lunes, 13 de junio de 2022

Annie Girardot (1931-2011)

  

 

Francia perdió el 28 de febrero de 2011 a una actriz monumental, una gran figura del cine y del teatro, Annie Girardot, cuya fulgurante y contrastada carrera, hecha de altos y bajos, le llevó a rodar más de cien filmes con algunos de los más grandes directores y actores de su tiempo.

 

Marcel Carné en la película Le Pays d'où je viens (1956); Luchino Visconti en Rocco y sus hermanos (1960); y Roger Vacin en El vicio y la virtud (1962) fueron algunos de los primeros cineastas con los que trabajó la actriz. Franco Rosi, Mario Monicelli, Marco Ferreri, Michel Audiard, Rémo Forlani, André Cayatte, Claude Makovski, José Giovanni y Jean-Louis Bertucelli figuran en la larga lista de directores con los que trabajó la protagonista de Morir de amor (1971).

 

Muchos repitieron gustosos la experiencia, como Visconti, con quien volvió a encontrarse en 1966, en Las brujas; Marcel Carné en Tres habitaciones en Manhattan (1965); o Michel Audiard, quien la dirigió en Elle boit pas, elle fume pas, elle drague pas mais elle cause (1970) y en Elle cause plus, elle flingue (1972), dos enormes éxitos. Si los directores de la Nouvelle Vague no se entusiasmaron con su manera de trabajar, Girardot encontró en Claude Lelouche a uno de sus más fieles realizadores, que en 1967 la colocó junto a Yves Montand en Vivir para vivir.

 

Para rodar luego con ella otras cuatro películas, La Vie, l'Amour, la Mort (1969); Partir, revenir (1985); Il y a des jours... et des lunes (1990); y Los miserables (1995). Annie Girardot es "mi mejor recuerdo como director y como hombre también", explicó Lelouche en un primer homenaje póstumo en declaraciones a la emisora France Info, al celebrar igualmente la absoluta autenticidad de la artista.

 


Tras conocer a su futuro marido en Rocco y sus hermanos, con quien mantuvo una complicada relación que le llevó a vivir a menudo en Italia, Girardot se convirtió en los años 70 en una de las actrices más queridas y populares en Francia. Lo que no le impidió conocer momentos muy bajos y grandes fracasos profesionales en los 80. Alain Delon, Michel Piccoli, Philippe Noiret, Louis de Funès, Jean Rochefort, compartieron éxito y protagonismo con la gran intérprete, inicialmente formada para ser enfermera, pero que muy pronto se dedicó al teatro, tras estudiar en el Conservatorio de París y entrar a formar parte de la Comèdie Française.

 

Girardot, que en el cine interpretó todo tipo de papeles, dejó la histórica compañía tres años después, no sin pena, para dedicarse al cine, aunque nunca dejó por completo el teatro y también se dedicó a la televisión. Pese a la enfermedad de Alzheimer que padecía y que su hija, Giulia Salvatori, reveló públicamente en 2006, la actriz continuó en activo hasta 2007. En 2008, Girardot protagonizó un filme muy diferente a todos los anteriores y brindó su testimonio sobre el mal que padecía y que le llevaba al olvido a pasos agigantados en el documental "Annie Giardot, Ainsi va la vie", de Nicolas Baulieu.

 

Fotograma de "Rocco y sus hermanos"

Justo antes, la actriz, cantante y directora Jane Birkin la había dirigido un año antes, cuando ya la enfermedad estaba muy avanzada, en Boxes; y Richard Bohringer en C'est beau une ville la nuit (2006). En 2005 Michael Haneke la encontró en Caché, tras haberle dirigido en 2001 en La Pianista, papel que le valió su tercer César, premio equivalente a los Oscar del cine francés.

 

Fotograma de "La pianista"

Era su segundo César a la mejor intérprete de un papel secundario, como el que recibió en 1996 por su trabajo en Los Misérables, de Claude Lelouch. En 1977 había ganado su primer César, a la mejor actriz, por su trabajo en La vida privada de una doctora, de Jean-Louis Bertucelli. Sus primeros galardones le llegaron como sus primeros triunfos, muy pronto, y el Festival de Venecia le dio en 1965 la Copa Volpi a la mejor interpretación femenina en Tres habitaciones en Manhattan.

 

Tres años después, el Festival del Filme de Mar de Plata (Argentina), le otorgó el premio a la mejor actriz por Vivir para vivir. Las reacciones fueron unánimes tras su muerte, amigos, directores, cineastas y políticos, glosaron su energía, su generosidad, su humanidad y también su belleza. El poeta, dramaturgo y cineasta Jean Cocteau (1889-1963), quien la dirigió en La machine à écrire, acertó al afirmar que era "el más bello temperamento dramático de la posguerra".

 

 

domingo, 12 de junio de 2022

Costa Brava, Libano (Mounia Akl, 2021)

 


Título original: Costa Brava, Lebanon. Dirección: Mounia Akl. País: Libano. Año: 2021. Duración: 106 min. Género: Drama.  

Guión: Mounia Akl, Clara Roquet. Fotografía: Joe Saade. Música: Nathan Larson. Producción: Abbout Productions, Cinéma Defacto, Fox in the Snow Films, Lastor Media, Participant Media, Snowglobe Films, Barentsfilm AS, Boo Pictures, Ginger Beirut Production.

Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2021)..

Fecha del estreno: 27 Mayo 2022 (España)

 

Reparto: Nadine Labaki, Yumna Marwan, Saleh Bakri, Nadia Chancel, Liliane Chacar Khoury, Ceana Restom, Geana Restom, Nadia Charbel, François Nour.

 

Sinopsis:

Los Badri han escapado de Beirut para construir su utopía particular lejos de la polución y la conflictividad de la gran urbe. Pero este oasis de resistencia al capitalismo global se ve amenazado por los avances de un vertedero cercano y las grietas internas dentro de la familia.

 

Comentarios: 

La búsqueda del perfecto lugar en el mundo, del ideal de conquista vital y moral, familiar e incluso político, suele tener resquicios peligrosamente afilados. Al menos el cine así nos lo ha descrito unas cuantas veces. Alumbrada por la dignidad a machamartillo, la resistencia al capitalismo que, tan anclada en sus principios como superada por las circunstancias, se acaba transfigurando en fracaso personal tiene ejemplos señeros en películas como La costa de los mosquitos (Peter Weir, 1986) y Captain Fantastic (Matt Ross, 2016). Un modelo al que se apunta también la coproducción Costa Brava, Líbano, dirigida por la novel libanesa Mounia Akl y con participación económica y artística española, ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sevilla.

Durante los primeros minutos, excavadoras e invasión de por medio, familia en territorio idílico, y amenaza de derrumbe de lo conquistado durante años por la obra y las malas artes de los poderosos elementos exteriores, resulta inevitable pensar en Alcarràs, cambiando los paneles solares por la gestión de residuos. Eso sí, los sueños de grandeza, desplegados en algo tan aparentemente nimio pero tan encomiable como un proyecto de convivencia familiar autosuficiente, son los que acaban dominando aquí un relato que, como siempre, tiene en el patriarca de la familia a su dios todopoderoso que todo lo sabe, o que al menos pretende saberlo. Fuera de su pequeña finca, de su huerto, de su casa y de su piscina, está el horror. En Beirut, directamente el infierno. Y para huir de ello, así se ha aplicado en los ocho años de feliz pero discutible estancia junto a su madre enferma; su mujer, antigua estrella de la canción, retirada en pos de esa quimera; una hija adolescente que empieza a descubrir el despertar sexual, pero que no tiene con quien desarrollarla porque no ve a nadie; y de una hija pequeña acosada por el desorden mental de la aritmomanía, o la necesidad de estar siempre contando números.

La falacia de la gestión de residuos (que se lo digan a los Soprano y a los mafiosos de Gomorra), y la mentira de ciertas administraciones con las alternativas ecológicas, sobre todo en tiempos de elecciones, lleva a la película a un interesante territorio en el que, además del desarrollo de las desavenencias y los cariños familiares, se apunta también una alegoría del estercolero que a veces es la política. Ahora bien, el único matiz que puede dejar a Costa Brava, Líbano sin alcanzar cotas más altas es que acaba pareciéndose a otras muchas películas de cine social de la última década y media. Así, vienen a la cabeza obras notables como la israelí Los limoneros (Eran Riklis, 2008), por no hablar de la mucho más redonda y compleja Alcarràs. Historias de renuncia y de resistencia siempre loables, a las que poco o nada se les puede reprochar, salvo la repetición de esquemas entre unas y otras.

Es Costa Brava, Líbano un más que apreciable debut de una joven directora de 33 años que, en la labor de escritura, se ha apoyado en el trabajo de la española Clara Roquet: otra mujer de su generación con una película, Libertad, que desarrolla parecidos conflictos familiares y morales. Viendo los debuts de ambas, tan cercanos incluso en la mirada desesperanzada, no parece difícil que se hayan entendido a la hora de desarrollar un proyecto en el que destaca otro nombre español, Carlos Marqués-Marcet, director de 10.000 km y Los días que vendrán, aquí en labores de montaje. Un delicado relato de vivencias al margen, decentes, graves y quiméricas, pues siempre acabamos dependiendo de los demás, que quizá se resuma en esta frase de la más sabia del lugar, la que tiene más experiencia en esto de existir: “Deja de tomarte la vida tan en serio”. (Javier Ocaña)

Recomendada.



sábado, 11 de junio de 2022

Retorno a Hansala (Chus Gutiérrez, 2008)

 

Título original: Retorno a Hansala. Dirección: Chus Gutiérrez. País: España. Año: 2008. Duración: 95 min. Género: Drama.  

Guión: Chus Gutiérrez, Juan Carlos Rubio. Fotografía: Kiko de la Rica. Música: Tao Gutiérrez. Producción: Maestranza Films, Muac Films.

Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 2008).

Fecha del estreno: 27 Marzo 2009 (España)

 

Reparto: El Hussein Aghazaff, Fatima Andah, Antonio Dechent, María del Águila, Antonio de la Torre, Cuca Escribano, José Luis García Pérez, Farah Hamed, César Vea.

 

Sinopsis:

A comienzos de esta década, en las playas de Rota, aparecieron los cadáveres de once jóvenes inmigrantes marroquíes que buscaban cruzar el estrecho en una patera. Se descubrió por sus ropas que los once muchachos pertenecían a la misma aldea, Hansala. "Retorno a Hansala" pretende recrear aquel suceso visto desde los ojos de dos personajes: Martín, un empresario funerario que pretende hacer negocios con lo ocurrido, y Leila, hermana de uno de los fallecidos. Los dos se embarcarán en la aventura de intentar repatriar el cadáver del muchacho en una furgoneta, donde ambos vivirán una intensa experiencia moral que les llevará a replantearse todas sus creencias.

 

Comentarios:

La película de la directora Chus Gutiérrez (Granada, 1962) es ficción y documental, es una especie de road movie, de esos films en los que el viaje transforma interiormente. Es una película comprometida que nos obliga a mirar directamente, como testigos mudos y/o solidarios, ante la tragedia que cada día se vive en el Mediterráneo. Todavía en 2008, fecha de Retorno a Hansala, lo peor estaba por llegar  y así lo denunciaban seis años después  los pavorosos informes de  Amnistía Internacional: 

En lo que llevamos de año, más de 1000 personas, muchos de ellos niños y niñas, fueron “tragadas por el mar”. El Mediterráneo se está convirtiendo en un enorme cementerio ante la más absoluta indiferencia de algunos gobiernos. Es absolutamente insoportable. No podemos consentir que miles de personas, ¡más de 30.000 desde 2014!, mueran de forma tan atroz, tras huir de la guerra, de la tortura, de la explotación, de la violación, del hambre o de la muerte […] Es una vergüenza que esta Europa silenciosa, inhumana e irresponsable no sea capaz de liderar una solución. Es una cuestión de derechos humanos, de justicia, de humanidad, de compasión, de solidaridad”.

Retorno a Hansala se basa en la tragedia que sucedió en 2003 en Rota,  donde murieron 32 personas indocumentadas. Doce de ellos eran originarios del mismo pueblo, Hansala, situado en el Atlas medio marroquí. Hasta allí se desplazó Chus Gutiérrez para filmar con actores de la vida real, Hussein Aghazaff y Fatima Andah, padres de uno de los chicos que perdió la vida.

Chus Gutiérrez inicia su película con una cámara sumergida en el mar para hacernos sentir la zozobra y agonía de quienes mueren en el intento de alcanzar nuestras costas. La directora pretende buscar en el espectador la angustia, la impotencia, la indignación y, sobre todo la empatía hacia las víctimas inmigrantes. Solo cuando nos ponemos en la piel del otro, solo cuando hacemos nuestras las otras corporeidades podremos llegar a interiorizar el dolor humano. Esa búsqueda de la empatía es algo que está muy presente en la narrativa cinematográfica, especialmente en el género documental. En 2019 el cineasta, Isaías Griñolo, influenciado, sin lugar a dudas, por Retorno a Hansala, en su película documental Auschwitz on the Beach pretende buscar en el espectador el caos, la incomodidad, la desorientación, la angustia para que nos pongamos en la piel de los inmigrantes. Y eso lo logra con el uso de la música incidental y de ruidos ensordecedores. No se trata de una empatía “amable”, meramente sentimental, sino de incomodarnos por un momento, los 90 minutos del film, para que tomemos consciencia del infierno de los otros. 

La historia que se cuenta en Retorno a Hansala tiene dos escenarios, dos orillas: España y Marruecos, Algeciras y Hansala.  E igualmente posee dos narrativas y ritmos diferentes: la parte rodada en España es más confusa y errática. Sin embargo, la filmada en Marruecos tiene un ritmo diferente, más contemplativo, más documental, se recrea en el paisaje geográfico y en lo humano, en los gestos y en las emociones. Todo es fresco y natural, nada de artificios. La fotografía es excelente.

Algeciras es la ciudad española donde vive la protagonista principal, Leila (Farah  Hamed), inmigrante marroquí que llegó a España en patera con la finalidad de sacar de la miseria a su familia, Leila logra sobrevivir gracias a un empleo precario en una lonja de pescado, habita en un piso de una humilde barriada con más compatriotas, de esas viviendas donde los migrantes viven hacinados que, irónica y popularmente, se denominan “pisos-patera”. Leila con sus ahorros paga el viaje desde Hansala a España a su hermano pequeño, pero el viaje, el sueño europeo se verá truncado por la mar. Leila, presa del desconcierto y llena de culpabilidad, buscará la forma de repatriar a su hermano hasta la aldea de origen, 3.300 euros cuesta el retorno, más que emigrar.

Aquí entra en escena el otro protagonista del film, Martín (José Luis García Pérez), dueño de una funeraria y al que Leila paga 1.600 euros  para iniciar el viaje de retorno a Hansala del cuerpo de su hermano, embalsamado por el imán de la mezquita. Martín es un hombre materialista, de mediana edad cuya vida personal está en crisis. El paradójico viaje a la pobre aldea bereber se convierte en iniciático tanto para Martín como para Leila, es una toma de consciencia, una conexión con el ser profundo: “respirar el aire de la tierra de origen, da plenitud” –dice Leila-.

El viaje (el retorno) a Hansala no solo armoniza dos mundos y culturas diferentes, sino que también cuestiona a la sociedad del bienestar, a su materialismo, indolencia  e  inmovilismo, planteándonos la necesidad de abrir nuestras mentes, de dejar de mirarnos  al ombligo y sobre todo, como diría Nietzche en Así habló Zaratustra: “Aprender a beber en todos los vasos, quien quiera permanecer puro entre los hombres tendrá que lavarse incluso con agua sucia”.

Concluimos con las palabras de su protagonista Farah Hamed (Leila): “El largometraje pone nombre y apellidos a las víctimas. No todas las familias han podido enterrar a sus hijos. Porque no se han recuperado del océano o porque no han podido ser identificados. El dolor de este pueblo perdido en las montañas es aún más fuerte por la pobreza extrema de sus gentes, sin agua, luz ni médicos. La aldea bereber salió del abandono durante la semana de rodaje. No hubo tristeza, solo expectación ante las cámaras y los focos que avivaron los ánimos de este lugar, exportador de inmigrantes”. (María Dolores Pérez)

Recomendada.




viernes, 10 de junio de 2022

Todo ha ido bien (François Ozon, 2021)

 

Título original: Tout s'est bien passé. Dirección: François Ozon. País: Francia. Año: 2021. Duración: 112 min. Género: Drama.  

Guión: François Ozon (basado en la novela de Emmanuèle Bernheim). Fotografía: Hichame Alaouié. Montaje: Laure Gardette. Producción: Éric Altmayer, Nicolas Altmayer.

Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes 2021.

Fecha del estreno: 28 Enero 2022 (España)

 

Reparto: Sophie Marceau (Emmanuèle), André Dussollier (André), Geraldine Pailhas (Pascale), Hanna Schygulla, Charlotte Rampling (Claude), Grégory Gadebois (Gérard), Eric Caravaca, Jacques Nolot, Judith Magre, Daniel Mesguich, Nathalie Richard, Annie Mercier.

 

Sinopsis:

Emmanuèle, una novelista con una vida privada y profesional plena, se precipita al hospital al enterarse de que su padre, André, acaba de tener un accidente cerebrovascular. Cuando se despierta, debilitado y dependiente, este hombre, curioso por naturaleza y amante apasionado de la vida, le pide a su hija que le ayude.

 

Comentarios: 

Como hizo con los abusos sexuales cometidos por la Iglesia en “Gracias a Dios”, la intención de Ozon es desdramatizar la eutanasia a partir de la descripción pragmática de un proceso, en aquel caso jurídico, en este sustentado en las trampas para evitar que el sistema impida lo que se entiende como un ejercicio de la libertad individual. Tal vez por eso “Todo ha ido bien” es una película tan funcional, y tal vez por eso está atravesada por un humor algo macabro, que quita hierro al tema del suicidio asistido como tabú social para poner el foco en la relación entre un padre gruñón (André Dussolier) y una de sus hijas (Sophie Marceau), la elegida para ayudarle a morir. 

Así las cosas, el interés de Ozon se desplaza hacia un asunto de familia disfuncional, y a los personajes que gravitan alrededor de una decisión que despierta fantasmas de dependencia o desprecio emocional. Se agradece la falta de catarsis, la naturalidad con que Ozon evita la tentación de que la película hable de un Gran Tema con el que hay que posicionarse, pero este crítico echa de menos al director de películas como “Los amantes criminales” o “Bajo la arena”. Ozon se ha empeñado en ser un cineasta ecléctico, mercurial, pero a veces da la impresión de que, por pereza o por impaciencia, se enfrenta a sus asignaturas pendientes para sacar un aprobado justito. (Sergi Sánchez)

Recomendada (con reservas).



jueves, 9 de junio de 2022

Torerillos, 61 (Basilio Martín Patino, 1962)


Título original: Torerillos, 61. Dirección: Basilio Martín Patino. País: España. Año: 1962. Duración: 16 min. Género: Documental, Cortometraje.

Guión: Basilio Martín Patino. Fotografía: Enrique Toran. Sonido: Enrique Molinero. Música: Julio Pérez Rozas. Montaje: Pedro del Rey. Producción: Hermic Films.

 

Reparto: Fernando Rey (locutor, voz en off).

 

Sinopsis:

Cortometraje sobre la vida y los sacrificios de los jóvenes maletillas que recorren incansablemente los caminos entre las dehesas salmantinas, donde pastan los toros bravos. Buscan una oportunidad para demostrar su valor en capeas y tentaderos, decididos a alcanzar su sueño de ser toreros, como única forma de huir de la pobreza y alcanzar la fama.

 


Comentarios:

Tras hacer la práctica de final de carrera en la Escuela Oficial de Cine con el cortometraje Tarde de domingo (1960), Basilio Martín Patino rueda varias películas con igual formato. Su tercer filme será este corto Torerillos, 61, que combina ficción (los maletillas que recorren los caminos, los pueblos de España, en busca siempre de la oportunidad que no llega) con documental (un primoroso montaje de fotos y recortes periodísticos), todo ello en torno al mundo de los maletillas, los aspirantes a toreros que, durante los años sesenta del pasado siglo XX, tuvieron notable proliferación, al calor del éxito de algunos diestros de extracción humilde y escasa técnica pero desaforado valor (por no decir temeridad), como Manuel Benítez El Cordobés, el icono de la llamada Fiesta Nacional en aquella década.

Sobre esa figura de alguna forma entrañable, en tanto su vulnerabilidad (al socaire de lo que decidan los apoderados, empresarios taurinos y demás prebostes del toro), Martín Patino escribe y realiza este documental que ya empieza a jugar, como haría años más tarde, con realidad y ficción, por más que un texto al comienzo del filme nos advierta que “El comentario de este documental está totalmente compuesto de recortes periodísticos sobre hechos absolutamente actuales”. Con la voz prodigiosa de Fernando Rey en la locución y técnicos de primera fila como el montador Pedro del Rey (Viridiana, El cochecito, Atraco a las tres, entre otras grandes películas, fueron editadas por él), Patino nos muestra un abigarrado collage en el que cuela una taimada denuncia de la España de la penuria de principios de los años sesenta, contradiciendo el discurso oficial del régimen franquista de la época. El maletilla entonces será la metáfora del sueño del españolito de a pie, del pobre de solemnidad que fiará la salida de la inmisericorde crisis a un golpe de suerte en forma de “romper en figura” del toreo, algo así como que confiar en que toque la lotería para salir de la pobreza.

En los textos recitados por Fernando Rey (que en ocasiones actúa como entrevistador y entrevistado a la vez, recurso quizá necesario por la carencia de medios, pero que confiere a las entrevistas una rara sensación hipnótica), extraídos según hemos visto de la prensa de la época, se filtra una mirada (casi) desesperada de una juventud sin esperanza, una juventud que se la juega todo a una carta porque “más cornás da el hambre”, como dice, en boca de Rey, uno de los maletillas a los que se le da voz en este documental que se aleja notablemente del cine que se hacía en la época en España (con las excepciones de rigor, por supuesto), un documental de soterrada denuncia a través de la vida de los chicos que deambulaban por dehesas en busca de un metafórico Midas que los hiciera de oro.

Obra ya de sorprendente madurez para un cineasta que apenas llevaba un par de años haciendo cine, pero cuya claridad de ideas le había llevado, varios años atrás, con solo 26 años de edad, a organizar las fundamentales Conversaciones de Salamanca, sobre las que se cimentaron las bases del que la Historia conoce como Nuevo Cine Español, Torerillos, 61 resulta ser un filme de extraordinaria modernidad en su montaje, jugando con texto y pre-texto, con los humildes recortes de prensa y los sentidos textos de los maletillas (o de los tonantes, instalados periodistas que los recusan, a los que Fernando Rey declama con impostada voz, con engolamiento que los hace abominables), una película cuya modestia supone un valor añadido: qué difícil es hacer tanto con tan poco, y decir tanto con tan poco margen por parte de la intransigente Censura franquista. (Enrique Colmena)

Recomendada.



miércoles, 8 de junio de 2022

En un muelle de Normandía (Emmanuel Carrère, 2021)

 


Título original: Le Quai de Ouistreham. Dirección: Emmanuel Carrère. País: Francia. Año: 2021. Duración: 106 min. Género: Drama.

Guión: Emmanuel Carrère, Hélène Devynck (basado en la novela de Florence Aubenas). Fotografía: Patrick Blossier. Música: Mathieu Lamboley. Montaje: Albertine Lastera. Producción: Olivier Delbosc, Juliette Binoche, David Gauquié, Jean-Luc Ormières, Julien Deris, Émilien Bignon.

Premio del Público al Mejor Film Europeo en el Festival de Cine de San Sebastián 2021.

Estreno en España: 28 enero 2022.

 

Reparto: Juliette Binoche (Marianne Winckler), Didier Pupin (Cédric), Emily Madeleine (Justine), Patricia Prieur (Michèle), Evelyne Porée (Nadège), Hélène Lambert (Christèle), Léa Carne (Marilou), Louise Pociecka, Steve Papagiannis, Aude Ruyter, Jérémy Lechevallier, Kévin Maspimby, Faïçal Zoua, Arnaud Duval, Nathalie Lecornu, Joël Graindorge, Clémentine Tehua.

 

Sinopsis:

Marianne Winckler, una reconocida autora, decide escribir un libro sobre la precariedad laboral viviendo esta realidad de primera mano. Para ello, ocultando su identidad, consigue trabajo como limpiadora en un pueblo de Normandía, al norte de Francia, y descubre una vida ignorada por el resto de la sociedad en la que cada euro ganado o gastado importa. Pese a la dureza de la experiencia, la solidaridad entre compañeros crea fuertes lazos de amistad entre Marianne y ellos. La ayuda mutua conduce a la amistad y la amistad a la confianza pero ¿Qué pasa con esta confianza cuando la verdad sale a la luz?

 

Comentarios:

En Corredor sin retorno (Samuel Fuller, 1963), un periodista cuerdo ingresaba voluntariamente en un psiquiátrico con el objetivo de ganar el premio Pulitzer contando la brutal experiencia. Se volvió loco y, por supuesto, no obtuvo el galardón. En Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941), un director de cine de evasión, obsesionado por hacer una gran película sobre la miseria y el sufrimiento, recorría disfrazado de vagabundo los pueblos más desfavorecidos de los Estados Unidos de la Gran Depresión para conocer de primera mano la sensación y lograr su trascendente obra magna. Acabó desechando la idea de hacer la mejor tragedia rodada nunca y decidió filmar una comedia que hiciese reír a la gente.

Los trabajos de investigación sobre el terreno, los que tienen más que ver con la infiltración que con la observación, no siempre salen como se espera. Al menos en el cine. Seguramente porque hay en ellos una arrogancia, ya sea social o intelectual, que hace que no baste con el disfraz y el oficio para imitar, y aún más para comprender, una situación personal inimaginable para el altivo. Algo de eso puede haber también en el ejercicio llevado a cabo por Florence Aubenas, la periodista y reportera de guerra que se infiltró en un batallón de mujeres de la limpieza tras la crisis de 2008, sin que sus compañeras conocieran su verdadera identidad ni sus objetivos, para acabar describiendo en El muelle de Ouistreham su inmersión en la clase trabajadora y su labor de exploración y de denuncia de sus penosas condiciones laborales. Al menos ella logró un éxito rotundo y su libro se convirtió en superventas.

En un muelle de Normandía, adaptación cinematográfica del texto de Aubenas, viene además con la firma de alguien acostumbrado a las pesquisas y a la novela de no ficción: Emmanuel Carrère, reciente premio Princesa de Asturias de las Letras, formidable autor de, entre otros libros, El adversario y Limónov, del que quizá parte de los lectores desconocieran su faceta cinematográfica como director, esporádica y menor si la comparamos con la literaria —apenas dos películas anteriores, una ficción y un documental, y la última, de hace 16 años—, pero de particular brío: la adaptación de El bigote (2005), su novela de 1986, no editada en España hasta 2015, es una soberbia película de corte kafkiano, perturbadora en su cotidianidad enajenada, sobre la crisis de identidad, la demencia y el desencuentro sentimental. Pero nunca se estrenó en España.

Hay, por tanto, una lógica evidente en que haya sido Carrère quien se encargue de las tribulaciones de Aubenas, con la siempre perfecta Juliette Binoche en el frente interpretativo, acompañada además, como en Nomadland —otra reciente adaptación cinematográfica de una labor investigadora—, de una corte de trabajadoras de la limpieza reales ajenas a la actuación; dos de ellas, de hecho, interpretándose a sí mismas. El resultado es una película que durante al menos dos tercios de su relato se presenta auténtica y desoladora, mostrando la impotencia de las de abajo frente a la sinrazón de los de arriba, y el respeto y la solidaridad mutuos en un universo laboral que no admite descansos. 230 camas a cuatro minutos por cama, en el ferry que atraviesa el Canal de la Mancha.

Sin embargo, el último trecho de la película, el del descubrimiento por parte de sus compañeras, resulta algo atropellado. Sin la profundidad ni la reflexión necesarias, a esa coda del encontronazo social entre lo genuino y lo impostado le falta una conversación más desarrollada y le sobra sutileza. Sobre todo, porque detrás de ese nebuloso reencuentro entre las dos amigas de trabajo, y su ausencia de veredicto, que queda para el espectador, lo que puede esconderse es el complejo de culpa y la mala conciencia por haberse adueñado de unas vidas ajenas. (Javier Ocaña)

Recomendada (con reservas).