viernes, 12 de enero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 12-01-2018



6 películas se estrenan el 12 de enero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones británicas, una estadounidense, una polaca, una francesa y una española. De los 6 estrenos, dos son de animación. Quedan sin editar en nuestra ciudad la comedia de intriga “Call TV” (Norberto Ramos del Val, 2017) y el interesante thriller de cine independiente “Most Beautiful Island” (Ana Asensio, 2017). Este es nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla.      


Tres anuncios en las afueras. (USA, 2017). Dir. Martin McDonagh.   
Thriller mezclado con comedia negra, interpretado por Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell y Lucas Hedges. 
El score lo compone Carter Burwell.
Ganadora del premio al Mejor Guión en el Festival de Venecia 2017. 4 nominaciones a los Globo de Oro (incluida Mejor Película Drama).
La protagonista es Frances McDormand, esposa de Joel Coen, y el ambiente puede recordar a los directores de 'No es país para viejos', pero estamos lejos del cine de los hermanos Coen. Es en otro territorio, incluso algo más salvaje, el del cineasta, guionista y dramaturgo anglo-irlandés Martin McDonagh, quien ahora vira hacia el medio oeste estadounidense después de haber ambientado sus películas anteriores en Bélgica ('Escondidos en Brujas') o en California ('Siete psicópatas').
Viraje consecuente porque 'Tres anuncios en las afueras' no podría pasar en otro lugar que no fuera esa pequeña localidad de Misuri llamada Ebbing, una ciudad en esencia apacible aunque esté habitada por policías borrachos, mujeres racistas y se haya producido la violación y asesinato de una muchacha. McDormand encarna a la madre de la chica. Ante la inoperancia de la policía local, incapaz de encontrar alguna pista sobre el asesino, la madre decide anunciar su ira y descontento en tres vallas publicitarias consecutivas colocadas en la entrada de la ciudad.
Letras negras sobre intenso fondo rojo. Se ven desde cualquier parte. Y alteran el orden de Ebbing. Lo mejor del filme reside en que es un brillante texto de dramaturgo volcado en imágenes con gran personalidad. McDonagh podía ser antes un símil más bárbaro de Guy Ritchie y tener algo de los Coen. Ahora posee una voz cinematográfica propia y singular.
El filme cuenta con varios personajes de interés. Siendo el de McDormand el medular, no le van a la zaga los que encarnan Sam Rockwell y Woody Harrelson, un agente de policía inepto y un sheriff sobre el que recaen no menos de dos giros interesantes de guión. Y si hay tres vallas publicitarias en las afueras, hay también tres cartas, las que escribe desde el sheriff, enfermo de cáncer, una para su esposa, otra para la madre y otra para el agente. En estas tres cartas se concentran los requiebros de un filme que, además, sabe oscilar entre tonos y tendencias -drama rural, 'thriller', comedia negra- con talento. Recomendada.



El instante más oscuro. (USA, 2017). Dir. Joe Wright.
Drama ambientado en 1940, interpretado por Gary Oldman, Ben Mendelsohn, Kristin Scott Thomas y Lily James
Nominada al Globo de Oro 2017 a Mejor Actor Drama (Gary Oldman).
El score lo compone Dario Marianelli.
Gary Oldman es uno de los actores mejor dotados del mundo para hacer de villano, pues hay algo en su cara, en su expresión, en su fondo de ojos fríos y chiquitos que te aconsejan cruzarte de acera, o mejor, irte de la ciudad. En esta película, conquistada de norte a sur y de este a oeste por la interpretación de Gary Oldman, no busquen ni esa expresión ni ese fondo de ojos, no busquen tampoco su cara, porque no está: ha desaparecido en el interior de su personaje, Winston Churchill, al que también le hace desaparecer, en cierto modo, todos sus clichés, salvo el puro y un poco su proverbial estilete. Muestra de él los temblores de su mano firme, la inseguridad de quien está convencido.
Hace unos meses era Brian Cox quien encarnaba a Churchill en la película de Jonathan Teplitzky, y ahora es el director Joe Wright, tan buen exprimidor del «zumo britis» en títulos como «Orgullo y prejuicio» o «Expiación», el que se enfrenta a la personalidad del político y propone de él un retrato distinto pero también oficial: las dudas y la firmeza del hombre que se negó a firmar la paz-rendición que le ofrecía Hitler. La película lo retrata en su vida familiar, junto a su esposa Clementine (Kristin Scott Thomas), pero casi desde el punto de vista de su secretaria Elizabet Layton (Lily James) y con su gran habano apuntando a los hechos históricos que le tocaría resolver: buenas y jugosas escenas en el Parlamento británico, su relación tensa con Chamberlain y el Rey Jorge VI, algunas de esas frases rotundas y dramáticas, incluso una secuencia algo subida de tono melodramático y ardor patriótico en el Metro londinense. Pero, ya lo decía el hombre que mató a Liberty Valance, «cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que publicar la leyenda».
Tanto el trabajo de Oldman como el del director Wright es espléndido en cuanto a la puesta en escena, del personaje y de la historia, la cual, por cierto, sirve de contraplano de la película «Dunkerque», de Christopher Nolan: una en lo bélico y otra en los manejos de la política tratan de ese capítulo esencial de la Segunda Guerra Mundial. Por lo demás, ahora, ver a políticos que no están completamente majaretas es tranquilizador. Recomendada.



Loving Vincent. (Polonia, 2017). Dir. Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
Nominada al Globo de Oro a Mejor Película de Animación.
Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, "Loving Vincent" es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado.
El pionero Winsor McCay ya intuyó que la animación siempre iba a tener algo de esfuerzo épico: 4.000 dibujos a mano le permitieron ganar la apuesta con su colega George MacManus de que sería capaz de dotar de vida y movimiento a los personajes de su serie de historietas “Little Nemo in Slumberland”. Más adelante, 10.000 dibujos le hicieron ganar otra apuesta: la de resucitar a una criatura antediluviana en “Gertie, the Dinosaur (1914)”, película que, de paso, sentó las bases de la animación basada en la caracterización de personajes. Pensadas originalmente para su exhibición en los espectáculos en directo que daba el propio artista, las dos películas incorporaron sus respectivos prólogos para su exhibición autónoma en salas, en los que se dramatizaba la apuesta, colocando cierto énfasis cómico en los hiperbólicos toneles de tinta y las aparatosas resmas de papel empleadas en la ejecución de la obra.
La revolución digital, a través de su simplificación del proceso de producción, ha hecho posible que el cine animado viva una edad de oro de alta productividad y diversidad estética, pero le ha restado épica al asunto. La polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman parecen haber encontrado un lugar único para restituir ese factor épico de la animación en “Loving Vincent”, la primera película… ¡pintada al óleo! 65.000 cuadros elaborados por 125 pintores de formación académica, pero sin experiencia en la animación, han hecho posible este milagro que logra esquivar el alto riesgo de caer en el kitsch en su intento de mimetizar y poner el movimiento el trazo de Van Gogh. Pese a recurrir a esa técnica de la rotoscopia –rodaje con actores de carne y hueso para servir de base al resultado final- que la ortodoxia de la animación suele considerar un atajo, Loving Vincent se impone con la fuerza de una imposibilidad hábilmente materializada.
La película adopta, al modo de “Ciudadano Kane” (1941), la forma de una investigación post-mortem cuyos tesoros en el centro del laberinto son el asombro del artista ante la belleza cotidiana del mundo y el sacrificio existencial del hermano Theo para la protección de un genio malogrado. La meticulosa construcción de todo un universo a través de la cita pictórica y la lucidez a la hora de interpretar la potencialidad de movimiento y de variación de ángulos en la pintura de Van Gogh se convierten en las mayores fortalezas de un trabajo titánico. Recomendada.



Thi Mai, rumbo a Vietnam. (España, 2018). Dir. Patricia Ferreira.
Comedia dramática interpretada por Carmen Machi, Adriana Ozores, Aitana Sánchez-Gijón, Dani Rovira y Luis Bermejo.
Rara vez aludimos a esos aspectos, en principio tan colaterales que no tienen cabida en los textos, pero la crítica de cine también puede incluir el comentario más o menos somero de los materiales elegidos para la venta del producto. Y en este caso parece obligado, aunque casi más como aviso a navegantes que como apreciación en sí. De modo que solucionémoslo en el primer párrafo, porque es, con diferencia, lo peor de la película: “Thi Mai, rumbo a Vietnam”, quinto largometraje de ficción de Patricia Ferreira, es bastante mejor que ese horrendo póster, en cuestión de diseño, fotografía, composición, colores, tipografías e incluso tono, y que ese espantable título que, aunque vista la historia pueda tener su poder simbólico, antes de ella parece pergeñado para huir en busca de otro entretenimiento.
Y la alusión al tono viene dada porque lo que desprende ese cartel es aroma a comedia desarbolada y dicharachera, cuando en realidad estamos ante una comedia dramática de libro —que no comedia negra, pues la risa y el llanto se suceden alternativamente en cada secuencia, y nunca en conjunción—, con afanes de cierta trascendencia sobre temas mayúsculos en la sociedad española contemporánea: la degradación de la mujer, la rebelión de opresión machista, el surgimiento de las familias monoparentales, las dificultades para la adopción en el extranjero, la muerte de una hija y su duelo, el papel de los abuelos como salvación de un modo de vida ante la imposible conciliación, las jubilaciones no ya anticipadas sino mortalmente precoces, y la dictadura de la juventud.
Con personajes muy reconocibles, tres actrices magníficas al frente, tanto en el drama como en la comedia, y con una gran complicidad mutua, Thi Mai se presenta de este modo como un digno acercamiento a la realidad social desde los postulados de la comedia popular, a los que siempre ha estado adscrita Marta Sánchez, su ya veterana guionista televisiva —cientos de episodios de 7 vidas, Aída y Allí abajo—, aunque en su primer libreto para cine. Con evidentes virtudes de producción, en un rodaje en Hanoi que se supone nada fácil pero que luce con naturalidad, Ferreira lleva la dirección con ritmo y soltura, aunque en algunas de las siempre complicadísimas secuencias de slapstick deambula peligrosamente por el alambre del ridículo.
De modo que a pesar de venderse como comedia pura, es en la diversidad del panorama femenino que presenta, y en sus actitudes, donde más se agradece una película que, sin embargo, resbala en las líneas burlescas alejadas de sus tres protagonistas. Y ahí los discretísimos diálogos con los que tiene que lidiar Dani Rovira son la muestra inequívoca de una obra paradójicamente mejor en su crítica social que en las raíces del jolgorio con las que pretende venderse. No Recomendada.



El extranjero. (Reino Unido, 2017). Dir. Martin Campbell.
Thriller británico interpretado por Jackie Chan, Pierce Brosnan, Charlie Murphy y Katie Leung.
El score está compuesto por Cliff Martinez.
El terrorismo, lacra compleja en sus esencias y en sus motivaciones, en sus derivaciones políticas y en los métodos para su aniquilación, admite pocas sutilezas en sus consecuencias. Un padre roto por la muerte de su hija inocente. Punto. Deseos de venganza. Una fusión entre trascendencia temática y borrón emocional de brocha gorda a la que pretende llegar con profesionalidad, altas dosis de valentía y aún más de insensatez “El extranjero”, película de Martin Campbell basada en una novela publicada en 1992 por el británico Stephen Leather, “The chinaman”, ambientada durante una ola de atentados del IRA Auténtico en Londres, y en la que se ve involucrado un sencillo ciudadano británico de origen vietnamita, que esconde un oscuro pasado: fue miembro de las fuerzas especiales del Viet Cong y, básicamente, esconde a un guerrero jubilado en la sombra.
¿Un sesentón oriental, viudo y con una única hija, poniendo en jaque al mismo tiempo a toda una organización terrorista y al gobierno británico, pidiendo los nombres de los que asesinaron a su hija adolescente y actuando violentamente ante las negativas? Suena muy loco y en realidad lo es. Pero coloca a Jackie Chan de protagonista, y al menos una parte del público entrará en sus particularidades en torno al cine de acción. Campbell, viejo zorro, con éxitos comerciales en tres décadas, incluyendo un par de trabajos para la saga James Bond —Goldeneye y Casino Royale—, sabe cómo utilizar la narración y el ritmo, y cómo filmar tanto las luchas como el suspense.
Sin embargo, la historia de Leather, adaptada al cine por David Marconi, es tan ambiciosa y al mismo tiempo tan disparatada que, a pesar de la lógica interna de un relato compuesto con eficacia, solo admite cierta validez externa —política, histórica— en el terreno del fuego de artificio efervescente e irreflexivo. Así, entre otras osadías, ver a todo un viceministro principal del gobierno de Irlanda del Norte disparar en las rodillas a un jefazo del IRA durante una reunión, y con un intérprete, Pierce Brosnan, que parece vestido y maquillado para parecer un doble de Gerry Adams, convierte a la secuencia en algo ciertamente inolvidable. No Recomendada.



The Jungle Bunch: La panda de la selva. (Francia, 2017). Dir. David Alaux.
Película de animación francesa.
Pese a la extendida teoría entre ciertos padres de que a los críos les pones dibujos en una pantalla de cualquier tamaño y se quedan embobados para un buen rato, los niños no se lo tragan todo. Como decían Les Luthiers: "Los niños, aun los más pequeñitos, también son seres pensantes, casi podríamos decir que son seres humanos".
Un criterio que podría confirmarse con la visión de la película francesa “The Jungle Bunch: La panda de la selva”, extensión hasta más allá de la hora y media de duración de la serie del mismo título, emitida en España por Clan TVE y de apenas diez minutos por capítulo, uno de las más toscos productos de animación, en lo técnico y en lo narrativo, que hayan pasado por los cines españoles en los últimos años.
Con una esencia asentada en el mensaje de tolerancia y la defensa de la diferencia, pues su protagonista es un pingüino tigre —de formas y movimientos de ave marina, pero con colores y dibujo de felino—, La panda de la selva no va más allá. Técnicamente cerca de lo deplorable, con un montaje y una puesta en escena, o su simulacro digital, que parece conformada a partir de cualquier programa informático de saldo con apenas un par de posibilidades —zoom hacia adelante, zoom hacia atrás—, un diseño de personajes horrendo —la tigresa madre parece un peluche de un bazar chino—, y unos rudimentarios movimientos en la animación, la película podría tener, al menos, algo de imaginación en su narrativa, o en sus diálogos, pero tampoco es el caso.
Su incomprensible estructura narrativa, donde no hay planteamiento aristotélico de la historia, y ni siquiera una refrescante anarquía que la haga destacar, completa un producto cerca de lo infame que solo puede llamar la atención con el póster en la entrada de una multisala. Pero en cuanto los dibujos se pongan en movimiento y sus personajes comiencen a hablar, los niños, seres pensantes, estarán muy lejos de tragarse lo que les están contando y mostrando. No Recomendada.



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