sábado, 8 de febrero de 2020

Adú (Salvador Calvo, 2020)


Título original: Adú. Dirección: Salvador Calvo. País: España. Año: 2020. Duración: 119 min. Género: Drama.
Sergio Vilanova (Fotografía), Alejandro Hernández (Guión), Roque Baños (Música), Ricardo Marco Bude, Ignacio Salazar-Simpson, Álvaro Augustín, Ghislain Barrois, Edmon Roch, Javier Ugarte (Producción), Paloma Molina (Producción ejecutiva), Mara Collazo (Maquillaje), Patricia Monne (Vestuario), Cendrine Lapuyade, Eva Leira, Yolanda Serrano (Casting), Sergio López Lopez (Peluquería).
Estreno en Sevilla: 31 Enero 2020

Reparto:
Luis Tosar, Nora Navas, Álvaro Cervantes, Miquel Fernandez, Anna Castillo, Ana Wagener, Jesus Carroza, Marta Calvo, Josean Bengoetxea (Comandante), Candela Cruz (Chica ONG).

Sinopsis:
En un intento desesperado por alcanzar Europa y agazapados ante una pista de aterrizaje en Camerún, un niño de seis años y su hermana mayor esperan para colarse en las bodegas de un avión. No demasiado lejos, un activista medioambiental contempla la terrible imagen de un elefante, muerto y sin colmillos. No solo tiene que luchar contra la caza furtiva, sino que también tendrá que reencontrarse con los problemas de su hija recién llegada de España. Miles de kilómetros al norte, en Melilla, un grupo de guardias civiles se prepara para enfrentarse a la furibunda muchedumbre de subsaharianos que ha iniciado el asalto a la valla. Tres historias unidas por un tema central, en las que ninguno de sus protagonistas sabe que sus destinos están condenados a cruzarse y que sus vidas ya no volverán a ser las mismas.

Comentarios:
Adú, segundo largometraje de Salvador Calvo, se detiene ante una tragedia humana de tales proporciones que cuesta digerir sus 90 minutos. Y cuesta precisamente porque la película no cuenta nada excepcional, sino algo cotidiano: niños engañados por mafias, perdidos en el mar, escondidos en el tren de aterrizaje de un avión, prostituyéndose para poder comer, enfermos o moribundos en su desesperada búsqueda de un mundo mejor. El germen del guion surgió durante el rodaje en Canarias del primer filme de Calvo, “1898. Los últimos de Filipinas”. Allí, en contacto con los CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), conoció las historias del niño y del adolescente en que se inspira la película. Por desgracia, en este asunto el cliché se cumple y la realidad supera a la ficción. Sin cargar las tintas y con buen pulso, Calvo conduce una película destinada a amplias audiencias a lugares comunes que no resultan ni tan obvios ni tan amables como suelen ser en este tipo de grandes producciones.
Planteada como un tríptico sobre la emigración, la película discurre por tres historias: la que da título a la película es la de un niño de seis años que huye desde Camerún a España junto a su hermana primero y a un adolescente después; la de un español que trabaja en una reserva de elefantes y que se reencuentra en África con su algo desnortada hija; y por último la de un Guardia Civil que trabaja en Melilla y que se ve implicado en la muerte accidental de un refugiado congoleño que intentaba saltar la valla. Tres relatos que pretenden conformar un doloroso mapa de ida y vuelta sobre un continente condenado hasta lo indecible por la codicia y la miseria humana. Basta contemplar el plano con el que arranca la película, una masa humana registrada en una terminal policial intentando cruzar como zombies enloquecidos una valla, para sentir esa incomodidad a lo que nos enfrenta este filme.
De las tres historias, la que vértebra la película es la más difícil y la más lograda, la del niño Adú. La ambientación y los tres críos que la interpretan funcionan tan bien que lo demás parece accesorio. En realidad, lo es. La historia del padre y la hija que dan vida Luis Tosar y Anna Castillo (que podría naufragar si no fuera porque está bien cerrada y bien interpretada) y la del Guardia Civil que interpreta Álvaro Cervantes (siempre eficaz en la piel de tipos atormentados y contradictorios) no acaban de cumplir del todo su misión de contrapunto y evidencia de este fracaso colectivo del presente. (Elsa Fernández-Santos).
Recomendada.


jueves, 6 de febrero de 2020

Aguas oscuras (Todd Haynes, 2019)


Título original: Dark Waters. Dirección: Todd Haynes. País: USA. Año: 2019. Duración: 126 min. Género: Drama.
Affonso Gonçalves (Montaje), Edward Lachman (Fotografía), Mario Correa, Matthew Michael Carnahan (Guión), Marcelo Zarvos (Música), Pamela Koffler, Mark Ruffalo, Jeff Skoll, Christine Vachon (Producción).
Nominada a Mejor guion adaptado y Mejor Actor de drama (Mark Ruffalo) en Satellite Awards 2019.
Estreno en Sevilla: 24 Enero 2020

Reparto:
Mark Ruffalo (Robert Bilott), Anne Hathaway (Sarah Bilott), Tim Robbins (Tom Terp), William Jackson Harper (James Ross), Bill Pullman (Harry Dietzler), Victor Garber (Phil Donnelly), Bill Camp (Wilbur Tennant), Mare Winningham (Darlene Kiger), Louisa Krause (Karla).

Sinopsis:
Inspirada en una impactante historia real. Un tenaz abogado (Mark Ruffalo) descubre el oscuro secreto que conecta un número creciente de muertes y enfermedades con una de las corporaciones más grandes del mundo. En el proceso arriesga su futuro, su trabajo y hasta su propia familia para sacar a la luz la verdad.

Comentarios:
El origen de esta historia está en un artículo escrito por Nathaniel Rich en el «New York Times Magazine», y que él mismo ha colaborado para convertirlo en guion de esta película en la que se cuenta la lucha durante años de un abogado contra la potente corporación química DuPont. El caso, además de largo, es complejísimo, pero cuenta para desenrollarse con la ventaja de un director como Todd Haynes, que lo desgrana con notable pericia narrativa sin caer en la tentación de imponerse él o su estilo sobre los materiales que ya de por sí son un puzzle de tragedias personales, dramas familiares, intereses económicos, ruinas medioambientales y propiedades químicas…
No intenta Haynes imponer su habitual elegancia, sutileza y distinción (como en otros títulos que la exigían, «Carol» o «Lejos del cielo»), sino explicar los hechos en una zona de Virginia donde la empresa química vertía sus residuos de PTFE, las dificultades «políticas» de su investigación, la batalla legal y sus efectos en las vidas de quienes afrontaron esa lucha. No es, pues, una película creativa sino esclarecedora, y hasta el punto de que cualquier espectador sacará alguna conclusión sobre su sartén de teflón (PTFE).
Del mismo modo que la arquitectura argumental es clara, clásica y escrupulosa en tiempos y espacios, Haynes cuenta para una mejor transparencia con el tono austero y notoriamente abstemio (sin sustancias excitantes) de las interpretaciones, y especialmente la de Mark Ruffalo, un actor que no necesita ponerse el dedo en la sien para que sepamos que está pensando o sintiendo.
El abogado que interpreta está compuesto de todos los ingredientes, los mejores y los peores, de su controvertida profesión. También el personaje de Tim Robbins rezuma ese mismo conglomerado. Y Anne Hathaway, que parecía cargar con un personaje, el de la esposa, típico de la sección de complementos, lo potencia en un par de instantes de fuerza y emoción. Es una película que hila bien con las necesidades actuales de «salvar el planeta» y, mejor aún, hila bien con ese gustillo tan humano cuando ve al pequeño enfrentarse con una honda al gigante. (Oti Rodríguez Marchante)
Recomendada.

martes, 4 de febrero de 2020

Judy (Rupert Goold, 2019)


Título original: Judy. Dirección: Rupert Goold. País: Reino Unido. Año: 2019. Duración: 118 min. Género: Drama.
Ole Bratt Birkeland (Fotografía), Tom Edge (Guión), Tom Edge, Peter Quilter (Guión adaptado), Gabriel Yared (Música), BBC Films, Calamity Films, Pathe, 20th Century Fox (Producción).
Globo de Oro 2019 a la Mejor Actriz de Drama (Renée Zellweger) y 2 nominaciones a los Oscars 2019 (incluida Mejor Actriz).
Estreno en Sevilla: 31 Enero 2020

Reparto:
Renee Zellweger (Judy Garland), Rufus Sewell (Sidney Luft), Finn Wittrock (Mickey Deans), Michael Gambon (Bernard Delfont), Jessie Buckley (Rosalyn Wilder), Bella Ramsey (Lorna Luft), John Dagleish (Lonnie Donegan ), Gemma Leah Devereux (Liza Minnelli), Gaia Weiss (Abbie), Andy Nyman (Dan), Fenella Woolgar (Margaret Hamilton), Phil Dunster (Ben), Julian Ferro, Royce Pierreson (Burt Rhodes), Lucy Russell, Philippe Spall, Kate Margo.

Sinopsis:
Durante el invierno de 1968, treinta años después del estreno de 'El mago de Oz', la leyenda Judy Garland llega a Londres para dar una serie de conciertos. Las entradas se agotan en cuestión de días a pesar de haber visto su voz y su fuerza mermadas. Mientras Judy se prepara para subir al escenario, regresan los fantasmas que la atormentaron durante su juventud en Hollywood. A sus 47 años, la cantante se enfrenta a las inseguridades que la acompañaron desde su debut, pero esta vez vislumbra una meta firme: regresar a casa con su familia para encontrar el equilibrio.

Comentarios:
De tanto en tanto un actor se confunde con su personaje hasta convertir la pantalla en algo así como un ejercicio de expiación. O un simple espejo. La historia del luchador sonado al que da vida Mickey Rourke en, precisamente, “El luchador”, de Darren Aronofsky, es su historia. Igual de estrafalaria y recorrida por los mismos golpes. No queda claro quién interpreta a quién. Renée Zellweger da vida a Judy Garland y, por un momento, cuesta distinguir dónde acaba la actriz y dónde empieza el personaje. Todo es uno o, mejor, una. La gracia no es tanto la imitación de cada gesto como la apropiación de todos ellos. Se diría incluso, en un intento de exageración creativa, que es Garland la que vivió una vida entera sólo para que Zellweger tuviera un argumento décadas más tarde con el que no tanto resucitar, que también, como simplemente vengarse, que es mucho más humano. Y de paso, vengar al mito triste de la niña que se despeñó desde lo más alto del arcoíris.
“Judy”, de Rupert Goold, se presentó en Toronto como suelen hacerlo los biopics. Ya saben, cine de prestigio pensado para los Oscar. Y, sin embargo, consigue algo más que sólo eso. De alguna forma, la película se antoja la excusa perfecta para que su actriz ajuste las cuentas con varios años de humillación. La película, sobre el texto teatral firmado por Tom Edge, cuenta el último año en la vida de la que fuera niña prodigio esclavizada por la Metro. Estamos en 1969, completamente arruinada, Garland acepta la invitación de cantar en Londres. El viaje supone la separación de sus hijos y la aceptación de una forma de vida con el fracaso como algo más que una mera posibilidad. De por medio, alcohol, drogas y soledad. Es decir, la paleta perfecta para colorear abismos. La película no abunda en el lugar común del juguete roto más de la cuenta. Sin renunciar al trazo miserabilista, lo que importa es lo otro. Y eso otro es la historia de una mujer maltratada desde prácticamente el nacimiento por la obligación del éxito. Hablamos de una industria y una sociedad como mínimo hostil. Eso o simplemente machista.
Y luego está la propia Renée Zellweger, que reaparece después de seis años apartada del trabajo, pero no de los medios. Y de la forma más cruel. Hablamos, para situarnos, de la intérprete que en los 90 consiguió tres nominaciones a los Oscar seguidas. “El diario de Bridget Jones”, “Chicago” y “Cold Mountain” fueron los testigos de un prodigio sólo al alcance de colegas como Meryl Streep. Luego llegó la retirada y, acto seguido, el acoso. Primero, en 2014, una foto (mala) suya la convirtió en la diana del escarnio público y en red. Y más tarde, con la llegada del #MeToo, la acusación directa. ¿Cómo había conseguido tanto? ¿Acaso fue la relación con Harvey Weinstein la responsable? Una colega llegó a decir que donde otras no aceptaron, ella sí lo hizo. No hay que olvidar que las tres películas citadas fueron producidas por Miramax. Y así. A lo primero contestó denunciando «el doble rasero» con el que son sometidos a escrutinio público actores y actrices. Y a lo segundo, la enésima novia de América, la chica de al lado, se limitó a comentar que ella jamás se había sentido víctima ni de nada ni de nadie ni de Weinstein.
Pues bien, todo eso está ahí, en “Judy”. Su trabajo consiste en inventarse una Garland sin imitar más de la cuenta. Liza Minnelli, hija ésta, se desvinculó del proyecto. Lo que importa es la verosimilitud. Y así, lo que emerge de la pantalla se acerca bastante a un manifiesto feminista en la era que viene después del #MeToo. La pelea tanto de una actriz, en el presente, como de la otra, en el pasado, tiene por objetivo reivindicarse al margen de patrones adquiridos e impuestos. Contra las normas de un Hollywood pensado por hombres y contra los modales de una sociedad en permanente linchamiento y sólo pendiente de sí misma en su manera más radical. Sí, contra esa extraña liturgia del yo en que se han convertido las redes sociales. Y ahí, la nueva Renée hace suyas cada una de las heridas de Garland.
Casi al final, Zellweger-Garland se atreve con la pieza más esperada y canta “Over the rainbow”. Lo hace después de que Goold con inteligencia haya dejado que cada canción discurriera hasta el momento casi íntegra (o eso parece). La canción en la piel y la garganta de su nueva autora adquiere un nuevo tacto. Casi revolucionario. Y es ahí donde gana tanto la película como la propia Zellweger. Antes venganza que expiación. (Luis Martínez)
Recomendada.

sábado, 1 de febrero de 2020

"Rebeca" cumple 80 años



Anoche soñé que volvía a Manderley, 
estaba ante la reja, pero no podía entrar. 
Nunca podremos volver a Manderley, esto es seguro,
pero algunas veces, en sueños, vuelvo allí.


Se cumplen 80 años del estreno de Rebeca, título de referencia del cine de suspense e intriga psicológica y, sin duda, una obra maestra de Alfred Hitchcock, que es para muchos una de las mejores películas de la Historia del cine, pese a las reservas que el propio director tubo hacia ella, tal vez debido a las frecuentes injerencias del productor David O. Selznick durante las fases de rodaje y montaje de esta película.

¿Cuál era el secreto de Manderley?

Es curioso que la que se considera la primera película norteamericana de Alfred Hitchcock, no parece en realidad ninguna de las dos cosas. El propio Hitchcock decía que no era una película de Hitchcock, pues no es un thriller, ni tiene los suficientes elementos de suspense o de terror; y por otro lado, en esta cinta prácticamente todo era inglés: la novelista, la historia, los actores y el propio director. Rebeca está interpretada en sus principales papeles por Laurence Olivier (Maxim de Winter), Joan Fontaine (señora de Winter), George Sanders (Jack Fawell) y Judith Anderson (como la señora Danvers).

Joan Fontaine, Laurence Olivier y Judith Anderson

Tras quince años rodando números películas en Inglaterra, tanto mudas como sonoras, Hitchcock cruzó el Atlántico ilusionado por poder trabajar en los grandes estudios de cine, pensando en llevar a la pantalla la odisea del Titanic. Sin embargo, David O'Selznick, el productor de Lo que el viento se llevó, para quien trabajó durante sus primeros años en la Meca del Cine, le comunicó que había un cambio de planes, pues acababa de comprar los derechos de Rebeca, la novela Daphne du Maurier (publicada en 1938), y este era el proyecto que le ofrecía. Es en parte por esto por lo que Hitchcock la consideraba un encargo y no estaba del todo satisfecho con ella, aunque él ya había llevado a la gran pantalla otra novela de Du Maurier “La posada de Jamaica”, y también había estando interesado por comprar los derechos de Rebeca, pero no había podido al ser “demasiado elevados para mí”, según reconoció.

El director Alfred Hitchcock junto a la pareja protagonista

En sus famosas conversaciones con Truffaut, el director afirmaba que Rebecano es una película de Hitchcock; es una especie de cuento y la misma historia pertenece a finales del siglo XIX. Era una historia bastante pasada de moda, de un estilo anticuado… es una historia a la que le falta sentido del humor”. No obstante, con su peculiar sentido del humor, también reconocía que Rebeca “se mantiene todavía en pie, a pesar de los años transcurridos, y yo me pregunto cómo”.

La historia es la siguiente: Un año después del fallecimiento de su esposa Rebeca, el aristócrata británico Maxim De Winter conoce en un hotel de Montecarlo a una humilde joven, dama de compañía de una rica señora estadounidense, de la que queda prendado y con la que contrae matrimonio. La nueva pareja se instala en Inglaterra, en Manderley, la mansión del señor De Winter, allí la señora Danvers, el ama de llaves, se empeña en mantener vivo el recuerdo de Rebeca, la anterior señora De Winter. Asistimos a la lenta y progresiva destrucción emocional de una joven y débil esposa, de la que no conocemos el nombre, empequeñecida y sobrecogida por el peso de la sombría mansión y la constante presencia de Rebeca y su misteriosa muerte ahogada en el mar, en circunstancias algo extrañas.

Joan Fontaine viste la chaqueta de punto que llamamos "rebeca"

Así el personaje de Rebeca, pese a estar ausente, se convierte en la principal protagonista de esta historia, y en este sentido es trascendental el papel del ama de llaves, que le profesa una auténtica devoción, rayana en lo patológico y no exenta de connotaciones homosexuales, empeñada en mantener su memoria y garantizar que todas sus cosas permanezcan tal como ella las dejó. Así lo vemos en la célebre secuencia del dormitorio de la desaparecida Rebeca.

En el grandioso dormitorio de Rebeca

La fuerte presencia del personaje de Rebeca debe mucho también a la música de Franz Waxman, que creó un leitmotiv muy preciso para cada personaje de este filme. Recordemos que Waxman fue un compositor alemán, de ascendencia judía, formado -como Max Steiner-, por Gustav Mahler en la tradición sinfónica de la música europea de fines del XIX.


Es Rebeca un misterioso cuento que, aunque con aires góticos, entronca con otras historias como Barba Azúl, Hansell y Gretel, y especialmente Cenicienta: la joven y humilde esposa (que por no tener, no tiene ni nombre) es Cenicienta y la señora Danvers es una de las hermanastras. Alfred Hitchcock estaba inventando el suspense aplicado a una sencilla historia de amor en la que rompía el melodrama sin tensiones, con lo que, sin saberlo, estaba construyendo los cimientos de otras dos películas consideradas como maestras, Vértigo y Psicosis, que constituyen, según la acepción de Guillermo Cabrera Infante, la trilogía de la soledad por el amor perdido.

El filme ganó dos Óscar, uno a la mejor película, que fue para su productor, David O. Selznick y otro a la mejor fotografía en blanco y negro, para George Barnes, y tuvo además otras nueve candidaturas. Recordemos que Hitchcock nunca logró un Oscar como mejor director, pese a sus cinco candidaturas en esta categoría, siendo Rebeca la primera de ellas.