miércoles, 5 de diciembre de 2012

Mitomanía... Humphrey Bogart




El 14 de enero de 1957 moría, víctima del cáncer, Humphrey Bogart. “Nunca habrá otro como él”, reconoció emocionado John Huston en su funeral. Y, en efecto, décadas después de su desaparición, Bogey se ha convertido en uno de los más atrayentes símbolos varoniles del siglo, el encomiable héroe popular con el que las nuevas generaciones iban a identificarse tanto o más que sus predecesoras.

El aura mitológica que sigue rodeando todavía a algunas de sus películas, en especial “El halcón maltes”, “Casablanca” o “El sueño eterno”, constituye un caso insólito en la historia del star-system, y una muestra fehaciente del legendario culto del que es objeto la estrella después de muerta.
Bogart en Casablanca

Nacido a finales del siglo pasado, Bogey necesitó once años y cuarenta películas para acceder al estrellato. “El último refugio”  fue el filme que lo consagró y aquel en el que por vez primera se fijaban las características que, más tarde, conformarían su sólida y contundente imagen de un mito duro como el granito.

Con su eterno cigarrillo colgado de los labios húmedos y carnosos, su inmutable y perspicaz mirada de soslayo, su peculiar voz áspera y balbuceante, su serena confianza y su sarcástico sentido del humor, y, a veces, un vaso de wisky en la mano, Bogey no solo fue avieso gánster o inexorable detective. Sus andanzas aventureras en “Tener o no tener”, “El tesoro de Sierra Madre” o “La reina de África” permanecen hoy entre los más logrados exponentes del cine de acción y convierten a Bogey en el más genuino héroe existencial de la pantalla, cuya proyección alcanza nítidamente hasta nuestros días.

Bogart en La reina de África

Cinco años antes de su muerte consiguió el Oscar como Mejor Actor por su interpretación en la película de John Huston “La reina de África”. La bella actriz Greer Garson presentó este premio en la ceremonia de la Academia. Vamos a recordarlo para ver una vez más a Bogey.

1 comentario:

  1. Es cierto lo que dices, Paco, que marcó a toda una generación. Supongo que lo hizo en EEUU, pero también en España. Hubo un tiempo, sobre todo para los hombres que ahora rondarán los sesenta y cinco o setenta años, en que era el ídolo a imitar. Esa imagen de hombre duro, fuerte, experimentado de la vida se convirtió en nuestro país en toda una referencia de cómo tenía que ser el canon masculino. Hablo de los años sesenta, setenta. Con el tiempo decayó, y mi generación cambió los parámetros, hasta el punto de que yo recuerdo haber hablado con amigos de este tema como algo “curioso”, más dado a la broma y a cierta burla que a cualquier otra cosa. Y no por el propio Bogart en sí, sino por sus imitadores. Una cosa es ser Humphrey Bogart, un grandísimo actor sin lugar a dudas, y otra muy distinta querer ir de Humphrey Bogart por la vida.

    Hubo un crítico en España que ya murió, Manolo Marinero, no sé si llegasteis a conocerle. Escribía en El Mundo, sobre cine. Debía haberse llamado Manolo Marinero Bogart, de hecho escribió un libro sobre el actor, y era una constante referencia en sus críticas. Tal vez sea este “analista” el que mejor ejemplifique esto de lo que hablamos. Sus críticas no me gustaban nada, por cierto, y no por lo de Bogart.

    Humphrey Bogart fue un gran actor. Siempre le encasillamos con “el duro”, recordando películas como “El Halcón Maltés” de John Huston, que parece que fijó el modelo, con sus tortazos “eróticos” incluidos (aunque ellas también las daban), y similares. Sin embargo, existen dos películas en las que podemos ver su enorme versatilidad: “El motín del Caine” (Dmytryk, 1954) y “La reina de África” de la que Paco habla en la entrada. Estoy seguro de que si hubiese existido en nuestros días podría haber alcanzado la capacidad camaleónica de un Robert De Niro o un Dustin Hoffman. En el primer filme que menciono, de Dmytryk, (una de mis películas), hace de paranoico y de cobarde. ¿Hamphrey cobarde? Pues ahí donde le veis. Y clava el papel. Fue una de las interpretaciones que más me ha impresionado en esto del cine, tal vez por ser él y el contraste que se genera con sus otros papeles, en los que suele hacer de duro. Con “La reina de África” sucedía otro tanto. Su personaje era el de un tierno marinero de río. Otra grandísima película, por cierto.

    No sé qué pensaran las mujeres ahora, si los prefieren duros o no (creo que con el tortazo ya no…). Hubo una encuesta que decía que sí, pero luego llegaron las psicólogas y dijeron que no. Apareció el Papa diciendo lo contrario, pero las feministas se opusieron… Hay debate para largo y tendido. Por eso yo todavía no me he enterado de cuál tiene que ser mi parámetro, ando por ahí perdido…

    Un saludo, Galo.

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