martes, 5 de enero de 2021

Mario Camus. De la Literatura al Cine.

 

Mario Camus nació en Santander, en 1935 y estudió derecho en Madrid hasta que Basilio Martín Patino y la revista italiana Cinema Novo orientaron sus pasos hacia el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, la escuela de cine oficial de la época, en la que ingresó en 1956. Durante su estancia vio mucho cine, escribió todo lo que pudo y, especialmente, colaboró con Carlos Saura en el guión de Los golfos. Fue una época en la que su trabajo le alejó del I.I.E.C., en donde finalizaría su carrera en 1962 con una práctica que tituló El borracho, después de haber escrito, también, el guión de Young Sánchez.

 

Su vocación de guionista no le impidió dar al paso hacia la dirección. Tras colaborar en varios cortometrajes, Ignacio Iquino le contrató para dirigir Los farsantes (1963), una historia centrada en el drama de la vivencia diaria de un grupo de cómicos por los caminos de España; su estreno no tuvo la repercusión necesaria para que todo el mundo hablara de Camus como joven director del que cabía esperar muchas cosas.

 

Plasmó un nuevo tema realista al poder dirigir su propio guión, Young Sánchez (1963), sobre el mundo del boxeo, con unos resultados mucho más alentadores que le valieron una serie de premios. Esta trayectoria personal seguiría su proyección en películas como Con el viento solano (1965) o Los pájaros de Baden Baden (1975), en las que colaboró con el escritor Ignacio Aldecoa.

 


Mientras iba orientando su línea artística, Mario Camus fue también definiendo los aspectos formales: una mirada singular a través de encuadres, planos y movimientos precisos que le convertirían en un director siempre eficaz y que muchos definieron como artesano. No obstante, le tocó afrontar, como a otros muchos, proyectos comerciales que no se acercaban especialmente a sus intereses, pero que le sirvieron para afianzar sus conocimientos y economía personal: son las películas interpretadas por el cantante Raphael (Cuando tú no estás, 1966; o Digan lo que digan, 1968), Sara Montiel (Esa mujer, 1969) y Ornella Muti (La joven casada, 1975).

 


Fueron años en los que trabajó con intensidad en televisión española (TVE), medio para el que dirigió varios documentales de la serie "Conozca usted España", "Históricos del balompié", "Cuentos y leyendas", "Si las piedras hablaran" y "Los camioneros". De la televisión no se desvinculó con los años, y fue en este medio donde ofreció, también, una muestra de su buen hacer con la serie "Curro Jiménez", que fue un hito de la programación de finales de los años setenta; "Fortunata y Jacinta", una ajustada adaptación de la obra de Benito Pérez Galdós; "Los desastres de la guerra", que partió de la serie homónima de aguafuertes de Goya para presentar la Guerra de la Independencia Española; y "La forja de un rebelde", basada en la trilogía de Arturo Barea.

 


Su carrera dio un giro sorprendente (y sobre todo lo afianzó en el cine español) con tres películas que alcanzaron notoriedad por su fuerza expresiva, el rigor en el planteamiento de los temas (en general la postguerra española, vista desde diversos ángulos) y el trabajo general de puesta en escena, con un protagonismo indiscutible de unos actores que supieron engrandecer su oficio.

 

En este sentido se debe tomar Los días del pasado (1977), con Antonio Gades y Pepa Flores en el mundo de los maquis que resisten el acoso policial en sus últimos tiempos; pero también las versiones de las obras de Camilo José Cela La colmena (1982) y de Miguel Delibes Los santos inocentes (1984), de gran repercusión en España y en el extranjero, cosechando numerosos premios. El espectador, en los tres casos, asistió con inusitado interés a la historia de unos personajes que eran espejo de otros muchos desconocidos que tuvieron que padecer en propia carne los primeros tiempos del régimen de Francisco Franco.

 


Superados estos años, Mario Camus decidió, además de colaborar en guiones de coetáneos suyos, continuar con su línea personal que le llevó a La casa de Bernarda Alba (1986), en la versión del texto original que escribiera Federico García Lorca; La rusa (1987), una novela de Juan Luis Cebrián; Adosados (1996), sobre la novela de Félix Bayón; La ciudad de los prodigios (1999), sobre la novela de Eduardo Mendoza; y las historias diversas sobre realidades que se perciben en la sociedad española de la época: un pasado político que atenaza al personaje (Sombras en una batalla, 1993), los negocios ocultos (Amor propio, 1994) o la relación que se establece entre niños y adultos (El color de las nubes, 1997), entre otras.

 


La sobriedad y contundencia con la que Mario Camus abordó sus proyectos más notables se fue difuminando en una corrección que dejó de interesar a muchos espectadores; en especial, a aquellos que disfrutaron con lo bueno de sus primeras películas, y que supieron reconocer la capacidad y eficacia artesanal en el trabajo con los actores. Camus se movió en el difícil terreno del llamado cine de autor, lo que le permitió desarrollar una trayectoria artística sin interrupción a lo largo de los años.

 

Entre sus colaboradores hay que destacar, especialmente, la de dos directores de fotografía que marcaron buena parte de su trabajo: Juan Julio Baena se encargó de las películas del segundo lustro de los sesenta; Hans Bürmann recogió el testigo en el cine de los setenta y ochenta. Después continuó apoyándose en maestros de la luz como Fernando Arribas y Jaume Peracaula, entre otros. Recibió el Premio Nacional de Cinematografía en 1985 y logró el premio en la Quincena de Realizadores en el Festival de Cannes de 1993 por Sombras en una batalla.

lunes, 4 de enero de 2021

Desde Rusia con amor (Terence Young, 1963)

 

Título original: From Russia With Love. Dirección: Terence Young. País: Reino Unido. Año: 1963. Duración: 118 min. Género: Aventuras, Acción.

Guión: Richard Maibaum, Johanna Harwood (basado en una novela de Ian Fleming). Fotografía: Ted Moore. Música: John Barry. Canción del título: Lionel Bart, cantada por Matt Monroe Montaje: Peter Hunt. Director artístico: Syd Cain. Efectos especiales: John Stears. Vestuario: Jocelyn Rickards. Producción: Albert R. Broccoli, Harry Saltzman (EON Productions).

Nominada a la Mejor Canción Original en los Globos de Oro 1964. Mejor Fotografía en los Premios BAFTA 1963.

Fecha del estreno: 12 septiembre 1964 (España).

 

Reparto: Sean Connery (James Bond), Daniela Bianchi (Tatiana), Pedro Arméndariz (Kerim Bey), Lotte Lenya (Rosa Klebb), Robert Shaw (Red Grant), Bernard Lee (M), Eunice Gayson (Sylvia), Walter Gotell (Morzeny), Francis de Wolff (Vavra), George Pastell (Conductor del tren), Nadja Regin (La chica de Kerim), Lois Maxwell (Miss Moneypenny), Aliza Gur (Vida), Martine Beswick (Zora), Vladek Sheybal (Kronsteen), Leila (Bailarina).

 

Sinopsis:

Spectre decide tomar revancha por la muerte del Doctor No, y tiende una trampa al agente británico 007. En este caso, el cebo que ofrecen al Mi6 es una agente rusa que desea huir a Occidente, y que se ha enamorado de Bond a través de sus fotografías de archivo en la KGB. Pero el mayor aliciente para morder el anzuelo, es que la agente escapará con la máquina de cifrado Lektor, que permite traducir todos los mensajes secretos de la inteligencia rusa. Spectre decide eliminar a Bond y apoderarse de la máquina cuando 007 y la desertora rusa, en su huida, viajen en el expreso de oriente. Y tras la pista de los espías enviará a un psicótico asesino llamado Red Grant, que trabaja para Spectre por el simple placer de matar.

 

Comentarios:

La pre-historia de la serie (Doctor No y la presente película) suele ser considerada como films de género, no integrables a la serie clásica tal como la conocemos hoy (la fórmula que arranca desde Goldfinger hasta nuestros días). Pero contienen elementos embrionarios de los que será el Bond moderno que se ha mantenido, con algunas alteraciones cosméticas, desde los 60 hasta ahora.

 

De los dos films que se incluyen en esa prehistoria, quizás Desde Rusia con amor sea el más moderno y el mejor construido. La serie Bond nunca se caracterizó por desarrollar en profundidad personajes, excepto en sus orígenes (Doctor No, Desde Rusia con amor, y por supuesto la genial mezcla de buenos personajes + buena acción que es Goldfinger), y en algunas fugaces películas como On Her Majesty´s Secret Service o The World is not Enough entre otros. La inmensa mayoría de los films siempre tendió a subrayar los elementos comic que caracterizan a las aventuras Bond con mayor o menor éxito.

 

Pero si en Doctor No la aventura era tosca, en Desde Rusia con amor los mecanismos están más aceitados. Ciertamente Bond no es lo que es desde la gran aventura del oro de 1964, y bien podría haberse quedado en un intento menor de película de género (con solo 2 ó 3 films), pero lo que destaca en la prehistoria 007 es la cantidad de momentos e imágenes dignas para el recuerdo y plenas de originalidad que lo hacen de culto y le crea seguidores. Tanto Honey Rider saliendo del mar con su minúsculo bikini, Bond matando a sangre fría al profesor Dent, la partitura de Monty Norman orquestada por John Barry, o el villano chino con garras de metal suma exotismo y novedad a una aventura de presupuesto moderado y escasas ambiciones (¿quién aventuraría en 1962 que la serie duraría más de medio siglo?).

 


La principal arma que cuenta la serie es Connery. Indudablemente en esta segunda entrega el escocés se hace del personaje, limando sus asperezas al recitar sus líneas y comienza a irradiar el carisma y cinismos que caracteriza a 007. Es también Desde Rusia con amor una aventura más modesta, centrada en asuntos más rutinarios del espionaje (robar un aparato secreto, huir sin ser asesinado) y no en esquemas mesiánicos del villano de turno, con lo cual un presupuesto acotado es mejor representado en el film. Y además, cuenta con la base de una de las mejores novelas de Fleming (sino la mejor, junto con OHMSS) que, a pesar de su denso desarrollo sicológico (casi una tercera parte de la novela se centra en la historia de Red Grant), consigue un traspaso exitoso del libro a la pantalla. Sin duda, guionistas eran los de antes.

 


Por primera vez tenemos un teaser o secuencia pre-créditos; tenemos una secuencia de títulos casi moderna de Maurice Binder con los créditos iluminados sobre figuras femeninas. Es también el inicio oficial de John Barry como compositor principal para la serie con una excelente banda sonora, la canción de Matt Monro, y el tema alternativo de 007, que se escuchará fugazmente en Thunderball, You Only Live Twice, Diamonds Are Forever y Moonraker. Aparece Q (como el mayor Boothroyd) y sus gadgets. Hay más acción, y es el comienzo de la era de oro de los secuaces. Uno no puede establecer un claro villano en el film (lo sería Blofeld, quien da la orden de emboscar a Bond), pero es un film pleno de letales esbirros con Kronsteen planeando, Rosa Klebb reclutando y Red Grant ejecutando.

 

Terence Young es un director de suspense y no de acción; obviamente lo suyo no era una trama de historieta como Doctor No, pero en un guión de espionaje puro y duro como este, muy a la onda Con la muerte en los talones de Hitchcock, se encuentra mucho más cómodo.

 


Como es obvio, adaptar al cine una novela tan densa como Desde Rusia con amor tiene sus obvios recortes y diferencias. Para comenzar, los guionistas obvian que es en realidad la KGB y SMERSH quienes desean acabar con Bond, y los sustituye con Spectre, encadenándolo con la película anterior donde el Doctor No era un operario de dicha organización. De algún modo han establecido que lo políticamente correcto es luchar con una organización neutral y a la vez enemiga de todos, antes que con los mismos rusos. En segundo lugar, podan completamente la historia de Red Grant. De hecho 007 en la novela ingresa casi sobre la mitad del libro, mientras asistimos a la narración de la defección del norteamericano hacia filas rusas, ofreciendo sus servicios como asesino. Grant es un psicótico cuyos ciclos de ansiedad por matar están afectados por las fases de la luna. En el libro se cuentan los primeros pasos (y asesinatos de Grant), y cómo sus ansias de sangre sustituyen a sus impulsos sexuales. Sin duda Grant entra a la perfección en la galería de sicóticos pervertidos que solía pintar Fleming como villanos, aunque aquí su fin es más modesto: debe cumplir la orden de eliminar a Bond.

 


Pero si hablamos de pervertidos, Rosa Klebb es abiertamente lesbiana en el libro, mientras que en el film esto es tímidamente sugerido. Ella recluta deliberadamente a una virgen, y se encuentra tentada de probarla sexualmente mientras, a su vez, ejerce una perversa potestad (maternal) sobre la ingenua agente. Todos estos argumentos son desechados por el guión, mostrando fugazmente alguna que otra faceta de los personajes, y dando más espacio al personaje de 007, centrándose en la relación con el pintoresco Kerim Bey, jefe de la estación británica de espionaje de Estambul. Sin duda, un signo de los conservadores tiempos en que se desarrolla (y se filma) la trama.

 

Como alguien alguna vez comentó, lo peor que pudo pasarle al género de espionaje es que el Muro de Berlín se haya caído. El sabor de las novelas de Fleming es precisamente porque hablan del mundillo del espionaje de la guerra fría, y el personaje de Kerim Bey es el paradigma de ello. Ya que la defección de Tatiana Romanova será en Estambul, Bey ayuda a Bond, mientras lo lleva por el recorrido turístico de la que sería una de las fronteras finales entre Occidente y Oriente en materia de espionaje. Todos se conocen y conviven mientras se roban mutuamente secretos. Hay leyes no escritas de convivencia entre servicios de inteligencia; la ciudad entera es un colador lleno de recovecos, donde cada agujero sirve para espiar al otro, y donde cada cuadra, cada agente policial y cada hotel son potestad (o comprados) por uno y otro bando, muchas veces simultáneamente. Hay cierta ósmosis no forzada en los límites finales de la civilización (oriental y occidental) que permite el flujo de información cuando resulta necesario. Y, en ese delicado equilibrio entre centrales de inteligencia, es que cae Bond a robar a ojos vista a una agente rusa y una máquina decodificadora (un trueno en el paraíso). Posiblemente el robo del Lektor no sea espectacular (por el contrario, sea filmado de modo rutinario), pero sin duda las secuencias previas (Bond y Bey espiando bajo la embajada rusa por los canales subterráneos; la secuencia de la pelea en el campamento gitano; los múltiples hijos de Bey trabajando con el padre en el servicio secreto) le dan sustancia y sabor al relato que no hacen extrañar la falta de acción pura y dura del mismo, como será lo usual desde 1964 en adelante. En general los guiones de los tres primeros films tienden a mejorar enormemente la trama por encima de los originales de Fleming. Mientras que en la novela Grant recién aparecía a bordo del Orient Express, aquí está presente durante mayor cantidad de tiempo, como cuando cuida las espaldas de Bond en la batahola del campamento gitano. Y es en realidad cuando Bond y Tatiana suben al tren, que el film llega a su mayor brillo, especialmente en la salvaje y memorable pelea entre Connery y Shaw en el compartimiento de pasajeros. Ni la pelea con Tee Hee en Live and Let Die, o con Jaws en The Spy Who Loved Me se asemejan al nivel de violencia extrema que alcanza la contienda entre Red Grant y Bond en el Orient Express.

 


Es también el inicio de gadgets para Bond; el fusil desarmable, el maletín con monedas de oro, gas y cuchillo camuflado. Son artefactos que son aún lógicos y funcionales, y que podrían entrar en el equipo corriente de cualquier espía de entonces y ahora.

 

Como film, Young consigue suspense y exotismo. Más imágenes memorables queman nuestras retinas: el reloj trucado para estrangular de Grant, el maletín trucado de Bond, el campamento de gitanos, la pelea del tren, el zapato con puntera emvenenada de Klebb. Es mucho más dialogado, pero también mucho más fresco y original, especialmente porque siempre está mostrando algo nuevo (el turismo del mundo del espionaje de Bey en Estambul es excelente). Pero no todo es perfecto en el film. La interpretación de Daniela Bianchi es realmente chata y tonta; su personaje parece ajeno al complejo esquema de intereses que recae sobre sus acciones, o el riesgo que hay de su vida. Así mismo, alguien parece haberle dicho a los guionistas: “hey, ya llevamos 50 minutos de film y no hay ninguna persecución”, con lo cual se incluyen artificialmente las secuencias en las lanchas y el acoso del helicóptero. También muestra que a Young no le interesa filmar acción en absoluto, ya que están filmadas de modo rutinario, sin imaginación o nervio. Pero eso no desmerece al resto, al buen nivel de diálogos e interpretaciones, y al clima del resto del film, que sin lugar a dudas entra en la categoría de pequeño clásico. Sigue siendo un Bond diferente al de hoy en cuanto a términos de espectacularidad, pero sin duda es un 007 fiel a sus orígenes, con la cuota de fascinación, exotismo y aire de film adulto que lamentablemente ha ido perdiendo con los años. (Alejandro Franco)

Recomendada.


viernes, 1 de enero de 2021

Lecturas para el nuevo año

 

William Orpen, "The windows seat"


Qué mejor forma de empezar el año que con un buen libro entre las manos y otras muchas lecturas pendientes de hincar el diente. En caso contrario, sabed que los Reyes Magos pueden atender todavía algunas peticiones de última hora. Aquí van algunas sugerencias seleccionadas entre las novedades editoriales de temática cinematográfica, en esta ocasión una buena parte de ellas han sido escritas por mujeres y hablan de mujeres.


Vidas de mujer que el cine cuenta

María Ángeles García

Editorial Antonio Machado, 2020 (19´90 €)


Un exhaustivo estudio de los más de cien años de cine, desde las grandes producciones a las películas más desconocidas. Un viaje en el que la mirada sobre las mujeres ha condicionado, no solo a estas, sino también al conjunto de la sociedad. 

El libro está dividido en dos partes. En la primera, se hace un recorrido por cómo han sido retratadas las mujeres en las películas a lo largo de la historia del cine, desde los primeros años hasta el día de hoy, los personajes femeninos han ido evolucionando de meros objetos dentro de una película a ir paulatinamente adquiriendo protagonismo por sí mismas y no como parte de una trama pensada para hombres. La autora expone cómo una industria tan relevante como la del cine ha mantenido un discurso en el que se ignoraba a las mujeres, sus deseos, sus pasiones, sus sentimientos, problema, etc. de modo que muy pocas mujeres pudieron verse reflejadas, o identificadas, con las protagonistas de las películas.

En la segunda parte se propone revisión de las biografías fílmicas de mujeres históricas, la forma en las que han sido retratadas, comparando los méritos de cada una desde el punto de vista histórico y cómo han sido estas llevadas al cine. En muchos casos nos encontramos con aspectos ignorados, por lo que podríamos llamar «poco femeninos»; en otros casos se manipulan estas vidas para minimizar la importancia de estas mujeres y fortalecer a los hombres que las acompañaban. En no pocos casos los propios críticos cinematográficos, en prensa o libros, denostaban estas películas como "películas para mujeres".


Rebeldes y peligrosas de cine. Vaqueras, guerreras, vengadoras, femme fatales y madres 

María Castejon Leorza

Editorial Lengua de Trapo, 2020 (18,50€)


La autora se pregunta: ¿En serio que los únicos modelos posibles son los de mujeres cansadas, imperfectas, con estrías? ¿De verdad que no es compatible estar jodida por limpiar la mierda ajena y disfrutar con un personaje como el de Wonder Woman? El cine va de denunciar realidades injustas, pero también de construir imaginarios, de satisfacer deseos, de disfrutar de la fantasía. Rebeldes y peligrosas son las mujeres que en el cine se alejan de las normas, dinamitan los mandatos de género y encarnan nuevos referentes. Pero romper con lo impuesto, siempre tiene un precio. En este libro se propone reflexionar sobre las protagonistas que pueblan las pantallas de cine: mujeres fatales, rebeldes, pistoleras, piratas, aventureras, malas madres y esposas, prostitutas, lesbianas, locas, violentas… Que ahora queramos recuperarlas, visibilizarlas, deconstruirlas y hacer nuevas lecturas de lo que significaron es uno de sus triunfos. 

En el prólogo Jon Sistiaga avisa que María Castejón nos regala un ensayo divertido, documentado, sorprendente, muy militante. Un libro que se construye con mimo y encanto, como la chistera de una prestidigitadora de la que no sabes muy bien qué va a salir. Lo mismo te saca a las heroínas del western y después, en un abracadabra, aparecen las víctimas vengadoras de finales de las décadas pasadas, las Lisbeth Salander o las Najwas Nimris. Puede despiezarte a las míticas Thelma y Louise y, cuando ya estás viajando con ellas en ese cochazo en busca de su libertad, María te ha dado el cambiazo y te encuentras en la cocina de Carmina, la inclasificable madre de Paco León. 


Al oeste del Edén. En un lugar de Estados Unidos

Jean Stein

Anagrama, 2020 (21´90 €)


El esplendor y las miserias de Los Ángeles y Hollywood. Una magnífica indagación en los secretos más inconfesables de una ciudad mítica.

En la ciudad de Los Ángeles el sol brilla prácticamente los trescientos sesenta y cinco días del año; en una de sus colinas el legendario cartel de Hollywood anuncia la fábrica de sueños más potente del mundo y en otras se suceden las mansiones. Varias de estas fastuosas residencias forman parte de este libro, que reconstruye la desmesurada historia de la ciudad a través de cinco familias emblemáticas, con su glamour, sus excesos, sus secretos de alcoba, sus extravagancias, su acumulación de riqueza y poder y sus destructivas tensiones.

Al oeste del Edén explora un siglo de historia de Estados Unidos, con sus luces y sus sombras, e indaga en el mito del sueño americano y en su tenebroso reverso, con la Gran Depresión, el Comité de Actividades Antiamericanas, la Mafia, los tabloides... El libro, fruto de dos décadas de trabajo, está escrito con el método de la "historia oral", a partir de entrevistas con figuras como Joan Didion, Gore Vidal, Arthur Miller, Lauren Bacall, Warren Beatty, Jane Fonda, Dennis Hopper, Frank Gehry, Naomi Klein, Stephen Sondheim, miembros de las familias Warner, Jones, Selznick y Stein, terapeutas, chóferes, criadas... El intenso resultado es un imponente fresco de Los Ángeles.

Jean Stein (1934-2017) autora y escritora, nos presenta a los Doheny, a los hermanos Warner, que levantaron uno de los grandes estudios de Hollywood; a la estrella Jennifer Jones, y su marido, el megalómano productor Selznick, y sus vástagos, con trágico destino, y por último, a su propia familia, su padre fundó la Music Corporation of America, una pieza clave de la poderosa industria musical. La historia de Los Ángeles está llena de las luces y sombras, y ellá misma tuvo un trágico final, cuando en 2017, al poco de publicar este su último libro, se arrojó desde un rascacielos de Manhattan, a los 82 años de edad.


La conflictividad laboral a traves del cine

José Hernández Rubio

Fundamenteos Editorial, 2020 (25 €)


En opinión de su autor muy pocas realizaciones cinematográficas (en proporción a su ingente número en la Historia del Cine) se han ocupado del mundo laboral y sus circunstancias, así como de la “clase trabajadora” unida por sus derechos, a pesar de que en las relaciones humanas, los conflictos de tipo laboral han sido y siguen siendo una constante. El cine, pese a todo, no ha sido ajeno a este tipo de conflictos, mostrando, generalmente en forma de denuncia, los abusos y enfrentamientos entre patronal y trabajadores, el nacimiento y la evolución de la lucha obrera y la conciencia sindical, el drama del desempleo o las distintas conquistas (raciales, de género y de identidad sexual) dentro del espacio laboral. 

Con este volumen viene a suplir un hueco en el panorama bibliográfico en español, donde hasta ahora no existía un análisis tan exhaustivo de la conflictividad laboral en el cine pasado y presente, con una mirada también a la evolución de la mentalidad y las relaciones de trabajo a través de su representación en el celuloide. Dividido en cinco partes, se centra primero en las nociones básicas del movimiento sindical, para a continuación analizar el fenómeno de este tipo de filmes junto a los que muestran el enfrentamiento laboral y sus causas; el episodio cuarto expone las etapas en la historia moderna y contemporánea del movimiento obrero, y estudia sus manifestaciones cinematográficas en una pluralidad de épocas y países. Se analizan títulos tan diferentes como Octubre (S. M. Eisenstein), Doctor Zhivago (D. Lean), La conquista del oeste (H. Hathaway-J. Ford), El pan nuestro de cada día (K. Vidor), Germinal (C. Berri), Novecento (B. Bertolucci), Hoffa (D. de Vitto), La clase obrera va al paraíso (E. Petri), El hombre de hierro (A. Wajda), Pan y Rosas (K. Loach) y Orgullo (M. Warchus).Termina con un análisis pormenorizado de 212 películas (con ficha técnica, sinopsis, y estudio de los elementos formales y argumentales con relación al conflicto laboral), que constituye un utilísimo catálogo y obra referencial que puede consultarse al margen de la lectura completa del libro.


Solos ante el cine: Cuando se apagan las luces y empiezan los sueños 

Pedro García Cueto

Anaya, 2020 (16´10 €)


Pedro García Cueto, poeta, narrador y ensayista ha reunido en este libro una serie de textos de extensión diversa en los que se aproximan al séptimo arte desde de una perspectiva personal. El volumen se divide en cinco partes y en ellas se reflexiona sobre aspectos bien diferenciados. En la primera parte, “El universo de Visconti”, hay dos ensayos breves sobre La caída de los dioses (1969) y El inocente (1976), pero se centra sobre todo al estudio de Muerte en Venecia (1971), donde establece relaciones y comparaciones entre la novela de Mann y la trasposición cinematográfica de Visconti.

La segunda parte, “Cine negro: la soledad en un mundo opresivo”, es la más breve del libro, en ella, el autor repasa dos títulos del cine negro Deseos humanos (Fritz Lang, 1954) y Laura (Otto Preminger, 1944), y dos títulos del "neonoir": Chinatown (Roman Polanski, 1974) y Un largo adiós (Robert Altman, 1973). Cierra esta parte, que apenas ocupa diez páginas de texto, con una pequeña conclusión donde García Cueto convoca a escritores y directores, si bien muestra una clara debilidad por la mirada que Dana Andrews le dedica a Gene Tierney en Laura.

La tercera parte titulada “Una mirada a grandes directores”, es una aproximación a cuatro grandes directores y algunos títulos imprescindibles de su filmografía: en “Fritz Lang: la soledad de una sociedad mezquina”, analiza La mujer del cuadro (1944) y Perversidad (1945); en “Billy Wilder: la soledad del americano medio” se centra en El apartamento (1960); en “Martin Scorsese: la mirada herida a la soledad de América” no podían faltar Taxi Driver (1976) y Toro salvaje (1980); y, por último, en “David Lean: un recorrido por sus obras maestras”, habla sobre El puente sobre el río Kwai (1957), Lawrence de Arabia (1962) y Doctor Zhivago (1965).

Los textos de la cuarta parte van dedicados a “Otros grandes directores” se refiren a Luis Buñuel, Víctor Erice, José Luis Garci, François Truffaut, Antonioni, Bertolucci, Federico Fellini, y Pier Paolo Pasolini. Y finalmente, la quinta parte, “El cine a través de un genio”, se centra en la obra de un solo director: Orson Welles, del que estudia diferentes aspectos técnicos de su obra, como la utilización de diferentes planos, el montaje e incluso elementos como la luz y el sonido. 


¡Feliz año nuevo, lleno de buen cine y buenas lecturas!