domingo, 18 de diciembre de 2022

Sintiéndolo mucho (Fernando León de Aranoa, 2022)

 

Título original: Sintiéndolo mucho. Dirección: Fernando León de Aranoa. País: España. Año: 2022. Duración: 120 min. Género: Documental.

Guión: Fernando León de Aranoa. Música: Leiva. Fotografía: Mariano Agudo. Montaje: Polo Menárguez, Clara Martínez Malagelada. Sonido: Jesús Espada Zaragoza, Ramón Rico Elías. Producción: BTF Media, Reposado Producciones, Sony Music España.

Fecha del estreno: 18 Noviembre 2022 (España).

 

Reparto: Joaquín Sabina, Fernando León de Aranoa, Leiva, Antonio García de Diego, Pancho Varona.

 

Sinopsis:

Retrato de Joaquín Sabina sin bombín, hecho a muy pocos centímetros de su piel, con nocturnidad y alevosía, por su amigo, el cineasta Fernando León de Aranoa. Un relato como su voz, áspero, directo y sin ecualizar, que cuenta sin atenuantes la intimidad del artista, sus bambalinas, su cara B. Que comienza cuando baja del escenario, que le acompaña en lo cotidiano, y así en lo inesperado: en la risa y en el drama. “Sintiéndolo mucho” es el resultado de trece años de rodaje juntos, y recorre todos los escenarios de Joaquín Sabina, públicos y privados, luminosos y ocultos. Un paseo por las claves de su vida y de su trabajo: por lo que le mueve, por lo que le inspira, por lo que le duele, desarrollado siempre a partir de situaciones vivas, compartidas, entre músico y cineasta.

 

Comentarios: 

El documentalista es, por definición, un hombre paciente, que coloca la cámara y espera que la naturaleza le dé lo que busca; también la naturaleza humana. No se podría asegurar que Fernando León de Aranoa sea un documentalista, pero sí da la impresión de ser un hombre paciente. Se estrena ahora su película ‘Sintiéndolo mucho’, que es un documental elaborado durante trece años de seguimiento a Joaquín Sabina, un personaje grande que puede pasar por cantante entre los poetas y por poeta entre los cantantes, alguien que ha hecho de la letra su música. Años de laboriosidad y paciencia hasta lograr que se le revelara la foto de Sabina; años en los que, mientras tanto, Fernando León, ha rodado otras películas, ‘Un día perfecto’, ‘Política, manual de instrucciones’, ‘Loving Pablo’ y ‘El buen patrón’.

Richard Linklater ‘sólo’ tardó doce años en rodar ‘Boyhood’, esa película que recogía el desarrollo vital de un personaje desde niño hasta que se convertía en adulto; Fernando León, su trabajo sobre Joaquín Sabina, tiene más tiempo y otra intención, la de recoger a un cantante en la cima del éxito, mostrarlo en su actividad musical, creativa, en sus viajes y conciertos hasta que se convierte en la pantalla en persona cercanísima, que le muestra a la cámara sus heridas, sus miedos, sus chiquilladas, familia, grandezas y menudencias. Cualquiera que entienda de música y de músicos percibirá que eso no es la prioridad de la cámara de Fernando León, aunque la película esté regada de momentos musicales, sino que el auténtico propósito es proporcionarnos otro vehículo en el que viajar hasta lo profundo de Sabina, el hombre que habla entre bambalinas, que opina, cita, bromea y cuenta aspectos de su vida como si todos estuviéramos sentados a su alrededor en una silla de enea.

El resultado de ‘Sintiéndolo mucho’ es el fruto de la paciencia, la constancia y el trabajo, pero, sobre todo, es el fruto de la generosidad. Naturalmente, la de Sabina, que se arriesga a rebuscarse ante la cámara sin maquillajes; pero también la de Fernando León, documentalista aquí muy documentado, que se ofrece casi de constante contraplano, exponiéndose al tiro de cámara, al riesgo de ‘estar’ donde hubiera valido con ‘ser’, lo cual, más que reproche debería significarle felicitación por subrayarse como testimonio de lo que testimonia.

El centro, el único centro, es Joaquín Sabina, el tipo del bombín, de las mil goteras, de fragilidad berroqueña, de ojos tunos y voz agrietada, y que tiene tiempo, dos horas, trece años, de vivirnos momentos de jolgorio, de nervios previos y dudas posteriores, de sentarse a pensar y decir, de colapsar o de sentir en vivo el amago de la muerte, como aquella tarde en México con José Tomás.

Podría pensarse que es una película sin plan, o sin otro plan que tenerlo ahí, rodada a golpe de circunstancia, entre lo cotidiano y lo azaroso, pero el sin plan funciona, el grito se oye y la circunstancia entretiene, divierte, emociona. Y la foto, movida, pero una gran foto, tiene el marco apropiado y la pared precisa para quedarse colgada. (Manuel J. Lombardo)

Recomendada.



sábado, 17 de diciembre de 2022

El hombre de las mariposas (Maxi Valero, 2011)


 

Título original: El hombre de las mariposas. Dirección: Maxi Valero. País: España. Año: 2011. Duración: 107 min. Género: Drama.

Guión: Maxi Valero. Fotografía: Óscar Montesinos. Música: Marcos Cruz, Maxi Valero. Producción: Somnia Ars, ICAA

Sección Oficial del Festival de Cine de Málaga 2011. Tesela de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Alicante 2011.

Fecha del estreno: 31 Octubre 2012 (España).

 

Reparto: Lluis Soler, Ana Milán, Claudia Silva, Carlos Manuel Díaz, Sergio Caballero, Pep Ricart y Oleg Kri.

 

Sinopsis:

Sergei, un exmilitar soviético relacionado con las mafias del Este, vive escondido en un viejo caserón entre viñedos. Su extraña y solitaria vida cambia inesperadamente cuando debe hacerse cargo de su sobrina Natasha, una conflictiva niña de doce años. Los dos son seres desarraigados, educados en la violencia, que deben enfrentarse al reto de convivir y ayudarse mutuamente, sacando de sí mismos lo mejor que llevan dentro. Jacob, el padrastro de la niña, un tipo relacionado con los bajos fondos, tendrá un papel clave en el futuro de su hijastra. Por su parte Silvia, una médico de oscuro pasado, será el nexo de unión entre Sergei, Natasha y el mundo que los rodea.

 

Comentarios:

El debut de Maxi Valero en cine tras sus escarceos con la televisión en funciones de guionista y compositor (de hecho, la banda sonora del film que nos ocupa también es obra suya) tenía como máximo aliciente al veterano actor de teatro y televisión Lluís Soler, que si bien ya había tenido sus más y sus menos con el cine (le podemos recordar por papeles como los de Bienvenido a Farewell-Gutmann o Caracremada), aquí consigue un papel protagónico del que se intuye que el cambio de formato no supone ninguna dificultad para el catalán aun interpretando el papel de un ex-militar soviético, con todo lo que ello conlleva.

Es todo un alivio, no obstante, poder decir que El hombre de las mariposas no necesita sustentarse en una interpretación que ya se sabía vencedora desde un primer momento, y aunque en sus primeros compases Valero nos lleve hacía uno de esos relatos de comprensión entre dos personajes opuestos que ya hemos visto en demasiadas ocasiones como para sorprender, todo termina virando en la dirección de un viaje redentor que bien se podría emparentar con el Gran Torino de Clint Eastwood (salvando las distancias, claro) más que por las decisiones de su personaje, por el modo en como conduce Valero lo que parecía ser una historia de aprendizaje para que derive en algo distinto y, porque no decirlo, con el punto de madurez necesario como para que el conjunto alcance algunos de sus objetivos.

Ese ex-militar ruso llamado Sergei que responde al nombre de Lucio nos revela a un personaje repleto de cicatrices internas, cuya parquedad en la palabra y formas de lobo solitario encubren el auténtico carácter de alguien que solo busca esconderse cual animal herido, pero que al toparse con la rebelde y chillona Natasha, una muchacha de apenas 12 años hija de un mafioso llamado Jacob que se casó con la hermana del protagonista, encontrará un verdadero parapeto vital a través del cual excomulgar sus culpas, así como un modo de alejar esa soledad que comparte con Silvia, una mujer que ejerce de doctora y prácticamente parecería un reflejo de Sergei (alcohólica, esquiva y solitaria, aunque con mayor don de la palabra) si no fuese por lo que difieren de sí unos conflictos internos que iremos descubriendo con el avance del film.

Maxi Valero, sabiendo que el material que tiene entre manos durante el primer tercio del film es, probablemente, la parte más endeble del film, intenta dotar a esa relación de un carácter distinto. En ella no hay florituras de ningún tipo: si hay que pasar hambre con tal de no cenar acompañado, que así sea, si hay que gritar para reivindicar una postura que en el fondo no es tal, se hace, y pese a recibir insultos de toda clase, Sergei muestra un respeto inusitado por su nueva inquilina, hecho que terminará derivando en un entendimiento mutuo al observar Natasha que se aleja de la violencia de un mafioso, su padre, al que no parece importar en exceso el devenir de su hija, ni lo haría de no ser por ciertos intereses.

La realización del cineasta, sin resultar excesivamente buena, sabe manejar a la perfección la gama de tonalidades que esconde tras de sí El hombre de las mariposas, y es que iniciar con ese sólido drama para terminar arrancándose en el thriller sin olvidar la historia que tiene tras de sí, es ya por si solo un mérito lo suficientemente grande como para no verse escupido nunca de una cinta que deja momentos realmente potentes cuando entra en ese último tercio, pero los sabe conjugar a la perfección con un carácter que nunca se dirige hacía terrenos yermos, cosa que podría haber sucedido sin problema teniendo en cuenta lo truculentos que podrían haber sido esos minutos finales y lo bien resueltos que realmente están.

Completan un trabajo más que interesante la interpretación de un Lluís Soler al que, por envergadura y características físicas el papel le venía de maravilla, pero a ratos parece no encajar ese acento pese a salir airoso sin demasiados problemas, al que acompaña la pequeña y cumplidora Claudia Silva y que define en cierto modo con un aire western para culminar un mix de géneros (es inevitable realizar conexiones también con el cine de mafias) que nos deja a un cineasta de futuro al que habrá que seguir de cerca de ahora en adelante. (Grandine)

Recomendada (con reservas).




jueves, 15 de diciembre de 2022

Police (Anne Fontaine, 2020)

 

Título original: Police. Dirección: Anne Fontaine. País: Francia. Año: 2020. Duración: 98 min. Género: Drama.  

Guión: Claire Barré, Anne Fontaine (basado en una novela de Hugo Boris). Fotografía: Yves Angelo. Montaje: Fabrice Rouaud. Vestuario: Emmanuelle Youchnovski. Dirección artística: Arnaud de Moléron. Producción: Jean-Louis Livi, Philippe Carcassonne.

Presentada en el Festival de Berlín 2020.

Fecha del estreno: 30 Abril 2021 (España)

 

Reparto: Virginie Efira, Omar Sy, Grégory Gadebois, Peyman Moaadi, Elisa Lasowski, Anne-Pascale Clairembourg, Cédric Vieira, Anne-Gaëlle Jourdain, Emmanuel Barrouyer, Cécile Rebboah, Thierry Levaret, Gwenaël Clause, Tadrina Hocking, Aurore Broutin, Damien Abysique.

 

Sinopsis:

Virginie, Erik y Aristide, tres policías parisinos, se ven obligados a aceptar una misión poco habitual: reconducir a un extranjero a la frontera. Durante el camino al aeropuerto, Virginie entiende que si el prisionero pone un pie en su país de origen sufre el riesgo de morir. Frente a dilema moral, intenta convencer a sus colegas de que lo dejen escapar.

 

Comentarios:

“¿Soy un buen poli o no?”, “No hacía falta abrir el sobre”. Cuando el uniforme se agrieta y emerge el ser humano que se esconde bajo la coraza de obedecer órdenes, es difícil saber cuál de los dos volverá a salir. Police, de Anne Fontaine, se centra en esa zona gris donde los problemas personales se confunden con los profesionales y los valores morales individuales chocan con la coraza del deber.

Esta inmersión de 24 horas en una comisaría parisina que tiene como trasfondo la inmigración clandestina y las expulsiones en la frontera, suponía un riesgo debido a los casos de abuso de poder policial que tuvieron lugar en Francia en 2019. Pero la directora no carece de experiencia: su sentido agudo de lo esencial, la eficacia de la puesta en escena y de la estructura narrativa, la reconstrucción depurada pero creíble de la profesión de policía y un excelente trío de actores protagonistas le permiten evitar el desagradable obstáculo del panegírico y mantener perfectamente su línea habitual entre el cine de autor y el cine comercial (que sólo se desvía al final de la película).

El guión, escrito por Anne Fontaine y Clairé Barré, a partir de la novela homónima de Hugo Boris, empieza con una buena presentación de los tres policías protagonistas, a través de un día visto desde tres perspectivas diferentes. Virginie (Virginie Efira) está en plena crisis existencial, y ya no quiere ni a su marido ni a su bebé, que no la deja dormir desde hace 18 meses. Además, acaba de enterarse de que está embarazada y ha decidido abortar. Su colega Aristide (Omar Sy), padre de ese hijo no deseado, también esconde profundos problemas psicológicos detrás de su máscara de fanfarrón y bromista. En cuanto al rígido y alcohólico Erik (un fantástico Grégory Gadebois), acarrea una buena dosis de acritud alimentada por una vida de pareja donde se entremezclan la agresividad y los sentimientos. La vida cotidiana de los policías navega en las profundidades de una miseria humana cuyo dolor parece difícil de evitar (a medio camino entre “Yo no soy un héroe” y “No estamos allí para ofrecer ayuda humanitaria”): interpelar a los manifestantes, recuperar las pertenencias de una mujer maltratada en casa de un marido violento, recoger el cadáver de un bebé en un garaje mientras escuchan a su madre intentando justificarse (“Yo quiero a mi hijo. Quería sacarlo a tomar el aire”). Cuando los tres protagonistas de la película se ofrecen voluntarios (un incendio en un centro de retención moviliza a personal especializado) para trasladar al aeropuerto a un enigmático migrante (Payman Maadi) antes de ser expulsado, todas las tensiones acumuladas se concentran en el coche, durante el trayecto, pues parece que “si este hombre vuelve a su país, se arriesga a morir…”.

Police, un retrato estilizado y muy dinámico que consigue agrupar varias problemáticas gracias a una mezcla consumada de realismo e impresionismo se sitúa a una distancia prudencial para estudiar de manera aislada las angustias emocionales de estos tres policías y de su cautivo, los dilemas, las fragilidades, la espera asfixiante, la comunicación no verbal, la desconfianza, la ética profesional, las pulsiones de transgresión, el punto de no retorno… Un conjunto complejo muy bien dirigido por Anne Fontaine (con un buen trabajo de Yves Angelo en la dirección de fotografía) hasta una recta final donde la película pierde credibilidad al forzar la nota optimista. Este cine popular con un buen reparto no anula las cualidades anteriores, pero es una pena. (Fabien Lemercier)

Recomendada.