miércoles, 15 de julio de 2015

Aitana Sánchez-Gijón y Juan Diego, Medalla de Oro de la Academia del Cine



Los veteranos actores Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) y Juan Diego (Bormujos, Sevilla, 1942) han sido reconocidos con la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Un reconocimiento a estos dos intérpretes con amplísima trayectoria profesional.

A la actriz le ha sorprendido la noticia y ha comentado: "Estoy abrumada. Pensé que se habían equivocado porque estoy desconectada del cine. Reconforta mucho sentir que la familia del cine me aprecia y valora". Ha añadido que le hace especialmente feliz recibirlo junto a Juan Diego. "Es mi padrino. A los 16 años, cuando empecé en la serie Segunda enseñanza, de Pedro Marsó, hablaba mucho conmigo, me daba consejos, me regalaba libros de Stanislavski".
Sánchez-Gijón debutó en el cine de la mano de José María Forqué en Romanza Final (Gayarre), y dos años después, en 1988, su carrera despegó con Bajarse al moro de Fernando Colomo. A esta película se unieron Remando al viento, El pájaro de la felicidad, Un paseo por las nubes, La camarera del Titanic, Celos, El maquinista, La puta y la ballena, Maktub o El club de los incomprendidos. Fue además la primera mujer en presidir la Academia de Cine entre 1999 y 2000.

Aitana Sánchez-Gijón en "El maquinista"


Por su parte, Juan Diego debutó en las tablas en 1957 y desde entonces ha participado en alrededor de una veintena de obras de teatro, más de 30 películas, así como multitud de series de televisión. Ha sido reconocido durante su trayectoria con tres Goyas, uno como actor protagonista por Vete de mí y dos como actor de reparto, una Concha de Plata y un homenaje en el Festival de Málaga, entre otros reconocimientos.
"Estoy muy contento con la Medalla y me gusta mucho que sea para Aitana y para mí, porque así se disfruta mucho más de los premios. En estas situaciones siempre piensas que hay personas que se lo merecen más que uno, pero esto es una suerte, nunca sabes por qué te ha tocado a ti. Una vez más, se lo debo a mi buena estrella y al cariño de los compañeros", ha señalado.
Su última aparición en cine ha sido Anochece en la India, de Chema Rodríguez, que se suma a tantas películas en las que ha participado como Los santos inocentes de Mario Camus, París-Tombuctú de Luis García Berlanga, La noche oscura y El séptimo día de Carlos Saura. Con José Luis Garci trabajó en You're the one y con Bigas Luna en Jamón jamón. Todo es silencio, Insensibles y Lope también son títulos del que fue en televisión uno de 'Los hombres de Paco y que está muy ilusionado y esperando lo de siempre, según indica: "Seguir trabajando y tener en mis manos buenos guiones".

 
Juan Diego en "Los santos inocentes"

martes, 14 de julio de 2015

Princesa (Han Gong-Ju), de Lee Su-jin



Título original: Han Gong-Ju. Dirección y Guión: Lee Su-jin. País: Corea del Sur. Año: 2013. Duración: 112 minutos. Género: Drama. Productor: Fine Cut. Música: Kim Tae-Sung. Fotografía: Hong Jae-Sik. Estreno en España: 08 Mayo 2015. Lanzamiento en DVD: 10 Junio 2015
Intérpretes: Chun Woo-Hee, Jung In-Sun, Lee Young-Ran, Kim So-Young.

Sinopsis:
Han Gong-ju (Chun Woo-hee) es una joven estudiante obligada a abandonar su escuela tras un misterioso incidente del que todo el mundo la señala como culpable. Con sus padres ilocalizables, es llevada a un pequeño pueblo donde se queda a vivir con la madre de uno de sus profesores. Poco a poco irá acostumbrándose a su nueva vida y haciendo nuevos amigos, entre ellos Eun-hee, una divertida compañera de clase que la empujará a unirse a su grupo de música. Pero el pasado que Han Gong-ju ha dejado atrás pronto volverá para atormentarla.

Fotograma de "Princesa (Han Gong-Ju)

Comentarios:
Considerada por muchos como la mejor película del año producida en Corea del Sur, su paso por festivales no deja lugar a dudas del carácter excepcional que esta posee: Premio del Público en Busan, Premio del Jurado en Rotterdam, Gran Premio del Jurado en Marraquech, y recientemente en el Festival de Deauville se alzó con el Gran Premio del Jurado, el Premio de la Crítica y el Premio del Público a la Mejor Película. Opera prima de Lee Su-jin, y primer papel protagonista de la joven actriz Chun Woo-hee, “Han Gong-ju” ha supuesto una auténtica revelación dentro de la industria cinematográfica de Corea del Sur, tanto por la extraordinaria calidad de las actuaciones de sus protagonistas, como por la gran sensibilidad demostrada por un director novel en un tema tan delicado como el que trata.
Tal como afirma Jordi Costa, el sufrimiento de los personajes femeninos –encarnados, con frecuencia, en la figura de madres o abuelas con portentosa capacidad de sacrificio- es la piedra angular de una larga tradición en el contexto del melodrama coreano, que trasciende lo cinematográfico para infiltrarse también en el discurso del culebrón televisivo. En Madre (2009) y Poesía (2010), dos cineastas como Bong Joon-ho y Lee Changdong alteraron de manera radical toda esa memoria colectiva enfrentando al arquetipo con un insalvable dilema moral que desembocaba en dos maneras tan contrastadas como heterodoxas de gestionar la culpa. Princesa, opera prima de Lee Su-jin, podría completar con esas dos películas mencionadas una trilogía involuntaria, un completo tríptico sobre las tres edades del sufrimiento femenino en una Corea del Sur marcada por las fracturas generacionales, la cotidianidad de la violencia, la protección social del verdugo en el seno de un sociedad visiblemente misógina y la desprotección y exclusión de las víctimas.
Chun Woo-hee

En una escena, la protagonista canta en solitario, mientras la observan las compañeras de su nuevo instituto. Una de ellas hace un comentario sobre su voz: una voz tan triste solo puede emerger tras un tremendo hecho traumático. El cineasta dosifica la información con endiablada y pertinente eficacia y no conviene aquí desvelar nada: lo poco que, al principio, sabe el espectador de la protagonista es que ha tenido que abandonar su residencia habitual, cambiar de instituto… en suma, desaparecer, como la portadora de un estigma. En su mundo no hay ni abuelas, ni madres que sufran por sus desdichas: sólo los restos de una desestructuración familiar, un padre y una madre ausentes (cada uno aferrado a su propia y desesperada tabla de salvación tras el naufragio) que, cuando concurren en el relato, aportan importante información sobre el estado espiritual de una sociedad marcada por la muerte del afecto. Lee Su-jin es un excelente retratista de trazo impresionista y conciso: también la anfitriona de la protagonista en su nueva residencia/exilio suma capas de complejidad a este melodrama íntimo enmarcado en un desastre moral colectivo.
Al parecer Martin Scorsese cayó rendido a los pies de esta película ambiciosa, que parece mimetizar en sus modos de expresión la ingravidez, delicadeza y vulnerabilidad de su heroína… Años atrás, al frente de su World Cinema Project, el propio Scorsese contribuyó a la preservación y difusión en Occidente de Hanyo (1960) de Kim-ki Young, obra fundacional del moderno melodrama coreano. El premio que Scorsese otorgó a Princesa en el festival de Marrakech es, pues, una excelente manera de cerrar ese círculo.


lunes, 13 de julio de 2015

Omar Sharif, in memoriam



Esto se nos va de las manos... No acaba uno de acostumbrarse a estos adioses, cuando el cine los dotó de esa inmortalidad que a uno le parecía eterna, valga el contrasentido, incluso sin cámaras mediante. Aunque lo más grandioso del séptimo arte sea perpetuar el esplendor y gloria de otras vidas, nunca son bien recibidas estas noticias, ítem más cuando se está con la mosca detrás de la oreja, viviendo en carnes propias lo de la caducidad de la vida, eso que nos sonaba tan lejano, parece que fue ayer mismamente.

Porque es cierto que aun tenemos fresca en la retina aquella oscura y difusa imagen que iba cobrando nitidez muy lentamente, al tiempo que se percibían los acompasados vaivenes, como bambalinas, de negros aparejos a ambos flancos de un camello al trote... Del que descabalgaba después, airosamente, el elegante Sherif Ali.

Como nos parece percibir aun, en estos días tórridos, el estremecimiento del frío, al evocar el gélido ambiente donde Yuri y Lara vivieron sus días de amor ardiente. Aquel romance, tan perfecto, fuente de inspiración para espíritus libres, tan fervientes devotos del carpe diem, como detractores de la prosaica rutina.

Aunque estos adioses a dioses de la pantalla, valga la cacofonía, nos sigan dejando mal cuerpo, como comentaba, y algo se muera en el alma, según rezan las sevillanas, que los árboles funerarios no nos impidan ver el frondoso bosque del milagro: ¡viven!. El cine, como la firme mano de Jesús con Lázaro según Scorsese, todo lo puede: los tendremos en sus cuerpos gloriosos hasta el fin de los tiempos.



Luis Martínez Quirosa                     

jueves, 9 de julio de 2015

El niño 44, de Daniel Espinosa



Título original: Child 44. Dirección: Daniel Espinosa. País: USA. Año: 2015. Género: Drama, thriller. Guión: Richard Price y Tom Rob Smith. Productor: Michael Schaefer, Ridley Scott y Greg Shapiro. Música: Jon Ekstrand. Fotografía: Oliver Wood. Montaje: Pietro Scalia y Dylan Tichenor. Estreno en España: 19 Junio 2015.
Intérpretes: Tom Hardy (Leo Demidov), Gary Oldman (Mikhail Nesterov), Noomi Rapace (Raisa), Joel Kinnaman (Vasili), Paddy Considine (Vladimir), Jason Clarke (Anatoly), Vincent Cassel (Kuzmin).

Sinopsis:
Año 1953, Leo Demidov es un agente secreto de la policía soviética que pierde su estatus, su poder y su hogar cuando se niega a denunciar a su propia mujer, Raisa, por traición. Exiliados de Moscú a un sombrío puesto avanzado de provincia, Leo y Raisa unen fuerzas con el general Mikhail Nesterov con el fin de localizar a un asesino en serie de niños. Su búsqueda de justicia amenaza a un sistema ampliamente encubierto y reforzado por Vasili, el oscuro rival de Leo, para quien “no hay crimen en el Paraíso”.

Tom Hardy y Noomi Rapace en "El niño 44"

Comentarios:
Hace apenas unas semanas, el 8 de mayo de 2015, realizamos una entrada en nuestro blog con la noticia de que el Ministerio de Cultura de Rusia había prohibido la difusión de 'El Niño 44”.

Sin embargo, anunciábamos en esa misma entrada, su estreno previsto en España durante junio de 2015. Por fin nos ha llegado a Sevilla esta cinta de Daniel Espinosa y nos ha parecido interesante ver lo que los rusos no podrán hacer por mor de su censura.

No hay tradición de género negro en el cine soviético. O yo no la he visto. O era sólo para consumo interno, nos cuenta el maestro Carlos Boyero. Pero deduces en nombre de la condición humana que la oscuridad debía de ser tan grande allí como en cualquier otro lugar del planeta en el que hubiera poder, codicia, corrupción, venganza, dinero en juego, esas cositas tan humanas. Bueno, tampoco existía el cine negro en la España franquista. En las dictaduras el mal está ausente, el orden no permite desvaríos, la delincuencia es inexistencia y los crímenes siempre son pasionales, están incontaminadas contra la podredumbre moral, los negocios turbios, el gansterismo activo o subterráneo, los ajustes de cuentas. Que constancia la de las dictaduras para demostrarle a los ciudadanos que están viviendo en el mejor de los mundos posibles. 

Hago memoria y descubro que ha sido el imperialista cine estadounidense el único que ha hablado de policías, asesinatos y enigmas tenebrosos en ese país que fue propiedad de los zares y después de Stalin. Recuerdo Gorky Park, la historia de un policía moscovita a principios de los años noventa intentando desentrañar varios asesinatos especialmente misteriosos. No me dejó huella, aunque me confirmó que el joven y emergente Wiliam Hurt, aquel tío destruido por sentir fuego en el cuerpo y el drogota que se reencuentra con los viejos amigos, era un actor tan atractivo como versátil.

Y tiene que ser Hollywood la que vuelva a meter sus audaces narices en antiguos lodazales de lo que vendieron como la tierra de promisión del proletariado. Es ficción, por supuesto, aunque la macabra actividad del Carnicero de Rostov, que se cargó a 52 personas, con especial dedicación a los niños, fuera real. 

El niño 44, producida por Ridley Scott y dirigida por el sueco Daniel Espinosa, traslada a ese monstruoso personaje, que ejerció su siniestro capricho entre los 70 y los 90, a la Rusia de 1953 y a todo lo que implicaba la jefatura absoluta del padrecito Stalin. O sea, las purgas no sólo de los disidentes sino de cualquiera que cayera en desgracia o en la lotería, la censura feroz de todo lo que se atreviera a dudar que La Unión Soviética era la encarnación del paraíso en la tierra , el dogmatismo como norma, la sumisión absoluta como fórmula de supervivencia, la impunidad del sádico y del corrupto si están arropados por el sistema.

Daniel Espinosa se centra en la degradación profesional y el destierro a la desolación de un policía, antiguo héroe de guerra, destinado a un cómodo y brillante porvenir, porque le da por plantearse preguntas, no denunciar a su mujer, que no le ama y ha sido acusada injustamente de subversiva, mosqueado al ver que tratan de frenar la investigación sobre el asesinato del niño de un amigo, por su inevitable enfrentamiento a la ley del silencio.

El director describe la odisea de estas personas acorraladas con sentido del clima, ambientación creíble, ritmo opresivo, personajes inquietantes, negrura en el tono y en el argumento. Es una película entretenida, bien contada, con estilo visual. A mí me sirven estas cosas en una cartelera que tiende al desmayo y a saldos de verano. Y siempre me gusta ver y oír a Tom Hardy, ese actor camaleónico que no posee rostro ni físico de estrella, pero al que se lo disputan los mejores directores por la veracidad que imprime a sus personajes. Lo que no entiendo es porqué se empeña el director en que esos personajes rusos, interpretados por actores y actrices ingleses y norteamericanos, estén grotescamente obligados a hablar su idioma natal poniendo acento ruso. Hablo de la versión original. No quiero imaginar lo que han podido hacer con el doblaje en castellano.