martes, 7 de junio de 2022

El manuscrito encontrado en Zaragoza (Wojciech Has, 1965)

 

Título original: Rekopis znaleziony w Saragossie. Dirección: Wojciech Has. País: Polonia. Año: 1965. Duración: 182 min. Género: Fantástico.

Guión: Tadeusz Kwiatkowski (basado en una novela de Jan Potocki). Fotografía: Mieczyslaw Jahoda. Música: Krzysztof Penderecki. Montaje: Krystyna Komosinska. Producción: Kamera Film Unit.

Fecha del estreno: 17 Septiembre 1970 (España).

 

Reparto: Zbigniew Cybulski, Iga Cembrzynska, Elzbieta Czyzewska, Gustaw Holoubek, Stanislaw Igar, Joanna Jedryka, Janusz Klosinski.

 

Sinopsis:

El capitán de las tropas napoleónicas Alfonso van Worden, recién llegado a Madrid, descubre gracias a dos princesas moriscas que está destinado a grandes empresas, por las cuales deberá superar numerosas pruebas. Comenzará entonces una sucesión circular de aventuras, desarrolladas bajo la influencia de un cabalista y un matemático.

 

Comentarios:

Tenía algo de miedo, pero finalmente he caído en la tentación. Una tentación por otro lado placentera y gozosa que no es otra que escribir unas líneas sobre mi película polaca favorita de todos los tiempos: El manuscrito encontrado en Zaragoza, dirigida en un ya lejano 1965 por el maestro Wojciech Has. Hablar de una película tan legendaria siempre entraña cierto riesgo. El de caer en la rutinaria exposición de los puntos más fascinantes de una obra que ha hipnotizado a millones de críticos y escribidores especializados en el séptimo arte. Espero no naufragar en el intento, siendo mi objetivo únicamente conseguir llamar la atención de aquellos fanáticos del cine que aún no se hayan atrevido a degustar este dulce imprescindible.

 

En primer lugar merece la pena destacar la figura del creador de la criatura. Un Wojciech Has etiquetado como pionero del cine fantástico surrealista europeo merced a que sus dos obras más populares frecuentaron las lindes del surrealismo: la cinta protagonista de esta reseña y El sanatorio de la clepsidra.  Sin embargo hay que poner en su lugar a este genio. Alumno de la mítica Escuela de Cine de la ciudad de Lodz, Has fue junto con su colega y amigo Andrzej Wajda el gran cineasta puramente polaco, liderando mano a mano con el autor de El hombre de mármol el cine oriundo de su país. Pues a diferencia de otros realizadores Has jamás abandonaría su patria, hecho que convierte su filmografía en una especie de catálogo histórico y antropológico de los cambios experimentados en el país centro-europeo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX descritos desde un cierto distanciamiento ideológico y desde la lejanía que supone partir de míticas novelas originarias de su nación. Y no nos dejemos llevar por comentarios ajenos. La obra de Has contiene una amplia diversidad de elementos que la señalan como un compendio heterodoxo. Desde dramas psicológicos amparados en el vacío existencial que en mi opinión influenciaron tanto al cine de Malle como El nudo corredizo, melodramas nihilistas como Farewells, piezas que encajan con esa mirada cercana a la nueva ola checoslovaca ajena a vicios occidentales como Gold Dreams o desgarradoras epopeyas tan emocionantes como espectrales como Manuscrito cifrado. Vistos casi todos sus largometrajes he de afirmar que el cine de Has se halla muy lejano de ese catálogo surrealista y grotesco con el que se le suele emparentar. Al contrario. Su universo es el de un retratista de su tiempo, tomando prestado para ello las letras de algunas de las mejores novelas polacas, las cuales eran deformadas con su peculiar óptica por un cineasta siempre cuidadoso con el revestimiento formal —sus planos estructurados y planificados al más mínimo detalle, su cuidada puesta en escena, sus movimientos de cámara casi imperceptibles pero necesarios para situar la misma en el sitio justo que permite observar en plenitud cada detalle del horizonte, sus travellings invisibles que denotan ese gusto por observar desde la distancia los vicios y virtudes de unos personajes heridos por su extrema sensibilidad…—. El partir de unos guiones basados en novelas de prestigio no supuso un obstáculo, sino toda una ventaja explotada por un Has al que resulta innegable clasificar como el autor que mejor supo trasladar la cultura polaca —junto a Wajda— a la gran pantalla.

 


En segundo lugar cabe recalcar que nos hallamos ante la adaptación de una de las cumbres del género literario gótico europeo, con título homónimo, escrita por el extraño novelista, militar, viajero, científico y conde polaco Jan Potocki. Éste fue un enamorado de España cuyo encantamiento tuvo lugar gracias a un trayecto emprendido por tierras andaluzas y castellanas, descubriendo esa demografía habitada por pícaros, mendigos, gitanos, arrabaleros con aires de grandeza, bandoleros y también gente perteneciente al mundillo cultural que hipnotizó a este genio. Su amor y conocimiento de la cultura española fue puesto de manifiesto en El manuscrito encontrado en Zaragoza, obra estructurada a través de una especie de enredadera de historias aparentemente no vinculadas que acababan cruzándose e introduciéndose unas en otras como una especie de Las mil y una noches andaluza ubicada en los montes de Sierra Morena revestida con cierta aura espectral típica de la novela gótica. Fragmentada en dos partes, una primera que otorga el protagonismo a un noble apátrida español que caerá en un puzzle de intrigas fantasmales y eróticas y una segunda que atrapaba la dialéctica de Chaucer esbozada a través de la narración de una serie de cuentos cortos y picantes que derivarán hacia una especie de correa de transmisión que dará sentido a lo expuesto en el primer tomo de la obra.

 

Aunando lo comentado en los dos párrafos anteriores, El manuscrito encontrado en Zaragoza (película) supone una perfecta traslación en pantalla del imaginario tanto de Potocki como de Has. Pues a pesar del complejo entramado existente en el texto, un embrollo que parecía imposible de traducir en imágenes de una forma coherente y atractiva, Has logró captar la atención del público descifrando los códigos ocultos ideados por Potocki, transcribiendo los mismos a la narrativa cinematográfica con gran maestría sin caer en saco roto ni errar en el intento, apoyándose para ello en su dominio de la puesta en escena, en su espléndida perspectiva visual adornada por una atmósfera tan recargada como terriblemente hermosa y en su capacidad para encadenar toda una serie de subtramas jugando una malsana partida de ajedrez que parece embarullarse en un conglomerado kafkiano, pero que merced a este juego pleno de picaresca y gallardía derretido por el autor de Memoirs of a Sinner se alzará como uno de los capítulos más intrigantes y fascinantes de la historia del cine.

 


Recordando mi experiencia personal con el film, tuve la suerte de poder contemplarlo hace ya muchos años. Creo que tras Cenizas y diamantes (primera película polaca que recuerdo haber visto) y con permiso del Faraón de Kawalerowicz fue la segunda o tercera cinta de esta geografía que saboreé. Tendría alrededor de unos veinte años. Una edad quizás demasiado temprana para paladear un monumento de este estilo. Sí, porque se corre el riesgo de no detectar los puntos fuertes de un film martilleado con ironía y majestuosidad. La desatada poesía del absurdo presente en el envoltorio, amparada en esa arrebatadora cadena de historias cruzadas que se atreven a ocupar el espacio reservado a sus vecinas colindantes, podría hacer caer en el abatimiento moral a un espectador demasiado bisoño como era yo por aquél entonces. Sin embargo tuve la suerte de caer rendido al encanto de un film absolutamente diferente a todo lo que había visualizado anteriormente. Cierto es que cuando apareció ese Koniec con el que culminan los clásicos polacos mi cerebro acababa de pasar por una licuadora de potentes resultados. Terminé mi encuentro fatigado, absorto, como si hubiera visitado los artilugios de una gigantesca máquina de picar carne. Pero también hechizado, enamorado y cautivado por esa forma de hacer cine desplegada por Has.

 

Revisitada a lo largo de estos años en no menos de cuatro ocasiones, ésta posee los influjos reservados a las composiciones magistrales. Aquellas que siempre tienen algo que decir y descubrir al ojo curioso del espectador de cine independientemente de las veces que hayamos visto las mismas. La intención de Has era sin duda llevar a cabo una adaptación muy fidedigna del libreto de su compatriota. Para ello no dudó en alargar el metraje hasta las tres horas de duración así como de sesgar el contenido en dos vectores claramente diferenciados, a imagen y semejanza de la novela. Asimismo ese entorno subyugante, peculiar, surrealista y fantástico, pintado con un humor muy negro y libertino crítico con los vicios de la nobleza europea, inherente a las letras de Potocki hace acto de presencia igualmente en las imágenes esquizoides, finas y socarronas que contiene el film.

 


La cinta se abre en medio de la huida de una patrulla napoleónica por las calles de Zaragoza. El teniente de la batería arribará a una humilde casa destruida por las balas escupidas por los cañones de las partidas de partisanos españoles. En medio del caos, éste observará la presencia de un viejo manuscrito medieval, decorado con una serie de pinturas de arte abstracto que le llamará la atención. Prendido por un grupo de combatientes aragoneses, el teniente francés y el jefe de patrulla español iniciarán una lectura conjunta del texto que nos sumergirá en las aventuras disfrutadas por el noble Alfonso van Worden (excelente Zbigniew Cybulski), hijo de un aristócrata español huido a tierras francesas en el pasado merced a una herencia, quien ha decidido retornar a la patria de sus ancestros acompañado por un par de subalternos para dirigirse a Madrid, cruzando Sierra Morena, con objeto de enrolarse en la guardia real de Felipe V.

 

Sin embargo en medio de la intemperie, Alfonso despertará en un cementerio de ahorcados construido con pérfidos cráneos de antiguos reos, dejando que sus pies alcancen una posada abandonada y maldita por el embrujo de fuerzas del más allá: Venta Quemada. En este escalofriante paraje, Alfonso chocará con dos princesas moriscas, pertenecientes a una antigua dinastía granadina, que habitan en las catacumbas de la posada deseosas de perpetuar su maltrecha saga convirtiendo a Alfonso al Islam. Sin embargo, tras beber una pócima albergada en un funesto cáliz con forma de calavera, el noble capitán despertará sin más compañía que su sombra en el mismo campo santo donde atisbó la existencia de la posada.

 


A partir de este momento nuestro héroe sorteará toda una serie de peripecias, encontrándose en su caminar con la Inquisición, con un viejo monje que sobrevive en compañía de un poseído, con un matemático interesado por descifrar el entuerto en el que se ha entrometido Alfonso y con un mendigo de raíces pudientes que se encargará de narrar toda una serie de historias en principio independientes unas de otras, que dará lugar a un encadenamiento de instantáneas y sucesos sitos en el Madrid del medievo que incluso conectará su camino con el de nuestro protagonista a través de la historia de su padre, un duelista fanfarrón y sin un duro que contribuirá a extender esa Caja de Pandora de historias cruzadas ricas en picardía, engaños, traiciones, erotismo y crítica social de una época en la que la gallardía y la mentira eran necesarias para sobrevivir en un ambiente repleto de miseria, carestías y avaricia.

 

Narrar punto por punto cada una de las historias que engloban el todo de El manuscrito encontrado en Zaragoza me parecería una completa desfachatez por mi parte. Estaría haciendo perder el tiempo al lector más de lo que ya lo hago habitualmente. Porque la película se disfruta fundamentalmente desde una mirada limpia, no contaminada por comentarios ni rumores. Esa pureza del blanco que se explota desde el desconocimiento absoluto a lo que nos vamos a enfrentar. Algo que puede infundir miedo, pero que si se sabe gozar eleva el éxtasis hasta el orgasmo. Es por ello que llegado a este punto, creo que lo mejor es recomendar al lector que se atreva a explorar los laberintos y perversos emplazamientos moldeados por la mente de Has en una experiencia cinematográfica única en su especie. No se dejen influir por comentarios que indiquen que nos encontramos ante una obra surrealista —solo por el hecho de que sea una de las películas favoritas de Buñuel no implica que sea el surrealismo la simiente principal con la que se elaboró la propuesta—. Sí. El surrealismo está presente, pero como herramienta necesaria para inyectar un sarcasmo imposible de derretir desde una esfera realista. También aparecen elementos fantásticos, especialmente oníricos, pero quien crea que va a contemplar una cinta perteneciente cien por cien al género de ciencia ficción puede que se lleve una gran decepción, pues no fue la meta de Has pintar un escenario sci-fi, sino que en muchos segmentos del film la realidad supera a la ficción. Tampoco esta es una comedia. Pero no es un drama, ya que muchas situaciones resultan tan delirantes que es imposible no desatar una carcajada. Pues El manuscrito encontrado en Zaragoza se eleva como una joya inclasificable —quizás las películas más cercanas a su espíritu sean las diferentes adaptaciones de El barón de Münchhausen— debido a los múltiples palos que toca, todos ellos con sublime perfección. Y en ese sentido la única forma de converger sin fisuras hacia la semántica del maestro Has es desde esos ojos libres de prejuicios marca de la casa con la que el realizador polaco cinceló una rara avis dentro del panorama cinematográfico mundial.

 


Desde el punto de vista formal, y como logro propio asignado a Wojciech Has, hay que destacar la espléndida recreación de la España de finales del siglo XVIII llevada a cabo por el cineasta nacido en Cracovia. Una España gris, supersticiosa, representada por una nobleza vaga y exenta de valores. Una aristocracia ruin, abandonada a los placeres mundanos, amoral e infiel. Una España goyesca captada con todo lujo de detalles por Has y su espléndido equipo de dirección de arte. Pero también una Andalucía rupestre, ancestral, tocada por historias de fantasmas que se engalana con una maravillosa ambientación serrana donde roca y arena se mezclan para cocinar una pócima pesadillesca con una pizca de Inquisición en medio de las mil y una noches. Una fantasía que se da la mano con la realidad a través de un engranaje arquetípico de las fábulas de cajas chinas.

 

En este sentido, desde el punto de vista visual la fotografía se nutre de una interesante mezcolanza que abraza el fantasmagórico con el neorrealismo napoleónico. Un extraño zumo exprimido con frutas tintadas de surrealismo y ensoñación, salpicado con gotas de filosofía humanista trascendente gracias a múltiples alegorías simbólicas que campan a sus anchas por los habitáculos subterráneos incompatibles con la razón. Y es que El manuscrito encontrado en Zaragoza conserva pasados más de cincuenta años desde su producción esa frescura innovadora ajena a modas y nuevas olas, desbordando sabiduría, sátira y picante más allá de espacios y tiempos concretos. (Rubén Redondo)

Recomendada.


domingo, 5 de junio de 2022

Banda Sonora Original: La carta final

 

 

George Fenton tuvo, en su música escrita para "84 Charing Cross Road" (La carta final), la oportunidad de sentar los cimientos de un estilo tremendamente particular, muy rico en sencillas melodías, tierno y lírico a la par, con un romanticismo evocador huérfano de mayores pretensiones que las de perfumar sutilmente las escenas del filme. Prometedor inicio en un largo camino lleno de altibajos y llanuras.

 

Lamentablemente, la suerte de esta producción inglesa en los EE.UU. -a pesar de tener cierto prestigio en su tierra natal-, fue más bien ridícula y pasó a engrosar la lista de grandes películas olvidadas. Así las cosas, es más fácil reconocer a Fenton en sus obras maestras para el género documental -"Deep Blue" (Andy Byatt, 2003) y "The Blue Planet" (Alastair Fothergill, 2001)-, o en su acercamiento personal a la épica romántica -"In Love and War" (Richard Attenborough, 1996) o "Anna & The King" (Andy Tennant, 1998)-, que no por esta obra que nos ocupa, francamente atrayente por otro lado.

 

No en vano, veremos a lo largo de la reseña cómo la composición ofrece un agradecido ejercicio melódico, con sutiles pinceladas de elementos románticos, melodramáticos e incluso de música jazz, que harán las delicias de muchos aficionados a la música de cine. "84 Charing Cross Road" es, a todos los efectos, un claro ejemplo de cómo una película repudiada por la crítica -en este caso, la americana- oculta entre sus virtudes el incipiente talento del compositor asociado a la misma.

 

La cinta sitúa la acción en dos continentes: el Americano progresista, con un crecimiento espectacular y en dónde emergen nuevos movimientos culturales; y el decadente Británico, perpetrado a la ruina por la posguerra de los años 50. La escritora americana Helene Hanff (Anne Bancroft), una triunfadora vencida por la soledad ante la pérdida de su marido en la guerra, establecerá contacto epistolar con el vendedor inglés de libros descatalogados Frank P. Doel (Anthony Hopkins), luchador y resignado padre de familia que trabaja para la librería Marks & Co.. Una singular y sencilla trama que navegará desde el simple pedido a la carta más sincera y llena de buenos deseos. Largometraje inteligente, frío y genialmente entristecido, acompasado para marcar la distancia de forma efectiva con la tensión y el anhelo constante de ver cumplido el sueño de los dos protagonistas; pero filme que, a pesar de gozar de una estupenda realización a cargo de David Hugh Jones, no logra arremeter plenamente contra los sentimientos del espectador.

 


Película del año 1986 que vio cómo su banda sonora se editaba por parte del sello inglés That´s Entertainment Records en formato LP. Es ahora la casa Varese en su formato "CD Club", quién remasteriza la otra edición en vinilo sobre la que ostentaba los derechos, para ofrecer al aficionado y seguidor de Fenton idéntico producto en compacto.

 

Fiel al guión, el compositor inglés elabora una partitura desnuda de cualquier exaltación sinfónica, entregada a suaves vientos para espolvorear ese aire evocador, de penuria y de sutil drama que enturbia la trama, y que en su escasa -pero selecta- orquestación encuentra el quid de la cuestión, dotando al metraje de un aire de soledad, de lejanía entre los dos protagonistas que comulga perfectamente con las intenciones del realizador. Al respecto, conviene destacar ese trabajo de acercamiento de los personajes por parte del compositor de "Memphis Belle", sujeto en todo momento, desde su humildad y buen gusto musical, a las exigencias fílmicas; al igual que resulta digno de destacar el milimétrico aire que aplica a la América de los 60 con esa incipiente cultura jazz.

 

El score presenta dos vertientes claramente diferenciadas: un elemento melódico para dibujar los momentos más oníricos y dramáticos del largometraje, y otro bloque con toques de jazz para dotar a la escritora y a su ciudad de un cierto aire cosmopolita y moderno. Así las cosas, en la primera parte del tracklist se sitúan los cortes más íntimos y profundos, y allá por su ecuador arrancan los temas en clave jazzística.

 


 

George Fenton acierta al despojar a los protagonistas de un leitmotiv que ahonde en lo profundo de cada uno de ellos, centrándose básicamente en describirnos el entorno de los mismos y la relación existente entre ambos. Así en primer lugar, cabe destacar un motivo asociado a la Nueva América, en donde se vale de cortes como "The Subway" o "Business as Ususal" con ese aire jazz comentado; al igual que otro motivo para la Inglaterra sumida en la desesperación de la posguerra, dibujando un ambiente desolador en pistas como "Marks And Co.". El ritmo a base de metales en las primeras, y los lánguidos violines y emotivas melodías a vientos en las segundas, dan la justa forma a este interesante bloque de tracks.

 

Otro motivo en el que acierta George Fenton es aquel con el que dota a la protagonista de una frase musical socarrona, asociada al "humor negro" propio del contenido de sus cartas. En el corte "Helene´s First Letter", encontramos a trompeta esta sencilla melodía a la que también imprime un toque de misterio, al ir alternando ritmos e instrumentación con un cariz intrigante, representado principalmente por el piano. Una resultona revisitación de la misma, con envoltorio jazzístico de tono más alegre y juguetón, la hallamos en "Day Dream", en donde unos fantásticos metales se entregan a la pegadiza melodía de marras.

 

El protagonismo de la historia, tanto en la película como en la banda sonora, recae principalmente sobre la relación que mantienen, por un lado la "hambrienta" lectora americana, y por otro los dependientes de Marks & Co, liderados por el Sr. Frank P. Doel. Una relación divertida, radiante, que transmite ese halo de entusiasmo por ver cumplida una pasión y que a la postre es a la que Fenton entrega la capitanía de su obra. Pistas como la bucólica "Book of Love Poems" dan cuenta de un motivo que ahonda en el elemento de anhelo sujeto a ambos lados del Atlántico, fielmente logrado a base de un ambiente lírico y cautivador aderezado con los glissandos de las arpas, arropado bajo finas telas de dramatismo.

 

En la misma línea que el anterior, el oyente podrá deleitarse con el highlight del disco y que a la postre pone el broche de oro a la película: "Pilgrimage - Helene And Frank", sobrecogedora melodía de aire un tanto trágico, en la que Fenton sabe compaginar la ambigüedad de un nocivo suceso con la alegría de la consecución de un imposible. Lástima que la oscuridad de la película y la tan distanciada relación entre los protagonistas, no reconduzcan estas notas a consumarse en un clímax pleno con el espectador.

 

"84 Charing Cross Road", siendo uno de los primeros trabajos con trascendencia del compositor británico, resulta sin duda una partitura de intachable calidad, de la que sólo me resta recomendar su adquisición, máxime teniendo en cuenta los agradables momentos que atesora al oyente en su escucha aislada. (Raul Garcia)

 

Os dejamos con el tema "Tread Softly" de esta maravillosa Banda Sonora Original. 

 


 

sábado, 4 de junio de 2022

El universo de Óliver (Alexis Morante, 2022)

 


Título original: El universo de Óliver. Dirección: Alexis Morante. País: España. Año: 2022. Duración: 112 min. Género: Drama.  

Guión: Alexis Morante, Miguel Ángel González, Raúl Santos, Ignacio del Moral (basado en la Novela de Miguel Ángel González). Fotografía: Carlos García de Dios. Música: Julio de la Rosa. Producción: José Alba, Olmo Figueredo González-Quevedo, Cristina Zumárraga.

Fecha del estreno: 13 Mayo 2022 (España)

 

Reparto: Rubén Fulgencio (Oliver), Salva Reina (Miguel), María León (Carmela), Pedro Casablanc (Gabriel), Mara Guil (Toñi), Moreno Borja (Manuel), Roberto Campillo (Adrián), Iván Renedo (Joel), Josu Eguskiza (Damián), Ignacio Mateos (Arturo), Luna Berroa (Irene), Fran Torres (Lucrecio), María Alfonsa Rosso (Abuela Irene), Silvia Rey (Srta. Ana), Lorca Prada (Marcos).

 

Sinopsis:

Año 1985. Óliver, un niño con una imaginación desbordante, se muda con su familia al rincón más al sur de Europa, justo cuando está a punto de pasar el Cometa Halley. Estos acontecimientos marcarán un antes y un después en la vida emocional de Óliver, que buscará en las estrellas la solución a sus problemas en el nuevo colegio, en el barrio y en casa. Para colmo, su abuelo, apodado “el majara”, se anima a ayudarle a interpretar el mensaje del cometa y dar un paso al frente en su nuevo universo.

 

Comentarios: 

El director, Alexis Morante, tiene un largo historial en documentales y en el vídeo musical (Bunbury, Alejandro Sanz, Camarón…) y aquí cambia de género y fusiona el cine fantástico, la mirada infantil y el tono naturalista y social con una historia familiar, salpicada de drama y de humor travieso en una Bahía de Cádiz por la que está a punto de pasar el Cometa Halley.

Se basa en la novela de Miguel Ángel González (que firma en colaboración el guion) y cuenta las peripecias del niño Óliver en un barrio conflictivo y con una familia 'majara': su padre, que busca trabajo con poquito entusiasmo y menos fortuna; la madre, sufridora y resuelta, y el muy sospechoso abuelo, además de un invisible hermano pequeño.

Sus penurias de chico nuevo en el barrio y en el colegio, y con una mala suerte que lleva en los genes, son el hilo conductor de una trama que se enreda en lo social, en lo fantástico y hasta, algo, en lo futbolístico.

Todo el caudal dramático de este universo se licúa convenientemente con la personalidad de sus protagonistas adultos, un Salva Reina que siempre lleva sus cuitas en la cara, la naturalidad y gracia de María León y un sorprendente toque entre lo filosófico y lo sobrenatural de Pedro Casablanc. Entre ellos y el ingenuo 'tiqui-taca' de los niños de la película, a lo verano azul oscuro, 'El universo de Óliver' toma un cuerpo, o cuerpecito, en el que lo metafórico, lo emocional y lo ilusionante, todo ello en dosis pequeñas y algo manidas, adquiere su interés y su importancia. (Oti Rodríguez Marchante)

Recomendada (con reservas).



viernes, 3 de junio de 2022

Ruben Östlund, Palma de Oro en Cannes 2022

 

Solo el alemán Michael Haneke (La cinta blanca y Amor) y el danés Bille August (Pelle el conquistador y Las mejores intenciones) habían logrado ganar dos Palmas de Oro con dos películas consecutivas. Ahora, el sueco Ruben Östlund (Styrsö, 48 años) se suma a esta pareja gracias a Triangle of Sadness, Palma de Oro entregada por el jurado que presidía Vincent Lindon. Hace cinco años, el cineasta sueco ya la había ganado con otra sátira. Si en esta ocasión se burla de la moda y de la opulencia económica de los multimillonarios, en 2017 se centró en el arte en The Square. En aquel momento Östlund ya estaba con el guion de este filme, que ha logrado acabar navegando entre confinamiento y confinamiento de la covid, su sexto largometraje y el cuarto estrenado en Cannes.

Su pasión por la sátira procede de dos cineastas que considera sus maestros: Luis Buñuel y su compatriota Roy Andersson, el gran adalid del humor en el cine y en la vida. “A mí siempre me ha interesado Buñuel porque jugaba con sensaciones y jamás fue políticamente correcto”, ha pontificado Östlund cada vez que se le pregunta por el maestro español. Esta vez se la ha jugado con una película a ratos de trazo grueso, dividida en tres episodios, que va de más a menos. “Queríamos que fuera una montaña rusa para adultos, entretenida y divertida, para verla en un cine juntos y al salir tener algo de lo que hablar”, contaba hace días en Cannes. Triangle Of Sadness (el título se refiere al entrecejo, el primer lugar donde se aplica botox para quitar arrugas) es su primera película en inglés y con reparto de diversas nacionalidades. “Yo quería unir a lo mejor del cine estadounidense, que prima la diversión y el entretenimiento, con la gran ventaja del europeo, más entrado en lo intelectual. Muchas veces los europeos no somos un buen público, nos sentamos a ver las películas demasiado serios, con los brazos cruzados”, asegura. “Por eso me he pasado al inglés. Como director quieres llegar a la mayor cantidad de gente posible. Aunque a la vez me duele la dominación anglosajona en el cine y en los medios de comunicación en general. Tenemos que hacer algo con eso, aunque no tengo la solución”.


Fotograma de Triangle Of Sadness


Si The Square se burlaba de su condición de divorciado con dos hijos, con la sensación de estar fuera de lugar, Triangle Of Sadness se basa en experiencias de su segunda esposa. “Hace ocho años conocí a mi actual mujer, Susanna, que es fotógrafa de moda, y me introdujo en ese mundo. Empezamos a conversar sobre cómo se maneja la belleza como un valor de mercado, y de que, por eso, la belleza puede resultar a la vez atractiva y aterradora”. Algo muy atractivo para un cineasta conocido por su rotundidad y su ego, del que se burla muy a menudo. En 2014 llegó a la puerta de los Oscar con Fuerza mayor (Turist), ganadora del premio del jurado en la sección Una cierta mirada. La lectura de las nominaciones de los premios de Hollywood la vivió de una webcam junto a su productor en un hotel de Nueva York. Cuando llego el momento de los finalistas al Oscar a mejor película de habla inglesa (entonces se llamaba así), y oyó que su drama no pasaba la criba final, Östlund saltó histérico y rebosante de ira, y salió disparado de la habitación. “Me bajé a Central Park a llorar. No lo entendía. Cuando subí y mi productor me dijo que había grabado el vídeo y que qué hacía con él, decidí que lo colgara en internet”, contaba.

El cineasta es un apasionado del esquí, y comenzó filmando películas sobre este deporte (de ahí le viene su pasión por las larguísimas secuencias) antes de estudiar cine en la Universidad de Gotemburgo, a cuyo municipio pertenece el pequeño pueblo en que nació. “Siempre me ha entusiasmado la sociología, me viene de mi madre, y creo que eso puede verse también en mis largometrajes”.

Tras el éxito de The Square, el sueco, confiesa, pasó una crisis, atenazado por el miedo. “Por suerte, ya estaba el guion en marcha, no se podía parar”. Con un presupuesto del doble que sus trabajos anteriores, Triangle of Sadness sufrió dos parones por la covid. “Y me vino bien, porque así pude madurar algunos aspectos de la película, que la considero la más compleja de las mías”. Empezó a rodar en enero de 2020, paró en marzo —en junio aprovechó unos días en los que Woody Harrelson, que encarna al capitán de un crucero de lujo, pudo volar a Suecia— y volvió aquel otoño tras las cámaras en Grecia. De nuevo, debió de detener la filmación, que a la tercera, en 2021, pudo rematarse. Con la sátira acaba una trilogía. “No estaba pensada así en sus inicios, pero al final Fuerza mayor (Turist), The Square y Triangle of Sadness reflexionan sobre las expectativas de la masculinidad, y sobre lo que significa ser hombre hoy en día”.




Lo que no va a abandonar es el absurdo. “Mi siguiente trabajo se desarrolla en un vuelo de largo recorrido de 14 horas. Nada más despegar, la tripulación avisa que el sistema de entretenimiento del avión no funciona. No hay pantallas, solo pasajeros y mundo analógico para disfrutar”, aseguraba en Cannes. Y se titula, no podía ser menos, El sistema de entretenimiento se ha caído.

Con la Palma en la mano, en la sala de prensa, Östlund se declaró absolutamente feliz. “La primera vez que gané era la primera vez que estaba en el Concurso. En esta ocasión no he pensado en nada de eso, sino en disfrutarlo y pasármelo bien estos días con mi equipo”, aseguraba. “A eso le he sumado que he conocido a algunos de los otros directores, como Lukas Dhont, y ha sido estupendo. Siento que formamos una comunidad de cineastas de autor. A mí me inspira hacer cine que reflexione sobre cosas importantes, y que a la vez sean divertidos, como las películas de Buñuel o Lina Wertmüller”, contaba antes de explicar sus próximas horas: “Lo voy a celebrar y luego vuelvo a casa a cuidar de mi hijo de 18 meses y a cambiar más pañales”. (Gregorio Belinchón)


Ruben Östlund

miércoles, 1 de junio de 2022

El Jardín de los Finzi-Contini (Vittorio De Sica, 1971)




Vittorio De Sica (1901-1974) es una de las figuras clave del neorrealismo italiano, al que contribuyó con dos películas fundamentales como son “El limpiabotas” (1946) y “Ladrón de bicicletas” (1948). Ganador de cuatro premios Oscar, el último de ellos lo consiguió con “El Jardín de los Finzi-Contini” (1971), en la categoría de mejor película de habla no inglesa (ahora denominado mejor película internacional). En la misma categoría lo había obtenido antes con “Ayer, hoy y mañana” (1964), y había recibido asímismo sendos Oscar especiales por “El limpiabotas” (1946) y “Ladrón de bicicletas” (1948).

El jardín de los Finzi-Contini es un drama histórico ambientado a finales de los años 30, en Ferrara, Italia. Los Finzi Contini son una de las familias más influyentes de la ciudad: son judios ricos y aristócratas. Sus dos hijos, Micòl y Alberto buscan un grupo de amigos con los que las tardes jugando al tenis y olvidarse del resto del mundo, sobre el que empieza a surgir la sombra del fascismo y el nazismo. En ese círculo entra Giorgio, un judío de clase media que se enamora de Micòl, juntos harán el paso de la juventud a la edad adulta.


Aberto (Helmut Berger) y Micòl (Dominique Sanda)




Dominique Sanda y Lino Capolicchio


Dirigida con un ritmo sereno y estilo meticuloso, refleja la nostalgia que siente los distintos personajes, miembros de una clase acomodada, cuando las cosas empiezan a complicarse y la dictadura se hace más evidente. La Italia en el período anterior a la guerra es retratada por De Sica como un sitio en el que nadie espera o admite lo que esta a punto de explotar. El jardín rodeado de altos muros de los Finzi-Contini se convierte en el símbolo de ese compás de espera, parece que nada malo puede suceder, los judíos del pueblo parecen aferrase a la solidez de los muros del jardín como si fueran una prueba de su propia capacidad de resistencia frente a las leyes antisemitas que se están poniendo en marcha.

La pareja protagonista la interpretan Lino Capolicchio, como Giorgio y Dominique Sanda en el papel de Micòl, que sorprende radiante en este papel que conjuga ingenuidad y picardía. El reparto lo completa Helmut Berger, como Alberto y Fabio Testi, en el papel de Bruno Malnate.


Capolicchio, Sanda y Berger




Capolicchio y Testi



El guion se basa en la obra homónima de Giorgio Bassani (cuyo protagonista, Giorgio, es en realidad un alter ego del autor), y se centra en la relación que se establece entre Giorgio y Micol, la primogénita de los Finzi-Contini. La trama se situa en el año 1938, cuando ambos ya son adultos, recurriendo a flashbacks para narrar las etapas de su infancia y adolescencia que sí tienen más presencia en la novela.

Giorgio Bassani (1916-2000)



Giorgio Bassani (1916-2000) vivió su infancia y juventud en Ferrara, en el norte de Italia, donde sufrió la discriminación y posterior persecución que sufrieron los judíos al implantarse en Italia las llamadas leyes raciales. Su peripecia personal como miembro de esta comunidad reprimida por el régimen fascista está reflejada en esta, su obra más célebre “El jardín de los Finzi Contini”, donde narra el cerco y el posterior exterminio de los judíos de Ferrara. Publicada por vez primera en 1962, fue luego compilada en “La novela de Ferrara” (1974) donde el autor reunió distintos relatos, generalmente breves, dedicados a la ciudad de Ferrara.

El narrador, en primera persona, recuerda la historia de los Finzi-Contini, una familia judía de abolengo que lleva una vida apartada, en su lujosa villa de Ferrara, rodeada por un jardín majestuoso. Alberto y su hermana Micòl, los hijos de la familia, deciden invitar a algunos amigos a su casa, después de que a muchos de ellos los hayan expulsado del club de tenis de la ciudad. El protagonista de la historia, Giorgio, un joven judío de clase media, accede así a esta hermética comunidad, en cuyas reuniones convergen la poesía, la historia de Italia, la política, la vida privada, y aflora el amor entre el muchacho y la joven Micòl. Sin embargo, el curso de la historia parece arrastrarlos hacia un destino funesto y abocarlos a precipitarse al abismo que se abre bajo sus pies.





La crítica considera que De Sica está lejos de haber hecho aquí una obra maestra. El propio Bassani, preguntado en 1981 por la adaptación de su novela, dijo: «La película El jardín de los Finzi Contini en sí no vale mucho, porque carece por dentro de la tensión poética, pero es un buen producto artesanal. Me quedo con los diez últimos minutos del filme, que narran la detención de la familia por los fascistas. Estos últimos diez minutos son una auténtica obra de arte». No obstante os propongo comprobar por vosotros mismo la calidad, tanto del libro como de su adaptación al cine, sabiendo que ambas obras son muy recomendables. Ya tenéis deberes para estas vacaciones.