domingo, 7 de junio de 2020

Series de TV: Euphoria (2019)


Título original: Euphoria. Temporada: 1. Episodios: 8. Año: 2019. País: USA. Género: Drama. Estreno: 16 Junio 2019 (HBO).
Premio Satellite Awards 2019 a la Mejor Actriz en serie dramática (Zendaya).
Creator: Sam Levinson. Dirección: Sam Levinson, Augustine Frizzell, Pippa Bianco, Jennifer Morrison. Guión: Sam Levinson, Ron Leshem, Daphna Levin, Tmira Yardeni. Música: Labrinth, Gustave Rudman Rambali. Fotografía: Marcell Rév, Drew Daniels, Adam Newport-Berra. Producción: Tyler Romani, Philipp A. Barnett, Jamie Feldman.

Reparto: Zendaya (Rue Bennett), Maude Apatow (Lexi Howard), Angus Cloud (Fezco), Eric Dane (Cal Jacobs), Alexa Demie (Maddy Pérez), Jacob Elordi (Nate Jacobs), Barbie Ferreira (Katherine «Kat» Hernández), Nika King (Leslie Bennett), Storm Reid (Gia Bennett), Hunter Schafer (Jules Vaughn), Algee Smith (Christopher «Chris» McKay), Sydney Sweeney (Cassie Howard).

Sinopsis:
Rue es una joven de 17 años que vuelve de rehabilitación sin intención de mantenerse sobria. En una fiesta antes del comienzo del curso conoce a Jules, una chica recién llegada a la ciudad.... Euphoria es una reflexión sobre la adolescencia a través de un grupo de estudiantes de instituto que tienen que hacer frente a temas recurrentes de su edad como las drogas, el sexo, la violencia, los problemas de identidad, los traumas, las redes sociales, el amor y la amistad.
Episodio 1. Pilot
Episodio 2. Stuntin' Like My Daddy
Episodio 3. Made You Look
Episodio 4. Shook One Pt. II
Episodio 5. 03 Bonnie and Clyde
Episodio 6. The Next Episode
Episodio 7. The Trials and Tribulations of Trying to Pee While Depressed
Episodio 8. And Salt the Earth Behind You

Comentarios:
La primera temporada de Euphoria ha sido todo un viaje, una experiencia casi sensorial a través de los ojos de un grupo de jóvenes de 17 años para los que todo son preguntas y solo tienen una certeza: el presente. La serie creada por Sam Levinson ha revolucionado los dramas juveniles para alzar la voz de una generación perdida y extrema en busca de sí misma.
Euphoria habla de drogas, de sexo, de ansiedad, de problemas de identidad, del miedo a qué pensarán de mí los demás... Prioriza la forma por delante del contenido y consigue que eso juegue a su favor. Más allá de las escenas explícitas y excesivas que hicieron que se hablara de ella en el principio (como la ya famosa secuencia de los 30 penes del segundo capítulo), la serie encuentra su camino en una banda sonora y una apuesta estética potentísimas, con un uso de los colores, la luz y la cámara que le da un estilo inconfundible. 


El ritmo de Euphoria es el de la juventud, el de un viaje psicotrópico en el que lo mismo estás en lo más alto de la montaña rusa como te hundes en la más pura miseria. En esta primera temporada con un final abierto a tantas interpretaciones como espectadores tiene (y que seguirá con una segunda entrega ya confirmada), los comienzos de capítulos, que repasan a toda velocidad y con la narración en off de la protagonista la vida de los personajes centrales, han sido brillantes. Casi tanto como las interpretaciones, con una Zendaya sublime al frente.


El excelente cuarto capítulo, narrado a ritmo de thriller y rodado con enorme maestría, se queda grabado en la memoria, así como el final de temporada al más puro estilo videoclip interpretado por la propia Zendaya y del que no desvelaremos más para quien aún no lo haya visto y quiera hacerlo. Seguro que Euphoria no es para todos los públicos. Ni pretende serlo. Seguro que exagera, que la juventud de hoy no vive tan intensamente, ni se maquilla así, ni viste así. Pero sí se sufre así y se sueña así. Porque todos lo hicimos; de otra forma, a otro nivel, pero lo hicimos. La oscuridad de la serie se apodera del espectador que comienza el viaje desde la distancia y lo termina dejándose llevar de la mano de una de las propuestas más radicales y más originales del año 2019. (Natalia Marcos)
Recomendada.


sábado, 6 de junio de 2020

El silencio de un hombre (El samurái) (Jean-Pierre Melville, 1967)




Título original: Le Samouraï. Dirección: Jean-Pierre Melville. País: Francia. Año: 1967. Duración: 105 min. Género: Cine Negro.
Jean-Pierre Melville, Georges Pellegrin, basado en una novela de Joan McLeod (Guión), Henri Decae (Fotografía), François de Roubaix (Música), Monique Bonnot (Montaje), Raymond Borderie y Eugène Lépicier (Producción).
Estreno en España: 25 Octubre 1968

Reparto:
Alain Delon, Nathalie Delon, Caty Rosier, François Périer, Michel Boisrond, Jacques Leroy, Catherine Jourdan, Jean-Pierre Posier.


Sinopsis: 
La historia de un hermético y frío asesino a sueldo. Jeff Costello es un perfeccionista que siempre planea cuidadosamente sus asesinatos y al que nunca han atrapado. Sin embargo una noche, tras liquidar al dueño de un club nocturno, queda a la vista de varios testigos. Sus esfuerzos por construir una coartada fallan y poco a poco es acorralado, tanto por la policía como los clientes que le han traicionado.

Comentarios:
Seguidor declarado del cine negro americano de los años 30, Jean-Pierre Melville basó gran parte de su obra en recrear la esencia del antihéroe solitario que reflejaban filmes como ‘Las calles de la ciudad’ (City Streets, Rouben Mamoulian, 1931), ‘Hampa dorada’ (Little Caesar, Mervyn LeRoy, 1931) o ‘Scarface, el terror del hampa’ (Scarface, Howard Hawks y Richard Rosson, 1932). Todas las etapas de su filmografía ofrecen un retrato del concepto de ‘el hombre’, la exaltación de la virilidad así como de sus valores y camaradería; aspecto heredado de las propias vivencias de Melville en el frente francés en la Segunda Guerra Mundial.
Pese a que siempre fue denominado como “el más americano de los autores franceses”, la influencia de la industria estadounidense en su obra era más iconográfica que narrativa. Un aspecto en el que diverge del resto de sus compañeros de generación José Giovani y Henri Verneuil, fundadores oficiosos de ese subgénero llamado Polar, más centrados en el continente que en el contenido de los primeros ‘noir’. Es tiempo del gángster romántico, de pasado, presente y futuro siempre en el lindero que separa la huida y la muerte. Es la llamada 'poésie du crime' que simboliza en todo su esplendor Alain Delon como ese metódico y taciturno ‘samurái’ representado en ‘El silencio de un hombre’ (Le Samouraï, 1967).
Estandarte del nombrado polar francés, la undécima película de Melville recorre toda la topografía parisina a través de la triste mirada de un asesino a sueldo. Un profesional parapetado en un pequeño apartamento en el centro y acompañado por el monótono piar de un canario que como el protagonista solamente tiene su jaula. Jeff Costello (Delon) deja las palabras a un lado y sigue su propio código. Un especialista que mata por dinero y (sobre) vive en la sombra. Dotado de elegancia y atractivo, su relación con las mujeres se reduce a esporádicas visitas a una hermosa rubia (Nathalie Delon) que sirven como coartada a cada uno de sus trabajos. Paciente e inteligente, no existen fisuras en un universo estudiado al milímetro. Una situación que cambia tras ser engañado por la parte contratante de su último encargo. Algo que provocará que no solo sea perseguido por sus clientes, también por la gendarmería en una asfixiante caza. Solo quedan dos opciones: huir o morir.



La sombría geografía emocional de ‘El silencio de un hombre’ queda clara ya desde su inicio, con un bello plano secuencia y con la cita "La profunda soledad del samurái sólo es comparable a la de un tigre en la selva". Es el dibujo de la tranquilidad que precede al método. En todo un ejercicio de magnetismo Alain Delon compone una de las grandes interpretaciones de su carrera. Un personaje irresistible y complejo avocado a convertirse en un icono tal como los protagonistas de las cintas que Melville admira. Jeff Costello es un homenaje a esos papeles personificados por Humphrey Bogart, James Cagney o Edward G. Robinson pero con estilo propio y sin renunciar a los estilemas de un cine previo a ese efervescente laboratorio llamado ‘Nouvelle Vague’. Costello logra encajar con todos los elementos que circundan el filme. Desde sus aliados hasta sus enemigos pasando por el urbanismo parisino. Una figura mimetizada con su entorno como si de un lienzo expresionista se tratara. Es química pura. Ataviado con su sombrero y gabardina clásica, no renuncia a su idiosincrasia y porte, ni siquiera herido o en la huida. Es una cuestión de principios.


Melville, también creador del libreto – junto a Georges Pellegrin – a partir de la novela ‘The Ronin’ de John McLeod, ofrece toda una exhibición narrativa. Primero con toda esa nebulosa que articula en torno a Costello. No otorga información sobre su pasado remarcando esa aura mitológica que le acompaña. "Alguien dijo en una ocasión que en una película de Godard, Jef Costello, tendido sobre la cama de su habitación, habría leído un libro y el espectador vería su cubierta, y en una de Bresson se habría preparado un café con leche. Esto no me interesa. No me gusta ver a mi héroe enfrentarse a lo que podríamos llamar una función orgánica. Quiero sensibilizar al espectador de la intimidad del héroe sin mostrar cómo come en la mesa." Comentaba el autor sobre su personaje. Sin duda, la influencia oriental copa gran parte del relato, ante todo por ese trazo grácil y pétreo del protagonista tan propio del asesino medieval nipón por excelencia. No terminan ahí las comparativas ya que ‘El silencio de un hombre’ pudiera ser un western contemporáneo. Un ‘Solo ante el peligro’ (High Noon, Fred Zinnemann, 1952) o ‘Raíces profundas’ (Shane, George Stevens, 1953) importado a la gran urbe francesa. Segundo, por el prodigioso uso de la cámara y la técnica elevan la elipsis y toda la retórica que la cinta porta. Dinámicos travellings y la azulada atmósfera creada por Henri Decaë componen un escenario lúgubre, fóbico y enigmático que anuncian que tipo de epílogo encontrará ese samurai parisino.
Un final de resonante poética. Movimientos pausados hasta llegar al ‘hall’ del club donde dio comienzo el último episodio. Allí, con mirada serena y dejando atónita a la joven encargada del guardarropa posa su sombrero. Ella le entrega su resguardo mientras le busca acomodo a su preciada prenda. Justo en ese momento, Costello abandona el resguardo en el mostrador – de forma sutil, casi a cámara lenta – y marcha valiente en busca de su destino. Un destino que aceptará de forma honorable. Cara a cara con esa ‘femme fatale’ eje de toda la trama y revólver en mano. Lo que esconde el tambor de éste es la llave del triunfo de Jeff Costello. Un triunfo desde la muerte. (Emilio Luna)
Recomendada.


viernes, 5 de junio de 2020

A secret love (Chris Bolan, 2020)


Título original: A secret love. Dirección: Chris Bolan. País: USA. Año: 2020. Duración: 83 min. Género: Documental.  
Chris Bolan, Brendan Mason, Alexa L. Fogel (Guión), Stephen Kazmierski (Fotografía), Duncan Thum (Música), Ryan Murphy, Brendan Mason, Alexa L. Fogel. (Producción).
Estreno en Sevilla: 29 Abril 2020 (Netflix)

Sinopsis:
Dos mujeres mantuvieron su amor en secreto durante décadas. Sin embargo, salir del armario a una avanzada edad tiene sus propios desafíos.

Comentarios:
Aunque su estreno estaba previsto para el pasado mes de marzo en el festival South by Southwest, el documental A Secret Love ve finalmente la luz esta semana en streaming en Netflix. La historia de Terry Donahue y Pat Henschel, dos mujeres que se enamoraron en 1947 en Canadá y desde entonces decidieron vivir juntas en Chicago, tiene su morbo cinéfilo: Donahue formó parte de la liga estadounidense femenina de béisbol, cuyas jugadoras inspiraron la película de Penny Marshall Ellas dan el golpe, blockbuster feminista de 1992 interpretado por Geena Davis, Madonna y Tom Hanks.
Donahue jugaba en el Peoria Redwings cuando conoció a Pat Henschel y desde entonces mantuvieron una relación de amantes camuflada bajo el eufemismo de amigas o primas. Ya octogenarias, Donahue y Henschel decidieron hace unos años dar el salto, salir del armario ante sus familiares y casarse. La película, ópera prima de un sobrino nieto, Chris Bolan, capta el impacto de esa noticia en ambas familias, y recoge un testimonio único sobre la realidad de las lesbianas en EE UU, un colectivo cuya lucha no ha ido en paralelo a la de los hombres gay y que ha sufrido una doble discriminación, la de las mujeres y la de los homosexuales.
Pero más allá del interesante contexto social, el valor de la película de Bolan está en las particularidades de la historia que narra, aunque el director peque en demasiadas ocasiones de meloso o, por el contrario, se mueva tentado por el resbaladizo terreno del reality. Aún con esa contradicción, la película gana por el humor y la naturalidad de las dos ancianas o por algunos momentos deliciosos, como la cena de las dos mujeres con sus dos viejos amigos gais. Todo aderezado con la ubicua fórmula de la nostalgia, en este caso bajo la resultona memorabilia de la pionera liga estadounidense de béisbol femenino (Elsa Fernández-Santos).
Recomendada.


jueves, 4 de junio de 2020

Los juncos salvajes (André Téchiné, 1994)


Título original: Les roseaux sauvages. Dirección: André Téchiné. País: Francia. Año: 1994. Duración: 110 min. Género: Drama.
André Téchiné, Gilles Taurand, Olivier Massart (Guión), Jeanne Lapoirie (Fotografía), Chubby Checker (Música), Martine Giordano (Montaje), Jean-Paul Mugel (Sonido) Pierre Soula (Escenografía), Jean-Jacques Albert (Producción).
César 1994 a la Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión. Mejor Película extranjera 1995 en el Círculo de Críticos de Nueva York. Mejor Película extranjera 1995 en la Asociación de Críticos de Los Angeles.
Estreno en España: 21 abril 1995

Reparto: Elodie Bouchez (Maïté), Gaël Morel (François), Stéphane Rideau (Serge), Frédéric Gorny (Henri), Michéle Moretti (Sra. Álvarez), Jacques Nolot (Sr. Morelli). 

Sinopsis:
Provenza, 1962. Con la guerra de Independencia de Argelia como telón de fondo, la trama se basa en las relaciones de un grupo de estudiantes de un internado. François, un chico de dieciocho años, descubre que es gay y que está enamorado de Serge, su compañero de cuarto. Éste al principio parece corresponderle, y una noche se acuestan juntos. Pero, a continuación, Serge no quiere saber nada de François y se interesa por Maité, una joven militante comunista, hija de una de las profesoras.

Comentarios:
¡Qué riesgos asume André Téchiné en ésta su sorprendente, extraordinaria, multipremiada película! Riesgos: para un director al que, a pesar de desconocer aquí buena parte de su filmografía, se le cuentan las películas por éxitos, no se le ocurre nada mejor que rodar casi en condiciones de clandestinidad. Con equipo reducido y en el campo, con actores desconocidos -magníficos todos, aunque haya que destacar, es de ley, a la increíble protagonista, Elodie Bouchez, una auténtica revelación-, una película luminosa, desconcertante en su sencillez, profundamente inteligente. Riesgos: en un país en el cual la Historia, con mayúsculas, se sacraliza más que en cualquier otro -efectos del nacionalismo todopoderoso-, Téchiné se atreve a abordar la guerra de Argelia en la retaguardia, donde menos probable parece que se sentirán sus efectos, sólo para mostrar de qué forma, y con qué rotundidad, una guerra colonial divide drásticamente a todo el mundo. Y riesgos, también: atreverse con el mundo siempre conflictivo de la adolescencia, pero sin pretender ilustrar verdad alguna. Cada uno de los cuatro personajes centrales tiene la suya, difícilmente compartible, además; y la soledad a que cada uno se verá implícitamente condenado al final por la ficción será el resultado de su propio desarrollo psicológico, no de una verdad apriorística aportada exteriormente a la narración por un autor clarividente.
Los juncos salvajes, hermosa metáfora que hace referencia al carácter de la juventud, que siempre mantiene sólidas las raíces plegándose aparentemente a los acontecimientos, transcurre en unos pocos días previos al final del curso de 1962, cuando en Argel se oyen los estrépitos de los atentados de la OAS y la independencia argelina es ya una realidad aceptada por el establishment político francés. En su sencillez sólo aparente, el filme muestra las relaciones que se establecen entre tres chicos y una chica. Uno, recién llegado al pueblo en que se desarrolla la acción, es hijo de pied-noirs y pasea su fracaso escolar por media Francia, siempre entre el rencor por los metropolitanos traidores a la justa causa y su propia desorientación vital. Otro es hijo de emigrantes italianos, al que una bomba de la OAS mata cruelmente a su hermano militar.


El tercero, un muchacho sensible y narcisista, que gusta del cine de Bergman y de citar a Faulkner, descubrirá pronto una invencible tendencia que, es de suponer, marcará su vida. Y la chica, hija de una profesora militante comunista, y comunista ella misma, descubrirá, igualmente, qué diferente resultan los postulados teóricos cuando se intenta vivir la vida día a día. Los misterios del sexo, el despertar de los sentidos, las inclinaciones personales y las discrepancias con los discursos que las enmascaran son la materia prima con la que trabaja Téchiné. Su opción narrativa aparece alejada de todo academicismo, incluso dominada por un cierto desaliño formal a la hora de componer el encuadre que podrá no gustar a alguno, pero que a la postre no hay más remedio que respetar por su propia coherencia. Téchiné pretende que nada interfiera en lo que le interesa contar, que ningún plano remilgado distraiga la atención sobre lo que le importa, los sentimientos, las contradicciones de los personajes.
Así, la película se despliega en un engañoso primer término, mientras lo que en realidad ocurre en el interior de los personajes va apareciendo poco a poco, epifanía laica, que diría el viejo Guido Aristarco, tanto más sorprendente cuanto imprevista. Ejercicio de sobriedad narrativa, inteligente propuesta abierta, Los juncos salvajes es no sólo la mejor película, con permiso de La reina Margot, que ha llegado desde Francia en mucho tiempo, sino también el filme más acabado y complejo de cuantos ha hecho hasta la fecha este André Téchiné que merece ser mucho mejor conocido entre nosotros. (Casimiro Torreiro)
Recomendada.