Hay secuencias cinematográficas que dejan
un impacto indeleble en nuestra memoria, a la que vuelven periódicamente, o por
lo menos eso es algo que a mí me ocurre con varias películas.
Una de ellas es la
primera secuencia de la película Manhattan de Woody Allen, esta secuencia dura 3,50
minutos en los que el director nos presenta a la ciudad de Nueva York,
concretamente a Manhattan, con sus bellezas y sus miserias, enseñándonos sus
imponentes edificios, su tráfico vertiginoso y su ritmo de vida frenético, la
basura, la delincuencia, el gentío, la belleza de los edificios, el arte y la
cultura, la naturaleza, en todas las estaciones del año.
Esto nos lo muestra en un montaje
acelerado que culmina con unos fuegos artificiales en una toma nocturna, con el
famoso skyline de la ciudad con las ventanas iluminadas, que es como una
explosión de la fuerza de la ciudad. Todo ello con una fotografía en blanco y
negro espectacular, con una neblina que envuelve la ciudad y que le confiere un
aura mágica. El artífice de esta fotografía fue Gordon Willis, el afamado
director de fotografía de El Padrino, que con un estilo realista y artístico,
utilizando unos espectaculares contrastes visuales consigue dar un tono irreal
a rincones característicos como el puente de Brooklyn, el MoMa o Central Park, así
como las calles, las obras y las multitudes.
Esta maravillosa secuencia está
acompañada por unamúsica, que para mí
ira siempre ligada a la ciudad de Nueva York, como es la ‘Rhapsody in Blue’, de George Gershwin, que comienza con un solo de clarinete que
además sube y baja en intensidad, rápidamente
acompañado por el metal, seguido por el piano, seguido por la cuerda y el resto
de la orquesta, en un crescendo que va creciendo con las imágenes de la ciudad
y culmina con la explosión de los fuegos artificiales. Esta obertura es,
por sí sola, la más hermosa oda que se ha dedicado a la ciudad de Nueva York.
Además de las imágenes y la música hay
una voz en off, que emulando a un escritor que comienza a escribirel capítulo de un libro, haceen forma de monologo titubeante una descripción
de su ciudad, realizado comentarios sobre la misma, mostrándonos distintos
puntos de vista sobre ella intentando
definirla, toda una magnifica declaración
de amor hacia la ciudad de Nueva York.
Es una secuencia que conjuga música,
fotografía, arquitectura y literatura de un lugar mítico: Inolvidable.
En el año 1979 España hacia poco que
había salido de una dictadura que había hecho de nuestras ciudades y de nuestra
cultura algo asfixiante, con lo que todos habíamos crecido. Yo cumplía 21 años,
era mayor de edad y ya podía votar (entonces la mayoría de edad era a los 21) y
tenía una enorme sensación de libertad por mi edad y por los cambios que se
estaban produciendo en mi país, pero había algo ideal que era el no va más de
la modernidad, de la libertad, de la cultura, de las posibilidades, de la
belleza y eso era Nueva York, algo así como la tierra prometida en la que todo
era posible y en la que todos estábamos admitidos, el gran mito.
Tras conocer Nueva York muchos años
después y en varias ocasiones, en cada una de ellas me ha embargado la misma
emoción que la primera vez y en todas ellas me han vuelto a la memoria esas
imágenes mágicas que Woody Allen y Gordon Willis nos presentaron en esa
película.
Os dejo la secuencia para vuestro recuerdo y para que os anime a ver de nuevo esta extraordinaria pelicula.
Laura, una de las
obras maestras del cine negro de la Fox y uno de los clásicosde la Historia del Cine, se debe a un cúmulo
de casualidades. Darryl F. Zanuck, jefe del estudio, la concibió desde el principio
como una película de “serie B”. El cambio de director a mitad del rodaje (de
Rouben Mamouliana Otto Preminger) y los
continuos problemas con la elección del reparto determinaron, junto a otras
dificultades, que Zanuck declarase resignado tras asistir a un premontaje de la
película: “Bien, nos hemos equivocado”.
No cabe duda que quien se equivocaba era él: Laura fue uno de los más grandes éxitos de público de 1944 y sirvió
para consolidar la carrera de buena parte de su equipo. Otto Preminger pasó
automáticamente a la primera fila de realizadores de la Fox. La actriz
protagonista, Gene Tierney, se convirtió en la fulgurante estrella del estudio,
mientras el debut de Dana Andrews como actor principal le aseguró una
importante presencia en otras películas, algunas dirigidas por el propio
Preminger (y una de ellas, Al borde del peligro -1950-, al lado de Gene
Tierney). Otro tanto sucedió con los secundarios Clifton Webb y Vincent Price,
que pasaron a interpretar papeles de mayor envergadura, y con otros miembros
del equipo de la parte técnica del film: Bonnie Cashin, encargada del
vestuario, y Joseph Lashelle, director de fotografía. Incluso alguien tan poco
célebre como el autor de la banda sonora, en este caso David Raksin, disfrutó
de cierta fama gracias a su “tema de Laura”.
Preminger era un recién llegado a
Hollywood. La oportunidad de producir y dirigir él mismo Laura, un
encargo de Darryl F. Zanuck, le garantizaba por primera vez el control absoluto
sobre una de sus películas. Y el inesperado éxito del film, en octubre de 1944,
hizo posible que su nombre destacara rápidamente por encima de la plantilla de
directores contratados por Zanuck.
Estamos en la “época dorada” del
cine americano, en el momento de apogeo de los grandes estudios de Hollywood (mayors)
entre ellos la Twenty Century Fox, que controlan la producción, distribución y
exhibición de sus películas.
Laura tiene la suerte de contar en su
rodaje con los mejores profesionales del estudio, lo que se traduce en un
absoluto triunfo a nivel artístico y económico, para sorpresa de Zanuck. Cinco
nominaciones al Oscar la avalan y consiguió de la Academia el de mejor
fotografía, ahí es nada para una peli de “serie B”.
El caso de Laura resulta
curioso: son peripecias de gestación de un producto concebido dentro de la
“serie B” de un estudio que, milagrosamente, llega a convertirse en uno de sus
grandes títulos “A”.
Preminger se interesó por la
novela de Vera Caspary y presentó un primer guión. Consiguió que el propio
Zanuck lo leyera y le diera el visto bueno, pero no consintió que Preminger la
realizara. Los dos habían discutido años atrás durante el rodaje de una
película y, desde entonces, Zanuck le había advertido que mientras él estuviera
en el estudio nunca volvería a dirigir. Otto Preminger sólo podía ser
productor. Zanuck envió el guión a varios directores, y sólo Rouben Mamoulian
aceptó el reto, no le gustaba el guión (lo detestaba), su única motivación eran
los 60.000 dólares del salario.
La elección del reparto fue
conflictiva. Zanuck barajó distintos nombres para el papel de Laura (Jenifer
Jones, Hedy Lamarr) hasta que dio con Gene Tierney, una actriz de teatro de
Nueva York que se había convertido en un popular modelo de magazines. Los
personajes masculinos fueron al final para Dana Andrews y Vincent Price. Pero
el mayor problema recayó en el papel de Waldo Lydecker (el malo de la peli). Preminger
apostó por Clifton Webb al verlo en una obra de teatro. Pero el director de
reparto, Rufus Lemaire, dijo ”no”. Justificó su postura con un contundente “he
flies” (queriendo decir que era homosexual). Naturalmente Preminger no lo ve un
inconveniente. Convence a Zanuck y éste contrata a Webb (poco después se
hicieron grandes amigos y Webb permaneció en la plantilla de la Fox durante
años).
Fotograma de "Laura"
Mamoulian discrepó con Zanuck,
pero comenzó el rodaje. Mamoulian no dejaba entrar a Preminger en el plató.
Zanuck vió los rollos que
Mamoulian filma y no le convencen. Lo despide y llama a Preminger. El nuevo
director hizo cambios significativos en el decorado, sustituyó el retrato de Laura
(que había pintado la esposa de Mamoulian, Azadia Newman) por una
fotografía de Gene Tierney cubierta al óleo, y reemplazó al operador Lucien
Ballard por Joseph Lashelle. Ballard quería irse y forzó su despido porque en
aquel momento estaba casado con Merle Oberon y podría trabajar en la Metro
Goldwyn Mayer junto a su mujer.
Zanuck asiste a un premontaje. No
le gusta el final, hay que rehacer el último tercio. Zanuck pretende resolver
el final como si todo hubiera sido un sueño.
A nadie le gusta la idea, pero
como Zanuck era el jefe, todos de acuerdo con él... menos Preminger. Se
contrata un nuevo guionista y Preminger se ve obligado a dirigir el nuevo final
(Waldo era arrestado). En el premontaje de la nueva versión, quiso el destino
que al visionado se sumara Walter Winchell, uno de los más poderosos
columnistas de América. Acabada la proyección Winchell le dijo a Zanuck que el
final era malo. Zanuck se tragó su orgullo, pidió a Preminger volver a poner el
final anterior. Se organizó un pase previo y fue un éxito.
Fotograma de "Laura"
Varias claves para entender el
triunfo de esta “pequeña película”:
Preminger
gusta de planos y escenas deliberadamente largas, con elegantes
travellings y movimientos de cámara adecuados. Las relaciones entre los
personajes presentan una correspondencia casi exacta en su posición dentro
del plano.
Laura, dentro del cine negro,
sitúa una historia criminal en el mundo sofisticado de la clase media de
Nueva York, en lujosos apartamentos, no en sucias callejuelas como era
habitual. El fotógrafo Joseph Laselle crea unos interiores con una
iluminación clara y definida, que resalta la elegancia de los decorados y
el físico de los personajes dándoles cierto glamour, creando un contraste
metafórico entre el bien y el mal. La comodidad del rodaje en estudio
aseguró un buen sonido directo en la película.
El
éxito de la película se debió en gran medida al pegadizo tema musical de
David Raksin, verdadero leivmotiv que evoca a la protagonista. Existen
hasta 400 versiones, es una de las piezas más grabadas y escuchadas del
siglo XX.
En este film se explican los impulsos criminales del
homicida: Laura, Perdición o La mujer del cuadro son el
inicio de una nueva corriente: la psicología criminal.
Título original: It follows. Dirección y guion: David Robert Mitchell. País: USA. Año: 2014. Duración: 97 min. Género: Terror.Productores: Rebecca Green, David Kaplan, Erik
Rommesmo, Laura D. Smith. Música: Rich Vreeland. Fotografía: Michael Gioulakis. Montaje: Julio C. Perez. Estreno en España: 29 Mayo 2015.
Jay, de 18 años, tiene su primer encuentro sexual con su novio en la
parte trasera de un coche. Tras el hecho, aparentemente inocente, la situación
se pone algo tensa cuando su novio hace que ella se desmaye. Al despertar, el
joven le explica que lo hizo para ahuyentar a una serie de espíritus que lo acosan.
A partir de ese momento, es Jay quien sufrirá las consecuencias de ese acoso,
encontrándose sumergida en visiones y pesadillas; teniendo la sensación de que
alguien o algo la observa
Fotograma de "It follows"
Comentarios:
Presentada en el Festival de Cannes 2014, en la Semana de la Crítica, nos
llega esta película de terror espeluznante, un terror realizado con inteligencia
por el que debemos brindar, tal como hace el crítico Jordi Costa al afirmar que
su director David Robert Mitchell plantea un gratificante punto de renovación
formal: la reivindicación del plano general extremo como instrumento para
provocar inquietud y romper con las inercias expresivas de un género más dado a
encerrar a sus personajes en planos claustrofóbicos con control efectista del
fuera de campo. Este novedoso recurso transforma radicalmente la manera en que
el espectador contempla una película de terror puro, desnudísima y, al mismo
tiempo, tan susceptible de ser sometida a lecturas sesudas.
Mitchell, que ya había inoculado inesperadas dosis de tristeza y
melancolía en la comedia de iniciación con su ópera prima The Myth of the
American Sleepover (2010), se entrega aquí a deconstruir las formas que el
género llevó a su extenuación en los ochenta. En un Detroit espectral, casi
vaciado de presencias adultas, una joven se convierte en eslabón de una
maldición que, en una suerte de guiño macabro a La ronda de Schnitzler, parece
funcionar como una enfermedad de transmisión sexual. El cineasta posee la
capacidad de dotar de una cualidad enigmática a toda imagen, revela una
sensibilidad que se diría descendiente de la del gran Val Lewton –ese productor
que, con la complicidad de cineastas como Jacques Tourneur, Robert Wise y Mark
Robson, se erigió en gran poeta del fantástico–, brilla en sus soluciones de
puesta en escena –la panorámica circular del prólogo– y se muestra tan empático
con la sensibilidad femenina como mordaz a la hora de retratar la sexualidad
masculina.
La cinta puede resultar “aburrida” para aquel que busque más de lo mismo.
Pero resultará hipnótica para aquellos que busquen algo más en el cine de
terror.
De vez en cuando escuchamos en el telediario como
noticia glamurosa que alguna productora extranjera está rodando una película en
nuestro país, lo que se considera un gran acontecimiento que atrae a numerosos
medios de comunicación, cinéfilos y curiosos varios. Sin embargo, en nuestro
país los rodajes de grandes producciones son ahora mucho menos habituales que
hace unos años y no porque hayamos perdido interés (nuestra riqueza cultural,
nuestro gran patrimonio artístico y nuestro paisajes siguen estando ahí).
Parece increíble que nuestros dirigentes no se den cuenta de la cantidad de
puestos de trabajo, publicidad y dinero que dependen de ello y no exista más
ayuda gubernamental e incentivos fiscales que atraigan a los grandes rodajes.
Podríamos nombrar muchas producciones, pero vamos a
señalar detalles de algunas de ellas desde los años cincuenta hasta los años
70:
Pandora y el holandés errante(1.951)
Filmada en Cataluña, cabe señalar que los rumores de
romance entre Mario Cabréy Ava Gardner
atrajeron a Sinatra y a una pulsera de 10.000 dólares a Tossa de Mar. Mientras
los extras cobraban 25 pesetas diarias.
El Cid (1.961)
Rodada en Peñíscola, Belmonte, La Pedriza y Sierra de
Guadarrama no tuvo un rodaje accidentado, lo difícil fue su preparación. Sofía Loren no estaba convencida con el guión y se
negó a aparecer envejecida por lo que tuvieron que ponerle a unas hijas más
jóvenes, alterando la historia. Charlton Heston por su parte no olvido nunca el
frío que paso.
El bueno, el feo y el malo (1.966)
Se rodó en Madrid, Burgos, Almeríay Granada. Un rodaje donde se trabajaron más
horas de las concertadas, a pleno sol, sin roulottes, ni hoteles buenos para
las estrellas. Para colmo unaccidente
lo complico más: un puente construido sobre el ríoArlanza fue volado antes de que se pudiese filmar.
Patton (1.970)
Con localizaciones muy diversas se rodó enMadrid, Almería, Pamplona y Segovia. En el
rodaje hubo conflicto con los extras españoles caracterizados de soldados nazis
que un día prefirieron comer a su hora que seguir rodando. En venganza,
Franklin J. Schaffner colocó petardos cerca de ellos y los hizo explotar. Y
cuando salieron corriendo… ¡los filmó!
El reportero (1.975)
Rodada en Barcelona, Málaga y Almería. En esta última
María Schneider, lanzada a la fama poco antes por “El último tango en París”,
denuncio a un fotógrafo aficionado que le hizo unas fotos mientras se bañaba en
la piscina de su hotel. Fíjense en que aparece como extra Joan Gaspart (futuro
presidente del Barça) como recepcionista del hotel Oriente.