Título original: Rapito. Dirección: Marco Bellocchio. País: Italia. Año: 2023. Duración: 125
min. Género: Drama.
Guión: Marco Bellocchio,
Susanna Nicchiarelli, Edoardo Albinati, Daniela Ceselli. Música: Fabio Massimo Capogrosso. Fotografía: Francesco Di Giacomo. Producción: Kavac Film, IBC Movie, Ad Vitam Production, Match
Factory Productions, RAI Cinema, Emilia-Romagna Film Commission.
Sección Oficial del
Festival de Cine de Cannes 2023. Mejor Guión en el Festival de Cine de
Valladolid (SEMINCI 2023).
Fecha del estreno: 12 Enero 2023 (España)
Reparto: Filippo Timi (Cardenal
Giacomo Antonelli), Fabrizio Gifuni (Pier Gaetano Feletti), Barbara Ronchi
(Marianna Padovani Mortara), Paolo Pierobon (Papa Pio IX), Fausto Russo Alesi
(Salomone Mortara), Enea Sala (Edgardo Mortara cuando era un niño), Leonardo
Maltese (Edgardo Mortara cuando era adolescente).
Sinopsis:
Bolonia. Año 1858. Los
soldados del Papa irrumpen en la casa de los Mortara para secuestrar a su hijo
de siete años, Edgardo. La película sigue la lucha de la familia para tratar de
recuperar a su hijo ante esta acción de la Iglesia Católica.
Comentarios:
En el último tramo de la
filmografía de Marco Bellocchio, la Historia es un sueño, o una pesadilla, de
la que resulta difícil zafarse, siendo imposible distinguir en ella la realidad
de la fantasía. He ahí una convicción que llegó a su cima en la serie Exterior noche (2022), sobre el
secuestro y asesinato de Aldo Moro –un suceso que el cineasta ya había tratado
en Buenos días, noche (2003)–, y que
ahora culmina en El rapto, su último
largo, sobre el caso real de otra sustracción, la de un bebé judío alevosamente
arrebatado a sus padres por el Vaticano, siguiendo intrincadas razones
políticas, a mediados del siglo XIX, y férreamente educado según la ideología
católica. Desde el principio, Bellocchio se niega a filmar un drama de época o
a construir una simple ‘película-denuncia’. Al contrario, el relato va y viene,
evoluciona entre luces y sombras, en elaboradas secuencias en claroscuro, que
incluyen momentos gloriosamente oníricos: la imagen de Cristo descendiendo de
la cruz por su propio pie y paseándose como si tal cosa por una iglesia, desde
el punto de vista alucinado del niño protagonista, constituye el más atrevido
de todos ellos, una escena digna del Saura o el Fellini de los años setenta. Y
todo ello forma parte de algo aún más amplio, de la fe y la religión vistas
igualmente como un cúmulo de fantasías mentales, casi una sucesión de psicosis,
que pueden (mal)formar la identidad hasta resquebrajarla, una estrategia que
Bellocchio considera (acertadamente) mucho más subversiva que cualquier
descripción realista.
El rapto se puede permitir así convertirse
poco a poco en una película que transcurre en la mente de su protagonista, en
sus dudas y tormentos, incluso cuando muestra lo que éste no puede ver o ni
siquiera aparece en pantalla, y que inesperadamente acaba enlazando con los
films de juventud de su director, de Las
manos en los bolsillos (1965) a En el
nombre del padre (1971), sobre todo en el estremecedor primerísimo plano
con que (casi) se cierra: este es también el retrato de una identidad escindida
entre lo simbólico y lo imaginario, que diría Lacan. (Carlos Losilla)
Título original: Kuolleet Lehdet. Dirección: Aki Kaurismäki. País: Finlandia. Año: 2023. Duración: 81
min. Género: Comedia dramática.
Guión: Aki Kaurismäki. Fotografía: Timo Salminen. Producción: Sputnik, Finnish Film
Foundation.
Premio del Jurado en el
Festival de Cine de Cannes 2023. Nomimada al Globo de Oro 2023 a Mejor Película
de habla no inglesa. Premio del Público en el Festival de Cine de Morelia 2023
Fecha del estreno: 27 Diciembre 2023
(España)
Reparto: Alma Pöysti (Ansa), Jussi
Vatanen (Holappa), Alina Tomnikov, Sakari Kuosmanen, Janne Hyytiäinen (Huotari),
Martti Suosalo, Maria Heiskanen.
Sinopsis:
Ansa es soltera y vive en
Helsinki. Trabaja con un contrato de cero horas en un supermercado,
abasteciendo los estantes; luego clasifica el plástico reciclable. Una noche se
encuentra accidentalmente con el igualmente solitario trabajador Holappa, un
alcohólico. Contra todo pronóstico y malentendidos, intentan construir una
relación. Como resultado, Holappa logra controlar su adicción al alcohol.
Comentarios:
Una coherente genealogía
se abre paso en la obra de Aki Kaurismäki: es la que da sus primeros pasos con Contraté un asesino a sueldo (1990), el
primer film que rueda fuera de su país, y sigue después con Luces de bohemia (1992), Juha (1999) y Un hombre sin pasado (2002), hasta llegar a esta Fallen Leaves. Entre medias quedan otras
obras mayores del cineasta (sobre todo, Nubes
pasajeras yLe Havre), pero las citadas anteriormente comparten el hecho de
narrar, en su columna vertebral, una historia de amor vivida siempre por
personajes situados al margen de la confortable ‘sociedad del bienestar’: un
humilde oficinista despedido de su trabajo y tentado por el suicidio,
vagabundos y bohemios sin rumbo, un hombre sin memoria instalado en un
campamento de indigentes o proletarios despedidos una y otra vez de su empleo.
A la postre, el universo del trabajo de los obreros en los camiones de basura,
en un restaurante, en una fábrica, en una obra de la construcción, en un
supermercado o en una fundición retorna siempre a las imágenes de este cineasta
(recordemos también Sombras en el paraíso,
La chica de la fábrica de cerillas o La fundición, entre otras muchas), un
director que hoy se sigue reivindicando comunista, que puebla sus películas de
un atrezo deliberadamente anacrónico (dice que no le gusta la estética del
presente) y de música de todo tipo, un acompañamiento que aquí se hace más
presente y constante que en casi ninguna otra de sus realizaciones: karaoke,
tango finlandés, rock indie, una serenata de Schubert…
El milagro estrictamente
cinematográfico de la historia de amor entre los dos protagonistas de este
nuevo film (auténticas ‘hojas caídas’, casi perdidas y barridas por el viento
en medio de una sociedad que ni siquiera los mira) es la empatía y la ternura
que destilan unas imágenes tan secas y lacónicas como en todo el cine de su
director, pero cuyo encadenado en el montaje se muestra esta vez, si acaso,
algo más poroso y abierto, algo más reposado y menos cortante. Una cadencia
atravesada quizás por la bonhomía y por la mirada profundamente humanista de un
director que, a sus sesenta y seis años, mira a sus criaturas con una amplitud,
una solidaridad y un deseo de felicidad que no oculta, en ningún momento, la
devastadora realidad en la que viven sin más horizonte de futuro que el de su
propio amor, irrenunciable por ambas partes, a pesar de que todo en el relato
conspira para separarlos.
Los protagonistas salen
de ver en el cine una película de zombis (Los
muertos no mueren, de Jim Jarmusch) y a la salida escuchan comentarios de
otros espectadores. A uno el film le ha recordado El diario de un cura rural, de Bresson, y a otro Bande à part, de Godard. La primera vez
que se encuentran frente a frente, lo hacen delante de un afiche de Breve encuentro (David Lean), lo que nos
anuncia ya el futuro inmediato de su relación, de la misma manera que todas las
canciones del film, varias de ellas interpretadas en directo dentro de la
diégesis, comentan el desarrollo de la historia casi a la manera del coro
griego. Todo en esta obra maestra incontestable respira amor por los personajes
sin ceder jamás al sentimentalismo. Profundamente romántica en su interior, Fallen Leaves se desvela finalmente como
una cierta relectura de Luces de la
ciudad que se cierra, en el final más lacónico, hermoso y bello que hemos
visto en muchos años, con un guiño de ojo, un corte de montaje y un plano de
cierre en el que Chaplin aparece donde menos se le espera y a modo de
emocionado tributo. Una felicidad y una hermosura de película. (Carlos F.
Heredero)
Título
original: La passion de Dodin Bouffant. Dirección: Tran Anh Hung. País: Francia. Año: 2023. Duración: 135
min. Género: Drama.
Guión: Tran Anh Hung (basado en
una novela de Marcel Rouff). Fotografía:
Jonathan Ricquebourg. Producción: Curiosa
Films, Umedia, Gaumont, France 2 Cinema, Canal+.
Premio a la Mejor
Dirección en el Festival de Cine de Cannes 2023. Sección Oficial del Festival
de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2023).
Fecha del estreno: 20 Diciembre 2023
(España)
Reparto: Juliette Binoche
(Eugénie), Benoît Magimel (Dodin Bouffant), Emmanuel Salinger (Rabaz), Patrick
D'Assumçao (Grimaud), Galatéa Bellugi (Violette), Jan Hammenecker (Magot), Frédéric
Fishbach (Beaubois), Bonnie Chagneau-Ravoire (Pauline), Jean-Marc Roulot
(Augustin), Yannick Landrein (El padre de Paulina), Sarah Adler (La madre de
Paulina).
Sinopsis:
Ambientada en el mundo de
la gastronomía francesa en 1885. La relación entre Eugenie, cocinera de
prestigio, y Dodin, el gastrónomo para el que trabaja desde hace 20 años. Cada vez
más enamorados el uno del otro, su vínculo se convierte en un romance y da
lugar a deliciosos platos que impresionan incluso a los chefs más ilustres del
mundo.
Comentarios:
Basta la primera media
hora de La pasión de Dodin Bouffant (titulada en España A fuego lento)
para disfrutar de su fabuloso festín. Se trata de un arranque que funciona como
una coreografía de placeres mundanos que introducen al espectador, entre el
calor y el olor que emanan de hornos, fuegos y fogones, en el ritual de la
cocina del gastrónomo Dodin Bouffant (“El Napoleón del arte culinario”, dice un
personaje) y de su cocinera durante veinte años, la magnífica Eugénie.
La sensual introducción,
al ritmo de los sonidos de la propia cocina, pone sobre la mesa la química
entre Juliette Binoche y Benoît Magimel, y basta para intuir que lo que se
cuece en la cocina de este château francés es, además de exquisitos platos, una
historia de amor reposado y adulto. Durante más de dos horas de película,
conoceremos algunas claves de ese amor y de los menús más sofisticados, de un
consomé de tuétano de esturión para abrir boca al postre que llaman tortilla
noruega, un soufflé de merengue quemado con aguardiente y corazón de helado que
cierra el primer banquete.
Dirigida por el
franco-vietnamita Tràn Anh Hùng, A fuego lento adapta una de las novelas
más conocidas del Marcel Rouff, La vie et la passion de Dodin-Bouffant,
gourmet, publicada en los años veinte del pasado siglo y reconvertida en el XXI
en una novela gráfica de éxito. La película, que logró el premio a la mejor
dirección del pasado festival de Cannes, ha sido la elegida para representar a
Francia en los Oscar (no sin la merecida polémica por dejar fuera a la
incontestable Anatomía de una caída, de Justine Triet). Gastronomía y
chovinismo servido en bandeja. Después de todo, Hollywood ya se encandiló en
los ochenta con un referente del cine culinario, El festín de Babette,
adaptación del cuento de Isak Dinesen dirigida por Gabriel Axel, y otra
adaptación, la mexicana Como agua para chocolate (1992), basada en el
libro de Laura Esquivel, fue un fenomenal éxito de taquilla en Estados Unidos.
Situada a finales del
siglo XIX, A fuego lento es una mirada al trabajo en la cocina como
vínculo de amistad y amor. Un lugar siempre en marcha aunque sereno, que
contrasta con la histeria de la popular serie The Bear. El director de El
olor de la papaya verde (1993) pone el foco en el espacio-escenario de la
cocina, un laboratorio de grandes mesas de madera con toda su parafernalia.
Mucho más importantes que las cristalerías y vajillas de porcelana son los
paños y los mandiles de lino, los cacharros de cobre y los viejos utensilios de
un lugar entregado a las labores de descubrimiento del placer.
Todo en A fuego lento
gira alrededor de la gastronomía, también la manera de entender el amor:
Binoche y Magimel expresan sus contrariados sentimientos a través del paladar.
Plagada de citas culinarias y de un inevitable exceso de empalago, la película
cumple su papel de manjar, que, guiado por los sonidos y movimientos de una
historia de amor y recetas, consigue literalmente que la boca del espectador se
haga agua. (Elsa Fernández-Santos)
Título
original: Anatomie d'une chute. Dirección: Justine
Triet. País: Francia. Año: 2023. Duración: 150 min. Género:
Drama, Thriller.
Guión: Arthur Harari, Justine
Triet. Fotografía: Simon Beaufils. Montaje:Laurent Sénéchal.Producción:
Les Films Pelléas, Les Films de
Pierre.
Palma
de Oro en el Festival de Cine de Cannes 2023. Mejor Película en los Premios del
Cine Europeo 2023.
Fecha del estreno: 6 Diciembre 2023 (España).
Reparto:
Sandra Hüller (Sandra Voyter), Swann Arlaud.
(Maître Vincent Renzi), Milo Machado Graner (Daniel), Antoine Reinartz
(Abogado), Samuel Theis (Samuel Maleski), Jehnny Beth (Marge Berger).
Sinopsis:
Sandra, una escritora
alemana, vive con su marido Samuel y su hijo ciego, Daniel, en un chalé en
medio de los Alpes franceses. Cuando Samuel fallece en misteriosas circunstancias,
la investigación no puede determinar si se trata de un suicidio o de un
homicidio. Sandra es arrestada y juzgada por asesinato, y el proceso pone su
tumultuosa relación y su ambigua personalidad en el punto de mira.
Comentarios:
Las películas sobre
procesos o dramas judiciales forman un verdadero subgénero, dentro del más
amplio del thriller o policiaco. Y es que el cine ha encontrado quizá aquí la
única manera de mostrar el derecho como algo divertido. Todo conflicto que no
pueda ser resuelto de manera amistosa tiene que plegarse a los trámites y a la
jerga jurídicos, por lo que es casi obligada esta recurrencia del cine de dicho
subgénero cuando todo aquel tiene como una de sus notas definitorias, al menos
según la ortodoxia del guión, la de plantear y eventualmente resolver un
conflicto determinado. Si se quiere desgranar este con minuciosidad, apelando a
un tratamiento más racional que pasional, pero sin renunciar a la fascinación
(de ahí la diversión) que despierta todo análisis de algo desconocido o
incierto, la investigación criminal o el proceso judicial se prestan bien a tal
labor. Es casi como el equivalente de una autopsia, para el forense, que al
examinar las entrañas de un cadáver descubre toda la descomposición que ha
podido conducir a su muerte. En una investigación o en un proceso, también se
trata de levantar capas para revelar el meollo de un crimen, usando la palabra
en lugar del bisturí, aunque aquella puede funcionar igualmente como
herramienta de incisión y disección. Por ello es afortunado el título del
magistral drama judicial, Anatomía de un asesinato, dirigido por Otto Preminger
y protagonizado por James Stewart en 1959. Al mencionar ya el asesinato en el
título, quedaba claro el tipo delictivo sobre el que giraría toda la película.
Para su tercer trabajo,
que ha decidido integrar en todo este subgénero, Justine Triet sigue aquel
referente clásico y lo titula Anatomía de una caída. Sin embargo, en
este caso no se hace referencia directa a un crimen, teniendo en cuenta por lo
demás que la caída en cuestión tiene dos acepciones: física y psicológica. Un
hombre cae desde el ático de su casa sobre el suelo nevado, pero ello
desencadena (o refleja) una caída de otro tipo, la de su familia, y en
particular la de su mujer (Sandra Huller). Enseguida ésta aparece como
sospechosa, pues no habría motivo para que este hombre se precipitara, fatal y
voluntariamente, desde lo alto de su domicilio, ni de que otra persona entrara,
vil y subrepticiamente, en su interior para empujarlo. El matrimonio vivía en
una casa aislada, y su hijo único estaba paseando a su perro. Tales son los
hechos que observamos en el primer tramo de metraje, antes de que sean
recreados y valorados hasta la saciedad en la instrucción y el juicio
subsiguiente. Esto último concentra el grueso del metraje y Triet y su
coguionista Arthur Harari lo desarrollan con gran verosimilitud, tanto
narrativa como estrictamente jurídica (se nota en este punto el asesoramiento
experto). Con todo, el filme ya destaca en su parte anterior, la antes
relatada, porque ya entonces advertimos muchos detalles significativos. Por
ejemplo, la transición entre el instante posterior al fallecimiento del hombre
(antes no se le ha visto, solo se le intuía fuera de campo) escrutado por el
perro, y el siguiente plano en que este animal camina por la casa ya ocupada
por los agentes, hasta una foto de su antiguo amo (es la primera imagen suya,
solo retratada, sin vida). Se establece pues un vínculo temprano entre hombre y
mascota (aunque esta sea más bien custodia del niño), en apariencia anodino,
que luego será clave para desentrañar todo este misterio.
Esta primera parte de la
historia, además de impulsar muy oportunamente el drama, es muy ajustada desde
un punto de vista técnico, aunque de nuevo, de primeras, no lo parezca.
Seguimos hablando de las transiciones, en este caso mediante el empleo de la imagen
y el sonido, como por ejemplo los planos sucesivos y progresivamente alejados
de la casa, con la reducción en volumen de la música diegética, para poco
después volver al interior de esa localización, una vez acontecida la
desgracia, y con otro número paralelo de planos detalle, otra vez con aquella
música, mostrar desde varios ángulos el lugar del “crimen”. Valgan estos
ejemplos para dejar constancia de uno de los grandes méritos de esta cinta, que
es presentar como fortuitos o espontáneos, ya sea narrativa o técnicamente,
elementos que en el fondo están muy pensados y que tienen mucho sentido. Este
fondo concienzudo se corresponde bien con el mentado género de Anatomía de
una caída, y con su voluntad de revelar, progresiva pero incansablemente,
todas las dimensiones de esa caída, tanto la del hombre solo como la de su
matrimonio. Realmente, quien toma el protagonismo es su mujer, en cuyo papel
Sandra Huller nos regala una actuación tan portentosa como matizada, en varios
registros y en dos idiomas alternos. Guión e interpretación son así los puntos
fuertes de la película, si bien como decíamos su puesta en escena tampoco es
descuidada. No estamos ante una obra demasiado original, pues sigue la estela
de todos sus referentes cinematográficos, pero apenas se le pueden encontrar
fallos en su concepción y ejecución, precisamente por su grado de detalle.
Hasta cabe mencionar uno que podría restar verosimilitud al conjunto, como es
la conversación recordada por un testigo años después, para resolver una duda,
recurso habitual en este género pero que sería imposible en la vida real (nadie
tiene tan buena memoria). Pues bien, hasta esto tiene aquí su explicación. En
cualquier caso, no todo es expositivo sino que se deja margen para la
interpretación, incluyendo, como suele suceder, la culpabilidad de la acusada y
las circunstancias reales del mediático crimen, por lo que el espectador tendrá
que tomar partido en todo un juego que, por mucha prueba y verdad que se
aporten, no deja de ser puramente subjetivo. (Ignacio Navarro)
Título
original: Creatura. Dirección: Elena
Martín. País: España. Año: 2023. Duración: 112 min. Género:
Drama.
Guión: Elena Martín, Clara
Roquet. Música: Clara Aguilar. Fotografía: Alana Mejía González.Producción:
Vilaüt Films, Lastor Media, Avalon P.C, Elastica Films, TV3, Filmin.
Mejor película en la
sección “Quincena de realizadores” del Festival de Cine de Cannes 2023
Fecha del estreno: 8 Septiembre 2023 (España).
Reparto:
Elena Martín (Mila 35), Oriol Pla (Marcel), Àlex
Brendemühl (Gerard), Clara Segura (Diana), Clàudia Dalmau (Mila 15), Mila
Borràs (Mila 5), Marc Cartanyà (Gerard), Carla Linares (Diana), Teresa
Vallicrosa.
Sinopsis:
Tras mudarse con su
pareja a un nuevo hogar, Mila se da cuenta de que su pérdida de deseo se
encuentra en sí misma. A partir de ahí, empieza un viaje en el que revisita
experiencias de su infancia y adolescencia con la esperanza de reconciliarse
con su propio cuerpo.
Comentarios:
¿Dónde, cuándo y por qué
nace el deseo sexual? ¿Cómo se desarrolla la excitación? ¿En qué momento de
nuestras vidas somos conscientes de lo que nos está ocurriendo? ¿Cómo se
convierte en plena? ¿Por qué de ese determinado modo y no de otro? ¿Qué
condicionantes físicos, familiares, generacionales, sociales, culturales y de
género provocan que ese deseo parta, se explore y se consuma de una forma y no
de otra?
Las preguntas que plantea
Creatura, la fascinante y formidable segunda película como directora de
Elena Martín, son de una abrumadora complejidad. Lo son en el aspecto
científico y en el sociológico, y por supuesto también en el cinematográfico.
¿Cómo se pergeña, se cuenta y se filma todo eso? Lo que ha hecho esta aún joven
cineasta y actriz, de 31 años, tiene una relevancia artística de enorme
enjundia. De su envergadura personal se encargará cada espectador a la salida
del cine, sea hombre o mujer, porque esto nos atañe a todos. De hecho, quizá el
título debiera haber sido “del deseo de una mujer”, y no “del deseo femenino”.
Porque, aunque en la mujer y en los hombres haya modelos y arquetipos del
deseo, cada mujer lo es de un modo diferente (igual que los hombres), y cada
ser humano se topa, y seguramente se tropieza, a lo largo de su vida con la
excitación y con su práctica a través de formas particularmente distantes.
Creatura
no es una obra de tesis (y está bien que sea así), pero despliega un amplio y
ambicioso abanico por medio de un único personaje: en la edad adulta, durante
la adolescencia y con el tabú de la excitación infantil. El misterio del deseo
y su reflejo en el cuerpo y la mente, a lo largo de tres etapas que se van
intercalando con naturalidad y exactitud en el guion de la propia Martín y de
Clara Roquet, su compañera de escritura. Sin otorgar respuestas, porque no las
hay, pero acercándose sin freno a la existencia de esta mujer en crisis de
pareja por culpa de la falta de conexión en el sexo, que no tiene más remedio
que volver la vista atrás —a los 15 años, y a los cinco—, a los momentos en que
comenzó a sentir ese deseo, intentó desarrollarlo, y su propio cuerpo reaccionó
de una forma extraña y antinatural que ahora se repite: una urticaria severa,
producto de la somatización.
Filmada con elegancia,
pulcritud y no por ello sin explicitudes, acompañada de una puntual banda
sonora envolvente y disonante, la película puede ser incómoda para algunos,
pero será reveladora para la mayoría. De las mujeres y de los hombres, que se
verán reflejados en actitudes, frases y circunstancias que incluso servirán de
recuerdo de aquello que sintió y nunca ha sabido explicar. Con cierto
simbolismo, sobre todo en sus últimas imágenes, pero reflejando con concreción
la materialización física de la excitación de un modo maravillosamente
cotidiano.
Martín, también actriz
protagonista, que debutó tras la cámara con la excelente Jùlia Ist en
2017, y que interpretó un corto con el que Creatura podría formar un
interesante tándem, Suc de síndria, alrededor de la recuperación del
cuerpo, la mente y el deseo tras una agresión sexual, tiene la valentía de
llegar a extremos muy ásperos, pero reconocibles, en torno a la atracción, el
cariño, la excitación y la culminación de la pasión en todas las edades. Y ahí
también tiene una importancia primordial el papel del hombre, casi siempre
confuso, algunas veces cómplice, otras tantas insultante (“No sabía que eras
tan guarrilla”), ante las enigmáticas derivas de una mujer compleja. (Javier
Ocaña)
Título
original: Strange Way of Life. Dirección: Pedro
Almodóvar. País: España. Año: 2023. Duración: 31 min. Género:
Cortometraje, Western.
Guión: Pedro Almodóvar. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: José Luis Alcaine.Producción: El Deseo, Saint
Laurent.
Sección Oficial (fuera de
competición) del Festival de Cannes 2023.
Fecha del estreno: 26 Mayo 2023 (España).
Reparto:
Ethan Hawke (Jake), Pedro Pascal (Silva), Jason
Fernández, José Condessa, George Steane, Manu Ríos, Pedro Casablanc, Sara
Sálamo, Erenice Lohan (Clara).
Sinopsis:
Un hombre cruza a caballo
el desierto que le separa de Bitter Creek. Viene a visitar al Sheriff Jake.
Veinticinco años antes, ambos -el sheriff y Silva, el ranchero que cabalga a su
encuentro- trabajaron juntos como pistoleros a sueldo. Silva viene con el pretexto
de reencontrarse con su amigo de juventud, y en efecto celebran su encuentro,
pero a la mañana siguiente el sheriff Jake le dice que la razón de su viaje no
es el recuerdo de su vieja amistad.
Comentarios:
Hay películas cuya razón
de ser no se revela hasta el instante final. Extraña forma de vida, el
nuevo mediometraje de Pedro Almodóvar es un canto al romanticismo más loco y
crepuscular vestido de wéstern. Una historia de deseo entre dos vaqueros que
pese a su latente erotismo solo es al final de sus veloces treinta minutos
cuando se desboca toda su secreta emoción. Rodada en inglés, con Ethan Hawke y
Pedro Pascal en la piel de dos viejos amantes que se reencuentran en su
madurez, Extraña forma de vida ha pasado por la segunda jornada de
Cannes dejando el sello de Almodóvar en un festival que le rinde auténtico
culto: bajo una lluvia torrencial, decenas de admiradores del cineasta se
agolpaban en los alrededores de la sala Debussy intentando pescar una entrada
libre para la proyección y la posterior charla entre Ethan Hawke y el cineasta.
El colapso fue tal que decenas de periodistas y acreditados con entrada se
quedaron fuera ante la avalancha de público.
Desde el mismo arranque
de la película no hay dudas de que este es un viaje al universo almodovariano:
un hombre a caballo, símbolo inequívoco del solitario ritual del wéstern, cruza
la pantalla mientras la inconfundible voz de Caetano Veloso interpreta uno de
los fados más populares de Amália Rodrigues, Estranha forma de vida. La
saudade, particular forma de melancolía, irrumpe en medio de la mitología del
Lejano Oeste.
Como ocurría en su
anterior mediometraje, La voz humana, protagonizado por Tilda Swinton
sobre el texto de Jean Cocteau, hay mucha libertad y mucho juego en este nuevo
concentrado del cineasta. Un juego plagado de referencias al género y su
implícito homoerotismo en el que la verdad de Almodóvar asoma casi de sorpresa,
en una recta final arrebatada, en la que aflora una especie de nuevo y
fulminante Átame, quizá la película que, junto a La ley del deseo,
mejor define la turbulenta idea del romanticismo de un cineasta especialmente
grave cuando entra en territorio masculino.
Hasta llegar a ese
momento, el director de Hable con ella se sumerge en la iconografía del
cine del Oeste para deconstruirla y llevarla a su terreno. Dos vaqueros se
reencuentran después de años separados y se emplazan para aclarar sus cuitas en
una secuencia doméstica nunca vista en el género. Cocinan, se observan con
deseo y hasta acaban haciendo juntos la cama mientras hablan sin freno. Hay
porcelanas y cuidados tejidos. Todo sin perder la rudeza de esa masculinidad
tan asociada al paisaje del desierto.
Hawke y Pascal condensan
en su espléndida madurez un poderoso atractivo que le sirve al cineasta para
romper desde la virilidad un arquetipo que ha mirado con hostilidad homófoba
cualquier rasgo ajeno a la masculinidad más tradicional. Almodóvar ha citado en
reiteradas ocasiones que su nuevo mediometraje es una respuesta al Brokeback
Mountain que nunca hizo cuando le ofrecieron dirigir la película, pero, en
realidad, Extraña forma de vida es la respuesta queer a un género que ha
escondido a lo largo de su historia su homoerotismo. En ese sentido, es
imposible no pensar en una figura como Montgomery Clift cuando vemos los ojos
claros de los jóvenes vaqueros de una película que recurre en su zona central a
un flashback en el que unos cueros de vino presiden una muy feliz y quijotesca
bacanal.
Almodóvar le toma la
medida al wéstern europeo en sus primeros planos pero es la sombra aniñada y
vulnerable de Clift la que, como tantos jóvenes del wéstern que desde su
juventud y belleza desafiaban los códigos, irrumpe en un duelo que recuerda al
célebre choque entre John Wayne y un imberbe Monty en Río Rojo, clásico
de 1948 de Howard Hawks cuyo subtexto gay ha dado pie a múltiples
interpretaciones. Ojos claros y puros que también nos conectan con El Zurdo,
la película que dirigió una década después Arthur Penn y en la que Paul Newman
daba vida a Billy el Niño, figura mítica del Oeste cuya ambigüedad fascinó al
escritor homosexual Gore Vidal.
Pero Almodóvar, que bebe
de una tradición tan cercana al Lonesome cowboys de Warhol como al Johnny
Guitar de Nicholas Ray (filme al que ya brindó su particular homenaje en Mujeres
al borde de un ataque de nervios), busca su propia filiación en un género
que también le remite a su propia niñez.
En su recién publicado
libro de relatos, El último sueño, Almodóvar evoca el pueblo manchego de
su infancia como un lugar parecido al salvaje Oeste. Un páramo físico y mental
en cuyo interior parece emerger ese volcán que también describe en su libro al
evocar a una de las mujeres de su vida, Chavela Vargas, que tenía mucho de
wéstern y de frontera. En definitiva, un universo de soledad y deseo encerrado
en un diálogo e imagen final en los que la mirada de Almodóvar a la pasión se
enfrenta, finalmente, a su destino. (Elsa Fernández-Santos)
Cuando su joven hijo
Minato empieza a comportarse de forma extraña, su madre siente que algo va mal.
Al descubrir que el responsable de todo ello es un profesor, irrumpe en la
escuela exigiendo saber qué está pasando. Pero a medida que la historia se
desarrolla a través de los ojos de la madre, el profesor y el niño, la verdad
va saliendo a la luz, poco a poco...
Comentarios:
Monstruo
es una película sobre la búsqueda de la verdad a través de todas sus capas.
Para ello, el gran cineasta japonés Hirokazu Kore-eda recurre a una estructura
narrativa a lo Rashomon, el clásico de Akira Kurosawa; es decir, se
aproxima a los mismos hechos a través del punto de vista de distintos
personajes. En ese cruce primará la mirada de una madre viuda que detecta
comportamientos extraños en su hijo preadolescente, el profesor que según ella
podría estar detrás del problema de su hijo y la mirada del propio crío, centro
de este intrigante y emotivo puzle en el que también figura la directora del
colegio y un compañero de clase.
Kore-eda propone un
camino a la verdad salpicado de matices y grutas secretas que enfrenta al
espectador a un magma en el que convergen la disfuncionalidad familiar y la
orfandad, las fallas del sistema educativo, el acoso escolar y, finalmente, el
corazón de una amistad.
Acompañado por la música
del fallecido Ryuichi Sakamoto y con un elenco de intérpretes maravillosos
entre los que destacan las actrices Sakura Any y Yûko Tanaka y los niños Soya
Kurokawa y Hiiragi Hinata, Kore-eda muestra con su habitual inteligencia
emocional a unos personajes acorralados por esas formas a veces imperceptibles
de violencia contemporánea que son la incomunicación y sus tentáculos. Aunque
la trama de la película a veces se retuerce en exceso, el resultado final
convence.
En Monstruo, que
logró el premio al mejor guion en el último festival de Cannes, vuelven a
brotar muchas de las obsesiones de su director, cuya filmografía está
atravesada por los dilemas y misterios de los lazos afectivos, consanguíneos o
no. Kore-eda ha contado alguna vez cómo el cine le salvó de su enfermiza
timidez y del estrecho hogar en el que creció, la pequeña y pobre casa de
estilo tradicional japonés, de las adicciones de su padre, un exprisionero de
guerra en Siberia, y de las penurias de la madre trabajadora.
Tras rodar en Francia y
Corea del Sur, el director de Nadie sabe, de Un asunto de familia,
Palma de Oro en Cannes, o de la más reciente Broker, regresa a su país
para urdir junto al guionista Yûji Sakamoto esta historia cruzada cuyos
personajes lidian con un dolor común: el del desamparo. Un desamparo que en
primera instancia anida en la propia familia para extenderse de forma más
brutal al colegio, microcosmos de una sociedad que expulsa lo que no acepta ni
reconoce y que Kore-eda, una vez más, acoge en sus brazos. (Elsa
Fernández-Santos)
Reparto:
Mathieu Amalric (Pierre), Margherita Buy
(Paola), Nanni Moretti (Giovanni), Silvio Orlando (Ennio), Barbora Bobulova (Vera),
Jerzy Stuhr (Embajador polaco), Blu Yoshimi (Actriz), Flavio Furno (Edoardo), Francesco
Brandi (Fabricante de herramientas), Laura Nardi (Maquilladora).
Sinopsis:
Giovanni (Nanni Moretti)
un conocido cineasta italiano, se prepara para rodar su nueva película. Pero
entre su pareja en crisis, su productor francés al borde de la quiebra y su
hija que no le hace caso, ¡todo se ha puesto en su contra! Siempre en el límite,
Giovanni va a tener que replantearse su manera de hacer las cosas, si quiere
conducir a todo su pequeño mundo hacia un futuro brillante.
Comentarios:
Sus películas le pueden
salir mejor o peor, pero para mí reencontrarme o revisitar el cine de ese señor
tan singular llamado Nanni Moretti siempre posee algo grato. Me garantiza
frecuentemente una sonrisa, imaginación con el sello de la casa, un estilo
agridulce para ofrecerte su insólita visión de las personas y las cosas. Bueno,
en alguna ocasión era imposible que te alegrara el ánimo. Todo era sombrío y
desolado, consecuentemente, cuando habló en la impresionante La habitación
del hijo de la ruina anímica que invade a una familia venturosa a la que le
ocurre algo tan salvaje e inconsolable como la muerte de uno de sus hijos.
Moretti es creíble y cercano en la comedia y en la tragedia. Sabe que la vida
contiene ambas cosas y es dueño de una personalidad tan inteligente como
identificable para retratar las luces y las sombras de esa cosa tan compleja
llamada vida.
Siempre asocio a Nanni
Moretti con la entrañable imagen de un tipo en vespa recorriendo Roma y
hablando con gracia tan identificable como peculiar de lo que ve, lo que
escucha, lo que piensa y siente. En El sol del futuro retorna
frecuentemente a esos parlamentos característicos con el pretexto de la
historia que está contando. Interpreta a un director de cine con una misión que
cada día se complica más. Está rodando una película ambientada en el pasado,
cuando un circo húngaro viaja a Italia y en su país la apertura y la libertad
que este reclama se ve aplastada con la invasión del ejército soviético, algo
que volverá a repetirse años después ante la pretendida y corta primavera de
Praga. Moretti cuenta la actuación del floreciente partido comunista de Italia,
con dos millones de afiliados, ante la salvajada que han cometido los sagrados
poderes de Moscú. En nombre de la revolución y del proletariado, por supuesto.
Y la escandalizada, valiente y conmovedora reacción de algunos disidentes, que
no pueden aceptar que en nombre del comunismo y del siempre implacable poder se
cometa esa barbarie.
Todo ello se narra
paralelamente a la muy complicada y afligida existencia del creador de esa
película, interpretado por un Nanni Moretti en su salsa. No para de hablar ni
de quejarse. Duda, se contradice, se exalta, se lamenta sin tregua del estado
de las cosas, se turba al descubrir que su hija veinteañera se ha liado con un
señor mayor que él mismo. Y, sobre todo, no intuye lo más grave: que la
comprensiva y dulce esposa, que también ejerce como productora en su cine, está
a punto de abandonarle porque ya no le aguanta más, porque está harta de su
egolatría y de sus permanentes quejas observándose permanentemente el ombligo.
Moretti combina muy bien
la comedia y el drama, sigue creyendo en la supervivencia de una izquierda
racional y que no sea deudora de las cansinas y mentirosas consignas, no
sectaria, subversiva en nombre de la verdad, aunque esta pueda ser incómoda. Y
si en Caro diario lograba crear una imagen perdurable de sus motorizados
paseos, aquí se permite el lujo de deslizarse en patinete o pasarse unos
minutos dándole patadas a un balón. Cositas que en otro personaje te
resultarían complacientes y prescindibles, y que en él te resultan naturales y
graciosas. También canta y baila acompañado de su exótico reparto. Yo, incluso,
me emociono un poco, cuando veo la interpretación que hacen de Voglio
vederti danzare, aquella canción que se inventó el maravilloso Franco
Battiato. Y salgo contento del cine, con esa sensación tan infrecuente. (Carlos
Boyero)
Título
original: Asteroid City. Dirección: Wes
Anderson. País: USA. Año: 2023. Duración: 104 min. Género:
Comedia.
Guión: Wes Anderson, Roman
Coppola. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Robert D. Yeoman. Montaje: Barney Pilling. Vestuario: Milena Canonero. Producción:
Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven M. Rales.
Sección Oficial del
Festival de Cine de Cannes 2023.
Fecha del estreno: 16 Junio 2023 (España).
Reparto:
Scarlett Johansson (Midge Campbell), Tom
Hanks, Margot Robbie, Jason Schwartzman (Augie Steenbeck), Tilda Swinton, Adrien
Brody, Bryan Cranston, Hope Davis, Jeffrey Wright, Liev Schreiber, Rupert
Friend (Montana), Maya Hawke, Matt Dillon.
Sinopsis:
En 1955, colegiales y
padres de todo el país se reúnen para un concurso escolar dedicado a la
observación de fenómenos astronómicos (Junior Stargazer Convention) que se
lleva a cabo en una ciudad ficticia del desierto estadounidense llamada
Asteroid City. La convención se verá espectacularmente interrumpida por eventos
que cambian el mundo.
Comentarios:
Las películas de Wes
Anderson solo las puede hacer Wes Anderson y en esta obviedad se encierra su
singularidad y las filias y fobias que provoca uno de los escasos cineastas
contemporáneos que son en sí mismos un género y una estética. Asteroid City,
el nuevo filme de este tejano aficionado a los trajes de pana y a la vida
europea, es el regreso de Anderson a sus raíces a través del imaginario del
desierto del Oeste y sus espejismos alienígenas.
En su anterior película,
la desparramada y agotadora La crónica francesa (2020), un personaje
“extranjero” decía: “Buscamos algo que nos falta, nos falta algo que dejamos
atrás”. Con la mirada en el retrovisor, Anderson ha encontrado ese “algo” en un
teatro de curiosidades retrofuturistas en las que su estado de ánimo
ensimismado viaja a la velocidad del Coyote y Correcaminos, personajes míticos
de los Looney Tunes (“¡Bip, bip!”), pero guiado por la melancolía
existencial de las viñetas de Charlie Brown, uno de sus eternos referentes.
Asteroid City
atraviesa cierta memoria de la inocencia estadounidense de los años cincuenta a
través de dos lugares que parecen encerrar la idea idealizada de un país que el
director de la inolvidable Moonrise Kingdom (2012) observa desde su
perpleja distancia. En el corazón de la película está el escenario del
desierto, podría ser el de Nevada, con sus leyendas de ovnis y sus ecos del folclore
del Oeste. Del otro lado está el Este, concentrado en las bambalinas del teatro
del Broadway neoyorquino donde se representa ese desierto, un espacio que por
momentos evoca el ambiente del mítico Actors Studio. El color saturado
está reservado para la obra que transcurre en la nada y el blanco y negro para
la tramoya donde se gesta esta función de niños sabelotodo, padres solitarios y
extraterrestres despistados. Son dos escenarios antagónicos unidos por un
narrador televisivo que mueve los hilos de todas las marionetas.
Por estas tres pistas
discurre un infatigable desfile de estrellas, la mayoría de ellas, cómplices
habituales del cine de este director amante de las casas de muñecas y los
planos hechos con tiralíneas. Un elenco que conoce bien un estilo de, perdón
por el oxímoron, telegráfica verborrea a lomos de decorados que lo absorben
todo. Una vez más, el cineasta se vale de un firmamento de grandes nombres como
un camuflaje de sus crípticas ideas y emociones.
Después de viajar por el
mundo —de la Europa del Este de El gran hotel Budapest (2014) al Japón
en Isla de perros (2018)―, Asteroid City tiene mucho de regreso a
casa. Anderson, creador fetichista y perfeccionista, busca la fantasía de su
tierra desde un decorado imaginado en el mesetario pueblo madrileño de Chinchón
y quizá por eso este páramo de experimentos nucleares, estética de familias tupperware
y adolescentes cum laude encierra un íntimo misterio.
Sin la soledad de los
niños prodigio no existiría la esencia del cine de Wes Anderson y a este
desierto teñido de azul turquesa, corales, marrones y amarillos llegan una
serie de familias atraídas por una convención escolar para futuros astrónomos.
A sus 54 años y con once
películas a la espalda, la alambicada afición de Anderson al juego de muñecas
rusas fluye en Asteroid City. Un decorado dentro de otro decorado y otro
hasta configurar un mosaico de minirrelatos, memorabilia, canciones y símbolos
tan encerrados en sí mismos que por momentos el espectador corre el riesgo de
quedarse al otro lado del espejo. Pero el núcleo central de la película, ese
vacío en el vacío de un desierto que ni siquiera es lo que es, es de una
imaginación tan extraña, fértil y poderosa que solo cabe dejarse abducir por su
alienígena belleza.(Elsa Fernández-Santos)