martes, 17 de marzo de 2015

Paul Thomas Anderson versiona a Thomas Pynchon en "Puro vicio"




Título original: Inherent vice. Dirección: Paul Thomas Anderson. País: USA. Año: 2014. Duración: 149 min. Género: Thriller, drama, comedia. Guion: Paul Thomas Anderson; basado en la novela “Vicio propio” de Thomas Pynchon. Producción: Paul Thomas Anderson, Daniel Lupi y JoAnne Sellar. Estreno en España: 13 Marzo 2015.
Intérpretes: Joaquin Phoenix (Larry ‘Doc’ Sportello), Josh Brolin (lugarteniente Christian F. ‘Bigfoot’ Bjornsen), Owen Wilson (Coy Harlingen), Katherine Waterston (Shasta Fay Hepworth), Reese Witherspoon (Penny Kimball), Benicio del Toro (Sauncho Smilax), Jena Malone (Hope Harlingen), Maya Rudolph (Petunia Leeway), Martin Short (Rudy Blatnoyd), Joanna Newsom (Sortilège), Sasha Pieterse (Japonica Fenway), Eric Roberts (Michael Z. Wolfmann), Hong Chau (Jade), Serena Scott Thomas (Sloane Wolfmann), Jefferson Mays (Dr. Threeply), Michael Kenneth Williams (Tariq Khalil), Yvette Yates (Luz).

Sinopsis:
La ex mujer del detective privado Doc Sportello se presenta repentinamente con una historia sobre su actual novio, un promotor inmobiliario multimillonario del que acaba de enamorarse, y sobre un complot de su mujer y el novio de ella para secuestrarle y meterle en un manicomio. Son los finales de los psicodélicos años 60, la paranoia domina el día y Doc sabe que “amar” es otra de esas palabras que están de moda decir, como “viaje” o “fabuloso”, y que están siendo usadas excesivamente, excepto que ésta normalmente conduce a problemas. Con un reparto de personajes que incluye surfistas, estafadores, drogadictos y roqueros, un usurero homicida, detectives de la policía de Los Ángeles, un saxofonista clandestino y una misteriosa entidad conocida como Colmillo Dorado, “Puro vicio” es por una parte una novela negra y por otra un divertimento psicodélico.

Fotograma de Puro Vicio


Comentarios:
Cincuenta años ha costado ver en pantalla una novela del esquivo Thomas Pynchon. El autor estadounidense abandona la lista de ‘inadaptables’ cinematográficos con Puro vicio, la visión que el no menos admirado Paul Thomas Anderson ha dirigido de su séptima novela. El 13 de marzo de 2015 se estrenó en España tras pasar un poco de puntillas por la temporada de premios de EE.UU., solamente nominada en los Oscar al mejor guion adaptado y mejor diseño de vestuario.
Un detective privado algo pasado llamado Larry ‘Doc’ Sportello (Joaquin Phoenix) recibe un encargo de su exnovia (Katherine Waterston) para investigar la desaparición de un amante suyo casado (Eric Roberts). Hasta ahí los clichés de novela negra. Comienza entonces un alucinado fresco en el que caben prostitutas orientales, una organización secreta de dentistas, moteros nazis, sectas new-age, seguidores de Nixon y policías corruptos. Estamos en el sur de California en 1970. No es una mera contextualización, Puro vicio es un espejo grotesco de un tiempo y lugar esperpéntico en sí mismo.
Desde que estrenó Boogie Nights (1997), Paul Thomas Anderson lleva colgado el cartel de ‘mejor director estadounidense de su generación’. Pero tras el éxito mundial de Magnolia (1999), su cine se aleja del gran público y, sorprendentemente, mantiene un estatus de cine de autor que maneja grandes presupuestos y lujosos repartos, privilegio que comparte únicamente con Terrence Malick. Pozos de ambición (2007), The Master (2013) y, ahora, Puro vicio componen una tríptico de la sociedad estadounidense como enferma mental. La novedad, para Anderson, es la comedia, empastada en el relato con la melancolía.

Fotograma de Puro Vicio
 
Muerto Salinger, Pynchon ocupa el trono de celebridad literaria recluida y huraña. Puro vicio, publicada en 2007 es la séptima novela del eterno aspirante al premio Nobel.
Inevitablemente, adaptar el caleidoscópico mundo de Pynchon termina en exceso. El peaje es, por un lado, la reducción de personajes aparentemente fascinantes (ese abogado que da vida Benicio del Toro) a meros bosquejos. Y, por otro, la compleja presencia de una voz en off narradora que no añade información, sino profundidad literaria: consciente de que reducir Puro vicio a una trama negra era una traición, Anderson aprovecha la prosa de Pynchon que dispara agudezas en todas las direcciones.
Además, la digresión narrativa es la respuesta lógica a la geografía desparramada de la ciudad de Los Ángeles. Ya sea por la corrupción urbanística (Chinatown), corrupción policial legendaria (L.A. Confidential), o corrupta atmósfera en general (El largo adiós), el contraste de luz y trama negra siempre ha funcionado. Un laberinto soleado, en el que ya se perdía Phillip Marlowe en las novelas de Raymond Chandler, y que el cineasta aprovecha para reverenciar y referenciar clásicos del género.
Puro Vicio, una vez asimilado que el policíaco es un señuelo, vuela muy alto con el talento natural de Anderson para crear atmósferas, la perfección de sus encuadres y la minuciosa combinación de fotografía y banda sonora. Su pasión retro sin embargo parece suspender su cine en un limbo setentero, varado en referencias culturales, entre la rabia estética de Scorsese, la tendencia coral de Altman, y la voluntad de cine intrahistórico de Michael Cimino. En ese sentido, el intenso Joaquin Phoenix (que repite tras The Master) es el perfecto actor para Anderson, con su aroma a torturado actor del método.
La traducción de Puro vicio, tan agradecida en evocaciones de sexo y drogas para rascar taquilla, oculta el original Inherent Vice o 'Vicio inherente', que explica más gráficamente el tema, es decir, el elemento corrosivo que oxidó la utopía sesentera hasta terminar con ella o, al menos, vaciar de contenido sus ideales.
En palabras de la voz narradora de película y novela: “¿Es posible que, tras cada congregación de gente - concierto, manifestación por la paz, con asistentes raros, aquí, en el norte, en el este, dónde sea- unas bandas oscuras hayan estado ocupadas reclamando la música, la resistencia al poder, el deseo sexual desde lo épico a lo cotidiano, todo lo que pudieran conseguir para las fuerzas antiguas de la codicia y el miedo?”.

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