50, que en los 80, comenzó a ser “exterminada”, al principio sin saber cómo y que causa era, lo cual tampoco importaba mucho.

Esta miniserie plasma de forma muy veraz, la estética de los diferentes momentos históricos que narra. Tiene en sus dos actores principales, Matt Bomer y Jonathan Bailey, las principales bazas de la historia, así como en el resto de los personajes secundarios de la misma. Acompañado de una correcta adaptación de la obra en la que está basada, traducida al castellano en 2023, como “Los Lavanda” de Thomas Mallon.

Quizás como documento histórico de lo que nunca debió ocurrir, aunque en aquella época, estaba muy apoyado no sólo por la religión, sino por la “ciencia”, puede que el visionado de la historia nos lleve a plantearnos que este tipo de hechos serían, no sólo reprobables, sino contrarios a los derechos civiles y sociales. Lástima que aún en nuestro país hoy en día existan terapias de conversión, en la serie se pueden también observar, pero eso ya sería otra película. (Javier Bernet Toledano)

Recomendada.