sábado, 18 de mayo de 2013

Stoker, de Park Chan-wook





Título original: Stoker. Dirección: Park Chan-wook. País: USA. Año: 2013. Duración: 100 min. Género: Drama, suspense. Guión: Wentworth Miller. Producción: Ridley Scott, Tony Scott y Michael Costigan. Música: Clint Mansell. Fotografía: Chung Chung-hoon. Montaje: Nicolas De Toth. Diseño de producción: Thérèse DePrez. Vestuario: Kurt Swanson y Bart Mueller. Estreno en España: 10 Mayo 2013.
Intérpretes: Mia Wasikowska (India Stoker), Matthew Goode (Charles Stoker), Nicole Kidman (Evelyn Stoker), Dermot Mulroney (Richard Stoker), Jacki Weaver (Gwendolyn Stoker), Lucas Till (Pitts), Alden Ehrenreich (Whip), Phyllis Somerville (Sra. McGarrick), Ralph Brown (sheriff), Judith Godrèche (Dra. Jacquin).

Sinopsis:
Cuando India Stoker pierde a su amado padre y a su mejor amigo Richard en un trágico accidente de tráfico el día de su 18 cumpleaños, su tranquila vida familiar se ve sacudida. Con una gran delicadeza, India muestra una actitud impasible que enmascara los profundos sentimientos que sólo su padre podía entender. India se ve entonces atraída hacia el hermano de su padre, Charlie, que se presenta de manera inesperada en el funeral y decide quedarse con ella y su emocionalmente inestable madre, Evie. En un principio, India no confía en su encantador y misterioso tío, pero después descubrirá todo lo que tienen en común.

MIa Wasikowska

Calificación: 6, Aceptable
Lo mejor de la película: La apuesta del director coreano Park Chan-wook por el mercado anglosajón. ¡Bienvenida sea! El descubrimiento de un guionista novel como Wentworth Miller, conocido por dar vida al atractivo cerebrito Michael Scofield en la serie Prison Break. El trio de protagonistas (Wasikowska – Goode – Kidman) están fenomenales.   
Lo peor de la película: No está a la altura de sus trabajos anteriores y el final “made in Hollywood” ensombrece una factura muy notable.  

Trailer de la película: 


martes, 14 de mayo de 2013

Adiós a Alfredo Landa



El actor Alfredo Landa ha muerto a los 80 años como el penúltimo gran símbolo de la historia del cine español. Landa, que llevaba varios años retirado y enfermo en Pamplona, resume en su carrera la segunda mitad del siglo XX en el cine español, con lo bueno y con lo malo. Fue protagonista destacadísimo de las comedias populares que triunfaron en los años del desarrollismo y, al mismo tiempo, uno de los héroes de la edad de oro del cine de autor en los 70.

Tan larga fue la carrera de Landa que su estampa, su voz, su pose, se convirtió en su símbolo de su tiempo, la época de los españoles que crecieron en el franquismo, vivieron la pobreza más desoladora en su infancia, asistieron a la conquista, paso a paso, de las pequeñas libertades que el franquismo fue tolerando con las décadas y, ya adulto, se encontró con la democracia, el destape y la liberación. Hablar del 'landismo' se ha convertido, al cabo de los años, en una broma manoseada. Pero algo quiere decir.

'Atraco a las tres' y 'El verdugo' aparecen en la primera fila de su currículo. Su papel en las películas de Forqué y Berlanga aún era secundario, pero es un buen pórtico para entender su carrera. Lo muy español, en un sentido sórdido y cómico, la picardía, la pobreza, el humor negro...

Un par de años después, 'Ninette y un señor de Murcia', en 1965 aparece como una bisagra en su carrera. La película pertenece, por un lado, a los tiempos del cine heroico y de realismo sucio de la primera posguerra; y por el otro, anuncia el cine del desarrollismo, sainetero y popular.



Y a partir de ahí, la locura: las películas de Lazaga, 'La ciudad no es para mí', los ocho estrenos al año (no es exageración, ocurrió en 1966), los duelos interpretativos con López Vázquez, los ligues con Concha Velasco, el paseo inolvidable por la playa en el movimiento de apertura de 'Manolo la nuit', el personaje que fingía ser homosexual en 'El vecino del quinto', las películas de Mariano Ozores, el delirio, el delirio... El dichoso 'landismo'.

Si la carrera de Alfredo Landa se hubiera terminado en 1976, hoy hablaríamos de sociología más que de cine en su obituario: del tópico del personaje bajito, bruto y, en el fondo, buen tipo. Pero ese año, rodó 'El puente', de Juan Antonio Bardem, y, de pronto, el cine español descubrió a un actor sobresaliente.

Un poco de historia: en los años 70, la Dirección General de Cinematografía, gobernada por José María Escudero, impulsó otro cine español, capaz de competir en Cannes, en Berlín y en Venecia. Chavarri, Querejeta, Camus, etcétera. Bardem no pertenecía a esa generación, pero tenía la capacidad de abrir la puerta de esa nueva quinta a Landa.

A partir de 1980, las películas del 'método industrial' desaparecen del currículo. En cambio, comienzan los destellos: 'El crack' y su segunda parte, 'Los santos inocentes', 'Tata mía', 'La vaquilla', 'El bosque animado'... En realidad, el personaje de Landa en muchas de ellas, es el mismo de siempre, el del español de una pieza, un poco ridículo, un poco entrañable, marcado por su físico de posguerra, 'sanchopancesco'... pero dignificado, cada vez más matizado, más complejo.



'El rey del río', de Manuel Gutiérrez de Aragón, fue quizá, su última gran película. Después hubo televisión y réplicas no del todo completas de sus años dorados. Landa, ya anciano, se convirtió cada vez más en personaje: gruñón, puñetero y simpático. En 2007 se llevó el Premio Goya de Honor (ya tenía dos en el currículo por sus trabajos en 'La marrana' y 'El bosque animado'). Durante la ceremonia, cuando pronunciaba su discurso de aceptación, tuvo un ictus, se quedó en blanco y balbuceó unos segundos. Fue la última imagen de Landa para muchos. Quedan sus películas. (Luis Alemany)

Nuestra recomendación: No dejar de ver Alfredo Landa en “Los santos inocentes” (1984), de Mario Camus. Una auténtica Obra Maestra.


viernes, 10 de mayo de 2013

Un siglo de moda a través de la gran pantalla


Entre cine y moda existe una estrecha y vieja relación que podíamos calificar como “de conveniencia”, un nexo que funciona a modo de vasos comunicantes une ambas industrias. No se trata de un intercambio de favores, sino de un negocio redondo. Las estrellas no solo contribuyen a crear tendencias de moda mediante el vestuario que lucen en las películas, sino que de manera más directa ellas mismas son imagen de las principales firmas de moda, publicitan sus creaciones en anuncios y revistas, y especialmente en la “alfombra roja”, que el últimas décadas se ha convertido en una de las pasarelas más influyentes. 

El vestuario hace brillar a las estrellas, tanto que algunas de ellas se convierten en verdaderos iconos. La pantalla ha marcando tendencias y estilos a los que la sociedad no ha podido resistirse: como si fuera un enorme y persuasivo escaparte, el cine expone imágenes y objetos susceptibles de ser deseados por todos los espectadores.

A lo largo de la historia del cine, el vestuario ha evolucionado de acuerdo con las corrientes estéticas dominantes en cada época. Se ha adaptado a las distintas modas y, al mismo tiempo, se ha adelantado a muchas de ellas. En las siguientes imágenes haremos un repaso por la evolución de la moda a lo largo del siglo XX, viendo como las corrientes estilísticas más relevantes han sido adoptadas por las estrellas y por gran pantalla, y cómo muchas imágenes y estilos de moda han salido directamente de ella.



lunes, 6 de mayo de 2013

Combustión, de Daniel Calparsoro

 


Título original: Combustión. Dirección: Daniel Calparsoro. País: España. Año: 2013. Género: Acción, thriller. Guión: Carlos Montero, Jaime Vaca y Daniel Calparsoro. Producción: Mercedes Gamero y Francisco Ramos. Música: Carlos Jean. Fotografía: Daniel Aranyó. Montaje: Antonio Frutos y David Pinillos. Dirección artística: Antón Laguna. Vestuario: Loles García. Estreno en España: 26 Abril 2013.
Intérpretes: Álex González (Mikel), Adriana Ugarte (Ari), Alberto Ammann (Navas), Luis Zahera, Marta Nieto, María Castro, Juan Pablo Schuck, Christian Mulas.

Sinopsis:
Mikel (Álex González) está a punto de casarse con Julia (María Castro), dueña de una importante joyería heredada de sus padres. En la fiesta del anuncio de la boda, Mikel conoce a Ari (Adriana Ugarte), una de las camareras del catering. Entre ellos surge una inmediata atracción. Y aunque el chico intentará controlar ese deseo por ella, acabará cayendo en sus brazos y disfrutando del mejor sexo de su vida. Poco a poco se irá sintiendo más enganchado a ella y más fascinado por su mundo, que no es otro que el de las carreras ilegales de coches. Un mundo de descontrol, de adrenalina a tope, donde lo único que importa es el aquí y el ahora. Un mundo que despierta el lado más salvaje de Mikel. Su vida al lado de Julia se ha vuelto completamente gris y decide romper su compromiso con ella. Pero no sabe que todo forma parte de un plan elaborado por Ari y su novio, Navas (Alberto Ammann).

Alex González

Calificación: 5, Mediana
Lo mejor de la película: El gancho comercial que ofrecen sus protagonistas. Calparsoro ha tenido mucho tino en eso, buscando obviamente el tirón de la taquilla.
Lo peor de la película: Un guión absolutamente simplón, es incomprensible que hayan intervenido tres personas en su elaboración. Habría que decirle a Calparsoro que una buena puesta en escena como la que ofrece en esta cinta no es suficiente para salvar un endeble guión.

Trailer de la película: 


jueves, 2 de mayo de 2013

On the road, de Walter Salles

 

Título original: On the road (En la carretera). Dirección: Walter Salles. Países: Francia, Reino Unido, USA y Brasil. Año: 2012. Duración: 124 min. Género: Drama. Guión: José Rivera; basado en la novela de Jack Kerouac. Producción: Charles Gillibert, Nathanaël Karmitz, Rebecca Yeldham y Roman Coppola. Música: Gustavo Santaolalla, con Charlie Haden y Brian Blade. Fotografía: Eric Gautier. Montaje: François Gédigier. Diseño de producción: Carlos Conti. Vestuario: Danny Glicker. Estreno en España: 19 Abril 2013.
Intérpretes: Sam Riley (Sal / Jack Kerouac), Garrett Hedlund (Dean Moriarty / Neal Cassady), Kristen Stewart (Marylou / LuAnne Henderson), Tom Sturridge (Carlo Marx / Allen Ginsberg), Viggo Mortensen (Viejo Bull Lee / William S. Burroughs), Kirsten Dunst (Camille / Carolyn Cassady), Amy Adams (Jane / Joan Vollmer), Alice Braga (Terry / Bea Franco), Elisabeth Moss (Galatea Dunkel / Helen Hinkle), Danny Morgan (Ed Dunkle / Al Hinkle).

Sinopsis:
Al día siguiente de la muerte de su padre, Sal Paradise, un aprendiz de escritor neoyorquino, se topa con Dean Moriarty, un joven ex presidiario con un encanto arrollador que está casado con Marylou, una mujer muy libre y seductora. El entendimiento entre Sal y Dean es inmediato. Decididos a no dejarse encerrar en una existencia estrecha, los dos amigos rompen sus vínculos y se lanzan a la carretera con Marylou. Sedientos de libertad, los tres jóvenes parten a la búsqueda del mundo, de los demás y de sí mismos.

Sam Riley
 
Comentarios:
En un momento de "On the road" de Walter Salles, el viejo Bull Lee (o lo que es lo mismo, William S. Burroughs, interpretado por un cada vez más camaleónico Viggo Mortensen) comenta que "toda traducción es una traición". La frase es reveladora porque se puede aplicar también a la complicada tarea de adaptar determinadas novelas al cine.
Llevar la famosa obra de Jack Keoruac a la pantalla es una labor de altísimo riesgo, y muestra de ello es lo que ha tardado en materializarse desde que Coppola comprara los derechos en 1979. Ni Kerouac, ni los autores de la llamada "generación beat", se aproximan a un Alejandro Dumas o a un Pérez Reverte. Su forma de entender la literatura es más cercana a lo poético y a lo espiritual que a lo teatral o a lo cinematográfico. Su lenguaje es demasiado personal. Si fuera sencillo trasladar el monólogo interior y la escritura automática a la gran pantalla, el "Ulises" de Joyce o "La señora Dalloway" de Woolf tendrían más adaptaciones fílmicas y éstas serían mucho mejores que las rodadas hasta la fecha (francamente fallidas). Por poner sólo un par de ejemplos.
Por eso, que un realizador notable como Walter Salles (responsable de la excelente "Estación central de Brasil" y de "Diarios de la motocicleta") acepte el desafío con indudable admiración y cariño por las vivencias de Kerouac, no garantiza mucho. Por desgracia. Y es que las expectativas del gran número de lectores que amaron las aventuras de estos "hipsters" locos por el jazz, las drogas, la bohemia, los coches, la literatura maldita y el sexo, eran demasiado altas. Todo un hándicap.

Garrett Hedlund

Walter Salles cuida la ambientación al detalle y se mantiene fiel al esquema del libro, pero se defenestra al filmar con excesiva sobriedad y al centrarse en lo accesorio y lo anecdótico (las fiestas, las drogas, la inmadurez, lo epicúreo) en lugar de bucear en lo más hondo, en ese hastío, en esa necesidad de vivir de un modo diferente y apasionado en el marco de una sociedad encorsetada, en el genio y la independencia de unas personas increíbles. Su rebeldía. De modo que, tal y como señala Rodríguez Marchante en el diario "Abc": "Todos aquellos tipos geniales (...) no dejan en la pantalla más que el retrato de una pandilla de tontos del haba; porque la imagen los banaliza". Un error espectacular si se tiene en cuenta que Kerouac, Burroughs o Ginsberg (aunque también tuvieran algo de inmaduros y de pasados de rosca) conformaron uno de los grupos literarios más importantes y renovadores de la literatura universal. Capaces de dar la vuelta al modo de entender el arte para siempre. De hecho, ¿existirían las "road movies" si no hubiera existido "On the road"?

Kirsten Dunst

No obstante, el filme de Salles, pese a su tedioso metraje, a la falta de gancho y de química de los actores principales (los secundarios, con Dunst, Buscemi o Mortensen, cumplen como siempre) y la carencia de alma, puede influir en que aquellos espectadores que aún no hayan leído las obras de los "beatniks" se animen a hacerlo. Entonces, cuando lo hagan, cuando se sumerjan en la prosa incandescente de Kerouac, en las descacharrantes elucubraciones de Burroughs o en los aullidos de Ginsberg descubrirán que hubo un tiempo en el que unos pocos escritores gozaron de la libertad con rabia. De una libertad absoluta, tan total que incluso asusta.
De hecho, ¿no fue "Easy rider" de Dennis Hopper, esa fábula de moteros, una adaptación "sui géneris" de "On the road"? ¿No estaba Kerouac de algún modo en esa frase mítica: "Hablan, hablan y hablan de libertad pero, cuando ven a alguien libre, entonces le tienen miedo"? Quiero pensar que Dean Moriarty aún no ha muerto. (Miguel Jímenez)

Trailer de la película: 


miércoles, 1 de mayo de 2013

La caza (Thomas Vinterberg, 2012)


 

Título original: Jagten (The Hunt). Dirección: Thomas Vinterberg. País: Dinamarca. Año: 2012. Duración: 111 min. Género: Drama.

Guión: Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg. Música: Nikolaj Egelund. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen. Montaje: Janus Billeskov Jansen, Anne Østerud. Diseño de producción: Torben Stig Nielsen. Vestuario: Mannon Rasmussen. Producción: Morten Kaufmann y Sisse Graum Jørgensen.

Premio al Mejor Actor (Mads Mikkelsen) en el Festival de Cannes 2012. Premio al mejor Guión en los Premios del Cine Europeo 2012. Nominada al Oscar 2012 a Mejor Película de habla no inglesa. Nominada al Globo de Oro 2012 a Mejor Película extranjera.

Fecha del estreno: 19 Abril 2013 (España).

 

Reparto: Mads Mikkelsen (Lucas), Thomas Bo Larsen (Theo), Annika Wedderkopp (Klara), Lasse Fogelstrøm (Marcus), Susse Wold (Grethe), Alexandra Rapaport (Nadja).

 

Sinopsis:

Tras un divorcio difícil, Lucas, un hombre de cuarenta años, ha encontrado una nueva novia, un nuevo trabajo y trata de reconstruir su relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo empieza a ir mal: un detalle cualquiera, un comentario inocente y una mentira insignificante que se extiende como un virus invisible sembrando el estupor y la desconfianza en una pequeña población...

 

Comentarios:

Aquel mítico plano de M, el vampiro de Düsseldorf, en el que el asesino de niños es escrutado por el autoproclamado tribunal del pueblo, en realidad por la masa, impresionaba por su fuerza metafórica. El demonio, acosado por otro peligroso demonio. El derecho de la vulgaridad del hombre-masa, que diría Ortega. Como los que acosaban a Spencer Tracy en la cárcel de Furia. Como el tímido profesor de parvulario de La caza, nuevo trabajo del siempre interesante Thomas Vinterberg, que se adentra con lealtad en la teoría del ojo por ojo en torno a la pederastia: desde el principio no juega a que el espectador dude entre si es culpable o inocente; no estamos para juegos, es inocente y la platea lo sabe.

Cierto que si fuera culpable estaríamos hablando de otra película, pero en esta no hay duda. Y ahí entra un problema seguramente irresoluble al que hay que acercarse como siempre: con sumo tacto. Y ese problema es la fina línea que separa la imaginación infantil, su aún poco desarrollado conocimiento y, sobre todo, su incapacidad para expresar hechos y sentimientos que le superan (sobre todo si los mayores los dirigimos en lugar de preguntarles), y el hecho fehaciente de que realmente hay pederastas en todas las sociedades. Salvo en un epílogo más equívoco que complejo, Vinterberg se adentra en el infierno con enorme fuerza narrativa (ya lo había hecho en Celebración), aunque su película funcione mejor, siguiendo la retórica del título, cuando apunta que cuando dispara, cuando no da respuestas que cuando intenta darlas con demasiada explicitud. Por eso, en un cine tan impulsivo como el suyo, el momento supremo se logra en la escena que da pie al equívoco. Esa mirada y ese beso son la pureza de la vida, la pureza del cine. (Javier Ocaña)

Recomendada.