martes, 29 de septiembre de 2015

Diamond Flash, de Carlos Vermut



Título original: Diamond Flash. Dirección y Guión: Carlos Vermut. País: España. Año: 2015. Duración: 123 min. Género: Thriller. Producción: Carlos Vermut. Productor Asociado: Silvestre López. Texto radiofónico escrito por: Raúl Minchinela. Fotografía: Carlos Vermut. Música: Carlos Vermut. Montaje: Carlos Vermut. Sonido: Pablo Hernando y Alberto Carpintero. Lanzamiento en DVD: 10 Octubre 2012.
Intérpretes: Ángela Boix (Juana),  Miquel Insua (Diamond Flash),  Klaus (Jaime),  Rocío León (Lola),  Eva Llorach (Violeta),  Victoria Radonic (Enriqueta),  Ángela Villar (Elena),  Petra del Rey (Angustias),  Alba Guerrero (Alba),  Miguel Noguera (Arturo),  Micaela Quesada (Matilde),  Teresa Soria Ruano (Lucía),  María Cuéllar (Elena niña), Inma Isla (Madre de Elena), Ramos López (Asistente social), Santiago Meléndez (Policía), Javier Botet (Hombre chistoso), Adrián López (Camarero), Raúl Minchinela (Locutor).

Sinopsis:
Violeta está dispuesta a lo que sea por encontrar a su hija desaparecida. Elena guarda un extraño secreto. Lola quiere saldar cuentas con su pasado. Juana necesita que alguien la quiera sin condiciones ni preguntas, y Enriqueta sólo busca que le hagan reír. Estas cinco mujeres tienen algo en común: todas están relacionadas con Diamond Flash, un misterioso personaje que cambiará sus vidas para siempre.

Fotograma de "Diamond Flash"

Comentarios:
Asombrados gratamente el año pasado por el visionado de su segunda película, Magical girl, que obtuvo la Concha de Oro en San Sebastián 2014, estábamos entusiasmados por conocer la ópera prima de este realizador madrileño. Vermut (1980) es un historietista, ilustrador y creador de cómics. Su primer trabajo, Diamond Flash, no se pudo ver en salas de estreno por falta de distribución y sólo se pudo ver en internet (vía on-line). Como explica Vermut “una película muy independiente en salas se traduce en muy poco público, y pensé que antes de estrenarla en una sala pequeña en Madrid, en Internet tendría un impacto mayor”. En 2012 salió el DVD en edición limitada, pero realmente ha sido el impulso de su segunda película en el Festival de San Sebastián en 2014 lo que ha hecho que los cinéfilos deseen engullir su primer trabajo.     
Tenemos que estar de acuerdo con el crítico Carlos Reviriego al afirmar que este debut de Vermut es, cuanto menos sorprendente y casi milagroso, cuyo derroche de talento y de visión es casi como un puñetazo en la mesa de la producción cinematográfica española convencional. Realizada con apenas 25.000 euros y tres personas en el equipo técnico, Vermut empleó el dinero que obtuvo por los derechos de explotación de la serie animada Jerry Jamm (RTVE) para producir su ópera prima, que ha sido galardonada con el premio Rizoma.
Si la película tiene nombre de superhéroe es porque su gran misterio es un hombre enmascarado (como si fuera una lectura contemporánea del Fantômas de Feulliade) que se cuela intermitentemente entre las numerosas piezas que conforman la estructura del filme, y que están tan alejadas de los códigos de las películas de superhéroes como de las maneras convencionales de contar historias en el cine español. En verdad, Vermut, que es ilustrador y ha publicado varios cómics -El banyán rojo y Psico Soda (Ed. Dibbuks), entre otros-, emplea el mito del “vigilante urbano” y toda su parafernalia fantástica como si fuera un red herring, en expresión anglosajona, es decir, como una vía muerta, una pista falsa en la narración. “Mi interés pasaba por coger un género tan familiar como el de los superhéroes para desmontarlo, y preguntarme qué es lo que ocurre en los márgenes de la ficción,  como por ejemplo qué reacciones psicológicas se tienen cuando eres salvado por un superhéroe, o qué ocurre en los tiempos muertos”, afirmó Vermut.
 
Fotograma de "Diamond Flash"
En su tránsito por los márgenes de la historia, Diamond Flash se alimenta de un deseo irrefrenable por fabular, por contar historias y por la palabra hablada. En su desplazamiento a diversos registros y maneras cinematográficas, sobre los que Vermut exhibe un apabullante dominio, el filme, estructurado en capítulos, va enlazando escenas cuasi-teatrales, diálogos siempre de dos personas, historias de contenido social en torno a la pedofilia, el incesto, el maltrato de género… que desembocan todas ellas en una trama alrededor del misterioso secuestro de una niña. “Yo quiero que los personajes se definan a sí mismos, pero no que expliquen la trama de la película, que debería contarse por sí misma. No soporto las películas que lo dan todo masticado. Prefiero el desconcierto para apelar al interés”.
Efectivamente, Diamond Flash pone en escena un verdadero ejercicio de funambulismo en torno a las expectativas y las explicaciones, de manera que la película va creciendo hasta convertirse en un enorme signo de interrogación que quizá deje más preguntas que respuestas en el aire, pero que en ningún momento pierde su fuerza de atracción. “La palabra tiene que ser acción”, sostiene Vermut, quien apunta la enorme influencia que la Nouvelle Vague ha tenido en él en este aspecto. Y en ese propósito resulta esencial el memorable trabajo del elenco de actores, todos prácticamente desconocidos (Ángela Boix, Javier Botet, María Cuéllar, Patra del Rey, Alba Guerrero, Miguel Insua, Rocío León, Eva Llorach…), a quienes Vermut convocó y conoció en un casting por internet. “Buscaba perfiles muy determinados y trabajos de interpretación muy realistas, que no se salieran del guión pero que los actores pudieran hacer suyos los textos, adaptándolos a su propia forma de hablar”.
El método hablado de este relato-collage, que se va extendiendo como una tela de araña con diversos puntos de fuga, encuentra su justificación formal desde el momento en que la propia estructura emerge como el contenido de su narración. En el polo opuesto al hombre enmascarado interviene otro personaje-enigma crucial en Diamond Flash, una mujer a la que nunca vemos el rostro, sólo oímos su voz dando órdenes, mientras la cámara muestra un muñeco de barro que supuestamente está pintando. “El cine no es matemático. Los enigmas de la película tienen que ver más con lo emocional que con lo racional. Uno puede intentar montar el rompecabezas de la película cuando termine, pero sospecho que eso no es lo relevante”, sostiene Vermut. En este sentido, la sensación del espectador frente a Diamond Flash no se aleja mucho de la que sentimos frente a una película de conspiraciones propia de Jaques Rivette, como por ejemplo Paris nous appartient (1961), en el que el elaborado juego de ficciones internas y de historias entrelazadas conduce finalmente a una dinámica de abstracciones en las que no solo los actores, sino el propio espectador, debe abrirse paso. También en este filme se observan influencias de Pulp Fiction, por lo que Tarantino ha debido ser una inspiración para Vermut. 
Por último acabamos con una frase concluyente de Carlos Vermut “Yo hago cine por el puro placer de hacer cine”. 


1 comentario:

  1. Mi lista de películas para ver se va incrementando. Después de ver Magical Girl siento mucho interés por el trabajo de Vermut.

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