viernes, 8 de julio de 2011

Confucio (Hu Mei, 2010)

Título original: Kong zi (Confucius). Dirección: Hu Mei. País: China. Año: 2010. Duración: 115 min. Género: Drama.  

Guión: Khan Chan, He Yanjiang, Jiang Qitao, Hu Mei. Música: Zhao Jiping. Fotografía: Peter Pau. Montaje: Zhan Haihong. Diseño de producción: Mao Huaiqing, Lin Chaoxiang. Vestuario: Yee Chung-Man. Producción: Chui Po Chu, Han Xiaoli, Shi Dongming, Jiang Tao.

Fecha del estreno: 23 Junio 2011 (España)

 

Reparto: Chow Yun Fat (Confucio), Zhou Xun (Nanzi), Chen Jianbin (Ji-Sun Si), Yao Lu, Zhang Xingzhe (Gongshan Niu), Ren Quan (Yan Hui), Ma Qiang (Ran Qiu), Li Wenbo (Zilu).

 

Sinopsis:

Confucio, el más famoso e influyente de los filósofos chinos, vivió entre los siglos VI y V a.C. El film se centra en la última etapa de su vida. A los 51 años, Confucio acepta desempeñar un cargo político para contribuir a la pacificación del país en un periodo muy crítico de la historia de China, caracterizado por endémicos y graves enfrentamientos civiles. La influencia del filósofo sobre el rey Lu llegó a ser tan grande que los personajes más poderosos de la corte se sintieron amenazados, razón por la cual Confucio decidió exiliarse voluntariamente.

 

Comentarios:

China es un país que ha tenido encanto universal desde tiempos muy antiguos. Llama la atención su cultura refinada, en la cual los gestos y las palabras se usan con todo cuidado, en ambientes delicados, llenos de objetos perfectamente alineados con el tiempo y con los espacios. Nunca dejan de sorprender las tradiciones, el respeto por los mayores y la atención evidente a los pequeños detalles.

Mucho tiene que ver en esto el mítico personaje Confucio, un filósofo chino que vivió entre 551 a. C. y 479 a. C., quien se dedicó a enseñar y a trabajar con un grupo de discípulos para formarlos en los principios del buen gobierno (aquel que se sustenta en el aprecio por el otro, la justicia y el respeto por la autoridad), de la buena conducta en la vida (que se apoya en la práctica de las máximas virtudes: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y a los antepasados). Su idea era la de lograr la prosperidad de la sociedad basada en mantener relaciones en plena armonía.

Las ideas confucianas han estado permeando el funcionamiento de la sociedad china durante 2.500 años y ello se puede apreciar en el hecho mismo de que se ha lanzado la película Confucio, escrita, dirigida y producida por Hu Mei para celebrar el aniversario 60 de la República Popular China y los 2.560 años desde el nacimiento de este personaje. Se aprecia que sus elegantes ideas no solamente no alcanzaron a ser derrumbadas por la revolución comunista, sino que han sido utilizadas como palancas para mantener un sentido de unidad y coherencia en la compleja situación de una sociedad que crece a pasos agigantados hacia la modernidad, manteniendo en paralelo esquemas tradicionales.

Elaborar una buena película sobre un personaje cuyo poder reside en las sentencias, en las frases inteligentes y sorprendentes, que resuelven una situación por su inherente poder y sabiduría, por su sentido ético y profundo, no es fácil y menos todavía en una época de máxima velocidad y poca permanencia. Tampoco fue fácil para Confucio mantener su estilo personal, equilibrado, pausado, trascendente, en la época en que vivió, signada por las guerras, por los caudillismos y por la intolerancia. ¿Cómo se logran estos equilibrios? Aprendiendo a combinar el sentido profundo con los detalles reales de la vida.

En la realidad de Confucio, el personaje vivió a plenitud, contrastando su filosofía con la vida real, ya que fue alcalde, ministro, estratega y consejero y se metió de lleno en la política de su época para sanearla, para enderezarla, para darle sentido, sin que importara la mezcla de éxitos y fracasos que experimentó. En la película, Hu Mei nos encanta con la belleza de las cosas pequeñas y de los gestos y nos entretiene con varias historias entrelazadas, de modo que cuando Confucio va soltando sus sentencias y sus enseñanzas, las vamos recibiendo en forma natural, sin que se vean forzadas o pedantes o moralizantes, tan relacionadas están con las vivencias que se narran.

Los sonidos de los tambores, las danzas ligeras y sutiles, los ropajes sedosos, el té que fluye ceremonioso de las vasijas a las manos acogedoras y a los personajes atentos; las puertas que se cierran enigmáticas, los saludos lentos, a la vez calculados y naturales; las reuniones y las voces que anuncian y proclaman majestuosos las entradas de los personajes; el grupo de discípulos fieles y honorables; la familia amorosa y sufrida. Son todos matices coloridos para pintar las famosas sentencias del personaje. En el trasfondo, la guerra, el hambre, el frío, el desierto, la injusticia, las intrigas y la malicia de los hombres, como tonalidades menores que llevan a la reflexión, al realismo, al contraste, para que las frases no suenen huecas, para que se aprecie la sabiduría práctica que las ha forjado.

Hay una pequeña historia fundamental, la de un niño que es salvado por Confucio de ser enterrado vivo junto con su señor feudal muerto, siguiendo una terrible tradición que señala que los servidores deben ser enterrados con su señor, para que le sigan sirviendo. Lo hace con un toque maestro de lógica invencible, cuando invita al poderoso acusador del niño a enterrarse él también con su príncipe muerto, ya que tanto le ama, para que le siga sirviendo en el más allá. Así decía y así resolvía el maestro los conflictos, con una mezcla de compasión y de inteligencia, mente y corazón en armónico equilibrio. Primero el principio que armoniza, luego la acción inteligente que resuelve las situaciones. El camino del maestro es el camino del mundo y el maestro debe ser capaz de gozar de la lluvia poderosa que le atranca su carreta en medio de la nada. Ella es una señal para echarse a reír y descansar, para que todo siga su debido curso, para que le alcancen sus amigos, para seguir enseñando y formando escuela.

Para que las palabras permanezcan durante más de 2.500 años, debieron ser escritas, recitadas y transmitidas por una cadena de discípulos cariñosos en escuela permanente. En Confucio se destacan las escenas que señalan cómo se construye esta tradición de sabiduría: el maestro observa, medita, concluye y habla. El maestro escribe en bellas tablillas con caligrafía preciosa. Los discípulos escuchan atentos, reconociendo la sabiduría evidente. Todos ellos viven las enseñanzas y cuando el desastre las hunde en lo profundo de las aguas, debajo del piso helado que se rompe, vale la pena rescatarlas a toda costa, para que no mueran. Por ello en otra escena de impacto, el discípulo rescata las tablillas de las aguas frías y su maestro llora desconsolado abrazando, por horas y horas, su cuerpo helado, ya muerto.

Esta es la época en que China surge poderosa. Se atreve no solamente a convertirse en la primera economía mundial, a lanzar su primer portaviones y a dominar la energía solar. De alguna manera quiere señalar también el camino ético, explorar la trascendencia. De raíces y de esencias no carece. ¿Habrá un nuevo orden latente, habrá una forma confuciana, inteligente, de encontrar la armonía deseada? Ver Confucio es una buena oportunidad para hacerse estas preguntas. (Enrique Posada)

Recomendada (con reservas).




miércoles, 6 de julio de 2011

Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia! (Todd Phillips, 2011)


 

Título original: The Hangover Part II. Dirección: Todd Phillips. País: USA. Año: 2011. Duración: 102 min. Género: Comedia.  

Guión: Todd Phillips, Scot Armstrong, Craig Mazin (basado en los personajes creados por Jon Lucas y Scott Moore). Música: Christophe Beck. Fotografía: Lawrence Sher. Montaje: Debra Neil-Fisher, Mike Sale. Diseño de producción: Bill Brzeski. Vestuario: Louise Mingenbach. Producción: Todd Phillips, Dan Goldberg.

Fecha del estreno: 23 Junio 2011 (España)

 

Reparto: Bradley Cooper (Phil), Zach Galifianakis (Alan), Ed Helms (Stu), Justin Bartha (Doug), Jeffrey Tambor (Sid Garner), Ken Jeong (Sr. Chow), Mike Tyson (él mismo), Jamie Chung (Lauren), Paul Giamatti (Kingsley), Mason Lee (Teddy), Sasha Barrese (Tracy).

 

Sinopsis:

Alan, Stu y Phil vuelven a despertarse en otra habitación de otro hotel y, para no perder la costumbre, en esta ocasión tampoco recuerdan nada. Esta vez sólo saben que están en Tailandia, adonde han viajado, junto a Doug, para asistir a la boda de Stu con Lauren. El principal problema: el hermano menor de Lauren, Teddy, ha desaparecido. Y para encontrarlo intentarán recomponer su noche anterior, que al parecer ha contado con monos, monjes, transexuales... y Chow, claro.

 

Comentarios:

La idea de que un mono te practique una felación resulta graciosa en cualquier cultura, concluyen los personajes de Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia! Probablemente, Todd Philipps descubrió en Resacón en Las Vegas (2009) que la hipérbole aplicada al lugar común de la despedida de soltero del inmaduro medio estadounidense también resultaba graciosa en cualquier cultura (es decir, en el mercado global) y de ahí que este remake se aplique, con extremado rigor, a la doble exigencia de a) repetir la jugada y b) subir la apuesta. Habrá quien reciba con desaliento la sensación de déjà vu, pero lo cierto es que la reiteración de la estructura y las variaciones sobre los efectos cómicos más eficaces no impiden que la película se afirme como visible mejora del original.

La elección de Bangkok como escenario añade a la reconstrucción resacosa del vacío de memoria estimulantes elementos de jetlag cultural: en cierto sentido, Resacón 2 es una comedia zafia estadounidense que parece haberse despertado en cama ajena, con Alain Resnais roncando sobre la almohada de al lado y el lejanísimo recuerdo de El mago de Oz (1939) bajo el colchón. No es casual que, tras la odisea iniciática, uno de los personajes acabe exclamando "¡Tengo un demonio dentro!" para rebatir las dudas sobre su autoridad viril formuladas por el patriarca de su familia política.

Si en la película que abrió la saga Las Vegas era una Babilonia de parque temático dominada por el placer como espejismo, aquí Bangkok funciona como la última palabra en ciudades del pecado, un territorio donde el hedonismo siempre está a un paso de la autodestrucción o del desafío a la identidad (sexual, entre otras cosas). Lejos de la postal turística, Resacón 2 parece una comedia exótica del tándem Bob Hope y Bing Crosby que gira hacia lo apocalíptico bajo el influjo de Jackass. En un golpe de genio, un flashback convierte a los personajes en una panda de niños viciosos en caída libre politóxica. Los créditos finales parecen diseñados para acallar a quien acuse a Phillips de tibieza. (Jordi Costa)

Recomendada (con reservas).



martes, 5 de julio de 2011

El musical soviético de los años treinta. "El circo" (Tsirk, 1936) de Grigori Alexandrov.


La llegada del cine sonoro a la URSS se demoró unos cuantos años debido, entre otras razones, a que el Estado trabajó en el desarrollo de un sistema propio que le evitara la dependencia de la tecnología extranjera.  Hay que esperar hasta el año 1931 para que se estrene El camino de la vida, de Nikolai Ekk, la primera película soviética en la que se emplea extensamente el diálogo y la música, aunque existieron ensayos previos tanto en el campo del documental (Entusiasmo. Sinfonía del Donbass –1930–, de Dziga Vertov) como en el de la ficción (Odna –1931–, de Kozintsev-Trauberg y música de Dimitri Shostakovich).

Al igual que Chaplin, los grandes creadores soviéticos se mostraron reacios al principio a la incorporación del sonido.  En 1928 Pudovkin, Eisenstein y Alexandrov firmaron el Manifiesto del contrapunto orquestal, en el que defendían su concepción artística basada, como es bien sabido, en la técnica del montaje; el sonido, en todo caso, debía usarse creativamente, de modo antinaturalista y “asincrónico”.  Ni qué decir tiene que los hechos terminaron por imponerse y que el cine silente tuvo sus días contados en la Unión Soviética como en el resto del mundo.  El propio Pudovkin estrena en 1933 El desertor, con sonido sincrónico, y Eisenstein filma años después dos obras maestras del sonoro: Alexander Nevsky (1938) y las dos partes de Iván el Terrible (1944 y 1958), ambas con música de Sergei Prokofiev.  Pero mucho más sorprendente es el caso de Grigori Alexandrov, el colaborador inseparable de Eisenstein, que en pocos años se convierte en el máximo exponente de uno de los géneros más exitosos de los años treinta: la comedia musical.

Cartel original de "El circo" de Alexandrov



Es curioso comprobar cómo las convenciones del musical norteamericano se adaptaron como un guante a las exigencias del “realismo socialista”, la estética vigente con Stalin desde 1934: conservadurismo formal frente a los experimentos de la década anterior, didactismo maniqueo –obreros, ingenieros y agricultores tan ingenuos como heroicos triunfan sobre los “kulaks” (los propietarios rurales) o los conspiradores capitalistas– y, sobre todo, fidelidad a la gran consigna de los nuevos tiempos, esto es, un cine “accesible a las masas”.  Solo se trata de cambiar los contenidos manteniendo inalterado el esquema básico del género. El atractivo y la simplicidad argumental de la comedia musical se ponen al servicio del régimen soviético con la apología de las colectivizaciones y del progreso tecnológico y –cada vez más– con un descarado culto a la personalidad del dictador. 

Son dos en especial los directores más destacados del género: el ya citado Grigori Alexandrov y el especialista en el musical de ambiente rural (el llamado “musical de koljós”) Iván Pyriev (El acordeón –1934–, La novia rica –1937–, Los tractoristas –1939–).  Pero los musicales más célebres de estos años son en especial los de Alexandrov: Volga-Volga (1938), El sendero luminoso (1940) y el más importante de todos, El circo (“Tsirk”, 1936).  Su argumento es muy representativo de los rasgos del musical soviético.  La película comienza abruptamente en los Estados Unidos con la persecución de una joven, Marion Dixon –interpretada por la “estrella” Lyubov Orlova, la mujer del director– por parte de una turba racista que no le perdona que haya tenido un hijo mulato.  La secuencia no tiene desperdicio: la fugitiva consigue refugiarse en un tren en marcha en el que se topa con un tipo sospechosamente parecido a Hitler que se dirige a ella en alemán.  El giro de un globo terráqueo nos lleva, en una elipsis descomunal, hasta la Unión Soviética, que aparece en el mapa con sus siglas CCCP; allí nos topamos con la carpa de un circo cuyo director, Von Kneischitz, no es otro que el inquietante teutón del tren.




Marion entra a formar parte de la compañía circense y el tal Von Kneischitz no deja de explotarla sin piedad, y eso a pesar de la brillantez de un número diseñado por el joven ingeniero soviético Iván Martynov, del que la joven termina enamorándose.  Cuando, después de muchas peripecias, el tiránico director la expone a la vergüenza de mostrarla en público con su hijo mulato, el público ruso, cariñoso y tolerante, la acoge con una canción de cuna cantada en varias de las lenguas que tienen su hogar en la “plurinacional” y “multiétnica” URSS (ruso, ucraniano, georgiano e incluso yiddish).  Os dejo con la secuencia final, la de la canción de cuna, que culmina con una experiencia cuasi mística: la joven, transfigurada en rubia –¡ojo al cambio del color del pelo!– y uniformada de blanco, desfila feliz como una más entre la multitud bajo la efigie de Stalin y con el telón de fondo de la nueva capital soviética.  La secuencia no está doblada ni tiene subtítulos, pero creo que se entiende todo.




Fuente: Birgit Beumers, A History of Russian Cinema, Berg, Oxford-New York, 2009.

viernes, 1 de julio de 2011

Solo una noche (Massy Tadjedin, 2010)


Título original: Last night.. Dirección: Massy Tadjedin. País: USA. Año: 2010. Duración: 90 min. Género: Drama.  

Guión: Dana Idisis. Fotografía: Peter Deming. Música: Clint Mansell. Montaje: Susan E. Morse. Diseño de producción: Tim Grimes. Vestuario: Ann Roth. Producción: Christophe Riandee, Massy Tadjedin, Nick Wechsler.

Fecha del estreno: 23 Junio 2011 (España)

 

Reparto: Keira Knightley (Joanna), Sam Worthington (Michael), Eva Mendes (Laura), Guillaume Canet (Alex), Griffin Dunne (Truman).

 

Sinopsis:

Relato de amor, traición y celos. Un matrimonio de Nueva York tiene que separarse, durante una noche, por causa de un viaje de negocios que el marido debe realizar con una atractiva compañera de trabajo. Mientras tanto, su esposa se reencuentra con Alex, un antiguo amor.

 

Comentarios:

¿El adulterio es un aparente resbalón que lo que en realidad está indicando es que algo huele a podrido en Dinamarca, o simplemente una consecuencia lógica de la impostura de la vida en pareja hasta-que-la-muerte-nos-separe? ¿La tentación es algo genético? ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes del adulterio de pensamiento y del de obra? No son pocos los literatos y cineastas, de todo tipo y condición, que se han hecho las mismas preguntas (quizá porque cada día a unas cuantas personas se les cruza tal pensamiento), así que la estadounidense de origen iraní Massy Tadjedin es únicamente la última de una larga lista.

En Solo una noche, la directora debutante demuestra no solo elegancia en la forma sino, mucho más importante, madurez en el fondo para, elucubrando sobre su generación, la treintañe-ra instalada en la solvencia económica, no llegar a conclusión alguna (¿alguien las sabe?), pero abrir el debate pospelícula con distinción, ideas, conocimiento y (des)esperanza, según se mire por parte de cada espectador.

En un marco temporal muy medido (apenas una noche), y armada de una luz casi tenebrista muy adecuada a la temática, Tadjedin, también escritora, coloca ante la tentación a sus personajes, un matrimonio estable, calmoso, rutinario, pacífico, agradable, sin fuego ni hielo (es decir, como muchos): un viaje de trabajo de él, un reencuentro con el pasado de ella, narrados en paralelo, con bonitos detalles de montaje, cercanos a los recortes aleatorios utilizados por Nicolas Roeg para variar el tono de las secuencias en trabajos como Amenaza en la sombra.

Película de miradas, de sonrisas encendidas y de silencios cómplices, Solo una noche juega, naturalmente, la carta de la identificación del espectador con los personajes, y a fe que lo consigue. Aquí no hay buenos ni malos. Solo la tentación, que siempre aparece para quien quiera palparla o dejarla seguir su camino. Una situación a la que Tadjedin ha añadido una especie de voz de la conciencia, de Pepito Grillo particular, en la irónica figura que interpreta Griffin Dunne, que viene a decirnos que aunque (casi) nunca se pueda luchar contra años de experiencias, de sufrimientos y regocijos, de cicatrices y de solidez, el flirteo y la necesidad de adulación son consustanciales a las personas. De hecho hay gente que vive de ellos.

Sin embargo, como ya nos explicó el Stanley Kubrick de Eyes wide shut, a veces pensar en el adulterio es mucho más peligroso que cometerlo, porque la práctica puede llevar al arrepentimiento sincero y el deseo no culminado quedar enquistado para siempre. Así que ya solo queda ir al cine. En pareja o en adulterio. Y luego a discutir. O a fornicar. Como pareja o como adúlteros. (Javier Ocaña)

Recomendada.