COLECCIÓN DE CORTOS PROYECTADOS EN
EL TALLER DE CINE
Título original: Pecera.Dirección: Carlos
Bouvier. País: España.
Año: 2011.
Duración: 12
minutos. Guión: Carlos
Bouvier. Producción: Carlos Bouvier.
Dirección de Arte: Carlos de la Cuerda. Fotografía: Eduardo
Helguera. Montaje: Óscar
Morillas. Sonido: Arturo Fernández. Música: Terry Riley.
Intérpretes: Gema
Zelarayán, Gema Santoyo, Camila Bertone, Javier Mejía.
Sinopsis: Lola, la
directora de una sucursal de trabajo temporal, recibe la llamada de su superior
para decirle que los despidos improcedentes se están disparando con el
consiguiente gasto en indemnizaciones para la empresa. Así que, o se ataja esta
situación, o la sucursal de Lola tendrá que cerrar.
Consideraciones: Carlos
Bouvier no sólo ha dirigido numerosos cortos, sino que se ha formado también
como guionista y ha creado su propia productora. Éste que nos atañe ha sido
premiado en diversos festivales nacionales.
Prestar atención: Se
trata de un cortometraje reivindicativo cuyo título alude a las oficinas de
grandes cristaleras, aunque también podría tener otra lectura si atendemos a la
rotunda frase final, “despide a cualquiera de las dos” (los trabajadores son
meros peces, prescindibles e intercambiables). Este interesante guión juega con
dos tiempos distintos, uno inserto dentro del otro, lo que favorece lo
sorpresivo del final. El diálogo se basa en la falsedad del lenguaje y en el
disfrazar las verdades, todo de máxima actualidad. La música martilleante ayuda
a crear la atmósfera de opresión propia de la situación expuesta. Dedicado a
los trabajadores que se dedican a robar el trabajo a otros trabajadores, el
corto plantea el deseo desmedido de beneficios por parte del empresario y el
proceso de deshumanización que vivimos. ¿Y la ética?
Título original: Twelve years a slave.Dirección:
Steve McQueen. Países: USA y Reino Unido. Año: 2013. Duración: 135 min. Género: Biopic, drama. Guión: John Ridley; basado en la autobiografía de Solomon
Northup.Producción: Brad Pitt, Dede Gardner,
Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Bill Pohlad, Arnon Milchan y Steve McQueen. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbit. Montaje: Joe Walker. Diseño de
producción: Adam
Stockhausen. Vestuario: Patricia Norris. Estreno en USA: 8 Noviembre 2013. Estreno en España: 13 Diciembre 2013.
Intérpretes: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael
Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Paul Dano (Tibeats), Paul
Giamatti (Freeman), Lupita Nyong’o (Patsey), Sarah Paulson (Sra. Epps), Brad
Pitt (Bass), Alfre Woodard (Sra. Shaw), Garret Dillahunt (Armsby), Scoot
McNairy (Brown).
Sinopsis:
Basada en un hecho real ocurrido en 1850, narra la historia de Solomon
Northup, un culto músico negro -y hombre libre- que vivía con su familia en
Nueva York. Tras compartir una copa con dos desconocidos, Solomon descubre que
ha sido drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo en el Sur en una
plantación de Louisiana. Renunciando a abandonar la esperanza, Solomon
contempla cómo todos a su alrededor sucumben a la violencia, al abuso emocional
y a la desesperanza. Entonces decide correr riesgos increíbles y confiar en la
gente menos aparente para intentar recuperar su libertad y reunirse con su
familia.
Chiwetel Ejiofor
Calificación: 9, Magnífica.
Lo
mejor de la película: El esfuerzo de Steve McQueen de mostrar en cada film (Hunger, Shame) la inmundicia y la maldad
que habita en el ser humano. De nuevo, en esta cinta lo hace, que sin duda se
convertirá en un clásico. No estamos ante una película más que desarrolle los
acontecimientos ocurridos en América durante el siglo XIX, McQueen se centra en
la verdadera historia de Solomon Northup y con ello, aporta una gran originalidad
nunca antes vista. La puesta en escena es magnífica, como así lo es la edición
del sonido, la música y la fotografía. Chiwetel Ejiofor desborda el papel, al
igual que Fassbender, que siempre hace un trabajo excelente. Por destacar algún
momento, es sobrecogedor el magistral plano secuencia del intento de
ahorcamiento (convertido finalmente en castigo) de Solomon, funciona a la perfección
como metáfora de la pasividad de los esclavos ante su propia situación,
contribuyendo a los abusos a que eran sometidos.
Lo peor
de la película: El
brutal azotamiento de la esclava Patsey, hacia el final de la película, raya lo
“gore”, hay que retirar la mirada de la pantalla. No se puede soportar.
El pasado día 22 de
diciembre, Ismael G. Cabral, escribía un artículo en el diario El correo de Andalucía titulado “Hablando se entienden las películas”,
donde exponía como Sevilla Cinéfila y
nuestra Asociación Linterna Mágica
suponen dos nuevas maneras de ver cine en la ciudad.
Joan Fontaine (Tokio,
1917) falleció el domingo mientras dormía en su casa de Carmel (California) a
los 96 años. Con su muerte se rompe uno de los últimos eslabones con la edad
dorada de Hollywood. Fontaine, que alcanzó el estrellato gracias al productor David
O. Selznick, fue una de las actrices favoritas de Alfred Hitchcock y obtuvo un
Oscar por Sospecha. Su carrera
artística abarcó seis décadas, aunque declinó claramente a partir de los años
cincuenta, y aspiró a otros dos Oscar, que no consiguió, por Rebeca (película que daría nombre a la
prenda de vestir epónima) y dando la réplica a Charles Boyer en La ninfa constante (1943). Pero tanto o más
que por su carrera, Fontaine fue famosa por la enconada rivalidad que la
enfrentó a otra actriz rutilante, su hermana mayor, Olivia de Havilland.
Olivia fue la primera en
probar suerte en Hollywood, lo que forzó a Joan a cambiarse de apellido en los
años treinta, cuando empezó a conseguir papeles menores en películas no siempre
memorables y que, sin duda, estaban a una distancia sideral del clásico que su
hermana protagonizó en 1939, encarnando a la Melanie de Lo que el viento se llevó. Sin embargo fue en Fontaine, no en de
Havilland, en quien Selznick puso los ojos en la fiesta en la que le presentó a
un prometedor director, Alfred Hitchcock.
Junto a él rodó Rebeca (1940) y al año siguiente Sospecha, trabajos ambos por los que
recibió una candidatura al Oscar; lograría la estatuilla a la mejor actriz con
la segunda cinta, convirtiéndose, a sus 24 años, en la ganadora más joven del
premio. Fue esta victoria la que envenenó para siempre la relación entre estas
actrices nacidas en Japón, donde su padre trabajaba como abogado de patentes.
La distinguida familia de expatriados británicos, emparentados lejanamente con
la realeza, no se mantuvo mucho tiempo unida. El matrimonio acabó cuando Joan
tenía dos años. La madre se trasladó con sus dos hijas a California, donde se
casó con George Fontaine, de quien la menor tomaría el nombre artístico. Allí,
Joan y Olivia recibieron una formación exquisita pero espartana: la madre, una
actriz formada en la venerable Real Academia de Arte Dramático (RAMA)
londinense, las obligaba a recitar a Shakespeare tras la cena. Si su dicción no
era perfecta, recibían un golpe en los nudillos.
Con semejante
entrenamiento, Olivia se consolidó como actriz rápidamente cuando la Warner la
emparejó cinematográficamente con Errol Flynn. La hermana, que durante un
tiempo fue su chófer, lo tuvo más difícil. Aunque Irving Thalberg le ofreció su
primer papel en No más mujeres
(1935), después pasó año y medio inactiva. No empezaría a abrirse paso de
verdad hasta que Katharine Hepburn, con la que coincidió en Olivia (1937), se la recomendó a un
productor de la RKO.
El año que Fontaine ganó
el Oscar por Sospecha, De Havilland
concurría por Si no amaneciera.
Fontaine no solo se hizo con la estatuilla, sino que se negó además a aceptar
las felicitaciones de su hermana. No volvieron a dirigirse la palabra. De
Havilland ganaría en años posteriores otros dos Oscar, por La heredera y Vida íntima de
Julia Norris. Fontaine y De Havilland, todavía con vida a sus 97 años, son
las únicas hermanas que han conseguido un Oscar en la historia de estos
premios. Pero como declaró Fontaine en una entrevista, la rivalidad siempre
estuvo ahí. “Mi hermana es un león. Yo, un tigre. Y según las leyes de la
jungla nunca podremos ser amigas”, dijo. Incluso durante la reunión de
legendarias ganadoras del Oscar que organizó la Academia en 1979, las dos
hermanas fueron situadas en extremos opuestos del escenario.
Además de sus trabajos
junto a Hitchcock, la única actriz que trabajó con el maestro del suspense que
consiguió un Oscar, Fontaine protagonizó Jane
Eyre junto a Orson Welles, September
Affair (1950), con Joseph Cotten, y Una
isla al sol (1957), donde el romance interracial que protagonizaba con
Harry Belafonte no ayudó a relanzar una carrera que a partir de esa década se
fue dispersando.
Casada y divorciada en
cuatro ocasiones, Fontaine deja dos hijas de sus diferentes matrimonios. “En el
momento que escucho la marcha nupcial, se acabó el matrimonio”, comentó en una
ocasión. La actriz también fue una reconocida interiorista y piloto
profesional.