lunes, 14 de febrero de 2011

Adiós a Maria Schneider


La actriz María Schneider falleció a principios de este mes de febrero, a los 58 años de edad. Su carrera siempre estuvo marcada por la legendaria película "El último tango en París". Bernardo Bertolucci se fijó en ella para protagonizar su película cuando sólo contaba con 19 años.

Ella confesó en 1975: "¿Sabes lo que cobré por hacer El último tango? Sólo 5000 dólares. Ni siquiera me dieron un porcentaje de taquilla, como tenía Marlon Brando. Bertolucci me utilizó para sus fantasías. Yo era muy joven, inocente, no sabía lo que hacía. Me costó mucho tiempo recuperarme de todo lo que supuso la película". También llegó a decir "me sentí humillada y violada", en relación a la famosa escena de la mantequilla.

Bertolucci, tras conocer la muerte de María, ha declarado "Su muerte ha llegado muy pronto, antes de que pudiera abrazarla otra vez, de que pudiera decirle que me siento tan cerca de ella como el primer día y de que pudiera pedirle perdón. Ella me acusó de robarle su juventud y sólo ahora me pregunto si tenía razón. De hecho, era demasiado joven para digerir el impredecible y salvaje éxito del filme".

La película, de 1972, estuvo prohibida durante mucho años en España. Muchos españoles tuvieron la oportunidad de verla fuera de nuestro país: Francia, Gran Bretaña, etc.  Otros muchos tuvieron que esperar hasta su estreno en nuestras carteleras, años después, cuando ya no existía la censura.

Nosotros, en el Taller de Cine, recordamos a María Schneider repasando los bellísimos fotogramas de esta mítica película, arropados por la música inconfundible de Gato Barbieri.

Y tú, ¿qué recuerdas de "El último tango en París" cuando la viste?

1 comentario:

  1. Pues me recuerdo a mí mismo, con un par de añitos más que la Schneider al rodarse la película, osease veintiuno, y haciendo la mili. Y como el bromuro antaño es viagra hogaño, y otras penurias adyacentes (carrasco, qué asco), con eso de la edad que nos está entrando a los de su generación (la de María, no la de usted, o tal vez sí y perdone la indiscreción), pues como que (como dicen ahora) uno se pone un poquito chungo tirando a depre total, la verdad sea dicha. Personalizando más, si cabe, por lo que va del “Luisito el verbena (el encanto de las nenas)” también de antaño, al “su tarjeta dorada, caballero (de la triste figura)” de hogaño, mayormente y nada menos. Y porque el cine - como la fotografía y aún nuestra memoria -, hace como que (como dicen ahora) el tiempo se detuviera cuando se plasmaron unas imágenes – un arma de doble filo si bien se mira y, si mal se mira, una auténtica putada -, sucede hoy día como cuando (como se dice desde siempre) nos encontramos al colega que no habíamos vuelto a ver desde la reválida de cuarto: que cualquier parecido con el in illo témpore compañero de pupitre es pura coincidencia; vamos, que a pesar de los “parece que fue ayer” (je, je), los “no pasan los años por ti” (ji, ji) y los “estás igual” (ja, ja), lo hemos reconocido a duras penas y viceversa, como a la señora Schneider en sus últimas fotos del verano pasado, comparada con la muchacha del video que ha puesto Paco a la que se ventilaba el joío don Marlon. Tempus fugit que dijo alguien. Fugit más todavía, que añado yo. Que se las pela, apostillará alguno. Pues eso.

    Luisito (jo, jo) de los jueves a la sombra - y alguna vez de los lunes, también a la sombra-, algo es algo; sólo faltaría quedarnos al sol a estas alturas (toquemos madera).

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