jueves, 7 de enero de 2016

45 años, de Andrew Haigh




Título original: 45 Years. Dirección: Andrew Haigh. País: Reino Unido. Año: 2015. Duración: 95 min. Género: Drama. Guión: Andrew Haigh, basado en un relato corto de David Constantine. Productora: The Bureau. Fotografía: Lol Crawley. Diseño de producción: Sarah Finley. Montaje: Jonathan Alberts. Sonido: Joakin Sundstorm. Dirección artística: Sarah Finlay. Vestuario: Suzie Harman. Fotografía: Lol Crawley. Estreno en España: 18 diciembre 2015.
Intérpretes: Charlotte Rampling (Kate Mercer), Tom Courtenay (Geoff Mercer), Geraldine James (Lena), Dolly Wells (Charlotte), David Sibley (George).

Sinopsis:
Falta sólo una semana para el 45º aniversario de su boda, y Kate Mercer está muy ocupada con los preparativos de la fiesta. Pero entonces llega una carta dirigida a su marido, en la que se le notifica que, en los glaciares de los Alpes suizos, ha aparecido congelado el cadáver de su primer amor.

Tom Courtenay y Charlotte Rampling

Comentarios:
Tercer trabajo del británico Andrew Haigh (Greek Pete, 2009; Weekend, 2011) que fue presentada enm la pasada edición de la Berlinale y cosechó un doble triunfo, el Premio al Mejor Actor y a la Mejor Actriz. Y es que, sin quitarle ningún mérito a Tom Courtenay, la Rampling está que se sale. Sería injusto que no le cayera una nominación al Oscar, cuando se trata de una de las mejores interpretaciones del año.
Una película es por definición un trabajo de síntesis. En ella se conjugan una larga serie de elementos, desde las elipsis, transiciones y otras técnicas de montaje, hasta el decorado y la puesta en escena, pasando por el sonido y la música, que tratan de transmitir la mayor cantidad de información en el menor tiempo y espacio posibles. Con todo, el efecto no debe ser cargante ni abrumador, sino lograr que todos estos factores le lleguen al espectador de forma imperceptible y orgánica. En otras palabras, son raros los filmes cuyas coordenadas espacio-temporales coinciden con las reales, pero son muchos más las que tienen esa intención, pues al fin y al cabo se trata de captar un fragmento de la realidad para inmediatamente trascenderla. Y más difícil y meritorio todavía es introducir elementos añadidos que expresamente ciñen la narración para a través de ello contarnos algo más profundo, que va más allá de los límites que se ha trazado el propio cineasta. Para mayor concreción, estamos hablando de un tipo de cine que ya casi constituye un subgénero, cuya tradición puede remontarse a las obras de Bergman o Fassbinder: piezas de cámara que en torno a las relaciones de pareja pueden abarcar toda una vida, con un discurso que enseguida se vuelve universal. En efecto, las escenas de un matrimonio nos muestran unas vivencias muy personales, con las que a la vez nos podemos sentir también muy identificados, al tratarse de un marco tan familiar como repleto de conflictos latentes y experiencias compartidas.
Ignacio Navarro nos comenta que este escenario es el que reconstruye Andrew Haigh en 45 años (45 Years). En su trabajo anterior, Weekend (2011), Haigh ya había demostrado una visión propia y sensible, que también tuvo un gran reconocimiento en los certámenes que recorrió, para retratar la intimidad de seres a menudo marginales, aprovechando su aislamiento para sacar a relucir sus deseos y traumas más internos. Sin embargo, tanto en esa película anterior como en su ópera prima, Greek Pete (2009), las historias y los personajes eran más cercanos a su propia biografía. Y es que estamos hablando de un cineasta gay y aún joven (tiene 42 años), que ahora sin embargo se atreve con la adaptación de un relato sobre una pareja heterosexual a punto de celebrar su 45º aniversario. La sensación de retraimiento es en cualquier caso parecida, pues estos protagonistas también viven apartados de gran parte de la sociedad, tanto por su edad y sus hábitos como por su propia y elegante morada, situada en la campiña inglesa de Norfolk. Y como adelantábamos, el enfoque cerrado se acentúa con ciertas pautas exógenas, en este caso por ejemplo mediante rótulos que nos indican cada día que pasa en la semana en la que transcurre toda la película, aquella que culmina en el sábado al que corresponde la apuntada celebración. Al mismo tiempo, desde un comienzo una noticia trastoca este apacible entorno, de manera que en él se desarrollan dos líneas paralelas: la que sigue las coordenadas físicas que se han marcado, y la que se retrotrae a más atrás y nos dibuja el periplo de todo un matrimonio.

Charlotte Ramplin en "45 años"

En efecto, el metraje arranca con la carta que recibe el marido, Geoff Mercer (Tom Courtenay), donde se le informa que han encontrado el cuerpo de su primer amor, que hace décadas cayó por un precipicio en las montañas suizas y quedó congelado e inaccesible. Su mujer Kate Mercer (Charlotte Rampling) no le da importancia al suceso, pues es un hecho pasado del que ya no tienen por qué preocuparse. Pero Geoff muestra signos crecientes de turbación, llegando a plantearse viajar hasta Suiza para reconocer el cadáver, pues en su día los dos vivían como si estuvieran casados y a él le correspondería la identificación. No es ésta la única revelación que le hace a Kate, inicialmente dispuesta a desenterrar ese episodio anterior al momento en que ella y su esposo se conocieron, y a tratarlo con comprensión y complicidad, pero cada vez más reacia a aceptar la trascendencia que adquiere para Geoff, y que amenaza con resquebrajar toda la vida que él y ella han construido juntos. Se trata en definitiva de mostrarnos con un puñado de escenas cotidianas, interrumpidas ocasionalmente por momentos de desesperanza o de enfrentamiento, cómo pueden coexistir dos personas que no tenían todo tan bien atado como pensaban. 
El alcance de la narración parece entonces limitado, y ante ello lo que se antoja más difícil para Haigh, sus actores y su equipo es atrapar nuestro interés desde el principio y mantenerlo a lo largo de esta historia tan austera en apariencia como pasional en el fondo. La tarea se presenta tanto más compleja y envidiable cuanto que su ritmo es pausado (pues cada corte está muy medido, incluso para pasar a un mero contraplano) y sus acciones son a priori anodinas (incluyendo numerosos paseos o labores de cocina). Y todavía es más admirable que se consiga este objetivo sin recurrir a la estilización visual, sino simplemente mediante toda la potencia que pueden transmitir una mirada, una palabra o un gesto. Así es, las largas y pausadas tomas en las que se divide el metraje tienen una gran energía gracias a la enorme carga emocional y la capacidad de absorción que alcanzan sus intérpretes. Aunque la actuación de Tom Courtenay también es memorable, sobresale en particular la de Charlotte Rampling, en el papel de una mujer que acumula toda una serie de sentimientos contrapuestos y que ella transmite con fuerza y a la vez con naturalidad. Estamos sin duda ante una de las mejores interpretaciones de los últimos años, y esperemos que al menos alcance una nominación al Óscar, que además a estas alturas de su carrera ya se le debe a esta experimentada actriz. Sobre sus espaldas descansa buena parte del atractivo de esta cinta, cuyas demás cualidades comparten además la virtud propia de este personaje, como es la de interiorizar lo que le acontece y desvelar sus impulsos sólo de forma progresiva. En definitiva, 45 años es una película de una lucidez y una sabiduría extraordinarias, tanto más cuanto que ese valor excepcional surge, casi sin darnos cuenta, de una historia que debería resultar ordinaria. 


martes, 5 de enero de 2016

Nadie quiere la noche (Isabel Coixet, 2015)

 

Título original: Nadie quiere la noche. Dirección: Isabel Coixet. País: España, Francia, Bulgaria. Año: 2015. Duración: 118 min. Género: Drama.

Guión: Miguel Barros. Fotografía: Jean Claude Larrieu. Montaje: Elera Ruiz. Música: Lucas Vidal. Producción: Andrés Santana, Jaume Roures.

Sección Oficial del Festival de Berlín 2015. 4 Premios Goya 2015. Mejor maquillaje y peluquería en los premios Gaudí 2015.

Estreno en Sevilla: 27 Noviembre 2015.

 

Reparto: Juliette Binoche (Josephine Peary), Rinko Kikuchi (Allaka), Gabriel Byrne (Bram), Matt Salinger, Velizar Binev, Ciro Miró, Reed Brody, Alberto Jo Lee (Odaq).

 

Sinopsis:

Josephine, una mujer rica y culta, inicia una expedición al Polo Norte para reunirse con su marido, el explorador Robert Peary. Durante el viaje se encuentra con una humilde mujer esquimal (Rinko Kikuchi). Pese a sus numerosas diferencias culturales y personales, ambas tendrán que unirse para poder sobrevivir a las duras condiciones climáticas de la tundra.

 

Comentarios:

Autora total en sus cinco primeras películas, que escribió y dirigió, Isabel Coixet inició con la notable Elegy (2005) una nueva etapa creativa en la que se han ido alternando proyectos más personales (sí, todos lo son, pero unos más que otros), como Mapa de los sonidos de Tokio, con productos en principio ajenos, pergeñados por otros desde la escritura, a los que pese a la desigualdad ha ido insuflando su cuidada estética, su sello personal, a veces al borde del exceso, pero (casi) siempre elegante. Una segunda vertiente en la que hay que encuadrar Nadie quiere la noche, con irregular guion de Miguel Barros, el escritor de la estupenda Blackthorn, y que en su camino desde su estreno en el Festival de Berlín hasta los cines ha perdido casi 20 minutos gracias a un nuevo montaje. Un paso atrás, o quizá a un lado, que evidencia que algo no iba del todo bien, pero que seguramente ha acabado conformando una obra más alicatada y menos morosa.

La primera media hora, tanto en el guion como en la presentación de personajes, conflictos y dilemas, es con mucho lo mejor de una película que alterna lo romántico con lo mítico, el descubrimiento universal con el íntimo y personal. La apasionante historia real de Josephine, esposa de Robert Peary, supuesto descubridor del Polo Norte, mujer dispuesta a la aventura para no perder un marido, exploradora por amor, despreciada en favor del mito, la celebridad, el egoísmo y puede que también la impostura, está narrada con convicción y brío (esos rojos del vestido de terciopelo y de la sangre del oso frente al blanco impoluto del paisaje). Sin embargo, su segunda mitad, la del trayecto hacia ninguna parte, la del descubrimiento de uno mismo más que el del triunfo y el encuentro, cojea a cada paso y demuestra lo complicado que resulta a veces combinar el tiempo real con el tiempo cinematográfico. Y su narración a base de letreritos (primera, segunda, tercera... semana del invierno polar), paradójicamente, nunca da sensación de paso del tiempo, de cambio, de transcurso, de trayecto vital hasta el roce de la muerte. (Javier Ocaña)

Recomendada (con reservas).




domingo, 3 de enero de 2016

Star Wars: El despertar de la fuerza, de J.J. Abrams



Título original: Star Wars: The Force Awakens. Dirección: J.J. Abrams. País: EE.UU. Año: 2015. Duración: 135 min. Género: Ciencia-Ficción, Aventuras. Guión: Lawrence Kasdan, J.J. Abrams y Michael Arndt. Productores: J.J. Abrams, Bryan Burk y Kathleen Kennedy. Productores ejecutivos: Tommy Harper y Jason D. McGatlin.  Diseño de Producción: Rick Carter y Darren Gilford. Fotografía: Daniel Mindel. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Música: John Williams. Estreno en España: 18 diciembre 2015.
Intérpretes: Daisy Ridley (Rey), John Boyega (Finn), Oscar Isaac (Poe Dameron), Carrie Fisher (Leia), Harrison Ford (Han Solo), Mark Hamill (Luke Skywalker), Adam Driver (Kylo Ren), Domhnall Gleeson, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Max Von Sydow, Maisie Richardson-Sellers, Tim Rose.

Sinopsis:
Treinta años después de la victoria de la Alianza Rebelde sobre la segunda Estrella de la Muerte (hechos narrados en el Episodio VI: El retorno del Jedi), la galaxia está todavía en guerra. Una nueva República se ha constituido, pero una siniestra organización, la Primera Orden, ha resurgido de las cenizas del Imperio Galáctico. A los héroes de antaño, que luchan ahora en la Resistencia, se suman nuevos héroes: Poe Dameron, un piloto de caza, Finn, un desertor de la Primera Orden, Rey, una joven chatarrera, y BB-8, un androide rodante. Todos ellos luchan contra las fuerzas del Mal: el Capitán Phasma, de la Primera Orden, y Kylo Ren, un temible y misterioso personaje que empuña un sable de luz roja.

Fotograma de "Star Wars: El despertar de la fuerza"

Comentarios:
La séptima parte de Star Wars llega a la gran pantalla y llega convirtiéndose en la película más taquillera de la Historia del Cine. Los fanáticos de la saga está de enhorabuena, ya que toda la crítica parece unánime en alabar la obra de J.J. Abrams. Entre las críticas más cariñosas de la cinta, encontradas en la red, hemos encontrado una que alude a que es difícil apartar las emociones y los sentimientos al evaluar una película de estas dimensiones. Y qué narices, ¿quién quiere dejar de lado los recuerdos de una saga con la que crecimos y a la que idolatramos, cuando en su visionado consigue remover muchas sensaciones casi olvidadas ya?. Firma la crítica una chica llamada “Obi-Wan”, o sea toda una fanática de la saga.
Palabras de gratitud hacia J.J. Abrams. Se nota la admiración, el cariño y el mimo hacia la saga galáctica inicial, pero a la vez, uno se puede evitar sentir estar como metido en un bucle temporal, con una historia que se repite de nuevo en muchos aspectos. Si bien puede que sea inevitable que cuando se narra un culebrón familiar que lidia entre el bien y el mal, por muy interestelar que sea, haya referencias que siempre se mantienen, tanta alusión a sus antecesoras en lo que a hilo argumental se refiere pude llegara contrariar un poco. En varios momentos era como ver un remake más que digno, pero al fin y al cabo, y valga la redundancia, de algo hecho ya. Quizá sea la primera impresión y el subconsciente intente encontrar más fallos de los que hay ¡o al revés! Lo que si se puede asegurar, es que la cinta toca al espectador dónde hacía tiempo no tocaba ninguna película.
Como cine de aventuras es una maravilla. Recuerda al Episodio IV en su no parar, dos horas que se pasan volando, llena de escenas trepidantes y emocionantes, de una factura técnica brillante. Como ya se ha dicho, muy bien J.J.Abrams. Este hombre derrocha un talento para el entretenimiento que da gusto. 

Fotograma de "Star Wars: El despertar de la fuerza"

En el guión, luces y sombras. La Estrella de la Muerte más grande, más destructiva, pero Estrella de la Muerte al fin y al cabo. El droide portador de información vital, una monada, más cercana a nuestros tiempos, más dinámica, pero droide portador con buenos sentimientos que se llama con B en vez de con R. En este aspecto, los episodios I, II y III eran más originales, aunque no por ello dejaban de ser algo fallidos. No se debe olvidar tampoco, que estamos ante la primera parte de una nueva trilogía, que deben presentar muchas bases nuevas para el desarrollo de las posteriores.
Con el tema de los nuevos personajes, por un lado tenemos el lado luminoso de la fuerza, en general, muy bien. Rey y Finn, perfectos en su contrapunto de orígenes, son el aire fresco y liberador que aporta esta nueva saga. Al menos por ahora. Los orígenes de Rey son el as en la manga que se guarda J.J. para tenernos en vilo hasta la siguiente entrega. El lado tenebroso, sin embargo, renquea bastante. Larga la sombra de Vader es. Kylo Ren no disgusta demasiado, veremos hacia dónde va la cosa, pero no podíamos tener un ultravillano definitivo si como parece ser lo vamos a reconducir al buen camino. En cambio el Líder Supremo, nos deja fríos, así como el General Hux. Gollum y Bill Weasley trabajando juntos no ha acaba de convencer y su presencia no ha bastado para convertirlos en la imagen de la maldad por excelencia. Ni Darth Maul con aquel careto lo consiguió. Pero lo que más nos habrá emocionado a todos supongo es la parte de Han Solo. Hay que vivir en otro planeta para no saber que el trío de Luke-Leia-Han estaban presentes en esta cinta, pero no se sabía en qué medida. No se esperaba el protagonismo de Solo hasta tal punto, lo que iba conduciendo a la idea clara del desenlace final.  
Podría hablar mil horas más de cómo se disfruta viendo los destructores abatidos en el desierto, sobre las luchas de sables de luz, de los cazas imperiales, de ese magnífico inicio con la marca distintiva de tres dedos ensangrentados en el casco… pero tengo aconsejamos ir a por otra entrada para verla de nuevo.
Que la fuerza os acompañe a todos. La ilusión ha regresado.