Autor del imprescindible
“Películas de culto. La otra historia del cine”, Mauricio Bach ofrece ahora una
suerte de complemento gozoso de aquel, un compendio de cerca de cuatrocientos
títulos a los que añade una segunda parte dedicada a la series de televisión,
de las que recoge más de un centenar. La amplia selección de cintas está
ordenada por épocas –desde el periodo mudo (“Los vampiros”, 1915) hasta
nuestros días (“Mandy”, 2018)–, recorre el globo terráqueo –desde Brasil y
México a Japón y Filipinas pasando por Estados Unidos, Francia, Italia o
España–, abarca todos los géneros –el terror, el thriller o el erótico, pero
también el drama, la comedia o el musical– y en ella conviven el Hollywood
clásico y el cine de autor con todas las variantes de exploit posibles.
Aunque el lector
encontrará los filmes que uno espera hallar como “PlanFrom Outer Space”, “Easy Rider”, “The Rocky
Horror Picture Show” o “Cabeza borradora”, por poner algunos ejemplos, la gran
aportación del volumen es descubrirnos, a través de cápsulas de rápida lectura,
cineastas y títulos ignotos, además de delirios imposibles de encontrar en los
libros de historia del cine. Para muestra, un botón (o dos): “Deadly Weapons”,
trash dirigido por una mujer, Doris Wishman, o “Star Crash”, de Luigi Cozzi,
imitación de “La guerra de las galaxias” con David Hasselhoff.
En cuanto al ámbito
catódico, el recorrido de Bach mantiene los mismos criterios que el capítulo
cinematográfico, aún con comentarios más largos, y se extiende desde “Te quiero
Lucy” (1951) hasta “The Umbrella Academy” (2019), pasando por, entre otras, la
influyente “La dimensión desconocida”, la onomatopéyica “Batman”, el telefilme
español “La cabina”, “Los Simpson”, la renovadora “Los Soprano”, “Breaking Bad”
o, cómo no, “Juego de tronos”.
Este
interesante libro está editado por T&B Editores.
Título original: Greta. Dirección: Neil Jordan. País: Irlanda. Año: 2018. Duración: 98
min. Género: Thriller.
Nick Emerson (Montaje), Seamus McGarvey (Fotografía), Neil Jordan, Ray Wright (Guión), Javier Navarrete (Música), John Penotti, Lawrence Bender,
James Flynn, Sidney Kimmel (Producción),
Mei Han, Brian Kornreich, Peter Luo (Producción
ejecutiva), Joan Bergin (Vestuario),
Jina Jay, Stephanie Gorin (Casting).
Estreno en Sevilla: 24 Mayo 2019.
Reparto:
Isabelle Huppert
(Greta Hideg), Chlöe Grace Moretz (Frances McCullen), Maika Monroe (Erica
Penn), Zawe Ashton (Alexa), Colm Feore (Chris McCullen), Stephen Rea (Brian
Cody).
Sinopsis:
Después de encontrar un
bolso perdido en el metro de Nueva York, Frances McCullen, una joven afligida
por la reciente muerte de su madre, se lo devuelve a su legítima propietaria.
Así Frances entabla una inusual amistad con la enigmática viuda Greta Hideg,
para consternación de su mejor amiga Erica Penn quién está ayudando a Frances a
aclimatarse a la ciudad. Pero Frances se dará cuenta que las intenciones de
Greta pueden ser más siniestras de lo que parecen.
Comentarios:
A principios de los años
noventa, como ecos aún más cotidianos del grandioso éxito de “Atracción fatal”
(Adrian Lyne, 1987), se fueron acumulando en el cine americano los thrillers
con psicópata a la vuelta de la esquina de casa (o incluso en la misma).
Relatos que pretendían tanto indagar en los recovecos más oscuros de la soledad
del ser humano como experimentar con la falta de lucidez provocada por una
tragedia del pasado que se expulsaba en forma de delirante acoso al inocente.
Una suerte de intriga psicológica a medio camino entre el policiaco y el
terror, con leves apuntes sociales, que además practicaron algunos excelentes
directores, legando así un puñado de títulos para el recuerdo del
entretenimiento con clase: “De repente, un extraño” (John Schlesinger, 1990), “Misery”
(Rob Reiner, 1990), “El cabo del miedo” (Martin Scorsese, 1991), “La mano que
mece la cuna” (Curtis Hanson, 1992), y “Mujer blanca soltera busca…” (Barbet
Schroeder, 1992).
Muerta a base de
agotamiento y reiteración, la moda pasó y, salvo casos muy puntuales y de
calidad incomparablemente a la baja (Obsesión, de Rob Cohen), poco más se supo,
al menos en el cine comercial, hasta la llegada de “La viuda”, nueva película
del veterano irlandés Neil Jordan, acostumbrado durante toda su carrera a las
atmósferas turbias y a las personalidades malsanas, que regresa después de seis
años sin película, tiempo en el que apenas ha dirigido algunos episodios de la
serie “Los Borgia”.
La añoranza, la tristeza,
la soledad y el desvarío mental causado por una tragedia del pasado, bases de
aquellos thrillers, regresan en una película que, durante una hora (hasta la
secuencia de la ambulancia), mantiene vivo el interés gracias a un jugoso juego
de artificio con el que Jordan, viejo zorro, parece estar a gusto, y más al
lado del cañón de desequilibrio gestual que puede llegar a ser Isabelle
Huppert. Sin embargo, en un último tercio disparatado en su guion, obra del
estadounidense Ray Wright, con la colaboración del propio Jordan, el castillo
del acoso, y sobre todo el de la soledad, se vienen abajo por culpa de la
absoluta falta de lógica interna dentro de cada una de las situaciones,
insostenibles ni aun entrando en el espíritu granguiñolesco que se supone
pretende construir el irlandés.
Que desde el inicio todo
tenga un aire de cuento perverso (la bruja que deja migas de pan en forma de
bolsos de marca en el metro de Nueva York, con su carnet de identidad dentro,
para almas cándidas e ingenuas que quieran devolverlo), y de esto sabe el autor
de “En compañía de lobos” (1984), no es óbice para la sucesión de
arbitrariedades en los comportamientos del último acto, ejemplificados en la
cara de pasmo del detective privado interpretado por Stephen Rea, que acude a
la casa del terror, en una esquina neoyorquina de fábula, con el candor que a
muchos espectadores les habrá sido imposible mantener a esas alturas. (Javier
Ocaña).
Título original: Come un gatto in
Tangenziale. Dirección: Riccardo
Milani. País: Italia. Año: 2017. Duración: 98 min. Género:
Comedia.
Patrizia Ceresani,
Francesco Renda (Montaje), Saverio
Guarna (Fotografía), Furio
Andreotti, Giulia Calenda, Paola Cortellesi, Riccardo Milani (Guión), Andrea Guerra (Música), Lorenzo Gangarossa, Mario
Gianani, Lorenzo Mieli (Producción).
3 nominaciones a los
Premios David di Donatello 2017.
Estreno en Sevilla: 24 Mayo 2019.
Reparto:
Paola Cortellesi
(Monica), Antonio Albanese (Giovanni), Sonia Bergamasco (Luce), Luca Angeletti
(Giulio), Antonio D'Ausilio (Francesco), Alice Maselli (Agnese), Simone de
Bianchi (Alessio), Claudio Amendola (Sergio).
Sinopsis:
Giovanni trabaja para un
prestigioso grupo de reflexión internacional que se propone reurbanizar las
periferias en las ciudades italianas. Mónica trabaja como cajera de un
supermercado en uno de los suburbios más poblados de Roma. Dos mundos opuestos
condenados a entenderse cuando descubren que sus correspondientes hijos
adolescentes, Agnese y Alejo, se han enamorado. A pesar del inevitable rencor
inicial por las diferencias sociales y prejuicios que tienen el uno respecto a
la otra, Giovanni y Mónica decidirán unir sus fuerzas para intentar terminar
con la historia entre sus hijos. Los dos juntos vivirán en primera persona la
vida del otro, entre multicines de periferia, playas abarrotadas y locales de
lujo.
Comentarios:
Cuando, en las primeras
líneas de diálogo de una película, se menciona a Pasolini y, poco después, un
gag se apoya en una canción de Renato Zero, no se puede evitar sentirse en
buenas manos, pese a la desconfianza que, en primera instancia, pueda provocar
el uso escasamente refinado de ralentís y tomas en gran angular. Dirigida por
Riccardo Milani, cineasta inédito en nuestro país que biografió a Domenico
Mudugno para televisión, “Como pez fuera del agua” no invoca a Pasolini y Zero
sin razón: la periferia, la vida en los suburbios sumida en la marginalidad,
que uno afrontó desde el arte combativo y el otro en clave de kitsch melódico,
centra esta heterodoxa comedia romántica presidida por la gráfica imagen que
propone su contundente título original, según el cual un romance entre clases
sociales irreconciliables duraría lo mismo que un gato en plena autopista.
Milani ha hecho una
película que, como algunos recientes trabajos de Pif —La mafia sólo mata en
verano (2013) y Amor a la siciliana (2016)—, Gianni di Gregorio —Vacaciones de Ferragosto
(2008) y Gianni y las mujeres (2011)— y Ficarra & Picone —La hora del
cambio (2017)—, parece tener plena conciencia de la gran tradición de la
comedia crítica italiana. En “Como pez fuera del agua”, el miembro
(progresista) de un Think Tank que desarrolla políticas sociales para la Unión
Europea pondrá a prueba sus convicciones ideológicas cuando su hija adolescente
se enamore de un chico de extrarradio, nacido en el seno de una familia
singularmente desestructurada. Cuesta poco imaginarse a Alberto Sordi en ese
papel principal, del mismo modo que es inevitable pensar en la gran composición
que hubiese hecho Ugo Tognazzi del padre (preso) del muchacho. La comparación
no es desfavorecedora: he aquí, pues, una comedia de rotundo éxito en taquilla,
que no sólo se toma en serio a todos y cada uno de sus personajes —no hay
caricaturas de trazo grueso, sino identidades (y razones)—, sino que sabe
extraer una ficción compleja y no necesariamente complaciente de una realidad
social conflictiva donde anti-europeísmo y conciencia social mantienen un pulso
aparentemente irresoluble. (Jordi Costa)
Título original: Jiang hu er nv. Dirección: Jia Zhang Ke. País: China. Año: 2018. Duración: 135
min. Género: Drama.
Matthieu Laclau, Lin
Xudong (Montaje), Eric Gautier (Fotografía), Jia Zhang-ke (Guión), Lim Giong (Música), Shozo Ichiyama (Producción),
Zhang Yang (Sonido), Jean-Christophe
Roger (Maquillaje), Liu Weixin (Dirección Artística).
Presentada en la sección
oficial del Festival de Cannes 2018.
Estreno en Sevilla: 01 Junio 2019.
Reparto:
Zhao Tao (Quiao), Liao
Fan (Guobin), Xu Zheng, Casper Liang,Feng Xiaogang, Diao Yinan.
Sinopsis:
En 2001, la joven Qiao
está locamente enamorada de Bin, un cabecilla del hampa local. Testigo del
ataque de una banda rival contra Bin, dispara para defenderle. Por no
delatarle, Qiao acaba condenada a cinco años de cárcel. Una vez en libertad,
Qiao busca a Bin pero este se niega a aceptarla de nuevo en su vida.
Comentarios:
Como en buena parte del
neorrealismo italiano, de “Ladrón de bicicletas” a “Umberto D”, en “La ceniza
es el blanco más puro” hay una protagonista absoluta, pero lejos del
esencialismo del personaje único, porque sobre ellos pivota el verdadero quid
de la cuestión: aquí, la sociedad china del nuevo milenio; allí, la sociedad
italiana de posguerra. En su decimocuarto largometraje, casi un grandes éxitos
de sus temáticas y de su estilo rocoso y violento, Jia Zhangke aborda los
cambios sociales y económicos de su país entre los años 2001 y 2017, pero lo
hace con una severidad narrativa que bien se puede convertir para el espectador
en un reto de enorme complejidad.
Lo del director chino no
son solo elipsis: son hachazos. Saltos en el espacio y en el tiempo que retan a
la platea a un maduro ejercicio de intensidad en el que no cabe la menor
disidencia: ante cualquier despiste, la película se convierte en una losa. De
gran sutileza en la información ofrecida sobre los personajes y las
situaciones, además de sobre el tiempo en que se desenvuelven, “La ceniza es el
blanco más puro” está comandada por la mujer de un mafioso de medio pelo que,
tras pasar por la cárcel, debe reinventarse como ciudadana, como amante y como
ser humano en un universo cambiante que amenaza con devorarla. China ha virado
en su modelo de crecimiento económico hacia la exportación y la inversión, en
medio de una corrupción institucional y moral que se escapa por cada esquina
del encuadre. Un paisaje físico que acaba afectando al paisaje humano, de
innegable desolación, pero extrañamente bello en su grisura: karaokes habitados
por rostros hundidos; casinos caseros donde pasar las horas muertas, las vidas
muertas; extrarradios en forma de descampados infernales; minas abandonadas a
la espera de reconversiones industriales.
Como “Naturaleza muerta”
(2006), la película es una historia de búsqueda en la que regresa en forma de
diálogo uno de los tótems del cine del autor chino: la presa de las Tres
Gargantas, paradigma físico y simbólico del nuevo país, obra faraónica con la
que quedaron sepultados bajo el agua cientos de pueblos y un modo de acercarse
a la economía, desde el comunismo hasta un incipiente capitalismo. Un lugar en
el que los chinos, como en otras obras de Jia, “Placeres desconocidos” (2002),
que tantas cosas tiene en común con este último trabajo, “El mundo” (2004) y “Un
toque de violencia” (2013), ya no saben si vienen o si van.
Sin embargo, en su fuero
interno la mujer protagonista, un modelo de feminismo alejado del estereotipo,
siempre parece saber adónde va. A un lugar donde las cenizas de sus derrotas
adquieran el color de una cierta paz consigo misma, donde la violencia a su
alrededor, con una secuencia brutal en el punto de inflexión de la película, no
la acogote nunca más. Como el formato 4:3 que el director utiliza en sus
primeras secuencias, símbolo casi carcelario, para dar paso luego a un
panorámico 16:9 en el que la mujer busca su propia libertad. Anchura de
pantalla, anchura de miras. (Javier Ocaña)
Fue cantante y actriz.
Activista en pro de los derechos animales. La viva representación del optimismo
estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial. La pizpireta por antonomasia del
cine de Hollywood, que de sus mohines hizo una marca de la casa, y de sus
medias melenas rubias, un casco de batalla. Doris Mary Ann von Kappelhoff
obtuvo un éxito sorprendente con esas armas, sino fuera porque a ellas añadió
una ingente capacidad de trabajo y sacrificio. Y un nombre artístico, Doris
Day, que dejó atrás el inmanejable Von Kappelhoff. Day falleció el pasado 13 de
mayo de 2019, a los 97 años en su casa en Carmel (California) por
complicaciones derivadas de una neumonía, según ha informado su fundación para
el cuidado de los animales. Hizo 39 películas, pero su labor en televisión, sus
discos, y la buena selección que hizo de esos filmes le granjearon una
popularidad extraordinaria, que le llevó a trabajar con maestros como Michael
Curtiz o Alfred Hitchcock.
Nacida en 1922 en
Cincinnati (Ohio), hija de descendientes alemanas, la carrera de Day despegó en
la canción: en las dos décadas transcurridas entre 1947 y 1967 grabó más de 650
temas y 29 álbumes de estudio, según su web. Su padre fue profesor de música y
organista y él impulsó la pasión de Day por la canción. Buena bailarina, un
accidente de coche, en el que se fracturó su pierna derecha, acabó con su
incursión en este campo. Barney Rapp, director de orquesta para el que
trabajaba cuando tenía 15 años, le propuso que se cambiara el nombre y adoptara
el de Day porque el suyo era poco comercial. Como vocalista del grupo Les Brown
& His Band of Renown grabó la canción “Sentimental Journey”, que se
convirtió en un himno para los estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial y
catapultó su carrera: en 1946 ya era la cantante mejor pagada del mundo gracias
a su contrato con Columbia Records e inició su carrera en el cine.
Según su autobiografía,
la noche antes de dejar Nueva York, donde residía, para irse de gira, en una
fiesta se atrevió a entonar “Embraceable You”, de los Gershwin, y allí la
escuchó Michael Curtiz, que le pidió que hiciera una prueba de cámara para su
siguiente proyecto, “Romanza en alta mar”. Así entró Day por la puerta grande
de Hollywood. Contratada por Warner Brothers hasta 1954, fue enlazando
películas a su medida como “Mi sueño eres tú”, “El trompetista” –donde
coincidió con otra leyenda aún viva de Hollywood, Kirk Douglas-, “Té para dos”
u “Operación matrimonio”, casi siempre a las órdenes de David Butler, que sabía
exprimir su talento musical.
Sin embargo, a Day le
gustaban los riesgos, trabajaba al máximo para no quedarse atrás ni olvidada.
Tras el exitazo “Doris Day en el Oeste” (1955), en el que encarnaba a Juanita
Calamidad, interpretó a la cantante de jazz Ruth Etting en “Quiéreme o déjame”,
junto a James Cagney, que la actriz consideraba su mejor interpretación. Así
llegó “El hombre que sabía demasiado” (1956), con la que Alfred Hitchcock hizo
en Hollywood un remake de su propio thriller británico y en la que Day cantaba
¿Qué será, será?, tema que ganó el Oscar a la mejor canción y en una de las
baladas más famosas de la carrera de su intérprete. Hitchcock sacó partido de
la canción, aparentemente inocente, para transmitir un mensaje entre los
protagonistas del thriller. Fue en esta película, al ver cómo se trataba a los
animales, cuando se despertó en Day su militancia en contra del abuso animal,
contra el que en 1978 montaría su propia fundación,
Day rodó otro drama, “El
diabólico señor Benton”, pero las malas críticas le devolvieron a la comedia
ligera y musical, con la que obtuvo repetidos éxitos en la década de los
sesenta: “La indómita y el millonario”, con Jack Lemmon; “Juego de pijamas”; “Confidencias
de medianoche”, con Rock Hudson y su única candidatura al Oscar; “No os comáis
las margaritas”, con David Niven; “Pijama para dos” y “No me mandes flores”, de
nuevo con Hudson; “Suave como el visón”, dirigida por Delbert Mann y con el
acompañamiento de Cary Grant; o “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”,
ambas con James Gardner.
Su estilo pizpireto no
sobrevivió al terremoto del Nuevo Hollywood. En 1968, rodó su última película, “El
novio de mamá”, y empezó su programa de televisión The Doris Day Show, que se
mantuvo en pantalla hasta 1973 y con el que pudo solucionar sus problemas
económicos provocados por las deudas de su representante y tercer esposo, Marty
Melcher. Con problemas constantes en su espalda, solo pudo escribir –su
autobiografía de 1976 levantó gran polvareda al revelar su vida amorosa y sus
complicadas relaciones con sus cuatro maridos- y centrarse en su actividad en
defensa de los animales, que le valió en 2004 la Medalla de la Libertad de la
Casa Blanca. Además, junto con su único hijo, Terry Melcher (fallecido en
2004), al que tuvo con 19 años, regentó un lujoso hotel para perros, al más
puro estilo kitsch. En 2011, con 89 años, publicó su 29º álbum musical, My
Heart.
El pasado mes de abril,
por su 97º cumpleaños, Day concedió una entrevista a The Hollywood Reporter, en
la que confesaba cuánto añoraba a Hudson, su sorpresa por el cariño que aún
recibía de sus fans y su irreductible pasión por la defensa de los animales.