martes, 7 de junio de 2011

El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)


 

Título original: O estranho caso de Angélica. Dirección: Manoel de Oliveira. País: Portugal, España, Francia, Brasil. Año: 2010. Duración: 97 min. Género: Drama.

Guión: Manoel de Oliveira. Fotografía: Sabine Lancelin. Montaje: Valérie Loiseleux. Diseño de producción: Christian Marti, José Pedro Penha. Vestuario: Adelaide Maria Trêpa. Producción: Luis Miñarro, François D’Artemare, Maria Joåo Mayer, Renata de Almeida, Leon Cakoff.

Fecha del estreno: 20 Mayo 2011 (España).

 

Intérpretes: Pilar López de Ayala (Angélica), Ricardo Trêpa (Isaac), Filipe Vargas (marido), Leonor Silveira (madre), Luis Miguel Cintra (ingeniero), Isabel Ruth (empleada doméstica), Ana María Magalhâes (Clementina), Adelaide Teixeira (Justina).

 

Sinopsis:

En medio de la noche, un fotógrafo recibe el encargo de hacer la última foto de una bella joven que acaba de fallecer (Angélica). Desde ese instante, vivirá  una inesperada historia de amor.

 

Comentarios:

Cuenta una anécdota, quizá inventada, que un día Jean Cocteau le preguntó a una niña qué era el cine y que esta le contestó: "El cine es el arte de coger a los muertos y ponerlos a andar". La definición, en su visionaria síntesis poética, es tan precisa que ha sido reiterada por cinéfilos, críticos y cineastas hasta la extenuación, pero solo en muy contadas ocasiones ha encontrado un territorio tan idóneo en el que apoyarse como el que ofrecen las imágenes de El extraño caso de Angélica, el último largometraje -por ahora, por poco tiempo, si la vitalidad del artista sigue como hasta ahora- del centenario Manoel de Oliveira. En ella, un fotógrafo consigue que un cadáver le devuelva la mirada y ahí -precisamente, en una muerta que se pone a andar simbólicamente, a moverse de manera casi imperceptible- parece detectar el cineasta el secreto movimiento que transforma un lenguaje en otro, la fotografía en cine, quizá sirviendo a una misma misión: la de dotar de vida permanente a lo que va a desaparecer.

En El extraño caso de Angélica está, posiblemente, todo aquello que fascina al incondicional del cine de Oliveira, pero, también, todo un arsenal de belleza, estímulos para la reflexión y alicientes conceptuales capaz de hechizar a quien solo se ha rendido ocasionalmente a su talento y, también, capaz de despertar la curiosidad de quien jamás ha sentido la tentación de acercarse a la obra del portugués. Sí, aquí el cineasta recurre a su ocasional gramática de planos estáticos que la composición, los actores y su discurso llenan de contenido, pero no asalta la sospecha de la desgana o el pragmatismo estilístico. El extraño caso de Angélica es algo más que una película excepcionalmente rica. Es, también, muchas películas en una y el regalo que este crítico, que nunca se ha contado entre los fieles oliveiranos, ya no esperaba recibir del veterano creador: paradójica obra vitalista y vocacionalmente testamentaria al mismo tiempo, lúdico juego de manos que transforma una reflexión sobre la esencia del cine en un poema de desaforado amor fou, película donde lo cartesiano -o esa idea de civilización que Raymond Bellour identifica en el libro Mutaciones del cine contemporáneo como columna vertebral de Oliveira- se alía con las derivas del subconsciente surrealista.

La película contiene un vuelo espectral, en blanco y negro, sobre un fondo de nubarrones tenebristas que, probablemente, marque el mayor punto de cercanía de Oliveira con una fantasía de Méliès o con el segmento de Una noche en el monte Pelado de Fantasía (1940). Con todo, el gran tour de force es una larga conversación en el comedor de una pensión, que se abre citando a Ortega y Gasset, menciona crisis económicas y proyectos cancelados y culmina en reflexión sobre materia y antimateria, propiciando una iluminación mística en la mente del protagonista. Contaba Fernando Rey que Luis Buñuel lo reclutó como actor al verle interpretar muy convincentemente a un muerto: como en Belle Toujours (2006), Oliveira tantea aquí un territorio no del todo ajeno al del aragonés, convirtiendo a Pilar López de Ayala en la sublimación de toda fantasía romántico-mortuoria. (Jordi Costa)

Recomendada.



jueves, 2 de junio de 2011

Nowhere boy (Sam Taylor-Wood, 2009)


 

Título original: Nowhere boy. Dirección: Sam Taylor-Wood. País: Reino Unido. Año: 2009. Duración: 98 min. Género: Drama, Musical.

Guión: Matt Greenhalgh. Música: Alison Goldfrapp, Will Gregory. Fotografía: Seamus McGarvey. Montaje: Lisa Gunning. Diseño de producción: Alice Normington. Vestuario: Julian Day. Producción: Robert Bernstein, Douglas Rae, Kevin Loader.

4 nominaciones a los Premios BAFTA 2009. 3 nominaciones a los Premios Satellite Awards 2010.

Fecha del estreno: 27 Mayo 2011 (España).

 

Intérpretes: Aaron Johnson (John Lennon), Kristin Scott Thomas (Mimi Smith), David Threlfall (tío George), Anne-Marie Duff (Julia), Ophelia Lovibond (Marie), Thomas Brodie Sangster (Paul McCartney).

 

Sinopsis:

Película biográfica que va desde la infancia y adolescencia de John Lennon hasta la formación de los Beatles. Liverpool 1955: John era un quinceañero inteligente y rebelde, con una familia conflictiva, sin padre, y en la que dos mujeres vivían enfrentadas porque tenían ideas contrapuestas respecto a su futuro: Mimi, la tía severa que lo había criado, y Julia, su madre, una mujer llena de vitalidad. Impulsado por el deseo de tener una familia normal, John se refugia en el excitante mundo del rock, donde encuentra su alma gemela en el adolescente Paul McCartney. Pero justamente cuando John está a punto de empezar una nueva vida, sufre una trágica pérdida. El joven Lennon, entonces, tendrá que encontrar fuerzas suficientes para seguir adelante y su voz resonará por todo el mundo dando vida al mito... Biopic escrito por Matt Greenhalgh, guionista del aclamado film "Control" que narraba la vida de Ian Curtis.

 

Comentarios:

En buena parte de las más recientes biografías musicales llevadas al cine (Ray, sobre Ray Charles; En la cuerda floja, sobre Johnny Cash; Beyond the sea, alrededor de Bobby Darin), siempre había un momento en el que la narrativa viajaba al pasado en forma de meloso flashback para descubrir un episodio desconocido de las vivencias de la estrella en cuestión, normalmente centrado en un aspecto familiar-social, que ayudaba a aglutinar su personalidad y establecer así una especie de teoría alrededor del acontecimiento: tal o cual hecho moldeó su carácter y precisamente eso le hizo una estrella.

Nowhere boy, debut en el largo de la londinense Sam Taylor-Wood, con John Lennon como personaje central, vendría a ser ese determinado flashback convertido en película completa. Porque, sin que se llegue a pronunciar la palabra Beatles en momento alguno, el relato culmina exactamente cuando comienza lo, en principio, universalmente interesante de la existencia de Lennon: la gira musical por Hamburgo, aquella que precisamente fuera eje de Backbeat (1994), otro biopic alrededor del grupo de Liverpool, aunque con Stuart Sutcliffe, el entonces bajista del grupo, como protagonista. Por tanto, que Lennon hubiese sido criado por su muy conservadora tía, abandonado por su padre y olvidado durante años por su madre, son los hechos que, según Taylor-Wood, vienen a perfilar la personalidad de la futura estrella: rebelde, crítica, desconsolada y avasalladora.

Con tono de melodrama, casi cercano al folletín pues las circunstancias que rodearon a Lennon están contadas agarrándose con rotundidad a la intensidad de los acontecimientos y a cierta simplicidad psicológica, Nowhere boy se beneficia en cambio de la potente presencia de sus intérpretes y de una agradecida pulcritud, esencia de las producciones de los hermanos Weinstein, tanto en su diseño formal como en su gusto por el detalle histórico. (Javier Ocaña)

Recomendada.