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Vicente Aranda |
Hace unos días falleció a los 88 años de edad
el director de cine barcelonés Vicente Aranda, dejando tras de sí una obra
amplia y variada merecedora de numerosos premios, entre ellos el Nacional de
Cinematografía de 1988. También lega a la posteridad numerosas polémicas con
productores, actores y críticos, a los que caricaturizó en alguna de sus
películas. Fue Vicente Aranda un hombre que no se mordía la lengua y que
saltaba al ruedo a pecho descubierto. Pero sobre todo fue un cineasta de
talento al que se deben películas muy notables y, desde luego, personales.
Según nos comenta Diego Galán, Aranda sostenía
que siempre había tenido quince años más de lo que le correspondía, seguramente
porque comenzó su carrera cinematográfica más tarde que otros directores de su
generación. Esperó hasta los 39 años para dirigir su primera película,
Brillante porvenir (1965), y lo hizo al alimón con Román Gubern, también autor
primerizo. Hasta entonces Aranda había vivido en Venezuela, adonde se marchó a
trabajar en temas informáticos, abandonando su Barcelona natal. Fue, pues,
tardío en llegar al cine, y lo hizo, como presumía, “desde la nada a director,
es decir, sin ningún paso profesional intermedio”, pero de forma contundente,
como demuestran sus 25 largometrajes, a los que habría que añadir los
espléndidos trabajos que hizo para televisión, como Los jinetes del alba y El
crimen del capitán Sánchez. Mostró en todos ellos una visión de la vida y de
nuestro país, amarga y realista, irónica y lúcida.



Otras novelas de Vázquez Montalbán, Luis
Martín Santos, Antonio Gala, Gonzalo Suárez, Jesús Fernández Santos, Fernando
Delgado o Juan Madrid fueron adaptadas al cine por Aranda, así como los
clásicos Carmen (2003) o Tirante el blanco (2006). Su última obra fue Luna
caliente (2009), con Eduard Fernández. En toda su filmografía jamás estuvo
ausente el humor a pesar del carácter aparentemente huraño, de perenne
cascarrabias con el que solía manifestarse. Ni cierto sentido del riesgo
formal. “La vanguardia es imprescindible pero hay que disimularla”, le gustaba
decir.
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Vicente Aranda |
Esto es casi como estar en una clase tuya. Me gusta mucho. Ana
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