martes, 12 de marzo de 2024

Recordando: 'El Padrino II'

 



Este año se cumplen 50 años de El Padrino II y por ello parece oportuno recordar y revisitar esta magnífica película, que no desmerece en absoluto a la primera parte.


Título original

The Godfather: Part II

Año

1974

Duración

200 minutos

País

Estados Unidos

Director

Francis Ford Coppola

Guion

Francis Ford Coppola, Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Música

Nino Rota, Carmine Coppola

Fotografía

Gordon Willis

Diseño Producción

Dean Tavoularis

Reparto

Al Pacino, Robert De Niro, Diane Keaton, Robert Duvall, John Cazale, Lee Strasberg, Talia Shire, Gastone Moschin, Michael V. Gazzo, Marianna Hill, Bruno Kirby, Danny Aiello, Harry Dean Stanton, Troy Donahue, Roger Corman, Morgana King, Joe Spinell, Richard Bright, James Caan, Dominic Chianese, Francesca de Sapio, G. D. Spradlin, Frank Siver, Tito Alba, Oreste Baldini

 

La película se realizó a expensas de la insistencia de la productora, que tras ver el filón de la primera parte pretendían seguir explotándolo, por ello le propusieron a Coppola la dirección de la segunda parte. Dice Coppola en los comentarios del director que están en el DVD de la película, que ‘El Padrino, parte II “no es una película que quisiera hacer especialmente”, después del duro rodaje y de las tensiones soportadas con los directivos del estudio y con los productores en el film previo. Les dijo a los directivos que no tenía ganas de dirigirla, pero que probablemente sí la produciría, y que encontraría un director apropiado para ellos. Coppola había pensado en Martin Scorsese, pero el estudio se negó en redondo y acepto las condiciones irrenunciables que Coppola planteo: que el estudio no tuviera nada que decir a ninguna decisión suya, un sueldo muy elevado para un director en aquella época, una limusina y que la película se llamara ‘El padrino, parte II’ (lo de emplear los números romanos es una costumbre que se inició con esta película). Además fijo que la secuela estuviese interconectada con la primera, para poder exhibirse juntas, que pudiese dirigir una producción para la Opera de San Francisco y que pudiese trabajar sin presión sobre los guiones que tenía en marcha. El rodaje en esta ocasión se desarrolló sin tensiones ni conflictos, se le permitió elegir a todo el elenco de actores sin problemas y por supuesto se mantuvieron los mismos para dar continuidad a la primera, incorporándose Robert de Niro como Vito Corleone joven.




Tuvo un presupuesto de 13 millones de dólares, que acabaría cuadruplicando en ganancias (solo en el mercado norteamericano). Aunque tuvo algunos problemas de última hora: Coppola se llevó un buen susto con Pacino, pues justo ante de empezar el rodaje, le hizo llegar un mensaje a través de su abogado en el que le hacía saber que no estaba contento con el guion y que no pensaba hacer la película. Y esto cuando ya estaban construidos los decorados y la producción estaba en marcha. Coppola reescribió el guion con tal de contentar a Pacino y este acepto. Años más tarde le confiaría al director que pensaba hacerlo de todas maneras, pero que quería ver que estaba tan entregado como en la primera parte. Lo cierto es que todo fue como la seda, tanto la redacción del enorme guion, como la producción y la dirección de la película. Con localizaciones en Cuba, Nueva York, Sicilia, Las Vegas, Los Ángeles, no sufrió ninguno de los contratiempos con los que generalmente Coppola tiene que lidiar.

 
El guion fue también realizado por Mario Puzo y  Coppola, usado materiales literarios existentes en la novela, que no se habían utilizado en la primera parte como la historia de la niñez y juventud de Vito Corleone, y desarrollando de forma paralela la historia de Michael Corleone, ya como Padrino. Consiguen armar un argumento bastante más extenso, con más personajes, y, si cabe, incluso más ambicioso que la primera parte.

 


Aunque algunos personajes de El Padrino I están inspirados en personajes históricos Michael Corleone está a medio camino entre la realidad y la ficción. Su personalidad no está basada en ningún jefe mafioso concreto y de hecho se puede considerar que Michael Corleone es un personaje de ficción en toda regla. Sin embargo, el papel que Michael representa en la Mafia de la película y varios de los sucesos que protagoniza hacen referencia directa a la biografía de Lucky Luciano, quien al igual que Michael Corleone, fue responsable de “profesionalizar” la Mafia, invirtiendo en empresas y apoderándose de negocios legales gracias a sobornos, chantajes o amenazas. Comprendió la importancia de dejar atrás ciertos tabúes de la Mafia siciliana, modernizando sus métodos y tratando de minimizar el uso de la violencia, ejerciéndola de manera puntual y lo más discreta posible. Pero el parecido entre ambos termina ahí: Luciano era muy inteligente pero no tenía estudios —había sido un delincuente callejero desde su niñez— ni tampoco era tan ascético como Michael Corleone, de hecho, a Luciano le gustaba estar rodeado de mujeres y solía retozar con prostitutas a diario. El único detalle similar en sus vidas sentimentales es el hecho de haberse enamorado de una italiana durante sus respectivos exilios: en el film, Michael Corleone se enamora de una siciliana —aunque es asesinada al poco tiempo— y lo mismo le pasó a Lucky Luciano con la mujer que convivió con él hasta que el mafioso murió de un infarto en un aeropuerto. 




La música del Padrino II también fue compuesta por Nino Rota y Carmine Coppola, este último se encargó de los temas de música diegética, mientras que Nino Rota fue el responsable de la música incidental o Banda Sonora original. En esta segunda parte la Academia repararía la injusticia de la película anterior y Nino Rota ganaría -junto a  Carmine Coppola- el premio de la Academia.

El compositor siguió en la misma línea que en la anterior parte y escribió nuevos temas musicales, con similar cariz melancólico, como el bellísimo dedicado a Kay o el tema principal "The Immigrant " que es que vemos cada vez que la historia nos lleva a principio de siglo. También hay variaciones del tema principal del Padrino I, el vals de los Corleone. En realidad, fue una banda sonora que continuaba lo escrito anteriormente, y lo desarrollaba, y que no se entiende sin la presencia de la anterior.

 


La fotografía de nuevo corrió a cargo de Gordon Willis, quien  aplicó un tratamiento de fotografía casi idéntico a la primera y comienza ya a aplicar, en las secuencias de principios de siglo, un filtro sucio, amarillo, bronceado, que le da un magnífico aspecto de película de época, lo que sumado a su habitual iluminación cenital, y a la subexposición que comenzara a aplicar en la primera, da a la imagen ese aspecto tan recordado.




En esta película se entrecruzan varias veces dos historias paralelas por medio de elegantes flash-backs, de modo que asistimos a la historia en paralelo de un padre y de un hijo, medio siglo más tarde. La de Vito Corleone arranca en Sicilia, en 1901, cuando su padre, Antonio Andolini, su hermano Paolo y su madre son asesinados por orden del jefe local de la Mafia. Don Ciccio. El pequeño Vito, un chico débil y tímido, de tan sólo nueve años, consigue llegar a los Estados Unidos gracias a la ayuda de algunos vecinos. En la isla de Ellis, en la bahía de Nueva York, permanece durante algún tiempo en cuarentena. Una vez en la ciudad, entra a trabajar en la tienda de comestibles de un compatriota. Ya adulto, con esposa e hijo, las circunstancias harán que comience una carrera delictiva, con pequeños robos, hasta el momento en que mata a un miembro de la asociación criminal “La Mano Negra”, que extorsionaba a los negocios del barrio. A partir de ahí Vito - cuya familia va incrementándose con nuevos hijos - se convierte en un personaje respetado por todos, que consigue hacerse en poco tiempo con el control de su comunidad. Regresa a Sicilia como un triunfador, pero también con la idea de vengarse del hombre que mandó asesinar a toda su familia, algo que hará con sus propias manos. 



Por otra parte, la historia protagonizada por Michael, el hijo y sucesor de Vito al frente del imperio criminal por él creado, se circunscribe a tan sólo pocos meses, a caballo entre los años 1958 y 59. Se inicia en su lujosa residencia a orillas del Lago Tahoe, en Nevada, mientras se celebra la Primera Comunión de su hijo Anthony. El poder y la calidad de vida de los Corleone se palpan inequívocos en el primer plano de la fiesta, a orillas de Lake Tahoe. Nos presentan a nuevos personajes y Coppola va colocando las piezas que van a cobrar importancia y a poner en jaque la inteligencia y la estabilidad sentimental de Michael Corleone. 

Asistiremos a sus intentos de expansión en la Cuba de los últimos días de Batista, a sus sangrientas rencillas con otros mafiosos rivales, a sus crecientes problemas con las autoridades federales, y al paulatino desmoronamiento de su familia, culminado con la muerte de su madre, la ejecución por orden suya de su propio hermano Fredo, y la traumática separación de su esposa Kay y sus hijos. La peor pesadilla que puede experimentar es perder a la familia, verse aislado e incluso odiado por ella, Michael va a sufrir eso en sus propias carnes, cumpliendo el giro de toda tragedia: cuanto más se esfuerza en protegerles y en ser fuerte, más los aleja de sí. El final es una sensacional escena con todos los hermanos, un recuerdo de Michael antes de que el destino se cerniese sobre él, todos los presentes en esa escena están muertos, Michael está solo. Con su vida destrozada, pese a haber vencido a todos sus enemigos, la última imagen es la de Michael reflexionando en la finca a solas (a fin de cuentas, no es más que un hombre que no sabe amar), con una atmósfera otoñal. La cámara se acerca tanto a su rostro que la mitad de este pierde toda luminosidad, debido a la exposición, y queda totalmente a oscuras.




Estas dos líneas temporales se entrecruzan durante todo el metraje, con una ambientación que salta de país a país y con momentos de gran belleza mediante los encadenados en los que Coppola hace convivir en plano a padre e hijo, a abuelo y nieto con un enorme contraste. La complejísima estructura de esta película, en un principio tenía muchos más saltos en el tiempo, unos veinte, pero los primeros pases de prueba convencieron al director y al montador de que era necesario colocar menos saltos. Al final hay doce, y en ningún momento el espectador se pierde en la historia.

Ese año consiguió el Oscar a la mejor película, mejor director, mejor actor de reparto (De Niro), mejor guion adaptado, mejor banda sonora y mejor dirección de arte). Os dejo el tráiler para animaros a ver de nuevo esta película que sigue manteniendo toda su grandeza tras los 50 años transcurridos desde su producción.

 


 

XIX: El Siglo de Retrato, en CaixaForum

 


viernes, 1 de marzo de 2024

Magia y música en Lotte Reiniger

 

Lotte Reiniger (1899-1981)


Cuando se nos pregunta por la primera película de animación de la historia, la mayoría de nosotros pensamos en ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (1937) de Walt Disney, pero hubo antes otros realizadores que hicieron cine de animación. Es el caso de la alemana Lotte Reiniger que, pese a ser una gran desconocida para el gran público, es una cineasta imprescindible, con un lugar propio en la historia del cine gracias a sus películas de animación de siluetas. Su maestría se centró en el singular arte de recortar figuras de cartulina y darles vida gracias a la técnica de animación cinematográfica del stop-motion, siguiendo la senda de su admirado George Méliès e inspirada en el teatro de marionetas y el de sombras chinas.

 

Lotte vista por Isabel Ruiz Ruiz en "Mujeres 3"

 

 

Charlotte Reiniger (Berlín, 1899 - Dettenhaussen, 1981) es conocida por sus películas de siluetas en movimiento, sombras negras que danzan al ser filmadas fotograma a fotograma; de este modo ideó y realizó, durante décadas, alrededor de 60 títulos en los que cultivó esta peculiar técnica hasta alcanzar la más absoluta perfección, aunque siempre con el encanto y la magia de lo ‘hecho a mano’. Sus películas son generalmente cortometrajes de unos diez minutos de duración, basados en cuentos clásicos tradicionales o adaptaciones de relatos de autores como los hermanos Grimm, Wilhelm Hauff, Hans Christian Andersen y, con especial predilección, ‘Las mil y una noches’; con títulos como: Cenicienta, El chino que finge la muerte, La gallina de los huevos de oro, Aladino y la lámpara mágica, El príncipe rana, El sastrecillo galante, La Bella Durmiente, El gato con botas, El caballo mágico, El saltamontes y la hormiga, Los tres deseos, Pulgarcita, La cigüeña califa, Hansel y Gretel, Jack y las habichuelas mágicas, El pequeño deshollinador y El príncipe rana.

Musa de modernidad berlinesa de la década de 1920, fue amiga de Jean Renoir, admirada por René Clair y trabajó junto a grandes exponentes de la cultura alemana de época de la República de Weimar (1918-1933) como Fritz Lang, Murnau, Bertold Brech, Kurt Weil, Paul Wegener y Max Reihardt entre otros.

 

Lotte Reiniger con Carl Koch, su marido

Jean Renoir y Lotte Reiniger

 

Para ella las películas de siluetas «tienen una técnica muy precisa, sólo son necesarias unas tijeras, cartón negro, papel de calcar, hilo o alambre, algo de plomo, una cámara, bombillas, una placa de vidrio, madera para construir una mesa de fotografía y… mucha paciencia. Las figuras se ponen sobre una placa de cristal iluminada desde abajo, se sujeta la cámara sobre la placa y se hacen las tomas, una para cada imagen, luego se montan 24 imágenes por segundo».

 


"Tijeras, cartulina, una mesa de luz, una cámara y mucha paciencia"

Con esta técnica realizó ‘Las Aventuras del príncipe Achmed’ estrenada en 1926, que a día de hoy es el largometraje de animación más antiguo que se conserva, al que dedicó tres años, entre 1923 y 1926, para captar con su objetivo los más de 300.000 fotogramas que integran la cinta de un metraje de 65 minutos. El relato, articulado en varios cuadros o escenas, se inspira en las historias de Las Mil y Una Noches y otros cuentos y leyendas orientales, y narra las fantásticas aventuras del príncipe de las Indias Achmed y la princesa Pari-Banu. 

 

Las aventuras del príncipe Achmed (1926)

 En esta película se usó por primera vez la técnica multiplano, conjugando varios niveles de animación mediante capas superpuestas, que dotan de profundidad a la animación. La cámara multiplano, ideada por Lotte Reiniger y Berthold Bartosch, se considera una de las grandes innovaciones de la historia en el cine de animación al conseguir el efecto de tridimensionalidad y favorecer la movilidad y la complejidad de los elementos animados. Años más tarde, en 1933, Ub Iwerks, uno de los fundadores de los estudios Walt Disney patentó una cámara multiplano basada en la de Lotte, aunque perfeccionada, atribuyéndose su autoriía. Con esta técnica se hicieron grandes éxitos de Disney como ‘Blancanieves’ (1937) y ‘Pinocho’ (1940), antes del paso a la animación digital.

 

Lotte y su equipo trabajando con la cámara multiplano

 

 Melómana apasionada, también hizo bailar sus siluetas al compás de la música clásica. Realizó numerosas películas musicales inspiradas en óperas como La flauta mágica, Cosi fan tutte y Las bodas de Fígaro de Mozart o Carmen de Bizet, de estas obras las más conocidas son Carmen de 1934, una deliciosa parodia de la ópera de Bizet; y Papageno de 1935, la historia de amor del hombre pájaro, que acompaña a la Reina de la Noche, con Papagena en La flauta mágica’ de Mozart, película de la que Jean Renoir dijo que estaba a la altura de la música de Mozart. El genio de Salzburgo era su compositor favorito, y le dedicó también otros cortos como ‘Diez minutos Mozart’ (1930), en la que varias parejas cortesanas bailan al son de la ‘Pequeña serenata nocturna’; así como ‘Una noche en el harén’ basado en ‘El rapto del serrallo’.

 


 

Os dejamos con ‘El Doctor Dolittle en territorio caníbal’ uno de los tres cortometrajes que componen el mediometraje El doctor Dolittle y sus animales de 1928, la primera adaptación al cine de las novelas del inglés Hugh Lofting.

 


 

 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Mitomanía... Burt Lancaster

 


Su carrera es el más vivo ejemplo de la ardua carrera como profesional y de las irrenunciables ansias de superación que deben prevalecer en todo actor de cine que pretenda llegar a ser estrella. Como además le acompañaba una simpática y varonil figura cuyo magnetismo animal traspasaba la pantalla, pronto se convertiría en uno de los personajes claves del cine internacional, a través de una meteórica evolución que le llevaría a trabajar en Europa con Visconti o Bertolucci, sin renunciar por ello a su gloriosa etapa americana, cuajada de grandes éxitos comerciales, un Óscar, dos premios de la crítica neoyorquina y numerosas menciones especiales en festivales de cine por todo el mundo.

 

Brutal en sus comienzos, de gángster o convicto lóbrego y taciturno, su siguiente etapa de espadachín acrobático, a lo Douglas Fairbanks o Errol Flynn, popularizó su alegre sonrisa despreocupada, que en lo sucesivo, acentuada por su resplandeciente dentadura, pasaría a ser, junto a su recia y vigorosa complexión atlética, una de las bazas primordiales para obtener el apetecible estrellato.

 

Burton Stephen Lancaster nació en Nueva York en 1913. A los dieciséis años daba clases de gimnasia en la Universidad de Nueva York y de baloncesto en la Settlement House, mientras se entrenaba con el trapecista Nick Cravat, con el que, más tarde, formó pareja como saltimbanqui en dos películas memorables del género de aventuras, El halcón y la flecha y El temible burlón. En 1932 ambos formaron un número acrobático que recorrió el país de circo en circo (aunque, básicamente, en el Kay Brother Circus). Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvieron en el Quinto Ejército, en una sección especial que se ocupaba del entretenimiento de las tropas que luchaban en ultramar.

 

Licenciado en 1946, regresó a Nueva York y, tras un breve paso por el teatro, fue descubierto por Mark Hellinger, quien le llevó a la Universal para interpretar, en la obra maestra de Robert Siodmak, Forajidos (1946), a un boxeador fracasado que se ve sorprendido en una intriga de muerte y seducido por los inestimables encantos de una Ava Gardner nunca tan guapa, embutida en un insinuante vestido de satén negro. Gracias a las interpretaciones que ambos hicieron de esos personajes malditos, que rezumaban erotismo por todos los poros, la película ingresó pronto en la mitología del cine negro.

 

Forajidos

Burt Lancaster siguió desenvolviéndose a las mil maravillas por la senda negra, asustando a Bárbara Stanwyck en un filme magnífico de Anatole Litvak, Voces de muerte (1948). En El abrazo de la muerte (1949), de Robert Siodmak, se vio abocado por el influjo de una mujer (Yvonne De Carlo) a participar en un golpe insensato, un atraco perfecto en un hipódromo, teniendo como cómplice precisamente al nuevo compañero de la mujer, un peligroso gángster (el siempre inquietante Dan Duryea). Lancaster volvió a encarnar a un hombre físicamente dotado pero sentimentalmente débil que acaba siendo manejado por una mujer (como en Forajidos), ofuscado por el amor o por el deseo sexual.

 


Inmediatamente, Lancaster interpretó el Dardo de El halcón y la flecha (1950), de Jacques Tourneur, y el pirata de El temible burlón (1952), de Robert Siodmak. En la primera, Lancaster se destapa como el aguerrido y risueño héroe italiano medieval que lucha por su hijo, por el amor de una Virginia Mayo (con los labios en Technicolor) y por la libertad de su tierra, Lombardía. En la segunda es un gallardo pirata en una de las piezas clásicas del género de aventuras, por no decir del cine en general. En ambas tenía un viejo amigo para, entre mandoble, galanteo y caída de velas, guardarle las espaldas: su mudo compañero Nick Cravat.

 

El halcón y la flecha

En medio de estos dos clásicos, se fue por primera vez al oeste norteamericano de la mano, curiosamente, de un gran experto en la aventura, Richard Thorpe: El valle de la venganza (1951) fue en efecto su primer western. Pero volvió tres años más tarde con fuerza en dos magistrales muestras del género. Antes, en 1953, se dio el baño más famoso de la historia del cine, quizá porque lo hizo con una bellísima Deborah Kerr (encorsetada en un bañador atrevidísimo para la época) en el papel más erótico y seductor de toda su carrera: el que interpretó en el filme De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann, que se convirtió en un éxito enorme y mereció ocho Oscar, incluido el de mejor película. Burt Lancaster impresionó con su sobria interpretación, lo que le valió el primer premio de la crítica de Nueva York y una candidatura para el Oscar.

 

De aquí a la eternidad

Burt Lancaster fue, además, el primer actor de su generación que se dio cuenta a tiempo de la fragilidad del sistema de los grandes estudios y se lanzó a producir por su cuenta. Junto al célebre guionista Ben Hecht fundó en 1947 la Norma Production, que con la incorporación de James Hill pasaría a llamarse Hecht-Hill-Lancaster. Los frutos llegaron con Apache (1954), de Robert Aldrich (uno de los primeros alegatos en favor de la maltratada y exterminada raza india que contó con la magnífica interpretación de un Lancaster embetunado para la ocasión), y sobre todo, en ese mismo año, con Veracruz, del mismo Aldrich. Lancaster incorporaba a un personaje algo frustrado, un vividor con sonrisa asesina tan detestable como encantador; todo lo contrario que su compañero Gary Cooper, reflexivo, tranquilo, justo e imbuido de sus principios morales. No les quedó más remedio que vivir juntos las mismas aventuras, la misma epopeya, en un duelo interpretativo casi épico. La actriz española Sara Montiel lució su maravilloso físico entre estos dos monstruos de la pantalla.

 


Se lanzó a la dirección con El hombre de Kentucky (1955), que no aportó nada nuevo a su carrera; volvería a intentarlo, muchos años después, en El hombre de medianoche (1974), que corrió la misma suerte. También en 1955 aportó una soberbia tranquilidad a su personaje de despreocupado italiano en La rosa tatuada, de Daniel Mann, junto a Anna Magnani, según la obra homónima de Tennessee Williams. Viajó un año después a Europa para rememorar viejas acrobacias en Trapecio, de Carol Reed, una encantadora cinta de trapecistas que se lanzan en un triple salto mortal sin red. Estos temerarios del aire eran, aparte de Burt Lancaster, Tony Curtis y una maravillosa Gina Lollobrigida.

 

Trapecio

En 1957 regresó al género del Oeste interpretando al Wyatt Earp de Duelo de Titanes, de John Sturges, una nueva versión del viejo tema del enfrentamiento entre los Clanton y los Earp en O.K. Corral, ya llevado magistralmente al celuloide por John Ford en Pasión de los fuertes (1946). En esta ocasión, Dimitri Tiomkin compuso una pegadiza y original melodía que se hizo muy familiar. El Oscar le llegó con El fuego y la palabra (1960), de Richard Brooks, donde da vida de manera sublime, bajo la apariencia del altruismo y de la generosidad, a un falso evangelista que, con la bendición de la religión, manipula no sin un cierto regocijo a las masas crédulas y traumatizadas a través del mítico chantaje del infierno.


El fuego y la palabra

Con ¿Vencedores o vencidos? (1961), de Stanley Kramer, comenzó una serie de interpretaciones humanitarias y tiernas. Le siguió su alentador trabajo para El hombre de Alcatraz (1962) de John Frankenheimer, una interesante reconstrucción de la reconversión de un criminal en un ornitólogo de prestigio; y terminó con Ángeles sin paraíso (1963), una conmovedora película de John Cassavetes sobre los niños con problemas para relacionarse con los demás.

 


Ese mismo año marchó a Italia para ponerse a las órdenes de Luchino Visconti. Lancaster estuvo sublime como el príncipe don Fabrizio Salina, en uno de los más bellos, frescos y románticos filmes de la historia: El Gatopardo, un verdadero clásico del cine histórico y político. Con Visconti, once años después, volvió a estar espléndido en Confidencias (1974). Lancaster se reencarnó en un profesor envejecido, amante de la literatura y la pintura, que siente llegar la muerte, y que se debate entre angustias personales y el desencanto de tener que compartir lugar con jóvenes burgueses disolutos y desordenados, incapaces de sentir ni el arte ni la vida. En Italia participaría aún en otro título mítico, esta vez obra de Bernardo Bertolucci: Novecento (1976), que, como El Gatopardo y Confidencias, volvió a fracasar entre sus compatriotas.

 

El gatopardo

A lo largo de los años setenta apareció en un filme que puso de moda los productos de catástrofes: Aeropuerto (1970), de George Seaton. Y, más tarde, en otro que ayudó a reforzar el género, El puente de Cassandra (George Pan Cosmatos, 1977). Ofreció una de sus mejores interpretaciones en La venganza de Ulzana (1972), un impresionante western de Robert Aldrich, e intervino también en la importante superproducción Amanecer Zulú (1979), de Douglas Hickox.

 

Su presencia fue requerida para tres filmes de culto en los años ochenta: Un tipo genial (1983), de Bill Forsyth, donde interpreta a un magnate obsesionado con contemplar una aurora boreal, por lo que pretende comprar todo un pueblo; La piel (1981), de Liliana Cavani; y Atlantic City (1980), de Louis Malle, por la que volvió a ser nominado al Oscar gracias a su memorable interpretación. Todavía en 1989 resultó todo un lujo volverle a ver en esa pequeña joya del cine que es Campo de sueños, de Phil Alden Robinson, interpretando a un doctor que ha tomado los caminos que la vida le ha ofrecido, pero que nunca ha olvidado lo que el Baseball había significado para él.

 


La carrera cinematográfica de Burt Lancaster atravesó distintas etapas: en los años cincuenta fue uno de los más insignes acróbatas del cine de aventuras; en los años sesenta se rebeló como el más empecinado actor de culto; en los años setenta fue una baza segura para las producciones en las que participaba, y en los ochenta gozó de una madurez gloriosa. Asusta ver la impecable filmografía de un actor irrepetible, capaz de saltar encima de un caballo, pasar por un aristócrata italiano o columpiarse a 25 metros de altura. Lancaster no ha parado de sorprender a las distintas generaciones de cinéfilos que lo han ido conociendo a través de sus películas. Cuando en sus inicios fue catalogado como un actor de registro limitado, Lancaster dio cantidad y calidad, y supo callar las lenguas que le asignaban pocas armas para triunfar.

 

Fue una persona muy celosa de su intimidad. Estuvo casado en tres ocasiones. Su primer matrimonio fue con June Ernst, de 1935 a 1946. Su segundo matrimonio (1946-1969) fue con Norma Anderson, una antigua acróbata como él, con quien tuvo cuatro hijos y adoptaron otro. Lancaster tuvo fama de mujeriego, lo que provocó el divorcio de Anderson en 1969. Se casó con su tercera esposa, Susan Martin, en 1990 ya en el ocaso de su vida; ella lo acompañó hasta su muerte.

 

A medida que se fue haciendo mayor, su corazón comenzó a fallar, lo que le impidió seguir desarrollando su actividad profesional con normalidad. A finales de ese mismo año de 1990 sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó mudo y tuvo que someterse a una operación a corazón abierto. Más tarde, un segundo ataque cerebral le obligó a usar silla de ruedas, quedando parcialmente paralítico.

 

Falleció en 1994, en su casa de Los Ángeles, de un infarto de miocardio. Sus restos se encuentran en el Cementerio Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles, California.




domingo, 11 de febrero de 2024

Cristóbal Balenciaga (1895-1972)





En los últimos años las múltiples plataformas de cine y televisión por internet han apostado por el género del biopic o película biográfica como estrategia de éxito, aunque con diferente fortuna, no tanto por la poca enjundia de algunos de los personales seleccionados, sino por la calidad final de algunos de los productos realizados. Una grata sorpresa ha sido la apuesta de Disney+ por el diseñador español Cristóbal Balenciaga como protagonista de la primera producción que esta plataforma ha realizado en nuestro país. Una mini-serie de seis capítulos, estrenada en 2024, que refleja el ascenso del diseñador vasco que, partiendo de unos orígenes humildes, llegó a convertirse en icono de la moda y el buen gusto a nivel internacional.

Dirigida por Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Genaga, a los que debemos títulos memorables como ‘Loreak’ (2014), 'Handía' (2017) y ‘La trinchera infinita’ (2019), cuenta en el reparto con actores de la talla de Alberto San Juan, Gemma Whelan, Belén Cuesta, Adam Quintero y Joseba Bengoetxea en los principales papeles. En la producción destaca la cuidada dirección artística y, como no podría ser de otro modo, el diseño del vestuario, que recrea algunas de las creaciones del diseñador. La banda sonora es de Alberto Iglesias en su primer trabajo para televisión. El relato se articula a partir de una de las pocas entrevistas que el diseñador concedió a la prensa, en concreto el encuentro que mantuvo en 1971, ya jubilado y poco antes de morir, con una periodista británica.

Alberto San Juán encarna con solvencia al diseñador vasco.


Vistiendo a Belén Cuesta en el papel de Fabiola de Bélgica.


Cristóbal Balenciaga nació en Guetaria, una localidad costera de Guipúzcoa, en 1895, en el seno de una familia trabajadora; su padre era pescador, pero murió cuando él tenía 11 años, por lo que su madre, Martina Eizaguirre, se convirtió en su principal figura de referencia. Desde muy joven estuvo en contacto con el mundo de la confección de moda, tanto por el oficio de su madre, costurera, como por la relación con la familia de los Marqueses de Casa-Torres, para la que trabajaba. La marquesa alentó su talento, sufragó parte de sus estudios y se convertiría en una de sus primeras clientas, lo mismo que su nieta, la futura Fabiola de Bégica, a la que encarna Belén Cuesta.

Trailer oficial:




Siendo muy joven, ya en San Sebastián, se inició en el oficio de sastre, pasando por diversos establecimientos con conexiones con la moda parisina. En 1917, con 22 años, abrió el primero de sus negocios relacionados con la confección, sector en el que irá creciendo, tanto en número de empleados, como con segundas marcas, con sedes en San Sebastián, Madrid y Barcelona, hasta su traslado a París en 1936, en el contexto de la guerra civil española.

Balenciaga se instala en París en la Avenida George V, y aunque su estilo y su marca ya estaban consolidadas (era el diseñador de la monarquía española y de buena parte de la alta sociedad europea), París le proporciona el acceso a los más importantes proveedores de tejidos y a trabajadores experto de los oficios relacionados con la Alta Costura, a tiempo que le pone en contacto con una clientela cosmopolita de gran relevancia social, económica y cultural y en el punto de mira de los medios de comunicación internacionales.

Simplicidad de líneas y dominio del volumen en una creación de Balenciaga.



Es en esta etapa parisina cuando se consagra como uno de los diseñadores más influyentes de la historia. El éxito le acompañó desde la presentación de su primera colección, en 1937. Sus creaciones, basadas en la comodidad, la pureza de líneas, la reinterpretación de la tradición española (admirador de Goya y de Velázquez) y el desarrollo de volúmenes innovadores (inspirado por el cubismo), marcarán la moda de las décadas centrales del siglo XX, hasta el año 68, cuando la Alta Costura empieza a perder peso en favor del prêt-à-porter, momento en el que Balenciaga decide poner punto final a su carrera, tras cerrar sus casas de París, Madrid, Barcelona y San Sebastián, y retirarse.


Cristóbal Balenciaga (Guetaria 1895 - Jávea 1972)


Puntual, metódico, introvertido, defensor de su vida privada y alérgico a mostrarse en público, prefería el silencio a la frivolidad que se asocia al mundo de la moda, Balenciaga ha sido el creador de alta costura más importante que ha dado nuestro país. Según sus propias palabras, “un modisto debe ser arquitecto para los planos, escultor para formas, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo en el sentido de la medida”. Considerado 'maestro de maestros', en el taller de Cristóbal Balenciaga se formaron importantes modistos con nombre propio como Paco Rabanne, André Courrèges, Emanuel Ungaro, Hubert de Givenchy u Óscar de la Renta.

Cristóbal Balenciaga falleció en Jávea en 1972 y fue enterrado en Guetaria, localidad en la que se inauguró en 2011 el Museo Balenciaga dedicado a estudiar su obra y a conservar un legado de más de 1000 piezas originales.

Los especialistas en su obra destacan la gran inspiración que encontró el arte español para sus colecciones, especialmente a partir de su llegada a París, huyendo de la Guerra Civil, que es cuando empieza a añorar España y a introducir referencias españolas en sus creaciones, especialmente del Greco, los pintores de la corte de los Austrias, Velázquez, Zurbarán, Goya o Zuloaga, entre otros. 




Para profundizar en este interesante análisis sobre Las referencias al arte y a la cultura española en la obra de Balenciaga conviene repasar el catálogo de la exposición “Balenciaga y la pintura española” celebrada en 2019 el Museo Thyssen de Madrid, o el reportaje que sobre la misma encontramos en RTVE Play

En relación con la industria cinematográfica hay que destacar que Cristóbal Balenciaga trabajó en Francia en el vestuario de títulos como ‘El aire de París’ de Marcel Carné (1954) y ‘El testamento de Orfeo’ de Jean Cocteau (1960), mientras que en España hizo lo propio en ‘Prohibido enamorarse’ de José Antonio Nieves Conde (1961), o vistiendo a Sara Montiel en ‘Pecado de amor’ de Luis César Amadori (1961) y a Isabel Garcés en títulos como ‘Las hijas de Helena’ (Mariano Ozores, 1963) o ‘Como dos gotas e agua’ (Luis César Amadori, 1964).

Él mismo, a su vez, es protagonista de sendos documentales: ‘Balenciaga’ de Oskar Tejedor (2009) y ‘Balenciaga y la alta costura en Barcelona’ dirigido por Ferran Alberich (2013).

Actualmente la marca Balenciaga, rehabilitada en 1986, pertenece a un importante grupo empresarial que comercializa las principales marcas de lujo de todo el mundo. Para promocionar su colección de 2021 entre un nuevo público más joven, Balenciaga contó con un cortometraje promocional de 10 minutos protagonizado por Los Simpsons, en el que los principales personajes de la popular serie visitan París y desfilan en la Semana de la Alta Costura luciendo la ropa de la marca, pero este Balenciaga ya es otro Balenciaga...








jueves, 1 de febrero de 2024

La tierra prometida (Nicolaj Arcel, 2023)

 


Tras su paso en 2023 por los principales festivales como Venecia, San Sebastián y Sevilla, llega a nuestras carteleras “La Tierra Prometida” un relato épico dirigido por el danés Nicolaj Arcel y protagonizada por el también danés Mads Mikkelsen, que ya trabajaron juntos en 2012 en otra producción de época, que muchos recordarán: “Un asunto real” que se desarrollaba en la corte del rey danés Christian VII.


Mads Mikkelsen y Nicolaj Arcel durante el rodaje

“La tierra prometida” también se desarrolla en la Dinamarca del siglo XVIII, y está basada en hechos reales. Es la historia de un veterano capitán del ejército, Ludvin Kahlen (interpretado por Mads Mikkelsen) que emprende, prácticamente en solitario, la dura misión de colonizar los despoblados páramos daneses de la península de Jutlandia, con el objetivo de establecer un núcleo de población permanente, para mayor gloria del rey y, a cambio, recibir un título nobiliario y experimentar el ansiado ascenso y reconocimiento social que este nombramiento conllevaría. La tarea no es fácil, el terreno es inhóspito y las condiciones climáticas no son las más adecuadas ni para el ganado, ni para el cultivo de unas tierras secularmente despobladas y baldías. No obstante, Kahlen es un hombre tozudo y tenaz que empeñará su vida en esta épica conquista de un nuevo territorio, un relato que comparte muchos de los ingredientes del western clásico: un héroe solitario y errante que se rebela ante la injusticia en un territorio agreste y "sin civilizar".




Nuestro capitán, por un lado, tendrán que enfrentarse al poderoso señor local, el tirano Frederik de Schinkel, un personaje violento y despiadado que será el gran antagonista de esta historia. Por otro lado, luchará contra la fuerza de la naturaleza, el frío y las plagas junto a la falta de mano de obra y los constantes boicots sufridos, que podrán en peligro la ejecución de su proyecto. De su lado tendrá a algunas personas: sus criados, el matrimonio formado por Johannes y Ann Barbara, antes empleados en la mansión de Schinkel, y la niña Anmai Mus, que aporta las dosis necesarias de humor y ternura en esta historia. 


Kahlen y De Schinkel

La interpretación de Mads Mikkelsen es una de las mejores bazas con las que cuenta esta cinta de algo más de dos horas de duración. Como cabía esperar, el galardonado actor por “La caza” u “Otra ronda” ejecuta aquí con habilidad el papel del capitán Kahlen con todas sus aristas, militar ambicioso, soldado feroz, hombre desarraigado, rudo y metódico, pero potencial amante y padre a la postre.

Entre los aspectos técnicos de este filme hay que destacar el diseño de producción, el vestuario y, sobre todo, la dirección de fotografía capaz de mostrar el territorio del páramo a lo largo del día y de las distintas estaciones del año. Precisamente actor, diseño de vestuario y fotografía han sido reconocidos justamente en los premios del Cine Europeo EFA 2023. 




"La tierra prometida", la propuesta danesa para el Óscar como mejor película internacional, se estrena en nuestra ciudad mañana, viernes 2 de febrero, os dejo aquí el trailer.