La
cara de Ryan Phillippe es una de esas que permanecen inalterables en el
imaginario colectivo: la mayoría del público no ha vuelto a verla desde que,
hace 20 años, parecía destinado a ser la próxima superestrella de Hollywood. Ryan Phillippe (New Castle, Delaware; 10 de
septiembre de 1974) es un actor, director y escritor estadounidense, en la
actualidad luce más curtido, más musculoso y más tatuado, aunque mantiene todavía
el aspecto de un ídolo adolescente. Y eso es todo lo que el público le ha
permitido ser: un fetiche nostálgico y un sex symbol generacional.
Ryan
Phillippe interpretó en 1992 a Billy Douglas en el culebrón 'One life to live'.
Billy fue el primer adolescente gay de la televisión en abierto.
En
Sé lo que hicisteis el último verano,
Ryan Phillippe encajaba en el físico de los ídolos adolescentes de los noventa.
Como Leonardo DiCaprio, Nick Carter o Jason Priestley, tenía rasgos angelicales
(es decir, femeninos y, por tanto, inofensivos) que, según los cánones
estéticos griegos, evocaban bondad y pureza de espíritu. Pero Phillippe añadía
un factor extra: sexo.
Ninguno
de sus personajes era un galán romántico, un héroe aventurero o una brújula
moral. Pero todos eran seductores. En 54 interpretaba
a un chaval tan obsesionado con ser alguien que no dudaba en utilizar su
erotismo para conseguirlo. El propio Phillippe reconoció en la revista FemaleFirst que sentía envidia de la
vida de fama, fiestas y modelos de DiCaprio. En 54, el dueño de la legendaria discoteca neoyorquina le indicaba que
si quería entrar tendría que quitarse la camiseta. Y así, sin camiseta,
aparecía Phillippe en el póster de la película. Poca gente vio 54, pero mucha vio aquella imagen de su
torso desnudo.

Crueles intenciones, una adaptación de Las amistades peligrosas con adolescentes pijos de Nueva York, era
una fantasía perversa sobre lo sencillo e irrevocable que resulta arruinar la
reputación de una jovencita mediante el sexo. Sin embargo el único miembro del
reparto que salía desnudo era Ryan Phillippe. Él era la tentación prohibida. Él
era la femme fatale. Él era el objeto sexual. Él era, de acuerdo con la
tradición de Hollywood, la chica de la película.

Phillippe
también aparecía desnudo en Tormenta
blanca y en Little boy blue, ante
lo cual admitió sentirse incómodo en la difunta edición estadounidense de la
revista Premiere: “No quiero ser
conocido como el tío que enseña el culo en todas sus películas”. La prensa de
la época describía el físico de Ryan Phillippe como “un adonis rubio con
morritos de guaperas”, “sexualmente tentador y completamente entrañable” o “un
chapero en una orgía de Fellini”. En 54,
una Sela Ward de 42 años le acariciaba el torso frente a un espejo susurrándole
que tenía “el cuerpo del David [de Miguel Ángel] y la cara de un Botticelli”.
En definitiva, a Ryan Phillippe se le trataba como durante décadas solo se
había tratado a las actrices. La cultura del cambio de siglo estaba proponiendo
un nuevo tipo de hombre, el “metrosexual”, tan ofrecido sexualmente, tan
consumible, tan cosificado y tan explotado como las mujeres. Y Ryan Phillippe
fue el máximo representante en Hollywood.
En
enero de 1999 David LaChapelle lo fotografió para la revista Flaunt en situaciones que evocaban una
sensualidad tradicionalmente femenina u homoerótica: saliendo de una piscina
empapado, abierto de piernas con un crop
top de rejilla junto a un póster de Madonna, mostrando las axilas con una
camiseta de encaje negro o tumbado en la cama con una camisa rosa abierta y una
toalla enrollada a la cintura mientras un señor (sesentón, con barriga y con la
cara oculta) apunta una videocámara a su entrepierna. Ryan Phillippe jamás
conseguiría librarse de esa imagen pública de utopía erótica.
En
2015, una periodista lo entrevistó para Elle
y arrancó el reportaje confesando que, al llegar al bar donde habían quedado,
fingió no ver al actor de lo nerviosa que se puso. “Lo vi con su gorra y su
camiseta a rayas y empezó a sonar en mi cabeza Colorblind de Counting Crows [la banda sonora de Crueles
intenciones]. Decidí imaginarme que eso no era una entrevista, sino mi fantasía
adolescente hecha realidad. Porque Ryan Phillippe fue el primer chico del que
me enamoré. Y, sin él saberlo, ha influido en mi percepción de mi sexualidad
femenina”.
Su
matrimonio con Reese Witherspoon elevó su estatus, hasta el punto de que en
2002 Vanity Fair los describió como
“la pareja de actores más arrebatadora desde Paul Newman y Joanne Woodward”. Se
conocieron en la fiesta del 21º cumpleaños de la actriz y ella solía contar
que, cuando lo vio por primera vez, le dijo: “Así que tú eres mi regalito de
cumpleaños”. Aquella anécdota alimentaba esa percepción de que Phillippe era un
hermoso objeto. Phillippe y Whiterspoon se casaron cuando tenían 24 y 23 años,
estando ella embarazada de seis meses, y tuvieron un segundo hijo cuatro años
después.
“Un
día Ryan se estaba despidiendo de Reese y ella se puso a llorar”, contó la
actriz de Una rubia muy legal
Jennifer Coolidge. “Él le dijo: ‘¿Por qué lloras? Vas a seguir viéndome durante
el resto de mi vida’. ¿Qué chica no querría escuchar algo así?”. Ryan Phillippe
parecía diseñado para satisfacer todas las fantasías adolescentes femeninas y,
sin duda, cumplió el sueño infantil de Witherspoon de tener una familia
perfecta antes de los 25.

Mientras
él alternaba películas sin repercusión con papeles secundarios en dramas de
prestigio como Gosford Park, Crash o Banderas de nuestros padres, ella cobraba los cheques con más ceros
de todo Hollywood gracias a Una rubia muy
legal. En los Oscar de 2002 presentaron un premio juntos y, cuando llegó el
momento de abrir el sobre, él dijo “Venga, léelo tú que para eso ganas mucho
más dinero que yo”. Ante los rumores de que Phillippe no sabía gestionar esta
disparidad, Witherspoon sintió la necesidad de defenderlo, también en Vanity Fair: “Nunca hemos sido
competitivos. Ryan tiene mucho éxito. Le llegan montones de ofertas, de mucho
dinero. Enormes sumas de dinero”.
La
misma publicación celebró aquella improvisación como “la mejor broma de la
gala”, pero años después Witherspoon admitió en la cadena CNN haberse sentido
aturdida por el comentario. “No estaba en el guion, no me avisó de que lo iba a
decir”, aclaró la actriz en 2020. “Pero las normas de género han cambiado
bastante desde entonces. A mi hija le he inculcado que jamás debe sentir
vergüenza por ganar dinero. Hay muchas mujeres en todo el mundo que no tienen
esa oportunidad, así que nunca debe sentir pudor por ganar más dinero que su
pareja”.
Tras
la ceremonia de los Oscar de 2006, en la que ella ganó como mejor actriz por En la cuerda floja, un vigilante de
seguridad le pidió a Phillippe su entrada para una fiesta. Él respondió: “Mi mujer
es mi entrada”. Se separaron cuatro meses después. Tras el divorcio, Phillippe
no solo pasó un año y medio sin trabajar, sino también, según él mismo confesó
al semanario People, cinco meses sin
salir de la cama. “Me quería morir. Estaba listo para suicidarme. No me cuidaba
en absoluto. Nada más despertarme, lloraba y vomitaba”.
Desde
entonces, Phillippe ha huido de su imagen de sex symbol evitando las películas
románticas e interpretando a militares, policías, agentes de la CIA y
francotiradores. En 2010 ejerció de presentador de combates de lucha libre. Cuando
se declara antibelicista pero dice cosas como “daría mi vida por haber
combatido en la Segunda Guerra Mundial”, Phillippe parece estar intentando
adscribir su imagen a cierta masculinidad tradicional.
En
los últimos años ha aparecido en películas de la categoría de Setup, un thriller de acción con Bruce
Willis y 50 Cent que el propio
Phillippe describiría como “espantosa” y que, como la mayoría de sus últimas
películas, se estrenó directamente en formato doméstico. Los paparazzi, sin
embargo, siguen acordándose de él y lo fotografían en cada una de sus juergas
nocturnas, lo cual ha ido devaluando su imagen en Hollywood. Resulta que Ryan
Phillippe no era una estrella. Era, simplemente, una celebridad.
“La
única razón por la que les intereso a los paparazzi es porque estuve casado con
la actriz mejor pagada del mundo”, lamentaba el actor en 2008 en la revista de
moda W. En 2011 tuvo un hijo con la
modelo de 21 años Alexis Knapp, fruto de una relación de un par de meses:
Phillippe se enteró de que ella estaba embarazada cuando ya lo habían dejado.
En 2016, confesó que sufre depresión desde su infancia y que su lucha contra
ella es diaria: entre su crecimiento personal, se muestra orgulloso de haber
conseguido no mirar Instagram cada mañana nada más despertarse.
En
2017 su entonces pareja, la modelo de playboy Elsie Hewitt, lo demandó por
agresión. En la denuncia, según informó entonces El País, Hewitt achacó su agresividad al consumo habitual de drogas
de Phillippe (cocaína, éxtasis, setas y esteroides). Phillippe negó los hechos,
aclaró que la agresiva había sido Hewitt y que él solo estaba defendiendo a su
invitada (una chica que se había ligado en una fiesta tras discutir con Hewitt)
y a sus dos hijos, que dormían en la habitación de arriba.
La
contrademanda del actor incluía observaciones como: “Aquella noche Phillippe se
sintió escandalizado por el vestido con transparencias de Hewitt y se fue de la
fiesta por temor a que sus hijos vieran fotos suyas con esa mujer semidesnuda
en público”. Finalmente, ambas partes llegaron a un acuerdo extrajudicial para
evitar, entre otras cosas, que Reese Witherspoon fuese llamada a declarar, tal
y como pretendía el abogado de Hewitt.

Ryan
Phillippe es una promesa que nunca se hizo realidad: una estrella que no
triunfó, una fantasía erótica que el público dejó atrás y una promesa de marido
y padre de ensueño que, a ojos del público, no llegó a realizarse. En los
últimos años ha tratado de sacar adelante una carrera como director y guionista
para no pasar tanto tiempo delante de las cámaras. El único proyecto que se
materializó fue Catch Hell, un
thriller sobre un actor de Hollywood venido a menos llamado Reagan Pearce que
es secuestrado y torturado por dos aldeanos en un rancho en medio de Louisiana.
Catch Hell era una sátira sobre los
medios de comunicación (los secuestradores usurpaban la identidad del actor en
Instagram y publicaban comentarios racistas y homófobos que llevaban al público
a cancelarlo) y una parodia del propio Phillippe. David Schiff, su
representante en la vida real, interpretaba al representante de su personaje. Phillippe
escribió, produjo, dirigió y protagonizó la película. La trama se le ocurrió
mientras rodaba una película en Shreveport (Louisiana) y un par de operarios
del rodaje lo invitaron a montar a caballo por el bosque. En pleno paseo, le
entró la neurosis de que en realidad no conocía de nada a esos tipos y que
podrían perfectamente estar tendiéndole una trampa. El propio Phillippe explicó
a Los Angeles Times que el verdadero
terror que le sobrevino es que esos dos tipos podrían torturarlo durante días
sin que nadie lo echase de menos: sintió que era tan poco famoso que nadie lo
buscaría.
Su
última aparición, de momento, es en la serie de tv Big Sky (2020), interprentando el rpesonaje de Cody Hoyt dentro del
elenco principal. (Juan Sanguino)