jueves, 6 de junio de 2019

Cine y televisión de culto, de Mauricio Bach


Autor del imprescindible “Películas de culto. La otra historia del cine”, Mauricio Bach ofrece ahora una suerte de complemento gozoso de aquel, un compendio de cerca de cuatrocientos títulos a los que añade una segunda parte dedicada a la series de televisión, de las que recoge más de un centenar. La amplia selección de cintas está ordenada por épocas –desde el periodo mudo (“Los vampiros”, 1915) hasta nuestros días (“Mandy”, 2018)–, recorre el globo terráqueo –desde Brasil y México a Japón y Filipinas pasando por Estados Unidos, Francia, Italia o España–, abarca todos los géneros –el terror, el thriller o el erótico, pero también el drama, la comedia o el musical– y en ella conviven el Hollywood clásico y el cine de autor con todas las variantes de exploit posibles.

Aunque el lector encontrará los filmes que uno espera hallar como “Plan  From Outer Space”, “Easy Rider”, “The Rocky Horror Picture Show” o “Cabeza borradora”, por poner algunos ejemplos, la gran aportación del volumen es descubrirnos, a través de cápsulas de rápida lectura, cineastas y títulos ignotos, además de delirios imposibles de encontrar en los libros de historia del cine. Para muestra, un botón (o dos): “Deadly Weapons”, trash dirigido por una mujer, Doris Wishman, o “Star Crash”, de Luigi Cozzi, imitación de “La guerra de las galaxias” con David Hasselhoff.

En cuanto al ámbito catódico, el recorrido de Bach mantiene los mismos criterios que el capítulo cinematográfico, aún con comentarios más largos, y se extiende desde “Te quiero Lucy” (1951) hasta “The Umbrella Academy” (2019), pasando por, entre otras, la influyente “La dimensión desconocida”, la onomatopéyica “Batman”, el telefilme español “La cabina”, “Los Simpson”, la renovadora “Los Soprano”, “Breaking Bad” o, cómo no, “Juego de tronos”.

Este interesante libro está editado por T&B Editores.

miércoles, 5 de junio de 2019

La viuda (Neil Jordan, 2018)


Título original: Greta. Dirección: Neil Jordan. País: Irlanda. Año: 2018. Duración: 98 min. Género: Thriller.  
Nick Emerson (Montaje), Seamus McGarvey (Fotografía), Neil Jordan, Ray Wright (Guión), Javier Navarrete (Música), John Penotti, Lawrence Bender, James Flynn, Sidney Kimmel (Producción), Mei Han, Brian Kornreich, Peter Luo (Producción ejecutiva), Joan Bergin (Vestuario), Jina Jay, Stephanie Gorin (Casting).
Estreno en Sevilla: 24 Mayo 2019.

Reparto:
Isabelle Huppert (Greta Hideg), Chlöe Grace Moretz (Frances McCullen), Maika Monroe (Erica Penn), Zawe Ashton (Alexa), Colm Feore (Chris McCullen), Stephen Rea (Brian Cody).

Sinopsis:
Después de encontrar un bolso perdido en el metro de Nueva York, Frances McCullen, una joven afligida por la reciente muerte de su madre, se lo devuelve a su legítima propietaria. Así Frances entabla una inusual amistad con la enigmática viuda Greta Hideg, para consternación de su mejor amiga Erica Penn quién está ayudando a Frances a aclimatarse a la ciudad. Pero Frances se dará cuenta que las intenciones de Greta pueden ser más siniestras de lo que parecen.

Comentarios:
A principios de los años noventa, como ecos aún más cotidianos del grandioso éxito de “Atracción fatal” (Adrian Lyne, 1987), se fueron acumulando en el cine americano los thrillers con psicópata a la vuelta de la esquina de casa (o incluso en la misma). Relatos que pretendían tanto indagar en los recovecos más oscuros de la soledad del ser humano como experimentar con la falta de lucidez provocada por una tragedia del pasado que se expulsaba en forma de delirante acoso al inocente. Una suerte de intriga psicológica a medio camino entre el policiaco y el terror, con leves apuntes sociales, que además practicaron algunos excelentes directores, legando así un puñado de títulos para el recuerdo del entretenimiento con clase: “De repente, un extraño” (John Schlesinger, 1990), “Misery” (Rob Reiner, 1990), “El cabo del miedo” (Martin Scorsese, 1991), “La mano que mece la cuna” (Curtis Hanson, 1992), y “Mujer blanca soltera busca…” (Barbet Schroeder, 1992).
Muerta a base de agotamiento y reiteración, la moda pasó y, salvo casos muy puntuales y de calidad incomparablemente a la baja (Obsesión, de Rob Cohen), poco más se supo, al menos en el cine comercial, hasta la llegada de “La viuda”, nueva película del veterano irlandés Neil Jordan, acostumbrado durante toda su carrera a las atmósferas turbias y a las personalidades malsanas, que regresa después de seis años sin película, tiempo en el que apenas ha dirigido algunos episodios de la serie “Los Borgia”.
La añoranza, la tristeza, la soledad y el desvarío mental causado por una tragedia del pasado, bases de aquellos thrillers, regresan en una película que, durante una hora (hasta la secuencia de la ambulancia), mantiene vivo el interés gracias a un jugoso juego de artificio con el que Jordan, viejo zorro, parece estar a gusto, y más al lado del cañón de desequilibrio gestual que puede llegar a ser Isabelle Huppert. Sin embargo, en un último tercio disparatado en su guion, obra del estadounidense Ray Wright, con la colaboración del propio Jordan, el castillo del acoso, y sobre todo el de la soledad, se vienen abajo por culpa de la absoluta falta de lógica interna dentro de cada una de las situaciones, insostenibles ni aun entrando en el espíritu granguiñolesco que se supone pretende construir el irlandés.
Que desde el inicio todo tenga un aire de cuento perverso (la bruja que deja migas de pan en forma de bolsos de marca en el metro de Nueva York, con su carnet de identidad dentro, para almas cándidas e ingenuas que quieran devolverlo), y de esto sabe el autor de “En compañía de lobos” (1984), no es óbice para la sucesión de arbitrariedades en los comportamientos del último acto, ejemplificados en la cara de pasmo del detective privado interpretado por Stephen Rea, que acude a la casa del terror, en una esquina neoyorquina de fábula, con el candor que a muchos espectadores les habrá sido imposible mantener a esas alturas. (Javier Ocaña).
Recomendada (con reservas).

lunes, 3 de junio de 2019

Como pez fuera del agua (Riccardo Milani, 2017)


Título original: Come un gatto in Tangenziale. Dirección: Riccardo Milani. País: Italia. Año: 2017. Duración: 98 min. Género: Comedia.  
Patrizia Ceresani, Francesco Renda (Montaje), Saverio Guarna (Fotografía), Furio Andreotti, Giulia Calenda, Paola Cortellesi, Riccardo Milani (Guión), Andrea Guerra (Música), Lorenzo Gangarossa, Mario Gianani, Lorenzo Mieli (Producción).
3 nominaciones a los Premios David di Donatello 2017.  
Estreno en Sevilla: 24 Mayo 2019.

Reparto:
Paola Cortellesi (Monica), Antonio Albanese (Giovanni), Sonia Bergamasco (Luce), Luca Angeletti (Giulio), Antonio D'Ausilio (Francesco), Alice Maselli (Agnese), Simone de Bianchi (Alessio), Claudio Amendola (Sergio).

Sinopsis:
Giovanni trabaja para un prestigioso grupo de reflexión internacional que se propone reurbanizar las periferias en las ciudades italianas. Mónica trabaja como cajera de un supermercado en uno de los suburbios más poblados de Roma. Dos mundos opuestos condenados a entenderse cuando descubren que sus correspondientes hijos adolescentes, Agnese y Alejo, se han enamorado. A pesar del inevitable rencor inicial por las diferencias sociales y prejuicios que tienen el uno respecto a la otra, Giovanni y Mónica decidirán unir sus fuerzas para intentar terminar con la historia entre sus hijos. Los dos juntos vivirán en primera persona la vida del otro, entre multicines de periferia, playas abarrotadas y locales de lujo.

Comentarios:
Cuando, en las primeras líneas de diálogo de una película, se menciona a Pasolini y, poco después, un gag se apoya en una canción de Renato Zero, no se puede evitar sentirse en buenas manos, pese a la desconfianza que, en primera instancia, pueda provocar el uso escasamente refinado de ralentís y tomas en gran angular. Dirigida por Riccardo Milani, cineasta inédito en nuestro país que biografió a Domenico Mudugno para televisión, “Como pez fuera del agua” no invoca a Pasolini y Zero sin razón: la periferia, la vida en los suburbios sumida en la marginalidad, que uno afrontó desde el arte combativo y el otro en clave de kitsch melódico, centra esta heterodoxa comedia romántica presidida por la gráfica imagen que propone su contundente título original, según el cual un romance entre clases sociales irreconciliables duraría lo mismo que un gato en plena autopista.
Milani ha hecho una película que, como algunos recientes trabajos de Pif —La mafia sólo mata en verano (2013) y Amor a la siciliana (2016)—, Gianni di Gregorio —Vacaciones de Ferragosto (2008) y Gianni y las mujeres (2011)— y Ficarra & Picone —La hora del cambio (2017)—, parece tener plena conciencia de la gran tradición de la comedia crítica italiana. En “Como pez fuera del agua”, el miembro (progresista) de un Think Tank que desarrolla políticas sociales para la Unión Europea pondrá a prueba sus convicciones ideológicas cuando su hija adolescente se enamore de un chico de extrarradio, nacido en el seno de una familia singularmente desestructurada. Cuesta poco imaginarse a Alberto Sordi en ese papel principal, del mismo modo que es inevitable pensar en la gran composición que hubiese hecho Ugo Tognazzi del padre (preso) del muchacho. La comparación no es desfavorecedora: he aquí, pues, una comedia de rotundo éxito en taquilla, que no sólo se toma en serio a todos y cada uno de sus personajes —no hay caricaturas de trazo grueso, sino identidades (y razones)—, sino que sabe extraer una ficción compleja y no necesariamente complaciente de una realidad social conflictiva donde anti-europeísmo y conciencia social mantienen un pulso aparentemente irresoluble. (Jordi Costa)
Recomendada (con reservas).


domingo, 2 de junio de 2019

La ceniza es el blanco más puro (Jia Zhang Ke, 2018)



Título original: Jiang hu er nv. Dirección: Jia Zhang Ke. País: China. Año: 2018. Duración: 135 min. Género: Drama.  
Matthieu Laclau, Lin Xudong (Montaje), Eric Gautier (Fotografía), Jia Zhang-ke (Guión), Lim Giong (Música), Shozo Ichiyama (Producción), Zhang Yang (Sonido), Jean-Christophe Roger (Maquillaje), Liu Weixin (Dirección Artística).
Presentada en la sección oficial del Festival de Cannes 2018.
Estreno en Sevilla: 01 Junio 2019.

Reparto:
Zhao Tao (Quiao), Liao Fan (Guobin), Xu Zheng, Casper Liang, Feng Xiaogang, Diao Yinan. 

Sinopsis:
En 2001, la joven Qiao está locamente enamorada de Bin, un cabecilla del hampa local. Testigo del ataque de una banda rival contra Bin, dispara para defenderle. Por no delatarle, Qiao acaba condenada a cinco años de cárcel. Una vez en libertad, Qiao busca a Bin pero este se niega a aceptarla de nuevo en su vida.

Comentarios:
Como en buena parte del neorrealismo italiano, de “Ladrón de bicicletas” a “Umberto D”, en “La ceniza es el blanco más puro” hay una protagonista absoluta, pero lejos del esencialismo del personaje único, porque sobre ellos pivota el verdadero quid de la cuestión: aquí, la sociedad china del nuevo milenio; allí, la sociedad italiana de posguerra. En su decimocuarto largometraje, casi un grandes éxitos de sus temáticas y de su estilo rocoso y violento, Jia Zhangke aborda los cambios sociales y económicos de su país entre los años 2001 y 2017, pero lo hace con una severidad narrativa que bien se puede convertir para el espectador en un reto de enorme complejidad.
Lo del director chino no son solo elipsis: son hachazos. Saltos en el espacio y en el tiempo que retan a la platea a un maduro ejercicio de intensidad en el que no cabe la menor disidencia: ante cualquier despiste, la película se convierte en una losa. De gran sutileza en la información ofrecida sobre los personajes y las situaciones, además de sobre el tiempo en que se desenvuelven, “La ceniza es el blanco más puro” está comandada por la mujer de un mafioso de medio pelo que, tras pasar por la cárcel, debe reinventarse como ciudadana, como amante y como ser humano en un universo cambiante que amenaza con devorarla. China ha virado en su modelo de crecimiento económico hacia la exportación y la inversión, en medio de una corrupción institucional y moral que se escapa por cada esquina del encuadre. Un paisaje físico que acaba afectando al paisaje humano, de innegable desolación, pero extrañamente bello en su grisura: karaokes habitados por rostros hundidos; casinos caseros donde pasar las horas muertas, las vidas muertas; extrarradios en forma de descampados infernales; minas abandonadas a la espera de reconversiones industriales.
Como “Naturaleza muerta” (2006), la película es una historia de búsqueda en la que regresa en forma de diálogo uno de los tótems del cine del autor chino: la presa de las Tres Gargantas, paradigma físico y simbólico del nuevo país, obra faraónica con la que quedaron sepultados bajo el agua cientos de pueblos y un modo de acercarse a la economía, desde el comunismo hasta un incipiente capitalismo. Un lugar en el que los chinos, como en otras obras de Jia, “Placeres desconocidos” (2002), que tantas cosas tiene en común con este último trabajo, “El mundo” (2004) y “Un toque de violencia” (2013), ya no saben si vienen o si van.
Sin embargo, en su fuero interno la mujer protagonista, un modelo de feminismo alejado del estereotipo, siempre parece saber adónde va. A un lugar donde las cenizas de sus derrotas adquieran el color de una cierta paz consigo misma, donde la violencia a su alrededor, con una secuencia brutal en el punto de inflexión de la película, no la acogote nunca más. Como el formato 4:3 que el director utiliza en sus primeras secuencias, símbolo casi carcelario, para dar paso luego a un panorámico 16:9 en el que la mujer busca su propia libertad. Anchura de pantalla, anchura de miras. (Javier Ocaña)
Recomendada (con reservas).

sábado, 1 de junio de 2019

Adiós a Doris Day


Fue cantante y actriz. Activista en pro de los derechos animales. La viva representación del optimismo estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial. La pizpireta por antonomasia del cine de Hollywood, que de sus mohines hizo una marca de la casa, y de sus medias melenas rubias, un casco de batalla. Doris Mary Ann von Kappelhoff obtuvo un éxito sorprendente con esas armas, sino fuera porque a ellas añadió una ingente capacidad de trabajo y sacrificio. Y un nombre artístico, Doris Day, que dejó atrás el inmanejable Von Kappelhoff. Day falleció el pasado 13 de mayo de 2019, a los 97 años en su casa en Carmel (California) por complicaciones derivadas de una neumonía, según ha informado su fundación para el cuidado de los animales. Hizo 39 películas, pero su labor en televisión, sus discos, y la buena selección que hizo de esos filmes le granjearon una popularidad extraordinaria, que le llevó a trabajar con maestros como Michael Curtiz o Alfred Hitchcock.

Nacida en 1922 en Cincinnati (Ohio), hija de descendientes alemanas, la carrera de Day despegó en la canción: en las dos décadas transcurridas entre 1947 y 1967 grabó más de 650 temas y 29 álbumes de estudio, según su web. Su padre fue profesor de música y organista y él impulsó la pasión de Day por la canción. Buena bailarina, un accidente de coche, en el que se fracturó su pierna derecha, acabó con su incursión en este campo. Barney Rapp, director de orquesta para el que trabajaba cuando tenía 15 años, le propuso que se cambiara el nombre y adoptara el de Day porque el suyo era poco comercial. Como vocalista del grupo Les Brown & His Band of Renown grabó la canción “Sentimental Journey”, que se convirtió en un himno para los estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial y catapultó su carrera: en 1946 ya era la cantante mejor pagada del mundo gracias a su contrato con Columbia Records e inició su carrera en el cine.

Según su autobiografía, la noche antes de dejar Nueva York, donde residía, para irse de gira, en una fiesta se atrevió a entonar “Embraceable You”, de los Gershwin, y allí la escuchó Michael Curtiz, que le pidió que hiciera una prueba de cámara para su siguiente proyecto, “Romanza en alta mar”. Así entró Day por la puerta grande de Hollywood. Contratada por Warner Brothers hasta 1954, fue enlazando películas a su medida como “Mi sueño eres tú”, “El trompetista” –donde coincidió con otra leyenda aún viva de Hollywood, Kirk Douglas-, “Té para dos” u “Operación matrimonio”, casi siempre a las órdenes de David Butler, que sabía exprimir su talento musical.


Sin embargo, a Day le gustaban los riesgos, trabajaba al máximo para no quedarse atrás ni olvidada. Tras el exitazo “Doris Day en el Oeste” (1955), en el que encarnaba a Juanita Calamidad, interpretó a la cantante de jazz Ruth Etting en “Quiéreme o déjame”, junto a James Cagney, que la actriz consideraba su mejor interpretación. Así llegó “El hombre que sabía demasiado” (1956), con la que Alfred Hitchcock hizo en Hollywood un remake de su propio thriller británico y en la que Day cantaba ¿Qué será, será?, tema que ganó el Oscar a la mejor canción y en una de las baladas más famosas de la carrera de su intérprete. Hitchcock sacó partido de la canción, aparentemente inocente, para transmitir un mensaje entre los protagonistas del thriller. Fue en esta película, al ver cómo se trataba a los animales, cuando se despertó en Day su militancia en contra del abuso animal, contra el que en 1978 montaría su propia fundación,

Day rodó otro drama, “El diabólico señor Benton”, pero las malas críticas le devolvieron a la comedia ligera y musical, con la que obtuvo repetidos éxitos en la década de los sesenta: “La indómita y el millonario”, con Jack Lemmon; “Juego de pijamas”; “Confidencias de medianoche”, con Rock Hudson y su única candidatura al Oscar; “No os comáis las margaritas”, con David Niven; “Pijama para dos” y “No me mandes flores”, de nuevo con Hudson; “Suave como el visón”, dirigida por Delbert Mann y con el acompañamiento de Cary Grant; o “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”, ambas con James Gardner.

Su estilo pizpireto no sobrevivió al terremoto del Nuevo Hollywood. En 1968, rodó su última película, “El novio de mamá”, y empezó su programa de televisión The Doris Day Show, que se mantuvo en pantalla hasta 1973 y con el que pudo solucionar sus problemas económicos provocados por las deudas de su representante y tercer esposo, Marty Melcher. Con problemas constantes en su espalda, solo pudo escribir –su autobiografía de 1976 levantó gran polvareda al revelar su vida amorosa y sus complicadas relaciones con sus cuatro maridos- y centrarse en su actividad en defensa de los animales, que le valió en 2004 la Medalla de la Libertad de la Casa Blanca. Además, junto con su único hijo, Terry Melcher (fallecido en 2004), al que tuvo con 19 años, regentó un lujoso hotel para perros, al más puro estilo kitsch. En 2011, con 89 años, publicó su 29º álbum musical, My Heart.

El pasado mes de abril, por su 97º cumpleaños, Day concedió una entrevista a The Hollywood Reporter, en la que confesaba cuánto añoraba a Hudson, su sorpresa por el cariño que aún recibía de sus fans y su irreductible pasión por la defensa de los animales.