martes, 20 de septiembre de 2011

Aleksandr Sokurov y el cine ruso "de autor"


El pasado día 12 se comentó desde estas páginas el palmarés de la “Mostra” de Venecia, dentro del cual sobresale el “León de Oro” concedido al ruso Aleksandr Sokurov por su Fausto.   ¿Quién este hombre y qué significa en el contexto del cine ruso y, por extensión, del europeo?  Por decirlo en pocas palabras, él mismo y Andrei Zvyagintsev (El regreso –2003–, El destierro –2007–) son considerados los herederos actuales de un tipo de cine intimista y poético, cine “de autor”, si se le quiere llamar así, que tiene su referente clásico en Andrei Tarkovsky (1932-1986), aunque en última instancia hemos de remontarnos a Dovzhenko (1894-1956), uno de los grandes de los años dorados del cine soviético, el director de La tierra (1930), para encontrar las raíces de este cine.


La tierra (1930), de Aleksandr Dovzhenko

Es curioso comprobar cómo en los años dorados del montaje, cuando Eisenstein sentaba cátedra con El acorazado Potemkin o con Octubre, Dovzhenko, en La tierra, ya nos adelantaba un cine de planos largos, un cine con una fotografía que se recrea morosamente en los campos de trigo ondulados por el viento y en los rostros expresivos de los campesinos de Ucrania, un cine con una intención poética que va más allá de lo narrado y que, por razones obvias, no fue del agrado del régimen estalinista.  Los llamados años del “deshielo”, la primera mitad de los sesenta, abrieron un poco el panorama creativo, y en medio de un florecimiento importante del cine ruso surgió la figura poderosa de Andrei Tarkovsky, quien entre 1962 y 1986 filmó siete películas que se convirtieron en siete acontecimientos internacionales: La infancia de Iván, Andrei Rublev, Solaris, El espejo, Stalker, Nostalgia y Sacrificio, además de publicar unos escritos teóricos de gran importancia sobre su forma de entender el cine, que él denominaba con gran elocuencia “esculpir en el tiempo”.  El cine de Tarkovsky, difícil sin duda, a menudo críptico (aunque soy de los que piensa que las dificultades de comprensión se deben con frecuencia a nuestro desconocimiento de los referentes culturales rusos que su público sí tenía y que una buena edición en DVD -¡con subtítulos decentes!– debería proporcionarnos), es un desafío a la inteligencia y a la imaginación, la audaz creación de un lenguaje cinematográfico que intenta superar el cine-narración que no explora las verdaderas posibilidades del medio.  Otro día hablaremos de él.


Secuencia inicial de El espejo (1975), de Andrei Tarkovsky

Tarkovsky terminó sus días en un exilio voluntario, lejos de la Unión Soviética: sus dos últimas películas las rodó, respectivamente, en Italia y en Suecia, y pasó a convertirse en una de las figuras míticas del cine europeo.  Pero antes de su prematura marcha manifestó su aprecio por Aleksandr Sokurov, un joven siberiano de familia militar que se había formado como historiador y que, tras pasar por la televisión, había ingresado en 1975 en el VIGK, la escuela cinematográfica moscovita. Allí conoció a Tarkovsky y se convirtió en un admirador de su cine, particularmente de su obra maestra Zerkalo (“El espejo”, 1975).  Continuador de su estilo, con esos inconfundibles movimientos lentos, pero continuos, de la cámara sobre objetos, decorados y escenarios en largas secuencias que apelan a la sensibilidad del espectador, Sokurov filmó sus primeras obras, no obstante, dentro del género del documental, muy influido por su formación como historiador y por sus vastos conocimientos literarios y pictóricos.  Son los años anteriores a la “perestroika” y la censura veta el estreno de sus obras: María (1978), Sonata para viola. Dimitri Shostakovich (1981), Elegía (1985), entre ellas.  Muchas serán estrenadas años después con la llegada de  Gorbachov y el descubrimiento de Sokurov tras el Festival de Locarno de 1987.


La mayor parte de la obra de Sokurov es posterior a la caída del régimen soviético y el documental tiene en ella una gran presencia, tanto por los documentales en sentido estricto (Elegía soviética –1990–, Voces espirituales –1995–) como por el uso de  imágenes documentales dentro de las obras de ficción, uno de sus rasgos más característicos.  La primera fue La voz solitaria del hombre (1978-1987), galardonada en Locarno en 1987, sobre una historia de Andrei Platonov.  Le siguen Dolorosa indiferencia (1983-1987) y Días de eclipse (1988), aunque el filme que lo proyecta internacionalmente es sin duda Madre e hijo (1997): el vínculo familiar, como buen ruso, es una de las grandes inquietudes de Sokurov, que en esta ocasión explora el amor incondicional de un hijo por su madre enferma en medio de un paisaje pictórico tan bello como inquietante, tratado por medio de lentes que producen un efecto óptico deformante.  Junto a ella, Padre e hijo (2003) profundiza en la desolación que produce en el padre la marcha del hijo del hogar.  La perversión de la tiranía es, por otro lado, otro de los temas que le preocupan y el motivo conductor de una tetralogía que explora la figura del hombre investido de un poder absoluto: Moloch (1999), sobre la vida cotidiana de Hitler; Taurus (2001), sobre los últimos días de Lenin; El sol (2005), sobre el emperador Hiroito; y la recientemente galardonada en Venecia, Fausto (2011).



El cine de Sokurov es tremendamente singular y no del gusto de todos los paladares, pero realiza un planteamiento estético de gran valentía con su confrontación entre el documental y la ficción, con la obsesión por lo pictórico y por el elemento sonoro (música y sonido diegético) y con un ritmo que combina suspensión artificial del tiempo y continuidad infinita por medio de los planos-secuencia.  Todo al servicio de un cine-arte que pretende superar los límites de la narración tradicional y que, a pesar del parentesco con Tarkovsky, adquiere con el tiempo una personalidad única y un estilo inconfundible.  Antes de Fausto, su última película difundida por Occidente –el escenario suele ser el Festival de Cannes– ha sido Aleksandra (2007), en la que sitúa en medio del conflicto de Chechenia a una abuela rusa que busca a su nieto; pero su filme más célebre, por la enormidad del alarde técnico, es sin duda El arca rusa (2002).  La película está rodada en un solo plano-secuencia filmado con steadicam en el que un aristócrata francés resucitado lleva al narrador (cuya voz es la de propio Sokurov) a través de las dependencias del Hermitage: se van sucediendo momentos significativos de la historia de Rusia desde Pedro el Grande hasta el último de los Romanov y el espectador reflexiona sobre la naturaleza del pueblo ruso entre la Europa a la quiere parecerse y la Asia que pretende dejar atrás. 

El fragmento que os propongo, para terminar esta semblanza de Sokurov, pertenece a El arca rusa. El marqués nos deja para que persigamos con la cámara a un grupo de jóvenes-ninfas entre las que se encuentra la célebre Anastasia.  Nos topamos con su madre, la zarina, acompañada por una monja, y entramos en la intimidad de una de las últimas cenas de los Romanov en palacio.  A pesar de la ligereza, del tono amable y del boato de la sala de baile, la atmósfera está cargada por la tormenta que está a punto de desatarse.  Esperemos que el Festival de Sevilla de este año nos traiga buenas muestras del cine ruso contemporáneo.






lunes, 19 de septiembre de 2011

Lo contrario al amor, de Vicente Villanueva



Título original: Lo contrario al amor. Dirección y guión: Vicente Villanueva. País: España. Año: 2011. Duración: 105 min. Género: Comedia romántica. Producción: Francisco Ramos. Música: Julio de la Rosa. Fotografía: David Carretero. Montaje: Teresa Font. Dirección artística: Clara Ibarrola. Vestuario: Montse Sancho. Estreno en España: 26 Agosto 2011.
Intérpretes: Hugo Silva (Raúl), Adriana Ugarte (Merce), Luis Callejo (Fidel), Álex Barahona (Toño), Guadalupe Lancho (Loreto), Rubén Sanz (Salva), Kiti Manver (María Amparo).

Sinopsis:
Merce y Raúl se conocen después de varios fracasos amorosos, se enamoran e inevitablemente se ven de nuevo abocados a repetir de nuevo la historia tantas veces vivida, tras la primera fase romántica se da paso al miedo, al control, la dependencia, el intento de cambiar al otro y adaptarlo a mí…, algo enfermizo, algo que nada tiene que ver con el amor, es justo lo contrario al amor.

Hugo Silva y Adriana Ugarte

Calificación:  4, Deficiente.
Lo mejor de la película: El toque homoerótico entre Toño (Alex Barahona) y Salva (Rubén Sanz) rompe los convencionalismos de la típica comedia romántica, es algo que hay que agradecer, pero no salva el producto final.  
Lo peor de la película: La tristeza de ver a un buen cortometrajista (Heterosexuales y casados, El futuro está en el porno, Mariquita con perro, etc.) que nos contaba cosas interesantes, sumergido en un producto de lo más comercial.

Trailer de la película: 

jueves, 15 de septiembre de 2011

La deuda, de John Madden



Título original: The debt. Dirección: John Madden. País: USA. Año: 2010. Duración: 113 min. Género: Drama, thriller. Guión: Matthew Vaughn, Jane Goldman y Peter Straughan; basado en el guión escrito por Assaf Berstein e Ido Rosenblum para la película “Ha-hov” (2007). Producción: Eduardo Rossof, Kris Thykier, Matthew Vaughn y Eitan Evan. Música: Thomas Newman. Fotografía: Ben Davis. Montaje: Alexander Berner. Diseño de producción: Jim Clay. Vestuario: Natalie Ward. Estreno en España: 8 Septiembre 2011.
Intérpretes: Helen Mirren (Rachel Singer), Sam Worthington (David Peretz joven), Jessica Chastain (Rachel Singer joven), Jesper Christensen (doctor Bernhardt/Dieter Vogel), Marton Csokas (Stephan Gold joven), Ciarán Hinds (David Peretz), Tom Wilkinson (Stephan Gold).

Sinopsis:
1997, dos agentes del Mossad ya retirados, Rachel y Stephan, reciben una noticia sorprendente acerca de su antiguo compañero David. Se convirtieron en figuras muy respetadas en Israel después de una misión que realizaron entre 1965 y 1966 cuando los tres localizaron al criminal de guerra nazi Dieter Vogel, el temible “Cirujano de Birkenau”, en Berlín Este. Rachel tuvo que superar una atracción sentimental mientras servía de cebo para que sus compañeros cerraran la pinza alrededor de Vogel. El equipo arriesgó mucho y pagó un considerable precio para cumplir la misión, pero ¿de verdad la cumplieron? Con el tiempo, el suspense crece, pasando de un período a otro, y las revelaciones son cada vez más sorprendentes. Finalmente, Rachel no tendrá más remedio que ocuparse personalmente del asunto.
Jessica Chastain

Calificación:  7, Buena.
Lo mejor de la película: El diseño de producción en general. El buen ritmo y el cuidado montaje proporcionan con elegancia un producto de entretenimiento y pura emoción. Los giros en el tiempo (flashbacks y flashforwards) son magníficos. Helen Mirren y Jessica Chastain (ambas interpretan el mismo personaje, pero en momentos diferentes de la trama) bordan su interpretación. Atención a la Chastain, pronto estrena “El árbol de la vida”, de Malick, tiene madera de estrella y promete mucho.
Lo peor de la película: Sin lugar a dudas, Sam Worthington. ¿Cómo es posible que esté este tio en esta película? Pero si tiene la misma cara que en “Avatar”.  

Trailer de la película:


martes, 13 de septiembre de 2011

La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)


Título original: La piel que habito. Dirección: Pedro Almodóvar. País: España. Año: 2011. Duración: 120 min. Género: Drama.

Guión: Pedro Almodóvar (basado en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet). Música: Alberto Iglesias. Fotografía: José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Vestuario: Paco Delgado, con la colaboración de Jean-Paul Gaultier. Producción: Agustín Almodóvar, Esther García (El Deseo).

Nominada al Globo de Oro 2011 a la Mejor Película de habla no inglesa. Premio BAFTA a la Mejor Película de habla no inglesa. Premio de la Juventud en el Festival de Cannes 2011. 4 Premios Goya, incluido Mejor Actriz Protagonista (Elena Anaya).

Fecha del estreno: 2 Septiembre 2011 (España).

 

Reparto: Antonio Banderas (Robert Ledgard), Elena Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet (Vicente), Roberto Álamo (Zeca), Blanca Suárez (Norma), Eduard Fernández (Fulgencio), José Luis Gómez (Presidente del Instituto de Biotecnología), Bárbara Lennie (Cristina), Susi Sánchez (madre de Vicente), Fernando Cayo (médico).

 

Sinopsis:

Desde que su mujer murió quemada en un accidente de coche, el doctor Ledgard, eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio, aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres humanos. Pero ése no será el único crimen que cometerá en “La piel que habito”.

 

Comentarios:

Nada es sencillo. Soy maestra de ballet y nada es sencillo, decía Katerina Bilova (Geraldine Chaplin) al final de 'Hable con ella' (2002), la película en la que se afirmó esa etapa de madurez en la filmografía de Pedro Almodóvar que ahora parece haber llegado a un nuevo punto de inflexión con 'La piel que habito'. Entre una película y otra, la filmografía del manchego parece haber invertido todo su esfuerzo en ilustrar y demostrar las palabras del personaje de la Chaplin: en efecto, no hay nada sencillo en los fascinantes movimientos de la condición humana en esas zonas de alto riesgo que Almodóvar delimita como territorio de sus ficciones.

Si, en 'Hable con ella', emergía la luz en un acto aparentemente atroz, aquí, una retorcida venganza puede revelar una segunda piel como carta de amor mortuorio que transforma al verdugo en vulnerable víctima. Y una brutal tortura, sostenida en el tiempo, podría ser el largo y tortuoso camino que recorre un personaje para cerrar el círculo esbozado por las leyes de la atracción. En efecto, nada es sencillo en 'La piel que habito'. Ni siquiera escribir sobre ella sin aguarle la fiesta al amante de los giros imprevistos y los laberintos narrativos.

Aplico el teorema de Almodóvar, basta mirar el tiempo suficiente, para transformar el horror en belleza, escribía el enigmático Antoni Casas Ros en su novela 'El teorema de Almodóvar' (ed. Seix Barral), obra que parece mantener más puntos de contacto con 'La piel que habito' que la novela de Thierry Jonquet ('Tarántula') que sirve de punto de partida a la película. Cuando Casas Ros habla de belleza, probablemente no se esté refiriendo a la estética, sino, precisamente, a lo mismo a lo que aludía Katerina Bilova en Hable con ella: a la complejidad, a la posibilidad de trascender ese horror a través de la fascinación por sus matices, sus fragilidades. Pero, sí, también la forma de 'La piel que habito' es exquisita, un ejercicio de aplomo y alta seguridad en el delicado arte de detectar la armonía en lo irreconciliable. En sus notas más extravagantes –el plano final o la aparición de Zeca (Roberto Álamo)– es donde la película encuentra la medida de su grandeza.

El cóctel de géneros no parece la estrategia premeditada, astuta y posmoderna de un mad doctor cinéfilo, sino la respiración natural de una obra que absorbe diversos ecos ('La piel que habito' podría ser la summa de toda la tradición irracional del medio), fija la esencia almodovariana y ahonda en su gran tema: la ley del deseo como fuerza redentora y camino de autodestrucción. (Jordi Costa)

Recomendada.




jueves, 8 de septiembre de 2011

El caso Farewell (Christian Carion, 2009)


Título original: L’affaire Farewell. Dirección: Christian Carion. País: Francia. Año: 2009. Duración: 113 min. Género: Thriller.

Guión: Eric Raynaud. Música: Clint Mansell. Fotografía: Walther Van Den Ende. Montaje: Andrea Sedlackova. Diseño de producción: Jean-Michel Simonet. Vestuario: Corinne Jorry. Producción: Philippe Boeffard, Bertrand Faivre y Christophe Rossignon.

Fecha del estreno: 5 Agosto 2011 (España)

 

Reparto: Guillaume Canet (Pierre), Emir Kusturica (Sergei), Fred Ward (Ronald), Willem Dafoe (Feeney), Alexandra Maria Lara (Jessica), Diane Kruger (mujer corriendo).

 

Sinopsis:

Moscú, años 80, Guerra Fría. Defraudado por el régimen comunista, el coronel del KGB Serguei Grigoriev se propone derrocarlo. Se pone en contacto con el ingeniero francés Pierre Froment, al que proporciona información altamente confidencial que no tarda en llegar al propio Mitterrand, quien, a su vez, alerta al presidente Reagan sobre la existencia de una gigantesca red de espionaje gracias a la cual los soviéticos conocen hasta el más mínimo detalle de las investigaciones científicas, industriales y militares de los países occidentales. Pierre Froment se verá entonces implicado en un gravísimo asunto de espionaje que, además de sobrepasar su capacidad, pone en peligro su vida y la de toda su familia.

 

Comentarios: 

En El espía que surgió del frío, tanto en la novela de John Le Carré como en la excelente adaptación cinematográfica realizada por Martin Ritt en 1965, el juego del gato y el ratón implícito en cualquier relato de espías aparecía sublimado en la escena del interrogatorio final con el heroico sacrificio de los verdaderamente afectos a cada régimen. Un aspecto que parece querer retomar el francés Christian Carion en su cuarta película, El caso Farewell, baldía tentativa de recuperación del cine de espías de los sesenta y setenta, maduro, reposado y trascendente, un tanto aprisionado ahora por la supersónica velocidad de la saga Bourne y de los tiempos que nos acechan.

Con un ritmo mucho más calmoso del habitual, la película está infinitamente mejor dirigida que escrita. La partitura creada por Clint Mansell, músico habitual de Darren Aronofsky; la textura fotográfica con una pizca de grano, rememorando el estilo de aquel cine europeo desarrollado por gente como Yves Boisset, el Sidney Lumet de Llamada para el muerto, o sin ir más lejos la recuperación que supuso la reciente La vida de los otros, además de ciertos detalles en la puesta en escena y en los juegos de sonido, acaban otorgando a la película un aire de inquietud, de espionaje de altura. Pero solo estamos ante la riqueza del envoltorio. El interior, en cambio, está repleto de agujeros. Querer ser sutil con las soluciones narrativas no significa ser confuso y a la complejidad habitual de las tramas con confidentes se unen excesivos cabos sueltos. Así, buena parte de la base argumental, encabezada por la metodología del coronel de la KGB para descubrir los secretos revelados luego a los occidentales, permanece casi siempre en el terreno de la elipsis, lo que termina pareciendo más un truco de magia narrativo que una finura de guion. Y junto a momentos de cierta potencia coexisten fragmentos de producción directamente calamitosa, como esos papeles ultrasecretos volando por la ventanilla del coche, o ese elementalísimo guiño histórico con Mijaíl Gorbachov hablando en una reunión del Politburó de la necesidad de una perestroika cuando aún era uno de los intendentes de Yuri Andrópov.

Afirman sus responsables que estamos ante un caso real poco conocido que, sin embargo, contribuyó decisivamente a la caída del régimen soviético. Es posible, pero seguro que se podía haber contado de una forma más clara. (Javier Ocaña)

Recomendada (con reservas).



martes, 6 de septiembre de 2011

Tournée (Mathieu Amalric, 2010)


Título original: Tournée. Dirección: Mathieu Amalric. País: Francia. Año: 2010. Duración: 111 min. Género: Drama.  

Guión: Mathieu Amalric, Philippe Di Folco, Marcelo Novais Teles, Raphaëlle Valbrune. Fotografía: Christophe Beaucarne. Montaje: Annette Dutertre. Dirección artística: Stéphane Taillasson. Vestuario: Alexia Crisp-Jones. Producción: Yaël Fogiel, Laetitia Gonzalez.

Mejor Dirección y Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Cannes 2010.

Fecha del estreno: 13 Mayo 2011 (España)

 

Reparto: Mathieu Amalric (Joachim Zand), Miranda Colclasure (Mimi Le Meaux), Suzanne Ramsey (Kitten on the Keys), Linda Marraccini (Dirty Martini), Julie Ann Muz (Julie Atlas Muz), Angela De Lorenzo (Evie Lovelle), Alexander Craven (Roky).

 

Sinopsis:

Al cumplir los 40, Joachim Zand, productor de televisión parisino, lo abandona todo y se marcha a Estados Unidos para iniciar una nueva vida. Regresa a Francia acompañado de las New Burlesque, una compañía de mujeres voluptuosas que, como ellas mismas dicen, hacen shows de striptease que hombres y mujeres disfrutan por igual. Joachim les ha prometido una gira que concluirá a lo grande en un teatro de París. Para cumplir su promesa, deberá recurrir a todos aquellos que abandonó, lo que provocará la reapertura de viejas heridas del pasado.

 

Comentarios:

En una escena de Tournée, extraordinario cuarto largometraje como director del actor Mathieu Amalric, se define el new burlesque, aunque no exactamente con estas palabras, como un instrumento femenino concebido para reconquistar un imaginario erótico tradicionalmente dominado, y moldeado, por la mirada masculina. En el new burlesque, por decirlo de otro modo, el striptease no tiene tanto que ver con la lubricidad como con la identidad. En otro momento de la película, la fantástica Miranda Colclasure resuelve un gatillazo encontrando una expeditiva solución a la satisfacción de su propio placer.

En cierto sentido, se podría decir que el new burlesque supone para la tradición del convencional striptease lo que supuso el cine de John Cassavetes para la dramaturgia del Hollywood clásico: un cuerpo que construye su propio discurso frente a los cuerpos que se han sometido a las exigencias e inercias de un discurso ajeno. El cuerpo tatuado de Miranda Colclasure parece, por otra parte, el mapa que describe la ruta hacia el tesoro oculto de la serie Z: un cuerpo contracultural como contracultural -y activista, reivindicativo, político e insumiso- es el new burlesque.

Todas ellas estrellas reales del new burlesque que interpretan, ante la mirada transversal de la cámara, los números que ellas mismas han concebido, las actrices convocadas por Amalric en el reparto de Tournée no responden, ni por edad, ni por estética, a los parámetros de belleza consensuados en nuestro presente plástico y vaciado de contenido: en la dignidad y el esplendor de sus cuerpos está uno de los mayores efectivos de una película que, además, logra trascender el rotundo argumento que, por sí mismas, generan esas presencias.

Tournée -premio a la mejor dirección en el pasado Cannes, donde la película recibió, también, la distinción de la Fipresci- cuenta la historia -aunque aquí el verbo contar solo desvela una parte de lo que la película es- de la gira francesa del grupo de estrellas del new burlesque que comanda un exproductor televisivo caído en desgracia, encarnado por un Amalric que parece canalizar la tensión y la inestabilidad del Ben Gazzara de The Killing of a Chinese Bookie (1976). El relato coloca las claves del pasado del personaje en un espacio de ambigüedad: importa más la desorientación presente que las raíces de su exilio. París es, por un lado, la promesa incumplida, el destino que nunca llegará en esta gira que, en realidad, es la forma itinerante que alcanzará la caótica deriva del mánager antes de comprender que jamás volverá a casa. O que esa casa simbólica ya se ha hecho pedazos. Por eso, el viaje encuentra su particular oasis en un hotel vacío, perfecto escenario para frágiles renacimientos, esbozadas reconciliaciones vitales y la climática asunción de esa provisionalidad perpetua que es la condena -o el único hogar posible- de quienes prefieren la intemperie a una integración que para ellos solo puede significar algo parecido a la muerte. (Jordi Costa)

Recomendada.



domingo, 4 de septiembre de 2011

Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011)


Título original: Cowboys & Aliens. Dirección: Jon Favreau. País: USA. Año: 2011. Duración: 118 min. Género: Acción, Ciencia-Ficción, Western.

Guión: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Hawk Ostby, Damon Lindelof, Mark Fergus (a partir de la adaptación cinematográfica de Mark Fergus, Hawk Ostby, Steve Oedekerk; basada en la novela gráfica de Platinum Studios). Música: Harry Gregson-Williams. Fotografía: Matthew Libatique. Montaje: Dan Lebental, Jim May. Dirección artística: Scott Chambliss. Vestuario: Mary Zophres. Producción: Brian Grazer, Ron Howard, Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Roberto Orci, Scott Mitchell Rosenberg.

Fecha del estreno: 2 Septiembre 2011 (España).

 

Reparto: Daniel Craig (Jake Lonergan), Harrison Ford (coronel Woodrow Dolarhyde), Olivia Wilde (Ella), Sam Rockwell (Justin Hammer), Clancy Brown (Meacham), Noah Ringer (Emmett), Adam Beach (Nat Colorado), Paul Dano (Percy Dolarhyde), Abigail Spencer (Alice).

 

Sinopsis:

En 1873, en el viejo Oeste, los colonos y los indios se enfrentan en una batalla salvaje por el control de las tierras. Pero cuando la Tierra se ve amenazada por seres de otro planeta, ambos bandos deberán colaborar para salvar a la humanidad.

 

Comentarios:

Unos platillos volantes muy años cincuenta persiguen y disparan sus rayos mortíferos sobre un vaquero que replica con su revólver. Al pie de la imagen se lee: "La tan a menudo idealizada imagen de los cowboys y los aliens". Se trata de un chiste de Gary Larson, uno de los grandes heterodoxos del humor gráfico, que, con su longeva serie The far side, popularizó un estilo que se apropiaba de referentes de la cultura popular para bañarlos de surrealismo y colocarles una lacónica frase forrada de sutileza y hábil manejo del sobreentendido. La ocurrencia de Larson debió de infectar el imaginario de Scott Mitchell Rosenberg, fundador de Platinum Studios, compañía multimedia con un pie en el mercado del comic-book y las ambiciones puestas en la industria audiovisual: bajo la inspiración del chiste, Rosenberg diseñó una franquicia, Cowboys & aliens, que quería ser al mismo tiempo cinematográfica y tebeística. Finalmente, Cowboys & aliens se hizo (mediocre) historieta, pero recorrió un camino sinuoso hasta caer en Paramount y transformarse en el último blockbuster de esta abigarrada cartelera veraniega.

Quizá por todo este pintoresco origen, el público parecía dar por sentado que esta película se iba a tomar su premisa a chirigota. El toque de gracia de Jon Favreau -actor reciclado en director sin detectable estilo, pero casi siempre excéntrica intención- ha consistido en frustrar, con ingenio, tal horizonte de expectativas. En los primeros minutos ya hay un toque de genio: si el Clint Eastwood de El jinete pálido tuvo la intuición de darle un giro sobrenatural al arquetipo leoniano del Hombre sin nombre, convirtiéndolo en un revenant, Favreau y sus deslumbrantes guionistas de la escuela Abrams replican mutando la enigmática figura en un abducido. Cowboys & aliens es como un mashup casi perfecto, que se olvida de ironías, proporciona carne a todas sus figuras -hacía tiempo que Harrison Ford no estaba tan bien- y, en sus mejores momentos -el rescate de la chica sobre el caza alienígena-, parece el sueño libidinal de un cinéfilo mutante hecho puro espectáculo. (Jordi Costa)

Recomendada (con reservas).



sábado, 3 de septiembre de 2011

Festival de Cine de Venecia 2011



El 31 de agosto de 2011 arrancó la 68ª edición del Festival de Venecia, también conocida como la Mostra de Venecia por su nombre original en italiano: Mostra Internazionale D’Arte Cinematrografica (la Biennale di Venezia 2011). Durante 11 días la ciudad italiana se convierte en el epicentro del mundo del cine.
El realizador neoyorquino Darren Aronofsky será el presidente de esta edición del Festival. Ganador del máximo galardón de este certamen, el León de Oro, en 2008, con El luchador (The Wrestler), fue el encargado de inaugurar la edición del año pasado con Cisne negro, protagonizada por la oscarizada Natalie Portman.
Los filmes que compiten este año por el León de Oro, máximo galardón del prestigioso Festival, son:
    
The Ides of March, de George Clooney (EE.UU.)
con Ryan Gosling, George Clooney, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti, Marisa Tomei, Evan Rachel Wood

Tinker, Tailor, Soldier, Spy, de Tomas Alfredso (Reino Unido / Alemania)
con Gary Oldman, Colin Firth, Tom Hardy, John Hurt

Wuthering Heights, de Andrea Arnold (Reino Unido)
con Kaya Scodelario, Nichola Burley, Steve Evets, Oliver Milburn

Texas Killing Fields, de Ami Canaan Mann (EE.UU.)
con Sam Worthington, Jessica Chastain, Chloe Grace Moretz, Jeffrey Dean Morgan

Quando la notte, de Cristina Comencini (Italia)
con Claudia Pandolfi, Filippo Timi, Michela Cescon, Thomas Trabacchi

Terraferma,de Emanuele Crialese (Italia / Francia)
con Filippo Pucillo, Donatella Finocchiaro, Giuseppe Fiorello, Claudio Santamaria

A Dangerous Method, de David Cronenberg (Alemania / Canadá)
con Keira Knightley, Viggo Mortensen, Michael Fassbender, Vincent Cassel

4:44 Last Day On Earth, de Abel Ferrara (EE.UU.)
con Willem Dafoe, Shanyn Leigh, Paz de la Huerta, Natasha Lyonne

Killer Joe, de William Friedkin (EE.UU.)
con Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Juno Temple, Gina Gershon

Un été brulant, de Philippe Garrel (Francia / Italia / Suiza)
con Monica Bellucci, Louis Garrel, Céline Sallette, Jérôme Robart

Tao Jie (A Simple Life), de Ann Hui (China / Hong Kong)
con Andy Lau, Deanie Yip, Anthony Wong, Tsui Hark

Hahithalfut (The Exchange), de Eran Kolirin (Israel)
con Rotem Keinan, Sharon Tal, Dov Navon, Shirili Deshe

Alpis (Alps), de Yorgos Lanthinos (Grecia)
con Ariane Labed, Aggeliki Papoulia, Aris Servetalis, Johnny Vekris

Shame, de Steve McQueen (Reino Unido)
con Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge, Nicole Beharie

L’ultimo terrestre, de Gian Alfonso Pacinotti (Italia)
con Gabriele Spinelli, Anna Bellato, Roberto Herlitzka, Teco Celio

Carnage, de Roman Polanski (Francia / Alemania / España / Polonia)
con Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly

Poulet aux prunes, de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud (Francia / Bélgica / Alemania)
con Mathieu Amalric, Maria De Medeiros, Golshifteh Farahani, Isabella Rossellini, Chiara Mastroianni

Faust, de Aleksander Sokurov (Rusia)
con Johannes Zeiler, Anton Adasinskiy, Isolda Dychauk, Hanna Schygulla

Dark Horse, de Todd Solondz (EE.UU.)
con Justin Bartha, Selma Blair, Mia Farrow, Jordan Gelber, Donna Murphy, Christopher Walken

Himizu, de Sion Sono (Japón)
con Shôta Sometani, Fumi Nikaidô, Tetsu Watanabe, Mitsuru Fukikoshi

Duo Mingjin (Life Without Principle), de Johnnie To (Hong Kong)
con Ching Wan Lau, Ken Lo, Richie Ren

Saideke Balai (Warriors of the Rainbow: Seediq Bale), de Wei Te-Sheng (Taiwán)
con Da-Ching, Umin Boya, Landy Wen, Lo Mei-ling

 

Life Without Principle

 

Un été brulant


Sólo uno de estos 22 títulos podrá obtener el máximo galardón, el León de Oro a la mejor película. No obstante, también se concederá el León de Plata al mejor director y las Copas Volpis para los intérpretes más sobresalientes.
Lamentamos la poca presencia española en el Festival. Sólo fuera de competición se proyectará una cinta española, Eva(2011), el debut en el largometraje de Kike Maillo, conocido en nuestro Taller de Cine por haberse proyectado un corto suyo, Los perros de Pavlov (2003)


Por otro lado, a los 71 años, el cineasta italiano Marco Bellocchio, realizador de Vincere, En el nombre del padre y Buenos días, noche, entre muchas otras, recibirá un León de Oro honorífico por toda su carrera.  
Pronto conoceremos a los ganadores y con un pelín de suerte algunas de estas películas las podremos ver estrenadas en Sevilla. Suerte a todas.


Faust

viernes, 2 de septiembre de 2011

El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011)



Título original: Rise of the planet of the apes. Dirección: Rupert Wyatt. País: USA. Año: 2011. Duración: 107 min. Género: Ciencia-Ficción.

Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver (basado en la novela “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle). Música: Patrick Doyle. Fotografía: Andrew Lesnie. Montaje: Conrad Buff, Mark Goldblatt. Diseño de producción: Claude Paré. Vestuario: Renée April. Producción: Peter Chernin, Dylan Clark, Rick Jaffa, Amanda Silver.

Nominada a Mejores Efectos Visuales en los Premios Oscar 2011.

Fecha del estreno: 5 Agosto 2011 (España).

 

Reparto: James Franco (Will Rodman), Freida Pinto (Caroline Aranha), Brian Cox (John Landon), Tom Felton (Dodge Landon), Andy Serkis (César), John Lithgow (Charles Rodman), David Hewlett (Hunsiker), David Oyelowo (Steven Jacobs), Tyler Labine (Robert Franklin), Jamie Harris (Rodney).

 

Sinopsis:

Precuela del ya mítico largometraje "El planeta de los simios". Will Rodman es un joven científico que está investigando con monos para obtener un tratamiento contra el alzheimer, una enfermedad que afecta a su padre. Uno de esos primates, César, un chimpancé recién nacido al que Will se llevó a casa para protegerlo, experimenta una evolución en su inteligencia verdaderamente sorprendente. En el estudio del simio le ayudará una bella primatóloga llamada Caroline.

 

Comentarios: 

Películas con finales tan memorables, infalibles, demoledores y acordes con lo que se ha estado contando a lo largo del metraje anterior como el de El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) invalidan por sí mismos cualquier retoque, continuación o revisión. La Estatua de la Libertad. La destrucción. El apocalipsis. Nada de puntos y aparte. Punto y final.

Quizá por ello todas las tentativas de regreso a la temática iniciada con la novela original de Pierre Boulle (cuatro insistentes películas cada vez más folletinescas, una serie de televisión que nos alegró la infancia pero que no admite una visión madura, y aquel nefasto remake de Tim Burton, con la selva creada en estudio más cutre de la historia de las superproducciones) resultaban meros ejercicios de nostalgia más o menos cochambrosos. Sin embargo, aquel dantesco desenlace dejaba un resquicio para acercarse al relato desde una perspectiva con inmensas posibilidades: la revelación de la raíz de esa sociedad distópica que encontraba el astronauta Charlton Heston tras el aterrizaje de su nave. Y ahí se adentra El origen del planeta de los simios, sorprendentemente interesante germen de la película de Schaffner, ambientada en un futurible presente en el que las compañías farmacéuticas parecen dispuestas a todo con tal de, por ejemplo, encontrar un remedio contra el alzhéimer y, sobre todo, de forrarse de dinero aun a costa de la seguridad. Así, el guion construido alrededor de las investigaciones sobre la recuperación de la memoria en los seres humanos permite al padre enfermo del científico protagonista ejercer de elemento dramático detonador de sentimientos, sensaciones y problemáticas.

Mientras, la perfección a la que ha llegado la técnica de la captura de movimientos (almacenamiento de las acciones de actores humanos para su posterior animación digital) permite que el mono protagonista sea un prodigio de expresividad facial (aún queda un paso para que saltos y vuelos sean del todo realistas), como ya lo eran los anteriores trabajos del actor elegido para la tarea, el felizmente encasillado Andy Serkis, que no era nadie antes de inspirar los movimientos de Gollum y de King Kong, y que ahora es poco menos que una estrella.

De modo que a la película solo se le pueden echar en cara un par de desperfectos, y no de base, sino colaterales. El primero, de guion, porque el giro desde el doctor loco dispuesto a todo hasta el buen científico que no quiere arriesgar es demasiado rápido y contraproducente. Y el segundo, de dirección, porque a la puesta en escena del poco conocido Rupert Wyatt le sobran unos cuantos movimientos de cámara construidos en el ordenador, en teoría virtuosos pero en realidad bastante más falsos que los saltos de los monos. Algo que se olvida con la doblemente espectacular media hora final, contagiosa para el entretenimiento e infecciosa en su perversidad social. (Javier Ocaña)

Recomendada.