miércoles, 17 de diciembre de 2014

Max Linder, el primer héroe del Slapstick




(Gabriel-Maximilien Leuville; Saint-Loubès, 1883 - París, 1925) Actor cómico de cine mudo francés. Hijo de campesinos, desde muy joven mostró gran interés por la interpretación, que desarrolló desde los 16 años en el Conservatorio de Burdeos. Con 21 años se trasladó a París con el deseo de continuar sus estudios, pero se vio obligado a trabajar en locales muy diversos hasta que consiguió entrar en los Estudios Pathé en 1905, donde fue dirigido en los primeros trabajos por Ferdinand Zecca, Louis Gasnier y Lucien Nonguet.
Su dilatada trayectoria se inició con La fuga de un colegial (1905), aunque su vocación inicial fue la de una marioneta en manos de los directores que sustentaron su trabajo en la improvisación, lo que le llevó a interpretar papeles aparentemente muy variados, pero que en el fondo consistían en lo mismo: carreras, caídas, chapuzones, etc. Así, llegaron Les contrabandiers (1906), La mort d’un toreador (1907), Les débuts d’un patineur (1907), Une séance de cinématographe (1909) y Les débuts d’un yachtman (1909), entre otras, en las que tanto hizo de primer actor como, al final, de secundario, con su rostro o disfrazado de todo tipo de personajes.

El impulso definitivo a su carrera le llegó cuando comenzó a perfilar su famoso personaje de Max, un dandy muy definido y caracterizado, que se aprovechó de las cualidades cómicas del actor para transmutarse sin llegar a saber muchas veces quién era quién dentro y fuera de la pantalla. Elegante, de finas formas, bien conjuntado (frac, sombrero de copa, guantes blancos y bastón), sin embargo tuvo que hacer frente a todo tipo de situaciones y adversidades ante las que consiguió mantenerse firme. Fue maestro de piano, campeón de boxeo, torero, se tuvo que enfrentar a una suegra endiablada, buscar novia, tomar unas "especiales" vacaciones... 

Entre 1910 y 1917 controló a su personaje por entero: escribió los gags, definió las historias y se dirigió a sí mismo (en algunos casos ayudado por René LePrince). Su posición en la Pathé (la rentabilidad de sus películas fueron uno de los soportes de la empresa) le convirtió en uno de los actores mejor pagados de la época.


El gran Max Linder

Durante estos años intervino en la Primera Guerra Mundial en labores de apoyo, en retaguardia, debido a una serie de problemas de salud que arrastraría ya hasta su muerte (se suicidaría con su esposa). En 1917 marchó a Estados Unidos, contratado por la Essanay, en donde protagonizó Max en América y Max en Taxi, entre otras. Dos años después regresó a su país, en donde interpretó su primera película larga, Petit Café (1919), dirigida por Raymond Bernard, experiencia que le animó a regresar al cine estadounidense en donde demostró su buen hacer, especialmente en películas como Siete años de mala suerte (1921) y Los tres mosqueteros (1922), quizá sus mejores trabajos.

El cine de Max Linder consiguió cautivar al espectador de su tiempo (fue uno de los rostros más populares en todo el mundo) y se convirtió en referencia ineludible para muchos cómicos de su época que se aprovecharon de sus ideas notablemente: Charles Chaplin, los hermanos Marx y otros coetáneos suyo supieron apreciar sus originalidades, pero lejos de repetirlas sin más supieron elaborarlas y enriquecerlas hasta los niveles que marcaron, ineludiblemente, la diferencia.

Con las muy escasas imágenes (unas 30 películas) que se conservaron de la extensa carrera de Linder (entre 100 y 200 títulos), su hija consiguió realizar dos montajes que dejaron para la posteridad los rasgos fundamentales de la aportación de su padre al cine cómico francés y mundial: En campañía de Max (1963) y L’homme au chapeau de soie (1983).


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