martes, 10 de febrero de 2015

Gala de los Goya 2015



"Resistiré"

Un año más, sentada lo más cómoda posible, por lo que suele durar, me dispuse a ver los premios del cine español, en el que todos coinciden, ha sido el mejor año para el sector, a pesar de la crisis. No cabe duda que teniendo el acicate de ver buenas películas todos nos rascamos un poco el bolsillo para poder verlas.

Este año pinta bien, escoger a Dani Rovira como presentador, creo que ha sido un acierto, a pesar de ser el chico de moda, por ser el protagonista de la película mas taquillera del año, su bis cómica, le vendrá muy bien a una Gala que muchas veces suele pecar de pesada.

Dani Rovira

Después de más de tres horas…  se acabó. Y ahora mis impresiones sobre ella: en general me ha resultado más entretenida que años anteriores, el presentador, bien, aunque esperaba un poco más de él, muy bien en su interactuación con los invitados, ameno, divertido, pero peor en la segunda parte en la que sus inventados trailers no convencieron a muchos, a mi entre ellos. Genial, en como rellenar ese minuto, que en teoría todo el mundo dispondrá para agradecer su premio, y es que no cabe duda que una de las cosas más penosas de soportar son las peroratas que sueltan algunos en su turno de agradecer, acordándose del tío, la prima, el amigo, el amigo del amigo, y ya puestos, porqué no, hasta del perro. Este año, no sé si gracias a la alusión hecha por Rovira, y salvo excepciones, la mayoría ha sido respetuoso con su tiempo.

Los números musicales pasables, salvo el de Alex O`Dogherty, que fue horrible y es que en vez de alcanzar su objetivo de homenajear a la música, de lo que me dieron ganas fue de apagar la tele para no tener que verlo.

Magnifica presentación de Pedro Almodovar, al que vi muy serio, no sé si por sus anteriores problemas con la Academia, de Antonio Banderas, merecidísimo Goya de honor, para un hombre que ha llevado y sigue llevando el nombre de España y de su cine por todo el mundo. El discurso que pronunció Antonio al recoger su premio, me pareció precioso y muy emotiva la dedicatoria final para su hija.
Antono Banderas, Goya de Honor

Y llegamos a los premios, que éste año me han parecido todos muy justos, sobre todo porque mi película favorita se ha llevado diez, “La Isla Mínima” de Alberto Rodríguez ha sido la gran triunfadora. Y los demás, han estado bien repartidos: los que se ha llevado la película de Daniel Monzón “El Niño” la segunda gran favorita; el premio a la mejor actriz para la protagonista de “Magical Girls” servirá para recompensar un poco la ausencia de más premios para una muy buena película; y cómo no, los tres que se ha llevado “Ocho apellidos vascos” ya que ha sido la que más espectadores ha tenido, en detrimento de un fantástico José Sacristan, o de Antonio de la Torre.

"La isla mínima" consiguió diez Goyas

Y para terminar, y no menos importante la alfombra rosa, las más elegantes para mi gusto este año han sido Cayetana Guillén Cuervo, y Bárbara Lennie, las dos con preciosos vestido blancos y toques dorados, Ana Belén con un vestido azul que le sentaba de maravilla (yo no sé que hace ésa mujer para seguir tan bien, con la edad que tiene está estupenda), y la más espectacular Blanca Suárez con ése maravilloso vestido de cuerpo bordado y falda de vuelo.

Bárbara Lennie, Blanca Suárez y Cayeteana Guillén Cuervo

Y a la que con más expectación se esperaba, Penélope Cruz, me resultó un poco decepcionante, yo creo que se dejó una parte de su glamour en Hollywood, cuando se vino a vivir a España, el vestido azul que llevaba me pareció bonito y en conjunto estaba guapa, porque lo es, pero no deslumbrante como suele aparecer otras veces.

En resumen, una velada muy agradable amena y a veces divertida, y por si quedó poco dicho, lo revindico desde aquí: ¡BAJADA DEL IVA PARA EL CINE Y EL TEATRO EN ESPAÑA!.


Meli de la Fuente

sábado, 7 de febrero de 2015

Los estrenos en Sevilla de 06-02-2015





  1. El destino de Júpiter. Dir. Andy Wachowski y Lana Wachowski.
  1. Foxcatcher. Dir. Bennett Miller.
  1. The interview. Dir. Evan Goldberg y Seth Rogen.
  1. Bob Esponja: Un héroe fuera del agua. Dir. Paul Tibbitt.
  1. Timbuktu. Dir. Abderrahmane Sissako.
  1. The Tusk. Dir. Kevin Smith.



RECOMENDACIONES:
Seis estrenos se asientan en la cartelera sevillana esta semana. Cinco de ellos producciones estadounidense (incluida la cinta de animación de Bob Esponja), pero el sexto estreno es de Mauritania y pinta muy bien. Nuestras recomendaciones son las siguientes:


Timbuktu. Dir. Abderrahmane Sissako. 

Fotograma de Timbuktu

Se muy difícil que llegue a nuestra cartelera producciones como ésta, una cinta mauritana. El motivo es claro, acaba de ser nominada al Oscar como Mejor Película de Habla No Inglesa. Bien, por lo menos, los Óscar sirven para esto. Para que podamos comprobar las maravillosas películas que se hacen en otros países que nunca nos llegan por aquí. Estamos ante un filme que rebosa profundo y sincero humanismo, propio del director que lo realiza, Abderrahmane Sissako. Basada en hechos reales, Sissako nos cuenta este drama situándolo en el año 2012, cuando la ciudad maliense de Tombuctú ha caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. Pero en la ciudad los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales islamistas improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina en Tombuctú no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros. De forma solapada, pero inquebrantable, Sissako nos ofrece una mirada sobre la vida bajo el régimen yihadista radical. Interesante propuesta que hay que ver, reciba o no, finalmente el Oscar.



Foxcatcher. Dir. Bennett Miller.

Fotograma de Foxcatcher

Con 5 nominaciones al Oscar 2015 (incluyendo Mejor Director) y el Premio del último certamen de Cannes al Mejor Director, se presenta esta cinta basada en hechos reales y ambientada en el mundo de los deportes en los años ochenta. La historia nos cuenta cómo Mark Schultz (Channing Tatum), medallista de oro olímpico, es invitado por el rico heredero John du Pont (Steve Carell) a su magnífica mansión para ayudarle a crear un campo de entrenamiento de alto nivel, en el que preparar a un equipo para los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988, Schultz dice que sí inmediatamente. La razón es que allí espera poder concentrarse en los entrenamientos y evitar así que su hermano Dave (Mark Ruffalo) lo adelante siempre. Bennett Miller dirige con mucho acierto a los actores Steve Carell y Mark Ruffalo (nominados al Oscar 2015 por sus sublimes interpretaciones en este filme) y sabe sacarle partido a Channing Tatum, consiguiendo éste un giro sorprendente en su carrera. Merece la pena verlos actuar, aunque no seamos aficionados al Wrestling o Lucha libre.





lunes, 2 de febrero de 2015

Por la Viena de "El tercer hombre"


    “No he llegado a conocer la alegre Viena de antes de la guerra, con su música y su mágico hechizo.  La conocí al terminar la guerra, cuando el mercado negro.  Allí se vendía de todo y uno podía comprar lo que fuese si lo necesitaba y tenía dinero para pagarlo.  Aquel comercio fácil era una tentación para los aficionados, pero los profesionales los quitaban pronto de en medio...  Viena no tenía peor aspecto que otras ciudades europeas en aquel entonces.  Bueno, un poco destruida por las bombas quizá”.
   

     Con estas palabras cargadas de cinismo y sobre las imágenes de la Viena de la ocupación, el narrador “en off” de El tercer hombre (“The Third Man”, 1949) introduce la historia de Holly Martins (Joseph Cotten), el escritor de novelas baratas que visita la ciudad para encontrarse con Harry Lime (Orson Welles), su viejo amigo de la infancia.  Lime y todo su entorno corrupto simbolizan en esos momentos, más que los valses de Strauss o el palacio de Schönbrunn, la Europa envilecida que malvive entre las ruinas de los bombardeos ajena a toda ética o estética.  Su aparición espectral en el escalón de un portal, cuando su gato lo delata y la luz indiscreta de una vivienda cercana le ilumina el rostro, es uno de los contraluces más famosos de la historia del cine y acontece en un lugar que todavía hoy permanece intacto: el llamado “Molkerbastei”, el único rincón de Viena que conserva un reducto de las antiguas murallas, justo enfrente de la universidad.  Eso sí, el pintado del edificio y, ya de noche, la iluminación urbana, amarillenta y uniforme, traicionan la fotografía original, que, con su blanco y negro y su encuadre siniestro, pertenece tan solo a la fantasía del amante del cine.




     Cuando Graham Greene recibió el encargo de preparar un guión sobre la Viena de la postguerra, optó por redactarlo inicialmente en forma de novela para plasmar adecuadamente el ambiente de la ciudad, que tuvo ocasión de visitar.  De este relato surgió, en segunda instancia, el guión propiamente dicho, para el que Greene contó con la colaboración de Alexander Korda, el productor, y de Carol Reed, el director.  A pesar de que las secuencias de interior se rodaron en los estudios de Shepperton (Londres), las tomas exteriores son de la auténtica Viena en ruinas de finales de los cuarenta, en la que trabajó todo el equipo –incluido Welles a pesar de sus reservas– durante seis semanas hasta diciembre de 1948.  Sin estos escenarios reales, que tantos iconos inolvidables han aportado a la memoria cinematográfica, la atmósfera de El tercer hombre jamás habría podido transmitir esa sensación de palacio en ruinas, de mansión ocupada por náufragos, testimonio de grandezas pasadas, en la que Europa se había convertido.  Entre estos iconos, el más célebre quizá es la noria del Prater en la que tiene lugar la entrevista entre Martins y Lime, que las autoridades de Viena han preservado aun rodeada por la vulgaridad de un soso parque de atracciones.
    



     A pesar que al viajero se le ofrece la posibilidad de visitar un “Museo de El tercer hombre”, lo cierto es que éste pasa desapercibido en una ciudad tan repleta de tesoros y de referencias históricas como Viena.  Es bien sabido, por otro lado, que el vienés, muy celoso de la belleza de su ciudad, no es nada proclive a rendirle culto a una película en la que ni ella ni él mismo salen favorecidos:  “Das DRITTE MANN Museum” queda relegado así a la trastienda de las guías turísticas al uso.  Pero cerca de allí, en un lugar ciertamente difícil de encontrar por tratarse de una isleta rodeada de tráfico, unas indicaciones le confirman al visitante que se encuentra justo frente a otro de los grandes iconos de la película: la entrada a las cloacas por las que penetran Welles y sus perseguidores en el desenlace del filme.  La mejor referencia para el viajero: está justo enfrente de uno de los mejores cafés del Viena, el “Café Museum”, a muy poca distancia del edificio del “Musikverein”.




     Por último, además de la aparición de Welles, de la noria y de las cloacas, el edificio con la fachada sostenida por las cariátides, la casa en la que vive Henry Lime antes de su supuesto atropello, es una de las imágenes más recordadas de El tercer hombre por los importantes hechos que acontecen dentro y fuera de ella, un edificio fácil de localizar en la Josefsplatz, en el conjunto monumental del Hofburg.
   




     En diversas publicaciones y en las recientes ediciones en DVD y Blu-ray de El tercer hombre se pueden encontrar listas detalladas de las localizaciones en las que tuvo lugar el rodaje de exteriores: callejuelas oscuras y escalinatas rotas entre iglesias, palacios y plazas convertidos en escombros, hoy desaparecidos, transformados o convenientemente remozados.  Pero además de todos los citados, hay un escenario muy particular, alejado del centro de la ciudad, en el que tiene lugar la secuencia que más me sobrecoge cada vez que veo la película: la avenida principal del cementerio histórico de Viena.  Por ella, flanqueada por tumbas y árboles sin hojas, realiza  su interminable caminata en dirección a la cámara Anna (Alida Valli) ante un Joseph Cotten que quema inútilmente su último cartucho apoyado en un carro y acompañado por la cítara incidental de Anton Karas.  Dicen que a Graham Greene le contrarió mucho este final desesperanzado, que él imaginó feliz en el guión original.  Pero es evidente que Reed estuvo acertado al imponer su criterio: Lime era un canalla despreciable, pero ella, que nada valía para él, lo amaba, mientras que Martins, a sus ojos, aunque la salvara de la deportación, no pasaba de ser sino el hombre que los traicionó. 


     El plano secuencia final de El tercer hombre, rodado con la cámara inmóvil en una de las largas avenidas del “Zentralfriedhof”, es una bellísima plasmación del despecho y, de paso, la negación del “final feliz” moralizante. Dramática negación de la  "justicia poética”, que alecciona sobre todo menos sobre lo que de verdad importa.